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No tengamos miedo respecto de las señales identificativas del fin del mundo. (Ejercicio de Lectio Divina del Evangelio del Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario del Ciclo C).

   Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario del Ciclo C.

   No tengamos miedo respecto de las señales identificativas del fin del mundo.

   Ejercicio de lectio divina de LC. 21, 5-19.

   Lectura introductoria: MC. 13, 32-33.

   1. Oración inicial.

   Iniciemos este encuentro de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y, del Espíritu Santo.

   R. Amén.

   Prestémosle atención a la Palabra de Dios que meditaremos en el presente trabajo, porque la misma contiene un mensaje que nos conviene comprender, para poder aplicarlo a nuestra vida cristiana, sabiamente.

   El Templo de Jerusalén era el centro del poder religioso y cívico de los israelitas, quienes pensaban que, si tal edificio fuera derrumbado, la tierra podría dejar de existir. Tal creencia podría ayudarnos a considerar lo que pensamos con respecto a las denominaciones cristianas a las que pertenecemos, y a la influencia que, los líderes religiosos de las mismas, ejercen sobre nosotros.

   Mientras que quienes rodeaban a Jesús admiraban las riquezas del Templo jerosolimitano, el Señor pensaba en cómo podrían mantener la fe los creyentes del Judaísmo, especialmente, cuando sus hermanos de raza se revelaran contra el poder romano, y en cómo sus seguidores, podrían soportar las persecuciones, de que serían víctimas, en las décadas y siglos subsiguientes. Ello nos proporciona la oportunidad de pensar si nuestra religiosidad es externa o interna, porque puede sucedernos que asistamos con cierta frecuencia a diversas celebraciones de culto, y no interioricemos la Palabra de Dios que aprendemos -o recordamos- en las mismas, cumpliendo la voluntad divina.

   Aunque la destrucción del Templo de Jerusalén representaba la plenitud de la miseria para los hermanos de raza del Señor, Jesús vio en ello un cambio, que, en nuestros días, cuando faltan menos de sesenta años para que se cumplan veinte siglos desde que acaeció aquel hecho histórico, no se ha llevado a cabo, porque muchos cristianos, imitan a los judíos en lo referente a enorgullecerse de pertenecer a nuestras denominaciones, y pocos somos los que testimoniamos la fe que profesamos, fuera de los lugares, en que celebramos el culto divino. Si los judíos se hubieran convertido al Cristianismo en masa, el hecho de carecer del Templo, les hubiera hecho profesar su fe libremente sin ser sometidos por el liderazgo de los fariseos. El liderazgo religioso carece de sentido, si el pueblo fiel no crece espiritualmente, a partir de la utilidad, que debe ofrecerle el mismo. Desgraciadamente, cuando los fariseos se convirtieron en la élite poderosa de los judíos, rechazaron a los cristianos, los cuales, con el paso de los siglos, fueron en ciertas ocasiones grandes antisemitas, justificando tal hecho, alegando que, los hermanos de raza de Jesús, crucificaron al Mesías.

   Los oyentes de Jesús querían saber cuándo acaecería la destrucción del Templo de Jerusalén, y cuáles serían las señales indicativas, de que se acercaba, el fin del mundo. Por su parte, el Señor invirtió los interrogantes que le fueron planteados, pues lo importante -según el Mesías- para sus oyentes no era satisfacer su curiosidad, sino tener una fe capaz de soportar grandes pruebas sin extinguirse, para que no dejaran de creer en Dios, cuando acaecieran los acontecimientos, que les anunció. Nosotros también queremos saber cuándo llegará el fin del mundo, y cómo será nuestra existencia en el cielo, pero, Jesús no satisface nuestra curiosidad, pues quiere que avivemos la fe que nos ha concedido el Espíritu Santo, para que seamos, leales seguidores, suyos.

   Jesús alertó a sus seguidores para que no se hicieran adeptos de cualquiera que se hiciera pasar por el Mesías, y los engañara, profetizando en falso. Desgraciadamente, a lo largo de la existencia del Cristianismo, no han faltado profetas de desgracias, que han engañado a sus adeptos, al anunciar un fin del mundo, que, jamás, ha acontecido. Tengamos en cuenta que, si Jesús dijo de Sí mismo que desconocía cuándo acaecería el fin del mundo (MC. 13, 32; MT. 24, 36), no tiene sentido que ningún pseudoprofeta conozca tal hecho, porque ningún mortal puede tener mayor sabiduría, que el mismo Dios.

   Los profetas de calamidades, revisan los acontecimientos mundiales diariamente, intentando vislumbrar en los mismos, indicios indicativos, de que se acerca, el fin del mundo. No olvidemos que la maldad no existe como símbolo indicativo del tiempo que falta para que Jesús concluya plenamente la instauración del Reino mesiánico en nuestra tierra, pues solo indica, que, todos los hombres, aún no hemos aprendido, a amarnos, ni, a respetarnos.

   A los cristianos no se les persigue en determinados periodos históricos, pues ello es la consecuencia directa, de su profesión de fe. Los cristianos que no son cuestionados por quienes carecen de nuestra fe constantemente, viven más como ateos, que como seguidores de Jesús. Oremos y trabajemos para que nunca se nos persiga por trabajar beneficiando a los pobres, enfermos, ancianos y desamparados, porque los tales son, los predilectos de Dios, por causa de los sufrimientos, que los caracterizan.

   ¿Por qué nos preocupa tanto el hecho de no saber responder las preguntas que nos hacen los no creyentes respecto de la fe que profesamos?

   ¿Hemos olvidado que Jesús nos ha prometido que el Espíritu Santo nos iluminará en tales ocasiones, para que prediquemos la Palabra de Dios?

   En los primeros siglos de existencia de la Iglesia, cuando se desataban persecuciones contra los cristianos, los seguidores de Jesús no solo eran delatados por sus opositores, pues los mandaban encarcelar, azotar y asesinar, los miembros de sus familias. En tales circunstancias, muchos de entre los primeros cristianos, aunque no fueron librados milagrosamente de padecer las torturas a que fueron sometidos, murieron con la convicción de que resucitarían para no volver a experimentar, la muerte.

   A pesar de que los primeros cristianos eran conscientes de que Jesús concluiría algún día de instaurar su Reino mesiánico en la tierra, con el paso de los siglos, muchos seguidores del Señor, no han aprendido a encaminar sus pensamientos, palabras y obras, a la consecución de la vida eterna, sino, a la satisfacción, de sus carencias. Ello es una de las consecuencias características de la falta de fe, que hace presa, de muchos seguidores, del Señor.

   Oremos:

   Espíritu Santo:

   Fortalece la fe que nos has concedido, para que la vivencia de la misma, sea interior, y, exterior. Necesitamos vivir como si todos nuestros pensamientos, palabras y obras, nos hubieran sido inspirados, por Ti, oh amor de Dios.

   Ayúdanos a no pensar que las crisis que vivamos serán desgracias, pues las mismas deben ser, oportunidades de cambiar, para mejorar, en todos los aspectos, que nos sea posible.

   Te pedimos que nos fortalezcas la fe, para que sintamos el deseo de estudiar y meditar constantemente la Biblia, para que actuemos como si nos fuera posible contribuir con nuestras buenas obras y oraciones fervientes a la plena instauración de tu Reino entre nosotros, sin que, nuestra natural impaciencia, nos lo impida, cuando pensemos que Jesús tarda demasiado tiempo, en cumplir la promesa, de concluir nuestra purificación, y la santificación, que anhelamos.

   Instrúyenos en el conocimiento de tu Palabra y la voluntad divina, para que no nos dejemos engañar, por quienes usan la fe que nos has concedido, en su beneficio.

   Cuando acontezcan catástrofes naturales y conflictos bélicos, recuérdanos que los mismos no significan que Jesús está por concluir la instauración del Reino mesiánico entre nosotros, pues los mismos suceden, por causas no relacionadas, con ello.

   Haznos comprender que, quienes deseen formar parte de tu Reino de amor y paz, deben demostrarlo haciendo el bien en favor de sus prójimos los hombres, como si de ello dependiera, la consecución, de su salvación.

   Asístenos con tu sabiduría, para que demos testimonio de nuestra fe con valor, cuando los no creyentes, nos interroguen, respecto de nuestras creencias.

   Te pedimos que los problemas que tenemos que están relacionados con nuestros familiares, la salud, la economía, y los amigos que tenemos, en vez de hacernos perder la fe que nos has concedido, nos sirvan, para que podamos crecer, espiritualmente.

   Haznos aptos para que el Nombre de Jesús no suscite el odio de nadie, y produzca el efecto, de que aprendamos a amarnos, y respetarnos.

   Cuando las dificultades que tengamos nos hagan sufrir, recuérdanos que las mismas no nos impedirán vivir en tu presencia, cuando Jesús concluya de instaurar el Reino mesiánico, entre nosotros.

   Espíritu divino:

   Haznos dignos seguidores de Jesús, para que, en nuestra debilidad, se manifieste la potencia, de tu poder divino. Así lo esperamos.

   2. Leemos atentamente LC. 21, 5-19, intentando abarcar el mensaje que San Lucas nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.

   2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.

   2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.

   3. Meditación de LC. 21, 5-19.

   3-1. El Templo de Jerusalén, y la religiosidad exterior (LC. 21, 5).

   El Templo que construyó el Rey Salomón, fue destruido por los babilonios, el siglo VII antes de Cristo, y fue reconstruido por Esdras, cuando volvió del exilio. Los seléucidas lo profanaron el siglo II antes de que aconteciera el Nacimiento del Señor, fue restaurado por los Macabeos, y Herodes el Grande lo reconstruyó y enriqueció durante cuarenta y seis años sin escatimar gastos, para granjearse la amistad de los judíos. Dado que desde el Templo era ejercido el poder religioso y político, el hecho de que dejara de existir, significaba para los judíos, el fin de su religión.

   Los admiradores del Templo que hablaron con Jesús en el texto lucano que estamos considerando, no eran simples turistas que disfrutaban viendo uno de los monumentos más bellos y costosos del mundo, pues se deleitaban observando un edificio que era para ellos, un gran motivo de orgullo. Para comprender lo que sentían tales personajes, nos sería necesario interrogar a los cristianos que contribuyen a la construcción de sus lugares de culto, sobre cómo se alegran, cuando finalizan sus trabajos, y piensan que han sido colaboradores, en la realización de los mismos.

   Si es honroso el hecho de tener casas dignas en que podemos adorar al Todopoderoso, no olvidemos que Dios es tan magnánimo como para no poder ser abarcado por el universo, y quiere habitar en nuestros corazones. Para que la religiosidad exterior sirva para aumentar la fe de los no creyentes, debe ser vivida, a partir de la religiosidad interior, la cual necesita a su vez de la religiosidad exterior, para ser captada, por quienes carecen de nuestra fe.

   3-2. Jesús anunció la destrucción del Templo de Jerusalén (LC. 21, 6).

   La destrucción del Templo de Jerusalén, no significó que el Judaísmo fue extinguido, sino que los descendientes de los Patriarcas fueron enviados a diferentes países, en que profesaron su fe, partiendo de sus circunstancias vitales. Después de terminar la guerra contra Jerusalén, y de ordenar que no se destruyera el muro de las lamentaciones, para que quedara como testimonio de cómo los romanos vencieron a los judíos, Tito vendió varias docenas de miles de judíos, como esclavos. Cuando parecía que el Judaísmo se iba a extinguir, y los saduceos desaparecieron, los fariseos se encargaron de mantenerlo.

   Cuando el Papa Juan Pablo II no dejaba de ejercer su función de Pontífice a pesar de su grave estado de salud, no faltaron quienes dijeron que le era imposible dejar de ser Papa, porque los cardenales se lo impedían, ya que les convenía jugar con sus enfermedades, para aumentar la fe, de los pobres incautos. Como muchos cristianos temieron que la Iglesia se debilitara cuando acaeciera la muerte de Juan Pablo Magno, les oí a muchos sacerdotes recordarles a sus feligreses, que la Iglesia no era del Papa, sino del mismo Dios, quien nunca permitirá, que se extinga.

   A lo largo de nuestra vida, estamos expuestos, a vivir crisis, de diversa índole. Si aprendemos a efectuar los cambios que nos sean necesarios cuando experimentemos las crisis que nos caractericen, las mismas nos servirán para crecer, y para evitar volver a cometer errores, que caracterizaron nuestro pasado.

   3-3. Jesús fue interrogado por quienes lo oyeron predecir la destrucción del Templo jerosolimitano (LC. 21, 7).

   Dado que los judíos asociaban la destrucción del Templo con el fin del mundo, le preguntaron a Jesús cuándo se cumpliría su profecía, y cuáles serían los signos indicativos, de que se iba a producir, tan desgraciado acontecimiento. También nosotros quisiéramos saber cuándo concluirá Jesús la plena instauración de su Reino entre nosotros, pero el Señor no desea que lo sepamos, porque puede ocurrirnos lo que les sucedió a los cristianos de Tesalónica que, después de leer la primera Carta que les envió San Pablo, pensaron que era inútil seguir trabajando, porque, el fin de los tiempos, estaba a punto de acontecer (2 TES. 2, 1-2. 3, 11-12).

   3-4. No nos dejemos embaucar por los falsos profetas (LC. 21, 8).

   Para aprender a vivir, tenemos que gozarnos por causa de nuestros aciertos, y aprender a superarnos a nosotros mismos, a partir de los errores, que cometemos. Dado que es muy difícil distinguir a un líder religioso de un dirigente sectario, nos es necesario saber lo que dice San Pablo de los primeros en sus Epístolas, para evitarnos caer en las redes, de quienes desean aprovecharse de la fe de los incautos, para enriquecerse económicamente.

   No sigamos a nadie que pretenda saber cuándo se acabará el mundo. Recordemos que Jesús no le dio importancia al hecho de conocer tal dato, sino a que nuestra fe sea fuerte, para que, cuando concluya la plena instauración de su Reino de amor y paz entre nosotros, seamos dignos, de vivir, en su presencia.

   3-5. Las catástrofes naturales y las guerras, no están relacionadas, con el fin del mundo (LC. 21, 9-11).

   El hecho de que haya guerras, no significa que se aproxima la plena instauración del Reino de Dios entre nosotros, sino que hay gente poderosa, a la que no le importa matar sin escrúpulos, para hacerse aún más poderosa. Cuenta Flavio Josepho que, durante el tiempo que duró el sitio de Jerusalén, hubo mujeres que asesinaron a sus hijos y se los comieron, con tal de evitar la muerte. Los supervivientes de aquella guerra tuvieron que intentar recuperarse del sufrimiento que les fue causado, para poder seguir viviendo. Es triste pensar que hay cristianos obsesionados viendo los informes de noticias televisivos, buscando indicios en los acontecimientos descritos en los mismos, de que se acerca el fin del mundo. Los sensacionalistas y profetas de malos augurios, han hecho de la transmisión de noticias desagradables, un lucrativo negocio.

   3-6. Las persecuciones de cristianos (LC. 21, 12-15).

   Dado que los cristianos nos diferenciamos de quienes carecen de la fe que profesamos, debemos considerar normal, el hecho de que se nos interrogue frecuentemente, respecto de la conducta que observamos. Aunque han surgido grandes persecuciones contra los seguidores de Jesús a lo largo de los veinte siglos de existencia del Cristianismo, no debemos sentirnos acosados, cuando seamos interrogados, con respecto a puntos de vista que, nuestros familiares, amigos y compañeros de trabajo, no comparten con nosotros.

   Si queremos testimoniar nuestra fe (1 PE. 3, 15-16), estudiemos la Palabra de Dios con cierta frecuencia, y no tengamos miedo de no dar la talla cuando seamos interrogados, porque el Espíritu Santo nos asistirá, para que prediquemos el Evangelio.

   Cuando nos sintamos perseguidos, recordemos los siguientes textos, de San Pablo: FLP. 3, 10-11; COL. 1, 24.

   3-7. ¿Por qué se dejan masacrar muchos cristianos? (LC. 21, 16-18).

   Cuando San Lucas escribió el texto que estamos meditando, habían pasado en torno a diez años desde que aconteció la destrucción de Jerusalén, y los cristianos tenían muy presentes las consecuencias de la persecución, que llevó a cabo contra ellos, el Emperador Nerón. Muchos cristianos que fueron torturados y asesinados, no fueron denunciados por sus opositores, pues fueron delatados, por sus propios familiares. Los creyentes que murieron perecieron con la esperanza de resucitar para no volver a tener la experiencia de la muerte.

   ¿Por qué se dejan perseguir y asesinar muchos cristianos? La citada pregunta no es fácil de responder, cuando la respuesta va dirigida, tanto a cristianos de diferentes denominaciones, como a gente carente de la fe del Señor Jesús. Sé que hay fanáticos capaces de morir por sus ideales y dispuestos a asesinar sin escrúpulos a quienes se les oponen, pero, en circunstancias normales, quienes mueren con tal de no renunciar a profesar la fe cristiana, lo hacen porque, sus creencias, forman parte de sí, y no les merece la pena vivir, renunciando a las mismas. Hay quienes mueren por sus familiares y amigos, y por un ideal político. Se me puede objetar que estos últimos ven a aquellos por quienes dan la vida, pero los cristianos también creen experimentar en sus vidas, al Dios por quien renuncian a su existencia actual, esperando que los resucite, a una vida mejor que la actual, en que no exista el sufrimiento, en ninguna de sus formas.

   3-8. Si profesamos nuestra fe perseverantemente, salvaremos nuestras almas (LC. 21, 19).

   Si seremos salvados porque tenemos fe en Dios, ¿por qué quiere Jesús que pongamos en juego nuestra perseverancia? Tal como los padres que tienen a sus hijos enfermos intentan curarlos, no es posible que digamos que tenemos fe en Dios, y nos neguemos a cumplir su voluntad. Necesitamos servirnos de la perseverancia para profesar la fe que nos caracteriza, tal como necesitamos ser insistentes, para intentar conseguir, todo lo que necesitamos, y deseamos.

   3-9. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.

   3-10. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.

   4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en LC. 21, 5-19 a nuestra vida.

   Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la meditación que aparece en el apartado 3 de este trabajo.

   3-1.

   1. ¿Por qué profanaban o destruían el Templo de Jerusalén los conquistadores de los judíos?
   2. ¿Cuántas veces fue destruido y reconstruido el Templo de Jerusalén?
   3. ¿Por qué restauró y enriqueció Herodes el Grande el Templo jerosolimitano sin escatimar gastos?
   4. ¿Por qué era muy importante el Templo para los judíos?
   5. ¿Qué significaba para los hermanos de raza de Jesús la destrucción del Templo?
   6. Si Dios quiere habitar en nuestros corazones, ¿por qué se le edifican templos?
   7. ¿Quiere Dios que sus templos abunden en riquezas, mientras que muchos de sus fieles hijos se mueren de hambre?
   8. ¿Por qué la religiosidad exterior debe interiorizarse para ser auténtica?
   9. ¿Por qué necesitamos demostrar nuestra fe haciendo obras de caridad y orando?

   3-2.

   10. ¿Qué significó la destrucción del Templo de Jerusalén?
   11. ¿En qué sentido dejó de ser el Judaísmo la religión de Dios y le dio paso al Cristianismo?
   12. ¿Significa el citado hecho que Yahveh dejó de amar a los miembros de su primer pueblo?
   13. ¿En qué sentido pueden sernos útiles las crisis que vivimos?

   3-3.

   14. ¿Qué preguntas le hicieron los admiradores del Templo a Jesús?
   15. ¿Por qué no responde Jesús las preguntas que pueden satisfacer nuestra curiosidad?
   16. ¿Qué haríamos si supiéramos que Jesús concluirá su obra dentro de pocos días?

   3-4.

   17. ¿Qué haremos para aprender a vivir?
   18. ¿Cómo podemos distinguir a un líder religioso de un dirigente sectario, si para mucha gente no hay diferencia, entre una religión, y una secta?
   19. ¿Por qué no anunció Jesús la fecha del fin del mundo?
   20. ¿Por qué debe preocuparnos más la fortaleza de nuestra fe que saber cuándo concluirá Jesús de instaurar su Reino de amor y paz entre nosotros?

   3-5.

   21. ¿Qué relación hay entre las catástrofes naturales, las guerras, y el fin del mundo?
   22. ¿Por qué se llevan a cabo las guerras?
   23. ¿Creemos que el fin del mundo será catastrófico, o que nuestra tierra será transformada en el Reino de Dios, sin sufrir violencia alguna?

   3-6.

   24. ¿Por qué debemos considerar normal los cristianos el hecho de que se nos interrogue frecuentemente respecto de la conducta que observamos?
   25. ¿Qué debemos pensar los cristianos cuando se nos interrogue con respecto a creencias exclusivas nuestras?
   26. ¿Cómo nos enseña San Pedro a dar testimonio de nuestra fe? (1 PE. 3, 15-16).
   27. ¿Qué nos enseña San Pablo respecto del sufrimiento, con la intención de que lo recordemos al sentirnos perseguidos?

   3-7.

   28. ¿Por qué tenía San Lucas tantos datos referentes a la destrucción de Jerusalén y las persecuciones que se desataron contra los cristianos?
   29. ¿En qué sentido fue el anuncio de la destrucción del Templo una profecía de Jesús, si San Lucas lo escribió, diez años después, de que aconteciera el citado suceso histórico?
   30. ¿Por qué se dejan perseguir y asesinar muchos cristianos?
   31. Entendemos el hecho de que haya quienes mueran por sus familiares y amigos, o por sus ideales, pero, ¿por qué se dejan asesinar los cristianos por alguien a quien jamás han visto físicamente?

   3-8.

   32. Si seremos salvados porque tenemos fe en Dios, ¿por qué quiere Jesús que pongamos en juego nuestra perseverancia?
   33. ¿Por qué no es posible que digamos que tenemos fe en Dios, y nos neguemos a cumplir su voluntad?

   5. Lectura relacionada.

   Las dos Cartas de San Pablo a los Tesalonicenses que leeremos y meditaremos, nos enseñarán a aguardar la plena instauración del Reino de Dios entre nosotros, y a vivir disponiéndonos, a experimentar tan añorado acontecimiento.

   6. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en LC. 21, 5-19.

   Comprometámonos a convivir pacíficamente con quienes no comparten nuestra forma de pensar.

   Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.

   7. Oración personal.

   Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.

   Ejemplo de oración personal:

   Señor Jesús:

   Hazte presente en mi vida, para que no deje de disponerme a recibirte, cuando concluyas la plena instauración de tu Reino de amor y paz, en la tierra.

   8. Oración final.

   Leamos y meditemos el Salmo 23, experimentando el amor, con que Dios nos acoge, en su presencia.

   José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en

joseportilloperez@gmail.com

El Reino de Dios está entre nosotros. (Ejercicio de lectio divina del Evangelio del Domingo III del Tiempo Ordinario del Ciclo A).

   Domingo III del Tiempo Ordinario del Ciclo A.

   el Reino de Dios está entre nosotros.

   Ejercicio de lectio divina de MT. 4, 12-23.

   Lectura introductoria: JER. 23, 29.

   1. Oración inicial.

   Iniciemos este tiempo de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.

   R. Amén.

   Cuando Jesús oyó que San Juan Bautista estaba en la cárcel, se instaló en Cafarnaúm, -una importante ciudad situada a unos treinta y dos kilómetros de Nazaret-, e inició la predicación, de la plena instauración del Reino de Dios, en el mundo. Ello nos recuerda la necesidad que tenemos de descubrir que hemos nacido para llevar a cabo una misión, independientemente de que consideremos que somos creyentes en Dios. San Juan nos indica en su Evangelio (4, 3), que Jesús se distanció del Bautista para no dar la impresión de que ambos predicadores se hacían la competencia, y, cuando el hijo de Zacarías e Isabel estuvo en la cárcel, porque era necesario que él se empequeñeciera, ya que era Jesús a quien le correspondía ser aceptado como Enviado de Dios (JN. 3, 30), el Señor inició su predicación, en el territorio que en el pasado les correspondió en herencia, a las tribus de Zabulón y Neftalí.

   Oremos y meditemos sobre todo lo que podemos hacer en la vida, mientras leemos el texto de ECL. 3, 1-8.

   Pensemos si nos ha llegado la hora de cumplir nuestra misión vital, si aún no sabemos cuál es la misma, o si nos estamos disponiendo adecuadamente, para poder llevarla a cabo.

   La gran mayoría de los habitantes de Judea, -la región culta, rica y religiosa de Israel-, despreciaban a los habitantes de Cafarnaúm, porque en el pasado se mezclaron con los paganos y adoptaron sus costumbres, y aún insistían en llevar a cabo, prácticas que, para quienes los rechazaban, eran consideradas como pecaminosas. Los cristianos observamos creencias las cuales son consideradas como nuestras Verdades absolutas, pero, al analizar las creencias tanto de los miembros de una iglesia o congregación como del común de denominaciones cristianas, nos damos cuenta de que creemos en muchas verdades diferentes, y de que estamos divididos.

   ¿Son para nosotros más importantes las ideas que las personas?

   ¿Hemos aprendido a respetar a quienes no comparten nuestras creencias y a convivir con ellos?

   ¿Consideramos la diversidad de creencias existente como una acumulación de posibilidades que tenemos para aprender a conocernos y a vivir en armonía, o pensamos que la misma es un peligro que atenta contra la fe que profesamos?

   Los judíos que habitaban en tinieblas porque eran despreciados por convivir entre los gentiles, fueron iluminados por la luz del Señor. ¿Pensamos que la luz de Cristo puede iluminar a quienes no comparten nuestras creencias, y a quienes tienen un status social diferente al nuestro?

   Jesús nos dice en el Evangelio que consideraremos en este trabajo, que el Reino de los cielos, ha llegado. ¿Creemos este anuncio del Señor? ¿Cómo lo constatamos en la Iglesia de que somos miembros, en la sociedad en que vivimos, y en nuestra vida?

   ¿Hemos iniciado nuestro proceso de conversión al Señor? ¿Qué significa ello para nosotros?

   La conversión y la penitencia tienen el mismo significado, aunque solemos asociar la última con la mortificación. ¿Es para nosotros la conversión un sacrificio, o una entrega a Dios, voluntaria y generosa?

   Jesús les dijo a los hermanos Simón y Andrés que lo siguieran, para hacerlos pescadores de hombres. Ambos hermanos no tenían un conocimiento del Señor tan perfecto, como el que adquirieron, durante los años que acompañaron al mesías. Todos los cristianos somos llamados a ser pescadores de hombres. Si esperamos a tener un conocimiento del Señor perfecto antes de llevar a cabo dicho trabajo, jamás lo desempeñaremos, porque nos es imposible ser perfectos.

   Simón, Andrés, Santiago y Juan, siguieron a Jesús en el mismo instante en que el Señor los llamó. ¿Hemos adoptado el compromiso de ser seguidores de Jesús? ¿Por qué?

   Jesús recorrió las sinagogas de Galilea, predicando el Evangelio, y sanando a los enfermos. ¿Cómo predicamos los cristianos la Palabra de Dios, y ayudamos a exterminar las carencias de la humanidad?

   2. Leemos atentamente MT. 4, 12-23, intentando abarcar el mensaje que San Mateo nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.

   2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.

   2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.

   3. Meditación de MT. 4, 12-23.

   3-1. ¿Por qué escribió San Mateo que Jesús inició a predicar el Evangelio en Cafarnaúm? (MT. 4, 12-13).

   Desde el punto de vista científico, dado que San Mateo escribió su Evangelio para hacer que los judíos creyeran en Jesús, tenía que relacionar la vida, el Ministerio, la Pasión, la muerte, la Resurrección, y la glorificación del mesías, con textos del Antiguo Testamento, que sirvieran como profecías, de dichos acontecimientos. Es esta la razón por la que, la primera parte del Evangelio que estamos considerando (MT. 4, 12-17), está profetizada en IS. 8, 23-9, 2.

   ¿Por qué inició Jesús su Ministerio según San Mateo en Cafarnaúm, y no lo hizo en Nazaret, el pueblo en que creció y fue educado?

   1. Es sabido que los judíos vivían en tribus, las cuales se dividían en familias, en las que, cuanto mayor era la edad de los hombres, adquirían un mayor poder, sobre los más jóvenes, las mujeres y los niños. Si, utilizando nuestro vocabulario actual, decimos que Jesús quería ser original, tenía que distanciarse de su familia, y de su tribu. Jesús no podía elegir discípulos de entre sus familiares que fueran mayores que él o tuvieran su misma edad, pues nunca hubiera podido llegar a ser, maestro de los tales. Cuando el Hijo de María buscó seguidores entre gente extraña, es probable que sus parientes se sintieran avergonzados de Él, por no haber contado con ellos, para llevar a cabo su misión.

   2. Como Jesús era conocido en Nazaret como un simple trabajador, no podía ser aceptado como Mesías (MT. 13, 54-58), porque existía la creencia de que el Mesías debía surgir entre la realeza, y no entre los burgueses ni los trabajadores humildes.

   3. Aunque la actividad de Jesús durante los tres años que predicó el Evangelio se encaminó principalmente al pueblo judío, el Mesías también quiso darse a conocer a los paganos, cuya evangelización les correspondió a sus seguidores, después de que aconteciera su glorificación.

   4. Al predicar su mensaje en una ciudad en que convivía gente de diferentes creencias, y al hablar en el idioma de quienes viven solventando las carencias de quienes sufren por diversas causas, Jesús debió tener la esperanza de contar con más recursos de los que le proporcionarían sus hermanos de raza, dado que los fariseos no cesaban de anunciar que el sufrimiento estaba causado por los pecados de quienes padecían, para evitar que sus oyentes socorrieran a los más necesitados, y les dieran el dinero que tuvieran previsto, para socorrer a los pobres, enfermos, ancianos y desamparados. No olvidemos que esta creencia aún existe entre muchos cristianos desgraciadamente.

   3-2. La luz y las tinieblas (MT. 4, 14-16).

   Dado que existía la creencia de que el Mesías tenía que ser miembro de la alta esfera social, San Mateo vinculó a Jesús con los galileos marginados por vivir en contacto con los paganos. Cuando acaeció el incendio del Templo de Jerusalén y la derrota de la ciudad santa por parte de Roma el año setenta del siglo I, desapareció el partido de los saduceos, y los fariseos lideraron el Judaísmo. Cuando estos alcanzaron el poder, iniciaron una gran presión contra los cristianos, con el fin de dirigir la espiritualidad de todos sus hermanos de raza. San Mateo vinculó a Jesús con los socialmente marginados por cualquier circunstancia, para darles a entender que, aunque se les acusaba de sufrir por causa de sus pecados o las transgresiones de la Ley de Moisés por parte de sus antepasados, la realidad era que Dios no los había abandonado, de lo cual, la Pasión, la muerte, la Resurrección y la glorificación de Jesús, eran pruebas irrefutables.

   Los judíos que habitaban en las tinieblas de la marginación social por su contacto con los gentiles, su pobreza, o sus enfermedades, vieron una gran luz (JN. 8, 12). La luz de Jesús amaneció sobre quienes vivían bajo el influjo de la muerte, por cuanto eran considerados rechazados por dios, por causa de sus pecados, o de las transgresiones de la Ley de Israel, que llevaron a cabo, sus antepasados.

   ¿En qué sentido es significativa la luz de Jesús para nosotros?

   3-3. La conversión y la llegada del Reino de Dios al mundo (MT. 4, 17).

   3-3-1. La conversión.

   ¿Por qué habla San Mateo en su Evangelio del Reino de los Cielos, mientras que San Marcos y San Lucas, hablan en sus Evangelios, del Reino de Dios? Para responder la pregunta que nos hemos planteado, debemos volver a recordar que San Mateo era judío, y escribió su Evangelio para lectores de su raza, que no pronunciaban el Nombre de Dios, porque lo reverenciaban profundamente. La negativa de los judíos a pronunciar el Nombre divino, ha sido usada, para que los cristianos llamemos a Dios, utilizando diferentes nombres. Es esta la razón por la que unos cristianos llaman a Nuestro Padre celestial "Yahveh", y otros "jehová", sin tener en cuenta que, para que el "Tetragramaton" (YHWH) fuera pronunciable, se le añadió las letras "e", "o" y "a" de "Edonay", que se traduce como "mi Señor", de donde proviene la palabra "Jehová".

   Dado que porque no somos perfectos tenemos la posibilidad de ser mejores personas, siempre podemos fijarnos metas, con el fin de superarnos a nosotros mismos. En el caso de los cristianos, la conversión, -es decir, el fiel seguimiento de Jesús, actuando tal como lo haría el Hijo de Dios y María en nuestras circunstancias, en cuanto ello nos sea posible-, es una gran meta a alcanzar.

   ¿Debemos eliminar nuestro yo los cristianos, con el fin de asimilarnos a Jesús? Para Sigmund Freud, el ego es una instancia psíquica consciente reconocida como yo, que se encarga de la identidad personal y las relaciones mantenidas con el medio, controladora de nuestros movimientos complejos y coordinados (motilidad), y mediadora entre los instintos de la fuente inconsciente de nuestra energía psíquica, contenedora de la totalidad de los instintos reprimidos, que solo se rige por el principio del placer (el ello), y los ideales de la parte inconsciente del yo que se observa, se juzga y trata de imponerse a sí mismo, siguiendo las referencias de las demandas de un yo idealizado (el superyó), y la realidad del mundo externo. Dado que el egoísmo es un amor no moderado y excesivo hacia sí mismo, que hace atender exclusivamente los intereses personales, y descuidarse de los demás, hay cristianos que piensan que para convertirnos al Señor debemos renunciar a nuestro ego, mientras que otros piensan que, dada nuestra imperfección, solo podremos asemejarnos al Mesías, en la medida que nos sea posible, mientras aguardamos la llegada del día en que, el Señor, concluya su obra en nosotros.

   3-3-2. La llegada del Reino de Dios al mundo.

   ¿Qué es el Reino de los Cielos -o de Dios-? Dado que este trabajo será leído por cristianos de diferentes denominaciones, para unos el Reino de Dios será la Iglesia a que pertenecen, para otros será el mismo Jesús por cuanto considerarán que llamar Reino celestial a una iglesia imperfecta es pecar de soberbia, y otros considerarán que todos hemos sido llamados a formar parte de la sociedad a que pertenecemos, la cuál puede ser perfeccionada, y llegar a ser el Reino de Dios, según ayudemos a exterminar las carencias de nuestros prójimos los hombres, según las posibilidades que tengamos para llevar a cabo tan magno propósito, en cada momento de nuestra vida.

   ¿Cómo podemos poner nuestra vida al servicio del Reino de dios? Actuemos tal como lo haría Jesús si viviera nuestras circunstancias, y tuviera las oportunidades de hacer el bien que tengamos, en cuanto ello nos sea posible.

   3-4. Jesús nos invita a ser pescadores de hombres (MT. 4, 18-20).

   Jesús invitó a los hermanos Pedro y Andrés a que dejaran su negocio de pesca, para dedicarse a ser pescadores de hombres. Este no fue el primer encuentro que ambos hermanos mantuvieron con Jesús. Mientras que muchos cristianos se dedican exclusivamente a llevar a cabo la obra de Dios, la gran mayoría de quienes nos consideramos seguidores de Jesús, podemos emplear parte de nuestro tiempo, energía y medios, para ser pescadores de hombres. No somos invitados a pescar y a alimentarnos de nuestras víctimas, sino a pescar peces vivos con la red figurativa de la Iglesia para darles una vida mejor, así pues, recordemos que, para los católicos, la Iglesia a que pertenecen, es conocida, como la barca de San Pedro.

   3-5. Jesús nos invita a seguirlo cuando nos ocupamos en nuestras actividades ordinarias (MT. 4, 21-22).

   Santiago y Juan estaban reparando las redes de la barca en que trabajaban con su padre, cuando recibieron la invitación de Jesús a seguirlo. Tal como anteriormente lo hicieron Simón Pedro y Andrés, Santiago y Juan siguieron a Jesús instantáneamente, sin intentar excusarse. Mientras que los intérpretes bíblicos se debaten entre la posibilidad de que dichos pescadores se hicieran discípulos de Jesús gradualmente, y el hecho de que quizás siguieron al Mesías como si hubieran sido llamados al apostolado en la ocasión que estamos recordando, pensemos en cómo es nuestro seguimiento de Jesús, y si queremos y podemos mejorar la calidad de las actividades que realizamos en la viña del Señor, y la calidez de nuestras relaciones, con creyentes y no creyentes.

   3-6. ¿Qué decía y hacía Jesús para ganar almas para el cielo? (MT. 4, 23).

   Jesús predicaba el Evangelio, enseñaba la Palabra de Dios, y sanaba las enfermedades físicas y psíquicas. Aunque estos fueron los aspectos más notables del Ministerio público del Señor, no debemos olvidar que acostumbraba ayudar a los pobres (JN. 13, 29).

   ¿Cómo continuamos los cristianos la realización de la obra de Jesús?

   ¿En qué aspectos podemos mejorar el trabajo que llevamos a cabo en la viña del Señor?

   3-7. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.

   3-8. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.

   4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en MT. 4, 12-23 a nuestra vida.

   Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.

   3-1.

   1. ¿Por qué relacionó San Mateo la primera parte del Evangelio que hemos considerado con el texto de IS. 8, 23-9, 2?
   2. ¿Por qué inició Jesús su Ministerio según San Mateo en Cafarnaúm, y no lo hizo en Nazaret, el pueblo en que creció y fue educado?
   3. ¿Por qué se vio Jesús obligado a distanciarse de los miembros de su tribu y de su familia para escoger a sus futuros Apóstoles?
   4. ¿Por qué es probable que bastantes familiares de Jesús se sintieran avergonzados del Señor?
   5. ¿Por qué tuvo Jesús problemas para ser aceptado como Mesías en Israel, los cuales se hicieron más notables en Nazaret?
   6. ¿Por qué promovían los fariseos el pensamiento de que el sufrimiento era consecuente de los pecados personales y de las transgresiones de la Ley de los antepasados?
   7. ¿Son nuestros problemas causas de nuestra condición pecadora? ¿Por qué?
   8. ¿Piensas que los cristianos discapacitados deben predicar en las iglesias, o deben permanecer entre los asistentes a las celebraciones cultuales, para que nadie de entre los tales piense que los líderes religiosos y sus colaboradores abusan de los tales?

   3-2.

   9. ¿Por qué vinculó San Mateo a Jesús con los galileos socialmente marginados por los habitantes de Judea porque vivían en contacto con los paganos?
   10. ¿Qué les sucedió a los fariseos cuando se extinguió el partido de los grandes terratenientes?
   11. ¿Qué les hicieron los fariseos a los cristianos cuando se sintieron poderosos? ¿Por qué?
   12. ¿Por qué han existido muchos cristianos antisemitas a lo largo de los últimos veinte siglos?
   13. ¿De qué era una prueba irrefutable para los marginados de Israel la Pasión, la muerte, la Resurrección y la glorificación de Jesús?
   14. ¿En qué sentido es significativa la luz de Jesús para nosotros?

   3-3.

   3-3-1.

   15. ¿Por qué habla San Mateo en su Evangelio del Reino de los Cielos, mientras que San Marcos y San Lucas, hablan en sus Evangelios, del Reino de Dios?
   16. ¿Por qué no pronunciaban los judíos el Nombre de dios?
   17. ¿Qué hemos hecho los cristianos con la negativa de los judíos a pronunciar el Nombre divino?
   18. ¿Cuál es el verdadero Nombre de Dios?
   19. ¿Cuáles son los Nombres de Dios más utilizados en la biblia?
   20. ¿Por qué podemos fijarnos metas con el fin de superarnos a nosotros mismos?
   21. ¿Qué es para los cristianos la conversión?
   22. ¿Debemos eliminar nuestro yo los cristianos, con el fin de asimilarnos a Jesús?
   23. ¿Puedes definir lo que es el ego, la motilidad, el ello y el superyó, según Sigmund Freud?
   24. ¿Por qué piensan muchos cristianos que para convertirnos al Señor debemos renunciar a nuestro ego?
   25. ¿Por qué no podemos asemejarnos al Mesías en la actualidad?
   26. ¿Cuándo podremos ser como Jesús?

   3-3-2.

   27. ¿Qué es el Reino de los Cielos -o de Dios-?
   28. ¿Es la Iglesia a que pertenecemos el Reino de dios? ¿Por qué?
   29. ¿Por qué se dice entre los católicos que la Iglesia a que pertenecen es germen del Reino de Dios? (CIC. n. 541).
   30. ¿Por qué piensan muchos cristianos que el Reino de Dios es la Persona de Jesús?
   31. ¿Cómo puede la tierra llegar a ser el Reino de Dios?
   32. ¿Cómo podemos poner nuestra vida al servicio del Reino de Dios?

   3-4.

   33. ¿Por qué invitó Jesús a Simón Pedro y a su hermano Andrés a ser pescadores de hombres?
   34. ¿Por qué dejaron ambos hermanos su trabajo y se separaron de sus familiares para seguir a Jesús?
   35. ¿Por qué hemos sido llamados a pescar hombres vivos por Jesús?
   36. ¿Cuál es el simbolismo de la red y de la barca de San Pedro?

   3-5.

   36. ¿Qué estaban haciendo los hijos de Zebedeo cuando Jesús los invitó a seguirlo?
   37. ¿Cómo seguimos a Jesús?
   38. ¿Podemos mejorar la calidad del trabajo que llevamos a cabo en la viña del Señor, y la calidez de las relaciones que mantenemos, con creyentes y no creyentes?

   3-6.

   39. ¿Por qué predicaba Jesús el Evangelio, enseñaba la Palabra de dios, y sanaba las enfermedades físicas y psíquicas?
   40. ¿Cómo continuamos los cristianos la realización de la obra de Jesús?
   41. ¿En qué aspectos podemos mejorar el trabajo que llevamos a cabo en la viña del Señor?

   7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en MT. 4, 12-23.

   Comprometámonos a orar por la unidad de los cristianos, no solo en esta semana en que oramos especialmente por tal motivo, sino, durante todo el año.

   Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.

   8. Oración personal.

   Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.

   Ejemplo de oración personal:

   Señor Jesús:

   Porque eres la luz del mundo que exterminas nuestras tinieblas cuando te confiamos nuestra vida, ilumínanos para que te conozcamos, practiquemos tus enseñanzas, y conozcamos el arte de la oración.

   Porque el Reino de Dios está entre nosotros (LC. 17, 21), haznos miembros del mismo, para que seamos dignos de vivir, en la presencia de Nuestro Padre común.

   Gracias por oír nuestras oraciones, y concedernos lo que te pedimos, cuando nos disponemos a ser, tus fieles hermanos.

   9. Oración final.

   Leamos y meditemos el Salmo 19, glorificando al Dios Uno y Trino.

   José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en

joseportilloperez@gmail.com

Jesús, la luz del mundo, nos pide que le permitamos abrirnos los ojos de la fe. (Ejercicio de lectio divina del Evangelio del Domingo IV de Cuaresma del Ciclo A).

   Domingo IV de Cuaresma del Ciclo A.

   Jesús, la luz del mundo, nos pide que le permitamos abrirnos los ojos de la fe.

   Ejercicio de lectio divina de JN. 9, 1-41.

   Lectura introductoria: EF. 5, 8.

   1. Oración inicial.

   Iniciemos este encuentro de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y, del Espíritu Santo.

   R. Amén.

   en el Evangelio que meditamos el presente Domingo IV de Cuaresma del Ciclo A, Jesús se encuentra con un ciego de nacimiento. Dado que hasta muchos de los que decimos que somos cristianos no siempre actuamos como seguidores de Jesús, podemos equipararnos al citado ciego, quien vivía para pedir limosna, y resignado a vivir aislado, en un camino lleno de viandantes. También nosotros vivimos sumidos en una rutina acorde a nuestra condición actual de trabajadores o desempleados, jubilados y/o enfermos, y, cuando Jesús nos llama a ser sus seguidores, sentimos que nos saca de las tinieblas de la carencia de fe, para conducirnos a su Reino de amor y luz.

   Si el Domingo III de Cuaresma del Ciclo A Jesús nos dio a conocer el don de Dios y el agua viva (JN. 4, 10 y 14), en esta ocasión, el Señor nos iluminará con su luz, para que comprendamos que su visión respecto de lo que acontece en el mundo, es diferente a nuestros puntos de vista. A modo de ejemplo, mientras que los discípulos del Mesías deseaban saber quién tenía la culpa de que aquél mendigo estuviera ciego, a Jesús, más que buscar culpàs y examinar a posibles culpables, le interesaba lograr que aquel ciego fuera un creyente más de la futura Iglesia naciente. Así como el Señor nos enseñó a rechazar la violencia y a amar a los violentos para que se dejen influir por Él (MT. 5, 39), no nos corresponde a nosotros discriminar a nadie por ninguna causa (MT. 7, 1-2).

   Jesús les dijo a sus discípulos que el mendigo no estaba ciego por causa de sus pecados ni de las transgresiones en el cumplimiento de la Ley por parte de sus antepasados, sino que Dios lo eligió para manifestar en él el poder de sus obras. Como buenos moralistas, los judíos creían que la existencia de las enfermedades era justificada por los pecados de quienes las padecían o de los antepasados de los tales, pero Jesús les aportó a sus discípulos una nueva enseñanza referente a este tema, ya que el Señor, aunque desprecia el mal en todas las formas que se manifiesta, ama a los hombres incondicionalmente.

   ¿Qué creemos en la actualidad respecto del origen de las enfermedades? Los predicadores del Evangelio podemos tener la tentación de hacerles creer a los enfermos que Dios tiene predestinado un día para sanarlos, pero ello es un error, en el sentido de que se nos puede hacer la siguiente pregunta: Si Dios es Todopoderoso y desprecia el mal, ¿cómo es posible que no sane instantáneamente a quienes padecen enfermedades? Aunque podemos responder la citada pregunta afirmando que podemos obtener lecciones muy valiosas de las diversas enfermedades que padecemos, nada podemos decir para justificar el dolor de quienes sufren enfermedades graves, lo cual significa que, aun teniendo la pretensión de justificar a Dios por no restablecernos la salud inmediatamente a los enfermos, lo dejamos como al peor de los tiranos, pues, aunque tiene el poder necesario para socorrernos, nos vuelve la espalda.

   Los prodigios que hizo Jesús para sanar a los enfermos, requería de los tales el deseo de obtener la curación, pero, dado que el ciego del Evangelio que estamos considerando no sabía lo que era poder ver, el Señor hizo una excepción con él, y le untó lodo en los ojos, añadiéndole más oscuridad a su oscuridad. A partir de aquél momento, si el ciego quería ver, no tenía nada más que hacer, que obedecer la instrucción que le dio Jesús, de lavarse los ojos en la piscina de Siloé.

   ¿Qué hacemos nosotros cuando creemos que la manera de actuar de Dios respecto de nuestro dolor le aporta más oscuridad a nuestras tinieblas?

   Así como los vecinos del que fue ciego se hicieron muchas preguntas cuando el mendigo pudo ver, quienes hemos empezado a actuar como cristianos a partir de los años de la adolescencia o de la edad adulta, si hemos seguido a Jesús fielmente, nos hemos percatado de que nuestros familiares, amigos y compañeros de trabajo, también se han interrogado con respecto a nuestra nueva manera de pensar y actuar. Recuerdo que el instructor de un curso de Marketing en el que participé hace años, nos dijo a mis compañeros y a mí: "Lo difícil para vosotros no es atraer clientes, sino mantenerlos." De igual manera, lo difícil para nosotros no es tomar la decisión de ser seguidores de Jesús en unos ejercicios espirituales, sino actuar como tales todos los días de nuestras vidas, y aún esta dificultad se agraba más, cuando vivimos circunstancias que consideramos adversas, en las que no sentimos cómo se nos manifiesta Dios.

   El Espíritu Santo es el don de Dios y Jesús es el surtidor de agua capaz de saciar nuestra sed de amor y justicia (JN. 4, 10 y 14), pero, según somos saciados, se espera de nosotros que vivamos como seguidores de Jesús, lo cual, según nuestra apertura mental y la manera que tengamos de afrontar las dificultades que vivamos, puede atraernos grandes satisfacciones, y no menos grandes dificultades.

   Oremos:

   Los Evangelios dominicales del tiempo de Cuaresma del Ciclo A de la Liturgia de la Iglesia Católica, nos hacen reflexionar sobre el proceso de nuestra conversión al Evangelio. El Domingo I del presente tiempo litúrgico (MT. 4, 1-11), Jesús nos enseñó a valorar el artruismo frente al deseo de poder y el afán de riquezas. La autoridad es útil cuando se ejerce en beneficio de los subordinados, y el deseo desmedido de riquezas se debilita por medio del ejercicio de la generosidad. ¿Qué ganaremos al impedir que nos cieguen los deseos de alcanzar poder, riquezas y prestigio? Este es el precio que tenemos que pagar, si realmente deseamo ser transfigurados y configurados a imagen y semejanza de Jesús, según recordamos este hecho el Domingo II de Cuaresma (MT. 17, 1-9).

   El Domingo III de Cuaresma empezamos a considerar los Evangelios cuya meditación nos ayuda a disponernos a recibir el Bautismo, la Confirmación y la Penitencia (JN. 4, 5-42). Los antiguos cristianos se disponían a ser martirizados pensando que ese era el precio que pagaban para concluir su asimilación a Jesús. Es por eso que el Domingo anterior Jesús se nos dio a conocer como surtidor de agua bautismal que nos hace alcanzar la vida eterna (JN. 4, 14), hoy se nos da a conocer como luz del mundo (JN. 9, 1-41), y el próximo Domingo se nos dará a conocer como Resurrección de los muertos (JN. 11, 1-45).

   Según las perícopas evangélicas citadas, se nos insta a considerar el hecho de alcanzar la meta de pensar, sentir, amar y actuar, como lo hacía Jesús, y como lo haría el Hijo de Dios y María, si viviera nuestras circunstancias vitales. Para que ello nos sea posible, se nos invita a vislumbrar nuestras vidas y los acaeceres de la humanidad, desde el punto de vista de Jesús. En nuestro tiempo, el hecho de que renunciemos a nuestra manera de pensar es una barbaridad para los occidentales, pero para los antiguos cristianos era un gran logro el hecho de renunciar a su manera de pensar y proceder, con tal de adoptar la manera de pensar, sentir, amar y actuar de Jesús. Nos será útil tener este hecho en cuenta, con el fin de poder comprender los tres textos evangélicos correspondientes a los Domingos III, IV y V del tiempo de Cuaresma del Ciclo A, los cuales no han de ser interpretados partiendo de nuestra óptica, sino desde el punto de vista de San Juan, -el autor de los mismos-, y de sus lectores inmediatos.

   A la luz que nos aporta la consideración de los citados textos evangélicos, examinemos nuestra conversión al Evangelio de salvación, hablando con el Espíritu Santo, quien nos ayudará a terminar fortalecidos, el camino que nos conducirá, a la Pascua de Resurrección.

   2. Leemos atentamente JN. 9, 1-41, intentando abarcar el mensaje que San Juan nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.

   2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.

   2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.

   3. Meditación de JN. 9, 1-41.

   3-1. Jesús vio al pasar un ciego de nacimiento (JN. 9, 1).

   Contemplemos a Jesús rodeado de creyentes y curiosos que estaban atentos a sus palabras y a sus obras. El Señor no se centraba exclusivamente en quienes le rodeaban, pues se percató de la presencia del ciego, cuya misión en la vida consistía en pedir limosna para poder subsistir. San Lucas nos habla en su Evangelio del rico banqueteador (epulón), quien hizo de sus días una acumulación de celebraciones, y no se quiso interesar en ayudarle al pobre Lázaro, cuyas heridas eran lamidas por perros salvajes (LC. 16, 19-21). Si Lázaro mendigaba a la puerta del rico las miajas de pan que epulón utilizaba como servilletas para limpiarse las manos, ¿es creíble que el banqueteador ignorara la dramática situación del pobre? Quizás muchos de nosotros también ignoramos a muchos pobres, presos y enfermos que hay en nuestro ambiente, aunque no los vemos porque vivimos encerrados en nuestra rutina. Jesús nos insta a que seamos observadores, con el fin de que podamos ayudar a tales almas sufrientes, en conformidad con nuestras siempre escasas y al mismo tiempo benditas posibilidades.

   3-2. ¿Contradice la existencia del mal la existencia de Dios? (JN. 9, 2-3).

   Querer interpretar la Biblia como si hubiera sido escrita partiendo de nuestra mentalidad occidental, se reduce a polemizar para perder el tiempo. Si la biblioteca contenedora de la Palabra de Dios fue escrita partiendo de la mentalidad de los judíos, quienes no adoptaron concepciones filosóficas hasta el siglo XV de la era cristiana, la Biblia ha de ser interpretada partiendo de la antigua cultura de los tales. ¿Cómo podemos interpretar el polémico texto de ROM. 5, 12? Aunque en la actualidad pensamos que cada cual ha de ser juzgado en atención a su manera de proceder y lo que hagan los demás no ha de asegurarle la salvación ni perjudicarle respecto de la consecución de la misma, los hermanos de raza de Jesús pensaban que, por ser miembros del pueblo de Dios, las buenas obras de un sólo hombre tenían que beneficiarlos a todos, y los pecados de un sólo hombre tenían que influir negativamente en todos, porque consideraban, al contrario que lo hacemos algunos cristianos, que Dios antepone su justicia a su amor. Esta explicación nos hace comprender la razón por la que Dios mandaba en el Antiguo Testamento matar sin escrúpulos, y por qué Él mismo llevaba a cabo grandes matanzas, en ocasiones, hasta contra los hijos de su pueblo, simplemente, porque le desobedecían. El concepto del Dios egoísta que condiciona el amor que les manifiesta a sus fieles al cumplimiento de sus deseos por parte de los tales, también ha sido -y sigue siendo- utilizado por muchos líderes religiosos cristianos.

   ¿Cómo se justifica a Dios por haber salbado a Jesús de la matanza de los Santos Inocentes de Belén, y haber obviado la vida de los pequeños cuyas cabezas fueron cortadas sin compasión por una centuria de soldados de Herodes?? (MT. 2, 16). Para nosotros, el hecho de que Dios permitiera el sacrificio de tales niños pequeños constituye una gran crueldad, pero para los antiguos cristianos, quienes fueron lectores inmediatos del Evangelio de San Mateo, el hecho de imitar a los pequeñines de Belén, muriendo por Jesús si tenían que ser martirizados, era un gran honor. Los primeros cristianos no se plantearon el hecho de que Dios hubiera podido salvar a los pequeñines de Belén haciendo un insignificante esfuerzo, como pensamos que podría haberlo hecho en la actualidad.

   ¿Qué pensaba Jesús respecto del mal? Mientras que los judíos creían que quienes sufrían eran castigados por sus pecados o por las transgresiones en el cumplimiento de su Ley de los antepasados de los tales, Jesús no compartió tal punto de vista. En el Evangelio de hoy, vemos que Jesús afirma que las enfermedades no son enviadas por Dios, ni son queridas por Nuestro Padre común, ni son castigos consecuentes de los pecados de nadie, pues se reducen a oportunidades de que Dios demuestre el poder que tiene para curarlas, y el amor con que acoge a sus hijos. En una ocasión en que Pilato les hizo sacrificios humanos a sus dioses y se derrumbó una torre aplastando a dieciocho personas (LC. 13, 1-5), Jesús aclaró que tales hechos no fueron enviados por Dios ni fueron causados por los pecados de nadie, y dijo que todos estamos expuestos a sufrir accidentes y a vivir situaciones dramáticas y catastróficas. Jesús no explicó cuál es el origen del mal, pero dejó muy claro que Dios no es la causa originaria del mismo, porque Él es amor (1 JN. 4, 16), y no quiere herir a sus hijos.

   La frase referente a los pajaritos que no mueren sin que Dios lo permita de MT. 10, 29, es una incorrecta traducción bíblica que provoca un gran malentendido, ya que el texto original afirma que ningún pajarito cae sin que Dios lo acompañe, indicando que Nuestro Padre común no nos evita el sufrimiento por cuanto nos es útil si lo afrontamos correctamente y con fe en Él, y que nos acompaña en todas nuestras circunstancias vitales.

   ¿Qué pensamos los cristianos respecto del mal? Ya que es difícil encontrar una denominación cristiana en la que no haya líderes religiosos que no utilicen la imagen del Dios caprichoso, egoísta y sin escrúpulos del Antiguo Testamento para ganar poder infundiéndoles miedo a sus seguidores, y la mayoría de cristianos desconocen la biblia, entre nosotros está más presente la imagen del Dios sin escrúpulos del Antiguo Testamento, que la imagen del Padre misericordioso predicado por Jesús, quien cuando le dijo al Padre en el huerto de los Olivos que se hiciera su voluntad y no la suya (LC. 22, 42), no se disponía a ser derrotado definitivamente por la muerte, sino a morir para resucitar, para demostrarnos el amor de Nuestro Padre celestial.

   En la biblia se vincula el origen del mal con el pecado de Adán y Eva, cuya desobediencia a Dios los privó de sus dones preternaturales, cosa que también nos ha afectado a sus descendientes, pues, como recordamos anteriormente, para los judíos, el bien que haga un miembro de su pueblo, y el mal que haga otro, han de afectarlos a todos, positiva o negativamente. Anteriormente al tiempo de la cautividad babilónica, los judíos creían que Dios los premiaba al cumplir su Ley, proveyéndolos de todo lo que necesitaban, así pues, cuanto mejor era su posición social, se creían más beneficiados por Yahveh y, cuanto más pobres eran o sufrían por otras causas, creían que eran castigados por la Divinidad. A partir del citado tiempo de la cautividad, cuando los judíos empezaron a pensar en la posibilidad de alcanzar la plenitud de la dicha más allá de esta vida, empezaron a asociar la superación del mal con la dicha eterna, cosa que les concedía a los desposeídos de Israel la posibilidad de empezar a sentirse amparados por Yahveh. Esta creencia aún no era plenamente aceptada cuando nació Jesús, lo cuál sirvió para que el Mesías se rodeara de pastores el mismo día de su Natividad (LC. 2, 8-20). Dado que las dos creencias estaban en vigor en Israel, había legalistas que valoraban a las personas en atención a su cumplimiento de la Ley y a su posición en la alta sociedad que supuestamente les era concedida por Dios como premio por cumplir su voluntad, y rechazaban a quienes pertenecían a la clase baja considerándoles pecadores reprobados por Dios, y Profetas que pensaban que Yahveh es el Dios de los desposeídos de la tierra.

   Si Dios tiene poder para sanarnos a los enfermos, ¿por qué no nos restablece la salud apenas enfermamos, o no nos evita las enfermedades? Aunque el dolor nos aporta enseñanzas útiles, no encontramos otra respuesta que justifique el hecho de por qué Dios deja que pase el tiempo, sin exterminar el padecimiento de la humanidad, y, como dije anteriormente, cuanto se diga al respecto, hará que muchos crean que Nuestro Padre común es un tirano. A pesar de ello, no nos preguntemos por qué enfermamos porque eso no podremos saberlo hasta que Dios nos lo diga personalmente al final de los tiempos, pero preguntémonos para qué enfermamos, para aprender grandes lecciones de la vivencia de nuestras enfermedades.

   3-3. Hagamos las obras de Jesús (JN. 9, 4).

   En la simbología del texto evangélico que estamos considerando, el día es el tiempo en que Jesús está con nosotros, y la noche es el tiempo en que nuestra fe es probada por las dificultades que nos caracterizan. Cuando nuestra fe es fuerte y estable, podemos laborar en la viña del Señor, pero, cuando se nos debilita, no podemos actuar como los discípulos de Jesús que Dios desea que lleguemos a ser, desde la eternidad.

   ¿Cuáles son las obras que hizo Jesús en su tiempo que el Señor desea que sigamos llevando a cabo? Tales obras mesiánicas, son las siguientes:

   1. Alimentar a los hambrientos.

   2. Dar de beber a los sedientos.

   3. Acoger a los forasteros.

   4. Vestir a los carentes de ropa.

   5. Visitar a los enfermos.

   6. Visitar a los presos (MT. 25, 35-36).

   Las citadas obras de misericordia sólo son ejemplos de lo que podemos hacer con quienes tienen carencias espirituales y materiales, así pues, no es posible citar aquí todas las obras benéficas que podemos llevar a cabo, para ayudar a quienes nos necesitan.

   3-4. Jesús es la luz del mundo, porque está en el mundo (JN. 9, 5).

   Antes de redimir a la humanidad, Jesús estaba con sus discípulos, y llegó a ser para los tales la luz del mundo. Después de que aconteciera su Resurrección de entre los muertos, Jesús siguió siendo la luz del mundo para quienes llegaron a ser sus Apóstoles, y, después de que aconteciera la Ascensión de Cristo Resucitado al cielo, el Señor sigue siendo la luz del mundo, para quienes lo buscamos en la biblia, en los documentos de la Iglesia -o la Congregación- a la que pertenecemos, y en los elocuentes discursos de sus predicadores, y las bondadosas obras de quienes laboran en la viña del Señor, haciendo el bien constantemente.

   3-5. Jesús untó con lodo los ojos del ciego (JN. 9, 6).

   Porque nadie valora aquello de lo que carece y no sabe lo que significa, a pesar de que Jesús exigía la manifestación de la voluntad de quienes querían ser receptores de sus prodigios, hizo una excepción con el ciego, quien no sabía lo que significaba ver la luz, y le untó lodo en los ojos, que hizo con tierra y su saliva. Aunque lo que os voy a decir a los occidentales nos parece absurdo,Jesús cometió un grave pecado según los fariseos, pues, al mezclar su saliva con tierra para iniciar la curación del ciego, hizo barro como si se dispusiera a hacer ladrillos, lo cual no estaba permitido en Sábado.

   Los judíos creían que la saliva era un remedio curativo de la vista y de otras enfermedades, y también era transmisora de la propia energía vital. El barro estaba recomendado para curar tumores y la inflamación de los ojos. Al untar su barro en los ojos del ciego, Jesús recordó la vivificación del hombre por parte del Espíritu Santo (GN. 2, 7), y le presentó al ciego la imagen del nuevo hombre redimido, que los cristianos deseamos llegar a ser.

   3-6. El estanque de Siloé (JN. 9, 7).

   Aunque Jesús tomó la iniciativa a la hora de iniciar la curación del ciego, quiso saber si el mismo deseaba ver. Si el ciego quería ver, sólo tenía que labarse los ojos en el estanque de Siloé, no porque las aguas del mismo eran milagrosas, sino porque esa fue la prueba que el Señor le impuso, para que le demostrara si realmente deseaba poder ver.

   San Juan es el Evangelista de las ironías. Así como el paralítico que aparece al principio de JN. 5 no pudo obtener por sí mismo la curación en la piscina de la Ley, y pudo caminar gracias al Mesías, el ciego tenía que ser curado en la piscina de el Enviado. La religiosidad basada en el constante cumplimiento de normas nos amarga el alma, pero la fe en el amor que Dios nos manifiesta, nos hace libres de nuestras cadenas, y nos concede la salvación.

   Apenas el ciego se lavó los ojos, empezó a ver, y también empezó a tener problemas, tal como nos ha sucedido a muchos, a partir del momento en que nos hemos manifestado ante nuestros conocidos, como discípulos de Jesús.

   La curación del ciego en la piscina de Siloé es semejante al Bautismo, aunque se diferencia del citado Sacramento, en que el ciego fue curado sin tener fe en Jesús.

   3-7. La reacción de los conocidos del que dejó de ser ciego por su visión del citado hecho (JN. 9, 8-12).

   Para sorpresa del que dejó de ser ciego, mientras disfrutaba del descubrimiento que supuso para él ver el mundo exterior, sus vecinos se mostraron escépticos ante el prodigio que Jesús realizó en el antiguo enfermo, así pues, apenas lo vieron caminar con gran soltura, empezaron a preguntarse: ¿No es éste el ciego que tantos años llevamos viendo pidiendo limosna? Mientras que los citados personajes pensaban si el antiguo ciego era el mendigo a quien ellos conocían u otro personaje que se parecía a él como si ambos fueran jemelos, el antiguo enfermo se esforzaba en dar a conocer el prodigio que Jesús llevó a cabo en su favor. Sus vecinos le preguntaron cómo pudo ver, y él respondió que veía gracias a Jesús. Los judíos querían ver al Señor, pero el nuevo Mesías desapareció de aquel escenario discretamente, para evitar promocionarse como milagrero.

   Muchos nuevos conversos hemos vivido una situación similar a la del antiguo ciego, en el sentido de que se nos ha interrogado hasta la extenuación sobre nuestra nueva forma de pensar, sentir, amar y actuar.

   3-8. La confusión de los fariseos (JN. 9, 13-16).

   Dado que los fariseos eran enemigos jurados de Jesús porque el Señor no hizo coincidir plenamente su doctrina con la de los miembros de la citada escuela de pensamiento, se aprovecharon del hecho de que el Mesías hizo el citado prodigio en Sábado, para tener una excusa más por la que condenarlo a muerte. Independientemente de que Jesús hiciera el lodo con que inició la curación del ciego para recordarles a sus enemigos que no tenía la intención de cesar en el cumplimiento de la voluntad divina, los fariseos vieron este hecho como una provocación, a la que se prepararon a responderle, en primer lugar, intentando que el ex ciego les dijera que nunca había sido invidente por lo que había engañado a sus convecinos, y que Jesús le dio dinero para que le permitiera usarlo para llevar a cabo un prodigio falso.

   Mientras que la creencia del ciego en Jesús se iba fortaleciendo, los fariseos disentían entre ellos, unos pensando que Jesús no procedía de Dios por incumplir su precepto de curar en sábado, y otros no sabían cómo un pecador pudo curar a un ciego. Es triste el hecho de que gente incauta deposite su fe en personajes que sólo piensan en ser cada día más poderosos, ricos y prestigiosos, a costa de aplastar a quien sea, con tal de alcanzar su ambicionada meta.

   3-9. La fe del ex ciego se fortaleció, a pesar de la presión que los fariseos ejercieron contra él, para que hablara mal de Jesús (JN. 9, 17).

   Mientras que los fariseos no sabían cómo acabar con el Ministerio público de Jesús y tenían que conseguir que el ex ciego desprestigiara al nuevo Mesías, el recién curado se atrevió a afirmar que el Hijo de Dios y María es un Profeta, con gran seguridad. ¿Tenemos nosotros esa seguridad cuando tenemos la oportunidad de dar esperanza de la fe que profesamos? (1 PE. 3, 15).

   3-10. Los padres del ex ciego (JN. 9, 18-23).

   Los judíos tenían que demostrar como diera lugar que el ex ciego fingió su enfermedad a fin de que Jesús llevara a cabo el falso prodigio de su curación. Los padres del recién sanado les dijeron que efectivamente su hijo había sido ciego, pero que no sabían cómo había empezado a ver, ni quién había hecho semejante prodigio tan inesperado. ¿Por qué se expresaron los padres del ex ciego en esos términos? Los fariseos habían tomado la decisión de expulsar de la Sinagoga a todos los que aceptaran a Jesús como Cristo -o Mesías-, lo cual tenía serias consecuencias. Los padres del ciego podrían haber recibido el castigo de estar entre una semana y un mes sin participar en la oración común. Otra de las excomuniones temporales, consistía en obligar a los expulsados de la Sinagoga a vestirse de luto durante un mes, sentarse en el suelo, dejarse crecer el cabello y la barba, privarse de baños y ungüentos, y no asistir a la oración común. La tercera expulsión era de carácter indefinido, y el pueblo tenía prohibido dirigirles la palabra a los excomulgados, a quienes se les podía confiscar todos sus bienes, e incluso se les podía desterrar del país. Bajo esta perspectiva, comprendemos la tibieza de los padres del ex ciego, que no apoyaron a su hijo, e hicieron un gran esfuerzo para no hablar contra Jesús, arriesgándose a sufrir, con mucha suerte, la primera o la segunda expulsión de la Sinagoga anteriormente citadas, lo cual los hubiera deshonrado de por vida ante su pueblo. A pesar de lo dicho, Jesús no se les hizo el encontradizo a los padres del ex ciego como lo hizo con el hijo de los tales, por causa de la tibieza que manifestaron ante los fariseos. ¿Comprendemos por qué para los padres del ex ciego era más importante conservar su status que la curación de su hijo ciego? Este hecho me recuerda a los gerasenos que aparecen en MC. 5, 1-20, a quienes les importaron más los cerdos que los demonios arrojaron al mar, que la liberación de su convecino de las garras de los espíritus malignos.

   3-11. Los fariseos siguieron acosando al ex ciego para lograr su propósito de desenmascarar a Jesús (JN. 9, 24-27).

   No era la primera vez que el ex ciego escuchaba las mismas preguntas de los fariseos, pero él, aunque no conocía a Jesús, sabía que el Señor lo curó, y que gracias a ello, llevó a cabo una gran transformación en su vida, que deseaba narrarles a todos sus conocidos.

   Aunque no nos sepamos la Biblia de memoria para lograr ser predicadores intachables, podemos hablarles de Cristo a quienes estén dispuestos a escucharnos, dando testimonio de la fe que profesamos. Si les decimos a nuestros oyentes cómo Dios ha cambiado nuestras vidas, muchos de los tales desearán abrazar la fe que profesamos.

   3-12. El ex ciego fue expulsado de la Sinagoga (JN. 9, 28-34).

   La fe del recién convertido fue probada con gran dureza por los fariseos, quienes lo acosaron y terminaron expulsándolo de la Sinagoga. Los cristianos podemos estar expuestos a tener muchos problemas por seguir a Jesús, e incluso podemos perder relaciones, propiedades e incluso la vida, pero la vida eterna de gracia que Jesús nos da, nadie nos la puede arrebatar.

   Los fariseos, a pesar de su gran formación religiosa, desconocían el origen de Jesús, pero el ex ciego sabía que el Mesías lo había curado. El hombre carente de formación religiosa porque vivió para mendigar para subsistir, mostró una fe superior a la de aquellos intérpretes de la Ley sedientos de poder, riquezas y prestigio. La instrucción religiosa es muy importante para quienes desean tener fe en Dios, pero, la fe y la formación, no siempre están relacionadas.

   Para los fariseos, Jesús era pecador, porque no se amoldaba al cumplimiento de su voluntad, pero, para el ciego, ¿cómo era posible que Jesús pudiera hacer semejante prodigio, siendo enemigo de Dios? Con respecto a nosotros, si nuestra fe además de ser intelectualizada fuera práctica, tendríamos una creencia en Dios tan grande como la manifestada por el ex ciego, al final del presente Evangelio.

   3-13. ¿Creemos en el Hijo del hombre? (JN. 9, 35-38).

   Jesús, por llevar años bajo la presión que ejercían sobre Él las autoridades religioso-políticas, quienes en lugar de amenazarlo con excomulgarlo, se disponían a quitarle la vida, sabía lo que sentía el recién curado al haber sido excomulgado injustamente de la Sinagoga, y se le hizo el encontradizo para consolarlo, y, si le era posible, unirlo a su comunidad de fe.

   Oremos y trabajemos para emular a Jesús, a la hora de hacernos los encontradizos con quienes sufren por cualquier motivo, con el fin de poder ayudarlos, en conformidad con nuestras siempre escasas y benditas posibilidades.

   Cuando el ex ciego aceptó a Jesús como Mesías, además de haber recuperado la vista física, alcanzó la visión espiritual de Jesús.

   3-14. El juicio de Jesús sobre el mundo que rechaza al Hijo del hombre y a sus hermanos en la fe (JN. 9, 39-41).

   Jesús vino al mundo para hacer que los que no ven a Dios lo vean, y para ver cómo quienes desean manipular a Yahveh para obligarlo a hacer su voluntad, no dejan de ser ciegos espirituales. El pecado de los fariseos consistió en no reconocer al Mesías de Dios. Ello no es pecado para los carentes de instrucción religiosa, pero es el pecado de la ignorancia voluntaria, para quienes conocen la voluntad de Nuestro Padre común.

   3-15. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.

   3-16. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.

   4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en JN. 9, 1-41 a nuestras vidas.

   Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.

   3-1.

   1. ¿Por qué no ignoró Jesús al ciego de nacimiento centrándose exclusivamente en los creyentes y en los curiosos que lo rodeaban?
   2. ¿Cuál era la misión vital del ciego de nacimiento?
   3. ¿Por qué no es creíble el hecho de que el rico epulón ignorara la dramática situación del pobre Lázaro?
   4. ¿Ignoramos a quienes necesitan nuestras dádivas espirituales y materiales?
   5. ¿Qé hacemos para ayudar a quienes sufren por cualquier motivo?
   6. ¿Qé podemos hacer para mejorar la calidad de los servicios que les prestamos a quienes necesitan nuestros dones espirituales y materiales?

   3-2.

   7. ¿Por qué ha de ser interpretada la biblia partiendo de la mentalidad de sus autores y de los lectores inmediatos de la misma?
   8. ¿Antepone Dios su justicia a su amor?
   9. ¿Antepone Dios su amor a su justicia, o es al mismo tiempo un Padre misericordioso y un Juez justo?
   10. ¿Por qué mandaba Dios asesinar en el Antiguo Testamento, y en ciertos casos Él mismo cometió grandes crímenes?
   11. ¿Se nos predica a Dios como Padre misericordioso, o como Juez egoísta y tirano, que nos ama bajo la condición indispensable de que cumplamos su voluntad, aunque no la comprendamos?
   12. ¿Intentamos comprender la voluntad de Dios, o tenemos que cumplirla aunque no la comprendamos para evitar pecar?
   13. ¿Cómo se justifica a Dios por haber salvado a Jesús de la matanza de los Santos Inocentes de Belén, y haber obviado la vida de los pequeños cuyas cabezas fueron cortadas sin compasión por una centuria de soldados de Herodes?
   14. ¿Por qué constituye para nosotros una crueldad el hecho de que Dios no impidiera el asesinato de los pequeños niños de Belén al mismo tiempo que salvó la vida de su Unigénito?
   15. ¿Por qué era para los primeros cristianos un honor el hecho de imitar a los Santos Inocentes a la hora de morir por su fe en Jesús?
   16. ¿Cuál era la causa por la que los judíos creían que muchos de ellos tenían que sufrir?
   17. ¿Qué significan las enfermedades desde el punto de vista de Jesús?
   18. ¿Creemos que Dios nos envía las causas por las que sufrimos? ¿Por qué?
   19. ¿Quiere Dios que suframos?
   20. ¿Cómo es posible que Dios, si es Nuestro Padre bueno y nos ama, desee que suframos?
   21. ¿Cómo es posible que Dios no encuentre un medio para adaptarnos al cumplimiento de su voluntad más eficaz que los problemas que tenemos?
   22. ¿Quiénes han cometido los pecados por cuyas consecuencias muchos no estamos totalmente sanos?
   23. ¿Qué son las enfermedades desde el punto de vista de Jesús?
   24. ¿Por qué no nos evita Dios las circunstancias adversas que vivimos si es Todopoderoso?
   25. ¿Por qué no es Dios el origen del mal según la óptica de Jesús?
   26. ¿Cuál es la traducción correcta de MT. 10, 29?
   27. ¿Cuál es el malentendido generado por la traducción incorrecta del citado versículo mateano?
   28. ¿Cómo hemos de interpretar correctamente el citado texto bíblico?
   29. ¿Por qué está más presente entre los cristianos la imagen del Dios terrible y justiciero que la imagen del Padre misericordioso?
   30. ¿Qué pretendió Jesús por medio de su Pasión y posterior muerte?
   31. ¿Por qué se vincula en la biblia el origen del mal con el pecado original de Adán y Eva?
   32. ¿Qué consecuencias tuvo el pecado original para Adán, Eva y sus descendientes de todos los tiempos? ¿Por qué?
   33. ¿Cómo creían los judíos que Dios los premiaba por cumplir su voluntad antes de que aconteciera la cautividad babilónica?
   34. ¿Por qué empezaron a pensar algunos judíos durante el tiempo de la citada cautividad que Dios premiaría a sus hijos con la plenitud de la dicha más allá de esta vida marcada por situaciones adversas?
   35. ¿Por qué podían sentirse quienes sufrían en Israel amados por Dios si pensaban en alcanzar la plenitud de la dicha más allá de esta vida?
   36. ¿Por qué se rodeó Jesús de pastores el día de su Natividad?
   37. ¿Puede ser Yahveh al mismo tiempo el Dios de los pobres y de los ricos? ¿Por qué?
   38. ¿Por qué no podemos preguntarnos por qué enfermamos, pero sí debemos preguntarnos para qué enfermamos?
   39. ¿Cuándo conoceremos el para qué de nuestras enfermedades? ¿Quién nos informará con respecto a ello?

   3-3.

   40. ¿Qué significan el día y la noche en la simbología joánica?
   41. ¿Por qué no podemos servir a Dios cuando nuestra fe es puesta a prueba de la misma manera que cuando la misma es fuerte y estable?
   42. ¿Cuáles son las obras que hizo Jesús en su tiempo que el Señor desea que sigamos llevando a cabo?
   43. ¿Es posible enumerar todas las obras de misericordia que podemos hacer? ¿Por qué?

   3-4.

   44. ¿Cómo llegó Jesús a ser la luz del mundo para sus discípulos antes de redimir a la humanidad?
   45. ¿Cómo fue Jesús la luz del mundo para sus Apóstoles durante el tiempo pascual en que concluyó su formación espiritual?
   46. ¿Cómo es Jesús la luz del mundo para quienes creemos en Él desde que aconteció su Ascensión al cielo?

   3-5.

   47. Antes de llevar a cabo sus prodigios, Jesús se aseguraba de que quienes iba a beneficiar querían recibir las dádivas que les iba a conceder, pero, ¿por qué hizo una excepción con el ciego de nacimiento que aparece en el Evangelio de hoy?
   48. ¿Con qué hizo Jesús el lodo que untó en los ojos del ciego de nacimiento?
   49. ¿Por qué cometió Jesús un gran pecado al hacer barro desde la óptica de los fariseos?
   50. ¿Qué creían de la saliva y del lodo los judíos?
   51. ¿Qué recordó Jesús al untar barro en los ojos del ciego?
   52. ¿Qué le presentó Jesús al ciego cuando le untó el barro en los ojos?

   3-6.

   53. ¿Cómo probó Jesús al ciego de nacimiento para que se demostrase a sí mismo si realmente quería ver?
   54. ¿Qué tenía que hacer el ciego si quería ver?
   55. ¿Por qué tenía que lavarse el ciego los ojos en el estanque de Siloé si quería ver?
   56. ¿Por qué no pudo ser curado el paralítico de JN. 5 en la piscina de la Ley sin ser ayudado por Jesús?
   57. ¿Qué efecto tiene en nosotros la religiosidad basada en el cumplimiento constante de normas?
   58. ¿Qué hace en nosotros la fe en el amor que Dios nos manifiesta?
   59. ¿Qué le sucedió al ciego apenas tuvo los ojos limpios de lodo?
   60. ¿En qué se diferencia la curación del ciego de nacimiento del Sacramento del Bautismo?

   3-7.

   61. ¿Por qué los vecinos del ex ciego se mostraron escépticos ante el prodigio que realizó Jesús?
   62. ¿Cómo reaccionaríamos nosotros si un conocido nuestro del que sabemos que lleva mucho tiempo padeciendo una enfermedad nos dijera que Jesús lo ha curado?
   63. ¿Por qué desapareció Jesús de la escena evangélica cuando los vecinos del ex ciego dudaron respecto del prodigio que llevó a cabo?
   64. ¿Podemos creer en los prodigios que hizo Jesús sin haber podido constatarlos?
   65. ¿Cómo actuamos cuando se nos interroga respecto de nuestra profesión de fe?
   66. Si no se nos interroga respecto a la vivencia de la fe que profesamos, tendríamos que revisar nuestra manera de pensar y nuestro modo de proceder en la viña del Señor.

   3-8.

   67. ¿Por qué eran los fariseos enemigos jurados de Jesús?
   68. ¿Tenemos los cristianos la pretensión de adaptar al Señor a la consecución de nuestras metas tal como quisieron hacerlo los fariseos?
   69. ¿Somos conscientes de que es necesario que nos adaptemos al cumplimiento de la voluntad de Dios para poder alcanzar la plenitud de la felicidad, porque Él es más perfecto que nosotros?
   70. ¿De qué se aprovecharon los fariseos para tener una excusa más por la que condenar a Jesús a muerte?
   71. ¿Por qué se sintieron los fariseos provocados por Jesús?
   72. ¿Cómo empezaron los fariseos a trabajar para responder a la provocación de Jesús?
   73. ¿Por qué se fortalecía la fe del antiguo ciego en Jesús, mientras que los fariseos aumentaban su odio al Mesías?
   74. ¿Por qué disentían los fariseos respecto a la Persona y el prodigio que realizó Jesús?
   75. ¿Cómo podemos distinguir a un líder religioso honrado de otro que se aprovecha de los incautos para enriquecerse a nivel material?

   3-9.

   76. ¿Por qué era importante para los fariseos conseguir que el antiguo ciego hablara en contra de Jesús?
   77. ¿Profesamos nuestra fe con esperanza y seguridad, tal como el ex ciego dijo de Jesús que es un Profeta?

   3-10.

   78. ¿Por qué causa interrogaron los fariseos a los padres del antiguo ciego?
   79. ¿Por qué los padres del ex ciego no hablaron ni a favor ni en contra de Jesús?
   80. ¿Por qué pensaron los fariseos en expulsar de la Sinagoga a los seguidores de Jesús?
   81. ¿Qué tres castigos podían recibir los expulsados de la Sinagoga?
   82. ¿Por qué no se les hizo el encontradizo Jesús a los padres del ex ciego?
   83. ¿Comprendemos por qué muchos se niegan a salir de las denominaciones religiosas cuyos líderes los distanciaron de sus familiares?

   3-11.

   84. ¿Por qué no dejó de creer en Jesús el ex ciego a pesar de la presión constante que los fariseos ejercieron sobre él?
   85. ¿Somos capaces de mantener nuestra fe viva y de predicarla con nuestras palabras y obras cuando sentimos que somos los únicos seguidores de Jesús de nuestro entorno social?
   86. ¿Cómo podemos predicar la Palabra de Dios aunque no nos sepamos la biblia de memoria?

   3-12.

   87. ¿Qué vida no nos será quitada si no dejamos de profesar nuestra fe, aunque ello tenga consecuencias difíciles de afrontar para nosotros?
   88. ¿Cómo es posible que los fariseos desconocieran a Jesús, y que el ex ciego, a pesar de no conocer al Señor, supiera que el nuevo Mesías es un Profeta?
   89. ¿Por qué no siempre están relacionadas la fe y la instrucción religiosa que recibimos?
   90. ¿En qué se diferencian la fe intelectualizada y la fe práctica?
   91. ¿Por qué necesitamos que nuestra fe sea intelectualizada y práctica para lograr llegar a ser los discípulos de Jesús en los que Nuestro Padre común piensa desde la eternidad?

   3-13.

   92. ¿Por qué sabía Jesús lo que sentía el ex ciego por haber sido expulsado de la Sinagoga?
   93. ¿Cómo tratamos a los excomulgados por nuestra Iglesia -o Congregación-?
   94. ¿Para qué se le hizo Jesús el encontradizo al recién curado?
   95. ¿Tratamos de igual manera a quienes les predicamos la Palabra de Dios independientemente de que se unan a nuestra Iglesia?
   96. ¿Por qué son buenas las posibilidades que tenemos para ayudar a quienes necesitan nuestras dádivas espirituales y materiales, aunque no podamos darles todo lo que precisan?
   97. ¿Qué le sucedió al ex ciego cuando aceptó a Jesús como Mesías?
   98. El Evangelio que meditamos en el presente trabajo, fue escrito para ser meditado por cristianos que tuvieron que sobrevivir a persecuciones, que no debían hacerles perder la fe, que muchos de ellos conservaron, como el mejor de los tesoros. Oremos para que jamás ningún cristiano se sienta presionado por los no creyentes, y para que los cristianos, cuando seamos mayoría absoluta, sepamos respetar a quienes tienen creencias distintas a las nuestras.

   3-14.

   99. ¿Para qué vino Jesús al mundo?
   100. ¿En qué consistió el pecado de los fariseos, el cual no es pecado para quienes desconocen al Señor?

   5. Lectura relacionada.

   Leamos y meditemos EF. 5, 8-21, un texto en el que San Pablo nos insta a vivir siendo iluminados por Cristo Resucitado.

   6. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en JN. 9, 1-41.

   Adoptemos el compromiso de dejarnos iluminar por Cristo Resucitado, y de ser luz, para quienes quieran conocer al Dios Uno y Trino.

   Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.

   7. Oración personal.

   Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.

   Ejemplo de oración personal:

   Señor Jesús:

   Inspírame tu gran amor, la fe que necesito para ser el discípulo tuyo que quieres que sea, y la esperanza cierta de poder vivir para siempre en tu presencia.

   8. Oración final.

   Leamos y meditemos el SAL. 36, 6-11.

   José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en

joseportilloperez@gmail.com

¿Hemos sido creados realmente según la imagen física de Jesús y la semejanza espiritual de Dios? (Ejercicio de lectio divina del Evangelio del Domingo II de Cuaresma del Ciclo A).

   Domingo II de Cuaresma del Ciclo A.

   ¿Hemos sido creados realmente según la imagen física de Jesús y la semejanza espiritual de Dios?

   Ejercicio de lectio divina de MT. 17, 1-9.

   Lectura introductoria: ROM. 8, 18.

   1. Oración inicial.

   Iniciemos este encuentro de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y, del Espíritu Santo.

   R. Amén.

   Seguimos recorriendo el itinerario Cuaresmal cuyo fin es la conmemoración de la Pasión, la muerte, la Resurrección y la posterior glorificación de Nuestro Salvador. Jesús como Hombre fue glorificado, pero, para que ello sucediera, tuvo que pagar el precio de enfrentar el dolor y sucumbir durante tres días bajo el poder de la muerte. Recorramos el camino de la Cuaresma sin perder la esperanza respecto de que el dolor característico de nuestras vidas no es inútil, y de que dios nos hará encontrar las respuestas a las preguntas que nos planteamos y no podemos responder cuando menos esperemos que ello suceda.

   Vivimos en un entorno caracterizado por el ruido y las prisas. Es por eso que necesitamos buscar al Señor en una montaña muy alta, en la que podamos entrar en nuestro interior, para ver a Jesús transfigurado, con su cuerpo de vencedor de la muerte y del mal. El Señor nos ayudará a vivir este retiro de conversión, porque somos sus discípulos predilectos. Según vayamos venciendo la triple tentación de poder, riquezas y prestigio, -según aprendemos mediante la lectura de los Evangelios de los primeros Domingos de los ciclos A y C del tiempo de Cuaresma-, iremos ascendiendo al monte de la Transfiguración del Señor, donde permaneceremos en oración de contemplación, y podremos ver a Cristo Resucitado, el vencedor de la muerte y del mal.

   Porque Jesús es la luz del mundo (JN. 9, 4), cuando se transfiguró, su rostro brilló, y su ropa adquirió la blancura característica de su pureza. Porque Jesús es la luz del mundo, necesitamos no permanecer en las tinieblas para poder vincularnos a Él.

   Moisés, -representante del legalismo-, y Elías, -representante del profetismo-, hablaron con el Señor. Los cristianos necesitamos tener una Ley que nos caracterice, la cual no ha de ser cumplida mecánicamente, y también necesitamos mensajeros de Dios, que mantengan viva y activa la fe que profesamos.

   Pedro no quiso descender del monte de la Transfiguración, porque se sintió feliz ante Jesús transfigurado, Moisés y Elías. Él no sabía que aquella visión tenía la misión de fortalecer su fe, a fin de que la misma fuera probada hasta el extremo de que permitiera el sacrificio de su vida por Cristo y su causa redentora.

   Nuestro Santo Padre habló de Jesús desde la nube en que se manifestó. Él nos invita a creer en Jesús y a seguir al Señor por medio de la lectura de las Sagradas Escrituras y de la predicación de los evangelizadores inspirados por el Espíritu Santo.

   Los discípulos de Jesús que contemplaron la Transfiguración del Señor, cayeron a tierra después de oír la voz de Nuestro Santo Padre, porque tenían miedo de ser condenados, por causa de su condición pecadora. El miedo es un obstáculo para muchos que quieren creer en Dios, así como también lo es la indiferencia que nos hace no esforzarnos para alcanzar propósitos que requieren de nosotros grandes esfuerzos, paciencia y constancia, a fin de que no dejemos de llevar a cabo los mismos.

   Jesús no quiere que las circunstancias que erróneamente consideramos adversas si pensamos en la utilidad de las mismas nos hagan ceder bajo el efecto del miedo. El Señor está con nosotros, pero ello no nos impide enfrentar nuestros miedos. Él nos promete que nuestros éxitos y fracasos nos serán útiles, pero, para que ello suceda, necesitamos hacer cuanto esté a nuestro alcance para ser felices, y que los demás alcancen una dicha satisfactoria para ellos.

   Oremos:

   Espíritu Santo, amor incondicional que procedes de nuestro Santo Padre y de Jesús:

   Invádenos con tu presencia, para que podamos orar fervientemente, sin que el ruido y las prisas características de nuestras vidas, nos impidan hablar contigo. Impúlsanos al cielo partiendo de nuestro interior, para que nadie ni nada nos separe de Ti.

   Concédenos tus dones a fin de que lleguemos a ser los discípulos de Jesús en que piensas desde antes de que el Hijo de Dios y María creara el mundo.

   Queremos actuar como lo haría Jesús si viviera nuestras circunstancias actuales, aunque sabemos que eso no es fácil para nosotros, pero no ignoramos que conseguiremos avanzar mucho en el cumplimiento de tan loable propósito, porque contamos con tu ayuda incondicional.

   Ilumínanos con tu luz, a fin de que las tinieblas no nos desvíen del cumplimiento de tu voluntad.

   Concédenos tu pureza, para que podamos alcanzar la santidad que anhelamos.

   Ayúdanos a cumplir tu Ley divina, una Ley que no deseamos cumplir automáticamente, sino bajo la inspiración de tu don de profecía, que siempre nos mantendrá dispuestos a cumplir tu santa voluntad.

   Te pedimos que no utilicemos tu Palabra inspirada y los dones que nos has concedido para evitar cumplir tu voluntad. No queremos ampararnos en tu poder para que nos concedas más riquezas de las que necesitamos, ni pensar que tú eres quien nos inspiras para que actuemos, para no hacer lo que esperas de nosotros, ni para despreciar a quienes no comparten nuestras creencias.

   Para quienes te amamos, la oración no ha de ser un refugio en el que evitaremos enfrentar nuestros miedos, sino la catapulta que nos impulsará a cumplir tu divina voluntad.

   Jesús será nuestro guía durante el presente recorrido cuaresmal penitencial y durante los años que vivamos, a fin de que seamos los cristianos en los que estás pensando desde antes de crear el mundo.

   Gracias por darnos la vida por medio de tu aliento vital, y por llevar a cabo la obra de santificarnos.

   2. Leemos atentamente MT. 17, 1-9, intentando abarcar el mensaje que San Mateo nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.

   2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.

   2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.

   3. Meditación de MT. 17, 1-9.

   3-1. Los seguidores preferidos de Jesús (MT. 17, 1).

   Según San Mateo, seis días después de que el Señor instituyera el Primado de Pedro y les anunciara a sus discípulos su Pasión, muerte y Resurrección (MT. 16, 13-28), Jesús llevó consigo a una montaña alta, aquellos de sus seguidores que estaban más capacitados, para contemplarlo transfigurado. Tales seguidores del Señor, eran Pedro, -primer Papa de la Iglesia Católica-, Santiago, -el primer Apóstol mártir-, y Juan, -el cuarto Evangelista, y el Apóstol que tuvo el privilegio de contemplar la revelación de la plena instauración del Reino de dios en el mundo-. Tales discípulos de Jesús, fueron elegidos por su espiritualidad, y no porque eran más amados por el Señor que sus compañeros. Cuando la Iglesia fue fundada, no todos los creyentes e incrédulos podían asistir a la celebración completa de la Eucaristía, a no ser que los primeros tuvieran una fe bien formada. Aún en la actualidad se celebran actos cultuales que no son accesibles a todo el mundo, pero ello no sucede porque los cristianos discriminamos a quienes no comparten con nosotros una misma fe, sino porque consideramos que ha de tenerse cierta formación para comprender y vivir dichos actos.

   ¿Por qué se transfiguró Jesús en una montaña? Ello sucedió porque dicha montaña estaba alejada del ruido y las prisas mundanas, lo cual hacía que los seguidores del Señor estuvieran en un entorno propio para orar sin que su encuentro con la divinidad fuera interrumpido por ninguna causa.

   3-2. La Transfiguración del Señor (MT. 17, 2).

   Cuando Jesús y sus amigos estuvieron en la cima de la montaña, el Señor se transfiguró, por lo que apareció ante sus dos discípulos, con su cuerpo de vencedor de la muerte y el mal. El rostro de Jesús emitía un resplandor cegador, y las ropas del Señor eran blancas, porque ese color simboliza la pureza. Jesús es Dios, y por eso las tinieblas no lo han caracterizado nunca. El Señor se mostró ante sus discípulos como vencedor de la muerte y del mal, para mostrarles que también sus creyentes seremos resucitados al final de los tiempos, y no nos afectará el mal en ninguna de las formas en que ha existido siempre.

   3-3. Moisés y Elías (MT. 17, 3).

   Dios les dio a los hebreos su Ley por medio de Moisés, y Elías llevó a cabo prodigios con el poder de Dios. El legalismo y el profetismo han de ser compatibles para los cristianos, quienes hemos de orar para ser buenos seguidores de Jesús a la hora de cumplir la Ley, y prudentes para evitar el riesgo de confundir las inspiraciones del Espíritu Santo con escenificaciones causadas por nuestra imaginación o el interés de engañar a los incautos. Profetas no sólo son quienes predicen el futuro, pues también lo son quienes cumplen la voluntad de Dios de manera que pasan desapercibidamente ante quienes sin duda alguna vibrarían ante la visión de prodigios espectaculares.

   3-4. El deseo de Pedro (MT. 17, 4).

   El hecho de que Pedro quisiera construir tres tiendas para Moisés, Elías y Jesús, significaba que llegó el tiempo del Mesías. Recordemos que los judíos celebraban la fiesta de las tiendas, las cuales significaban que Dios moraba entre su pueblo, en recuerdo de la vivencia de sus antepasados en el desierto, que se prolongó durante cuatro décadas.

   Pedro consideraba que Jesús era su jefe, y, como buen judío, era consciente de la grandeza de Moisés y de Elías. Pedro quería prolongar aquel momento representativo de la Resurrección de Jesús, pero no era la hora de estancarse ante la visión que contempló, pues se requería de él que actuara como creyente comprometido con el crecimiento espiritual propio y ajeno, la práctica de cuanto aprendió de Jesús, y su disposición a ser alma de oración.

   Tal como les sucedió a los tres amigos de Jesús, necesitamos experiencias de Tabor, para comprobar la fortaleza de nuestra fe. Para que ello suceda, evitemos la tentación de ver la espiritualidad como un refugio, y considerémosla como el desafío que necesitamos, para poder completar nuestra formación humana y cristiana.

   ¡Qué bien se está aquí! -pensó Pedro cuando contempló a Jesús transfigurado, a Moisés y a Elías-. También nosotros podemos sentirnos muy bien cuando oramos, y cuando encontramos en la biblia -o en algún otro libro de espiritualidad- algún texto que nos anima a sentirnos amados por Dios. Esas palabras las utilizan para estancarse en su situación de sufrimiento quienes no quieren enfrentar sus miedos para superarse, y quienes reducen su profesión de fe al ejercicio de ciertas prácticas religiosas, y sólo quieren estar entre quienes comparten sus pensamientos, y muchos de ellos consideran impuros a quienes no piensan igual que ellos.

   También se encuentran muy cómodos quienes profesan su fe limitándose a asistir a celebraciones cultuales y encuentros de oración, y evitan informarse de lo que sucede a su alrededor y en el mundo, porque no quieren comprometerse con ninguna causa justa. Piensan que Dios es quien tiene que solucionar todos los problemas del mundo, y que Nuestro Padre común sólo requiere de ellos que sigan acomodados en su situación de ignorantes de los problemas del mundo y de lo que pueden hacer -que no es poco por cierto- para contribuir a extinguir el sufrimiento de la humanidad.

   También están muy cómodos quienes no manifiestan su opinión para evitar ser criticados amparándose en la excusa de que se esfuerzan para llevarse bien con todo el mundo, quienes se resignan ante una realidad que saben perfectamente que es injusta, y no quieren hacer nada para cambiarla, porque le tienen demasiado miedo al fracaso, y al hecho de que su imagen social se desvalorice ante aquellos a quienes les rinden culto, porque valoran más el poder, las riquezas y el prestigio, que la imitación de Jesús.

   Contemplar a Jesús transfigurado en el Tabor, consiste en vivir una vida de fe plena, en contacto con Dios y sus hijos los hombres. ¡Qué bien se está aquí! -podemos decirle a Jesús en nuestros ratos de Tabor-, pero no menos bien podemos sentirnos acompañando a quienes se sienten solos, y sirviendo al Señor en sus demás hermanos, carentes de dones espirituales y materiales.

   3-5. La manifestación de Nuestro Padre celestial (MT. 17, 5).

   Así como Yahveh se mostró en el desierto ante su pueblo en una nube durante los días y en una columna de fuego durante las noches (ÉX. , 13, 21), Nuestro Santo Padre se manifestó en el episodio de la Transfiguración de Jesús en una nube. Jesús es el Hijo amado de Nuestro Padre celestial, a quien debemos escuchar, si queremos ser los cristianos, en que dios pensó desde la eternidad. Escuchemos a Jesús, y practiquemos todo lo que nos enseña con sus palabras y obras.

   3-6. El miedo de los discípulos de Jesús (MT. 17, 6).

   La creencia de que la justicia de Yahveh habría de ejecutarse automáticamente en la presencia de los pecadores, porque Dios es infinitamente puro y Santo, hizo que los discípulos de Jesús se cayeran, por causa del miedo que los invadió. También a muchos cristianos se nos ha hecho mucho hincapié en que la justicia divina ha de ejecutarse irremediablemente contra los pecadores, hasta el punto de que no se nos ha hablado suficientemente de la grandeza del amor de dios. El miedo a ser condenados, hace que muchos de nuestros hermanos en la fe no gocen de cómo Dios los ama infinitamente, porque se creen indignos de ser amados por la suma divinidad, lo cual los induce a creer que no hay pecado alguno que Dios pueda perdonarles, por causa de la maldad que los caracteriza.

   3-7. Levantaos, no tengáis miedo (MT. 7, 7).

   Jesús instó a sus amigos a que no se dejaran vencer por el miedo, tal como lo hace con nosotros cuando no sabemos cómo vamos a resolver nuestros problemas, y cuando tenemos que enfrentar situaciones que consideramos que son muy difíciles. Necesitamos tener miedo para no correr riesgos innecesarios, pero también necesitamos gestionar el miedo para no perder la fe que hemos recibido del Espíritu Santo.

   3-8. La petición que Jesús les hizo a sus discípulos (MT. 17, 8-9).

   Cuando los amigos de Jesús se levantaron, Moisés y Elías habían desaparecido de su vista. Jesús les mandó que no le dijeran a nadie lo que habían visto, hasta que Él no resucitara de entre los muertos. Jesús no quería ser contemplado desde el punto de vista del sensacionalismo, y sus amigos necesitaban meditar mucho lo que había sucedido, con el fin de poder asimilarlo. Sólo después de que Jesús venciera la muerte, sus amigos comprenderían que habían tenido el privilegio de ser los primeros en contemplar al Salvador de la humanidad resucitado y por tanto como vencedor del mal y de la muerte.

   3-9. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos     en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.

   3-10. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.

   4. Apliquemos la Palabra de dios expuesta en MT. 17, 1-9 a nuestras vidas.

   Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.

   3-1.

   1. ¿Qué sucedió seis días antes de que Jesús se transfigurara en el monte Tabor?
   2. ¿Por qué no llevó Jesús a todos sus discípulos al monte en que se transfiguró?
   3. ¿Recuerdas los nombres de los discípulos del Señor a quienes Jesús les permitió verlo transfigurado?
   4. ¿Por qué se transfiguró Jesús en una montaña donde sólo pudieron verlo algunos de sus discípulos, y no lo hizo ante una gran multitud?
   5. ¿Por qué eligió Jesús a Pedro, Juan y Santiago para que lo acompañaran al monte de la Transfiguración?
   6. ¿Cuáles son las ventajas y los inconvenientes de que todas las celebraciones de culto no sean accesibles a todos los creyentes y no creyentes?

   3-2.

   7. ¿Qué significado tiene el resplandor fulgurante del rostro de Jesús transfigurado?
   8. ¿Qué indicó la blancura de las ropas del Señor transfigurado?
   9. ¿Por qué Jesús no pecó nunca?
   10. ¿Por qué se mostró Jesús ante sus discípulos como vencedor de la muerte y del mal?

   3-3.

   11. ¿Quién fue Moisés?
   12. ¿Qué hizo Moisés por su pueblo?
   13. ¿Quién fue Elías?
   14. ¿Qué obra llevó a cabo Elías?
   15. ¿Por qué aparecen Moisés y Elías en el texto evangélico que estamos considerando?
   16. ¿Por qué son importantes para los cristianos el legalismo y el profetismo?
   17. ¿Por qué hemos de orar los cristianos?
   18. ¿Cuáles son las misiones de los profetas?

   3-4.

   19. ¿Cuál es el significado de las tres tiendas que Pedro quiso construir?
   20. ¿Qué significaban las tiendas con que los judíos recordaban la estancia de sus antepasados en el desierto?
   21. ¿Por qué consideraba Pedro que Moisés y Elías eran más importantes que Jesús?
   22. ¿Por qué quería Pedro prolongar el mayor tiempo posible la visión que tuvo el privilegio de contemplar?
   23. ¿Cómo quería Jesús que actuara Pedro a partir de la contemplación del Mesías transfigurado?
   24. ¿Para qué necesitamos las experiencias de Tabor?
   25. ¿Qué necesitamos hacer para que las experiencias de Tabor nos sirvan para probar la calidad de la fe que tenemos en Dios?
   26. ¿Nos servimos de la religión para ser mejores personas cristianas, o la usamos como refugio que nos invita a olvidar nuestros problemas durante cortos espacios de tiempo?
   27. ¿Utilizamos las experiencias de Tabor para equilibrar nuestra formación, nuestras acciones y nuestras oraciones, o nos amparamos en una de las mismas para olvidar las otras dos?
   28. ¿En qué consiste la contemplación de Jesús transfigurado por parte de sus verdaderos Apóstoles y discípulos?

   3-5.

   29. ¿Por qué se manifestó Nuestro Santo Padre en una nube?
   30. ¿Quién es Jesús, y qué espera Nuestro Santo Padre que hagamos respecto de su Enviado?

   3-6.

   31. ¿Por qué cayeron los discípulos de Jesús a tierra vencidos por un miedo atroz?
   32. ¿Debemos tenerle miedo a la justicia divina?
   33. ¿Por qué el miedo a la condenación hace que muchos cristianos piensen que es imposible que Dios perdone sus pecados?

   3-7.

   34. ¿Por qué necesitamos tener miedo?
   35. ¿Por qué nos insta Jesús a que aprendamos a gestionar adecuadamente nuestros miedos?

   3-8.

   36. ¿Por qué les dijo Jesús a sus amigos que no le dijeran a nadie lo que había sucedido hasta que Él resucitara de entre los muertos?

   5. Lectura relacionada.

   Leamos y meditemos la primera Carta de San Pedro, quien nos enseña a mantener viva la fe en tiempos marcados por grandes dificultades, y oremos por los cristianos perseguidos por causa de su fe.

   6. Contemplación.

   Acompañemos a Jesús a un monte alto en que nadie ni nada pueda impedirnos ver al Señor transfigurado. Sabemos que se espera de nosotros que nos formemos en el conocimiento de la voluntad de dios y que lo sirvamos en nuestros prójimos los hombres, pero, porque somos conscientes de la importancia de la oración respecto de nuestra profesión de fe, acompañemos a Jesús a un monte alto, para que nadie ni nada nos impida orar fervientemente.

   Cuando Jesús se transfiguró, su rostro resplandeció porque Él es la luz del mundo (JN. 9, 4), y sus ropas aparecieron totalmente blancas, indicando la pureza del Mesías. Pensemos cómo podemos reconocer a Nuestro Redentor en la actualidad en nuestras vidas, en la Iglesia de que somos miembros y en el mundo.

   Moisés y Elías conversaron con Jesús en el Tabor. Escuchemos a los grandes predicadores y leamos sus libros, con el fin de que Dios nos ayude a fortalecer la fe que hemos recibido del Espíritu Santo, por medio de dichos autores inspirados.

   Oremos para que nuestro tiempo de oración nos disponga a vivir como buenos discípulos de Jesús, y no lo utilicemos para impedir seguir formándonos espiritualmente y para evitar hacer el bien. Equilibremos la formación, la acción y la oración, los tres pilares sobre los que se fundamenta la profesión de la fe cristiana.

   Jesús es el Hijo amado de Dios en quien se complace Nuestro Padre común, y a quien espera que lo escuchemos y obedezcamos. ¿Cumpliremos la voluntad divina a este respecto?

   Los discípulos de Jesús cayeron a tierra por causa del miedo que los invadió respecto de que los exterminara la justicia divina, y nosotros podemos evitar profesar nuestra fe, por miedo a que no se nos comprenda en nuestro entorno social. Jesús nos invita a superar los miedos que nos impiden cumplir la voluntad de Dios, porque Él estará con nosotros hasta el final de los tiempos (MT. 28, 20).

   Así como Jesús no quiso que sus discípulos le hablaran a nadie de su Transfiguración hasta que la comprendieran, formémonos adecuadamente para predicar el Evangelio, para que nuestra falta de instrucción espiritual no coarte la fe de quienes puedan hacerse creyentes por nuestro medio.

   7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de dios, expuesta en MT. 17, 1-9.

   Comprometámonos a iniciarnos en la oración si no tenemos la costumbre de orar, o a aumentar el tiempo en que hablamos con Dios y sus Santos, si tenemos tan loable hábíto.

   Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.

   8. Oración personal.

   Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.

   Ejemplo de oración personal:

   Señor Jesús:

   Llévame contigo donde pueda verte, tocarte y abrazarte, y donde la unión con mis prójimos los hombres, me vincule a Ti, para que jamás volvamos a separarnos. Amén.

   9. Oración final.

   Leamos y meditemos el Salmo 5, pensando en el bien que nos ha hecho el Dios que nos ama, el cual desea que todos le aceptemos, le amemos y le adoremos.

   José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en

joseportilloperez@gmail.com