Meditación.
La paradoja de las bienaventuranzas.
1. Los cristianos podemos vincularnos a la Iglesia para que se nos facilite el hecho de alcanzar la santidad.
Antes de escribir las meditaciones de Padre nuestro, me dirijo a nuestro Padre común en oración, para que el Espíritu Santo me ilumine, con el fin de que pueda transmitiros alguna idea que os pueda ser útil. Yo le digo a nuestro Padre común al comenzar a orar antes de redactar dichas meditaciones, el texto del SAL. 19, 15.
Uno de mis lectores se ha entretenido en bajar de alguna red de archivos p2p una colección de libros que no están firmados por ningún autor los cuales contienen interminables listas de acusaciones contra Dios, los autores de la Biblia y la Iglesia. Después de enviarme esa colección de libros y de folletos para mí tan poco fiable porque los mismos no están firmados por nadie que se atenga a las consecuencias de responder a dichas acusaciones, me ha escrito: "Por todo esto no creo ni en Dios ni en la Iglesia". Este hecho me ha hecho reflexionar mucho sobre la meditación que os presento en esta ocasión.
Dado que quienes aceptamos una determinada religión mantenemos la creencia de que estamos poseídos por la verdad, necesitamos respetar a quienes no comparten nuestras creencias -esto no significa que vamos a actuar contra nuestra conciencia-, con el fin de no incurrir en el pecado de ser despóticos. Si muchos católicos vivimos vinculados a la Iglesia, ello sucede porque queremos vivir cumpliendo la voluntad de Dios en nuestra vida y en el ambiente en que vivimos. Buscar a Dios fuera de la Iglesia puede significar concebir una religiosidad muy débil incapaz de afrontar -y confrontar- las contradicciones a que los cristianos practicantes sobrevivimos día a día. No nos imaginemos que Dios se adapta a nuestras necesidades ni confundamos la fe que profesamos con una especie de humanitarismo generalizado, pues es necesario que dejemos que Dios sea Dios, y que conozcamos profundamente a nuestro Padre común, con el fin de que podamos responder las preguntas que nos planteamos muchas veces relativas al dolor, la muerte y el más allá, pues, de la respuesta a esos interrogantes, depende el hecho de que creamos en Dios o de que decidamos vivir sin fe en nuestro Padre común.
Hace algún tiempo, me escribió uno de mis lectores: "Desde que leo tus meditaciones no asisto a ninguna Iglesia. El templo donde yo iba a Misa es frecuentado por gente muy rica que predica la pobreza y nada en la abundancia... Ya no voy a la Iglesia porque en la red tengo lo que necesito leer y porque así no tengo que darle explicaciones a nadie de lo que creo, cosa que no le importa tampoco a nadie".
Si no queremos tener una religiosidad subjetiva, -es decir, si no queremos ser creyentes cuando necesitamos a Dios y renegar de nuestro Padre común cuando tengamos que defender nuestras creencias ante quienes las rechazan-, una de las cosas que necesitamos hacer, es rodearnos de fieles cristianos en la Iglesia, pues, el siguiente texto bíblico, aunque fue escrito para quienes estamos casados, explica la necesidad que tenemos de no separarnos de la fundación de Cristo: (ECL. 4, 9-11).
Si no nos rodeamos de hermanos en la fe que nos animen cuando tengamos la sensación de que creer en Dios no tiene sentido, ¿quién nos devolverá la fe perdida?
Es necesario que tengamos en cuenta que los miembros de la Iglesia deberíamos estar tan unidos como si viviéramos bajo un mismo techo. Como lamentablemente no estamos vinculados como deberíamos estarlo, en muchas ocasiones se cumple en nosotros el siguiente texto del libro de los Proverbios: (PR. 19, 7).
Muchos de nuestros hermanos, aunque se preparan convenientemente para trabajar y constituir familias, no alimentan su espíritu, de manera que, el vago recuerdo que les queda de su instrucción catequética de la infancia, no les es suficiente para responder las cuestiones mencionadas anteriormente desde la óptica de nuestra fe, por lo cual, en lugar de instruirse en el conocimiento de nuestras creencias, prefieren conformarse con una fe débil que, según se enfrentan a sus experiencias vitales, al no ser debidamente fortalecida, se debilita hasta extinguirse.
Al invitar a los cristianos que no son practicantes a vincularse a la vida de la Iglesia, no pretendo decir que los que nos consideramos practicantes somos perfectos, pues sabemos que podemos mejorar en algunos aspectos de nuestra vida, y tenemos la costumbre de dejar que la Palabra de Dios contenida en la Biblia lea lo que hay en nuestros corazones, para que, al descubrir ante Dios las preocupaciones y alegrías de nuestra vida ordinaria, podamos adaptarnos al fiel cumplimiento de la voluntad de nuestro Padre común. Lejos esté de nosotros, -a pesar del deber que tenemos de predicar la Palabra de Dios con el fin de aumentar el número de hijos de la Iglesia-, el deseo de darle lecciones a nadie para presumir de que el mundo tiene que arrodillarse ante nosotros, porque somos propietarios de la verdad. La gran mayoría de cristianos practicantes no somos grandes ejemplos de perfección absoluta, pero, a pesar de ello, intentamos dar testimonio de la profesión pública y privada de nuestra fe, con el fin de que quienes nos rodean vean que es posible creer en Dios en un mundo en que muchas veces podemos tener la impresión de que nuestros valores están predestinados a desaparecer.
2. ¿En qué sentido son bienaventurados los pobres?
Jesús nos dice en el Evangelio de hoy: (LC. 6, 20).
En uno de los libros que no están firmados por nadie que me ha enviado uno de mis lectores, he leído que la religión predicada por Jesús no es más que una mera ilusión para hacer que los pobres, al pensar en la conclusión del establecimiento del Reino de Dios entre nosotros que acontecerá al final de los tiempos, eviten el hecho de pensar en sus dificultades. Esta acusación carece totalmente de sentido, así pues, quienes realmente necesitan comer, ropa para vestirse y un techo bajo el que cobijarse, saben perfectamente que nadie les va a solucionar sus problemas por más que lean la Biblia. Nadie ignora que en el libro de los Proverbios se afirman con respecto a los pobres verdades como las siguientes: (PR. 10, 15-16. 14, 20-21. 15, 15-17).
Los cristianos deberíamos aplicarnos el siguiente relato, con el fin de aprender que, si viviéramos unidos como verdaderos hermanos, podríamos vencer todos los tipos de pobrezas existentes.
"Hubo una vez, hace muchos años, un país que acababa de pasar una guerra muy dura. Como ya es sabido, las guerras traen consigo rencores, envidias, muchos problemas, muchos muertos y mucha hambre. La gente no puede sembrar, ni segar, no hay harina ni pan.
Cuando este país acabó la guerra y estaba destrozado, llegó a un pueblecito un soldado agotado, harapiento y muerto de hambre. Era muy alto y delgado.
Hambriento llegó a una casa, llamó a la puerta y cuando vio a la dueña le dijo:
-Señora, ¿No tenéis un pedazo de pan para un soldado que viene muerto de hambre de la guerra?
Y la mujer le mira de arriba abajo y responde:
-Pero, ¿Estás loco? ¿No sabes que no hay pan, que no tenemos nada? ¡Cómo te atreves!
Y a golpes y a patadas lo sacó fuera de la casa.
Pobre soldado. Prueba fortuna en una y otra casa, haciendo la misma petición y recibiendo a cambio peor respuesta y peor trato.
El soldado casi desfallecido, no se dio por vencido. Cruzó el pueblo de cabo a rabo y llegó al final, donde estaba el lavadero público. Halló unas cuantas muchachas y les dijo:
-¡Muchachas! ¿No habéis probado nunca la sopa de piedras que hago?
Las muchachas se mofaron de él diciendo:
-¿Una sopa de piedras? No hay duda de que estás loco.
Pero había unos niños que estaban espiando y se acercaron al soldado cuando éste se marchaba decepcionado.
-Soldado, ¿te podemos ayudar? Le dijeron.
-¡Claro que sí! Necesito una olla muy grande, un puñado de piedras, agua y leña para hacer el fuego.
Rápidamente los chiquillos fueron a buscar lo que el soldado había pedido. Encienden el fuego, ponen la olla, la llenan de agua, lavan muy bien las piedras y las echan hasta que el agua comenzó a hervir.
-" ¿Podemos probar la sopa?" preguntan impacientes los chiquillos.
-¡Calma, calma!.
El soldado la probó y dijo:
-Mm... A ¡Qué buena, pero le falta una pizquita de sal!
-En mi casa tengo sal -dijo un niño. Y salió a por ella. La trajo y el soldado la echó en la olla.
Al poco tiempo volvió a probar la sopa y dijo:
-Mm... ¡Qué rica! Pero le falta un poco de tomate.
Y un niño que se llamaba Luis fue a su casa a buscar unos tomates, y los trajo enseguida.
En un periquete los niños fueron trayendo cosillas: patatas, lechuga, arroz y hasta un trozo de pollo.
La olla se llenó, el soldado removió una y otra vez la sopa hasta que de nuevo la probó y dijo:
-Mm... Es la mejor sopa de piedras que he hecho en toda mi vida. ¡Venga, venga, id a avisar a toda la gente del pueblo que venga a comer! ¡Hay para todos! ¡Que traigan platos y cucharas!
Repartió la sopa. Hubo para todos los del pueblo que avergonzados reconocieron que, si bien era verdad que no tenían pan, juntos podían tener comida para todos.
Y desde aquel día, gracias al soldado hambriento aprendieron a compartir lo que tenían"
(Desconozco el autor).
Dios quiere que todos seamos esos pobres de los que Jesús nos habla en sus bienaventuranzas. Independientemente de que seamos pobres o de que nademos en la abundancia, Dios quiere de nosotros que seamos sencillos. Las mejores ocasiones para demostrarnos que realmente somos los bienaventurados mencionados por Jesús, son aquellas en las que tenemos que optar por cumplir la voluntad de Dios o por pecar. Veamos algunos ejemplos de ello.
-Una chica o una mujer, piensa: Amo a mi novio y cada día estoy más segura de que él también me ama. Él me ha dicho que si no le demuestro mi amor manteniendo relaciones sexuales con él me dejará. Sé que mantener relaciones sexuales antes de casarnos es un pecado, pero, ¿qué hay de malo en ello?
¿No nos ha dado Dios el cuerpo para que nos manifestemos el amor que sentimos?
Si nos amamos, ¿qué hay de malo en el hecho de que nos manifestemos el amor que sentimos?
Mi novio es muy bueno y nunca me ha pedido nada. Siempre ha sido muy cariñoso conmigo.
La chica (o la mujer) que se plantea estas dudas, debería pensar:
¿Cómo puedo ser tan ingenua para creer que verdaderamente me ama un hombre que ni siquiera es capaz de esperar a casarse conmigo para que podamos mantener relaciones sexuales sin pecar?
Si mi novio aun cuando no estamos casados tiene la pretensión de convertirme en un objeto causante de placer, ¿qué pensará hacer de mi vida cuando nos casemos?
Si la chica o la mujer supuesta no obedecen el mandamiento bíblico y eclesiástico de mantenerse casta, quizá tendrá la experiencia de un embarazo no deseado, la amarga vivencia de un aborto y la ruptura de su relación de noviazgo. En el caso de que no se produzca el embarazo, existe la probabilidad de que su relación no sea estable por mucho tiempo, dado que el valor de la fidelidad entre novios y cónyuges no es tan aceptado socialmente como lo fue en el pasado.
-Un hombre casado, reflexiona:
Hace mucho tiempo que tengo problemas con vivenciales con mi mujer. Hace algún tiempo me enamoré de mi secretaria y he tomado la decisión de convivir con ella.
¿Qué hay de malo en que yo me separe de una mujer con la que lo único que hago es sufrir?
¿No se lee en la Biblia que Dios es amor?
¿Qué hay de malo en el hecho de que yo pueda ser feliz con mi secretaria?
El hombre de este segundo ejemplo debería pensar que dicha separación en sí es amarga, que va a dejar deshecho su hogar, que va a tener que mantener a hijos de dos mujeres, que va a tener que vivir periodos de rencor innecesario, que van a existir rencores eternos entre los hijos de las dos mujeres, etcétera.
-Una señora cristiana, piensa:
Tengo una necesidad de dinero muy urgente. Podría solucionar mi problema accediendo a salir con mi jefe hasta que él se canse de mí. A mi jefe le gusta cambiar mucho de pareja, así que esa situación no sería prolongada por mucho tiempo.
La mujer de este ejemplo debería pensar que existe una gran probabilidad de que la estabilidad económica que espera conseguir sea disfrutada por otra mujer, por lo que ella, además de continuar con sus problemas económicos -si es que no pierde el empleo-, tendrá que vérselas con su conciencia, en el caso de incumplir el mandamiento de mantenerse casta dentro de su situación actual.
La vida cristiana, que parece muy difícil si no la vemos con optimismo, se explica perfectamente con el siguiente ejemplo:
-Soy una señora de treinta años que siempre he visto frustrados los intentos que he hecho para perder todos los kilos que me sobran. Mañana empezaré nuevamente mi dieta de verduras, pero ahora mismo me voy a tomar un helado de chocolate... Estoy pensando que, los escasos minutos de placer que me proporcionarán ese helado, pueden costarme muchos días de sacrificio comiendo verduras, pues, si no adelgazo rápidamente, olvidándome de las más de 1000 calorías del helado en que estoy pensando, me desanimaré pensando que soy incapaz de perder los kilos que me sobran, por lo que probablemente dejaré mi dieta otra temporada.
Nota: Los ejemplos aquí mencionados están concebidos desde el punto de vista del cumplimiento de las normas morales cristianas, pero yo recomiendo verlos desde la capacidad del no juicio.
La pobreza espiritual de que nos habla Jesús, puede cambiar la forma de vivir que tenemos, pues vivimos en una sociedad en que nos hemos acostumbrado a hablar de "mi casa", "mi familia", "mi trabajo", "mi coche", "mis amigos", etcétera, mientras que nuestra fe nos enseña a considerar la siguiente reflexión:
"En una de las salas de un salón de clase en un colegio privado, había varios estudiantes, cuando uno de ellos le preguntó de improvisto a la maestra lo siguiente:
"Maestra, ¿qué es el amor?
La maestra sintió dentro de su ser que el estudiante merecía una respuesta a la altura de la pregunta inteligente que hiciera delante de los demás estudiantes del salón.
Como ya estaban casi en la hora del recreo, la maestra le pidió a cada estudiante que diera una vuelta por el patio de la escuela y trajese lo que más despertara en ellos el sentimiento de amor profundo.
Los estudiantes salieron apresurados al recreo, y cuando volvieron la maestra les dijo lo siguiente: "Quiero que cada uno de ustedes muestre lo que trajo consigo al resto del salón de clases".
El primer estudiante dijo lo siguiente: "Yo traje está magnífica y floreada flor, ¿no es linda y hermosa?
El segundo estudiante habló y dijo lo siguiente: "Yo atrapé está hermosa mariposa. Vea el colorido de sus alas, la voy a colocar en mi colección de mariposas que tengo en mi casa.
El tercer estudiante dijo también lo siguiente: "Yo vi en un árbol un nido con este pichón de pajarito. Se cayó del nido con otro hermanito, ¿no son graciosos y hermosos?
Y, así cada uno del resto del estudiantado, fueron colocando en la mesa lo que habían recogido en el patio de la escuela.
Terminada la exposición de cada uno de los estudiantes en el salón de clases, la maestra notó con preocupación que había una estudiante que no había traído nada, y que se había quedado todo el tiempo callada sin decir ninguna palabra. Ella estaba avergonzada, pues nada había traído para la exposición.
La maestra entonces se dirigió apresuradamente hacia la estudiante y le preguntó lo siguiente: "Muy bien, ¿y por qué no has traído nada? Y, la estudiante Entonces tímidamente le contestó a la maestra lo siguiente:
"Disculpe maestra. Vi la hermosa y maravillosa flor, pensé en arrancarla, mas preferí dejarla en su lugar, para que su perfume exhalase más tiempo y envolviera el lugar de aroma. Vi también la mariposa con sus múltiples colores maravillosos, suave colorida, ella parecía tan feliz y contenta que no tuve el coraje ni el valor de aprisionarla en mis manos. Vi también al pequeño pichoncito caído en la tierra entre las hojas, pero....al subir al árbol, noté el mirar triste de su madre, y preferí devolverlo junto a su otro hermanito al nido.
Por lo tanto maestra, traigo conmigo el perfume de la flor, la sensación de libertad de la mariposa que vuela libre por los aires, y la eterna gratitud que sentí en los ojos de la madre de los pajaritos..... ¿Cómo puedo mostrar lo que traje?
La maestra entonces entendió el gran mensaje de su alumna, y le puso la nota más alta, pues ella fue la única estudiante que percibió dentro de sí misma, que.... "Sólo podemos hallar el Amor en el corazón"!!"
(Desconozco el autor de este relato).
3. ¿Cómo sacia Jesús el hambre espiritual de sus pobres?
Jesús nos dice en el Evangelio de hoy: (LC. 6, 21A). Si interpretamos literalmente las palabras de nuestro Señor, al pensar que las tales se refieren a los pobres, nos preguntamos: ¿Por qué no cumple Dios la promesa de saciar a los pobres? Para entender el texto bíblico que estamos meditando, nos es imprescindible leer el siguiente texto de San Mateo: (MT. 5, 6).
Según hemos visto en los ejemplos anteriores relacionados con la obediencia a Dios y el hecho de caer en el pozo del pecado, la vida cristiana se contradice con la impaciencia que se extiende entre los habitantes de los países desarrollados, pues muchos de los tales adaptan su vida de forma que quieren alcanzar grandes metas en el mismo tiempo que pulsan un botón del mouse de su ordenador o cambian de cadena de televisión, lo cual es totalmente imposible. Nuestra vida cristiana es muy rica en beneficios para quienes la aceptamos, pero, exceptuando el gozo de cumplir la voluntad de Dios, los citados frutos se perciben a largo plazo. Supongamos que un profesor es contratado por un matrimonio que desea que sus hijos sean buenos estudiantes y gente de provecho en el futuro. Es normal que el citado profesor se sienta recompensado por su esfuerzo a la medida que sus alumnos progresan en sus estudios y no lo haga antes de empezar a impartirles clases a los mismos.
Afortunadamente para nosotros, los Santos no nacen, se hacen, porque, si los Santos nacieran, por causa de nuestra imperfección, no tendríamos la esperanza de vivir algún día en la presencia de Dios, sin que necesitáramos la fe para creer que nuestro Padre común existe. Fijaos en un detalle. Jesús le perdonó sus pecados a un paralítico y lo curó de su enfermedad (MC. 2, 1-12). A continuación (vs. 13-17), no sólo le perdonó sus pecados al recaudador de impuestos Mateo, sino que lo convirtió en uno de los Doce Apóstoles. Por su oficio, Mateo tenía más probabilidad de ser moralmente peor que el paralítico anteriormente mencionado, pero Jesús le dio una mejor posición que al citado enfermo, en cumplimiento de las palabras de San Pablo, citadas en ROM. 5, 20.
¿Quién le confiaría la administración de sus posesiones a un reconocido ladrón? Jesús le concedió la administración del dinero del Colegio Apostólico a Judas Iscariote, uno de los Doce que, además de ser ladrón, vendió al Mesías, para que sus enemigos pudieran tratarlo como a un esclavo, ya que los hombres libres tenían derechos de los que estaban privados los carentes de libertad.
¿Quién le confiaría la ejecución de su obra a un hombre que anteriormente le hubiera negado? A pesar de que el Apóstol San Pedro negó a Jesús cuando nuestro Señor fue prendido en el huerto de Getsemaní, Jesús constituyó a Simón Papa de su Iglesia.
Si circunstancialmente somos calumniados, o si sufrimos alguna circunstancia por la que creemos que somos perfectos inútiles, o si cometemos un pecado tan grave como para después de recapacitar llegar a creer que somos imperdonables, no creamos que no tenemos valor para Dios, pues nuestro Padre común quiere que nos apliquemos las palabras de San Pablo, expuestas en 2 COR. 12, 9.
joseportilloperez@gmail.com
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La paradoja de las bienaventuranzas. (Meditación para el Domingo VI del Tiempo Ordinario del Ciclo C).
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Dios quiere que seamos justos. (Meditación para el Domingo IV del Tiempo Ordinario del Ciclo C).
Meditación.
Dios quiere que seamos justos.
1. La experiencia de los evangelizadores es fundamental para que los tales puedan predicar la Palabra de Dios eficientemente.
Hace muchos años conocí a un sacerdote que reunió a un grupo de adolescentes en torno suyo y comenzó a prepararlos convenientemente para confirmarlos. Aunque al principio al buen predicador las reuniones con dichos adolescentes le eran muy provechosas porque los tales le escuchaban con agrado, a partir del segundo mes de reuniones, los jóvenes empezaron a tener dificultad para concentrarse en la escucha de las charlas de su sacerdote, porque el mismo no lograba penetrar en sus corazones el Evangelio. Por su parte, el buen predicador, en lugar de rendirse, empezó a evangelizar a los adolescentes utilizando canciones religiosas que, aunque eran más lentas que la música que ellos escuchaban, el párroco pensó que podían resultarles atractivas a sus jóvenes oyentes, lo cual no fue cierto.
Cuando el sacerdote volvió a fracasar en su segundo intento de evangelizar a los jóvenes, se dijo: "Les he hablado a estos niños de Dios y de la Iglesia utilizando historias y símiles fáciles de aprender para que puedan retener mejor la Palabra de Dios, y les he buscado una música más o menos acorde con su edad y sus gustos, y no se dejan evangelizar porque no les da la gana creer en Dios". El buen sacerdote vio impotente cómo se disolvió su grupo de adolescentes porque los mismos se dividieron en dos bandos y se pelearon unos con otros.
Muchos predicadores fracasan en sus intentos de evangelizar a sus oyentes o lectores porque se dirigen a los mismos como si ellos hubieran sido creyentes ejemplares durante toda su vida y como si los tales hubiesen de obedecerlos porque son los dueños absolutos de la verdad. Es importante que pensemos que el hecho de amenazar a nuestros oyentes con la idea de que van a ser excomulgados gracias a Dios que no funciona, porque ellos conocen perfectamente su libertad para decidir sobre lo que quieren hacer con su vida, y porque para nosotros mismos es más agradable buscar la forma de acercarnos a ellos, no para hacerlos sufrir y dominarlos por la fuerza, sino para establecer relaciones de amistad y/o de hermandad.
El abogado estadounidense Darrow Clarence afirmó: "La primera parte de nuestra vida es arruinada por nuestros padres, y la segunda por nuestros hijos". Igualmente, al predicar el Evangelio, podemos arruinarnos la vida pensando que somos grandes pecadores o ejemplos de fe insuperables, y les podemos amargar la vida a nuestros oyentes o lectores, haciéndoles creer que son pecadores irremediables.
Jesús, en el Evangelio de hoy (LC. 4, 21-30), explica en la Sinagoga de Nazaret cómo Dios en el pasado se compadeció de dos paganos en lugar de favorecer a dos miembros del pueblo de los hebreos, lo cual enfureció en gran manera a los judíos que pensaban que, dado que sus antepasados fueron los primeros habitantes del mundo que conocieron a Yahveh, ellos eran los únicos merecedores de ser favorecidos por nuestro Padre común.
Otro gran ejemplo de soberbia lo vemos en la parábola del hijo pródigo (LC. 15, 11-32). El hijo mayor del protagonista del citado relato obedecía a su padre, pero no se sometía a este por amor, sino ambicionando la posibilidad de adueñarse de todas las posesiones del mismo.
Por su parte, San Pablo, en la segunda lectura correspondiente a la Eucaristía que estamos celebrando (1 COR. 12, 31- 13, 12), nos recuerda que vivamos inspirados en el ejemplo que nos dio nuestro Señor Jesucristo, para lo cuál nos dice con respecto al amor algo que deberíamos recordar siempre (1 COR. 13, 4-8a).
A quienes son exigentes con quienes les predican la Palabra de Dios, y a quienes pretenden que quienes les rodean se adapten a ellos en todos los aspectos de la vida, se les presentan en las lecturas de hoy tres ejemplos de humildad dignos de ser imitados, porque los tales se adaptan al cumplimiento de la voluntad de nuestro Padre común.
-Jeremías, en la primera lectura, a pesar de que se siente incapaz de cumplir la difícil misión que Dios le encomienda de ser un signo de contradicción para sus hermanos de raza, da el paso decisivo para cumplir la voluntad de nuestro Creador a pesar de sus muchas dudas y del miedo que lo caracteriza, pues, si el Todopoderoso le ha encomendado que lleve a cabo una determinada misión, también le procurará la forma de cumplir la misma (JER. 1, 4-5. 17-19).
-En la segunda lectura, San Pablo, un gran Santo que sobrevivió a calamidades aterradoras con tal de no renunciar a la fe cristiana que profesaba, con su himno de la grandeza del amor, nos demuestra la clase de cristianos que podemos ser, pues el citado Apóstol de nuestro Señor, nos dice, las palabras contenidas en FLP. 4, 13.
-En el Evangelio, volvemos a recordar un conocido relato de lo que le sucedió a nuestro Señor cuando regresó a Nazaret después de empezar su Ministerio público, en el que constatamos, -una vez más-, cómo el Mesías hizo acopio de su fe y humildad, en el día en que sus convecinos lo llevaron a la cima de un monte con el fin de asesinarlo.
A pesar del sufrimiento que caracterizó la vida del Hijo de María, nuestro Señor dijo en cierta ocasión, las palabras que encontramos en MT. 11, 28-30.
Si bien los predicadores tenemos que ser respetuosos con quienes no comparten nuestras creencias, queremos defender nuestros valores, así pues, -a modo de ejemplo-, no debemos apoyar la práctica del aborto con tal de ganarnos la confianza de nuestros oyentes, pues el derecho que los no nacidos tienen a vivir no les debe ser negado en ningún momento, ni siquiera de palabra.
Jesús nos dice cómo quiere que seamos sus seguidores, en MT. 10, 16.
-DE la misma manera que las serpientes se arrastran por el suelo, Jesús quiere que los que creemos en Él tengamos los pies firmemente apoyados sobre la tierra, lo cual se traduce en que evitemos el hecho de vivir únicamente mirando al cielo, para que así no nos olvidemos de nuestros deberes terrenales.
-De la misma manera que las serpientes no se caen porque están apoyadas en la tierra, los cristianos podemos mantenernos firmemente unidos a la Iglesia y no queremos dejar de ejercitar la fe que nos caracteriza, para evitar el hecho de sucumbir bajo los efectos del pecado.
-De la misma forma que las serpientes carecen de brazos, evitemos el hecho de utilizar los nuestros para apegarnos a las vanidades, la sensualidad y los respetos humanos cuya finalidad consiste en alejarnos de Dios, de la Iglesia y de nuestros hermanos los hombres.
-Así como las palomas pueden volar, nuestro corazón desea aspirar al hecho de alcanzar el cumplimiento de las promesas divinas que aguardamos.
-Ya que antiguamente las palomas eran utilizadas para enviar mensajes de un lugar a otro, dichas aves son símbolos de los cristianos que tenemos la vocación de predicar la Palabra de Dios con nuestro ejemplo de fieles discípulos de Jesús y con las palabras que nos inspire el Espíritu Santo (OS. 6, 3).
2. ¿Qué era la justicia según los autores de la Biblia, y cómo quiere Dios que ejercitemos la misma?
Para los hebreos la justicia no consistía únicamente en adjudicarle a cada miembro de la sociedad lo que le pertenecía exclusivamente, pues la misma también era sinónimo de fe. Bajo esta óptica, no ha de extrañarnos el hecho de que los grandes personajes mencionados en las Sagradas Escrituras por su buen ejemplo sean considerados justos por causa de la fe que le profesaron a nuestro Padre común.
En nuestro tiempo, aunque no estamos en contra de la veracidad de la definición bíblica de la justicia que la equipara a la fe en Dios, amparándonos en muchos textos bíblicos, consideramos que, quienes tenemos fe en Dios, no podemos dejar de hacer el bien, no para salvarnos, sino para que la citada virtud no sea reducida en nuestros corazones a un mero acto teatral (JER. 9, 22-24).
De la misma manera que Dios visitó a todos los hebreos que circuncidaron su carne y no su corazón, también juzgará a quienes se bautizaron y sólo fueron cristianos de palabra, y no hicieron obras dignas de los hijos de nuestro Padre común.
El Creador les dice a los creyentes que aman excesivamente las riquezas y se olvidan de demostrar cómo aman a Dios ayudando a los más pobres y débiles del mundo a vencer sus dificultades, las palabras que encontramos en AM. 5, 22-24.
Concluyamos esta meditación reflexionando en oración el siguiente versículo del profeta Miqueas: (MI. 6, 8).
joseportilloperez@gmail.com
Dios quiere que seamos justos.
1. La experiencia de los evangelizadores es fundamental para que los tales puedan predicar la Palabra de Dios eficientemente.
Hace muchos años conocí a un sacerdote que reunió a un grupo de adolescentes en torno suyo y comenzó a prepararlos convenientemente para confirmarlos. Aunque al principio al buen predicador las reuniones con dichos adolescentes le eran muy provechosas porque los tales le escuchaban con agrado, a partir del segundo mes de reuniones, los jóvenes empezaron a tener dificultad para concentrarse en la escucha de las charlas de su sacerdote, porque el mismo no lograba penetrar en sus corazones el Evangelio. Por su parte, el buen predicador, en lugar de rendirse, empezó a evangelizar a los adolescentes utilizando canciones religiosas que, aunque eran más lentas que la música que ellos escuchaban, el párroco pensó que podían resultarles atractivas a sus jóvenes oyentes, lo cual no fue cierto.
Cuando el sacerdote volvió a fracasar en su segundo intento de evangelizar a los jóvenes, se dijo: "Les he hablado a estos niños de Dios y de la Iglesia utilizando historias y símiles fáciles de aprender para que puedan retener mejor la Palabra de Dios, y les he buscado una música más o menos acorde con su edad y sus gustos, y no se dejan evangelizar porque no les da la gana creer en Dios". El buen sacerdote vio impotente cómo se disolvió su grupo de adolescentes porque los mismos se dividieron en dos bandos y se pelearon unos con otros.
Muchos predicadores fracasan en sus intentos de evangelizar a sus oyentes o lectores porque se dirigen a los mismos como si ellos hubieran sido creyentes ejemplares durante toda su vida y como si los tales hubiesen de obedecerlos porque son los dueños absolutos de la verdad. Es importante que pensemos que el hecho de amenazar a nuestros oyentes con la idea de que van a ser excomulgados gracias a Dios que no funciona, porque ellos conocen perfectamente su libertad para decidir sobre lo que quieren hacer con su vida, y porque para nosotros mismos es más agradable buscar la forma de acercarnos a ellos, no para hacerlos sufrir y dominarlos por la fuerza, sino para establecer relaciones de amistad y/o de hermandad.
El abogado estadounidense Darrow Clarence afirmó: "La primera parte de nuestra vida es arruinada por nuestros padres, y la segunda por nuestros hijos". Igualmente, al predicar el Evangelio, podemos arruinarnos la vida pensando que somos grandes pecadores o ejemplos de fe insuperables, y les podemos amargar la vida a nuestros oyentes o lectores, haciéndoles creer que son pecadores irremediables.
Jesús, en el Evangelio de hoy (LC. 4, 21-30), explica en la Sinagoga de Nazaret cómo Dios en el pasado se compadeció de dos paganos en lugar de favorecer a dos miembros del pueblo de los hebreos, lo cual enfureció en gran manera a los judíos que pensaban que, dado que sus antepasados fueron los primeros habitantes del mundo que conocieron a Yahveh, ellos eran los únicos merecedores de ser favorecidos por nuestro Padre común.
Otro gran ejemplo de soberbia lo vemos en la parábola del hijo pródigo (LC. 15, 11-32). El hijo mayor del protagonista del citado relato obedecía a su padre, pero no se sometía a este por amor, sino ambicionando la posibilidad de adueñarse de todas las posesiones del mismo.
Por su parte, San Pablo, en la segunda lectura correspondiente a la Eucaristía que estamos celebrando (1 COR. 12, 31- 13, 12), nos recuerda que vivamos inspirados en el ejemplo que nos dio nuestro Señor Jesucristo, para lo cuál nos dice con respecto al amor algo que deberíamos recordar siempre (1 COR. 13, 4-8a).
A quienes son exigentes con quienes les predican la Palabra de Dios, y a quienes pretenden que quienes les rodean se adapten a ellos en todos los aspectos de la vida, se les presentan en las lecturas de hoy tres ejemplos de humildad dignos de ser imitados, porque los tales se adaptan al cumplimiento de la voluntad de nuestro Padre común.
-Jeremías, en la primera lectura, a pesar de que se siente incapaz de cumplir la difícil misión que Dios le encomienda de ser un signo de contradicción para sus hermanos de raza, da el paso decisivo para cumplir la voluntad de nuestro Creador a pesar de sus muchas dudas y del miedo que lo caracteriza, pues, si el Todopoderoso le ha encomendado que lleve a cabo una determinada misión, también le procurará la forma de cumplir la misma (JER. 1, 4-5. 17-19).
-En la segunda lectura, San Pablo, un gran Santo que sobrevivió a calamidades aterradoras con tal de no renunciar a la fe cristiana que profesaba, con su himno de la grandeza del amor, nos demuestra la clase de cristianos que podemos ser, pues el citado Apóstol de nuestro Señor, nos dice, las palabras contenidas en FLP. 4, 13.
-En el Evangelio, volvemos a recordar un conocido relato de lo que le sucedió a nuestro Señor cuando regresó a Nazaret después de empezar su Ministerio público, en el que constatamos, -una vez más-, cómo el Mesías hizo acopio de su fe y humildad, en el día en que sus convecinos lo llevaron a la cima de un monte con el fin de asesinarlo.
A pesar del sufrimiento que caracterizó la vida del Hijo de María, nuestro Señor dijo en cierta ocasión, las palabras que encontramos en MT. 11, 28-30.
Si bien los predicadores tenemos que ser respetuosos con quienes no comparten nuestras creencias, queremos defender nuestros valores, así pues, -a modo de ejemplo-, no debemos apoyar la práctica del aborto con tal de ganarnos la confianza de nuestros oyentes, pues el derecho que los no nacidos tienen a vivir no les debe ser negado en ningún momento, ni siquiera de palabra.
Jesús nos dice cómo quiere que seamos sus seguidores, en MT. 10, 16.
-DE la misma manera que las serpientes se arrastran por el suelo, Jesús quiere que los que creemos en Él tengamos los pies firmemente apoyados sobre la tierra, lo cual se traduce en que evitemos el hecho de vivir únicamente mirando al cielo, para que así no nos olvidemos de nuestros deberes terrenales.
-De la misma manera que las serpientes no se caen porque están apoyadas en la tierra, los cristianos podemos mantenernos firmemente unidos a la Iglesia y no queremos dejar de ejercitar la fe que nos caracteriza, para evitar el hecho de sucumbir bajo los efectos del pecado.
-De la misma forma que las serpientes carecen de brazos, evitemos el hecho de utilizar los nuestros para apegarnos a las vanidades, la sensualidad y los respetos humanos cuya finalidad consiste en alejarnos de Dios, de la Iglesia y de nuestros hermanos los hombres.
-Así como las palomas pueden volar, nuestro corazón desea aspirar al hecho de alcanzar el cumplimiento de las promesas divinas que aguardamos.
-Ya que antiguamente las palomas eran utilizadas para enviar mensajes de un lugar a otro, dichas aves son símbolos de los cristianos que tenemos la vocación de predicar la Palabra de Dios con nuestro ejemplo de fieles discípulos de Jesús y con las palabras que nos inspire el Espíritu Santo (OS. 6, 3).
2. ¿Qué era la justicia según los autores de la Biblia, y cómo quiere Dios que ejercitemos la misma?
Para los hebreos la justicia no consistía únicamente en adjudicarle a cada miembro de la sociedad lo que le pertenecía exclusivamente, pues la misma también era sinónimo de fe. Bajo esta óptica, no ha de extrañarnos el hecho de que los grandes personajes mencionados en las Sagradas Escrituras por su buen ejemplo sean considerados justos por causa de la fe que le profesaron a nuestro Padre común.
En nuestro tiempo, aunque no estamos en contra de la veracidad de la definición bíblica de la justicia que la equipara a la fe en Dios, amparándonos en muchos textos bíblicos, consideramos que, quienes tenemos fe en Dios, no podemos dejar de hacer el bien, no para salvarnos, sino para que la citada virtud no sea reducida en nuestros corazones a un mero acto teatral (JER. 9, 22-24).
De la misma manera que Dios visitó a todos los hebreos que circuncidaron su carne y no su corazón, también juzgará a quienes se bautizaron y sólo fueron cristianos de palabra, y no hicieron obras dignas de los hijos de nuestro Padre común.
El Creador les dice a los creyentes que aman excesivamente las riquezas y se olvidan de demostrar cómo aman a Dios ayudando a los más pobres y débiles del mundo a vencer sus dificultades, las palabras que encontramos en AM. 5, 22-24.
Concluyamos esta meditación reflexionando en oración el siguiente versículo del profeta Miqueas: (MI. 6, 8).
joseportilloperez@gmail.com
Cristo es el Rey que se nos da a conocer como la Verdad. (Meditación del Evangelio de la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo. Domingo XXXIV del Tiempo Ordinario del Ciclo B).
3. Cristo es el Rey que se nos da a conocer como la Verdad.
Meditación de JN. 18, 33b 37.
Dado que el Sanedrín carecía del poder necesario para condenar a Jesús a muerte, los enemigos del Señor, valiéndose del hecho de que Jesús dijo de Sí mismo cuando fue enjuiciado ante Caifás que es el Hijo del hombre profetizado por Daniel (MT. 26, 63-64), tomaron la decisión de acusarle ante Pilato de haberse proclamado rey, con tal de conseguir que el yerno de Tiberio César dictara la sentencia a muerte del Mesías. Aunque Pilato sabía que los líderes judíos le entregaron a Jesús por envidia, porque no era difícil deducir que Jesús no tenía aspiraciones de alcanzar poder, riquezas y prestigio, cedió al ser amenazado por el Sanedrín, y terminó mandando crucificar al Señor.
En la meditación de la primera lectura correspondiente a este último Domingo del Año litúrgico (DN. 7, 13-14), hemos recordado que el Reino de Dios está fundado sobre el amor divino y humano, y sus miembros, el único privilegio que desean tener, consiste en servirse desinteresadamente, unos a otros. Los acusadores de Jesús cambiaron el significado de DN. 7, 13-14, para hacerle creer a Pilato, que Jesús se proclamó rey, no para actuar como el Hijo del hombre profetizado por Daniel, sino para actuar como enemigo de Roma. Este hecho me sugiere el pensamiento de que, al interpretar la Biblia erróneamente, podemos cometer errores graves.
Las autoridades romanas hubieran combatido a cualquiera que se hubiera proclamado a Sí mismo como rey para hacerles la guerra, y hubieran ignorado a un mesías religioso sin aspiraciones mundanas, por no considerarlo peligroso. Recordemos que Pilato dejó escapar a muchos falsos mesías del pretorio cuando las autoridades religiosas de Israel le pidieron que les mandara ejecutar, así pues, el yerno de Tiberio César fue presionado, para que no librara a Jesús de la pena que sus enemigos quisieran que constituyera el fin de su vida.
Jesús dijo ante Pilato que es Rey, pero que su Reino no es de este mundo. Pilato sabía que Jesús le fue entregado por causa de la envidia de los enemigos del Señor, no porque hubiera merecido ser juzgado. A pesar de ello, Pilato no tuvo fuerza para hacer justicia, evitando la muerte de Jesús, sino que sacrificó la vida del Profeta de Nazaret, con tal de asegurarse la conservación de su trabajo.
¿Mantenemos nuestra posición social por haber actuado contra los derechos de quienes son más débiles que nosotros?
Si es doloroso reconocer que hemos vivido sin aceptar a Jesús como Camino que nos conduce a la presencia de Nuestro Santo Padre, como verdad que nos hace libres, y como la vida eterna de la gracia que añoramos (JN. 14, 6), más doloroso es pensar que, aunque conocemos la Verdad de Dios, vivimos sin prestarle atención.
¿Qué es la verdad? Necesitamos aprovechar la riqueza que nos aporta el conocimiento de la diversidad de ideologías existentes en el mundo para enriquecernos. Debemos ser respetuosos con quienes no comparten nuestras opiniones, pero ello no puede hacernos pensar que la Verdad de Dios es relativa, porque, de serlo, no podemos distinguir entre lo que es bueno y malo, y la justicia se convierte en cualquier cosa que nos beneficie.
La verdad no es cualquier cosa con la que esté de acuerdo la mayoría de la gente que nos rodea o que nos ayude a escalar una posición social mejor que la que mantenemos en la actualidad.
En un mundo en que hay tantas verdades, aún resuenan las siguientes palabras de Jesús: (JN. 8, 31-32).
Al concluir el presente Año litúrgico, es positivo para nosotros pensar si tenemos más fe en Dios que cuando empezamos a vivir el tiempo de Adviento. Aprovechemos la celebración del Año de la Fe que estamos conmemorando, para pensar si estamos esforzándonos en aumentar nuestro conocimiento de Dios, para que el Espíritu Santo pueda aumentarnos la fe que tenemos, en el Dios Uno y Trino.
Siempre que lo deseemos, Dios nos dará la oportunidad de conocerlo, aceptarlo y amarlo. Este es el último Domingo del presente año litúrgico, pero, el próximo Domingo, al iniciar el ciclo C de la Liturgia de la Iglesia, -en que meditaremos el Evangelio de San Lucas-, el Señor se nos seguirá manifestando, y nos corresponderá a nosotros, decidir si amoldamos nuestra vida, al cumplimiento de su voluntad.
José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com
Meditación de JN. 18, 33b 37.
Dado que el Sanedrín carecía del poder necesario para condenar a Jesús a muerte, los enemigos del Señor, valiéndose del hecho de que Jesús dijo de Sí mismo cuando fue enjuiciado ante Caifás que es el Hijo del hombre profetizado por Daniel (MT. 26, 63-64), tomaron la decisión de acusarle ante Pilato de haberse proclamado rey, con tal de conseguir que el yerno de Tiberio César dictara la sentencia a muerte del Mesías. Aunque Pilato sabía que los líderes judíos le entregaron a Jesús por envidia, porque no era difícil deducir que Jesús no tenía aspiraciones de alcanzar poder, riquezas y prestigio, cedió al ser amenazado por el Sanedrín, y terminó mandando crucificar al Señor.
En la meditación de la primera lectura correspondiente a este último Domingo del Año litúrgico (DN. 7, 13-14), hemos recordado que el Reino de Dios está fundado sobre el amor divino y humano, y sus miembros, el único privilegio que desean tener, consiste en servirse desinteresadamente, unos a otros. Los acusadores de Jesús cambiaron el significado de DN. 7, 13-14, para hacerle creer a Pilato, que Jesús se proclamó rey, no para actuar como el Hijo del hombre profetizado por Daniel, sino para actuar como enemigo de Roma. Este hecho me sugiere el pensamiento de que, al interpretar la Biblia erróneamente, podemos cometer errores graves.
Las autoridades romanas hubieran combatido a cualquiera que se hubiera proclamado a Sí mismo como rey para hacerles la guerra, y hubieran ignorado a un mesías religioso sin aspiraciones mundanas, por no considerarlo peligroso. Recordemos que Pilato dejó escapar a muchos falsos mesías del pretorio cuando las autoridades religiosas de Israel le pidieron que les mandara ejecutar, así pues, el yerno de Tiberio César fue presionado, para que no librara a Jesús de la pena que sus enemigos quisieran que constituyera el fin de su vida.
Jesús dijo ante Pilato que es Rey, pero que su Reino no es de este mundo. Pilato sabía que Jesús le fue entregado por causa de la envidia de los enemigos del Señor, no porque hubiera merecido ser juzgado. A pesar de ello, Pilato no tuvo fuerza para hacer justicia, evitando la muerte de Jesús, sino que sacrificó la vida del Profeta de Nazaret, con tal de asegurarse la conservación de su trabajo.
¿Mantenemos nuestra posición social por haber actuado contra los derechos de quienes son más débiles que nosotros?
Si es doloroso reconocer que hemos vivido sin aceptar a Jesús como Camino que nos conduce a la presencia de Nuestro Santo Padre, como verdad que nos hace libres, y como la vida eterna de la gracia que añoramos (JN. 14, 6), más doloroso es pensar que, aunque conocemos la Verdad de Dios, vivimos sin prestarle atención.
¿Qué es la verdad? Necesitamos aprovechar la riqueza que nos aporta el conocimiento de la diversidad de ideologías existentes en el mundo para enriquecernos. Debemos ser respetuosos con quienes no comparten nuestras opiniones, pero ello no puede hacernos pensar que la Verdad de Dios es relativa, porque, de serlo, no podemos distinguir entre lo que es bueno y malo, y la justicia se convierte en cualquier cosa que nos beneficie.
La verdad no es cualquier cosa con la que esté de acuerdo la mayoría de la gente que nos rodea o que nos ayude a escalar una posición social mejor que la que mantenemos en la actualidad.
En un mundo en que hay tantas verdades, aún resuenan las siguientes palabras de Jesús: (JN. 8, 31-32).
Al concluir el presente Año litúrgico, es positivo para nosotros pensar si tenemos más fe en Dios que cuando empezamos a vivir el tiempo de Adviento. Aprovechemos la celebración del Año de la Fe que estamos conmemorando, para pensar si estamos esforzándonos en aumentar nuestro conocimiento de Dios, para que el Espíritu Santo pueda aumentarnos la fe que tenemos, en el Dios Uno y Trino.
Siempre que lo deseemos, Dios nos dará la oportunidad de conocerlo, aceptarlo y amarlo. Este es el último Domingo del presente año litúrgico, pero, el próximo Domingo, al iniciar el ciclo C de la Liturgia de la Iglesia, -en que meditaremos el Evangelio de San Lucas-, el Señor se nos seguirá manifestando, y nos corresponderá a nosotros, decidir si amoldamos nuestra vida, al cumplimiento de su voluntad.
José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com
Meditación para el Domingo XXVI del Tiempo Ordinario del Ciclo B.
Meditación.
1. Los textos que la Iglesia ha entresacado de las Sagradas Escrituras para que los meditemos en esta ocasión hacen referencia a nuestra forma de actuar en nuestro ámbito familiar y social. Es esta la causa por la cual deseo proponeros una serie de meditaciones extrabíblicas que pueden fomentar nuestras relaciones y hacer nuestra existencia más agradable.
Una de las características que nos son comunes a los cristianos de todos los tiempos es la desunión que curiosamente se debe a la forma que tenemos de interpretar la Palabra de Dios.
Cuando comprobamos que hemos cometido un error, puede sucedernos que deseemos considerarnos pecadores sin remedio, o quizá pensamos que nuestros fallos se pueden corregir de alguna manera, pero, ¿qué pensamos cuando la conducta y/o los pensamientos de nuestros prójimos no se corresponden con el beneplácito de nuestra voluntad?.
Cuando nuestros prójimos no comprenden las circunstancias de su vida con la misma capacidad y rapidez que lo hacemos nosotros, tenemos tendencia a tacharlos de lentos e incompetentes, pero, cuando la lentitud de comprensión y conversión al Evangelio recae sobre nosotros, decimos que somos concienzudos y conscientes, y que necesitamos tiempo para ordenar nuestras ideas.
Cuando nuestros prójimos no corrigen sus defectos, tenemos tendencia a tacharlos de pecadores malditos, pero cuando nos negamos a corregir nuestras deficiencias, decimos que no tenemos tiempo para meditar, que no sabemos cómo desechar lo malo de la vida y quedarnos con lo bueno, o que no sabemos escoger el camino correcto.
Cuando nuestros prójimos cometen un fallo porque participan en una actividad en cuyo campo no se defienden muy bien, tendemos a decir que son unos entrometidos, que harían mejor si no se metieran donde nadie los llama, pero si el fallo es cometido por nosotros, o nos tachamos de pecadores irremediables, o decimos que todo el que tiene boca se equivoca.
Cuando nuestros prójimos no se sienten identificados con los miembros de nuestro círculo social, solemos decir que tienen prejuicios con respecto a nuestros seres queridos y a nosotros, pero cuando nuestros prójimos se mueven en un ambiente que creemos perjudicial por sano que dicho medio sea, tendemos a decir que tenemos buen juicio, y que deseamos sacar a nuestros hermanos del círculo vicioso en que se hayan encerrados.
Cuando nuestros prójimos no ceden en la afirmación de sus argumentos cuando discutimos con ellos, tenemos tendencia a decir que son tercos, pero cuando no cedemos en la defensa de nuestros pensamientos, nos sentimos orgullosos porque nuestra personalidad es firme y constante.
Cuando nuestros prójimos se fijan en pequeños detalles, los tachamos de maníacos, pero nosotros hacemos lo propio cuando consideramos que debemos ser detallistas y cuidadosos.
Por amor y respeto a Nuestro Dios y a nuestros hermanos los hombres, debemos aceptar a los demás como son, con sus virtudes y defectos, e incluso hemos de valorar los méritos de la discrepancia.
2. El Evangelio de hoy me ha traído a la memoria una célebre frase: "Vive y deja vivir".
No podemos permitir bajo ninguna circunstancia que nuestros prójimos se contagien de nuestras debilidades.
No podemos consentir que nuestros familiares y amigos contraigan nuestro miedo a la condenación eterna, pues debemos inculcarles a nuestros hijos una educación que sustituya el miedo por el respeto, la tolerancia, la libertad y la responsabilidad.
A la hora de transmitirles a nuestros familiares y amigos nuestros apreciados valores, debemos considerar las siguientes frases:
"No camines delante de mí, que no te podré seguir. No camines detrás de mí, que no te podré conducir. Camina, justamente, junto a mí para, sencillamente, ser mi amigo".
José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com
1. Los textos que la Iglesia ha entresacado de las Sagradas Escrituras para que los meditemos en esta ocasión hacen referencia a nuestra forma de actuar en nuestro ámbito familiar y social. Es esta la causa por la cual deseo proponeros una serie de meditaciones extrabíblicas que pueden fomentar nuestras relaciones y hacer nuestra existencia más agradable.
Una de las características que nos son comunes a los cristianos de todos los tiempos es la desunión que curiosamente se debe a la forma que tenemos de interpretar la Palabra de Dios.
Cuando comprobamos que hemos cometido un error, puede sucedernos que deseemos considerarnos pecadores sin remedio, o quizá pensamos que nuestros fallos se pueden corregir de alguna manera, pero, ¿qué pensamos cuando la conducta y/o los pensamientos de nuestros prójimos no se corresponden con el beneplácito de nuestra voluntad?.
Cuando nuestros prójimos no comprenden las circunstancias de su vida con la misma capacidad y rapidez que lo hacemos nosotros, tenemos tendencia a tacharlos de lentos e incompetentes, pero, cuando la lentitud de comprensión y conversión al Evangelio recae sobre nosotros, decimos que somos concienzudos y conscientes, y que necesitamos tiempo para ordenar nuestras ideas.
Cuando nuestros prójimos no corrigen sus defectos, tenemos tendencia a tacharlos de pecadores malditos, pero cuando nos negamos a corregir nuestras deficiencias, decimos que no tenemos tiempo para meditar, que no sabemos cómo desechar lo malo de la vida y quedarnos con lo bueno, o que no sabemos escoger el camino correcto.
Cuando nuestros prójimos cometen un fallo porque participan en una actividad en cuyo campo no se defienden muy bien, tendemos a decir que son unos entrometidos, que harían mejor si no se metieran donde nadie los llama, pero si el fallo es cometido por nosotros, o nos tachamos de pecadores irremediables, o decimos que todo el que tiene boca se equivoca.
Cuando nuestros prójimos no se sienten identificados con los miembros de nuestro círculo social, solemos decir que tienen prejuicios con respecto a nuestros seres queridos y a nosotros, pero cuando nuestros prójimos se mueven en un ambiente que creemos perjudicial por sano que dicho medio sea, tendemos a decir que tenemos buen juicio, y que deseamos sacar a nuestros hermanos del círculo vicioso en que se hayan encerrados.
Cuando nuestros prójimos no ceden en la afirmación de sus argumentos cuando discutimos con ellos, tenemos tendencia a decir que son tercos, pero cuando no cedemos en la defensa de nuestros pensamientos, nos sentimos orgullosos porque nuestra personalidad es firme y constante.
Cuando nuestros prójimos se fijan en pequeños detalles, los tachamos de maníacos, pero nosotros hacemos lo propio cuando consideramos que debemos ser detallistas y cuidadosos.
Por amor y respeto a Nuestro Dios y a nuestros hermanos los hombres, debemos aceptar a los demás como son, con sus virtudes y defectos, e incluso hemos de valorar los méritos de la discrepancia.
2. El Evangelio de hoy me ha traído a la memoria una célebre frase: "Vive y deja vivir".
No podemos permitir bajo ninguna circunstancia que nuestros prójimos se contagien de nuestras debilidades.
No podemos consentir que nuestros familiares y amigos contraigan nuestro miedo a la condenación eterna, pues debemos inculcarles a nuestros hijos una educación que sustituya el miedo por el respeto, la tolerancia, la libertad y la responsabilidad.
A la hora de transmitirles a nuestros familiares y amigos nuestros apreciados valores, debemos considerar las siguientes frases:
"No camines delante de mí, que no te podré seguir. No camines detrás de mí, que no te podré conducir. Camina, justamente, junto a mí para, sencillamente, ser mi amigo".
José Portillo Pérez
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El Reino de Dios está entre nosotros. (Ejercicio de lectio divina del Evangelio del Domingo III del Tiempo Ordinario del Ciclo A).
Domingo III del Tiempo Ordinario del Ciclo A.
el Reino de Dios está entre nosotros.
Ejercicio de lectio divina de MT. 4, 12-23.
Lectura introductoria: JER. 23, 29.
1. Oración inicial.
Iniciemos este tiempo de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.
R. Amén.
Cuando Jesús oyó que San Juan Bautista estaba en la cárcel, se instaló en Cafarnaúm, -una importante ciudad situada a unos treinta y dos kilómetros de Nazaret-, e inició la predicación, de la plena instauración del Reino de Dios, en el mundo. Ello nos recuerda la necesidad que tenemos de descubrir que hemos nacido para llevar a cabo una misión, independientemente de que consideremos que somos creyentes en Dios. San Juan nos indica en su Evangelio (4, 3), que Jesús se distanció del Bautista para no dar la impresión de que ambos predicadores se hacían la competencia, y, cuando el hijo de Zacarías e Isabel estuvo en la cárcel, porque era necesario que él se empequeñeciera, ya que era Jesús a quien le correspondía ser aceptado como Enviado de Dios (JN. 3, 30), el Señor inició su predicación, en el territorio que en el pasado les correspondió en herencia, a las tribus de Zabulón y Neftalí.
Oremos y meditemos sobre todo lo que podemos hacer en la vida, mientras leemos el texto de ECL. 3, 1-8.
Pensemos si nos ha llegado la hora de cumplir nuestra misión vital, si aún no sabemos cuál es la misma, o si nos estamos disponiendo adecuadamente, para poder llevarla a cabo.
La gran mayoría de los habitantes de Judea, -la región culta, rica y religiosa de Israel-, despreciaban a los habitantes de Cafarnaúm, porque en el pasado se mezclaron con los paganos y adoptaron sus costumbres, y aún insistían en llevar a cabo, prácticas que, para quienes los rechazaban, eran consideradas como pecaminosas. Los cristianos observamos creencias las cuales son consideradas como nuestras Verdades absolutas, pero, al analizar las creencias tanto de los miembros de una iglesia o congregación como del común de denominaciones cristianas, nos damos cuenta de que creemos en muchas verdades diferentes, y de que estamos divididos.
¿Son para nosotros más importantes las ideas que las personas?
¿Hemos aprendido a respetar a quienes no comparten nuestras creencias y a convivir con ellos?
¿Consideramos la diversidad de creencias existente como una acumulación de posibilidades que tenemos para aprender a conocernos y a vivir en armonía, o pensamos que la misma es un peligro que atenta contra la fe que profesamos?
Los judíos que habitaban en tinieblas porque eran despreciados por convivir entre los gentiles, fueron iluminados por la luz del Señor. ¿Pensamos que la luz de Cristo puede iluminar a quienes no comparten nuestras creencias, y a quienes tienen un status social diferente al nuestro?
Jesús nos dice en el Evangelio que consideraremos en este trabajo, que el Reino de los cielos, ha llegado. ¿Creemos este anuncio del Señor? ¿Cómo lo constatamos en la Iglesia de que somos miembros, en la sociedad en que vivimos, y en nuestra vida?
¿Hemos iniciado nuestro proceso de conversión al Señor? ¿Qué significa ello para nosotros?
La conversión y la penitencia tienen el mismo significado, aunque solemos asociar la última con la mortificación. ¿Es para nosotros la conversión un sacrificio, o una entrega a Dios, voluntaria y generosa?
Jesús les dijo a los hermanos Simón y Andrés que lo siguieran, para hacerlos pescadores de hombres. Ambos hermanos no tenían un conocimiento del Señor tan perfecto, como el que adquirieron, durante los años que acompañaron al mesías. Todos los cristianos somos llamados a ser pescadores de hombres. Si esperamos a tener un conocimiento del Señor perfecto antes de llevar a cabo dicho trabajo, jamás lo desempeñaremos, porque nos es imposible ser perfectos.
Simón, Andrés, Santiago y Juan, siguieron a Jesús en el mismo instante en que el Señor los llamó. ¿Hemos adoptado el compromiso de ser seguidores de Jesús? ¿Por qué?
Jesús recorrió las sinagogas de Galilea, predicando el Evangelio, y sanando a los enfermos. ¿Cómo predicamos los cristianos la Palabra de Dios, y ayudamos a exterminar las carencias de la humanidad?
2. Leemos atentamente MT. 4, 12-23, intentando abarcar el mensaje que San Mateo nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.
2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.
2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.
3. Meditación de MT. 4, 12-23.
3-1. ¿Por qué escribió San Mateo que Jesús inició a predicar el Evangelio en Cafarnaúm? (MT. 4, 12-13).
Desde el punto de vista científico, dado que San Mateo escribió su Evangelio para hacer que los judíos creyeran en Jesús, tenía que relacionar la vida, el Ministerio, la Pasión, la muerte, la Resurrección, y la glorificación del mesías, con textos del Antiguo Testamento, que sirvieran como profecías, de dichos acontecimientos. Es esta la razón por la que, la primera parte del Evangelio que estamos considerando (MT. 4, 12-17), está profetizada en IS. 8, 23-9, 2.
¿Por qué inició Jesús su Ministerio según San Mateo en Cafarnaúm, y no lo hizo en Nazaret, el pueblo en que creció y fue educado?
1. Es sabido que los judíos vivían en tribus, las cuales se dividían en familias, en las que, cuanto mayor era la edad de los hombres, adquirían un mayor poder, sobre los más jóvenes, las mujeres y los niños. Si, utilizando nuestro vocabulario actual, decimos que Jesús quería ser original, tenía que distanciarse de su familia, y de su tribu. Jesús no podía elegir discípulos de entre sus familiares que fueran mayores que él o tuvieran su misma edad, pues nunca hubiera podido llegar a ser, maestro de los tales. Cuando el Hijo de María buscó seguidores entre gente extraña, es probable que sus parientes se sintieran avergonzados de Él, por no haber contado con ellos, para llevar a cabo su misión.
2. Como Jesús era conocido en Nazaret como un simple trabajador, no podía ser aceptado como Mesías (MT. 13, 54-58), porque existía la creencia de que el Mesías debía surgir entre la realeza, y no entre los burgueses ni los trabajadores humildes.
3. Aunque la actividad de Jesús durante los tres años que predicó el Evangelio se encaminó principalmente al pueblo judío, el Mesías también quiso darse a conocer a los paganos, cuya evangelización les correspondió a sus seguidores, después de que aconteciera su glorificación.
4. Al predicar su mensaje en una ciudad en que convivía gente de diferentes creencias, y al hablar en el idioma de quienes viven solventando las carencias de quienes sufren por diversas causas, Jesús debió tener la esperanza de contar con más recursos de los que le proporcionarían sus hermanos de raza, dado que los fariseos no cesaban de anunciar que el sufrimiento estaba causado por los pecados de quienes padecían, para evitar que sus oyentes socorrieran a los más necesitados, y les dieran el dinero que tuvieran previsto, para socorrer a los pobres, enfermos, ancianos y desamparados. No olvidemos que esta creencia aún existe entre muchos cristianos desgraciadamente.
3-2. La luz y las tinieblas (MT. 4, 14-16).
Dado que existía la creencia de que el Mesías tenía que ser miembro de la alta esfera social, San Mateo vinculó a Jesús con los galileos marginados por vivir en contacto con los paganos. Cuando acaeció el incendio del Templo de Jerusalén y la derrota de la ciudad santa por parte de Roma el año setenta del siglo I, desapareció el partido de los saduceos, y los fariseos lideraron el Judaísmo. Cuando estos alcanzaron el poder, iniciaron una gran presión contra los cristianos, con el fin de dirigir la espiritualidad de todos sus hermanos de raza. San Mateo vinculó a Jesús con los socialmente marginados por cualquier circunstancia, para darles a entender que, aunque se les acusaba de sufrir por causa de sus pecados o las transgresiones de la Ley de Moisés por parte de sus antepasados, la realidad era que Dios no los había abandonado, de lo cual, la Pasión, la muerte, la Resurrección y la glorificación de Jesús, eran pruebas irrefutables.
Los judíos que habitaban en las tinieblas de la marginación social por su contacto con los gentiles, su pobreza, o sus enfermedades, vieron una gran luz (JN. 8, 12). La luz de Jesús amaneció sobre quienes vivían bajo el influjo de la muerte, por cuanto eran considerados rechazados por dios, por causa de sus pecados, o de las transgresiones de la Ley de Israel, que llevaron a cabo, sus antepasados.
¿En qué sentido es significativa la luz de Jesús para nosotros?
3-3. La conversión y la llegada del Reino de Dios al mundo (MT. 4, 17).
3-3-1. La conversión.
¿Por qué habla San Mateo en su Evangelio del Reino de los Cielos, mientras que San Marcos y San Lucas, hablan en sus Evangelios, del Reino de Dios? Para responder la pregunta que nos hemos planteado, debemos volver a recordar que San Mateo era judío, y escribió su Evangelio para lectores de su raza, que no pronunciaban el Nombre de Dios, porque lo reverenciaban profundamente. La negativa de los judíos a pronunciar el Nombre divino, ha sido usada, para que los cristianos llamemos a Dios, utilizando diferentes nombres. Es esta la razón por la que unos cristianos llaman a Nuestro Padre celestial "Yahveh", y otros "jehová", sin tener en cuenta que, para que el "Tetragramaton" (YHWH) fuera pronunciable, se le añadió las letras "e", "o" y "a" de "Edonay", que se traduce como "mi Señor", de donde proviene la palabra "Jehová".
Dado que porque no somos perfectos tenemos la posibilidad de ser mejores personas, siempre podemos fijarnos metas, con el fin de superarnos a nosotros mismos. En el caso de los cristianos, la conversión, -es decir, el fiel seguimiento de Jesús, actuando tal como lo haría el Hijo de Dios y María en nuestras circunstancias, en cuanto ello nos sea posible-, es una gran meta a alcanzar.
¿Debemos eliminar nuestro yo los cristianos, con el fin de asimilarnos a Jesús? Para Sigmund Freud, el ego es una instancia psíquica consciente reconocida como yo, que se encarga de la identidad personal y las relaciones mantenidas con el medio, controladora de nuestros movimientos complejos y coordinados (motilidad), y mediadora entre los instintos de la fuente inconsciente de nuestra energía psíquica, contenedora de la totalidad de los instintos reprimidos, que solo se rige por el principio del placer (el ello), y los ideales de la parte inconsciente del yo que se observa, se juzga y trata de imponerse a sí mismo, siguiendo las referencias de las demandas de un yo idealizado (el superyó), y la realidad del mundo externo. Dado que el egoísmo es un amor no moderado y excesivo hacia sí mismo, que hace atender exclusivamente los intereses personales, y descuidarse de los demás, hay cristianos que piensan que para convertirnos al Señor debemos renunciar a nuestro ego, mientras que otros piensan que, dada nuestra imperfección, solo podremos asemejarnos al Mesías, en la medida que nos sea posible, mientras aguardamos la llegada del día en que, el Señor, concluya su obra en nosotros.
3-3-2. La llegada del Reino de Dios al mundo.
¿Qué es el Reino de los Cielos -o de Dios-? Dado que este trabajo será leído por cristianos de diferentes denominaciones, para unos el Reino de Dios será la Iglesia a que pertenecen, para otros será el mismo Jesús por cuanto considerarán que llamar Reino celestial a una iglesia imperfecta es pecar de soberbia, y otros considerarán que todos hemos sido llamados a formar parte de la sociedad a que pertenecemos, la cuál puede ser perfeccionada, y llegar a ser el Reino de Dios, según ayudemos a exterminar las carencias de nuestros prójimos los hombres, según las posibilidades que tengamos para llevar a cabo tan magno propósito, en cada momento de nuestra vida.
¿Cómo podemos poner nuestra vida al servicio del Reino de dios? Actuemos tal como lo haría Jesús si viviera nuestras circunstancias, y tuviera las oportunidades de hacer el bien que tengamos, en cuanto ello nos sea posible.
3-4. Jesús nos invita a ser pescadores de hombres (MT. 4, 18-20).
Jesús invitó a los hermanos Pedro y Andrés a que dejaran su negocio de pesca, para dedicarse a ser pescadores de hombres. Este no fue el primer encuentro que ambos hermanos mantuvieron con Jesús. Mientras que muchos cristianos se dedican exclusivamente a llevar a cabo la obra de Dios, la gran mayoría de quienes nos consideramos seguidores de Jesús, podemos emplear parte de nuestro tiempo, energía y medios, para ser pescadores de hombres. No somos invitados a pescar y a alimentarnos de nuestras víctimas, sino a pescar peces vivos con la red figurativa de la Iglesia para darles una vida mejor, así pues, recordemos que, para los católicos, la Iglesia a que pertenecen, es conocida, como la barca de San Pedro.
3-5. Jesús nos invita a seguirlo cuando nos ocupamos en nuestras actividades ordinarias (MT. 4, 21-22).
Santiago y Juan estaban reparando las redes de la barca en que trabajaban con su padre, cuando recibieron la invitación de Jesús a seguirlo. Tal como anteriormente lo hicieron Simón Pedro y Andrés, Santiago y Juan siguieron a Jesús instantáneamente, sin intentar excusarse. Mientras que los intérpretes bíblicos se debaten entre la posibilidad de que dichos pescadores se hicieran discípulos de Jesús gradualmente, y el hecho de que quizás siguieron al Mesías como si hubieran sido llamados al apostolado en la ocasión que estamos recordando, pensemos en cómo es nuestro seguimiento de Jesús, y si queremos y podemos mejorar la calidad de las actividades que realizamos en la viña del Señor, y la calidez de nuestras relaciones, con creyentes y no creyentes.
3-6. ¿Qué decía y hacía Jesús para ganar almas para el cielo? (MT. 4, 23).
Jesús predicaba el Evangelio, enseñaba la Palabra de Dios, y sanaba las enfermedades físicas y psíquicas. Aunque estos fueron los aspectos más notables del Ministerio público del Señor, no debemos olvidar que acostumbraba ayudar a los pobres (JN. 13, 29).
¿Cómo continuamos los cristianos la realización de la obra de Jesús?
¿En qué aspectos podemos mejorar el trabajo que llevamos a cabo en la viña del Señor?
3-7. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.
3-8. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.
4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en MT. 4, 12-23 a nuestra vida.
Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.
3-1.
1. ¿Por qué relacionó San Mateo la primera parte del Evangelio que hemos considerado con el texto de IS. 8, 23-9, 2?
2. ¿Por qué inició Jesús su Ministerio según San Mateo en Cafarnaúm, y no lo hizo en Nazaret, el pueblo en que creció y fue educado?
3. ¿Por qué se vio Jesús obligado a distanciarse de los miembros de su tribu y de su familia para escoger a sus futuros Apóstoles?
4. ¿Por qué es probable que bastantes familiares de Jesús se sintieran avergonzados del Señor?
5. ¿Por qué tuvo Jesús problemas para ser aceptado como Mesías en Israel, los cuales se hicieron más notables en Nazaret?
6. ¿Por qué promovían los fariseos el pensamiento de que el sufrimiento era consecuente de los pecados personales y de las transgresiones de la Ley de los antepasados?
7. ¿Son nuestros problemas causas de nuestra condición pecadora? ¿Por qué?
8. ¿Piensas que los cristianos discapacitados deben predicar en las iglesias, o deben permanecer entre los asistentes a las celebraciones cultuales, para que nadie de entre los tales piense que los líderes religiosos y sus colaboradores abusan de los tales?
3-2.
9. ¿Por qué vinculó San Mateo a Jesús con los galileos socialmente marginados por los habitantes de Judea porque vivían en contacto con los paganos?
10. ¿Qué les sucedió a los fariseos cuando se extinguió el partido de los grandes terratenientes?
11. ¿Qué les hicieron los fariseos a los cristianos cuando se sintieron poderosos? ¿Por qué?
12. ¿Por qué han existido muchos cristianos antisemitas a lo largo de los últimos veinte siglos?
13. ¿De qué era una prueba irrefutable para los marginados de Israel la Pasión, la muerte, la Resurrección y la glorificación de Jesús?
14. ¿En qué sentido es significativa la luz de Jesús para nosotros?
3-3.
3-3-1.
15. ¿Por qué habla San Mateo en su Evangelio del Reino de los Cielos, mientras que San Marcos y San Lucas, hablan en sus Evangelios, del Reino de Dios?
16. ¿Por qué no pronunciaban los judíos el Nombre de dios?
17. ¿Qué hemos hecho los cristianos con la negativa de los judíos a pronunciar el Nombre divino?
18. ¿Cuál es el verdadero Nombre de Dios?
19. ¿Cuáles son los Nombres de Dios más utilizados en la biblia?
20. ¿Por qué podemos fijarnos metas con el fin de superarnos a nosotros mismos?
21. ¿Qué es para los cristianos la conversión?
22. ¿Debemos eliminar nuestro yo los cristianos, con el fin de asimilarnos a Jesús?
23. ¿Puedes definir lo que es el ego, la motilidad, el ello y el superyó, según Sigmund Freud?
24. ¿Por qué piensan muchos cristianos que para convertirnos al Señor debemos renunciar a nuestro ego?
25. ¿Por qué no podemos asemejarnos al Mesías en la actualidad?
26. ¿Cuándo podremos ser como Jesús?
3-3-2.
27. ¿Qué es el Reino de los Cielos -o de Dios-?
28. ¿Es la Iglesia a que pertenecemos el Reino de dios? ¿Por qué?
29. ¿Por qué se dice entre los católicos que la Iglesia a que pertenecen es germen del Reino de Dios? (CIC. n. 541).
30. ¿Por qué piensan muchos cristianos que el Reino de Dios es la Persona de Jesús?
31. ¿Cómo puede la tierra llegar a ser el Reino de Dios?
32. ¿Cómo podemos poner nuestra vida al servicio del Reino de Dios?
3-4.
33. ¿Por qué invitó Jesús a Simón Pedro y a su hermano Andrés a ser pescadores de hombres?
34. ¿Por qué dejaron ambos hermanos su trabajo y se separaron de sus familiares para seguir a Jesús?
35. ¿Por qué hemos sido llamados a pescar hombres vivos por Jesús?
36. ¿Cuál es el simbolismo de la red y de la barca de San Pedro?
3-5.
36. ¿Qué estaban haciendo los hijos de Zebedeo cuando Jesús los invitó a seguirlo?
37. ¿Cómo seguimos a Jesús?
38. ¿Podemos mejorar la calidad del trabajo que llevamos a cabo en la viña del Señor, y la calidez de las relaciones que mantenemos, con creyentes y no creyentes?
3-6.
39. ¿Por qué predicaba Jesús el Evangelio, enseñaba la Palabra de dios, y sanaba las enfermedades físicas y psíquicas?
40. ¿Cómo continuamos los cristianos la realización de la obra de Jesús?
41. ¿En qué aspectos podemos mejorar el trabajo que llevamos a cabo en la viña del Señor?
7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en MT. 4, 12-23.
Comprometámonos a orar por la unidad de los cristianos, no solo en esta semana en que oramos especialmente por tal motivo, sino, durante todo el año.
Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.
8. Oración personal.
Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.
Ejemplo de oración personal:
Señor Jesús:
Porque eres la luz del mundo que exterminas nuestras tinieblas cuando te confiamos nuestra vida, ilumínanos para que te conozcamos, practiquemos tus enseñanzas, y conozcamos el arte de la oración.
Porque el Reino de Dios está entre nosotros (LC. 17, 21), haznos miembros del mismo, para que seamos dignos de vivir, en la presencia de Nuestro Padre común.
Gracias por oír nuestras oraciones, y concedernos lo que te pedimos, cuando nos disponemos a ser, tus fieles hermanos.
9. Oración final.
Leamos y meditemos el Salmo 19, glorificando al Dios Uno y Trino.
José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en
joseportilloperez@gmail.com
el Reino de Dios está entre nosotros.
Ejercicio de lectio divina de MT. 4, 12-23.
Lectura introductoria: JER. 23, 29.
1. Oración inicial.
Iniciemos este tiempo de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.
R. Amén.
Cuando Jesús oyó que San Juan Bautista estaba en la cárcel, se instaló en Cafarnaúm, -una importante ciudad situada a unos treinta y dos kilómetros de Nazaret-, e inició la predicación, de la plena instauración del Reino de Dios, en el mundo. Ello nos recuerda la necesidad que tenemos de descubrir que hemos nacido para llevar a cabo una misión, independientemente de que consideremos que somos creyentes en Dios. San Juan nos indica en su Evangelio (4, 3), que Jesús se distanció del Bautista para no dar la impresión de que ambos predicadores se hacían la competencia, y, cuando el hijo de Zacarías e Isabel estuvo en la cárcel, porque era necesario que él se empequeñeciera, ya que era Jesús a quien le correspondía ser aceptado como Enviado de Dios (JN. 3, 30), el Señor inició su predicación, en el territorio que en el pasado les correspondió en herencia, a las tribus de Zabulón y Neftalí.
Oremos y meditemos sobre todo lo que podemos hacer en la vida, mientras leemos el texto de ECL. 3, 1-8.
Pensemos si nos ha llegado la hora de cumplir nuestra misión vital, si aún no sabemos cuál es la misma, o si nos estamos disponiendo adecuadamente, para poder llevarla a cabo.
La gran mayoría de los habitantes de Judea, -la región culta, rica y religiosa de Israel-, despreciaban a los habitantes de Cafarnaúm, porque en el pasado se mezclaron con los paganos y adoptaron sus costumbres, y aún insistían en llevar a cabo, prácticas que, para quienes los rechazaban, eran consideradas como pecaminosas. Los cristianos observamos creencias las cuales son consideradas como nuestras Verdades absolutas, pero, al analizar las creencias tanto de los miembros de una iglesia o congregación como del común de denominaciones cristianas, nos damos cuenta de que creemos en muchas verdades diferentes, y de que estamos divididos.
¿Son para nosotros más importantes las ideas que las personas?
¿Hemos aprendido a respetar a quienes no comparten nuestras creencias y a convivir con ellos?
¿Consideramos la diversidad de creencias existente como una acumulación de posibilidades que tenemos para aprender a conocernos y a vivir en armonía, o pensamos que la misma es un peligro que atenta contra la fe que profesamos?
Los judíos que habitaban en tinieblas porque eran despreciados por convivir entre los gentiles, fueron iluminados por la luz del Señor. ¿Pensamos que la luz de Cristo puede iluminar a quienes no comparten nuestras creencias, y a quienes tienen un status social diferente al nuestro?
Jesús nos dice en el Evangelio que consideraremos en este trabajo, que el Reino de los cielos, ha llegado. ¿Creemos este anuncio del Señor? ¿Cómo lo constatamos en la Iglesia de que somos miembros, en la sociedad en que vivimos, y en nuestra vida?
¿Hemos iniciado nuestro proceso de conversión al Señor? ¿Qué significa ello para nosotros?
La conversión y la penitencia tienen el mismo significado, aunque solemos asociar la última con la mortificación. ¿Es para nosotros la conversión un sacrificio, o una entrega a Dios, voluntaria y generosa?
Jesús les dijo a los hermanos Simón y Andrés que lo siguieran, para hacerlos pescadores de hombres. Ambos hermanos no tenían un conocimiento del Señor tan perfecto, como el que adquirieron, durante los años que acompañaron al mesías. Todos los cristianos somos llamados a ser pescadores de hombres. Si esperamos a tener un conocimiento del Señor perfecto antes de llevar a cabo dicho trabajo, jamás lo desempeñaremos, porque nos es imposible ser perfectos.
Simón, Andrés, Santiago y Juan, siguieron a Jesús en el mismo instante en que el Señor los llamó. ¿Hemos adoptado el compromiso de ser seguidores de Jesús? ¿Por qué?
Jesús recorrió las sinagogas de Galilea, predicando el Evangelio, y sanando a los enfermos. ¿Cómo predicamos los cristianos la Palabra de Dios, y ayudamos a exterminar las carencias de la humanidad?
2. Leemos atentamente MT. 4, 12-23, intentando abarcar el mensaje que San Mateo nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.
2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.
2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.
3. Meditación de MT. 4, 12-23.
3-1. ¿Por qué escribió San Mateo que Jesús inició a predicar el Evangelio en Cafarnaúm? (MT. 4, 12-13).
Desde el punto de vista científico, dado que San Mateo escribió su Evangelio para hacer que los judíos creyeran en Jesús, tenía que relacionar la vida, el Ministerio, la Pasión, la muerte, la Resurrección, y la glorificación del mesías, con textos del Antiguo Testamento, que sirvieran como profecías, de dichos acontecimientos. Es esta la razón por la que, la primera parte del Evangelio que estamos considerando (MT. 4, 12-17), está profetizada en IS. 8, 23-9, 2.
¿Por qué inició Jesús su Ministerio según San Mateo en Cafarnaúm, y no lo hizo en Nazaret, el pueblo en que creció y fue educado?
1. Es sabido que los judíos vivían en tribus, las cuales se dividían en familias, en las que, cuanto mayor era la edad de los hombres, adquirían un mayor poder, sobre los más jóvenes, las mujeres y los niños. Si, utilizando nuestro vocabulario actual, decimos que Jesús quería ser original, tenía que distanciarse de su familia, y de su tribu. Jesús no podía elegir discípulos de entre sus familiares que fueran mayores que él o tuvieran su misma edad, pues nunca hubiera podido llegar a ser, maestro de los tales. Cuando el Hijo de María buscó seguidores entre gente extraña, es probable que sus parientes se sintieran avergonzados de Él, por no haber contado con ellos, para llevar a cabo su misión.
2. Como Jesús era conocido en Nazaret como un simple trabajador, no podía ser aceptado como Mesías (MT. 13, 54-58), porque existía la creencia de que el Mesías debía surgir entre la realeza, y no entre los burgueses ni los trabajadores humildes.
3. Aunque la actividad de Jesús durante los tres años que predicó el Evangelio se encaminó principalmente al pueblo judío, el Mesías también quiso darse a conocer a los paganos, cuya evangelización les correspondió a sus seguidores, después de que aconteciera su glorificación.
4. Al predicar su mensaje en una ciudad en que convivía gente de diferentes creencias, y al hablar en el idioma de quienes viven solventando las carencias de quienes sufren por diversas causas, Jesús debió tener la esperanza de contar con más recursos de los que le proporcionarían sus hermanos de raza, dado que los fariseos no cesaban de anunciar que el sufrimiento estaba causado por los pecados de quienes padecían, para evitar que sus oyentes socorrieran a los más necesitados, y les dieran el dinero que tuvieran previsto, para socorrer a los pobres, enfermos, ancianos y desamparados. No olvidemos que esta creencia aún existe entre muchos cristianos desgraciadamente.
3-2. La luz y las tinieblas (MT. 4, 14-16).
Dado que existía la creencia de que el Mesías tenía que ser miembro de la alta esfera social, San Mateo vinculó a Jesús con los galileos marginados por vivir en contacto con los paganos. Cuando acaeció el incendio del Templo de Jerusalén y la derrota de la ciudad santa por parte de Roma el año setenta del siglo I, desapareció el partido de los saduceos, y los fariseos lideraron el Judaísmo. Cuando estos alcanzaron el poder, iniciaron una gran presión contra los cristianos, con el fin de dirigir la espiritualidad de todos sus hermanos de raza. San Mateo vinculó a Jesús con los socialmente marginados por cualquier circunstancia, para darles a entender que, aunque se les acusaba de sufrir por causa de sus pecados o las transgresiones de la Ley de Moisés por parte de sus antepasados, la realidad era que Dios no los había abandonado, de lo cual, la Pasión, la muerte, la Resurrección y la glorificación de Jesús, eran pruebas irrefutables.
Los judíos que habitaban en las tinieblas de la marginación social por su contacto con los gentiles, su pobreza, o sus enfermedades, vieron una gran luz (JN. 8, 12). La luz de Jesús amaneció sobre quienes vivían bajo el influjo de la muerte, por cuanto eran considerados rechazados por dios, por causa de sus pecados, o de las transgresiones de la Ley de Israel, que llevaron a cabo, sus antepasados.
¿En qué sentido es significativa la luz de Jesús para nosotros?
3-3. La conversión y la llegada del Reino de Dios al mundo (MT. 4, 17).
3-3-1. La conversión.
¿Por qué habla San Mateo en su Evangelio del Reino de los Cielos, mientras que San Marcos y San Lucas, hablan en sus Evangelios, del Reino de Dios? Para responder la pregunta que nos hemos planteado, debemos volver a recordar que San Mateo era judío, y escribió su Evangelio para lectores de su raza, que no pronunciaban el Nombre de Dios, porque lo reverenciaban profundamente. La negativa de los judíos a pronunciar el Nombre divino, ha sido usada, para que los cristianos llamemos a Dios, utilizando diferentes nombres. Es esta la razón por la que unos cristianos llaman a Nuestro Padre celestial "Yahveh", y otros "jehová", sin tener en cuenta que, para que el "Tetragramaton" (YHWH) fuera pronunciable, se le añadió las letras "e", "o" y "a" de "Edonay", que se traduce como "mi Señor", de donde proviene la palabra "Jehová".
Dado que porque no somos perfectos tenemos la posibilidad de ser mejores personas, siempre podemos fijarnos metas, con el fin de superarnos a nosotros mismos. En el caso de los cristianos, la conversión, -es decir, el fiel seguimiento de Jesús, actuando tal como lo haría el Hijo de Dios y María en nuestras circunstancias, en cuanto ello nos sea posible-, es una gran meta a alcanzar.
¿Debemos eliminar nuestro yo los cristianos, con el fin de asimilarnos a Jesús? Para Sigmund Freud, el ego es una instancia psíquica consciente reconocida como yo, que se encarga de la identidad personal y las relaciones mantenidas con el medio, controladora de nuestros movimientos complejos y coordinados (motilidad), y mediadora entre los instintos de la fuente inconsciente de nuestra energía psíquica, contenedora de la totalidad de los instintos reprimidos, que solo se rige por el principio del placer (el ello), y los ideales de la parte inconsciente del yo que se observa, se juzga y trata de imponerse a sí mismo, siguiendo las referencias de las demandas de un yo idealizado (el superyó), y la realidad del mundo externo. Dado que el egoísmo es un amor no moderado y excesivo hacia sí mismo, que hace atender exclusivamente los intereses personales, y descuidarse de los demás, hay cristianos que piensan que para convertirnos al Señor debemos renunciar a nuestro ego, mientras que otros piensan que, dada nuestra imperfección, solo podremos asemejarnos al Mesías, en la medida que nos sea posible, mientras aguardamos la llegada del día en que, el Señor, concluya su obra en nosotros.
3-3-2. La llegada del Reino de Dios al mundo.
¿Qué es el Reino de los Cielos -o de Dios-? Dado que este trabajo será leído por cristianos de diferentes denominaciones, para unos el Reino de Dios será la Iglesia a que pertenecen, para otros será el mismo Jesús por cuanto considerarán que llamar Reino celestial a una iglesia imperfecta es pecar de soberbia, y otros considerarán que todos hemos sido llamados a formar parte de la sociedad a que pertenecemos, la cuál puede ser perfeccionada, y llegar a ser el Reino de Dios, según ayudemos a exterminar las carencias de nuestros prójimos los hombres, según las posibilidades que tengamos para llevar a cabo tan magno propósito, en cada momento de nuestra vida.
¿Cómo podemos poner nuestra vida al servicio del Reino de dios? Actuemos tal como lo haría Jesús si viviera nuestras circunstancias, y tuviera las oportunidades de hacer el bien que tengamos, en cuanto ello nos sea posible.
3-4. Jesús nos invita a ser pescadores de hombres (MT. 4, 18-20).
Jesús invitó a los hermanos Pedro y Andrés a que dejaran su negocio de pesca, para dedicarse a ser pescadores de hombres. Este no fue el primer encuentro que ambos hermanos mantuvieron con Jesús. Mientras que muchos cristianos se dedican exclusivamente a llevar a cabo la obra de Dios, la gran mayoría de quienes nos consideramos seguidores de Jesús, podemos emplear parte de nuestro tiempo, energía y medios, para ser pescadores de hombres. No somos invitados a pescar y a alimentarnos de nuestras víctimas, sino a pescar peces vivos con la red figurativa de la Iglesia para darles una vida mejor, así pues, recordemos que, para los católicos, la Iglesia a que pertenecen, es conocida, como la barca de San Pedro.
3-5. Jesús nos invita a seguirlo cuando nos ocupamos en nuestras actividades ordinarias (MT. 4, 21-22).
Santiago y Juan estaban reparando las redes de la barca en que trabajaban con su padre, cuando recibieron la invitación de Jesús a seguirlo. Tal como anteriormente lo hicieron Simón Pedro y Andrés, Santiago y Juan siguieron a Jesús instantáneamente, sin intentar excusarse. Mientras que los intérpretes bíblicos se debaten entre la posibilidad de que dichos pescadores se hicieran discípulos de Jesús gradualmente, y el hecho de que quizás siguieron al Mesías como si hubieran sido llamados al apostolado en la ocasión que estamos recordando, pensemos en cómo es nuestro seguimiento de Jesús, y si queremos y podemos mejorar la calidad de las actividades que realizamos en la viña del Señor, y la calidez de nuestras relaciones, con creyentes y no creyentes.
3-6. ¿Qué decía y hacía Jesús para ganar almas para el cielo? (MT. 4, 23).
Jesús predicaba el Evangelio, enseñaba la Palabra de Dios, y sanaba las enfermedades físicas y psíquicas. Aunque estos fueron los aspectos más notables del Ministerio público del Señor, no debemos olvidar que acostumbraba ayudar a los pobres (JN. 13, 29).
¿Cómo continuamos los cristianos la realización de la obra de Jesús?
¿En qué aspectos podemos mejorar el trabajo que llevamos a cabo en la viña del Señor?
3-7. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.
3-8. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.
4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en MT. 4, 12-23 a nuestra vida.
Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.
3-1.
1. ¿Por qué relacionó San Mateo la primera parte del Evangelio que hemos considerado con el texto de IS. 8, 23-9, 2?
2. ¿Por qué inició Jesús su Ministerio según San Mateo en Cafarnaúm, y no lo hizo en Nazaret, el pueblo en que creció y fue educado?
3. ¿Por qué se vio Jesús obligado a distanciarse de los miembros de su tribu y de su familia para escoger a sus futuros Apóstoles?
4. ¿Por qué es probable que bastantes familiares de Jesús se sintieran avergonzados del Señor?
5. ¿Por qué tuvo Jesús problemas para ser aceptado como Mesías en Israel, los cuales se hicieron más notables en Nazaret?
6. ¿Por qué promovían los fariseos el pensamiento de que el sufrimiento era consecuente de los pecados personales y de las transgresiones de la Ley de los antepasados?
7. ¿Son nuestros problemas causas de nuestra condición pecadora? ¿Por qué?
8. ¿Piensas que los cristianos discapacitados deben predicar en las iglesias, o deben permanecer entre los asistentes a las celebraciones cultuales, para que nadie de entre los tales piense que los líderes religiosos y sus colaboradores abusan de los tales?
3-2.
9. ¿Por qué vinculó San Mateo a Jesús con los galileos socialmente marginados por los habitantes de Judea porque vivían en contacto con los paganos?
10. ¿Qué les sucedió a los fariseos cuando se extinguió el partido de los grandes terratenientes?
11. ¿Qué les hicieron los fariseos a los cristianos cuando se sintieron poderosos? ¿Por qué?
12. ¿Por qué han existido muchos cristianos antisemitas a lo largo de los últimos veinte siglos?
13. ¿De qué era una prueba irrefutable para los marginados de Israel la Pasión, la muerte, la Resurrección y la glorificación de Jesús?
14. ¿En qué sentido es significativa la luz de Jesús para nosotros?
3-3.
3-3-1.
15. ¿Por qué habla San Mateo en su Evangelio del Reino de los Cielos, mientras que San Marcos y San Lucas, hablan en sus Evangelios, del Reino de Dios?
16. ¿Por qué no pronunciaban los judíos el Nombre de dios?
17. ¿Qué hemos hecho los cristianos con la negativa de los judíos a pronunciar el Nombre divino?
18. ¿Cuál es el verdadero Nombre de Dios?
19. ¿Cuáles son los Nombres de Dios más utilizados en la biblia?
20. ¿Por qué podemos fijarnos metas con el fin de superarnos a nosotros mismos?
21. ¿Qué es para los cristianos la conversión?
22. ¿Debemos eliminar nuestro yo los cristianos, con el fin de asimilarnos a Jesús?
23. ¿Puedes definir lo que es el ego, la motilidad, el ello y el superyó, según Sigmund Freud?
24. ¿Por qué piensan muchos cristianos que para convertirnos al Señor debemos renunciar a nuestro ego?
25. ¿Por qué no podemos asemejarnos al Mesías en la actualidad?
26. ¿Cuándo podremos ser como Jesús?
3-3-2.
27. ¿Qué es el Reino de los Cielos -o de Dios-?
28. ¿Es la Iglesia a que pertenecemos el Reino de dios? ¿Por qué?
29. ¿Por qué se dice entre los católicos que la Iglesia a que pertenecen es germen del Reino de Dios? (CIC. n. 541).
30. ¿Por qué piensan muchos cristianos que el Reino de Dios es la Persona de Jesús?
31. ¿Cómo puede la tierra llegar a ser el Reino de Dios?
32. ¿Cómo podemos poner nuestra vida al servicio del Reino de Dios?
3-4.
33. ¿Por qué invitó Jesús a Simón Pedro y a su hermano Andrés a ser pescadores de hombres?
34. ¿Por qué dejaron ambos hermanos su trabajo y se separaron de sus familiares para seguir a Jesús?
35. ¿Por qué hemos sido llamados a pescar hombres vivos por Jesús?
36. ¿Cuál es el simbolismo de la red y de la barca de San Pedro?
3-5.
36. ¿Qué estaban haciendo los hijos de Zebedeo cuando Jesús los invitó a seguirlo?
37. ¿Cómo seguimos a Jesús?
38. ¿Podemos mejorar la calidad del trabajo que llevamos a cabo en la viña del Señor, y la calidez de las relaciones que mantenemos, con creyentes y no creyentes?
3-6.
39. ¿Por qué predicaba Jesús el Evangelio, enseñaba la Palabra de dios, y sanaba las enfermedades físicas y psíquicas?
40. ¿Cómo continuamos los cristianos la realización de la obra de Jesús?
41. ¿En qué aspectos podemos mejorar el trabajo que llevamos a cabo en la viña del Señor?
7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en MT. 4, 12-23.
Comprometámonos a orar por la unidad de los cristianos, no solo en esta semana en que oramos especialmente por tal motivo, sino, durante todo el año.
Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.
8. Oración personal.
Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.
Ejemplo de oración personal:
Señor Jesús:
Porque eres la luz del mundo que exterminas nuestras tinieblas cuando te confiamos nuestra vida, ilumínanos para que te conozcamos, practiquemos tus enseñanzas, y conozcamos el arte de la oración.
Porque el Reino de Dios está entre nosotros (LC. 17, 21), haznos miembros del mismo, para que seamos dignos de vivir, en la presencia de Nuestro Padre común.
Gracias por oír nuestras oraciones, y concedernos lo que te pedimos, cuando nos disponemos a ser, tus fieles hermanos.
9. Oración final.
Leamos y meditemos el Salmo 19, glorificando al Dios Uno y Trino.
José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en
joseportilloperez@gmail.com
Meditación para el Domingo IV de Cuaresma del Ciclo A.
Meditación.
Existen varias formas de afrontar y confrontar las circunstancias que nos acaecen a lo largo de nuestras vidas, así pues, los hechos por cuya contemplación muchos se sienten infelices, son para otros las razones sobre las que se fundamenta su alegría, pues han descubierto una forma de vivir que es conocida por un número de personas muy reducido, que les permite desear alcanzar un estado de perfección mayor, con el fin de sentirse más realizados. Los textos litúrgicos correspondientes a los Domingos de Cuaresma que estamos meditando están intrínsecamente relacionados unos con otros, así pues, el Domingo I de este tiempo de oración y penitencia, nos instaban a ver nuestras virtudes y limitaciones, con el fin de recordarnos que podemos ser, según vimos el Domingo II de este tiempo de ayuno y abstinencia, transfigurados y configurados a imagen y semejanza espiritual de Cristo Jesús, por consiguiente, si los materialistas fundamentan su felicidad en los pilares del poder, el prestigio y la riqueza, según constatamos el Domingo anterior, la vivencia cristiana se fundamenta en la gracia divina, y, en la recepción de los Sacramentos por nuestra parte que son administrados por nuestra Santa Madre la Iglesia. En esta ocasión, vamos a continuar nuestro ascenso espiritual, aprendiendo a contemplar los hechos que nos acaecen desde la óptica de Nuestro Padre común.
Como la Iglesia pretende enseñarnos este Domingo IV de preparación de la Pascua a ver los acaeceres de nuestras vidas desde el punto de vista de Dios, San Juan, en el Evangelio de hoy, nos hace ver la vida a partir de la experiencia que tuvo un ciego que pudo ver gracias al prodigio que realizó en él nuestro Hermano y Señor Jesús. ¿Por qué nos presenta la Iglesia al ciego del Evangelio de hoy? La vivencia cristiana es completamente diferente a la óptica de quienes carecen de fe en Nuestro Criador, de la misma manera que existe una diferencia radical entre las percepciones de los ciegos y la utilización del sentido de la vista de quienes pueden ver.
Para comprender el Evangelio de hoy puede sernos muy útil reflexionar brevemente sobre la forma que los ciegos tienen de captar las cosas que les rodean. Los ciegos pueden tocar las flores, pueden saber la forma que tienen las mismas, pueden percibir su olor y conocer su tamaño, pero están privados de concebir la belleza de las mismas, que es, precisamente, el primer detalle que captan los ojos de quienes pueden ver. La utilización del tacto no es tan rápida como la captación visual, así pues, por causa de la citada lentitud de los ciegos a la hora de percibir ciertas sensaciones se les hacen a los mismos desarrollar una serie de virtudes como la paciencia y la templanza, que no les son tan necesarias como a ellos a quienes pueden ver perfectamente, porque su visión suple la necesidad de ejercitar las mismas. Los ciegos tienen que realizar un gran esfuerzo para caminar por lugares que les son desconocidos, para aprender a desenvolverse en el mundo de los que ven perfectamente acomodándose a los recursos que pueden poseer para ello, y, sobre todo, tienen que suplir su carencia visual utilizando la memoria, por consiguiente, mientras quienes ven por ejemplo pueden ordenar sus habitaciones cambiando muchas cosas de sitio, ellos, al cambiar unos cuantos centímetros un objeto que siempre colocan en un determinado espacio, pueden encontrarse desorientados.
Lamentablemente la gente tiene la costumbre de apoyar mucho a los ciegos. La buena intención que la gente tiene de ayudarles puede hacerles caer en el aletargamiento de no querer superarse en muchos aspectos porque se les suple sus carencias, así pues, si la gente les ayuda a cruzar desde una calle a otra, ¿qué necesidad tienen de ayudarse de sus bastones para ello? Muchos dependen de sus familiares porque ellos cubren todas sus necesidades, de manera que les convierten en dependientes de sí mismos, que se sienten desgraciados cuando les faltan sus protectores, pues nunca se preocuparon de desarrollar sus virtudes, porque nunca tuvieron necesidad de hacerlo, y, cuanto más mayores son en el tiempo en que han de defenderse con escasa ayuda, más torpes se sienten para confrontar sus problemas.
Ojalá todos nos acerquemos a Dios antes de que el dolor embargue nuestro espíritu, las dificultades que padecemos nos hagan desconfiar hasta de nosotros, e involuntariamente coartemos las posibilidades que tenemos de ser mejores personas en todos los aspectos en los que podemos crecer.
2. Cuando Jesús y sus futuros Apóstoles vieron al ciego del que San Juan nos habla en el Evangelio de hoy, los discípulos quisieron saber si la ceguera del mismo era el castigo que merecía por causa de sus pecados o por la supuesta transgresión del cumplimiento de la Ley de Dios que pudieron llevar a cabo sus antepasados. Ante la carencia de explicaciones científicas convincentes, los judíos creían que los ciegos, los leprosos y los que no tenían descendientes, eran como muertos, según consta en el Talmud hebreo. Los Hagiógrafos bíblicos siempre les pedían encarecidamente a sus lectores que fueran piadosos con los ciegos, evitándoles los obstáculos que pudieran hacerles caer al suelo al tropezar con ellos, ya que, dicha caída, hacía más evidente la expresión del significado de la desgracia que en aquel tiempo simbolizaba la carencia de visión. Ya que la ceguera era una desgracia de las más difíciles de soportar, los judíos creían que la citada enfermedad sólo podía contraerse como eminente castigo de Dios.
Jesús les respondió a sus discípulos: (JN. 9, 3).
Cuando acontezca la Parusía o segunda venida de Jesús, la curación de la ceguera, el cáncer y otras enfermedades, hará que quienes no creen en Nuestro Padre común se conviertan a Él. Tal como veremos el próximo Domingo, Dios se valió de la enfermedad y posterior muerte de Lázaro para que quienes no creían en Jesús como Mesías comprobaran cómo la gloria del Altísimo se manifestó en Él (JN. 11, 4). Es políticamente incorrecto el hecho de que nos valgamos del sufrimiento ajeno para ascender el monte espiritual de nuestra existencia mortal, pero Dios nos recompensará debidamente a quienes, sin pretenderlo, estamos siendo utilizados para aumentar la fe o para hacer nacer la esperanza en el corazón de la gente que carece de las citadas virtudes divinas. Nuestra sociedad se rige por la óptica del Marketing, así pues, todos valemos el trabajo que somos capaces de realizar en el menor tiempo posible, el poder, la riqueza y el prestigio de que gozamos, pero, desde el punto de vista de Dios, como hemos nacido y se nos ha encomendado una misión determinada por Nuestro Padre común, todas las circunstancias que vivimos tienen un significado concreto, gracias al cuál, toda forma de vida es útil en la realización del designio salvífico y divino de Nuestro Padre celestial.
(IS. 62, 6-7). Quienes sufren porque desconocen la causa de su padecimiento pueden interrogar a Dios con el fin de que Nuestro Padre común resuelva todas sus dudas, pues, cuando Cristo Jesús concluya la instauración del Reino de Dios entre nosotros, ellos experimentarán el consuelo divino, según consta en el Apocalipsis de San Juan (AP. 21, 3-4).
Debemos creer en Jesús, pues él le dijo al autor del Apocalipsis con respecto a su futura manifestación universal: (AP. 22, 20). No sabemos cuándo acontecerá la Parusía de Nuestro Hermano, pero sabemos que Él concluirá nuestra redención.
3. (JN. 9, 4-5). Jesús tenía la costumbre de hablarles a sus seguidores en lenguaje figurativo para despertar en ellos el interés de comprender el misterio de Dios. Según consta en las Escrituras, no todos estamos preparados para comprender el designio salvífico de Nuestro Padre celestial, así pues, lo único que Dios requiere de nosotros para poder inculcarnos su sabiduría increada, es que seamos humildes. San Mateo escribió las siguientes palabras del Rabbi: (MT. 13, 13-14).
Mientras haya luz en el mundo, es decir, mientras estemos a tiempo para convertirnos al mensaje de salvación, debemos aprovechar la ocasión de hacerlo, así pues, no debemos esperar a ser ancianos para temer la llegada de la muerte, ni que nuestra mente se embote por causa de la acumulación de problemas que nos hagan infelices por ser incapaces de resolverlos para acercarnos a Nuestro Padre común. No utilicemos al Señor como el remedio de nuestro dolor, así pues, aunque Él curará nuestras dolencias, es bueno que nos acerquemos a Él por amor, sin tener en cuenta nuestras necesidades, pues, si le amamos, solventará nuestras carencias como premio a nuestro amor para con Él.
4. Jesús hizo lodo con tierra y saliva y untó con él los ojos del ciego. Era necesario que aquel hombre hiciera acopio de su fe para ser sanado, así pues, el gesto de lavarse los ojos en el estanque del enviado (traducción de Siloé), significaba su aprobación del prodigio que Jesús empezó a operar en él cuando le untó el citado lodo en los ojos. El lodo significa nuestra imperfección, según consta en los Salmos: (SAL. 103, 14). Entiéndase el citado versículo de los Salmos a la luz de este otro versículo del Génesis: (GN. 2, 7).
5. En cada ocasión que Jesús hacía un prodigio la gente reaccionaba de una forma diferente, así pues, unos se mostraban escépticos ante las evidencias que significaban las obras que Nuestro Señor llevaba a cabo, otros creían en Jesús, y otros decían que el Hijo de María estaba poseído por Satanás, lo cuál explicaba el hecho de que llevara a cabo las obras luciferinas con las que engañaba a sus víctimas. Muchos de los conocidos del ciego del Evangelio de hoy se admiraban al ver que el que había pedido limosna durante un determinado número de años podía ver, pero otros se resistían a creer aquel hecho porque ellos no creían que existían los prodigios divinos, o porque creían que el ciego había fingido carecer de visión durante toda su vida, o que aquel hombre se parecía al invidente que ellos conocían. Todos estos puntos de vista reflejan la forma en que reaccionamos en cada ocasión que de alguna manera aceptamos o negamos las evidencias de las obras que el Señor lleva a cabo en nuestras vidas y en el medio en que vivimos, así pues, mientras que muchos consideramos que Dios se manifiesta en nuestras vidas en cada instante de nuestra existencia por ejemplo concediéndonos el aire que necesitamos para respirar, son muchos los que creen que en ello no se vislumbra la poderosa mano de Dios, porque estamos capacitados para hacer eso por nuestros propios medios.
6. Los fariseos, bajo la dirección de los doctores o intérpretes de la Ley de Moisés y de Israel, instruían al pueblo en el conocimiento de los preceptos divinos. Esos instructores se confundieron cuando el gran coprotagonista del Evangelio que estamos meditando les contó cómo Jesús le curó de su ceguera, así pues, mientras unos condenaban la actuación del Mesías en día de precepto, otros discutían si aquel prodigio había de ser considerado como una actuación divina o satánica, porque el citado acto no fue realizado en un día laboral. En cierta ocasión en que Jesús le curó a un hombre su mano atrofiada, el Maestro se encaró con los fariseos en los siguientes términos: (MC. 3, 4). Los fariseos guardaron silencio porque, si reconocían que en día de reposo era lícito el hecho de realizar curaciones, contradecían su disposición legal que obligaba a los creyentes a no realizar curaciones en sábado, pero, si decían que no se debía curar a los enfermos en Shabbat, habían de afrontar la reprobación del pueblo sediento de evidencias que le concienciaran de que Dios no se había olvidado de sus creyentes. Jesús no tenía la pretensión de hacer que sus enemigos se vieran bloqueados ante semejante dilema, pues quería conseguir que entendieran su forma de pensar y proceder, y, por ello, cumplieran la voluntad de Nuestro Criador.
7. Los fariseos interrogaron al que había sido ciego con respecto a su naciente fe en Jesús con la intención de coaccionarlo para que odiara al Hijo de María. Para hacer de su presión un acto lo suficientemente eficaz como para herir el espíritu de aquel hombre de forma que rechazara impulsivamente al que tenía por profeta en virtud del prodigio que operó en él, interrogaron a sus padres, sin pensar que ellos, por miedo a ser expulsados de la sinagoga, se desentendieron de responder con respecto a la curación de su hijo, alegando que él era adulto, y que por ello debía saber lo que le había sucedido. ¡Qué terrible es la tibieza!.
8. Es impresionante la confesión que el que había sido ciego hizo ante Jesús cuando los fariseos le expulsaron de la Sinagoga por decir que el Mesías había sido enviado por Dios al mundo, alegando que Nuestro Criador no escucha a los pecadores, es decir, que el todopoderoso no se manifiesta por medio de quienes practican el mal con plena consciencia de que su forma de llevar a cabo sus obras es improcedente a los ojos de Nuestro Padre común.
José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com
Existen varias formas de afrontar y confrontar las circunstancias que nos acaecen a lo largo de nuestras vidas, así pues, los hechos por cuya contemplación muchos se sienten infelices, son para otros las razones sobre las que se fundamenta su alegría, pues han descubierto una forma de vivir que es conocida por un número de personas muy reducido, que les permite desear alcanzar un estado de perfección mayor, con el fin de sentirse más realizados. Los textos litúrgicos correspondientes a los Domingos de Cuaresma que estamos meditando están intrínsecamente relacionados unos con otros, así pues, el Domingo I de este tiempo de oración y penitencia, nos instaban a ver nuestras virtudes y limitaciones, con el fin de recordarnos que podemos ser, según vimos el Domingo II de este tiempo de ayuno y abstinencia, transfigurados y configurados a imagen y semejanza espiritual de Cristo Jesús, por consiguiente, si los materialistas fundamentan su felicidad en los pilares del poder, el prestigio y la riqueza, según constatamos el Domingo anterior, la vivencia cristiana se fundamenta en la gracia divina, y, en la recepción de los Sacramentos por nuestra parte que son administrados por nuestra Santa Madre la Iglesia. En esta ocasión, vamos a continuar nuestro ascenso espiritual, aprendiendo a contemplar los hechos que nos acaecen desde la óptica de Nuestro Padre común.
Como la Iglesia pretende enseñarnos este Domingo IV de preparación de la Pascua a ver los acaeceres de nuestras vidas desde el punto de vista de Dios, San Juan, en el Evangelio de hoy, nos hace ver la vida a partir de la experiencia que tuvo un ciego que pudo ver gracias al prodigio que realizó en él nuestro Hermano y Señor Jesús. ¿Por qué nos presenta la Iglesia al ciego del Evangelio de hoy? La vivencia cristiana es completamente diferente a la óptica de quienes carecen de fe en Nuestro Criador, de la misma manera que existe una diferencia radical entre las percepciones de los ciegos y la utilización del sentido de la vista de quienes pueden ver.
Para comprender el Evangelio de hoy puede sernos muy útil reflexionar brevemente sobre la forma que los ciegos tienen de captar las cosas que les rodean. Los ciegos pueden tocar las flores, pueden saber la forma que tienen las mismas, pueden percibir su olor y conocer su tamaño, pero están privados de concebir la belleza de las mismas, que es, precisamente, el primer detalle que captan los ojos de quienes pueden ver. La utilización del tacto no es tan rápida como la captación visual, así pues, por causa de la citada lentitud de los ciegos a la hora de percibir ciertas sensaciones se les hacen a los mismos desarrollar una serie de virtudes como la paciencia y la templanza, que no les son tan necesarias como a ellos a quienes pueden ver perfectamente, porque su visión suple la necesidad de ejercitar las mismas. Los ciegos tienen que realizar un gran esfuerzo para caminar por lugares que les son desconocidos, para aprender a desenvolverse en el mundo de los que ven perfectamente acomodándose a los recursos que pueden poseer para ello, y, sobre todo, tienen que suplir su carencia visual utilizando la memoria, por consiguiente, mientras quienes ven por ejemplo pueden ordenar sus habitaciones cambiando muchas cosas de sitio, ellos, al cambiar unos cuantos centímetros un objeto que siempre colocan en un determinado espacio, pueden encontrarse desorientados.
Lamentablemente la gente tiene la costumbre de apoyar mucho a los ciegos. La buena intención que la gente tiene de ayudarles puede hacerles caer en el aletargamiento de no querer superarse en muchos aspectos porque se les suple sus carencias, así pues, si la gente les ayuda a cruzar desde una calle a otra, ¿qué necesidad tienen de ayudarse de sus bastones para ello? Muchos dependen de sus familiares porque ellos cubren todas sus necesidades, de manera que les convierten en dependientes de sí mismos, que se sienten desgraciados cuando les faltan sus protectores, pues nunca se preocuparon de desarrollar sus virtudes, porque nunca tuvieron necesidad de hacerlo, y, cuanto más mayores son en el tiempo en que han de defenderse con escasa ayuda, más torpes se sienten para confrontar sus problemas.
Ojalá todos nos acerquemos a Dios antes de que el dolor embargue nuestro espíritu, las dificultades que padecemos nos hagan desconfiar hasta de nosotros, e involuntariamente coartemos las posibilidades que tenemos de ser mejores personas en todos los aspectos en los que podemos crecer.
2. Cuando Jesús y sus futuros Apóstoles vieron al ciego del que San Juan nos habla en el Evangelio de hoy, los discípulos quisieron saber si la ceguera del mismo era el castigo que merecía por causa de sus pecados o por la supuesta transgresión del cumplimiento de la Ley de Dios que pudieron llevar a cabo sus antepasados. Ante la carencia de explicaciones científicas convincentes, los judíos creían que los ciegos, los leprosos y los que no tenían descendientes, eran como muertos, según consta en el Talmud hebreo. Los Hagiógrafos bíblicos siempre les pedían encarecidamente a sus lectores que fueran piadosos con los ciegos, evitándoles los obstáculos que pudieran hacerles caer al suelo al tropezar con ellos, ya que, dicha caída, hacía más evidente la expresión del significado de la desgracia que en aquel tiempo simbolizaba la carencia de visión. Ya que la ceguera era una desgracia de las más difíciles de soportar, los judíos creían que la citada enfermedad sólo podía contraerse como eminente castigo de Dios.
Jesús les respondió a sus discípulos: (JN. 9, 3).
Cuando acontezca la Parusía o segunda venida de Jesús, la curación de la ceguera, el cáncer y otras enfermedades, hará que quienes no creen en Nuestro Padre común se conviertan a Él. Tal como veremos el próximo Domingo, Dios se valió de la enfermedad y posterior muerte de Lázaro para que quienes no creían en Jesús como Mesías comprobaran cómo la gloria del Altísimo se manifestó en Él (JN. 11, 4). Es políticamente incorrecto el hecho de que nos valgamos del sufrimiento ajeno para ascender el monte espiritual de nuestra existencia mortal, pero Dios nos recompensará debidamente a quienes, sin pretenderlo, estamos siendo utilizados para aumentar la fe o para hacer nacer la esperanza en el corazón de la gente que carece de las citadas virtudes divinas. Nuestra sociedad se rige por la óptica del Marketing, así pues, todos valemos el trabajo que somos capaces de realizar en el menor tiempo posible, el poder, la riqueza y el prestigio de que gozamos, pero, desde el punto de vista de Dios, como hemos nacido y se nos ha encomendado una misión determinada por Nuestro Padre común, todas las circunstancias que vivimos tienen un significado concreto, gracias al cuál, toda forma de vida es útil en la realización del designio salvífico y divino de Nuestro Padre celestial.
(IS. 62, 6-7). Quienes sufren porque desconocen la causa de su padecimiento pueden interrogar a Dios con el fin de que Nuestro Padre común resuelva todas sus dudas, pues, cuando Cristo Jesús concluya la instauración del Reino de Dios entre nosotros, ellos experimentarán el consuelo divino, según consta en el Apocalipsis de San Juan (AP. 21, 3-4).
Debemos creer en Jesús, pues él le dijo al autor del Apocalipsis con respecto a su futura manifestación universal: (AP. 22, 20). No sabemos cuándo acontecerá la Parusía de Nuestro Hermano, pero sabemos que Él concluirá nuestra redención.
3. (JN. 9, 4-5). Jesús tenía la costumbre de hablarles a sus seguidores en lenguaje figurativo para despertar en ellos el interés de comprender el misterio de Dios. Según consta en las Escrituras, no todos estamos preparados para comprender el designio salvífico de Nuestro Padre celestial, así pues, lo único que Dios requiere de nosotros para poder inculcarnos su sabiduría increada, es que seamos humildes. San Mateo escribió las siguientes palabras del Rabbi: (MT. 13, 13-14).
Mientras haya luz en el mundo, es decir, mientras estemos a tiempo para convertirnos al mensaje de salvación, debemos aprovechar la ocasión de hacerlo, así pues, no debemos esperar a ser ancianos para temer la llegada de la muerte, ni que nuestra mente se embote por causa de la acumulación de problemas que nos hagan infelices por ser incapaces de resolverlos para acercarnos a Nuestro Padre común. No utilicemos al Señor como el remedio de nuestro dolor, así pues, aunque Él curará nuestras dolencias, es bueno que nos acerquemos a Él por amor, sin tener en cuenta nuestras necesidades, pues, si le amamos, solventará nuestras carencias como premio a nuestro amor para con Él.
4. Jesús hizo lodo con tierra y saliva y untó con él los ojos del ciego. Era necesario que aquel hombre hiciera acopio de su fe para ser sanado, así pues, el gesto de lavarse los ojos en el estanque del enviado (traducción de Siloé), significaba su aprobación del prodigio que Jesús empezó a operar en él cuando le untó el citado lodo en los ojos. El lodo significa nuestra imperfección, según consta en los Salmos: (SAL. 103, 14). Entiéndase el citado versículo de los Salmos a la luz de este otro versículo del Génesis: (GN. 2, 7).
5. En cada ocasión que Jesús hacía un prodigio la gente reaccionaba de una forma diferente, así pues, unos se mostraban escépticos ante las evidencias que significaban las obras que Nuestro Señor llevaba a cabo, otros creían en Jesús, y otros decían que el Hijo de María estaba poseído por Satanás, lo cuál explicaba el hecho de que llevara a cabo las obras luciferinas con las que engañaba a sus víctimas. Muchos de los conocidos del ciego del Evangelio de hoy se admiraban al ver que el que había pedido limosna durante un determinado número de años podía ver, pero otros se resistían a creer aquel hecho porque ellos no creían que existían los prodigios divinos, o porque creían que el ciego había fingido carecer de visión durante toda su vida, o que aquel hombre se parecía al invidente que ellos conocían. Todos estos puntos de vista reflejan la forma en que reaccionamos en cada ocasión que de alguna manera aceptamos o negamos las evidencias de las obras que el Señor lleva a cabo en nuestras vidas y en el medio en que vivimos, así pues, mientras que muchos consideramos que Dios se manifiesta en nuestras vidas en cada instante de nuestra existencia por ejemplo concediéndonos el aire que necesitamos para respirar, son muchos los que creen que en ello no se vislumbra la poderosa mano de Dios, porque estamos capacitados para hacer eso por nuestros propios medios.
6. Los fariseos, bajo la dirección de los doctores o intérpretes de la Ley de Moisés y de Israel, instruían al pueblo en el conocimiento de los preceptos divinos. Esos instructores se confundieron cuando el gran coprotagonista del Evangelio que estamos meditando les contó cómo Jesús le curó de su ceguera, así pues, mientras unos condenaban la actuación del Mesías en día de precepto, otros discutían si aquel prodigio había de ser considerado como una actuación divina o satánica, porque el citado acto no fue realizado en un día laboral. En cierta ocasión en que Jesús le curó a un hombre su mano atrofiada, el Maestro se encaró con los fariseos en los siguientes términos: (MC. 3, 4). Los fariseos guardaron silencio porque, si reconocían que en día de reposo era lícito el hecho de realizar curaciones, contradecían su disposición legal que obligaba a los creyentes a no realizar curaciones en sábado, pero, si decían que no se debía curar a los enfermos en Shabbat, habían de afrontar la reprobación del pueblo sediento de evidencias que le concienciaran de que Dios no se había olvidado de sus creyentes. Jesús no tenía la pretensión de hacer que sus enemigos se vieran bloqueados ante semejante dilema, pues quería conseguir que entendieran su forma de pensar y proceder, y, por ello, cumplieran la voluntad de Nuestro Criador.
7. Los fariseos interrogaron al que había sido ciego con respecto a su naciente fe en Jesús con la intención de coaccionarlo para que odiara al Hijo de María. Para hacer de su presión un acto lo suficientemente eficaz como para herir el espíritu de aquel hombre de forma que rechazara impulsivamente al que tenía por profeta en virtud del prodigio que operó en él, interrogaron a sus padres, sin pensar que ellos, por miedo a ser expulsados de la sinagoga, se desentendieron de responder con respecto a la curación de su hijo, alegando que él era adulto, y que por ello debía saber lo que le había sucedido. ¡Qué terrible es la tibieza!.
8. Es impresionante la confesión que el que había sido ciego hizo ante Jesús cuando los fariseos le expulsaron de la Sinagoga por decir que el Mesías había sido enviado por Dios al mundo, alegando que Nuestro Criador no escucha a los pecadores, es decir, que el todopoderoso no se manifiesta por medio de quienes practican el mal con plena consciencia de que su forma de llevar a cabo sus obras es improcedente a los ojos de Nuestro Padre común.
José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com
La sabiduría. (Meditación de la primera lectura del Domingo II después de Navidad).
Meditación.
1. La sabiduría.
Meditación de ECLO. 24, 1-4. 12-16.
La sabiduría, -según el Diccionario de la R. A. E.-, es el grado más alto del conocimiento en general, y la conducta prudente que necesitamos observar. Los orientales y los occidentales no tenemos el mismo concepto de la sabiduría, pero, dado que ambos conceptos son interesantes, merece la pena equipararlos, porque necesitamos conocer el mundo exterior, y la espiritualidad.
Para el autor del texto que estamos considerando, la sabiduría llegó a ser la verdad plena que debe ser deseada, buscada y encontrada por el hombre. Es importante conocer dicha sabiduría, porque la misma es la creadora de la humanidad. Esta es la razón por la que afirmamos que, cuanto se dice respecto de la sabiduría en el capítulo 8 del libro de los Proverbios de Salomón es aplicable a Jesucristo, quien es la sabiduría increada divina.
Mientras que para los occidentales los sabios tienen una gran capacidad intelectual, para los orientales, los sabios son los maestros capacitados para enseñar a vivir desde el punto de vista de la espiritualidad, por lo que son grandes conocedores de las respuestas a todos los interrogantes misteriosos relacionados con la vida.
Mientras que los sabios occidentales investigan todo lo abarcable por la ciencia humana, los sabios orientales investigan la trascendencia humana, e intentan conocer a la Divinidad Suprema.
Mientras que los sabios occidentales buscan la perfección de las cosas, los maestros orientales buscan la perfección humana, la cual no consiste en que actuemos como máquinas que no pueden cometer fallo alguno, sino en que crezcamos espiritualmente.
Mientras que en Occidente el hecho de tener poder, prestigio y riquezas es muy importante, para los autores de la Biblia orientales, el valor de los hombres se mide por su fe en Dios, y el ejercicio de sus virtudes.
Para los cristianos practicantes, Jesucristo es la sabiduría increada que anhelan alcanzar. Tal sabiduría no se alcanza asistiendo a innumerables actos de culto, sino teniendo fe en Dios, y practicando las virtudes recibidas del Espíritu Santo.
Veamos las características de la sabiduría de Dios personificada en Jesús de Nazaret.
1. La sabiduría divina no es estática, sino dinámica. En el Evangelio correspondiente a la Eucaristía que estamos celebrando, descubrimos que la sabiduría divina creó el mundo (JN. 1, 3), creó la vida que llegó a ser la luz de los hombres (JN. 1, 4), el pecado jamás la venció (JN. 1, 5), los hombres la rechazaron a pesar de ser su creadora (JN. 1, 10-11), hace hijos de Dios a quienes la reciben en sus corazones (JN. 1, 12-13), se hizo Hombre y acampó entre nosotros (JN. 1, 14), y nos ha revelado la verdad del Dios a quien sólo Él ha visto (JN. 1, 18). La auténtica sabiduría no hace que nos encerremos en nuestro interior, pues se expresa en las obras que nos ayudan a superarnos y a contribuir a la construcción de un mundo más humano que el actual. Muchos cristianos entienden esta sabiduría incorrectamente como un tesoro que han de guardar celosamente, y por ello se dedican a orar y a leer la Palabra de Dios, evitando hacer el bien. La sabiduría cristiana no está escrita en ningún libro, -ni siquiera en la Biblia-, pues es el seguimiento de Jesús de Nazaret, y se traduce en acciones creadoras y transformadoras que nos ayudan a ser mejores personas. Si ignoramos tales acciones, de poco nos servirán las largas horas de oración y meditación.
2. La sabiduría es vida. La sabiduría divina creó todo cuanto existe (JN. 1, 3), y es la luz verdadera que ilumina a los hombres (JN. 1, 9). San Juan también nos informa en su Evangelio de que hemos recibido gracia por gracia de la plenitud de la sabiduría (JN. 1, 16).
La verdadera sabiduría es creadora de la vida. Los cristianos nos dividimos en activistas y quietistas, hasta el punto de cometer el error de dejarnos llevar a uno de los dos extremos, pues necesitamos conocer el mundo exterior y relacionarnos con quienes nos rodean, y crecer a los niveles espiritual y material. La verdadera sabiduría no debe impedir que nos relacionemos con el mundo, pues los cristianos tenemos la misión de difundir el Evangelio, cosa que no podemos hacer de ninguna manera encerrándonos en nuestro interior, y evitando relacionarnos con nuestros prójimos los hombres.
La verdadera sabiduría no debe inducirnos a anular nuestras capacidades, sino a potenciarlas. Los cristianos hemos sido llamados a vivir siempre insatisfechos, hambrientos de conocimiento y necesitados de alcanzar nuevos horizontes. La verdadera sabiduría es el motor que nos mantiene en movimiento y por tanto haciendo todo lo que esté a nuestro alcance en cada momento de nuestras vidas, con el fin de que no nos estanquemos contemplando los problemas que no podemos resolver momentáneamente, ni nos acomodemos cuando nos sintamos confortados por el Señor, evitando crecer a todos los niveles, y socorrer a quienes necesiten nuestros dones espirituales y materiales.
3. La sabiduría es luz. La sabiduría divina es la luz que necesitamos para superar el error y llegar a ser poseídos por la verdad que nos hará libres (JN. 8, 32). En los inicios del Cristianismo se llamaba "iluminados" a quienes se bautizaban, porque adquirían el conocimiento del sentido de la vida. La luz de la sabiduría divina nos permite conocer a Dios y tener la dicha de cumplir su voluntad, consistente en que la sabiduría no tenga impedimento alguno para salvar las almas que le han sido encomendadas, y las resucite en el último día (JN. 6, 39).
Es difícil definir la sabiduría. Los cristianos hemos adquirido muchos conceptos filosóficos y tenemos dogmas que nos diferencian tanto de nuestros hermanos cristianos de denominaciones diferentes a las nuestras como de los seguidores de otras religiones, pero yo me pregunto si tales conocimientos nos ayudan a ser más felices superando las dificultades que tenemos, y a encontrar el sentido de nuestras vidas. Desgraciadamente, los cristianos corremos el peligro de enriquecernos a nivel intelectual, y de no poner en práctica lo que aprendemos.
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
1. La sabiduría.
Meditación de ECLO. 24, 1-4. 12-16.
La sabiduría, -según el Diccionario de la R. A. E.-, es el grado más alto del conocimiento en general, y la conducta prudente que necesitamos observar. Los orientales y los occidentales no tenemos el mismo concepto de la sabiduría, pero, dado que ambos conceptos son interesantes, merece la pena equipararlos, porque necesitamos conocer el mundo exterior, y la espiritualidad.
Para el autor del texto que estamos considerando, la sabiduría llegó a ser la verdad plena que debe ser deseada, buscada y encontrada por el hombre. Es importante conocer dicha sabiduría, porque la misma es la creadora de la humanidad. Esta es la razón por la que afirmamos que, cuanto se dice respecto de la sabiduría en el capítulo 8 del libro de los Proverbios de Salomón es aplicable a Jesucristo, quien es la sabiduría increada divina.
Mientras que para los occidentales los sabios tienen una gran capacidad intelectual, para los orientales, los sabios son los maestros capacitados para enseñar a vivir desde el punto de vista de la espiritualidad, por lo que son grandes conocedores de las respuestas a todos los interrogantes misteriosos relacionados con la vida.
Mientras que los sabios occidentales investigan todo lo abarcable por la ciencia humana, los sabios orientales investigan la trascendencia humana, e intentan conocer a la Divinidad Suprema.
Mientras que los sabios occidentales buscan la perfección de las cosas, los maestros orientales buscan la perfección humana, la cual no consiste en que actuemos como máquinas que no pueden cometer fallo alguno, sino en que crezcamos espiritualmente.
Mientras que en Occidente el hecho de tener poder, prestigio y riquezas es muy importante, para los autores de la Biblia orientales, el valor de los hombres se mide por su fe en Dios, y el ejercicio de sus virtudes.
Para los cristianos practicantes, Jesucristo es la sabiduría increada que anhelan alcanzar. Tal sabiduría no se alcanza asistiendo a innumerables actos de culto, sino teniendo fe en Dios, y practicando las virtudes recibidas del Espíritu Santo.
Veamos las características de la sabiduría de Dios personificada en Jesús de Nazaret.
1. La sabiduría divina no es estática, sino dinámica. En el Evangelio correspondiente a la Eucaristía que estamos celebrando, descubrimos que la sabiduría divina creó el mundo (JN. 1, 3), creó la vida que llegó a ser la luz de los hombres (JN. 1, 4), el pecado jamás la venció (JN. 1, 5), los hombres la rechazaron a pesar de ser su creadora (JN. 1, 10-11), hace hijos de Dios a quienes la reciben en sus corazones (JN. 1, 12-13), se hizo Hombre y acampó entre nosotros (JN. 1, 14), y nos ha revelado la verdad del Dios a quien sólo Él ha visto (JN. 1, 18). La auténtica sabiduría no hace que nos encerremos en nuestro interior, pues se expresa en las obras que nos ayudan a superarnos y a contribuir a la construcción de un mundo más humano que el actual. Muchos cristianos entienden esta sabiduría incorrectamente como un tesoro que han de guardar celosamente, y por ello se dedican a orar y a leer la Palabra de Dios, evitando hacer el bien. La sabiduría cristiana no está escrita en ningún libro, -ni siquiera en la Biblia-, pues es el seguimiento de Jesús de Nazaret, y se traduce en acciones creadoras y transformadoras que nos ayudan a ser mejores personas. Si ignoramos tales acciones, de poco nos servirán las largas horas de oración y meditación.
2. La sabiduría es vida. La sabiduría divina creó todo cuanto existe (JN. 1, 3), y es la luz verdadera que ilumina a los hombres (JN. 1, 9). San Juan también nos informa en su Evangelio de que hemos recibido gracia por gracia de la plenitud de la sabiduría (JN. 1, 16).
La verdadera sabiduría es creadora de la vida. Los cristianos nos dividimos en activistas y quietistas, hasta el punto de cometer el error de dejarnos llevar a uno de los dos extremos, pues necesitamos conocer el mundo exterior y relacionarnos con quienes nos rodean, y crecer a los niveles espiritual y material. La verdadera sabiduría no debe impedir que nos relacionemos con el mundo, pues los cristianos tenemos la misión de difundir el Evangelio, cosa que no podemos hacer de ninguna manera encerrándonos en nuestro interior, y evitando relacionarnos con nuestros prójimos los hombres.
La verdadera sabiduría no debe inducirnos a anular nuestras capacidades, sino a potenciarlas. Los cristianos hemos sido llamados a vivir siempre insatisfechos, hambrientos de conocimiento y necesitados de alcanzar nuevos horizontes. La verdadera sabiduría es el motor que nos mantiene en movimiento y por tanto haciendo todo lo que esté a nuestro alcance en cada momento de nuestras vidas, con el fin de que no nos estanquemos contemplando los problemas que no podemos resolver momentáneamente, ni nos acomodemos cuando nos sintamos confortados por el Señor, evitando crecer a todos los niveles, y socorrer a quienes necesiten nuestros dones espirituales y materiales.
3. La sabiduría es luz. La sabiduría divina es la luz que necesitamos para superar el error y llegar a ser poseídos por la verdad que nos hará libres (JN. 8, 32). En los inicios del Cristianismo se llamaba "iluminados" a quienes se bautizaban, porque adquirían el conocimiento del sentido de la vida. La luz de la sabiduría divina nos permite conocer a Dios y tener la dicha de cumplir su voluntad, consistente en que la sabiduría no tenga impedimento alguno para salvar las almas que le han sido encomendadas, y las resucite en el último día (JN. 6, 39).
Es difícil definir la sabiduría. Los cristianos hemos adquirido muchos conceptos filosóficos y tenemos dogmas que nos diferencian tanto de nuestros hermanos cristianos de denominaciones diferentes a las nuestras como de los seguidores de otras religiones, pero yo me pregunto si tales conocimientos nos ayudan a ser más felices superando las dificultades que tenemos, y a encontrar el sentido de nuestras vidas. Desgraciadamente, los cristianos corremos el peligro de enriquecernos a nivel intelectual, y de no poner en práctica lo que aprendemos.
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
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