Meditación.
Al saber que Isabel estaba embarazada, María tomó la decisión de ir a servir a la futura madre de San Juan Bautista. A pesar de la grave situación en que se encontraba, la Madre de Jesús, buscó tiempo para atender a Isabel, en sus necesidades.
¿Le dedicamos tiempo, medios y energía, a la realización de la obra de Dios?
Tal como el pequeño Juan se llenó de gozo cuando se percató de que estaba en la presencia del Mesías, hagamos lo propio, porque somos hijos del Dios del amor, que perdona nuestros pecados, y nos consuela cuando somos atribulados.
María es bendita entre todas las mujeres, por su Inmaculada Concepción, su Maternidad divina, su virginidad, y su Asunción al cielo, así pues, oremos para que llegue el día en que también lo sea, por ser considerada como Corredentora, Mediadora de todas las gracias, y Abogada nuestra.
Adoremos a Jesús, el Dios y Hombre verdadero, de quien se dice en el Credo nicenoconstantinopolitano:
"Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos. Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo Hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin."
María es feliz porque se cumplió lo que le fue dicho de parte del Señor, y nosotros seremos dichosos, cuando Dios cumpla la promesa de hacernos habitar en su presencia, en un mundo carente de miserias.
Al igual que María enalteció al Señor viviendo como buena creyente, hagamos lo propio, conociendo la Palabra de Dios, aplicándola a nuestra vida cuando hagamos el bien, y dedicándole tiempo a la oración.
Dios no nos ama por nuestros méritos humanos. Hagamos lo que Nuestro Padre común nos pide, porque en ello se cifra la plenitud de la felicidad que añoramos.
La misericordia de Dios alcanza a todos los que lo aman y respetan su voluntad. Sintámonos acogidos, perdonados y amados por el Dios Uno y Trino.
No dejemos de cumplir la voluntad de Dios, pues ese es el camino que podemos recorrer para relacionarnos con Nuestro Padre celestial, y sus hijos los hombres.
Imitemos la conducta de María, al cumplir nuestras obligaciones, y al buscar el tiempo que necesitemos, para colaborar en la realización de la obra de Dios.
José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com
En este blog encontraréis meditaciones para crecer a los niveles personal, social y espiritual.
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Meditación para el Domingo III del Tiempo Ordinario del Ciclo A.
Meditación.
1. San Juan Bautista, el Precursor del Mesías, fue encarcelado por causa de su deber de conciencia de recordarle al Tetrarca de Galilea que estaba cometiendo adulterio al tener como esposa a la mujer de su hermano Filipo (MT. 14, 3-5). El hijo de Zacarías sabía perfectamente que el hecho de reprobar la relación de Herodes con su cuñada podía ser muy problemático para él, pero el hijo de Elisabeth antepuso el cumplimiento de la voluntad de 'dios a su deseo de vivir. Juan podría haber evitado que lo encarcelaran y posteriormente le cortaran la cabeza argumentando que si vivía y seguía bautizando a muchos de sus oyentes cumplía la voluntad de Dios, pero, el hecho de obedecer a su fe y dejarse asesinar, causó un gran impacto entre los creyentes, de forma que Jesús sustituyó a Juan como predicador, y el Profeta murió sabiendo que, el sacrificio de su vida, sería, para la gente sencilla de Israel, más fructífero que sus muchos bautismos, porque él sabía perfectamente que Dios no nos pide algo de dinero para los pobres ni unos minutos para asistir a la Eucaristía dominical, sino toda nuestra riqueza material y espiritual, y todo el tiempo de que disponemos para servirlo en nosotros, en nuestros familiares y amigos, y en los que carecen de dones terrenos y celestiales. Juan no se conformó con predicar y renunciar a tener un trabajo y una familia, así pues, como todo el pueblo no se convirtió a Dios al oír sus palabras, quiso arriesgarse a morir, con tal de que aquel hecho tuviera una gran repercusión que aumentara el número de seguidores de Jesús.
2. Juan era muy humilde. Él sabía muy bien que no tenía ninguna razón por la que considerarse superior a sus contemporáneos en ningún aspecto, así pues, el hijo de Zacarías era consciente de la misión que Dios le encomendó, y de cuál era su posición social. Juan les decía a sus oyentes, las palabras expuestas en LC. 3, 16. Juan no predicaba para ser alabado, sino para cumplir la misión por la que Dios cumplió el sueño de sus padres al concederles la paternidad del Precursor del Mesías. El autor del Apocalipsis nos dice en su Evangelio, las palabras contenidas en JN. 1, 6-8. Más adelante, cuando el Mesías comenzó su misión como predicador, el Bautista dijo de él, las palabras contenidas en JN. 3, 30-33.
3. A pesar de que la voluntad de Juan parecía inquebrantable, el trato cruel que recibió en la cárcel, y el extraño comienzo que tuvo Jesús con respecto a la forma de comunicarse como Verbo o Palabra de Dios a sus oyentes, probablemente le provocó al citado Profeta una crisis de fe. Él sabía que los Profetas habían hablado muchas veces de la condenación de los pecadores, pero Jesús, a pesar de que según se acercaba el día de su martirio utilizó en algunas ocasiones el estilo del hijo de Elisabeth, sólo pasaba su tiempo hablando de las bondades de Dios, alimentando a los pobres, curando a los enfermos, y consolando a los afligidos. Muchos autores sostienen que la crisis de fe de Juan no existió como tal, sino que fue una excusa que utilizó para hacer que algunos de sus seguidores se adhirieran a los discípulos de Jesús, pues, probablemente, dicho Profeta sabía que sus días en este mundo estaban contados.
Nosotros, al tener una gran variedad de Mesías a los que aferrarnos, quizá nos hemos cuestionado como pudo hacerlo Juan en su prisión, en los siguientes términos, extraídos de MT. 11, 3).
Jesús les dijo a los seguidores de Juan, las palabras escritas en MT. 11, 4-5. Las enfermedades mencionadas por Jesús tienen su significado espiritual, así pues, la ceguera se interpreta como la cerrazón de nuestro corazón a aceptar las realidades de Dios al confrontar las mismas con nuestra forma de pensar y actuar, la enfermedad de los cojos nos insta a que caminemos impartiendo la justicia divina porque todos tenemos los mismos deberes y derechos ante Dios, la lepra puede interpretarse como la incomunicación que nos está victimizando en aras de alcanzar una perfección que puede ser calificada como imperfecta porque cada día vivimos más aislados, la enfermedad de los sordos puede interpretarse como nuestro deseo de no escuchar lo que Dios tiene que comunicarnos a través de la Biblia y sus miles de predicadores, y, la resurrección de los muertos, se puede interpretar como el fin de las miserias que azotan a la humanidad, la resolución de todos nuestros problemas. Llama la atención el hecho de que Jesús no les dice a los discípulos de Juan que procurará que no les falten a los pobres los recursos necesarios para vivir, así pues, Él les comunica el Evangelio, se les da como Palabra de Dios hecha hombre, transformada en carne, un término que, al traducirlo de las versiones más antiguas del texto sagrado, se traduce como miseria, porque sabe que ello les bastará para que su fe provea sus necesidades, cuando Dios lo juzgue oportuno.
4. Por su sacrificio y constancia en el cumplimiento de su deber, Juan Bautista, mereció el siguiente elogio de Jesús, escrito en MT. 11, 11. Juan Bautista es el mayor de los hombres según la óptica de Dios, pero a la vez es el más humilde de los siervos de Yahveh, porque no estimó su vida, ante la posibilidad de llevar a cabo su trabajo de predicador.
5. A pesar de la diferencia existente entre la forma de predicar del Bautista y de Jesús, al leer los Evangelios, podemos percatarnos de que, mientras el Bautista predicaba en el desierto y sus oyentes tenían que ir a buscarlo para aprender sus enseñanzas, Jesús buscaba a la gente, exceptuando aquellas ocasiones en que tenía que interrumpir la apresurada instrucción espiritual de los futuros Apóstoles, porque la gente lo seguía, así pues, en muchas ocasiones, el Maestro tenía que embarcarse con sus más fieles amigos para que la gente le dejara inculcarle su sabiduría a sus más fieles seguidores.
6. San Mateo, en el Evangelio de hoy, nos dice que, cuando Jesús supo que el Bautista estaba en la cárcel, se instaló en Cafarnaúm, desestimando la posibilidad de establecerse entre sus vecinos de Nazaret, el pueblo en que vivió durante muchos años junto a María y José. Vivimos en un entorno social en que muchas veces no se comprende la forma de actuar de la gente que, en virtud de su forma de ser, marca la diferencia de alguna forma. Jesús se expresó en los siguientes términos en la Sinagoga de Nazaret: MC. 6, 4). Yo creo que los hombres más íntegros y llenos de fortaleza son tan respetados en su trabajo como en su casa, pero el respeto que podemos recibir de nuestros conocidos no siempre depende de nosotros. Jesús se apartaba de quienes no querían escucharle predicar, pero, al mismo tiempo, se convertía en el más fiel compañero de quienes veían en Él a un predicador, a un Hermano capaz de alimentarles, a un Maestro de espiritualidad, o a un médico capaz de curar sus enfermedades. A lo largo de mi vida he tenido la oportunidad de ver a mucha gente capacitada para realizar sus actividades haciendo que se muevan quienes le rodean constantemente.
7. San Mateo, en el Evangelio correspondiente a este Domingo III del Tiempo Ordinario del Ciclo A, nos dice que Jesús es la luz que ilumina a quienes están dispuestos a aceptar su doctrina. ¿Recordáis lo que le dijo el Maestro a Pedro durante la última Cena cuando éste no quiso que Jesús le lavara los pies? (JN. 13, 8), así pues, si no aprendemos lo que Jesús nos transmite en sus sermones, si no nos dejamos alimentar por el Señor, y no nos dejamos sanar por el Hijo de María, ¿de qué nos aprovecha fingir que somos discípulos de Jesús? No podemos hacer nada frente a Dios porque somos muy limitados con respecto a nuestro Criador, pero esa es, pues, la causa por la que Él desea ardientemente que nos dejemos redimir acogiendo con humildad y alegría los dones que nos concede por obra y gracia del Espíritu Santo. Abramos los oídos de los sordos, tranquilicemos las mentes inquietas, abramos los ojos de los ciegos, que hablen los mudos, y que salten los cojos, porque está por llegar el exterminio de nuestras miserias, y, por la fe, nuestro Padre y Dios se nos está manifestando, por lo que somos miembros de su Reino, y porque la Providencia divina nos hará superar los estados adversos que vivimos. "Convertíos -nos dice San Mateo en el Evangelio de hoy-, porque ya está cerca el reino de Dios" (MT. 4, 17).
Isaías nos habla del Reino de Dios: (IS. 35, 2b-4a).
8. Jesús les dijo a Simón y a Andrés, las palabras expuestas en MT. 4, 19. A pesar de que aquellos pescadores eran pobres, no debemos ignorar el mérito que tuvieron al dejar todo lo que tenían para seguir al Maestro. Jesús no logró la conversión de ellos instantáneamente, así pues, hizo que sus discípulos creyeran en Él a través de muchas de sus vivencias.
Pedro y Andrés eran pobres, pero no tanto como lo somos nosotros, cuando ni siquiera somos capaces de detener a Cristo que pasa por nuestra vida, de la misma forma que los discípulos de Emaús retuvieron a su Maestro de espiritualidad, sin ni siquiera sospechar que era el Mesías quien les instruía en la interpretación de las Escrituras (LC. 24, 29).
El caso de Santiago y Juan ilustra perfectamente la forma en que debemos abandonarnos en los brazos de Dios (MT. 4, 22).
9. Jesús les dijo a Andrés y a Pedro las siguientes palabras, expuestas en MT. 4, 19. Unámonos al Mesías, convirtámonos en pescadores de hombres, y ganemos almas para el Señor, porque "El tiempo ha llegado y el reino de Dios ya está cerca" (MC. 1, 15).
10. En la segunda lectura de hoy (1 COR. 1, 10-13. 17), San Pablo describe brevemente la forma en que los cristianos de Corinto estaban divididos, de forma que cada cual adaptaba la enseñanza de los predicadores que les enviaba el Señor a sus necesidades. La desunión es uno de los mayores problemas que tenemos los cristianos de hoy, y, por tanto, una de las mayores dificultades que tenemos para aumentar el número de hijos de la Iglesia. A pesar de las divisiones que nos caracterizan, hemos de buscar los puntos doctrinales que nos son comunes, para fomentar nuestra relación fraternal, y para que nuestros desacuerdos no les cierren las puertas de los templos a quienes quieren acercarse a nosotros, para que les demos a conocer el Evangelio (COL. 1, 23).
11. Los futuros Apóstoles dejaron sus redes para seguir a Jesús. Muchos cristianos dejan sus redes y se convierten en religiosos contemplativos, de forma que se dedican a orar exclusivamente, para apresurar la instauración del Reino de Dios entre los hombres. La gran mayoría de los cristianos tenemos que convertirnos al Señor desde nuestras redes, desde la barca en que vivimos, desde nuestro estado actual, de manera que ninguna cosa sea para nosotros más importante que el Reino de Dios y su justicia, así pues, nuestro Señor nos dice, las palabras expuestas en MT. 6, 33. Jesús no pretende decirnos que hemos de olvidar las metas que deseamos alcanzar, sino que nuestras prioridades han de ser inferiores a la imitación de Cristo que ha de caracterizar nuestra existencia.
joseportilloperez@gmail.com
1. San Juan Bautista, el Precursor del Mesías, fue encarcelado por causa de su deber de conciencia de recordarle al Tetrarca de Galilea que estaba cometiendo adulterio al tener como esposa a la mujer de su hermano Filipo (MT. 14, 3-5). El hijo de Zacarías sabía perfectamente que el hecho de reprobar la relación de Herodes con su cuñada podía ser muy problemático para él, pero el hijo de Elisabeth antepuso el cumplimiento de la voluntad de 'dios a su deseo de vivir. Juan podría haber evitado que lo encarcelaran y posteriormente le cortaran la cabeza argumentando que si vivía y seguía bautizando a muchos de sus oyentes cumplía la voluntad de Dios, pero, el hecho de obedecer a su fe y dejarse asesinar, causó un gran impacto entre los creyentes, de forma que Jesús sustituyó a Juan como predicador, y el Profeta murió sabiendo que, el sacrificio de su vida, sería, para la gente sencilla de Israel, más fructífero que sus muchos bautismos, porque él sabía perfectamente que Dios no nos pide algo de dinero para los pobres ni unos minutos para asistir a la Eucaristía dominical, sino toda nuestra riqueza material y espiritual, y todo el tiempo de que disponemos para servirlo en nosotros, en nuestros familiares y amigos, y en los que carecen de dones terrenos y celestiales. Juan no se conformó con predicar y renunciar a tener un trabajo y una familia, así pues, como todo el pueblo no se convirtió a Dios al oír sus palabras, quiso arriesgarse a morir, con tal de que aquel hecho tuviera una gran repercusión que aumentara el número de seguidores de Jesús.
2. Juan era muy humilde. Él sabía muy bien que no tenía ninguna razón por la que considerarse superior a sus contemporáneos en ningún aspecto, así pues, el hijo de Zacarías era consciente de la misión que Dios le encomendó, y de cuál era su posición social. Juan les decía a sus oyentes, las palabras expuestas en LC. 3, 16. Juan no predicaba para ser alabado, sino para cumplir la misión por la que Dios cumplió el sueño de sus padres al concederles la paternidad del Precursor del Mesías. El autor del Apocalipsis nos dice en su Evangelio, las palabras contenidas en JN. 1, 6-8. Más adelante, cuando el Mesías comenzó su misión como predicador, el Bautista dijo de él, las palabras contenidas en JN. 3, 30-33.
3. A pesar de que la voluntad de Juan parecía inquebrantable, el trato cruel que recibió en la cárcel, y el extraño comienzo que tuvo Jesús con respecto a la forma de comunicarse como Verbo o Palabra de Dios a sus oyentes, probablemente le provocó al citado Profeta una crisis de fe. Él sabía que los Profetas habían hablado muchas veces de la condenación de los pecadores, pero Jesús, a pesar de que según se acercaba el día de su martirio utilizó en algunas ocasiones el estilo del hijo de Elisabeth, sólo pasaba su tiempo hablando de las bondades de Dios, alimentando a los pobres, curando a los enfermos, y consolando a los afligidos. Muchos autores sostienen que la crisis de fe de Juan no existió como tal, sino que fue una excusa que utilizó para hacer que algunos de sus seguidores se adhirieran a los discípulos de Jesús, pues, probablemente, dicho Profeta sabía que sus días en este mundo estaban contados.
Nosotros, al tener una gran variedad de Mesías a los que aferrarnos, quizá nos hemos cuestionado como pudo hacerlo Juan en su prisión, en los siguientes términos, extraídos de MT. 11, 3).
Jesús les dijo a los seguidores de Juan, las palabras escritas en MT. 11, 4-5. Las enfermedades mencionadas por Jesús tienen su significado espiritual, así pues, la ceguera se interpreta como la cerrazón de nuestro corazón a aceptar las realidades de Dios al confrontar las mismas con nuestra forma de pensar y actuar, la enfermedad de los cojos nos insta a que caminemos impartiendo la justicia divina porque todos tenemos los mismos deberes y derechos ante Dios, la lepra puede interpretarse como la incomunicación que nos está victimizando en aras de alcanzar una perfección que puede ser calificada como imperfecta porque cada día vivimos más aislados, la enfermedad de los sordos puede interpretarse como nuestro deseo de no escuchar lo que Dios tiene que comunicarnos a través de la Biblia y sus miles de predicadores, y, la resurrección de los muertos, se puede interpretar como el fin de las miserias que azotan a la humanidad, la resolución de todos nuestros problemas. Llama la atención el hecho de que Jesús no les dice a los discípulos de Juan que procurará que no les falten a los pobres los recursos necesarios para vivir, así pues, Él les comunica el Evangelio, se les da como Palabra de Dios hecha hombre, transformada en carne, un término que, al traducirlo de las versiones más antiguas del texto sagrado, se traduce como miseria, porque sabe que ello les bastará para que su fe provea sus necesidades, cuando Dios lo juzgue oportuno.
4. Por su sacrificio y constancia en el cumplimiento de su deber, Juan Bautista, mereció el siguiente elogio de Jesús, escrito en MT. 11, 11. Juan Bautista es el mayor de los hombres según la óptica de Dios, pero a la vez es el más humilde de los siervos de Yahveh, porque no estimó su vida, ante la posibilidad de llevar a cabo su trabajo de predicador.
5. A pesar de la diferencia existente entre la forma de predicar del Bautista y de Jesús, al leer los Evangelios, podemos percatarnos de que, mientras el Bautista predicaba en el desierto y sus oyentes tenían que ir a buscarlo para aprender sus enseñanzas, Jesús buscaba a la gente, exceptuando aquellas ocasiones en que tenía que interrumpir la apresurada instrucción espiritual de los futuros Apóstoles, porque la gente lo seguía, así pues, en muchas ocasiones, el Maestro tenía que embarcarse con sus más fieles amigos para que la gente le dejara inculcarle su sabiduría a sus más fieles seguidores.
6. San Mateo, en el Evangelio de hoy, nos dice que, cuando Jesús supo que el Bautista estaba en la cárcel, se instaló en Cafarnaúm, desestimando la posibilidad de establecerse entre sus vecinos de Nazaret, el pueblo en que vivió durante muchos años junto a María y José. Vivimos en un entorno social en que muchas veces no se comprende la forma de actuar de la gente que, en virtud de su forma de ser, marca la diferencia de alguna forma. Jesús se expresó en los siguientes términos en la Sinagoga de Nazaret: MC. 6, 4). Yo creo que los hombres más íntegros y llenos de fortaleza son tan respetados en su trabajo como en su casa, pero el respeto que podemos recibir de nuestros conocidos no siempre depende de nosotros. Jesús se apartaba de quienes no querían escucharle predicar, pero, al mismo tiempo, se convertía en el más fiel compañero de quienes veían en Él a un predicador, a un Hermano capaz de alimentarles, a un Maestro de espiritualidad, o a un médico capaz de curar sus enfermedades. A lo largo de mi vida he tenido la oportunidad de ver a mucha gente capacitada para realizar sus actividades haciendo que se muevan quienes le rodean constantemente.
7. San Mateo, en el Evangelio correspondiente a este Domingo III del Tiempo Ordinario del Ciclo A, nos dice que Jesús es la luz que ilumina a quienes están dispuestos a aceptar su doctrina. ¿Recordáis lo que le dijo el Maestro a Pedro durante la última Cena cuando éste no quiso que Jesús le lavara los pies? (JN. 13, 8), así pues, si no aprendemos lo que Jesús nos transmite en sus sermones, si no nos dejamos alimentar por el Señor, y no nos dejamos sanar por el Hijo de María, ¿de qué nos aprovecha fingir que somos discípulos de Jesús? No podemos hacer nada frente a Dios porque somos muy limitados con respecto a nuestro Criador, pero esa es, pues, la causa por la que Él desea ardientemente que nos dejemos redimir acogiendo con humildad y alegría los dones que nos concede por obra y gracia del Espíritu Santo. Abramos los oídos de los sordos, tranquilicemos las mentes inquietas, abramos los ojos de los ciegos, que hablen los mudos, y que salten los cojos, porque está por llegar el exterminio de nuestras miserias, y, por la fe, nuestro Padre y Dios se nos está manifestando, por lo que somos miembros de su Reino, y porque la Providencia divina nos hará superar los estados adversos que vivimos. "Convertíos -nos dice San Mateo en el Evangelio de hoy-, porque ya está cerca el reino de Dios" (MT. 4, 17).
Isaías nos habla del Reino de Dios: (IS. 35, 2b-4a).
8. Jesús les dijo a Simón y a Andrés, las palabras expuestas en MT. 4, 19. A pesar de que aquellos pescadores eran pobres, no debemos ignorar el mérito que tuvieron al dejar todo lo que tenían para seguir al Maestro. Jesús no logró la conversión de ellos instantáneamente, así pues, hizo que sus discípulos creyeran en Él a través de muchas de sus vivencias.
Pedro y Andrés eran pobres, pero no tanto como lo somos nosotros, cuando ni siquiera somos capaces de detener a Cristo que pasa por nuestra vida, de la misma forma que los discípulos de Emaús retuvieron a su Maestro de espiritualidad, sin ni siquiera sospechar que era el Mesías quien les instruía en la interpretación de las Escrituras (LC. 24, 29).
El caso de Santiago y Juan ilustra perfectamente la forma en que debemos abandonarnos en los brazos de Dios (MT. 4, 22).
9. Jesús les dijo a Andrés y a Pedro las siguientes palabras, expuestas en MT. 4, 19. Unámonos al Mesías, convirtámonos en pescadores de hombres, y ganemos almas para el Señor, porque "El tiempo ha llegado y el reino de Dios ya está cerca" (MC. 1, 15).
10. En la segunda lectura de hoy (1 COR. 1, 10-13. 17), San Pablo describe brevemente la forma en que los cristianos de Corinto estaban divididos, de forma que cada cual adaptaba la enseñanza de los predicadores que les enviaba el Señor a sus necesidades. La desunión es uno de los mayores problemas que tenemos los cristianos de hoy, y, por tanto, una de las mayores dificultades que tenemos para aumentar el número de hijos de la Iglesia. A pesar de las divisiones que nos caracterizan, hemos de buscar los puntos doctrinales que nos son comunes, para fomentar nuestra relación fraternal, y para que nuestros desacuerdos no les cierren las puertas de los templos a quienes quieren acercarse a nosotros, para que les demos a conocer el Evangelio (COL. 1, 23).
11. Los futuros Apóstoles dejaron sus redes para seguir a Jesús. Muchos cristianos dejan sus redes y se convierten en religiosos contemplativos, de forma que se dedican a orar exclusivamente, para apresurar la instauración del Reino de Dios entre los hombres. La gran mayoría de los cristianos tenemos que convertirnos al Señor desde nuestras redes, desde la barca en que vivimos, desde nuestro estado actual, de manera que ninguna cosa sea para nosotros más importante que el Reino de Dios y su justicia, así pues, nuestro Señor nos dice, las palabras expuestas en MT. 6, 33. Jesús no pretende decirnos que hemos de olvidar las metas que deseamos alcanzar, sino que nuestras prioridades han de ser inferiores a la imitación de Cristo que ha de caracterizar nuestra existencia.
joseportilloperez@gmail.com
El Reino de Dios está entre nosotros. (Ejercicio de lectio divina del Evangelio del Domingo III del Tiempo Ordinario del Ciclo A).
Domingo III del Tiempo Ordinario del Ciclo A.
el Reino de Dios está entre nosotros.
Ejercicio de lectio divina de MT. 4, 12-23.
Lectura introductoria: JER. 23, 29.
1. Oración inicial.
Iniciemos este tiempo de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.
R. Amén.
Cuando Jesús oyó que San Juan Bautista estaba en la cárcel, se instaló en Cafarnaúm, -una importante ciudad situada a unos treinta y dos kilómetros de Nazaret-, e inició la predicación, de la plena instauración del Reino de Dios, en el mundo. Ello nos recuerda la necesidad que tenemos de descubrir que hemos nacido para llevar a cabo una misión, independientemente de que consideremos que somos creyentes en Dios. San Juan nos indica en su Evangelio (4, 3), que Jesús se distanció del Bautista para no dar la impresión de que ambos predicadores se hacían la competencia, y, cuando el hijo de Zacarías e Isabel estuvo en la cárcel, porque era necesario que él se empequeñeciera, ya que era Jesús a quien le correspondía ser aceptado como Enviado de Dios (JN. 3, 30), el Señor inició su predicación, en el territorio que en el pasado les correspondió en herencia, a las tribus de Zabulón y Neftalí.
Oremos y meditemos sobre todo lo que podemos hacer en la vida, mientras leemos el texto de ECL. 3, 1-8.
Pensemos si nos ha llegado la hora de cumplir nuestra misión vital, si aún no sabemos cuál es la misma, o si nos estamos disponiendo adecuadamente, para poder llevarla a cabo.
La gran mayoría de los habitantes de Judea, -la región culta, rica y religiosa de Israel-, despreciaban a los habitantes de Cafarnaúm, porque en el pasado se mezclaron con los paganos y adoptaron sus costumbres, y aún insistían en llevar a cabo, prácticas que, para quienes los rechazaban, eran consideradas como pecaminosas. Los cristianos observamos creencias las cuales son consideradas como nuestras Verdades absolutas, pero, al analizar las creencias tanto de los miembros de una iglesia o congregación como del común de denominaciones cristianas, nos damos cuenta de que creemos en muchas verdades diferentes, y de que estamos divididos.
¿Son para nosotros más importantes las ideas que las personas?
¿Hemos aprendido a respetar a quienes no comparten nuestras creencias y a convivir con ellos?
¿Consideramos la diversidad de creencias existente como una acumulación de posibilidades que tenemos para aprender a conocernos y a vivir en armonía, o pensamos que la misma es un peligro que atenta contra la fe que profesamos?
Los judíos que habitaban en tinieblas porque eran despreciados por convivir entre los gentiles, fueron iluminados por la luz del Señor. ¿Pensamos que la luz de Cristo puede iluminar a quienes no comparten nuestras creencias, y a quienes tienen un status social diferente al nuestro?
Jesús nos dice en el Evangelio que consideraremos en este trabajo, que el Reino de los cielos, ha llegado. ¿Creemos este anuncio del Señor? ¿Cómo lo constatamos en la Iglesia de que somos miembros, en la sociedad en que vivimos, y en nuestra vida?
¿Hemos iniciado nuestro proceso de conversión al Señor? ¿Qué significa ello para nosotros?
La conversión y la penitencia tienen el mismo significado, aunque solemos asociar la última con la mortificación. ¿Es para nosotros la conversión un sacrificio, o una entrega a Dios, voluntaria y generosa?
Jesús les dijo a los hermanos Simón y Andrés que lo siguieran, para hacerlos pescadores de hombres. Ambos hermanos no tenían un conocimiento del Señor tan perfecto, como el que adquirieron, durante los años que acompañaron al mesías. Todos los cristianos somos llamados a ser pescadores de hombres. Si esperamos a tener un conocimiento del Señor perfecto antes de llevar a cabo dicho trabajo, jamás lo desempeñaremos, porque nos es imposible ser perfectos.
Simón, Andrés, Santiago y Juan, siguieron a Jesús en el mismo instante en que el Señor los llamó. ¿Hemos adoptado el compromiso de ser seguidores de Jesús? ¿Por qué?
Jesús recorrió las sinagogas de Galilea, predicando el Evangelio, y sanando a los enfermos. ¿Cómo predicamos los cristianos la Palabra de Dios, y ayudamos a exterminar las carencias de la humanidad?
2. Leemos atentamente MT. 4, 12-23, intentando abarcar el mensaje que San Mateo nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.
2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.
2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.
3. Meditación de MT. 4, 12-23.
3-1. ¿Por qué escribió San Mateo que Jesús inició a predicar el Evangelio en Cafarnaúm? (MT. 4, 12-13).
Desde el punto de vista científico, dado que San Mateo escribió su Evangelio para hacer que los judíos creyeran en Jesús, tenía que relacionar la vida, el Ministerio, la Pasión, la muerte, la Resurrección, y la glorificación del mesías, con textos del Antiguo Testamento, que sirvieran como profecías, de dichos acontecimientos. Es esta la razón por la que, la primera parte del Evangelio que estamos considerando (MT. 4, 12-17), está profetizada en IS. 8, 23-9, 2.
¿Por qué inició Jesús su Ministerio según San Mateo en Cafarnaúm, y no lo hizo en Nazaret, el pueblo en que creció y fue educado?
1. Es sabido que los judíos vivían en tribus, las cuales se dividían en familias, en las que, cuanto mayor era la edad de los hombres, adquirían un mayor poder, sobre los más jóvenes, las mujeres y los niños. Si, utilizando nuestro vocabulario actual, decimos que Jesús quería ser original, tenía que distanciarse de su familia, y de su tribu. Jesús no podía elegir discípulos de entre sus familiares que fueran mayores que él o tuvieran su misma edad, pues nunca hubiera podido llegar a ser, maestro de los tales. Cuando el Hijo de María buscó seguidores entre gente extraña, es probable que sus parientes se sintieran avergonzados de Él, por no haber contado con ellos, para llevar a cabo su misión.
2. Como Jesús era conocido en Nazaret como un simple trabajador, no podía ser aceptado como Mesías (MT. 13, 54-58), porque existía la creencia de que el Mesías debía surgir entre la realeza, y no entre los burgueses ni los trabajadores humildes.
3. Aunque la actividad de Jesús durante los tres años que predicó el Evangelio se encaminó principalmente al pueblo judío, el Mesías también quiso darse a conocer a los paganos, cuya evangelización les correspondió a sus seguidores, después de que aconteciera su glorificación.
4. Al predicar su mensaje en una ciudad en que convivía gente de diferentes creencias, y al hablar en el idioma de quienes viven solventando las carencias de quienes sufren por diversas causas, Jesús debió tener la esperanza de contar con más recursos de los que le proporcionarían sus hermanos de raza, dado que los fariseos no cesaban de anunciar que el sufrimiento estaba causado por los pecados de quienes padecían, para evitar que sus oyentes socorrieran a los más necesitados, y les dieran el dinero que tuvieran previsto, para socorrer a los pobres, enfermos, ancianos y desamparados. No olvidemos que esta creencia aún existe entre muchos cristianos desgraciadamente.
3-2. La luz y las tinieblas (MT. 4, 14-16).
Dado que existía la creencia de que el Mesías tenía que ser miembro de la alta esfera social, San Mateo vinculó a Jesús con los galileos marginados por vivir en contacto con los paganos. Cuando acaeció el incendio del Templo de Jerusalén y la derrota de la ciudad santa por parte de Roma el año setenta del siglo I, desapareció el partido de los saduceos, y los fariseos lideraron el Judaísmo. Cuando estos alcanzaron el poder, iniciaron una gran presión contra los cristianos, con el fin de dirigir la espiritualidad de todos sus hermanos de raza. San Mateo vinculó a Jesús con los socialmente marginados por cualquier circunstancia, para darles a entender que, aunque se les acusaba de sufrir por causa de sus pecados o las transgresiones de la Ley de Moisés por parte de sus antepasados, la realidad era que Dios no los había abandonado, de lo cual, la Pasión, la muerte, la Resurrección y la glorificación de Jesús, eran pruebas irrefutables.
Los judíos que habitaban en las tinieblas de la marginación social por su contacto con los gentiles, su pobreza, o sus enfermedades, vieron una gran luz (JN. 8, 12). La luz de Jesús amaneció sobre quienes vivían bajo el influjo de la muerte, por cuanto eran considerados rechazados por dios, por causa de sus pecados, o de las transgresiones de la Ley de Israel, que llevaron a cabo, sus antepasados.
¿En qué sentido es significativa la luz de Jesús para nosotros?
3-3. La conversión y la llegada del Reino de Dios al mundo (MT. 4, 17).
3-3-1. La conversión.
¿Por qué habla San Mateo en su Evangelio del Reino de los Cielos, mientras que San Marcos y San Lucas, hablan en sus Evangelios, del Reino de Dios? Para responder la pregunta que nos hemos planteado, debemos volver a recordar que San Mateo era judío, y escribió su Evangelio para lectores de su raza, que no pronunciaban el Nombre de Dios, porque lo reverenciaban profundamente. La negativa de los judíos a pronunciar el Nombre divino, ha sido usada, para que los cristianos llamemos a Dios, utilizando diferentes nombres. Es esta la razón por la que unos cristianos llaman a Nuestro Padre celestial "Yahveh", y otros "jehová", sin tener en cuenta que, para que el "Tetragramaton" (YHWH) fuera pronunciable, se le añadió las letras "e", "o" y "a" de "Edonay", que se traduce como "mi Señor", de donde proviene la palabra "Jehová".
Dado que porque no somos perfectos tenemos la posibilidad de ser mejores personas, siempre podemos fijarnos metas, con el fin de superarnos a nosotros mismos. En el caso de los cristianos, la conversión, -es decir, el fiel seguimiento de Jesús, actuando tal como lo haría el Hijo de Dios y María en nuestras circunstancias, en cuanto ello nos sea posible-, es una gran meta a alcanzar.
¿Debemos eliminar nuestro yo los cristianos, con el fin de asimilarnos a Jesús? Para Sigmund Freud, el ego es una instancia psíquica consciente reconocida como yo, que se encarga de la identidad personal y las relaciones mantenidas con el medio, controladora de nuestros movimientos complejos y coordinados (motilidad), y mediadora entre los instintos de la fuente inconsciente de nuestra energía psíquica, contenedora de la totalidad de los instintos reprimidos, que solo se rige por el principio del placer (el ello), y los ideales de la parte inconsciente del yo que se observa, se juzga y trata de imponerse a sí mismo, siguiendo las referencias de las demandas de un yo idealizado (el superyó), y la realidad del mundo externo. Dado que el egoísmo es un amor no moderado y excesivo hacia sí mismo, que hace atender exclusivamente los intereses personales, y descuidarse de los demás, hay cristianos que piensan que para convertirnos al Señor debemos renunciar a nuestro ego, mientras que otros piensan que, dada nuestra imperfección, solo podremos asemejarnos al Mesías, en la medida que nos sea posible, mientras aguardamos la llegada del día en que, el Señor, concluya su obra en nosotros.
3-3-2. La llegada del Reino de Dios al mundo.
¿Qué es el Reino de los Cielos -o de Dios-? Dado que este trabajo será leído por cristianos de diferentes denominaciones, para unos el Reino de Dios será la Iglesia a que pertenecen, para otros será el mismo Jesús por cuanto considerarán que llamar Reino celestial a una iglesia imperfecta es pecar de soberbia, y otros considerarán que todos hemos sido llamados a formar parte de la sociedad a que pertenecemos, la cuál puede ser perfeccionada, y llegar a ser el Reino de Dios, según ayudemos a exterminar las carencias de nuestros prójimos los hombres, según las posibilidades que tengamos para llevar a cabo tan magno propósito, en cada momento de nuestra vida.
¿Cómo podemos poner nuestra vida al servicio del Reino de dios? Actuemos tal como lo haría Jesús si viviera nuestras circunstancias, y tuviera las oportunidades de hacer el bien que tengamos, en cuanto ello nos sea posible.
3-4. Jesús nos invita a ser pescadores de hombres (MT. 4, 18-20).
Jesús invitó a los hermanos Pedro y Andrés a que dejaran su negocio de pesca, para dedicarse a ser pescadores de hombres. Este no fue el primer encuentro que ambos hermanos mantuvieron con Jesús. Mientras que muchos cristianos se dedican exclusivamente a llevar a cabo la obra de Dios, la gran mayoría de quienes nos consideramos seguidores de Jesús, podemos emplear parte de nuestro tiempo, energía y medios, para ser pescadores de hombres. No somos invitados a pescar y a alimentarnos de nuestras víctimas, sino a pescar peces vivos con la red figurativa de la Iglesia para darles una vida mejor, así pues, recordemos que, para los católicos, la Iglesia a que pertenecen, es conocida, como la barca de San Pedro.
3-5. Jesús nos invita a seguirlo cuando nos ocupamos en nuestras actividades ordinarias (MT. 4, 21-22).
Santiago y Juan estaban reparando las redes de la barca en que trabajaban con su padre, cuando recibieron la invitación de Jesús a seguirlo. Tal como anteriormente lo hicieron Simón Pedro y Andrés, Santiago y Juan siguieron a Jesús instantáneamente, sin intentar excusarse. Mientras que los intérpretes bíblicos se debaten entre la posibilidad de que dichos pescadores se hicieran discípulos de Jesús gradualmente, y el hecho de que quizás siguieron al Mesías como si hubieran sido llamados al apostolado en la ocasión que estamos recordando, pensemos en cómo es nuestro seguimiento de Jesús, y si queremos y podemos mejorar la calidad de las actividades que realizamos en la viña del Señor, y la calidez de nuestras relaciones, con creyentes y no creyentes.
3-6. ¿Qué decía y hacía Jesús para ganar almas para el cielo? (MT. 4, 23).
Jesús predicaba el Evangelio, enseñaba la Palabra de Dios, y sanaba las enfermedades físicas y psíquicas. Aunque estos fueron los aspectos más notables del Ministerio público del Señor, no debemos olvidar que acostumbraba ayudar a los pobres (JN. 13, 29).
¿Cómo continuamos los cristianos la realización de la obra de Jesús?
¿En qué aspectos podemos mejorar el trabajo que llevamos a cabo en la viña del Señor?
3-7. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.
3-8. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.
4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en MT. 4, 12-23 a nuestra vida.
Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.
3-1.
1. ¿Por qué relacionó San Mateo la primera parte del Evangelio que hemos considerado con el texto de IS. 8, 23-9, 2?
2. ¿Por qué inició Jesús su Ministerio según San Mateo en Cafarnaúm, y no lo hizo en Nazaret, el pueblo en que creció y fue educado?
3. ¿Por qué se vio Jesús obligado a distanciarse de los miembros de su tribu y de su familia para escoger a sus futuros Apóstoles?
4. ¿Por qué es probable que bastantes familiares de Jesús se sintieran avergonzados del Señor?
5. ¿Por qué tuvo Jesús problemas para ser aceptado como Mesías en Israel, los cuales se hicieron más notables en Nazaret?
6. ¿Por qué promovían los fariseos el pensamiento de que el sufrimiento era consecuente de los pecados personales y de las transgresiones de la Ley de los antepasados?
7. ¿Son nuestros problemas causas de nuestra condición pecadora? ¿Por qué?
8. ¿Piensas que los cristianos discapacitados deben predicar en las iglesias, o deben permanecer entre los asistentes a las celebraciones cultuales, para que nadie de entre los tales piense que los líderes religiosos y sus colaboradores abusan de los tales?
3-2.
9. ¿Por qué vinculó San Mateo a Jesús con los galileos socialmente marginados por los habitantes de Judea porque vivían en contacto con los paganos?
10. ¿Qué les sucedió a los fariseos cuando se extinguió el partido de los grandes terratenientes?
11. ¿Qué les hicieron los fariseos a los cristianos cuando se sintieron poderosos? ¿Por qué?
12. ¿Por qué han existido muchos cristianos antisemitas a lo largo de los últimos veinte siglos?
13. ¿De qué era una prueba irrefutable para los marginados de Israel la Pasión, la muerte, la Resurrección y la glorificación de Jesús?
14. ¿En qué sentido es significativa la luz de Jesús para nosotros?
3-3.
3-3-1.
15. ¿Por qué habla San Mateo en su Evangelio del Reino de los Cielos, mientras que San Marcos y San Lucas, hablan en sus Evangelios, del Reino de Dios?
16. ¿Por qué no pronunciaban los judíos el Nombre de dios?
17. ¿Qué hemos hecho los cristianos con la negativa de los judíos a pronunciar el Nombre divino?
18. ¿Cuál es el verdadero Nombre de Dios?
19. ¿Cuáles son los Nombres de Dios más utilizados en la biblia?
20. ¿Por qué podemos fijarnos metas con el fin de superarnos a nosotros mismos?
21. ¿Qué es para los cristianos la conversión?
22. ¿Debemos eliminar nuestro yo los cristianos, con el fin de asimilarnos a Jesús?
23. ¿Puedes definir lo que es el ego, la motilidad, el ello y el superyó, según Sigmund Freud?
24. ¿Por qué piensan muchos cristianos que para convertirnos al Señor debemos renunciar a nuestro ego?
25. ¿Por qué no podemos asemejarnos al Mesías en la actualidad?
26. ¿Cuándo podremos ser como Jesús?
3-3-2.
27. ¿Qué es el Reino de los Cielos -o de Dios-?
28. ¿Es la Iglesia a que pertenecemos el Reino de dios? ¿Por qué?
29. ¿Por qué se dice entre los católicos que la Iglesia a que pertenecen es germen del Reino de Dios? (CIC. n. 541).
30. ¿Por qué piensan muchos cristianos que el Reino de Dios es la Persona de Jesús?
31. ¿Cómo puede la tierra llegar a ser el Reino de Dios?
32. ¿Cómo podemos poner nuestra vida al servicio del Reino de Dios?
3-4.
33. ¿Por qué invitó Jesús a Simón Pedro y a su hermano Andrés a ser pescadores de hombres?
34. ¿Por qué dejaron ambos hermanos su trabajo y se separaron de sus familiares para seguir a Jesús?
35. ¿Por qué hemos sido llamados a pescar hombres vivos por Jesús?
36. ¿Cuál es el simbolismo de la red y de la barca de San Pedro?
3-5.
36. ¿Qué estaban haciendo los hijos de Zebedeo cuando Jesús los invitó a seguirlo?
37. ¿Cómo seguimos a Jesús?
38. ¿Podemos mejorar la calidad del trabajo que llevamos a cabo en la viña del Señor, y la calidez de las relaciones que mantenemos, con creyentes y no creyentes?
3-6.
39. ¿Por qué predicaba Jesús el Evangelio, enseñaba la Palabra de dios, y sanaba las enfermedades físicas y psíquicas?
40. ¿Cómo continuamos los cristianos la realización de la obra de Jesús?
41. ¿En qué aspectos podemos mejorar el trabajo que llevamos a cabo en la viña del Señor?
7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en MT. 4, 12-23.
Comprometámonos a orar por la unidad de los cristianos, no solo en esta semana en que oramos especialmente por tal motivo, sino, durante todo el año.
Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.
8. Oración personal.
Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.
Ejemplo de oración personal:
Señor Jesús:
Porque eres la luz del mundo que exterminas nuestras tinieblas cuando te confiamos nuestra vida, ilumínanos para que te conozcamos, practiquemos tus enseñanzas, y conozcamos el arte de la oración.
Porque el Reino de Dios está entre nosotros (LC. 17, 21), haznos miembros del mismo, para que seamos dignos de vivir, en la presencia de Nuestro Padre común.
Gracias por oír nuestras oraciones, y concedernos lo que te pedimos, cuando nos disponemos a ser, tus fieles hermanos.
9. Oración final.
Leamos y meditemos el Salmo 19, glorificando al Dios Uno y Trino.
José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en
joseportilloperez@gmail.com
el Reino de Dios está entre nosotros.
Ejercicio de lectio divina de MT. 4, 12-23.
Lectura introductoria: JER. 23, 29.
1. Oración inicial.
Iniciemos este tiempo de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.
R. Amén.
Cuando Jesús oyó que San Juan Bautista estaba en la cárcel, se instaló en Cafarnaúm, -una importante ciudad situada a unos treinta y dos kilómetros de Nazaret-, e inició la predicación, de la plena instauración del Reino de Dios, en el mundo. Ello nos recuerda la necesidad que tenemos de descubrir que hemos nacido para llevar a cabo una misión, independientemente de que consideremos que somos creyentes en Dios. San Juan nos indica en su Evangelio (4, 3), que Jesús se distanció del Bautista para no dar la impresión de que ambos predicadores se hacían la competencia, y, cuando el hijo de Zacarías e Isabel estuvo en la cárcel, porque era necesario que él se empequeñeciera, ya que era Jesús a quien le correspondía ser aceptado como Enviado de Dios (JN. 3, 30), el Señor inició su predicación, en el territorio que en el pasado les correspondió en herencia, a las tribus de Zabulón y Neftalí.
Oremos y meditemos sobre todo lo que podemos hacer en la vida, mientras leemos el texto de ECL. 3, 1-8.
Pensemos si nos ha llegado la hora de cumplir nuestra misión vital, si aún no sabemos cuál es la misma, o si nos estamos disponiendo adecuadamente, para poder llevarla a cabo.
La gran mayoría de los habitantes de Judea, -la región culta, rica y religiosa de Israel-, despreciaban a los habitantes de Cafarnaúm, porque en el pasado se mezclaron con los paganos y adoptaron sus costumbres, y aún insistían en llevar a cabo, prácticas que, para quienes los rechazaban, eran consideradas como pecaminosas. Los cristianos observamos creencias las cuales son consideradas como nuestras Verdades absolutas, pero, al analizar las creencias tanto de los miembros de una iglesia o congregación como del común de denominaciones cristianas, nos damos cuenta de que creemos en muchas verdades diferentes, y de que estamos divididos.
¿Son para nosotros más importantes las ideas que las personas?
¿Hemos aprendido a respetar a quienes no comparten nuestras creencias y a convivir con ellos?
¿Consideramos la diversidad de creencias existente como una acumulación de posibilidades que tenemos para aprender a conocernos y a vivir en armonía, o pensamos que la misma es un peligro que atenta contra la fe que profesamos?
Los judíos que habitaban en tinieblas porque eran despreciados por convivir entre los gentiles, fueron iluminados por la luz del Señor. ¿Pensamos que la luz de Cristo puede iluminar a quienes no comparten nuestras creencias, y a quienes tienen un status social diferente al nuestro?
Jesús nos dice en el Evangelio que consideraremos en este trabajo, que el Reino de los cielos, ha llegado. ¿Creemos este anuncio del Señor? ¿Cómo lo constatamos en la Iglesia de que somos miembros, en la sociedad en que vivimos, y en nuestra vida?
¿Hemos iniciado nuestro proceso de conversión al Señor? ¿Qué significa ello para nosotros?
La conversión y la penitencia tienen el mismo significado, aunque solemos asociar la última con la mortificación. ¿Es para nosotros la conversión un sacrificio, o una entrega a Dios, voluntaria y generosa?
Jesús les dijo a los hermanos Simón y Andrés que lo siguieran, para hacerlos pescadores de hombres. Ambos hermanos no tenían un conocimiento del Señor tan perfecto, como el que adquirieron, durante los años que acompañaron al mesías. Todos los cristianos somos llamados a ser pescadores de hombres. Si esperamos a tener un conocimiento del Señor perfecto antes de llevar a cabo dicho trabajo, jamás lo desempeñaremos, porque nos es imposible ser perfectos.
Simón, Andrés, Santiago y Juan, siguieron a Jesús en el mismo instante en que el Señor los llamó. ¿Hemos adoptado el compromiso de ser seguidores de Jesús? ¿Por qué?
Jesús recorrió las sinagogas de Galilea, predicando el Evangelio, y sanando a los enfermos. ¿Cómo predicamos los cristianos la Palabra de Dios, y ayudamos a exterminar las carencias de la humanidad?
2. Leemos atentamente MT. 4, 12-23, intentando abarcar el mensaje que San Mateo nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.
2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.
2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.
3. Meditación de MT. 4, 12-23.
3-1. ¿Por qué escribió San Mateo que Jesús inició a predicar el Evangelio en Cafarnaúm? (MT. 4, 12-13).
Desde el punto de vista científico, dado que San Mateo escribió su Evangelio para hacer que los judíos creyeran en Jesús, tenía que relacionar la vida, el Ministerio, la Pasión, la muerte, la Resurrección, y la glorificación del mesías, con textos del Antiguo Testamento, que sirvieran como profecías, de dichos acontecimientos. Es esta la razón por la que, la primera parte del Evangelio que estamos considerando (MT. 4, 12-17), está profetizada en IS. 8, 23-9, 2.
¿Por qué inició Jesús su Ministerio según San Mateo en Cafarnaúm, y no lo hizo en Nazaret, el pueblo en que creció y fue educado?
1. Es sabido que los judíos vivían en tribus, las cuales se dividían en familias, en las que, cuanto mayor era la edad de los hombres, adquirían un mayor poder, sobre los más jóvenes, las mujeres y los niños. Si, utilizando nuestro vocabulario actual, decimos que Jesús quería ser original, tenía que distanciarse de su familia, y de su tribu. Jesús no podía elegir discípulos de entre sus familiares que fueran mayores que él o tuvieran su misma edad, pues nunca hubiera podido llegar a ser, maestro de los tales. Cuando el Hijo de María buscó seguidores entre gente extraña, es probable que sus parientes se sintieran avergonzados de Él, por no haber contado con ellos, para llevar a cabo su misión.
2. Como Jesús era conocido en Nazaret como un simple trabajador, no podía ser aceptado como Mesías (MT. 13, 54-58), porque existía la creencia de que el Mesías debía surgir entre la realeza, y no entre los burgueses ni los trabajadores humildes.
3. Aunque la actividad de Jesús durante los tres años que predicó el Evangelio se encaminó principalmente al pueblo judío, el Mesías también quiso darse a conocer a los paganos, cuya evangelización les correspondió a sus seguidores, después de que aconteciera su glorificación.
4. Al predicar su mensaje en una ciudad en que convivía gente de diferentes creencias, y al hablar en el idioma de quienes viven solventando las carencias de quienes sufren por diversas causas, Jesús debió tener la esperanza de contar con más recursos de los que le proporcionarían sus hermanos de raza, dado que los fariseos no cesaban de anunciar que el sufrimiento estaba causado por los pecados de quienes padecían, para evitar que sus oyentes socorrieran a los más necesitados, y les dieran el dinero que tuvieran previsto, para socorrer a los pobres, enfermos, ancianos y desamparados. No olvidemos que esta creencia aún existe entre muchos cristianos desgraciadamente.
3-2. La luz y las tinieblas (MT. 4, 14-16).
Dado que existía la creencia de que el Mesías tenía que ser miembro de la alta esfera social, San Mateo vinculó a Jesús con los galileos marginados por vivir en contacto con los paganos. Cuando acaeció el incendio del Templo de Jerusalén y la derrota de la ciudad santa por parte de Roma el año setenta del siglo I, desapareció el partido de los saduceos, y los fariseos lideraron el Judaísmo. Cuando estos alcanzaron el poder, iniciaron una gran presión contra los cristianos, con el fin de dirigir la espiritualidad de todos sus hermanos de raza. San Mateo vinculó a Jesús con los socialmente marginados por cualquier circunstancia, para darles a entender que, aunque se les acusaba de sufrir por causa de sus pecados o las transgresiones de la Ley de Moisés por parte de sus antepasados, la realidad era que Dios no los había abandonado, de lo cual, la Pasión, la muerte, la Resurrección y la glorificación de Jesús, eran pruebas irrefutables.
Los judíos que habitaban en las tinieblas de la marginación social por su contacto con los gentiles, su pobreza, o sus enfermedades, vieron una gran luz (JN. 8, 12). La luz de Jesús amaneció sobre quienes vivían bajo el influjo de la muerte, por cuanto eran considerados rechazados por dios, por causa de sus pecados, o de las transgresiones de la Ley de Israel, que llevaron a cabo, sus antepasados.
¿En qué sentido es significativa la luz de Jesús para nosotros?
3-3. La conversión y la llegada del Reino de Dios al mundo (MT. 4, 17).
3-3-1. La conversión.
¿Por qué habla San Mateo en su Evangelio del Reino de los Cielos, mientras que San Marcos y San Lucas, hablan en sus Evangelios, del Reino de Dios? Para responder la pregunta que nos hemos planteado, debemos volver a recordar que San Mateo era judío, y escribió su Evangelio para lectores de su raza, que no pronunciaban el Nombre de Dios, porque lo reverenciaban profundamente. La negativa de los judíos a pronunciar el Nombre divino, ha sido usada, para que los cristianos llamemos a Dios, utilizando diferentes nombres. Es esta la razón por la que unos cristianos llaman a Nuestro Padre celestial "Yahveh", y otros "jehová", sin tener en cuenta que, para que el "Tetragramaton" (YHWH) fuera pronunciable, se le añadió las letras "e", "o" y "a" de "Edonay", que se traduce como "mi Señor", de donde proviene la palabra "Jehová".
Dado que porque no somos perfectos tenemos la posibilidad de ser mejores personas, siempre podemos fijarnos metas, con el fin de superarnos a nosotros mismos. En el caso de los cristianos, la conversión, -es decir, el fiel seguimiento de Jesús, actuando tal como lo haría el Hijo de Dios y María en nuestras circunstancias, en cuanto ello nos sea posible-, es una gran meta a alcanzar.
¿Debemos eliminar nuestro yo los cristianos, con el fin de asimilarnos a Jesús? Para Sigmund Freud, el ego es una instancia psíquica consciente reconocida como yo, que se encarga de la identidad personal y las relaciones mantenidas con el medio, controladora de nuestros movimientos complejos y coordinados (motilidad), y mediadora entre los instintos de la fuente inconsciente de nuestra energía psíquica, contenedora de la totalidad de los instintos reprimidos, que solo se rige por el principio del placer (el ello), y los ideales de la parte inconsciente del yo que se observa, se juzga y trata de imponerse a sí mismo, siguiendo las referencias de las demandas de un yo idealizado (el superyó), y la realidad del mundo externo. Dado que el egoísmo es un amor no moderado y excesivo hacia sí mismo, que hace atender exclusivamente los intereses personales, y descuidarse de los demás, hay cristianos que piensan que para convertirnos al Señor debemos renunciar a nuestro ego, mientras que otros piensan que, dada nuestra imperfección, solo podremos asemejarnos al Mesías, en la medida que nos sea posible, mientras aguardamos la llegada del día en que, el Señor, concluya su obra en nosotros.
3-3-2. La llegada del Reino de Dios al mundo.
¿Qué es el Reino de los Cielos -o de Dios-? Dado que este trabajo será leído por cristianos de diferentes denominaciones, para unos el Reino de Dios será la Iglesia a que pertenecen, para otros será el mismo Jesús por cuanto considerarán que llamar Reino celestial a una iglesia imperfecta es pecar de soberbia, y otros considerarán que todos hemos sido llamados a formar parte de la sociedad a que pertenecemos, la cuál puede ser perfeccionada, y llegar a ser el Reino de Dios, según ayudemos a exterminar las carencias de nuestros prójimos los hombres, según las posibilidades que tengamos para llevar a cabo tan magno propósito, en cada momento de nuestra vida.
¿Cómo podemos poner nuestra vida al servicio del Reino de dios? Actuemos tal como lo haría Jesús si viviera nuestras circunstancias, y tuviera las oportunidades de hacer el bien que tengamos, en cuanto ello nos sea posible.
3-4. Jesús nos invita a ser pescadores de hombres (MT. 4, 18-20).
Jesús invitó a los hermanos Pedro y Andrés a que dejaran su negocio de pesca, para dedicarse a ser pescadores de hombres. Este no fue el primer encuentro que ambos hermanos mantuvieron con Jesús. Mientras que muchos cristianos se dedican exclusivamente a llevar a cabo la obra de Dios, la gran mayoría de quienes nos consideramos seguidores de Jesús, podemos emplear parte de nuestro tiempo, energía y medios, para ser pescadores de hombres. No somos invitados a pescar y a alimentarnos de nuestras víctimas, sino a pescar peces vivos con la red figurativa de la Iglesia para darles una vida mejor, así pues, recordemos que, para los católicos, la Iglesia a que pertenecen, es conocida, como la barca de San Pedro.
3-5. Jesús nos invita a seguirlo cuando nos ocupamos en nuestras actividades ordinarias (MT. 4, 21-22).
Santiago y Juan estaban reparando las redes de la barca en que trabajaban con su padre, cuando recibieron la invitación de Jesús a seguirlo. Tal como anteriormente lo hicieron Simón Pedro y Andrés, Santiago y Juan siguieron a Jesús instantáneamente, sin intentar excusarse. Mientras que los intérpretes bíblicos se debaten entre la posibilidad de que dichos pescadores se hicieran discípulos de Jesús gradualmente, y el hecho de que quizás siguieron al Mesías como si hubieran sido llamados al apostolado en la ocasión que estamos recordando, pensemos en cómo es nuestro seguimiento de Jesús, y si queremos y podemos mejorar la calidad de las actividades que realizamos en la viña del Señor, y la calidez de nuestras relaciones, con creyentes y no creyentes.
3-6. ¿Qué decía y hacía Jesús para ganar almas para el cielo? (MT. 4, 23).
Jesús predicaba el Evangelio, enseñaba la Palabra de Dios, y sanaba las enfermedades físicas y psíquicas. Aunque estos fueron los aspectos más notables del Ministerio público del Señor, no debemos olvidar que acostumbraba ayudar a los pobres (JN. 13, 29).
¿Cómo continuamos los cristianos la realización de la obra de Jesús?
¿En qué aspectos podemos mejorar el trabajo que llevamos a cabo en la viña del Señor?
3-7. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.
3-8. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.
4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en MT. 4, 12-23 a nuestra vida.
Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.
3-1.
1. ¿Por qué relacionó San Mateo la primera parte del Evangelio que hemos considerado con el texto de IS. 8, 23-9, 2?
2. ¿Por qué inició Jesús su Ministerio según San Mateo en Cafarnaúm, y no lo hizo en Nazaret, el pueblo en que creció y fue educado?
3. ¿Por qué se vio Jesús obligado a distanciarse de los miembros de su tribu y de su familia para escoger a sus futuros Apóstoles?
4. ¿Por qué es probable que bastantes familiares de Jesús se sintieran avergonzados del Señor?
5. ¿Por qué tuvo Jesús problemas para ser aceptado como Mesías en Israel, los cuales se hicieron más notables en Nazaret?
6. ¿Por qué promovían los fariseos el pensamiento de que el sufrimiento era consecuente de los pecados personales y de las transgresiones de la Ley de los antepasados?
7. ¿Son nuestros problemas causas de nuestra condición pecadora? ¿Por qué?
8. ¿Piensas que los cristianos discapacitados deben predicar en las iglesias, o deben permanecer entre los asistentes a las celebraciones cultuales, para que nadie de entre los tales piense que los líderes religiosos y sus colaboradores abusan de los tales?
3-2.
9. ¿Por qué vinculó San Mateo a Jesús con los galileos socialmente marginados por los habitantes de Judea porque vivían en contacto con los paganos?
10. ¿Qué les sucedió a los fariseos cuando se extinguió el partido de los grandes terratenientes?
11. ¿Qué les hicieron los fariseos a los cristianos cuando se sintieron poderosos? ¿Por qué?
12. ¿Por qué han existido muchos cristianos antisemitas a lo largo de los últimos veinte siglos?
13. ¿De qué era una prueba irrefutable para los marginados de Israel la Pasión, la muerte, la Resurrección y la glorificación de Jesús?
14. ¿En qué sentido es significativa la luz de Jesús para nosotros?
3-3.
3-3-1.
15. ¿Por qué habla San Mateo en su Evangelio del Reino de los Cielos, mientras que San Marcos y San Lucas, hablan en sus Evangelios, del Reino de Dios?
16. ¿Por qué no pronunciaban los judíos el Nombre de dios?
17. ¿Qué hemos hecho los cristianos con la negativa de los judíos a pronunciar el Nombre divino?
18. ¿Cuál es el verdadero Nombre de Dios?
19. ¿Cuáles son los Nombres de Dios más utilizados en la biblia?
20. ¿Por qué podemos fijarnos metas con el fin de superarnos a nosotros mismos?
21. ¿Qué es para los cristianos la conversión?
22. ¿Debemos eliminar nuestro yo los cristianos, con el fin de asimilarnos a Jesús?
23. ¿Puedes definir lo que es el ego, la motilidad, el ello y el superyó, según Sigmund Freud?
24. ¿Por qué piensan muchos cristianos que para convertirnos al Señor debemos renunciar a nuestro ego?
25. ¿Por qué no podemos asemejarnos al Mesías en la actualidad?
26. ¿Cuándo podremos ser como Jesús?
3-3-2.
27. ¿Qué es el Reino de los Cielos -o de Dios-?
28. ¿Es la Iglesia a que pertenecemos el Reino de dios? ¿Por qué?
29. ¿Por qué se dice entre los católicos que la Iglesia a que pertenecen es germen del Reino de Dios? (CIC. n. 541).
30. ¿Por qué piensan muchos cristianos que el Reino de Dios es la Persona de Jesús?
31. ¿Cómo puede la tierra llegar a ser el Reino de Dios?
32. ¿Cómo podemos poner nuestra vida al servicio del Reino de Dios?
3-4.
33. ¿Por qué invitó Jesús a Simón Pedro y a su hermano Andrés a ser pescadores de hombres?
34. ¿Por qué dejaron ambos hermanos su trabajo y se separaron de sus familiares para seguir a Jesús?
35. ¿Por qué hemos sido llamados a pescar hombres vivos por Jesús?
36. ¿Cuál es el simbolismo de la red y de la barca de San Pedro?
3-5.
36. ¿Qué estaban haciendo los hijos de Zebedeo cuando Jesús los invitó a seguirlo?
37. ¿Cómo seguimos a Jesús?
38. ¿Podemos mejorar la calidad del trabajo que llevamos a cabo en la viña del Señor, y la calidez de las relaciones que mantenemos, con creyentes y no creyentes?
3-6.
39. ¿Por qué predicaba Jesús el Evangelio, enseñaba la Palabra de dios, y sanaba las enfermedades físicas y psíquicas?
40. ¿Cómo continuamos los cristianos la realización de la obra de Jesús?
41. ¿En qué aspectos podemos mejorar el trabajo que llevamos a cabo en la viña del Señor?
7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en MT. 4, 12-23.
Comprometámonos a orar por la unidad de los cristianos, no solo en esta semana en que oramos especialmente por tal motivo, sino, durante todo el año.
Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.
8. Oración personal.
Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.
Ejemplo de oración personal:
Señor Jesús:
Porque eres la luz del mundo que exterminas nuestras tinieblas cuando te confiamos nuestra vida, ilumínanos para que te conozcamos, practiquemos tus enseñanzas, y conozcamos el arte de la oración.
Porque el Reino de Dios está entre nosotros (LC. 17, 21), haznos miembros del mismo, para que seamos dignos de vivir, en la presencia de Nuestro Padre común.
Gracias por oír nuestras oraciones, y concedernos lo que te pedimos, cuando nos disponemos a ser, tus fieles hermanos.
9. Oración final.
Leamos y meditemos el Salmo 19, glorificando al Dios Uno y Trino.
José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en
joseportilloperez@gmail.com
Meditación de la Infancia de Jesús. (Meditación para el Domingo II del Tiempo Ordinario del Ciclo A).
Meditación de la Infancia de Jesús.
1. Durante el tiempo de Navidad hemos vivido una serie de acontecimientos trascendentales que no hemos de olvidar durante las semanas que faltan para comenzar la Cuaresma, los 40 días de preparación que nos adentran en la Semana Santa y la Pascua de Resurrección. El relato del Nacimiento de Jesús no es una escena bíblica que hemos de recordar en la noche de Navidad para olvidarla durante el resto del año, así pues, Jesús nació para hacernos hijos de Dios y hermanos suyos.
2. Los Evangelistas Lucas y Mateo nos describen brevemente algunos pasajes de la infancia del Señor. En LC. 2, 1-20, encontramos el relato de la Natividad de Jesús y el encuentro de los pastores con el Mesías. En LC. 2, 21, podemos leer que José le impuso al Señor el nombre de Jesús el día en que su Hijo adoptivo fue circuncidado por mandato expreso del ángel Gabriel (LC. 1, 31). El nombre Jesús se traduce como "Dios salva", o como "Libertador". Es esta la razón por la que Yahveh, el Dios de los israelitas, se gloría de su siervo diciéndole las palabras que leemos en IS. 49, 6.
En LC. 2, 22-24, se nos habla de la presentación de Jesús ante Dios como primogénito de José y de María. Jesús le fue presentado a Dios para que Yahveh hiciera con él lo que estimara oportuno, pero fue rescatado inmediatamente después de su ofrecimiento, para servir a Dios en medio de su pueblo. Del texto que estamos meditando podemos deducir sin equivocarnos que José no tenía hijos, así pues, si hubiera tenido otros hijos anteriormente al establecimiento de su relación con María, ¿por qué le presentó a Dios a su último Hijo, cuando la Ley sólo le obligaba a consagrarle a su Criador a su primer hijo? José pudo poner a Jesús a disposición de Dios por ser el Mesías el primer hijo que tuvo con María. No debemos desestimar el hecho de que los personajes de los que San Marcos y San Mateo hablan en sus Evangelios eran primos de Jesús. Los nazarenos decían cuando oían a Jesús impartiendo magistralmente la enseñanza de su doctrina, las palabras escritas en MC. 6, 3, y en MT. 13, 55-56. El sacrificio de dos tórtolas o dos pichones o de un cordero que llevaron a cabo José y María para que la Madre de Jesús obtuviera su reconocimiento legal como mujer purificada, nos hace entender que la Sagrada Familia era pobre o acomodada, en el caso de que ofrendara un cordero. Muchos especuladores hablan de que Jesús y María provenían de familias muy acomodadas, basándose en el siguiente texto: (JN. 19, 23-24). Los citados especuladores han llegado a fantasear hasta el punto de difundir la idea de que Jesús se dio en matrimonio, protagonizando las bodas de Caná, un hecho que nosotros sabemos que no es cierto. Quizá el Evangelista llama a Jesús Nazareno en MT. 2, 23 porque ese fue el primer nombre con que se conoció a los cristianos y porque con ese nombre era conocido Jesús, pero, si estudiamos profundamente las Escrituras, podemos comprobar que Dios quería que su Hijo fuera conocido como nazareo o nazir, hombre casto, con el pelo corto, con la barba rasurada, que sólo vivía para cumplir la voluntad de su Criador. Aunque no todos estemos versados en el estudio del Antiguo Testamento, seguro que recordamos al famoso Sansón, su romance con la filistea Dalila, y las rogativas que le hizo a Dios para que acabara con su vida, con la esperanza de exterminar a quienes oprimían a su pueblo y le quemaron los ojos.
En LC. 2, 25-35, podemos leer el encuentro del anciano Simeón con la Sagrada Familia. Las prescripciones legales que José y María cumplieron aquel día les llenaron el corazón de júbilo, pero ciertamente su alegría fue perturbada por aquel misterioso anciano. Todos nos hemos preguntado en alguna ocasión por qué Dios oprime a los justos, sin entender que el sufrimiento nos ayuda a ser mejores personas cristianas (LC. 2, 25). Los cristianos, ante el mundo en que vivimos, a veces somos tenidos por visionarios e inconformistas. Dios quiere que el deseo de superarnos en nuestro medio sea parte del sentido de nuestra vida, así pues, quienes gustan de tener dinero son insaciables, de la misma manera que Simeón, además de ser un justo pacificador, no podía conformarse sin ver al Mesías antes de morir, porque, su encuentro con Dios, era el punto cúlmen de su felicidad. Para Simeón, el encuentro con Jesús, era el momento para el que había vivido durante mucho tiempo. Él era anciano, y sabía que sus servicios en el Templo cada día eran más escasos, porque se sentía débil, pero no por ello se dio a la estéril tarea de mortificarse, porque, siendo una creatura de Dios, no podía menospreciarse, para no rechazar a Yahveh.
Simeón les dijo a José y María que Jesús sería el motivo por el que muchos humildes serían levantados y muchos soberbios caerían desde el poder en Israel, y que su Hijo sería un signo de contradicción para sus enemigos. José no viviría para contemplar a su Hijo desangrándose en la cruz, pero María sufriría como si una espada atravesara su corazón lentamente siendo empuñada por un verdugo que disfrutaría haciéndola morir lentamente como jamás lo hubiera podido hacer llevando a cabo otra acción. Quizá José y María, ante aquel anuncio doloroso, se preguntaron qué sentido tendría el hecho de que el Mesías de Dios muriera ajusticiado como uno de los zelotes que eran castigados hasta ser asesinados por los soldados que odiaban intensamente a los judíos.
En LC. 2, 36-38, el Evangelista nos habla brevemente de la experiencia que tuvo la profetisa Ana sirviendo a Yahveh durante muchos años. Ella se consagró al servicio de Dios después de quedarse viuda durante el séptimo año de su matrimonio. Ana, al ver a Jesús, empezó a avivar la esperanza de sus oyentes, hablándoles de la redención de Jerusalén. Ana no se refería a la expulsión de los colonizadores de Palestina, sino a la purificación del pueblo.
Después de que la Sagrada Familia volviera de su viaje forzado a Egipto y se estableciera en Nazaret, se inició un largo periodo, del que ninguno de los Evangelistas que forman parte del canon bíblico (canónicos) nos han aportado ningún dato. Con respecto a este periodo, Lucas, el compañero de fatigas de San Pablo, nos dice: (LC. 2, 39-40). El Evangelista nos dice que Jesús era un niño saludable que se fortalecía, y, al mismo tiempo, adquiría conocimientos terrenos y la sabiduría de Dios se manifestaba en el Hijo de María. Pienso que todos los padres deberían cuestionarse sobre si sus hijos crecen en los aspectos citados anteriormente.
¿Son vuestros hijos saludables?
En el caso de los niños que padecen enfermedades que dificultan su vida, ¿se les aportan todos los medios que necesitan para adaptarse a su entorno?
¿Adquieren los niños conocimientos mediante el estudio y sus experiencias vitales?
¿Conocen vuestros hijos a la Trinidad Beatísima?
El siguiente episodio de la infancia del Mesías, nos lo narra San Lucas, entre los versículos 41 y 51 del capítulo 2 de su segunda obra. Cuando el Señor tenía 12 años, en conformidad con la Ley de Israel, el Hijo de María asistió a la celebración de la Pascua hebrea, que, como sabemos, era una fiesta que se celebraba en la capital de Judea, con motivo de la liberación de los descendientes de Abraham de la esclavitud de Egipto, que llevó a cabo Moisés, bajo la inspiración de Dios. Jesús debió vivir aquella fiesta intensamente con el corazón lleno de alegría recitando y meditando los Salmos graduales (los mismos que se utilizan en las horas tercia, sexta y nona, en la oración de la Liturgia de las Horas). Durante el tercer día de la celebración, José le ordenó a María que se dispusiera a preparar rápidamente el retorno a Nazaret, que habría de durar unos dos días. No era conveniente que se separaran de los nazarenos que los acompañaban y de sus conocidos de pueblos cercanos, pues ello podría contribuir a evitarles una serie de peligros muy desagradables, pues los zelotes acechaban en las tinieblas para ejecutar a sus víctimas. José inició su viaje de retorno pensando que su Hijo estaba con María. María pensaba que Jesús estaba con su marido, con la familia de San Juan Bautista, o con otro de sus conocidos. Cuando anocheció aquel día, José y María se separaron de la comitiva de peregrinos para volver a Jerusalén para buscar al Mesías. Ellos tenían muchos temores fundados que les hacían sospechar que Jesús podía estar siendo torturado, si es que no había sido sacrificado. José y María no tenían tiempo de culparse el uno al otro por la pérdida del niño, así pues, apenas llegaron a la ciudad, iniciaron una búsqueda que se prolongó durante tres días, al cabo de los cuáles, encontraron al Niño Dios en el Templo, meditando la Palabra de Dios junto a a los doctores de la Ley, que estaban admirados de la sabiduría de aquel niño. Cuando María pudo acercarse a su Hijo, hizo un gran esfuerzo por ocultar sus lágrimas, pero no pudo evitar que su preocupación se convirtiera en enfado. Jesús, temiendo una buena reprimenda de sus padres, le dijo a María que tenía que anteponer el cumplimiento de la voluntad de nuestro Padre común ante la observancia de las órdenes de ellos. Jesús no le dijo a María que no la amaba, sino que tenía que vivir atento al cumplimiento de la voluntad de Dios, aunque ello le costara un gran esfuerzo. José y María no comprendieron a Jesús, pero, con la alegría de haber encontrado a su Hijo, iniciaron nuevamente su viaje a Nazaret, intentando recuperar parte del tiempo que habían perdido.
A partir de la pérdida y aparición de Jesús en el Templo, se extendió un silencio en la vida de Jesús en las predicaciones de los Evangelios canónicos, que abarcó un periodo aproximado de 16 años, durante el cuál, San Lucas nos dice que "Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres" (LC. 2, 52). Con la meditación de los misterios de la Infancia de Jesús por parte de María y la maduración de Jesús, San Lucas finaliza su relato de la infancia del Señor (LC. 2, 51-52).
Por su parte, San Mateo, el recaudador de impuestos que se convirtió en Apóstol o testigo ocular del Mesías, hizo un breve resumen del Nacimiento de Jesús, que se extiende entre los versículos 18 y 25 del capítulo 1 de su obra, antecedido por una genealogía de Jesucristo. Si San Lucas enfocó su Evangelio de forma que sus lectores pudieran abarcar la misericordia divina, San Mateo, que tenía la intención de hacer que sus lectores hebreos comprendieran que las antiguas profecías mesiánicas se cumplieron en Jesús, juzgó oportuno escribir un relato de la infancia del Señor diferente al de San Lucas, aportando la visita de los Magos de Oriente a Herodes y al Mesías. (Para obtener información del capítulo 2 de San Mateo, consúltese la fiesta de la Epifanía del Señor).
3. A pesar de que finalizamos el tiempo de Navidad celebrando el Bautismo del Señor, la Iglesia nos pide que, al leer y meditar el Evangelio de hoy, recordemos nuevamente la citada fiesta. Jesús es el Cordero de Dios que fue sacrificado para conducirnos a la presencia del Padre inmaculados e indefectibles.
joseportilloperez@gmail.com
1. Durante el tiempo de Navidad hemos vivido una serie de acontecimientos trascendentales que no hemos de olvidar durante las semanas que faltan para comenzar la Cuaresma, los 40 días de preparación que nos adentran en la Semana Santa y la Pascua de Resurrección. El relato del Nacimiento de Jesús no es una escena bíblica que hemos de recordar en la noche de Navidad para olvidarla durante el resto del año, así pues, Jesús nació para hacernos hijos de Dios y hermanos suyos.
2. Los Evangelistas Lucas y Mateo nos describen brevemente algunos pasajes de la infancia del Señor. En LC. 2, 1-20, encontramos el relato de la Natividad de Jesús y el encuentro de los pastores con el Mesías. En LC. 2, 21, podemos leer que José le impuso al Señor el nombre de Jesús el día en que su Hijo adoptivo fue circuncidado por mandato expreso del ángel Gabriel (LC. 1, 31). El nombre Jesús se traduce como "Dios salva", o como "Libertador". Es esta la razón por la que Yahveh, el Dios de los israelitas, se gloría de su siervo diciéndole las palabras que leemos en IS. 49, 6.
En LC. 2, 22-24, se nos habla de la presentación de Jesús ante Dios como primogénito de José y de María. Jesús le fue presentado a Dios para que Yahveh hiciera con él lo que estimara oportuno, pero fue rescatado inmediatamente después de su ofrecimiento, para servir a Dios en medio de su pueblo. Del texto que estamos meditando podemos deducir sin equivocarnos que José no tenía hijos, así pues, si hubiera tenido otros hijos anteriormente al establecimiento de su relación con María, ¿por qué le presentó a Dios a su último Hijo, cuando la Ley sólo le obligaba a consagrarle a su Criador a su primer hijo? José pudo poner a Jesús a disposición de Dios por ser el Mesías el primer hijo que tuvo con María. No debemos desestimar el hecho de que los personajes de los que San Marcos y San Mateo hablan en sus Evangelios eran primos de Jesús. Los nazarenos decían cuando oían a Jesús impartiendo magistralmente la enseñanza de su doctrina, las palabras escritas en MC. 6, 3, y en MT. 13, 55-56. El sacrificio de dos tórtolas o dos pichones o de un cordero que llevaron a cabo José y María para que la Madre de Jesús obtuviera su reconocimiento legal como mujer purificada, nos hace entender que la Sagrada Familia era pobre o acomodada, en el caso de que ofrendara un cordero. Muchos especuladores hablan de que Jesús y María provenían de familias muy acomodadas, basándose en el siguiente texto: (JN. 19, 23-24). Los citados especuladores han llegado a fantasear hasta el punto de difundir la idea de que Jesús se dio en matrimonio, protagonizando las bodas de Caná, un hecho que nosotros sabemos que no es cierto. Quizá el Evangelista llama a Jesús Nazareno en MT. 2, 23 porque ese fue el primer nombre con que se conoció a los cristianos y porque con ese nombre era conocido Jesús, pero, si estudiamos profundamente las Escrituras, podemos comprobar que Dios quería que su Hijo fuera conocido como nazareo o nazir, hombre casto, con el pelo corto, con la barba rasurada, que sólo vivía para cumplir la voluntad de su Criador. Aunque no todos estemos versados en el estudio del Antiguo Testamento, seguro que recordamos al famoso Sansón, su romance con la filistea Dalila, y las rogativas que le hizo a Dios para que acabara con su vida, con la esperanza de exterminar a quienes oprimían a su pueblo y le quemaron los ojos.
En LC. 2, 25-35, podemos leer el encuentro del anciano Simeón con la Sagrada Familia. Las prescripciones legales que José y María cumplieron aquel día les llenaron el corazón de júbilo, pero ciertamente su alegría fue perturbada por aquel misterioso anciano. Todos nos hemos preguntado en alguna ocasión por qué Dios oprime a los justos, sin entender que el sufrimiento nos ayuda a ser mejores personas cristianas (LC. 2, 25). Los cristianos, ante el mundo en que vivimos, a veces somos tenidos por visionarios e inconformistas. Dios quiere que el deseo de superarnos en nuestro medio sea parte del sentido de nuestra vida, así pues, quienes gustan de tener dinero son insaciables, de la misma manera que Simeón, además de ser un justo pacificador, no podía conformarse sin ver al Mesías antes de morir, porque, su encuentro con Dios, era el punto cúlmen de su felicidad. Para Simeón, el encuentro con Jesús, era el momento para el que había vivido durante mucho tiempo. Él era anciano, y sabía que sus servicios en el Templo cada día eran más escasos, porque se sentía débil, pero no por ello se dio a la estéril tarea de mortificarse, porque, siendo una creatura de Dios, no podía menospreciarse, para no rechazar a Yahveh.
Simeón les dijo a José y María que Jesús sería el motivo por el que muchos humildes serían levantados y muchos soberbios caerían desde el poder en Israel, y que su Hijo sería un signo de contradicción para sus enemigos. José no viviría para contemplar a su Hijo desangrándose en la cruz, pero María sufriría como si una espada atravesara su corazón lentamente siendo empuñada por un verdugo que disfrutaría haciéndola morir lentamente como jamás lo hubiera podido hacer llevando a cabo otra acción. Quizá José y María, ante aquel anuncio doloroso, se preguntaron qué sentido tendría el hecho de que el Mesías de Dios muriera ajusticiado como uno de los zelotes que eran castigados hasta ser asesinados por los soldados que odiaban intensamente a los judíos.
En LC. 2, 36-38, el Evangelista nos habla brevemente de la experiencia que tuvo la profetisa Ana sirviendo a Yahveh durante muchos años. Ella se consagró al servicio de Dios después de quedarse viuda durante el séptimo año de su matrimonio. Ana, al ver a Jesús, empezó a avivar la esperanza de sus oyentes, hablándoles de la redención de Jerusalén. Ana no se refería a la expulsión de los colonizadores de Palestina, sino a la purificación del pueblo.
Después de que la Sagrada Familia volviera de su viaje forzado a Egipto y se estableciera en Nazaret, se inició un largo periodo, del que ninguno de los Evangelistas que forman parte del canon bíblico (canónicos) nos han aportado ningún dato. Con respecto a este periodo, Lucas, el compañero de fatigas de San Pablo, nos dice: (LC. 2, 39-40). El Evangelista nos dice que Jesús era un niño saludable que se fortalecía, y, al mismo tiempo, adquiría conocimientos terrenos y la sabiduría de Dios se manifestaba en el Hijo de María. Pienso que todos los padres deberían cuestionarse sobre si sus hijos crecen en los aspectos citados anteriormente.
¿Son vuestros hijos saludables?
En el caso de los niños que padecen enfermedades que dificultan su vida, ¿se les aportan todos los medios que necesitan para adaptarse a su entorno?
¿Adquieren los niños conocimientos mediante el estudio y sus experiencias vitales?
¿Conocen vuestros hijos a la Trinidad Beatísima?
El siguiente episodio de la infancia del Mesías, nos lo narra San Lucas, entre los versículos 41 y 51 del capítulo 2 de su segunda obra. Cuando el Señor tenía 12 años, en conformidad con la Ley de Israel, el Hijo de María asistió a la celebración de la Pascua hebrea, que, como sabemos, era una fiesta que se celebraba en la capital de Judea, con motivo de la liberación de los descendientes de Abraham de la esclavitud de Egipto, que llevó a cabo Moisés, bajo la inspiración de Dios. Jesús debió vivir aquella fiesta intensamente con el corazón lleno de alegría recitando y meditando los Salmos graduales (los mismos que se utilizan en las horas tercia, sexta y nona, en la oración de la Liturgia de las Horas). Durante el tercer día de la celebración, José le ordenó a María que se dispusiera a preparar rápidamente el retorno a Nazaret, que habría de durar unos dos días. No era conveniente que se separaran de los nazarenos que los acompañaban y de sus conocidos de pueblos cercanos, pues ello podría contribuir a evitarles una serie de peligros muy desagradables, pues los zelotes acechaban en las tinieblas para ejecutar a sus víctimas. José inició su viaje de retorno pensando que su Hijo estaba con María. María pensaba que Jesús estaba con su marido, con la familia de San Juan Bautista, o con otro de sus conocidos. Cuando anocheció aquel día, José y María se separaron de la comitiva de peregrinos para volver a Jerusalén para buscar al Mesías. Ellos tenían muchos temores fundados que les hacían sospechar que Jesús podía estar siendo torturado, si es que no había sido sacrificado. José y María no tenían tiempo de culparse el uno al otro por la pérdida del niño, así pues, apenas llegaron a la ciudad, iniciaron una búsqueda que se prolongó durante tres días, al cabo de los cuáles, encontraron al Niño Dios en el Templo, meditando la Palabra de Dios junto a a los doctores de la Ley, que estaban admirados de la sabiduría de aquel niño. Cuando María pudo acercarse a su Hijo, hizo un gran esfuerzo por ocultar sus lágrimas, pero no pudo evitar que su preocupación se convirtiera en enfado. Jesús, temiendo una buena reprimenda de sus padres, le dijo a María que tenía que anteponer el cumplimiento de la voluntad de nuestro Padre común ante la observancia de las órdenes de ellos. Jesús no le dijo a María que no la amaba, sino que tenía que vivir atento al cumplimiento de la voluntad de Dios, aunque ello le costara un gran esfuerzo. José y María no comprendieron a Jesús, pero, con la alegría de haber encontrado a su Hijo, iniciaron nuevamente su viaje a Nazaret, intentando recuperar parte del tiempo que habían perdido.
A partir de la pérdida y aparición de Jesús en el Templo, se extendió un silencio en la vida de Jesús en las predicaciones de los Evangelios canónicos, que abarcó un periodo aproximado de 16 años, durante el cuál, San Lucas nos dice que "Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres" (LC. 2, 52). Con la meditación de los misterios de la Infancia de Jesús por parte de María y la maduración de Jesús, San Lucas finaliza su relato de la infancia del Señor (LC. 2, 51-52).
Por su parte, San Mateo, el recaudador de impuestos que se convirtió en Apóstol o testigo ocular del Mesías, hizo un breve resumen del Nacimiento de Jesús, que se extiende entre los versículos 18 y 25 del capítulo 1 de su obra, antecedido por una genealogía de Jesucristo. Si San Lucas enfocó su Evangelio de forma que sus lectores pudieran abarcar la misericordia divina, San Mateo, que tenía la intención de hacer que sus lectores hebreos comprendieran que las antiguas profecías mesiánicas se cumplieron en Jesús, juzgó oportuno escribir un relato de la infancia del Señor diferente al de San Lucas, aportando la visita de los Magos de Oriente a Herodes y al Mesías. (Para obtener información del capítulo 2 de San Mateo, consúltese la fiesta de la Epifanía del Señor).
3. A pesar de que finalizamos el tiempo de Navidad celebrando el Bautismo del Señor, la Iglesia nos pide que, al leer y meditar el Evangelio de hoy, recordemos nuevamente la citada fiesta. Jesús es el Cordero de Dios que fue sacrificado para conducirnos a la presencia del Padre inmaculados e indefectibles.
joseportilloperez@gmail.com
¿Por qué seguimos los católicos a Jesús? (Meditación para el Domingo II del Tiempo Ordinario del Ciclo A).
Meditación.
¿Por qué seguimos los católicos a Jesús?
La pregunta sobre la que vamos a meditar en esta ocasión se puede responder de distintas maneras, si tenemos en cuenta las diferentes razones que causan el hecho que nos motiva a seguir a Jesús de Nazaret. Dependiendo de la visión de las circunstancias que hemos vivido, la formación que hemos adquirido y la visión que tenemos de nuestro Padre y Dios, puede suceder que nos consideremos seguidores del Mesías con tal de evitar la condenación futura que obsesiona a muchos de nuestros hermanos en la fe, de la misma forma que también puede suceder que podemos ser fieles seguidores del Redentor de la Humanidad, sólo por la belleza de la realidad de poder amar y sentirnos amados al mismo tiempo. San Juan el Bautista es un gran ejemplo que podemos seguir a la hora de pensar cómo hemos de amar a Dios, pues, dicho Santo, dijo en cierta ocasión, las palabras que encontramos en JN. 3, 27-30.
La grandeza de San Juan el Bautista es realmente admirable. El sabía muy bien que todos debemos contentarnos con lo que Dios nos concede, pues, aunque nuestro punto de vista no vislumbra nuestra vida tal como la ve Dios, nuestro Padre celestial nos da gozos, y nos permite pasar por la tristeza, la riqueza y la pobreza, todo lo cual ha de ser utilizado por nosotros, para que podamos alcanzar la santificación de nuestra alma, para que así podamos vivir en la presencia de nuestro Santo Padre. San Juan el Bautista era consciente de que Dios le concedió seguidores que le creyeran y se dejaran bautizar por él, pero no olvidaba ni un sólo momento que él no era el Mesías, con tal de evitar el fatídico hecho de dejarse arrastrar por el orgullo humano que, si bien les es necesario a quienes tienen baja la autoestima para poder realizarse, priva de amor y compañía a quienes no lo emplean adecuadamente, porque son narcisistas.
Dado que el citado Profeta sabía que la relación entre Dios y sus creyentes es comparada con la celebración de un banquete de bodas en las Sagradas Escrituras, el hijo de Elisabeth decía que la esposa le pertenece al Esposo, es decir, con tales palabras, el predicador del desierto, reconocía que, lo único que ambicionaba, era concluir su misión de Precursor mesiánico, dado que el Esposo de quien hablaba era Jesús, y, la esposa, era la comunidad de creyentes, que, lentamente, se reunían ante el Pastor de almas, que, pocos años después, dio su vida por ellos.
Con tal de no dar la impresión de que le hacía la competencia al Bautista al iniciar su Ministerio público, Jesús tomó la decisión de comenzar su predicación lejos del Bautista, el cual, valorando el hecho de que por tener fieles le hacía sombra al Hijo de María involuntariamente, recordando que sólo era el Predecesor del Mesías, tomó la decisión de hacer que sus seguidores caminaran en pos de Jesús, diciéndoles a los tales que, para que Jesús fuera aclamado por sus hermanos de raza, él tenía que ser empequeñecido, pues, una vez hubo cumplido su misión, debía empezar a retirarse, para que Jesús fuera el principal centro de atención, de quienes deseaban conocer la Palabra de Dios.
¿De qué manera elogió Jesús a San Juan el Bautista por haberle posibilitado el inicio de su Ministerio público? (MT. 11, 11).
Imaginemos que, independientemente de que seamos religiosos o laicos, le dedicamos tiempo, esfuerzo y dinero a la realización de la obra de la predicación del Evangelio. Supongamos que, el día del Juicio Universal, Jesús nos dice que, el más indigno de todos los hombres de la historia que ha sido digno de alcanzar la salvación, tiene una grandeza superior a la nuestra, en la presencia de nuestro Padre común. ¿Sentiríamos en ese preciso instante la sensación de haber trabajado inútilmente para Dios? ¿Sentiríamos la frustración de que nuestra labor no fuera suficientemente reconocida ateniéndonos a nuestro criterio meramente humano?
Después de haber meditado MT. 11, 11, ¿tenemos la sensación de que San Juan el Bautista, no fue valorado justamente por Jesús? La suma magnificencia en el Reino de Dios la tienen tanto Dios como sus hijos. La dicha que nos caracterizará en la presencia de Dios, no dependerá del galardón que recibamos, sino de la apertura de nuestro corazón y mente al Dios Uno y Trino. Al hacer esta meditación, pienso que, en vez de dejarnos arrastrar por el delirio de grandeza que consume a mucha gente, deberíamos dejarnos seducir por la pequeñez de todo un Dios que se hizo Hombre, para enseñarnos que, de la misma forma que venció la muerte con su Resurrección, de nuestro trabajo sin cansancio, de nuestro esfuerzo sincero y leal, depende la salvación de muchos de nuestros hermanos.
Hace pocos días empezamos a vivir un nuevo año, y, una vez más, hemos hecho propósitos, que no estamos cumpliendo. Raro es el día que no me encuentro con alguna persona que reniega de sus problemas. Todos queremos tener una vida tranquila y apacible, y, al mismo tiempo, queremos mejorar nuestra calidad de vida, olvidando que ambos deseos son incompatibles. ¿¿Queremos vivir sin problemas? Sometámonos al cumplimiento de la voluntad de las personas que nos rodean que tienen carácter fuerte. En tal caso, el problema que tendremos, será que nos quejaremos por falta de libertad y de la chispa de la originalidad que anhelamos. Si cumplimos este deseo nuestro, tendremos problemas, porque seguro que encontraremos a alguien a quien no le guste nuestro deseo de ser independientes.
¿Queremos vivir sin problemas? Renunciemos a la libertad que Dios nos ha otorgado.
¿Queremos ser nosotros mismos quienes dirijamos nuestra vida? En este caso, tendremos problemas, que nunca serán superiores al deseo que tenemos de superarnos.
Si no queremos tener problemas, con obedecer a quienes quieran someternos al cumplimiento de sus deseos, habremos cumplido la misión que nos hemos atribuido en esta vida, si es que otros no han tomado esa decisión por nosotros.
Si queremos ser independientes, sólo necesitamos caminar detrás de Jesús, porque el Señor es el Camino que nos conduce a la presencia de nuestro Santo Padre, la Verdad que nos indica que todo lo que nos sucede, -aunque a veces nos duela-, tiene un sentido redentor, y la Vida eterna que añoramos, y cuya posesión nos mantiene sin perder la fe en este mundo, en que tantas dificultades tenemos que superar.
¿Podemos encontrar alguna luz en nuestro camino que nos conduzca entre las tinieblas de los problemas que podemos tener? La luz que nos alumbra es el "Hágase" de María, la aceptación de nuestra Santa Madre del cumplimiento de la voluntad de Dios, el sí quiero que se haga tu voluntad, -Santo Padre-, aunque no comprendo apenas tu designio o plan divino de salvarnos y conducirnos a tu presencia, purificados de toda mancha.
joseportilloperez@gmail.com
¿Por qué seguimos los católicos a Jesús?
La pregunta sobre la que vamos a meditar en esta ocasión se puede responder de distintas maneras, si tenemos en cuenta las diferentes razones que causan el hecho que nos motiva a seguir a Jesús de Nazaret. Dependiendo de la visión de las circunstancias que hemos vivido, la formación que hemos adquirido y la visión que tenemos de nuestro Padre y Dios, puede suceder que nos consideremos seguidores del Mesías con tal de evitar la condenación futura que obsesiona a muchos de nuestros hermanos en la fe, de la misma forma que también puede suceder que podemos ser fieles seguidores del Redentor de la Humanidad, sólo por la belleza de la realidad de poder amar y sentirnos amados al mismo tiempo. San Juan el Bautista es un gran ejemplo que podemos seguir a la hora de pensar cómo hemos de amar a Dios, pues, dicho Santo, dijo en cierta ocasión, las palabras que encontramos en JN. 3, 27-30.
La grandeza de San Juan el Bautista es realmente admirable. El sabía muy bien que todos debemos contentarnos con lo que Dios nos concede, pues, aunque nuestro punto de vista no vislumbra nuestra vida tal como la ve Dios, nuestro Padre celestial nos da gozos, y nos permite pasar por la tristeza, la riqueza y la pobreza, todo lo cual ha de ser utilizado por nosotros, para que podamos alcanzar la santificación de nuestra alma, para que así podamos vivir en la presencia de nuestro Santo Padre. San Juan el Bautista era consciente de que Dios le concedió seguidores que le creyeran y se dejaran bautizar por él, pero no olvidaba ni un sólo momento que él no era el Mesías, con tal de evitar el fatídico hecho de dejarse arrastrar por el orgullo humano que, si bien les es necesario a quienes tienen baja la autoestima para poder realizarse, priva de amor y compañía a quienes no lo emplean adecuadamente, porque son narcisistas.
Dado que el citado Profeta sabía que la relación entre Dios y sus creyentes es comparada con la celebración de un banquete de bodas en las Sagradas Escrituras, el hijo de Elisabeth decía que la esposa le pertenece al Esposo, es decir, con tales palabras, el predicador del desierto, reconocía que, lo único que ambicionaba, era concluir su misión de Precursor mesiánico, dado que el Esposo de quien hablaba era Jesús, y, la esposa, era la comunidad de creyentes, que, lentamente, se reunían ante el Pastor de almas, que, pocos años después, dio su vida por ellos.
Con tal de no dar la impresión de que le hacía la competencia al Bautista al iniciar su Ministerio público, Jesús tomó la decisión de comenzar su predicación lejos del Bautista, el cual, valorando el hecho de que por tener fieles le hacía sombra al Hijo de María involuntariamente, recordando que sólo era el Predecesor del Mesías, tomó la decisión de hacer que sus seguidores caminaran en pos de Jesús, diciéndoles a los tales que, para que Jesús fuera aclamado por sus hermanos de raza, él tenía que ser empequeñecido, pues, una vez hubo cumplido su misión, debía empezar a retirarse, para que Jesús fuera el principal centro de atención, de quienes deseaban conocer la Palabra de Dios.
¿De qué manera elogió Jesús a San Juan el Bautista por haberle posibilitado el inicio de su Ministerio público? (MT. 11, 11).
Imaginemos que, independientemente de que seamos religiosos o laicos, le dedicamos tiempo, esfuerzo y dinero a la realización de la obra de la predicación del Evangelio. Supongamos que, el día del Juicio Universal, Jesús nos dice que, el más indigno de todos los hombres de la historia que ha sido digno de alcanzar la salvación, tiene una grandeza superior a la nuestra, en la presencia de nuestro Padre común. ¿Sentiríamos en ese preciso instante la sensación de haber trabajado inútilmente para Dios? ¿Sentiríamos la frustración de que nuestra labor no fuera suficientemente reconocida ateniéndonos a nuestro criterio meramente humano?
Después de haber meditado MT. 11, 11, ¿tenemos la sensación de que San Juan el Bautista, no fue valorado justamente por Jesús? La suma magnificencia en el Reino de Dios la tienen tanto Dios como sus hijos. La dicha que nos caracterizará en la presencia de Dios, no dependerá del galardón que recibamos, sino de la apertura de nuestro corazón y mente al Dios Uno y Trino. Al hacer esta meditación, pienso que, en vez de dejarnos arrastrar por el delirio de grandeza que consume a mucha gente, deberíamos dejarnos seducir por la pequeñez de todo un Dios que se hizo Hombre, para enseñarnos que, de la misma forma que venció la muerte con su Resurrección, de nuestro trabajo sin cansancio, de nuestro esfuerzo sincero y leal, depende la salvación de muchos de nuestros hermanos.
Hace pocos días empezamos a vivir un nuevo año, y, una vez más, hemos hecho propósitos, que no estamos cumpliendo. Raro es el día que no me encuentro con alguna persona que reniega de sus problemas. Todos queremos tener una vida tranquila y apacible, y, al mismo tiempo, queremos mejorar nuestra calidad de vida, olvidando que ambos deseos son incompatibles. ¿¿Queremos vivir sin problemas? Sometámonos al cumplimiento de la voluntad de las personas que nos rodean que tienen carácter fuerte. En tal caso, el problema que tendremos, será que nos quejaremos por falta de libertad y de la chispa de la originalidad que anhelamos. Si cumplimos este deseo nuestro, tendremos problemas, porque seguro que encontraremos a alguien a quien no le guste nuestro deseo de ser independientes.
¿Queremos vivir sin problemas? Renunciemos a la libertad que Dios nos ha otorgado.
¿Queremos ser nosotros mismos quienes dirijamos nuestra vida? En este caso, tendremos problemas, que nunca serán superiores al deseo que tenemos de superarnos.
Si no queremos tener problemas, con obedecer a quienes quieran someternos al cumplimiento de sus deseos, habremos cumplido la misión que nos hemos atribuido en esta vida, si es que otros no han tomado esa decisión por nosotros.
Si queremos ser independientes, sólo necesitamos caminar detrás de Jesús, porque el Señor es el Camino que nos conduce a la presencia de nuestro Santo Padre, la Verdad que nos indica que todo lo que nos sucede, -aunque a veces nos duela-, tiene un sentido redentor, y la Vida eterna que añoramos, y cuya posesión nos mantiene sin perder la fe en este mundo, en que tantas dificultades tenemos que superar.
¿Podemos encontrar alguna luz en nuestro camino que nos conduzca entre las tinieblas de los problemas que podemos tener? La luz que nos alumbra es el "Hágase" de María, la aceptación de nuestra Santa Madre del cumplimiento de la voluntad de Dios, el sí quiero que se haga tu voluntad, -Santo Padre-, aunque no comprendo apenas tu designio o plan divino de salvarnos y conducirnos a tu presencia, purificados de toda mancha.
joseportilloperez@gmail.com
Imitemos la conducta que observó Jesús, -el Cordero de dios que quita el pecado del mundo-, cuando vivió en Palestina. (Ejercicio de lectio divina del Evangelio del Domingo II del Tiempo Ordinario del Ciclo A).
Imitemos la conducta que observó Jesús, -el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo-, cuando vivió en Palestina.
Ejercicio de lectio divina de JN. 1, 29-34.
Lecturas introductorias: IS. 53, 7; 1 COR. 5, 7.
1. Oración inicial.
Iniciemos este tiempo de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.
R. Amén.
¿Qué es orar?
¿Se reduce la oración a la recitación de fórmulas aprendidas hace bastantes años cuyo amplio significado teológico es desconocido por muchos de entre nosotros?
¿Se reduce la oración al hecho de hacerles peticiones a Dios y a sus Santos, en ciertas ocasiones, cayendo en el error de creer que tales creyentes en Nuestro Padre común, tienen el poder de hacer milagros?
Orar es algo más que pedirles a Dios y a sus Santos lo que necesitamos.
Orar es actuar como si Dios nos hubiera concedido todo lo que le pedimos, en cuanto ello nos sea posible.
¿Cómo les demostramos a nuestros familiares y amigos que los amamos? Los conocemos, sabemos en qué situaciones se entristecen y cuándo se sienten felices, y, en cuanto nos es posible, los complacemos. Ello puede servirnos de ejemplo, para comprender que orar es conocer a Dios por medio del riguroso estudio de su Palabra, la imitación de la conducta que Jesús observó cuando vivió en Palestina instituyendo en la tierra un Reino divino y humano partiendo de las necesidades de los más desvalidos, y hablar con nuestro Padre común, mientras nuestros hermanos los hombres descansan.
Orar es ir más allá de las normas establecidas por las instituciones religiosas, cuando tenemos la oportunidad de beneficiar a nuestros prójimos los hombres. A modo de ejemplo, recordemos cómo Jesús, en medio de una celebración religiosa, sanó a un hombre que tenía una mano atrofiada, sin esperar que concluyera el acto religioso, ni que se pusiera el sol, para que concluyera el día festivo para poder sanar al enfermo, tal como lo disponía la Ley (MC. 3, 1-6).
Oremos:
Espíritu Santo, amor que vinculas al Padre y al Hijo desde la eternidad:
Porque queremos llegar a ser perfectos miembros del Cuerpo místico de Cristo (1 COR. 12, 12), inspíranos el deseo de imitar la conducta que observó Jesús, -el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo-, cuando vivió en Israel.
Porque tenemos la experiencia personal del dolor, queremos hacer cuanto nos sea posible, para aliviar, a quienes estén viviendo las experiencias, por cuya contemplación nos afligimos, cuando las vivimos.
Ayúdanos a comprender que servir a nuestros prójimos no es un sacrificio según se nos ha enseñado dando por supuesto que somos malos y no estamos interesados en ayudarles, porque ello es una gran satisfacción.
Ayúdanos a comprender que el mal se vence a fuerza de hacer el bien, pero que ello no significa que debemos dejarnos aplastar por nadie, porque tenemos el mismo derecho a ser amados y respetados, que quienes no observan esta enseñanza, y aplastan a quienes son inferiores a ellos, con tal de sentirse poderosos.
Jesús es superior a nosotros, y utiliza su posición para servirnos, porque es el Camino que nos lleva a la presencia de Nuestro Padre celestial, la Verdad que nos hace libres del dolor, el error y la mentira, y la Vida plena abundante de felicidad que añoramos (JN. 14, 6; 8, 32).
Así como San Juan Bautista utilizó la predicación del anuncio de la venida del Mesías al mundo y el bautismo en agua para anunciar la presencia de Jesús entre sus hermanos de raza, nosotros haremos el bien y oraremos, para que el mundo crea que, la fe que profesamos, es más que una utopía.
Seamos testigos de Jesús Resucitado, con nuestros gestos, palabras, y obras. El Espíritu Santo nos ayudará a llevar a cabo este propósito, sin el que no sería posible, la existencia del Cristianismo.
2. Leemos atentamente JN. 1, 29-34, intentando abarcar el mensaje que San Juan nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.
2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.
2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.
3. Meditación de JN. 1, 29-34.
3-1. Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (JN. 1, 29).
3-1-1. El Cordero de Dios.
¿Cómo podemos explicarles a los lectores de la biblia de nuestro tiempo lo que implicaba para Jesús el hecho de ser el Cordero de Dios? En ÉX. 12, 3-11, leemos las instrucciones que Moisés recibió de parte de Dios, para que sus hermanos de raza sacrificaran el cordero pascual, que era símbolo del fin de la esclavitud de Egipto, y se alimentaran con él. Igualmente, en ÉX. 29, 38-42, se indica cómo habían de sacrificarse todos los días dos corderos en el Templo, uno al amanecer, y otro al atardecer, por los pecados del pueblo. En ambos casos, vemos cómo la liberación de la esclavitud, y la petición de perdón de pecados, exigían sacrificios. Al interpretar IS. 53, 7, como profecía de la Pasión y muerte de Jesús, nos percatamos de que Dios no redimió a su pueblo por medio de los sacrificios de corderos llevados a cabo por los judíos, sino mediante la Pasión, la muerte y la Resurrección de su Unigénito, el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
3-1-2. El pecado del mundo.
¿Libró Jesús a sus creyentes por medio de su Pasión, muerte y Resurrección del castigo merecido por sus pecados personales, o cargó sobre Sí mismo el castigo que merece la humanidad, por causa de los pecados estructurados por las sociedades? En IS. 53, 6, se da a entender que el Siervo de Yahveh murió por los pecados personales de su pueblo, tal como también se expresa en 1 COR. 15, 3, pero, a pesar de estas y otras evidencias bíblicas, existe otra interpretación en la actualidad, de cómo libró Jesús a las sociedades del castigo merecido, por quienes tienen el poder necesario, para estructurar ciertas prácticas, que se han convertido en pecados.
¿Por qué se insiste desde la perspectiva del Judaísmo y el Cristianismo en hablar de los pecados? En la biblia se narra cómo Dios creó un mundo paradisíaco, y cómo los hombres lo rechazaron, al intentar divinizarse, para no depender del Todopoderoso (GN. 3). Así es como se explica en la Biblia, cómo entró el mal en el mundo.
¿Qué diferencia hay, entre pensar que Jesús murió para librarnos del castigo que merecemos por causa de nuestros pecados personales, y pensar que murió y resucitó, para librar al mundo del castigo que merece, por la estructuración de los pecados, que se han convertido en normas vitales? En la actualidad existen interpretaciones extra bíblicas, las cuales son más antiguas que muchos libros de la biblia, que explican por qué existe lo que llamamos mal, y desde el punto de vista judeocristiano se conoce como pecado, las cuales no fueron aceptadas por los judíos cuando se escribió la biblia, y aún no son aceptadas por todos los cristianos. Creer que Jesús murió por nuestros pecados personales, equivale a afirmar que todos somos malos, y que, si imitamos la conducta que Jesús observó cuando vivió en Palestina, es posible que alcancemos la salvación, si a Dios le place tener misericordia de nosotros, cuando juzgue a la humanidad, al final de los tiempos. Creer que Jesús murió por causa de los pecados sociales estructurales, significa que, efectuando cambios sociales, puede construirse un mundo más justo que el actual, lo cual puede contribuir positivamente, a la plena instauración del Reino divino, entre nosotros.
Independientemente de que creamos que Jesús murió por nuestros pecados personales, o por los pecados estructurados por las sociedades, sería interesante que, en vez de consumir nuestra energía sufriendo pensando que somos malos, y temiendo que a Dios no le plazca salvarnos, dediquemos, tiempo, esfuerzo, energía y medios, a hacer el bien que podamos. Si Jesús murió por amor a quienes lo tenían todo perdido, trabajemos para que, en nuestro medio social, no haya nadie carente de voz, ni de voto.
3-2. La humildad ejemplar de San Juan Bautista (JN. 1, 30).
San Juan Bautista nació e inició su predicación del anuncio de la venida del Mesías al mundo, antes de que Jesús naciera, y de que el Señor iniciara su Ministerio público. A pesar de ello, Juan nunca olvidó que Jesús es superior a Él, así pues, el Bautista sabía que era un Profeta, y que Jesús es el Enviado de Dios, cuya venida no cesaba de anunciar.
Si Jesús vino al mundo como Cordero de Dios que cumplió el designio de Nuestro Padre común de salvarnos por medio de su obediencia a Nuestro Padre celestial (FLP. 2, 8), y Juan Bautista fue un ejemplo de humildad a seguir para nosotros, ¿viviremos nuestra religiosidad ansiando el poder, las riquezas y el prestigio, o aumentaremos el número de hijos de Dios, trabajando para que sean miembros del Reino divino, quienes acepten a Nuestro Padre común, siendo humildes?
3-3. ¿Cómo supo San Juan Bautista que Jesús es el Mesías? (JN. 1, 31).
Cuando San Juan dijo que no conocía a Jesús, debió decir que no sabía que el Hijo de María era el Mesías. El hecho de que Juan y Jesús eran parientes lejanos, hace improbable el hecho de que no se conocieran personalmente. El hecho de que Juan no sabía que Jesús era el Mesías hasta que se lo reveló el Espíritu Santo (JN. 1, 32-33), me hace pensar en una pregunta que podemos hacernos: ¿Conocemos a Jesús? Si se nos pregunta quién es Jesús, podemos aplicarle títulos muy conocidos al Señor, tales como "Hijo de Dios", "Hijo del hombre", "Redentor del mundo", etcétera, pero, ¿qué significan esos títulos para nosotros?
3-4. ¿Por qué sabemos que Jesús es el Mesías? (JN. 1, 32-34).
San Juan Bautista tuvo una revelación divina, mediante la que supo que conocería al Mesías, porque el Espíritu Santo descendería sobre Él, en forma corporal de paloma (MT. 3, 13-17). Sabemos que Jesús es Nuestro Salvador, porque eso es lo que se nos ha dicho siempre, y porque muchos lo hemos leído en la biblia, pero, ¿qué evidencias hay en nuestra vida, de que tal expresión, es cierta?
San Juan Bautista dio testimonio de lo que oyó y vio respecto de Jesús. ¿Cómo damos testimonio de la fe que profesamos?
3-5. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.
3-6. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.
4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en JN. 1, 29-34 a nuestra vida.
Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.
3-1.
3-1-1.
1. ¿Cómo podemos explicarles a los lectores de la biblia de nuestro tiempo lo que implicaba para Jesús el hecho de ser el Cordero de Dios?
2. ¿Qué información encontramos en ÉX. 12, 3-11?
3. ¿Qué significado tenía el cordero pascual para los hebreos?
4. ¿Qué significado tiene el Cordero de Dios cuyo sacrificio recordamos los cristianos que celebramos el Viernes Santo?
5. ¿Por qué se sacrificaban todos los días dos corderos en el Templo jerosolimitano según leemos en ÉX. 29, 38-42?
6. ¿Cuál es el mensaje que deducimos al interpretar IS. 53, 7, como profecía de la Pasión y muerte de Jesús?
7. ¿Sabes qué pueblo o profeta era el Siervo de Yahveh citado en los cuatro poemas del Siervo de Yahveh del Deutero-Isaías?
3-1-2.
8. ¿Qué entendemos por pecado?
9. ¿Libró Jesús a sus creyentes por medio de su Pasión, muerte y Resurrección del castigo merecido por sus pecados personales, o cargó sobre sí mismo el castigo que merece la humanidad, por causa de los pecados estructurados por las sociedades?
10. Cita ejemplos de pecados personales y de pecados estructurales.
11. Si en la Biblia se nos informa de que Jesús murió para pagar el castigo que merecemos por nuestros pecados personales, ¿por qué se interpreta JN. 1, 29B en la actualidad, pensando en los pecados sociales estructurales?
12. ¿Por qué se insiste desde la perspectiva del Judaísmo y el Cristianismo en hablar de los pecados?
13. ¿Por qué quisieron Adán y Eva independizarse de Dios y ser igual a Elohim, según el texto de GN. 3?
14. ¿Existe en la actualidad el deseo de alcanzar la divinidad por parte de los hombres? ¿Qué tiene ello de positivo y negativo?
15. ¿Qué diferencia hay, entre pensar que Jesús murió para librarnos del castigo que merecemos por causa de nuestros pecados personales, y pensar que murió y resucitó, para librar al mundo del castigo que merece, por la estructuración de los pecados, que se han convertido en normas vitales?
16. ¿Hacemos el bien por amor a Dios, a nuestros prójimos los hombres y a nosotros, o porque queremos asegurarnos un buen lugar en el cielo?
17. ¿Nos conviene temer por la salvación que añoramos? ¿Por qué?
18. ¿Qué ventaja tiene el hecho de emplearnos en hacer el bien en vez de sufrir pensando que Dios no nos salvará posiblemente?
19. Si creemos que Dios nos ama, ¿por qué tememos por nuestra salvación?
3-2.
20. ¿En qué sentido no conoció San Juan Bautista a Jesús hasta que el Espíritu Santo se posó sobre el Mesías adoptando la forma corporal de una paloma?
21. ¿Por qué se consideró San Juan Bautista inferior a Jesús?
22. ¿Dio muestras el Profeta del Jordán de sentirse humillado al pensar que Jesús es superior a él? ¿Por qué?
23. ¿Nos sentimos humillados al considerar que Jesús es superior a nosotros, si tenemos en cuenta que vivimos en un mundo en que nos gustaría que se exterminen los prejuicios sociales? ¿Por qué?
24. Si Jesús vino al mundo como Cordero de Dios que cumplió el designio de Nuestro Padre común de salvarnos por medio de su obediencia a Nuestro Padre Santo (FLP. 2, 8), y Juan Bautista fue un ejemplo de humildad a seguir para nosotros, ¿viviremos nuestra religiosidad ansiando el poder, las riquezas y el prestigio, o aumentaremos el número de hijos de Dios, trabajando para que sean miembros del Reino divino, quienes acepten a Nuestro Padre común, siendo humildes?
3-3.
25. ¿Qué afirmó San Juan Bautista cuando dijo que no conocía a Jesús?
26. ¿Por qué es probable que San Juan Bautista y Jesús se conocieran personalmente?
27. ¿Conocemos a Jesús?
28. ¿Qué significan los títulos que se le aplican a Jesús para nosotros?
3-4.
29. ¿Por qué supo San Juan Bautista que Jesús es el Mesías esperado por el resto de Israel?
30. ¿Qué evidencia hay en nuestra vida, de que Jesús es el Salvador que necesitamos?
31. ¿Cómo damos testimonio de la fe que profesamos?
5. Lectura relacionada.
Leamos y meditemos IS. 52, 13-53, 12, un texto que ha servido de profecía de la Pasión, muerte y Resurrección de Jesús, que leemos todos los años como primera lectura de la celebración de la Pasión del Señor, el Viernes Santo.
6. Contemplación.
Contemplemos a San Juan Bautista diciéndoles a sus seguidores que tenían ante ellos al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Juan vio con gran satisfacción cómo se cumplió el mensaje que les anunció a sus oyentes, y pronto pensó en hacer que sus seguidores caminaran tras el Mesías, aunque ello le supusiera, que le restaran importancia.
¿Cuáles son los propósitos que nos ayudan a vivir?
¿Cómo reaccionaríamos si tales propósitos se cumplieran, después de haber tenido que sobrevivir a los intentos de frustrarnos de nuestros enemigos?
Contemplemos a San Juan Bautista, reconociéndose inferior al Hijo de María, ante sus seguidores.
¿Somos humildes?
¿Necesitamos aparentar que nuestro status social es superior al que tenemos en realidad para aumentar los contactos que tenemos?
¿Por qué decía San Juan Bautista que Jesús es más grande que él?
¿Por qué decía San Juan que vino a bautizar en agua a sus oyentes?
Contemplemos a San Juan viendo al Espíritu Santo posado sobre Jesús, adoptando la forma corporal de una paloma. El cielo se abrió, y el Paráclito se posó sobre el Mesías, quien fue enlace entre el cielo y la tierra, acabando con la distancia que separaba el Reino de Dios, de nuestra tierra.
¿Qué hacemos para que nuestra tierra sea el cielo de Dios, y el cielo de Nuestro Padre común sea nuestra tierra?
7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en JN. 1, 29-34.
Llevemos a cabo una obra durante la próxima semana que nos identifique con el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.
8. Oración personal.
Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.
Ejemplo de oración personal:
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo:
Aunque es probable que muchos solo nos identifiquemos con tu Pasión y muerte, motívanos para que vivifiquemos a los niños que nacen día a día y están destinados a sentirse solos y despreciados.
Motívanos a amar, aceptar y comprender a quienes sufren por cualquier causa.
Ya que se difunden más rápidamente las tragedias que las buenas noticias, motívanos a esperar el Domingo de Pascua sin ocaso, en que la humanidad te acepte como Redentor, y extermines las causas por las que sufre, por mediación de tus fieles creyentes.
9. Oración final.
Leamos y meditemos el Salmo 40, identificándonos con el Cordero de Dios, muerto por defender a quienes pocos son capaces de amar, y resucitado, para abrirnos la puerta del cielo, el Reino de Dios y nuestro.
José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en
joseportilloperez@gmail.com
Ejercicio de lectio divina de JN. 1, 29-34.
Lecturas introductorias: IS. 53, 7; 1 COR. 5, 7.
1. Oración inicial.
Iniciemos este tiempo de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.
R. Amén.
¿Qué es orar?
¿Se reduce la oración a la recitación de fórmulas aprendidas hace bastantes años cuyo amplio significado teológico es desconocido por muchos de entre nosotros?
¿Se reduce la oración al hecho de hacerles peticiones a Dios y a sus Santos, en ciertas ocasiones, cayendo en el error de creer que tales creyentes en Nuestro Padre común, tienen el poder de hacer milagros?
Orar es algo más que pedirles a Dios y a sus Santos lo que necesitamos.
Orar es actuar como si Dios nos hubiera concedido todo lo que le pedimos, en cuanto ello nos sea posible.
¿Cómo les demostramos a nuestros familiares y amigos que los amamos? Los conocemos, sabemos en qué situaciones se entristecen y cuándo se sienten felices, y, en cuanto nos es posible, los complacemos. Ello puede servirnos de ejemplo, para comprender que orar es conocer a Dios por medio del riguroso estudio de su Palabra, la imitación de la conducta que Jesús observó cuando vivió en Palestina instituyendo en la tierra un Reino divino y humano partiendo de las necesidades de los más desvalidos, y hablar con nuestro Padre común, mientras nuestros hermanos los hombres descansan.
Orar es ir más allá de las normas establecidas por las instituciones religiosas, cuando tenemos la oportunidad de beneficiar a nuestros prójimos los hombres. A modo de ejemplo, recordemos cómo Jesús, en medio de una celebración religiosa, sanó a un hombre que tenía una mano atrofiada, sin esperar que concluyera el acto religioso, ni que se pusiera el sol, para que concluyera el día festivo para poder sanar al enfermo, tal como lo disponía la Ley (MC. 3, 1-6).
Oremos:
Espíritu Santo, amor que vinculas al Padre y al Hijo desde la eternidad:
Porque queremos llegar a ser perfectos miembros del Cuerpo místico de Cristo (1 COR. 12, 12), inspíranos el deseo de imitar la conducta que observó Jesús, -el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo-, cuando vivió en Israel.
Porque tenemos la experiencia personal del dolor, queremos hacer cuanto nos sea posible, para aliviar, a quienes estén viviendo las experiencias, por cuya contemplación nos afligimos, cuando las vivimos.
Ayúdanos a comprender que servir a nuestros prójimos no es un sacrificio según se nos ha enseñado dando por supuesto que somos malos y no estamos interesados en ayudarles, porque ello es una gran satisfacción.
Ayúdanos a comprender que el mal se vence a fuerza de hacer el bien, pero que ello no significa que debemos dejarnos aplastar por nadie, porque tenemos el mismo derecho a ser amados y respetados, que quienes no observan esta enseñanza, y aplastan a quienes son inferiores a ellos, con tal de sentirse poderosos.
Jesús es superior a nosotros, y utiliza su posición para servirnos, porque es el Camino que nos lleva a la presencia de Nuestro Padre celestial, la Verdad que nos hace libres del dolor, el error y la mentira, y la Vida plena abundante de felicidad que añoramos (JN. 14, 6; 8, 32).
Así como San Juan Bautista utilizó la predicación del anuncio de la venida del Mesías al mundo y el bautismo en agua para anunciar la presencia de Jesús entre sus hermanos de raza, nosotros haremos el bien y oraremos, para que el mundo crea que, la fe que profesamos, es más que una utopía.
Seamos testigos de Jesús Resucitado, con nuestros gestos, palabras, y obras. El Espíritu Santo nos ayudará a llevar a cabo este propósito, sin el que no sería posible, la existencia del Cristianismo.
2. Leemos atentamente JN. 1, 29-34, intentando abarcar el mensaje que San Juan nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.
2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.
2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.
3. Meditación de JN. 1, 29-34.
3-1. Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (JN. 1, 29).
3-1-1. El Cordero de Dios.
¿Cómo podemos explicarles a los lectores de la biblia de nuestro tiempo lo que implicaba para Jesús el hecho de ser el Cordero de Dios? En ÉX. 12, 3-11, leemos las instrucciones que Moisés recibió de parte de Dios, para que sus hermanos de raza sacrificaran el cordero pascual, que era símbolo del fin de la esclavitud de Egipto, y se alimentaran con él. Igualmente, en ÉX. 29, 38-42, se indica cómo habían de sacrificarse todos los días dos corderos en el Templo, uno al amanecer, y otro al atardecer, por los pecados del pueblo. En ambos casos, vemos cómo la liberación de la esclavitud, y la petición de perdón de pecados, exigían sacrificios. Al interpretar IS. 53, 7, como profecía de la Pasión y muerte de Jesús, nos percatamos de que Dios no redimió a su pueblo por medio de los sacrificios de corderos llevados a cabo por los judíos, sino mediante la Pasión, la muerte y la Resurrección de su Unigénito, el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
3-1-2. El pecado del mundo.
¿Libró Jesús a sus creyentes por medio de su Pasión, muerte y Resurrección del castigo merecido por sus pecados personales, o cargó sobre Sí mismo el castigo que merece la humanidad, por causa de los pecados estructurados por las sociedades? En IS. 53, 6, se da a entender que el Siervo de Yahveh murió por los pecados personales de su pueblo, tal como también se expresa en 1 COR. 15, 3, pero, a pesar de estas y otras evidencias bíblicas, existe otra interpretación en la actualidad, de cómo libró Jesús a las sociedades del castigo merecido, por quienes tienen el poder necesario, para estructurar ciertas prácticas, que se han convertido en pecados.
¿Por qué se insiste desde la perspectiva del Judaísmo y el Cristianismo en hablar de los pecados? En la biblia se narra cómo Dios creó un mundo paradisíaco, y cómo los hombres lo rechazaron, al intentar divinizarse, para no depender del Todopoderoso (GN. 3). Así es como se explica en la Biblia, cómo entró el mal en el mundo.
¿Qué diferencia hay, entre pensar que Jesús murió para librarnos del castigo que merecemos por causa de nuestros pecados personales, y pensar que murió y resucitó, para librar al mundo del castigo que merece, por la estructuración de los pecados, que se han convertido en normas vitales? En la actualidad existen interpretaciones extra bíblicas, las cuales son más antiguas que muchos libros de la biblia, que explican por qué existe lo que llamamos mal, y desde el punto de vista judeocristiano se conoce como pecado, las cuales no fueron aceptadas por los judíos cuando se escribió la biblia, y aún no son aceptadas por todos los cristianos. Creer que Jesús murió por nuestros pecados personales, equivale a afirmar que todos somos malos, y que, si imitamos la conducta que Jesús observó cuando vivió en Palestina, es posible que alcancemos la salvación, si a Dios le place tener misericordia de nosotros, cuando juzgue a la humanidad, al final de los tiempos. Creer que Jesús murió por causa de los pecados sociales estructurales, significa que, efectuando cambios sociales, puede construirse un mundo más justo que el actual, lo cual puede contribuir positivamente, a la plena instauración del Reino divino, entre nosotros.
Independientemente de que creamos que Jesús murió por nuestros pecados personales, o por los pecados estructurados por las sociedades, sería interesante que, en vez de consumir nuestra energía sufriendo pensando que somos malos, y temiendo que a Dios no le plazca salvarnos, dediquemos, tiempo, esfuerzo, energía y medios, a hacer el bien que podamos. Si Jesús murió por amor a quienes lo tenían todo perdido, trabajemos para que, en nuestro medio social, no haya nadie carente de voz, ni de voto.
3-2. La humildad ejemplar de San Juan Bautista (JN. 1, 30).
San Juan Bautista nació e inició su predicación del anuncio de la venida del Mesías al mundo, antes de que Jesús naciera, y de que el Señor iniciara su Ministerio público. A pesar de ello, Juan nunca olvidó que Jesús es superior a Él, así pues, el Bautista sabía que era un Profeta, y que Jesús es el Enviado de Dios, cuya venida no cesaba de anunciar.
Si Jesús vino al mundo como Cordero de Dios que cumplió el designio de Nuestro Padre común de salvarnos por medio de su obediencia a Nuestro Padre celestial (FLP. 2, 8), y Juan Bautista fue un ejemplo de humildad a seguir para nosotros, ¿viviremos nuestra religiosidad ansiando el poder, las riquezas y el prestigio, o aumentaremos el número de hijos de Dios, trabajando para que sean miembros del Reino divino, quienes acepten a Nuestro Padre común, siendo humildes?
3-3. ¿Cómo supo San Juan Bautista que Jesús es el Mesías? (JN. 1, 31).
Cuando San Juan dijo que no conocía a Jesús, debió decir que no sabía que el Hijo de María era el Mesías. El hecho de que Juan y Jesús eran parientes lejanos, hace improbable el hecho de que no se conocieran personalmente. El hecho de que Juan no sabía que Jesús era el Mesías hasta que se lo reveló el Espíritu Santo (JN. 1, 32-33), me hace pensar en una pregunta que podemos hacernos: ¿Conocemos a Jesús? Si se nos pregunta quién es Jesús, podemos aplicarle títulos muy conocidos al Señor, tales como "Hijo de Dios", "Hijo del hombre", "Redentor del mundo", etcétera, pero, ¿qué significan esos títulos para nosotros?
3-4. ¿Por qué sabemos que Jesús es el Mesías? (JN. 1, 32-34).
San Juan Bautista tuvo una revelación divina, mediante la que supo que conocería al Mesías, porque el Espíritu Santo descendería sobre Él, en forma corporal de paloma (MT. 3, 13-17). Sabemos que Jesús es Nuestro Salvador, porque eso es lo que se nos ha dicho siempre, y porque muchos lo hemos leído en la biblia, pero, ¿qué evidencias hay en nuestra vida, de que tal expresión, es cierta?
San Juan Bautista dio testimonio de lo que oyó y vio respecto de Jesús. ¿Cómo damos testimonio de la fe que profesamos?
3-5. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.
3-6. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.
4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en JN. 1, 29-34 a nuestra vida.
Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.
3-1.
3-1-1.
1. ¿Cómo podemos explicarles a los lectores de la biblia de nuestro tiempo lo que implicaba para Jesús el hecho de ser el Cordero de Dios?
2. ¿Qué información encontramos en ÉX. 12, 3-11?
3. ¿Qué significado tenía el cordero pascual para los hebreos?
4. ¿Qué significado tiene el Cordero de Dios cuyo sacrificio recordamos los cristianos que celebramos el Viernes Santo?
5. ¿Por qué se sacrificaban todos los días dos corderos en el Templo jerosolimitano según leemos en ÉX. 29, 38-42?
6. ¿Cuál es el mensaje que deducimos al interpretar IS. 53, 7, como profecía de la Pasión y muerte de Jesús?
7. ¿Sabes qué pueblo o profeta era el Siervo de Yahveh citado en los cuatro poemas del Siervo de Yahveh del Deutero-Isaías?
3-1-2.
8. ¿Qué entendemos por pecado?
9. ¿Libró Jesús a sus creyentes por medio de su Pasión, muerte y Resurrección del castigo merecido por sus pecados personales, o cargó sobre sí mismo el castigo que merece la humanidad, por causa de los pecados estructurados por las sociedades?
10. Cita ejemplos de pecados personales y de pecados estructurales.
11. Si en la Biblia se nos informa de que Jesús murió para pagar el castigo que merecemos por nuestros pecados personales, ¿por qué se interpreta JN. 1, 29B en la actualidad, pensando en los pecados sociales estructurales?
12. ¿Por qué se insiste desde la perspectiva del Judaísmo y el Cristianismo en hablar de los pecados?
13. ¿Por qué quisieron Adán y Eva independizarse de Dios y ser igual a Elohim, según el texto de GN. 3?
14. ¿Existe en la actualidad el deseo de alcanzar la divinidad por parte de los hombres? ¿Qué tiene ello de positivo y negativo?
15. ¿Qué diferencia hay, entre pensar que Jesús murió para librarnos del castigo que merecemos por causa de nuestros pecados personales, y pensar que murió y resucitó, para librar al mundo del castigo que merece, por la estructuración de los pecados, que se han convertido en normas vitales?
16. ¿Hacemos el bien por amor a Dios, a nuestros prójimos los hombres y a nosotros, o porque queremos asegurarnos un buen lugar en el cielo?
17. ¿Nos conviene temer por la salvación que añoramos? ¿Por qué?
18. ¿Qué ventaja tiene el hecho de emplearnos en hacer el bien en vez de sufrir pensando que Dios no nos salvará posiblemente?
19. Si creemos que Dios nos ama, ¿por qué tememos por nuestra salvación?
3-2.
20. ¿En qué sentido no conoció San Juan Bautista a Jesús hasta que el Espíritu Santo se posó sobre el Mesías adoptando la forma corporal de una paloma?
21. ¿Por qué se consideró San Juan Bautista inferior a Jesús?
22. ¿Dio muestras el Profeta del Jordán de sentirse humillado al pensar que Jesús es superior a él? ¿Por qué?
23. ¿Nos sentimos humillados al considerar que Jesús es superior a nosotros, si tenemos en cuenta que vivimos en un mundo en que nos gustaría que se exterminen los prejuicios sociales? ¿Por qué?
24. Si Jesús vino al mundo como Cordero de Dios que cumplió el designio de Nuestro Padre común de salvarnos por medio de su obediencia a Nuestro Padre Santo (FLP. 2, 8), y Juan Bautista fue un ejemplo de humildad a seguir para nosotros, ¿viviremos nuestra religiosidad ansiando el poder, las riquezas y el prestigio, o aumentaremos el número de hijos de Dios, trabajando para que sean miembros del Reino divino, quienes acepten a Nuestro Padre común, siendo humildes?
3-3.
25. ¿Qué afirmó San Juan Bautista cuando dijo que no conocía a Jesús?
26. ¿Por qué es probable que San Juan Bautista y Jesús se conocieran personalmente?
27. ¿Conocemos a Jesús?
28. ¿Qué significan los títulos que se le aplican a Jesús para nosotros?
3-4.
29. ¿Por qué supo San Juan Bautista que Jesús es el Mesías esperado por el resto de Israel?
30. ¿Qué evidencia hay en nuestra vida, de que Jesús es el Salvador que necesitamos?
31. ¿Cómo damos testimonio de la fe que profesamos?
5. Lectura relacionada.
Leamos y meditemos IS. 52, 13-53, 12, un texto que ha servido de profecía de la Pasión, muerte y Resurrección de Jesús, que leemos todos los años como primera lectura de la celebración de la Pasión del Señor, el Viernes Santo.
6. Contemplación.
Contemplemos a San Juan Bautista diciéndoles a sus seguidores que tenían ante ellos al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Juan vio con gran satisfacción cómo se cumplió el mensaje que les anunció a sus oyentes, y pronto pensó en hacer que sus seguidores caminaran tras el Mesías, aunque ello le supusiera, que le restaran importancia.
¿Cuáles son los propósitos que nos ayudan a vivir?
¿Cómo reaccionaríamos si tales propósitos se cumplieran, después de haber tenido que sobrevivir a los intentos de frustrarnos de nuestros enemigos?
Contemplemos a San Juan Bautista, reconociéndose inferior al Hijo de María, ante sus seguidores.
¿Somos humildes?
¿Necesitamos aparentar que nuestro status social es superior al que tenemos en realidad para aumentar los contactos que tenemos?
¿Por qué decía San Juan Bautista que Jesús es más grande que él?
¿Por qué decía San Juan que vino a bautizar en agua a sus oyentes?
Contemplemos a San Juan viendo al Espíritu Santo posado sobre Jesús, adoptando la forma corporal de una paloma. El cielo se abrió, y el Paráclito se posó sobre el Mesías, quien fue enlace entre el cielo y la tierra, acabando con la distancia que separaba el Reino de Dios, de nuestra tierra.
¿Qué hacemos para que nuestra tierra sea el cielo de Dios, y el cielo de Nuestro Padre común sea nuestra tierra?
7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en JN. 1, 29-34.
Llevemos a cabo una obra durante la próxima semana que nos identifique con el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.
8. Oración personal.
Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.
Ejemplo de oración personal:
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo:
Aunque es probable que muchos solo nos identifiquemos con tu Pasión y muerte, motívanos para que vivifiquemos a los niños que nacen día a día y están destinados a sentirse solos y despreciados.
Motívanos a amar, aceptar y comprender a quienes sufren por cualquier causa.
Ya que se difunden más rápidamente las tragedias que las buenas noticias, motívanos a esperar el Domingo de Pascua sin ocaso, en que la humanidad te acepte como Redentor, y extermines las causas por las que sufre, por mediación de tus fieles creyentes.
9. Oración final.
Leamos y meditemos el Salmo 40, identificándonos con el Cordero de Dios, muerto por defender a quienes pocos son capaces de amar, y resucitado, para abrirnos la puerta del cielo, el Reino de Dios y nuestro.
José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en
joseportilloperez@gmail.com
La humildad de San Juan Bautista, y el Bautismo de Jesús. (Meditación del Evangelio de los Ciclos A, B y C de la fiesta del Bautismo del Señor).
Meditación.
5. La humildad de San Juan Bautista, y el Bautismo de Jesús.
Meditación del Evangelio optativo de los Ciclos A y B, y del Evangelio del Ciclo C.
Meditación de LC. 3, 15-16. 21-22.
¿Por qué llegaron a pensar muchos judíos que San Juan el Bautista era el Mesías -o Ungido- por Dios cuya venida esperaban fervientemente? Para responder esta pregunta, podemos recurrir a los primeros versículos del capítulo tres del tercer Evangelio, donde descubrimos que Dios no se les manifestó a las principales autoridades de Roma y Palestina, sino al hijo del sacerdote Zacarías, por causa de su humildad (LC. 3, 1-2).
La misión del Bautista está profetizada en la Profecía de Isaías, y consiste en la preparación del camino del Mesías, disponiendo a los hombres a acoger su Palabra, y a recibir el Bautismo que los hacía hijos de Dios, por medio de la recepción de un bautismo, que los comprometía a renunciar al pecado, y a vivir adaptándose, al cumplimiento de la voluntad de Yahveh (LC. 3, 3-6).
San Juan afirmaba que Dios premiaría a quienes se adaptaran al cumplimiento de sus deseos, y que condenaría a quienes le desobedecieran. Para el Bautista, no eran hijos de Abraham todos sus hermanos de raza, sino solo aquellos que cumplían la voluntad de Yahveh (LC. 3, 7-9).
¿Cómo podían los judíos cumplir la voluntad de Dios, expresada en la predicación del Bautista? San Lucas nos ofrece ejemplos de cómo el último de los Profetas instaba a sus oyentes a vivir en conformidad con el cumplimiento de la voluntad divina. Quienes quisieran ser fieles miembros del pueblo de Yahveh, debían ser solidarios con los pobres, -a quienes debían darles la mitad de su dinero, pertenencias y alimentos-, debían evitar la comisión de fraudes, y, bajo ningún concepto, debían aprovecharse de los más débiles y marginados de la sociedad, para beneficiarse a costa de los tales (LC. 3, 10-14).
Dado que los más marginados de Palestina encontraron consuelo en la predicación del Bautista, pensaron que el hijo de Isabel era el Mesías esperado. El Bautista, en lugar de aprovecharse de su popularidad para enriquecerse, no dudó en decir que no era el Mesías a quien sus oyentes aguardaban, dado que, mientras él solo los bautizaba con agua, debían esperar a quien estaba en medio de ellos aunque no lo conocían, porque tenía el poder de bautizarlos con Espíritu Santo y fuego, -es decir, podía revestirlos con el poder de Dios, y purificarlos plenamente de sus pecados-.
Sería interesante pensar si nos parecemos a San Juan Bautista, en que, la fuerza de nuestra predicación, y el ejemplo de la vivencia de la profesión de nuestra fe, hace que, quienes nos conocen, deseen creer en Jesús, y seguirlo.
Imaginemos a Jesús en la cola de los pecadores que eran bautizados por San Juan, aguardando su turno de recibir el bautismo de dicho Profeta. Jesús fue ungido por el Espíritu Santo mientras oraba, después de ser bautizado. De la misma manera que Nuestro Señor fue visitado por pastores muy pobres en el establo en que nació, no fue ungido entre los miembros de la realeza como muchos de sus hermanos de raza esperaban que sucediera, sino entre una multitud de pecadores, compuesta por pobres, enfermos, publicanos y soldados romanos, para quienes, la consecución de bienes materiales, no constituía la plena consecución de la felicidad.
El cielo se abrió antes de que el Espíritu Santo descendiera sobre Jesús. Este hecho es muy significativo. Recordemos que, cuando Adán y Eva fueron expulsados del paraíso terrenal, les fue impedido por Dios, el acceso al mismo (GN. 3, 22-24). Una de las razones por las que el Bautista fue considerado por muchos judíos como si hubiera sido el Mesías, se basó en la creencia de que el cielo llevaba más de cuatro siglos cerrado, pues ese era el tiempo que hacía, desde que no aparecía en Israel, ningún gran profeta, que hablara en nombre de Yahveh, y denunciara las injusticias llevadas a cabo por los poderosos, en contra de los pobres de Yahveh.
El hecho de que el cielo se abrió cuando Jesús estaba en oración, es digno de tener en cuenta, porque muchas veces, -cuando sufrimos-, queremos que el cielo se nos abra, para que Dios nos dé a conocer, las respuestas que anhelamos. De la misma manera que Jesús vivió durante treinta años como cualquiera de sus hermanos de raza antes de ser ungido como Mesías, antes de conocer el designio de Dios sobre la humanidad y nosotros, tenemos que estudiar su Palabra, poner en práctica cuanto aprendemos ejercitando la caridad, y orar mucho.
El Espíritu Santo bajó sobre Jesús adoptando la forma corporal de una paloma, demostrándole al Mesías, que, Nuestro Santo Padre, estaba de acuerdo con el cumplimiento de la misión que le encomendó. Ojalá nosotros fuéramos fieles discípulos del Señor, y tuviéramos la sensación de que Dios se siente feliz al ver cómo hemos sido inmiscuidos en el cumplimiento de la misión de salvar a la humanidad.
¿Para qué sirve el Sacramento del Bautismo? (CIC. n. 1229). Meditemos brevemente sobre la importancia de los elementos citados en el CIC., a la luz de la Palabra de Dios contenida en la Biblia -o Sagrada Escritura-.
El anuncio de la Palabra.
San Pablo les escribió a los cristianos de Roma, el texto que leemos en ROM. 10, 13-15. Aunque según la fe que profesamos quienes no forman parte de la Iglesia Católica no tienen por qué estar privados del hecho de ser salvos, los católicos, al mantener la creencia de que el conocimiento de Dios es esencial para que podamos alcanzar la plenitud de la felicidad, tenemos el deber de predicarles la Palabra de Dios a quienes quieran conocer a Nuestro Padre común, con el fin de que sea aumentado el número de hijos de la Iglesia, nuestros nuevos hermanos con quienes hemos de compartir las creencias que mantenemos firmemente, pues las tales son la mayor riqueza que tenemos.
San Pablo nos ha hecho meditar sobre la siguiente pregunta: ¿Cómo va a proclamarse el Evangelio, si no existen los evangelizadores? Esta pregunta que puede parecernos triste al considerar que tal como está el mundo actualmente es muy difícil el hecho de que haya gente verdaderamente interesada en conocer la Palabra de Dios, debe ser respondida desde el interior de nuestros corazones, y, la respuesta a esta pregunta, podría actuar en nuestro interior como un rayo de luz en medio de la oscuridad de la noche. De la misma manera que quienes padecen depresión deben actuar para aliviar sus síntomas depresógenos en la medida que ello les sea posible en lugar de estar permanentemente pensando en sus problemas, nosotros, en lugar de decir que los religiosos son los únicos responsables de la predicación del Evangelio, y en vez de dejarles ese trabajo a otros cristianos, podríamos considerar la posibilidad de predicar el Evangelio, dado que seríamos los primeros beneficiados de ese trabajo, ya que tendríamos la obligación de conocer en profundidad la Palabra de Dios, ora para responder las preguntas de nuestros oyentes, ora para fortalecer nuestra fe, que no siempre está a la altura de la superación de las circunstancias que podemos vivir cuando menos las esperamos.
Recordemos cómo San Pablo exhortó al joven Obispo Timoteo para que predicara la Palabra de Dios, aun cuando la misma no fuera acogida debidamente entre sus oyentes (2 TIM. 4, 2).
San Pablo nos pregunta: ¿Cómo va a creer el mundo en Dios, si no ha oído el mensaje de salvación? Si la gente que os rodea no cree en Dios, ¿cómo va a ser invocado Nuestro Padre común? Es necesario que aprendamos a invocar a Dios, con el fin de que comprobemos cómo se cumple en nosotros el siguiente extracto de los Salmos, expuesto en el SAL. 4, 4.
La acogida del Evangelio que lleva a la conversión.
Si quienes hemos sido bautizados tenemos el deber de predicar el Evangelio, quienes desean recibir el citado Sacramento, tienen el deber de acoger la Palabra de Dios, en cuya existencia no sólo han de creer de palabra, pues han de aceptar la Buena Nueva de nuestra salvación, hasta tener el deseo de adaptarse al cumplimiento de la voluntad de Dios en sus vidas. El Catolicismo se diferencia de otras denominaciones cristianas en que no les exige a quienes desean bautizarse un gran conocimiento de la Palabra de Dios, pues entiende que, conforme meditamos las Sagradas Escrituras diariamente, el Espíritu Santo se encarga de acrecentarnos la necesidad de conocer más y mejor a la Santísima Trinidad (PR. 2, 1-9).
La profesión de fe.
Si quienes desean bautizarse aceptan el Evangelio hasta llegar a desear acatar el cumplimiento de la voluntad de Dios en sus vidas, los tales tienen que profesar su fe, no sólo recitando el Credo en las celebraciones eucarísticas, sino viviendo como verdaderos hijos de Dios en un mundo marcado por la carencia de fe en Nuestro Padre común. Es necesario que ningún catecúmeno tenga mucha prisa para ser bautizado, pues es importante que nuestros futuros hermanos conozcan la fe que profesamos suficientemente como para no renegar de la misma una vez que concluya su periodo formativo actual.
La preparación del Bautismo no debe consistir únicamente en la asistencia a una serie de charlas monótonas, sino en la puesta a prueba del conocimiento, los dones y virtudes de los catecúmenos, con el fin de que los mismos se bauticen teniendo bastante conocimiento de lo que es la vida cristiana, pues demasiados supuestos seguidores de Jesús hay en el mundo que adaptan la fe a sus intereses, no aman a sus prójimos los hombres, y sólo se acuerdan de Dios cuando les interesa ver milagros.
El Bautismo, la efusión del Espíritu Santo, y el acceso a la comunión eucarística.
Una vez que los catecúmenos comprenden lo que comporta el hecho de abrazar nuestra fe universal, y aceptan el hecho de cumplir la voluntad de Dios en sus vidas, ya están dispuestos a ser bautizados, no sabiendo que han de olvidarse de Dios el día siguiente a la recepción de este Sacramento de iniciación cristiana, sino que el mismo es su acceso a la Iglesia, de la cual han de recibir toda la formación que necesiten para vivir como cristianos religiosos o laicos, pues todos los hijos de Dios tenemos una vocación relacionada con la salvación del mundo.
¿Para qué sirve el Bautismo?
-El Bautismo significa que nos hemos formado convenientemente para ser hijos de Dios y miembros activos de la Iglesia.
-El Bautismo significa que es posible creer en Dios a pesar de que el mundo está marcado por la desconfianza tanto en Dios como en los hombres.
-El Bautismo significa que existe la posibilidad de aplicar nuestros conocimientos recibidos de Dios y obtenidos por los científicos para solventar nuestras dificultades.
-El Bautismo significa que, independientemente del odio que pueda caracterizar determinados ambientes, es posible el hecho de que los hombres nos amemos, más allá de las diferencias que nos separan.
-El Bautismo significa que, en este mundo en que muchos no nos conocemos, tenemos la posibilidad de vivir como hermanos.
-El Bautismo significa que, en este día en que acabamos la Navidad y comenzamos a vivir la primera parte del Tiempo Ordinario, no vamos a olvidar los sentimientos que hemos experimentado ni todo lo bueno que hemos recordado y aprendido, y que vamos a intentar vivir inspirados por ese conocimiento de Dios y sus hijos los hombres, con el fin de crear una sociedad mundial más justa y equitativa. Amén.
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
5. La humildad de San Juan Bautista, y el Bautismo de Jesús.
Meditación del Evangelio optativo de los Ciclos A y B, y del Evangelio del Ciclo C.
Meditación de LC. 3, 15-16. 21-22.
¿Por qué llegaron a pensar muchos judíos que San Juan el Bautista era el Mesías -o Ungido- por Dios cuya venida esperaban fervientemente? Para responder esta pregunta, podemos recurrir a los primeros versículos del capítulo tres del tercer Evangelio, donde descubrimos que Dios no se les manifestó a las principales autoridades de Roma y Palestina, sino al hijo del sacerdote Zacarías, por causa de su humildad (LC. 3, 1-2).
La misión del Bautista está profetizada en la Profecía de Isaías, y consiste en la preparación del camino del Mesías, disponiendo a los hombres a acoger su Palabra, y a recibir el Bautismo que los hacía hijos de Dios, por medio de la recepción de un bautismo, que los comprometía a renunciar al pecado, y a vivir adaptándose, al cumplimiento de la voluntad de Yahveh (LC. 3, 3-6).
San Juan afirmaba que Dios premiaría a quienes se adaptaran al cumplimiento de sus deseos, y que condenaría a quienes le desobedecieran. Para el Bautista, no eran hijos de Abraham todos sus hermanos de raza, sino solo aquellos que cumplían la voluntad de Yahveh (LC. 3, 7-9).
¿Cómo podían los judíos cumplir la voluntad de Dios, expresada en la predicación del Bautista? San Lucas nos ofrece ejemplos de cómo el último de los Profetas instaba a sus oyentes a vivir en conformidad con el cumplimiento de la voluntad divina. Quienes quisieran ser fieles miembros del pueblo de Yahveh, debían ser solidarios con los pobres, -a quienes debían darles la mitad de su dinero, pertenencias y alimentos-, debían evitar la comisión de fraudes, y, bajo ningún concepto, debían aprovecharse de los más débiles y marginados de la sociedad, para beneficiarse a costa de los tales (LC. 3, 10-14).
Dado que los más marginados de Palestina encontraron consuelo en la predicación del Bautista, pensaron que el hijo de Isabel era el Mesías esperado. El Bautista, en lugar de aprovecharse de su popularidad para enriquecerse, no dudó en decir que no era el Mesías a quien sus oyentes aguardaban, dado que, mientras él solo los bautizaba con agua, debían esperar a quien estaba en medio de ellos aunque no lo conocían, porque tenía el poder de bautizarlos con Espíritu Santo y fuego, -es decir, podía revestirlos con el poder de Dios, y purificarlos plenamente de sus pecados-.
Sería interesante pensar si nos parecemos a San Juan Bautista, en que, la fuerza de nuestra predicación, y el ejemplo de la vivencia de la profesión de nuestra fe, hace que, quienes nos conocen, deseen creer en Jesús, y seguirlo.
Imaginemos a Jesús en la cola de los pecadores que eran bautizados por San Juan, aguardando su turno de recibir el bautismo de dicho Profeta. Jesús fue ungido por el Espíritu Santo mientras oraba, después de ser bautizado. De la misma manera que Nuestro Señor fue visitado por pastores muy pobres en el establo en que nació, no fue ungido entre los miembros de la realeza como muchos de sus hermanos de raza esperaban que sucediera, sino entre una multitud de pecadores, compuesta por pobres, enfermos, publicanos y soldados romanos, para quienes, la consecución de bienes materiales, no constituía la plena consecución de la felicidad.
El cielo se abrió antes de que el Espíritu Santo descendiera sobre Jesús. Este hecho es muy significativo. Recordemos que, cuando Adán y Eva fueron expulsados del paraíso terrenal, les fue impedido por Dios, el acceso al mismo (GN. 3, 22-24). Una de las razones por las que el Bautista fue considerado por muchos judíos como si hubiera sido el Mesías, se basó en la creencia de que el cielo llevaba más de cuatro siglos cerrado, pues ese era el tiempo que hacía, desde que no aparecía en Israel, ningún gran profeta, que hablara en nombre de Yahveh, y denunciara las injusticias llevadas a cabo por los poderosos, en contra de los pobres de Yahveh.
El hecho de que el cielo se abrió cuando Jesús estaba en oración, es digno de tener en cuenta, porque muchas veces, -cuando sufrimos-, queremos que el cielo se nos abra, para que Dios nos dé a conocer, las respuestas que anhelamos. De la misma manera que Jesús vivió durante treinta años como cualquiera de sus hermanos de raza antes de ser ungido como Mesías, antes de conocer el designio de Dios sobre la humanidad y nosotros, tenemos que estudiar su Palabra, poner en práctica cuanto aprendemos ejercitando la caridad, y orar mucho.
El Espíritu Santo bajó sobre Jesús adoptando la forma corporal de una paloma, demostrándole al Mesías, que, Nuestro Santo Padre, estaba de acuerdo con el cumplimiento de la misión que le encomendó. Ojalá nosotros fuéramos fieles discípulos del Señor, y tuviéramos la sensación de que Dios se siente feliz al ver cómo hemos sido inmiscuidos en el cumplimiento de la misión de salvar a la humanidad.
¿Para qué sirve el Sacramento del Bautismo? (CIC. n. 1229). Meditemos brevemente sobre la importancia de los elementos citados en el CIC., a la luz de la Palabra de Dios contenida en la Biblia -o Sagrada Escritura-.
El anuncio de la Palabra.
San Pablo les escribió a los cristianos de Roma, el texto que leemos en ROM. 10, 13-15. Aunque según la fe que profesamos quienes no forman parte de la Iglesia Católica no tienen por qué estar privados del hecho de ser salvos, los católicos, al mantener la creencia de que el conocimiento de Dios es esencial para que podamos alcanzar la plenitud de la felicidad, tenemos el deber de predicarles la Palabra de Dios a quienes quieran conocer a Nuestro Padre común, con el fin de que sea aumentado el número de hijos de la Iglesia, nuestros nuevos hermanos con quienes hemos de compartir las creencias que mantenemos firmemente, pues las tales son la mayor riqueza que tenemos.
San Pablo nos ha hecho meditar sobre la siguiente pregunta: ¿Cómo va a proclamarse el Evangelio, si no existen los evangelizadores? Esta pregunta que puede parecernos triste al considerar que tal como está el mundo actualmente es muy difícil el hecho de que haya gente verdaderamente interesada en conocer la Palabra de Dios, debe ser respondida desde el interior de nuestros corazones, y, la respuesta a esta pregunta, podría actuar en nuestro interior como un rayo de luz en medio de la oscuridad de la noche. De la misma manera que quienes padecen depresión deben actuar para aliviar sus síntomas depresógenos en la medida que ello les sea posible en lugar de estar permanentemente pensando en sus problemas, nosotros, en lugar de decir que los religiosos son los únicos responsables de la predicación del Evangelio, y en vez de dejarles ese trabajo a otros cristianos, podríamos considerar la posibilidad de predicar el Evangelio, dado que seríamos los primeros beneficiados de ese trabajo, ya que tendríamos la obligación de conocer en profundidad la Palabra de Dios, ora para responder las preguntas de nuestros oyentes, ora para fortalecer nuestra fe, que no siempre está a la altura de la superación de las circunstancias que podemos vivir cuando menos las esperamos.
Recordemos cómo San Pablo exhortó al joven Obispo Timoteo para que predicara la Palabra de Dios, aun cuando la misma no fuera acogida debidamente entre sus oyentes (2 TIM. 4, 2).
San Pablo nos pregunta: ¿Cómo va a creer el mundo en Dios, si no ha oído el mensaje de salvación? Si la gente que os rodea no cree en Dios, ¿cómo va a ser invocado Nuestro Padre común? Es necesario que aprendamos a invocar a Dios, con el fin de que comprobemos cómo se cumple en nosotros el siguiente extracto de los Salmos, expuesto en el SAL. 4, 4.
La acogida del Evangelio que lleva a la conversión.
Si quienes hemos sido bautizados tenemos el deber de predicar el Evangelio, quienes desean recibir el citado Sacramento, tienen el deber de acoger la Palabra de Dios, en cuya existencia no sólo han de creer de palabra, pues han de aceptar la Buena Nueva de nuestra salvación, hasta tener el deseo de adaptarse al cumplimiento de la voluntad de Dios en sus vidas. El Catolicismo se diferencia de otras denominaciones cristianas en que no les exige a quienes desean bautizarse un gran conocimiento de la Palabra de Dios, pues entiende que, conforme meditamos las Sagradas Escrituras diariamente, el Espíritu Santo se encarga de acrecentarnos la necesidad de conocer más y mejor a la Santísima Trinidad (PR. 2, 1-9).
La profesión de fe.
Si quienes desean bautizarse aceptan el Evangelio hasta llegar a desear acatar el cumplimiento de la voluntad de Dios en sus vidas, los tales tienen que profesar su fe, no sólo recitando el Credo en las celebraciones eucarísticas, sino viviendo como verdaderos hijos de Dios en un mundo marcado por la carencia de fe en Nuestro Padre común. Es necesario que ningún catecúmeno tenga mucha prisa para ser bautizado, pues es importante que nuestros futuros hermanos conozcan la fe que profesamos suficientemente como para no renegar de la misma una vez que concluya su periodo formativo actual.
La preparación del Bautismo no debe consistir únicamente en la asistencia a una serie de charlas monótonas, sino en la puesta a prueba del conocimiento, los dones y virtudes de los catecúmenos, con el fin de que los mismos se bauticen teniendo bastante conocimiento de lo que es la vida cristiana, pues demasiados supuestos seguidores de Jesús hay en el mundo que adaptan la fe a sus intereses, no aman a sus prójimos los hombres, y sólo se acuerdan de Dios cuando les interesa ver milagros.
El Bautismo, la efusión del Espíritu Santo, y el acceso a la comunión eucarística.
Una vez que los catecúmenos comprenden lo que comporta el hecho de abrazar nuestra fe universal, y aceptan el hecho de cumplir la voluntad de Dios en sus vidas, ya están dispuestos a ser bautizados, no sabiendo que han de olvidarse de Dios el día siguiente a la recepción de este Sacramento de iniciación cristiana, sino que el mismo es su acceso a la Iglesia, de la cual han de recibir toda la formación que necesiten para vivir como cristianos religiosos o laicos, pues todos los hijos de Dios tenemos una vocación relacionada con la salvación del mundo.
¿Para qué sirve el Bautismo?
-El Bautismo significa que nos hemos formado convenientemente para ser hijos de Dios y miembros activos de la Iglesia.
-El Bautismo significa que es posible creer en Dios a pesar de que el mundo está marcado por la desconfianza tanto en Dios como en los hombres.
-El Bautismo significa que existe la posibilidad de aplicar nuestros conocimientos recibidos de Dios y obtenidos por los científicos para solventar nuestras dificultades.
-El Bautismo significa que, independientemente del odio que pueda caracterizar determinados ambientes, es posible el hecho de que los hombres nos amemos, más allá de las diferencias que nos separan.
-El Bautismo significa que, en este mundo en que muchos no nos conocemos, tenemos la posibilidad de vivir como hermanos.
-El Bautismo significa que, en este día en que acabamos la Navidad y comenzamos a vivir la primera parte del Tiempo Ordinario, no vamos a olvidar los sentimientos que hemos experimentado ni todo lo bueno que hemos recordado y aprendido, y que vamos a intentar vivir inspirados por ese conocimiento de Dios y sus hijos los hombres, con el fin de crear una sociedad mundial más justa y equitativa. Amén.
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
Jesús fue ungido como Mesías de Dios. (Ejercicio de lectio divina del Evangelio de los Ciclos A, B y C de la fiesta del Bautismo del Señor).
Ciclo C.
Jesús fue ungido como Mesías de Dios.
Ejercicio de Lectio Divina de LC. 3, 15-16. 21-22.
Lectura introductoria: ROM. 6, 17-18.
1. Oración inicial.
Iniciemos este encuentro de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y, del Espíritu Santo.
R. Amén.
Orar es no permitir que nuestras ocupaciones y preocupaciones interrumpan el encuentro que vamos a tener con el Señor para adorarlo y meditar su Palabra, porque, cuanto menos oramos, más débil es nuestra fe.
Orar es comunicarnos con Dios pronunciando palabras sinceras, y cumplir la voluntad de Nuestro Dios Uno y Trino, imitando la conducta, que observó Jesús, Nuestro Redentor.
Orar es predicar el Evangelio, sin ceder a la idea de querer tener mayor protagonismo que Jesús.
Orar es no ceder a la tentación de rechazar a quienes profesan una fe diferente a la nuestra, por tener el pensamiento de que nuestra religión es verdadera porque procede de Dios, y las demás religiones son falsas.
Orar es pedirle al Espíritu Santo que nos purifique y santifique, y que su fuego queme nuestras imperfecciones, a fin de que seamos dignos, de vivir, en la presencia de Nuestro Santo Padre celestial.
Orar es creer que Dios se nos revelará cuando nos comuniquemos con Él al hablarle, y vivamos imitando, la conducta que observó Jesús.
Orar es tener la certeza de que Dios nos acoge haciéndonos sus hijos, y por ello queremos hacer el bien como si nuestra salvación dependiera de las buenas obras que hacemos, porque queremos agradecerle al Dios Uno y Trino, todo el bien que nos ha hecho.
Oremos:
Oración al Espíritu Santo inspirada en LC. 3, 1-6.
Espíritu Santo:
Para que pueda recibir y aceptar al Dios Uno y Trino, hazme humilde.
Para que me sea posible aprender a vivir la sencillez espiritual de Juan el Bautista y Jesús, hazme humilde.
Para que aproveche la vivencia de las dificultades que me sumen en el desierto espiritual, hazme humilde.
Para que mis dificultades, en lugar de ser motivos de estancamiento mental, se conviertan en razones que me ayuden a superarme a mí mismo, hazme humilde.
Para que como predicador del Evangelio aplique lo que les enseño a otras personas a mi vida, hazme humilde.
Para que nunca me falte la voluntad para aprender la Palabra divina, ni el deseo de enseñarla, hazme humilde.
Para que en lugar de sentirme dueño de la Verdad divina cuando predique el Evangelio, me sienta poseído por la misma, para no evangelizar pretendiendo ser un poderoso manipulador de almas, sino hermano de quienes desean alcanzar la plenitud de la felicidad, hazme humilde.
Para que sea capaz de ayudar a disponerse a quienes viven la experiencia del desierto a alcanzar la plenitud de la felicidad, hazme humilde.
Para que la soberbia no me incite a considerarme superior a nadie, hazme humilde.
Hazme sentir tu presencia en mi vida, si me siento inferior, a mis prójimos los hombres.
Hazme un buen predicador del Evangelio que anuncie tu Verdad con bellas palabras y obras de buen seguidor de Jesús, para que, mis oyentes y lectores, vean la salvación de Dios.
2. Leemos atentamente LC. 3, 15-16. 21-22, intentando abarcar el mensaje que San Lucas nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.
2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.
2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.
3. Meditación de LC. 3, 15-16. 21-22.
3-1. Muchos judíos creyeron que San Juan Bautista era el Mesías (LC. 3, 15).
Cuando San Juan Bautista empezó a llevar a cabo la misión de preparar a los israelitas a recibir al Mesías, hacía más de cuatro siglos que no aparecían profetas en Israel, que predicaran la Palabra de Dios, y denunciaran las injusticias llevadas a cabo por los poderosos, contra los menos favorecidos socialmente. Muchos hermanos de raza del Bautista creían que la Profecía reaparecería cuando el Mesías viniera al mundo.
(MAL. 3, 1). Muchos oyentes del Bautista pensaron que el hijo del sacerdote Zacarías era el Mesías, porque, la manera de predicar del citado mensajero divino, se identificaba con la manera de predicar la Palabra de Yahveh, que tuvieron los grandes Profetas del pasado, pues San Juan insistía en la necesidad que tenía Israel de volverse de sus pecados a Dios, si quería ser objeto de la misericordia y la aprobación divinas. Tengamos en cuenta que, el mensaje predicado por San Juan, es válido para que nos lo apliquemos, los cristianos de todos los tiempos.
3-2. El bautismo de San Juan Bautista y el Bautismo de Jesús (LC. 3, 16).
3-2-1. El bautismo de San Juan Bautista.
El bautismo de San Juan Bautista era un símbolo de la purificación del pecado de que fuimos objetos cuando recibimos el Bautismo de Jesús. El bautismo de San Juan exigía el arrepentimiento de los pecados de quienes lo recibían y el cambio de conducta de parte de los mismos.
¿Por qué afirmamos que el bautismo de San Juan era simbólico, y consideramos que el Bautismo de Jesús es una realidad? San Juan sabía perfectamente que Jesús era muy superior a él, y que por ello no era digno ni de desatarle la correa de sus sandalias. San Juan se reconocía inferior a Jesús, hasta el punto de que ni pensaba en compararse con el Mesías, ni en servirlo como esclavo pagano, porque muchos esclavos judíos eran eximidos de desatarles las sandalias a sus amos, por causa de la humillación que ello representaba. Teniendo este hecho en cuenta, podríamos reflexionar sobre si pensamos que somos superiores, iguales o inferiores a Nuestro Salvador.
3-2-2. El Bautismo de Jesús.
3-2-2-1. Hemos sido bautizados en el Espíritu Santo.
Tal como veremos en el presente trabajo, Jesús fue ungido con el Espíritu Santo, igual que en la antigüedad eran ungidos los profetas, los sacerdotes y los reyes con aceite, para que llevaran a cabo su misión. Cuando fuimos bautizados, recibimos los dones del Espíritu Santo, para que viviéramos como fieles hijos de Nuestro Padre común. Esta es la causa por la que podemos decir, -sin temor a equivocarnos-, que, al ser bautizados, recibimos el poder necesario, para cumplir la voluntad del Dios Uno y Trino.
Podemos pensar: Si hemos recibido el Espíritu Santo, ¿por qué no notamos su presencia en nuestras vidas de una forma mágica? Si hemos recibido el Espíritu Santo, ¿por qué no se diferencian nuestras vidas de la existencia de los no creyentes? Dios quiere hacer extraordinarias las situaciones ordinarias de nuestras vidas. Dios se nos manifiesta a través de una vida de constantes formación, acción y oración.
3-2-2-2. Hemos recibido el bautismo de fuego.
El Espíritu Santo tiene poder para purificarnos de nuestros pecados y santificarnos. Si hemos sido bautizados y conocemos a Nuestro Dios Uno y Trino, no podemos permanecer indiferentes con respecto a Él, así pues, o cumplimos su voluntad, o actuamos rechazándolo voluntariamente. Pidámosle al Espíritu Santo que su fuego nos quite la imperfección que nos caracteriza, para que seamos dignos de vivir, en presencia de Nuestro Padre común.
3-3. Jesús fue bautizado por Juan, como si hubiera transgredido el cumplimiento de la Ley divina (LC. 3, 21).
San Lucas, al narrar el bautismo de Jesús por parte de San Juan Bautista, tuvo en cuenta la humanidad de Nuestro Salvador, quien nació de padres humildes, y fue adorado por pastores y paganos, los cuales eran marginados, por los hijos del pueblo de Israel. En contra de las expectativas de quienes esperaban que el Mesías surgiera de la realeza, -recordemos que se creía que sería descendiente del Rey David-, Jesús, en lugar de identificarse con los líderes religiosos de su tiempo, se equiparó a quienes se consideraban simples pecadores, sin que su soberbia les impidiera demostrar su realidad. La humildad de Nuestro Redentor, es admirable. ¿Nos atreveremos a vivirla?
3-4. El Espíritu Santo descendió sobre Jesús, mientras que el Señor oraba (LC. 3, 21-22).
3-4-1. Lo más importante del Evangelio que estamos considerando.
San Lucas apenas le dio importancia al bautismo de Jesús, porque consideró que el bautismo de San Juan era simbólico, mientras que, el Bautismo predicado por Jesús, es real. Lo realmente importante para el tercer Evangelista del episodio de su primera obra que estamos meditando, fue el hecho de que, mientras Jesús oraba, el Espíritu Santo lo ungió, -es decir, ratificó la elección de Nuestro Santo Padre para que nos redimiera, y lo fortaleció, para que pudiera llevar a cabo su obra-.
En la actualidad, muchos religiosos y laicos, somos testigos de cómo los sacerdotes suelen ser acosados para que bauticen a los niños recién nacidos sin que se ocupen de averiguar la formación religiosa de los padres y padrinos de los tales, y de cómo esos nuevos cristianos, si, durante su infancia o su adolescencia, o los años de su edad adulta, deciden ser seguidores de Jesús, también son acosados, para que ignoren al Dios Uno y Trino. A pesar de que el bautismo de San Juan era simbólico, Jesús no se hizo bautizar para hacer una fiesta y olvidarse de Nuestro Santo Padre, sino para ponerse a disposición de Nuestro Creador, para hacer su voluntad, pero no lo hizo teniendo en cuenta su santidad por la que es muy superior a nosotros, sino relacionándose con los pecadores, lo cual lo hacía ser mal visto, porque, al ser el Judaísmo una religión muy fanatizada con la adquisición de la pureza, al reconocerse como un simple pecador, Jesús quedó muy mal. Recordemos que los judíos tenían leyes que, si las incumplían, no podían tocar a nadie ni a ninguna cosa, con tal de evitar el contagio de su impureza.
¿Nos consideramos santos, pecadores, o gente corriente, que no comete pecados considerados graves, pero que tampoco se esfuerza para alcanzar la purificación y la santidad?
3-4-2. Jesús estaba orando cuando recibió el Espíritu Santo.
(Leer el n. 534 del Compendio del CIC). La oración formaba parte de la vida de Jesús. Veamos unos ejemplos de ello, extraídos del Evangelio de San Lucas.
La noche anterior al día en que el Señor eligió a sus Doce Apóstoles de entre los miembros de su comunidad de discípulos, Jesús no durmió, porque estuvo orando (LC. 6, 12).
Jesús oró en el huerto de Getsemaní, antes de que Judas se lo entregara a sus enemigos. El sufrimiento no distrajo a Jesús de la oración, sino que le sirvió para acercarse más a Nuestro Padre común, quien no impidió su Pasión y muerte (LC. 22, 44).
¿Nos relacionamos más con Dios cuando creemos que Nuestro Santo Padre nos ha abandonado, o dicha creencia nos debilita la pobre fe que tenemos?
3-4-3. El cielo se abrió, cuando Jesús estaba orando.
El hecho de que el cielo se abrió, significa que reapareció el espíritu de profecía que muchos judíos esperaban, instantes antes de que, el Espíritu Santo, ungiera al Mesías.
¿Por qué descendió el Espíritu Santo sobre Jesús adoptando la forma corporal de una paloma? Este hecho nos recuerda el tiempo del diluvio en que la humanidad pecadora fue aniquilada, y nos sugiere el pensamiento de que el Mesías, por medio de su Pasión, su muerte y su Resurrección, establecería el último pacto de Dios con los hombres, el cual no es temporal, sino definitivo. Por otra parte, los judíos esperaban que el Mesías se diera a conocer, por medio de la manifestación de un don especial del Espíritu Santo, según se deduce, de los siguientes textos bíblicos: (IS. 11, 2. 42, 1. 61, 1).
3-5. La voz del Padre.
Nuestro Santo Padre le habló a Jesús desde el cielo, manifestándole que lo amaba, y animándolo a cumplir su misión.
¿Escuchamos la voz de Dios en nuestros ratos de oración, diciéndonos que nos ama, y animándonos a cumplir su voluntad?
3-6. Si hacemos este ejercicio de Lectio Divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.
3-7. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.
4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en LC. 3, 15-16. 21-22 a nuestras vidas.
Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la meditación que aparece en el apartado 3 de este trabajo.
3-1.
1. ¿Por qué creyeron muchos judíos que San Juan Bautista era el Mesías?
2. ¿Qué hecho significativo debía acontecer cuando llegara el Mesías, y cómo habría de conocerse el mismo?
3. ¿Cuál era el contenido del mensaje predicado por San Juan Bautista?
4. ¿Crees que el mensaje del Bautista es actual, o piensas que ha de ser desechado con otras enseñanzas del Antiguo Testamento, como la Ley de Moisés? Explica los razonamientos con que contestarías esta pregunta.
3-2.
3-2-1.
5. ¿Qué significaba el bautismo de San Juan Bautista?
6. ¿Qué exigencias implicaba la recepción del bautismo de San Juan Bautista?
7. ¿Por qué afirmamos que el bautismo de San Juan era simbólico, y consideramos que el Bautismo de Jesús es una realidad?
8. ¿Qué significa para ti el hecho de que un esclavo le desatara las sandalias a su amo?
9. ¿Qué dos significados tiene este gesto en el Evangelio que estamos considerando?
10. ¿Nos creemos superiores, iguales o inferiores a Nuestro Salvador?
3-2-2.
3--2-2-1.
11. ¿Sabes por qué los judíos ungían a sus profetas, sacerdotes y reyes con aceite en la antigüedad?
12. ¿¿Para qué recibimos los dones del Espíritu Santo cuando fuimos bautizados?
13. Si hemos recibido el Espíritu Santo, ¿por qué no notamos su presencia en nuestras vidas de una forma mágica?
14. Si hemos recibido el Espíritu Santo, ¿por qué no se diferencian nuestras vidas de la existencia de los no creyentes?
15. ¿A través de qué medio se nos manifiesta Dios?
3-2-2-2.
16. ¿Hacemos bien al permanecer indiferentes con respecto a Dios quienes lo conocemos? ¿Por qué?
17. ¿Por qué necesitamos que el Espíritu Santo sea para nosotros fuego purificador?
3-3.
18. ¿Por qué fue ungido el Mesías entre quienes se consideraban pecadores, en lugar de manifestarse entre los líderes religiosos de Israel?
19. ¿Nos atreveremos a vivir inspirados en la humildad de Nuestro Redentor?
3-4.
3-4-1.
20. ¿Por qué podemos decir que San Lucas apenas le dio importancia al hecho de que Jesús recibiera el bautismo de Juan?
21. ¿Qué hecho constituye la parte más importante del Evangelio que estamos considerando?
22. ¿Qué significa la unción de Jesús por parte del Espíritu Santo?
23. ¿Para qué se bautizó Jesús?
24. ¿Para qué se bautizan muchos cristianos actualmente?
25. ¿Qué riesgo corrió Jesús al relacionarse con quienes se dejaban bautizar por Juan reconociéndose pecadores?
26. ¿Nos consideramos santos, pecadores, o gente corriente, que no comete pecados considerados graves, pero que tampoco se esfuerza en alcanzar la purificación y la santidad?
3-4-2.
27. ¿Qué es para ti elevar el alma a Dios?
28. ¿Debemos pedirle a Dios cuando oramos que cumpla nuestros deseos, o que haga su voluntad? Razona tu respuesta a esta pregunta.
29. ¿Por qué es la oración un don de Dios que sale al encuentro del hombre?
30. ¿Por qué es la oración una relación personal que mantenemos con Dios?
31. ¿Por qué piensas que Jesús no prescindía de la práctica de la oración?
32. ¿Nos relacionamos más con Dios cuando creemos que Nuestro Santo Padre nos ha abandonado, o dicha creencia nos debilita la pobre fe que tenemos?
3-4-3.
33. ¿Qué significa la apertura del cielo en el Evangelio que estamos meditando?
34. ¿Por qué descendió el Espíritu Santo sobre Jesús adoptando la forma corporal de una paloma?
3-5.
35. ¿Para qué le habló Nuestro Santo Padre a Jesús?
36. ¿Escuchamos la voz de Dios en nuestros ratos de oración, diciéndonos que nos ama, y animándonos a cumplir su voluntad?
5. Lectura relacionada.
Leamos y meditemos el Salmo 2, pensando en la realeza de Jesús, y en nuestro acatamiento del cumplimiento de la voluntad divina.
6. Contemplación.
Contemplemos a una gran muchedumbre de judíos creyendo que San Juan Bautista era el Mesías, y preguntémonos qué personas, bienes materiales o proyectos nos separan de Nuestro Padre común, porque la pereza que nos caracteriza nos impide conocerlo profundamente, por medio del estudio de su Palabra, y de los documentos de la Iglesia, que interpretan la misma.
Contemplemos a San Juan Bautista, reconociendo, humildemente, que era inferior a Jesús, y veámonos acosados por la triple tentación de poder, riquezas y prestigio.
El bautismo de San Juan era simbólico, pues no tenía efectos, como sucede con el Bautismo de Jesús.
¿Nos percatamos de que a veces no les prestamos atención a los sacerdotes cuando celebramos la Eucaristía, y, en lugar de ello, nos distraemos con nuestros pensamientos, rezando el Rosario rutinariamente, o mirando imágenes de Santos?
Contemplemos a Jesús entre la multitud de pecadores que se hacían bautizar por Juan, sin que le importara ser marginado, por mezclarse con la gente considerada de mala reputación, y pensemos si existen colectivos sociales marginados por nosotros.
Contemplemos a Jesús orando, y veámonos con grandes dificultades para orar, porque no nos formamos espiritualmente, y por ello nuestra fe se reduce a la nada, sin que nos percatemos de ello, hasta que quizás sea demasiado tarde para recuperarla.
Contemplemos al Espíritu Santo en forma de paloma sobre Jesús, y visualicémonos con nuestra incapacidad de ver a Dios en las circunstancias que caracterizan nuestras vidas.
Contemplemos a Jesús extasiado escuchando la voz del Padre cargada de dulzura y ánimo para que cumpliera la misión de redimirnos, y contemplémonos con muchas dificultades, en un mundo en el que hay demasiado ruido, y por ello no escuchamos la voz, de quien más nos ama.
7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en LC. 3, 15-16. 21-22.
Comprometámonos a rezar el Padre nuestro pausadamente, meditando cada frase de dicha oración, pidiéndole al Espíritu Santo, que nos ayude a sentir su presencia, en nuestras vidas.
Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.
8. Oración personal.
Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.
Ejemplo de oración personal:
Señor Jesús:
Ayúdame a imitar la humildad que os caracteriza a San Juan Bautista y a Ti.
En los días en que me cueste seguirte, recuérdame que el Espíritu Santo vive en mí, para que mi fe no se debilite.
Ayúdame a tener el deseo y la paciencia necesarios para conocerte por medio del estudio de tu Palabra, y la práctica de la oración.
Ayúdame a distinguir la voz de Nuestro Santo Padre de entre las voces que escucho en el mundo, para que así pueda conoceros, comprenderos, aceptaros y amaros.
9. Oración final.
Leamos y meditemos el capítulo 12 del libro de Isaías, pensando en la misericordia de Nuestro Dios, Padre, Creador y Salvador.
José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en
joseportilloperez@gmail.com
Jesús fue ungido como Mesías de Dios.
Ejercicio de Lectio Divina de LC. 3, 15-16. 21-22.
Lectura introductoria: ROM. 6, 17-18.
1. Oración inicial.
Iniciemos este encuentro de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y, del Espíritu Santo.
R. Amén.
Orar es no permitir que nuestras ocupaciones y preocupaciones interrumpan el encuentro que vamos a tener con el Señor para adorarlo y meditar su Palabra, porque, cuanto menos oramos, más débil es nuestra fe.
Orar es comunicarnos con Dios pronunciando palabras sinceras, y cumplir la voluntad de Nuestro Dios Uno y Trino, imitando la conducta, que observó Jesús, Nuestro Redentor.
Orar es predicar el Evangelio, sin ceder a la idea de querer tener mayor protagonismo que Jesús.
Orar es no ceder a la tentación de rechazar a quienes profesan una fe diferente a la nuestra, por tener el pensamiento de que nuestra religión es verdadera porque procede de Dios, y las demás religiones son falsas.
Orar es pedirle al Espíritu Santo que nos purifique y santifique, y que su fuego queme nuestras imperfecciones, a fin de que seamos dignos, de vivir, en la presencia de Nuestro Santo Padre celestial.
Orar es creer que Dios se nos revelará cuando nos comuniquemos con Él al hablarle, y vivamos imitando, la conducta que observó Jesús.
Orar es tener la certeza de que Dios nos acoge haciéndonos sus hijos, y por ello queremos hacer el bien como si nuestra salvación dependiera de las buenas obras que hacemos, porque queremos agradecerle al Dios Uno y Trino, todo el bien que nos ha hecho.
Oremos:
Oración al Espíritu Santo inspirada en LC. 3, 1-6.
Espíritu Santo:
Para que pueda recibir y aceptar al Dios Uno y Trino, hazme humilde.
Para que me sea posible aprender a vivir la sencillez espiritual de Juan el Bautista y Jesús, hazme humilde.
Para que aproveche la vivencia de las dificultades que me sumen en el desierto espiritual, hazme humilde.
Para que mis dificultades, en lugar de ser motivos de estancamiento mental, se conviertan en razones que me ayuden a superarme a mí mismo, hazme humilde.
Para que como predicador del Evangelio aplique lo que les enseño a otras personas a mi vida, hazme humilde.
Para que nunca me falte la voluntad para aprender la Palabra divina, ni el deseo de enseñarla, hazme humilde.
Para que en lugar de sentirme dueño de la Verdad divina cuando predique el Evangelio, me sienta poseído por la misma, para no evangelizar pretendiendo ser un poderoso manipulador de almas, sino hermano de quienes desean alcanzar la plenitud de la felicidad, hazme humilde.
Para que sea capaz de ayudar a disponerse a quienes viven la experiencia del desierto a alcanzar la plenitud de la felicidad, hazme humilde.
Para que la soberbia no me incite a considerarme superior a nadie, hazme humilde.
Hazme sentir tu presencia en mi vida, si me siento inferior, a mis prójimos los hombres.
Hazme un buen predicador del Evangelio que anuncie tu Verdad con bellas palabras y obras de buen seguidor de Jesús, para que, mis oyentes y lectores, vean la salvación de Dios.
2. Leemos atentamente LC. 3, 15-16. 21-22, intentando abarcar el mensaje que San Lucas nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.
2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.
2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.
3. Meditación de LC. 3, 15-16. 21-22.
3-1. Muchos judíos creyeron que San Juan Bautista era el Mesías (LC. 3, 15).
Cuando San Juan Bautista empezó a llevar a cabo la misión de preparar a los israelitas a recibir al Mesías, hacía más de cuatro siglos que no aparecían profetas en Israel, que predicaran la Palabra de Dios, y denunciaran las injusticias llevadas a cabo por los poderosos, contra los menos favorecidos socialmente. Muchos hermanos de raza del Bautista creían que la Profecía reaparecería cuando el Mesías viniera al mundo.
(MAL. 3, 1). Muchos oyentes del Bautista pensaron que el hijo del sacerdote Zacarías era el Mesías, porque, la manera de predicar del citado mensajero divino, se identificaba con la manera de predicar la Palabra de Yahveh, que tuvieron los grandes Profetas del pasado, pues San Juan insistía en la necesidad que tenía Israel de volverse de sus pecados a Dios, si quería ser objeto de la misericordia y la aprobación divinas. Tengamos en cuenta que, el mensaje predicado por San Juan, es válido para que nos lo apliquemos, los cristianos de todos los tiempos.
3-2. El bautismo de San Juan Bautista y el Bautismo de Jesús (LC. 3, 16).
3-2-1. El bautismo de San Juan Bautista.
El bautismo de San Juan Bautista era un símbolo de la purificación del pecado de que fuimos objetos cuando recibimos el Bautismo de Jesús. El bautismo de San Juan exigía el arrepentimiento de los pecados de quienes lo recibían y el cambio de conducta de parte de los mismos.
¿Por qué afirmamos que el bautismo de San Juan era simbólico, y consideramos que el Bautismo de Jesús es una realidad? San Juan sabía perfectamente que Jesús era muy superior a él, y que por ello no era digno ni de desatarle la correa de sus sandalias. San Juan se reconocía inferior a Jesús, hasta el punto de que ni pensaba en compararse con el Mesías, ni en servirlo como esclavo pagano, porque muchos esclavos judíos eran eximidos de desatarles las sandalias a sus amos, por causa de la humillación que ello representaba. Teniendo este hecho en cuenta, podríamos reflexionar sobre si pensamos que somos superiores, iguales o inferiores a Nuestro Salvador.
3-2-2. El Bautismo de Jesús.
3-2-2-1. Hemos sido bautizados en el Espíritu Santo.
Tal como veremos en el presente trabajo, Jesús fue ungido con el Espíritu Santo, igual que en la antigüedad eran ungidos los profetas, los sacerdotes y los reyes con aceite, para que llevaran a cabo su misión. Cuando fuimos bautizados, recibimos los dones del Espíritu Santo, para que viviéramos como fieles hijos de Nuestro Padre común. Esta es la causa por la que podemos decir, -sin temor a equivocarnos-, que, al ser bautizados, recibimos el poder necesario, para cumplir la voluntad del Dios Uno y Trino.
Podemos pensar: Si hemos recibido el Espíritu Santo, ¿por qué no notamos su presencia en nuestras vidas de una forma mágica? Si hemos recibido el Espíritu Santo, ¿por qué no se diferencian nuestras vidas de la existencia de los no creyentes? Dios quiere hacer extraordinarias las situaciones ordinarias de nuestras vidas. Dios se nos manifiesta a través de una vida de constantes formación, acción y oración.
3-2-2-2. Hemos recibido el bautismo de fuego.
El Espíritu Santo tiene poder para purificarnos de nuestros pecados y santificarnos. Si hemos sido bautizados y conocemos a Nuestro Dios Uno y Trino, no podemos permanecer indiferentes con respecto a Él, así pues, o cumplimos su voluntad, o actuamos rechazándolo voluntariamente. Pidámosle al Espíritu Santo que su fuego nos quite la imperfección que nos caracteriza, para que seamos dignos de vivir, en presencia de Nuestro Padre común.
3-3. Jesús fue bautizado por Juan, como si hubiera transgredido el cumplimiento de la Ley divina (LC. 3, 21).
San Lucas, al narrar el bautismo de Jesús por parte de San Juan Bautista, tuvo en cuenta la humanidad de Nuestro Salvador, quien nació de padres humildes, y fue adorado por pastores y paganos, los cuales eran marginados, por los hijos del pueblo de Israel. En contra de las expectativas de quienes esperaban que el Mesías surgiera de la realeza, -recordemos que se creía que sería descendiente del Rey David-, Jesús, en lugar de identificarse con los líderes religiosos de su tiempo, se equiparó a quienes se consideraban simples pecadores, sin que su soberbia les impidiera demostrar su realidad. La humildad de Nuestro Redentor, es admirable. ¿Nos atreveremos a vivirla?
3-4. El Espíritu Santo descendió sobre Jesús, mientras que el Señor oraba (LC. 3, 21-22).
3-4-1. Lo más importante del Evangelio que estamos considerando.
San Lucas apenas le dio importancia al bautismo de Jesús, porque consideró que el bautismo de San Juan era simbólico, mientras que, el Bautismo predicado por Jesús, es real. Lo realmente importante para el tercer Evangelista del episodio de su primera obra que estamos meditando, fue el hecho de que, mientras Jesús oraba, el Espíritu Santo lo ungió, -es decir, ratificó la elección de Nuestro Santo Padre para que nos redimiera, y lo fortaleció, para que pudiera llevar a cabo su obra-.
En la actualidad, muchos religiosos y laicos, somos testigos de cómo los sacerdotes suelen ser acosados para que bauticen a los niños recién nacidos sin que se ocupen de averiguar la formación religiosa de los padres y padrinos de los tales, y de cómo esos nuevos cristianos, si, durante su infancia o su adolescencia, o los años de su edad adulta, deciden ser seguidores de Jesús, también son acosados, para que ignoren al Dios Uno y Trino. A pesar de que el bautismo de San Juan era simbólico, Jesús no se hizo bautizar para hacer una fiesta y olvidarse de Nuestro Santo Padre, sino para ponerse a disposición de Nuestro Creador, para hacer su voluntad, pero no lo hizo teniendo en cuenta su santidad por la que es muy superior a nosotros, sino relacionándose con los pecadores, lo cual lo hacía ser mal visto, porque, al ser el Judaísmo una religión muy fanatizada con la adquisición de la pureza, al reconocerse como un simple pecador, Jesús quedó muy mal. Recordemos que los judíos tenían leyes que, si las incumplían, no podían tocar a nadie ni a ninguna cosa, con tal de evitar el contagio de su impureza.
¿Nos consideramos santos, pecadores, o gente corriente, que no comete pecados considerados graves, pero que tampoco se esfuerza para alcanzar la purificación y la santidad?
3-4-2. Jesús estaba orando cuando recibió el Espíritu Santo.
(Leer el n. 534 del Compendio del CIC). La oración formaba parte de la vida de Jesús. Veamos unos ejemplos de ello, extraídos del Evangelio de San Lucas.
La noche anterior al día en que el Señor eligió a sus Doce Apóstoles de entre los miembros de su comunidad de discípulos, Jesús no durmió, porque estuvo orando (LC. 6, 12).
Jesús oró en el huerto de Getsemaní, antes de que Judas se lo entregara a sus enemigos. El sufrimiento no distrajo a Jesús de la oración, sino que le sirvió para acercarse más a Nuestro Padre común, quien no impidió su Pasión y muerte (LC. 22, 44).
¿Nos relacionamos más con Dios cuando creemos que Nuestro Santo Padre nos ha abandonado, o dicha creencia nos debilita la pobre fe que tenemos?
3-4-3. El cielo se abrió, cuando Jesús estaba orando.
El hecho de que el cielo se abrió, significa que reapareció el espíritu de profecía que muchos judíos esperaban, instantes antes de que, el Espíritu Santo, ungiera al Mesías.
¿Por qué descendió el Espíritu Santo sobre Jesús adoptando la forma corporal de una paloma? Este hecho nos recuerda el tiempo del diluvio en que la humanidad pecadora fue aniquilada, y nos sugiere el pensamiento de que el Mesías, por medio de su Pasión, su muerte y su Resurrección, establecería el último pacto de Dios con los hombres, el cual no es temporal, sino definitivo. Por otra parte, los judíos esperaban que el Mesías se diera a conocer, por medio de la manifestación de un don especial del Espíritu Santo, según se deduce, de los siguientes textos bíblicos: (IS. 11, 2. 42, 1. 61, 1).
3-5. La voz del Padre.
Nuestro Santo Padre le habló a Jesús desde el cielo, manifestándole que lo amaba, y animándolo a cumplir su misión.
¿Escuchamos la voz de Dios en nuestros ratos de oración, diciéndonos que nos ama, y animándonos a cumplir su voluntad?
3-6. Si hacemos este ejercicio de Lectio Divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.
3-7. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.
4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en LC. 3, 15-16. 21-22 a nuestras vidas.
Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la meditación que aparece en el apartado 3 de este trabajo.
3-1.
1. ¿Por qué creyeron muchos judíos que San Juan Bautista era el Mesías?
2. ¿Qué hecho significativo debía acontecer cuando llegara el Mesías, y cómo habría de conocerse el mismo?
3. ¿Cuál era el contenido del mensaje predicado por San Juan Bautista?
4. ¿Crees que el mensaje del Bautista es actual, o piensas que ha de ser desechado con otras enseñanzas del Antiguo Testamento, como la Ley de Moisés? Explica los razonamientos con que contestarías esta pregunta.
3-2.
3-2-1.
5. ¿Qué significaba el bautismo de San Juan Bautista?
6. ¿Qué exigencias implicaba la recepción del bautismo de San Juan Bautista?
7. ¿Por qué afirmamos que el bautismo de San Juan era simbólico, y consideramos que el Bautismo de Jesús es una realidad?
8. ¿Qué significa para ti el hecho de que un esclavo le desatara las sandalias a su amo?
9. ¿Qué dos significados tiene este gesto en el Evangelio que estamos considerando?
10. ¿Nos creemos superiores, iguales o inferiores a Nuestro Salvador?
3-2-2.
3--2-2-1.
11. ¿Sabes por qué los judíos ungían a sus profetas, sacerdotes y reyes con aceite en la antigüedad?
12. ¿¿Para qué recibimos los dones del Espíritu Santo cuando fuimos bautizados?
13. Si hemos recibido el Espíritu Santo, ¿por qué no notamos su presencia en nuestras vidas de una forma mágica?
14. Si hemos recibido el Espíritu Santo, ¿por qué no se diferencian nuestras vidas de la existencia de los no creyentes?
15. ¿A través de qué medio se nos manifiesta Dios?
3-2-2-2.
16. ¿Hacemos bien al permanecer indiferentes con respecto a Dios quienes lo conocemos? ¿Por qué?
17. ¿Por qué necesitamos que el Espíritu Santo sea para nosotros fuego purificador?
3-3.
18. ¿Por qué fue ungido el Mesías entre quienes se consideraban pecadores, en lugar de manifestarse entre los líderes religiosos de Israel?
19. ¿Nos atreveremos a vivir inspirados en la humildad de Nuestro Redentor?
3-4.
3-4-1.
20. ¿Por qué podemos decir que San Lucas apenas le dio importancia al hecho de que Jesús recibiera el bautismo de Juan?
21. ¿Qué hecho constituye la parte más importante del Evangelio que estamos considerando?
22. ¿Qué significa la unción de Jesús por parte del Espíritu Santo?
23. ¿Para qué se bautizó Jesús?
24. ¿Para qué se bautizan muchos cristianos actualmente?
25. ¿Qué riesgo corrió Jesús al relacionarse con quienes se dejaban bautizar por Juan reconociéndose pecadores?
26. ¿Nos consideramos santos, pecadores, o gente corriente, que no comete pecados considerados graves, pero que tampoco se esfuerza en alcanzar la purificación y la santidad?
3-4-2.
27. ¿Qué es para ti elevar el alma a Dios?
28. ¿Debemos pedirle a Dios cuando oramos que cumpla nuestros deseos, o que haga su voluntad? Razona tu respuesta a esta pregunta.
29. ¿Por qué es la oración un don de Dios que sale al encuentro del hombre?
30. ¿Por qué es la oración una relación personal que mantenemos con Dios?
31. ¿Por qué piensas que Jesús no prescindía de la práctica de la oración?
32. ¿Nos relacionamos más con Dios cuando creemos que Nuestro Santo Padre nos ha abandonado, o dicha creencia nos debilita la pobre fe que tenemos?
3-4-3.
33. ¿Qué significa la apertura del cielo en el Evangelio que estamos meditando?
34. ¿Por qué descendió el Espíritu Santo sobre Jesús adoptando la forma corporal de una paloma?
3-5.
35. ¿Para qué le habló Nuestro Santo Padre a Jesús?
36. ¿Escuchamos la voz de Dios en nuestros ratos de oración, diciéndonos que nos ama, y animándonos a cumplir su voluntad?
5. Lectura relacionada.
Leamos y meditemos el Salmo 2, pensando en la realeza de Jesús, y en nuestro acatamiento del cumplimiento de la voluntad divina.
6. Contemplación.
Contemplemos a una gran muchedumbre de judíos creyendo que San Juan Bautista era el Mesías, y preguntémonos qué personas, bienes materiales o proyectos nos separan de Nuestro Padre común, porque la pereza que nos caracteriza nos impide conocerlo profundamente, por medio del estudio de su Palabra, y de los documentos de la Iglesia, que interpretan la misma.
Contemplemos a San Juan Bautista, reconociendo, humildemente, que era inferior a Jesús, y veámonos acosados por la triple tentación de poder, riquezas y prestigio.
El bautismo de San Juan era simbólico, pues no tenía efectos, como sucede con el Bautismo de Jesús.
¿Nos percatamos de que a veces no les prestamos atención a los sacerdotes cuando celebramos la Eucaristía, y, en lugar de ello, nos distraemos con nuestros pensamientos, rezando el Rosario rutinariamente, o mirando imágenes de Santos?
Contemplemos a Jesús entre la multitud de pecadores que se hacían bautizar por Juan, sin que le importara ser marginado, por mezclarse con la gente considerada de mala reputación, y pensemos si existen colectivos sociales marginados por nosotros.
Contemplemos a Jesús orando, y veámonos con grandes dificultades para orar, porque no nos formamos espiritualmente, y por ello nuestra fe se reduce a la nada, sin que nos percatemos de ello, hasta que quizás sea demasiado tarde para recuperarla.
Contemplemos al Espíritu Santo en forma de paloma sobre Jesús, y visualicémonos con nuestra incapacidad de ver a Dios en las circunstancias que caracterizan nuestras vidas.
Contemplemos a Jesús extasiado escuchando la voz del Padre cargada de dulzura y ánimo para que cumpliera la misión de redimirnos, y contemplémonos con muchas dificultades, en un mundo en el que hay demasiado ruido, y por ello no escuchamos la voz, de quien más nos ama.
7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en LC. 3, 15-16. 21-22.
Comprometámonos a rezar el Padre nuestro pausadamente, meditando cada frase de dicha oración, pidiéndole al Espíritu Santo, que nos ayude a sentir su presencia, en nuestras vidas.
Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.
8. Oración personal.
Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.
Ejemplo de oración personal:
Señor Jesús:
Ayúdame a imitar la humildad que os caracteriza a San Juan Bautista y a Ti.
En los días en que me cueste seguirte, recuérdame que el Espíritu Santo vive en mí, para que mi fe no se debilite.
Ayúdame a tener el deseo y la paciencia necesarios para conocerte por medio del estudio de tu Palabra, y la práctica de la oración.
Ayúdame a distinguir la voz de Nuestro Santo Padre de entre las voces que escucho en el mundo, para que así pueda conoceros, comprenderos, aceptaros y amaros.
9. Oración final.
Leamos y meditemos el capítulo 12 del libro de Isaías, pensando en la misericordia de Nuestro Dios, Padre, Creador y Salvador.
José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en
joseportilloperez@gmail.com
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