Domingo III del Tiempo Ordinario del Ciclo A.
el Reino de Dios está entre nosotros.
Ejercicio de lectio divina de MT. 4, 12-23.
Lectura introductoria: JER. 23, 29.
1. Oración inicial.
Iniciemos este tiempo de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.
R. Amén.
Cuando Jesús oyó que San Juan Bautista estaba en la cárcel, se instaló en Cafarnaúm, -una importante ciudad situada a unos treinta y dos kilómetros de Nazaret-, e inició la predicación, de la plena instauración del Reino de Dios, en el mundo. Ello nos recuerda la necesidad que tenemos de descubrir que hemos nacido para llevar a cabo una misión, independientemente de que consideremos que somos creyentes en Dios. San Juan nos indica en su Evangelio (4, 3), que Jesús se distanció del Bautista para no dar la impresión de que ambos predicadores se hacían la competencia, y, cuando el hijo de Zacarías e Isabel estuvo en la cárcel, porque era necesario que él se empequeñeciera, ya que era Jesús a quien le correspondía ser aceptado como Enviado de Dios (JN. 3, 30), el Señor inició su predicación, en el territorio que en el pasado les correspondió en herencia, a las tribus de Zabulón y Neftalí.
Oremos y meditemos sobre todo lo que podemos hacer en la vida, mientras leemos el texto de ECL. 3, 1-8.
Pensemos si nos ha llegado la hora de cumplir nuestra misión vital, si aún no sabemos cuál es la misma, o si nos estamos disponiendo adecuadamente, para poder llevarla a cabo.
La gran mayoría de los habitantes de Judea, -la región culta, rica y religiosa de Israel-, despreciaban a los habitantes de Cafarnaúm, porque en el pasado se mezclaron con los paganos y adoptaron sus costumbres, y aún insistían en llevar a cabo, prácticas que, para quienes los rechazaban, eran consideradas como pecaminosas. Los cristianos observamos creencias las cuales son consideradas como nuestras Verdades absolutas, pero, al analizar las creencias tanto de los miembros de una iglesia o congregación como del común de denominaciones cristianas, nos damos cuenta de que creemos en muchas verdades diferentes, y de que estamos divididos.
¿Son para nosotros más importantes las ideas que las personas?
¿Hemos aprendido a respetar a quienes no comparten nuestras creencias y a convivir con ellos?
¿Consideramos la diversidad de creencias existente como una acumulación de posibilidades que tenemos para aprender a conocernos y a vivir en armonía, o pensamos que la misma es un peligro que atenta contra la fe que profesamos?
Los judíos que habitaban en tinieblas porque eran despreciados por convivir entre los gentiles, fueron iluminados por la luz del Señor. ¿Pensamos que la luz de Cristo puede iluminar a quienes no comparten nuestras creencias, y a quienes tienen un status social diferente al nuestro?
Jesús nos dice en el Evangelio que consideraremos en este trabajo, que el Reino de los cielos, ha llegado. ¿Creemos este anuncio del Señor? ¿Cómo lo constatamos en la Iglesia de que somos miembros, en la sociedad en que vivimos, y en nuestra vida?
¿Hemos iniciado nuestro proceso de conversión al Señor? ¿Qué significa ello para nosotros?
La conversión y la penitencia tienen el mismo significado, aunque solemos asociar la última con la mortificación. ¿Es para nosotros la conversión un sacrificio, o una entrega a Dios, voluntaria y generosa?
Jesús les dijo a los hermanos Simón y Andrés que lo siguieran, para hacerlos pescadores de hombres. Ambos hermanos no tenían un conocimiento del Señor tan perfecto, como el que adquirieron, durante los años que acompañaron al mesías. Todos los cristianos somos llamados a ser pescadores de hombres. Si esperamos a tener un conocimiento del Señor perfecto antes de llevar a cabo dicho trabajo, jamás lo desempeñaremos, porque nos es imposible ser perfectos.
Simón, Andrés, Santiago y Juan, siguieron a Jesús en el mismo instante en que el Señor los llamó. ¿Hemos adoptado el compromiso de ser seguidores de Jesús? ¿Por qué?
Jesús recorrió las sinagogas de Galilea, predicando el Evangelio, y sanando a los enfermos. ¿Cómo predicamos los cristianos la Palabra de Dios, y ayudamos a exterminar las carencias de la humanidad?
2. Leemos atentamente MT. 4, 12-23, intentando abarcar el mensaje que San Mateo nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.
2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.
2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.
3. Meditación de MT. 4, 12-23.
3-1. ¿Por qué escribió San Mateo que Jesús inició a predicar el Evangelio en Cafarnaúm? (MT. 4, 12-13).
Desde el punto de vista científico, dado que San Mateo escribió su Evangelio para hacer que los judíos creyeran en Jesús, tenía que relacionar la vida, el Ministerio, la Pasión, la muerte, la Resurrección, y la glorificación del mesías, con textos del Antiguo Testamento, que sirvieran como profecías, de dichos acontecimientos. Es esta la razón por la que, la primera parte del Evangelio que estamos considerando (MT. 4, 12-17), está profetizada en IS. 8, 23-9, 2.
¿Por qué inició Jesús su Ministerio según San Mateo en Cafarnaúm, y no lo hizo en Nazaret, el pueblo en que creció y fue educado?
1. Es sabido que los judíos vivían en tribus, las cuales se dividían en familias, en las que, cuanto mayor era la edad de los hombres, adquirían un mayor poder, sobre los más jóvenes, las mujeres y los niños. Si, utilizando nuestro vocabulario actual, decimos que Jesús quería ser original, tenía que distanciarse de su familia, y de su tribu. Jesús no podía elegir discípulos de entre sus familiares que fueran mayores que él o tuvieran su misma edad, pues nunca hubiera podido llegar a ser, maestro de los tales. Cuando el Hijo de María buscó seguidores entre gente extraña, es probable que sus parientes se sintieran avergonzados de Él, por no haber contado con ellos, para llevar a cabo su misión.
2. Como Jesús era conocido en Nazaret como un simple trabajador, no podía ser aceptado como Mesías (MT. 13, 54-58), porque existía la creencia de que el Mesías debía surgir entre la realeza, y no entre los burgueses ni los trabajadores humildes.
3. Aunque la actividad de Jesús durante los tres años que predicó el Evangelio se encaminó principalmente al pueblo judío, el Mesías también quiso darse a conocer a los paganos, cuya evangelización les correspondió a sus seguidores, después de que aconteciera su glorificación.
4. Al predicar su mensaje en una ciudad en que convivía gente de diferentes creencias, y al hablar en el idioma de quienes viven solventando las carencias de quienes sufren por diversas causas, Jesús debió tener la esperanza de contar con más recursos de los que le proporcionarían sus hermanos de raza, dado que los fariseos no cesaban de anunciar que el sufrimiento estaba causado por los pecados de quienes padecían, para evitar que sus oyentes socorrieran a los más necesitados, y les dieran el dinero que tuvieran previsto, para socorrer a los pobres, enfermos, ancianos y desamparados. No olvidemos que esta creencia aún existe entre muchos cristianos desgraciadamente.
3-2. La luz y las tinieblas (MT. 4, 14-16).
Dado que existía la creencia de que el Mesías tenía que ser miembro de la alta esfera social, San Mateo vinculó a Jesús con los galileos marginados por vivir en contacto con los paganos. Cuando acaeció el incendio del Templo de Jerusalén y la derrota de la ciudad santa por parte de Roma el año setenta del siglo I, desapareció el partido de los saduceos, y los fariseos lideraron el Judaísmo. Cuando estos alcanzaron el poder, iniciaron una gran presión contra los cristianos, con el fin de dirigir la espiritualidad de todos sus hermanos de raza. San Mateo vinculó a Jesús con los socialmente marginados por cualquier circunstancia, para darles a entender que, aunque se les acusaba de sufrir por causa de sus pecados o las transgresiones de la Ley de Moisés por parte de sus antepasados, la realidad era que Dios no los había abandonado, de lo cual, la Pasión, la muerte, la Resurrección y la glorificación de Jesús, eran pruebas irrefutables.
Los judíos que habitaban en las tinieblas de la marginación social por su contacto con los gentiles, su pobreza, o sus enfermedades, vieron una gran luz (JN. 8, 12). La luz de Jesús amaneció sobre quienes vivían bajo el influjo de la muerte, por cuanto eran considerados rechazados por dios, por causa de sus pecados, o de las transgresiones de la Ley de Israel, que llevaron a cabo, sus antepasados.
¿En qué sentido es significativa la luz de Jesús para nosotros?
3-3. La conversión y la llegada del Reino de Dios al mundo (MT. 4, 17).
3-3-1. La conversión.
¿Por qué habla San Mateo en su Evangelio del Reino de los Cielos, mientras que San Marcos y San Lucas, hablan en sus Evangelios, del Reino de Dios? Para responder la pregunta que nos hemos planteado, debemos volver a recordar que San Mateo era judío, y escribió su Evangelio para lectores de su raza, que no pronunciaban el Nombre de Dios, porque lo reverenciaban profundamente. La negativa de los judíos a pronunciar el Nombre divino, ha sido usada, para que los cristianos llamemos a Dios, utilizando diferentes nombres. Es esta la razón por la que unos cristianos llaman a Nuestro Padre celestial "Yahveh", y otros "jehová", sin tener en cuenta que, para que el "Tetragramaton" (YHWH) fuera pronunciable, se le añadió las letras "e", "o" y "a" de "Edonay", que se traduce como "mi Señor", de donde proviene la palabra "Jehová".
Dado que porque no somos perfectos tenemos la posibilidad de ser mejores personas, siempre podemos fijarnos metas, con el fin de superarnos a nosotros mismos. En el caso de los cristianos, la conversión, -es decir, el fiel seguimiento de Jesús, actuando tal como lo haría el Hijo de Dios y María en nuestras circunstancias, en cuanto ello nos sea posible-, es una gran meta a alcanzar.
¿Debemos eliminar nuestro yo los cristianos, con el fin de asimilarnos a Jesús? Para Sigmund Freud, el ego es una instancia psíquica consciente reconocida como yo, que se encarga de la identidad personal y las relaciones mantenidas con el medio, controladora de nuestros movimientos complejos y coordinados (motilidad), y mediadora entre los instintos de la fuente inconsciente de nuestra energía psíquica, contenedora de la totalidad de los instintos reprimidos, que solo se rige por el principio del placer (el ello), y los ideales de la parte inconsciente del yo que se observa, se juzga y trata de imponerse a sí mismo, siguiendo las referencias de las demandas de un yo idealizado (el superyó), y la realidad del mundo externo. Dado que el egoísmo es un amor no moderado y excesivo hacia sí mismo, que hace atender exclusivamente los intereses personales, y descuidarse de los demás, hay cristianos que piensan que para convertirnos al Señor debemos renunciar a nuestro ego, mientras que otros piensan que, dada nuestra imperfección, solo podremos asemejarnos al Mesías, en la medida que nos sea posible, mientras aguardamos la llegada del día en que, el Señor, concluya su obra en nosotros.
3-3-2. La llegada del Reino de Dios al mundo.
¿Qué es el Reino de los Cielos -o de Dios-? Dado que este trabajo será leído por cristianos de diferentes denominaciones, para unos el Reino de Dios será la Iglesia a que pertenecen, para otros será el mismo Jesús por cuanto considerarán que llamar Reino celestial a una iglesia imperfecta es pecar de soberbia, y otros considerarán que todos hemos sido llamados a formar parte de la sociedad a que pertenecemos, la cuál puede ser perfeccionada, y llegar a ser el Reino de Dios, según ayudemos a exterminar las carencias de nuestros prójimos los hombres, según las posibilidades que tengamos para llevar a cabo tan magno propósito, en cada momento de nuestra vida.
¿Cómo podemos poner nuestra vida al servicio del Reino de dios? Actuemos tal como lo haría Jesús si viviera nuestras circunstancias, y tuviera las oportunidades de hacer el bien que tengamos, en cuanto ello nos sea posible.
3-4. Jesús nos invita a ser pescadores de hombres (MT. 4, 18-20).
Jesús invitó a los hermanos Pedro y Andrés a que dejaran su negocio de pesca, para dedicarse a ser pescadores de hombres. Este no fue el primer encuentro que ambos hermanos mantuvieron con Jesús. Mientras que muchos cristianos se dedican exclusivamente a llevar a cabo la obra de Dios, la gran mayoría de quienes nos consideramos seguidores de Jesús, podemos emplear parte de nuestro tiempo, energía y medios, para ser pescadores de hombres. No somos invitados a pescar y a alimentarnos de nuestras víctimas, sino a pescar peces vivos con la red figurativa de la Iglesia para darles una vida mejor, así pues, recordemos que, para los católicos, la Iglesia a que pertenecen, es conocida, como la barca de San Pedro.
3-5. Jesús nos invita a seguirlo cuando nos ocupamos en nuestras actividades ordinarias (MT. 4, 21-22).
Santiago y Juan estaban reparando las redes de la barca en que trabajaban con su padre, cuando recibieron la invitación de Jesús a seguirlo. Tal como anteriormente lo hicieron Simón Pedro y Andrés, Santiago y Juan siguieron a Jesús instantáneamente, sin intentar excusarse. Mientras que los intérpretes bíblicos se debaten entre la posibilidad de que dichos pescadores se hicieran discípulos de Jesús gradualmente, y el hecho de que quizás siguieron al Mesías como si hubieran sido llamados al apostolado en la ocasión que estamos recordando, pensemos en cómo es nuestro seguimiento de Jesús, y si queremos y podemos mejorar la calidad de las actividades que realizamos en la viña del Señor, y la calidez de nuestras relaciones, con creyentes y no creyentes.
3-6. ¿Qué decía y hacía Jesús para ganar almas para el cielo? (MT. 4, 23).
Jesús predicaba el Evangelio, enseñaba la Palabra de Dios, y sanaba las enfermedades físicas y psíquicas. Aunque estos fueron los aspectos más notables del Ministerio público del Señor, no debemos olvidar que acostumbraba ayudar a los pobres (JN. 13, 29).
¿Cómo continuamos los cristianos la realización de la obra de Jesús?
¿En qué aspectos podemos mejorar el trabajo que llevamos a cabo en la viña del Señor?
3-7. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.
3-8. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.
4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en MT. 4, 12-23 a nuestra vida.
Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.
3-1.
1. ¿Por qué relacionó San Mateo la primera parte del Evangelio que hemos considerado con el texto de IS. 8, 23-9, 2?
2. ¿Por qué inició Jesús su Ministerio según San Mateo en Cafarnaúm, y no lo hizo en Nazaret, el pueblo en que creció y fue educado?
3. ¿Por qué se vio Jesús obligado a distanciarse de los miembros de su tribu y de su familia para escoger a sus futuros Apóstoles?
4. ¿Por qué es probable que bastantes familiares de Jesús se sintieran avergonzados del Señor?
5. ¿Por qué tuvo Jesús problemas para ser aceptado como Mesías en Israel, los cuales se hicieron más notables en Nazaret?
6. ¿Por qué promovían los fariseos el pensamiento de que el sufrimiento era consecuente de los pecados personales y de las transgresiones de la Ley de los antepasados?
7. ¿Son nuestros problemas causas de nuestra condición pecadora? ¿Por qué?
8. ¿Piensas que los cristianos discapacitados deben predicar en las iglesias, o deben permanecer entre los asistentes a las celebraciones cultuales, para que nadie de entre los tales piense que los líderes religiosos y sus colaboradores abusan de los tales?
3-2.
9. ¿Por qué vinculó San Mateo a Jesús con los galileos socialmente marginados por los habitantes de Judea porque vivían en contacto con los paganos?
10. ¿Qué les sucedió a los fariseos cuando se extinguió el partido de los grandes terratenientes?
11. ¿Qué les hicieron los fariseos a los cristianos cuando se sintieron poderosos? ¿Por qué?
12. ¿Por qué han existido muchos cristianos antisemitas a lo largo de los últimos veinte siglos?
13. ¿De qué era una prueba irrefutable para los marginados de Israel la Pasión, la muerte, la Resurrección y la glorificación de Jesús?
14. ¿En qué sentido es significativa la luz de Jesús para nosotros?
3-3.
3-3-1.
15. ¿Por qué habla San Mateo en su Evangelio del Reino de los Cielos, mientras que San Marcos y San Lucas, hablan en sus Evangelios, del Reino de Dios?
16. ¿Por qué no pronunciaban los judíos el Nombre de dios?
17. ¿Qué hemos hecho los cristianos con la negativa de los judíos a pronunciar el Nombre divino?
18. ¿Cuál es el verdadero Nombre de Dios?
19. ¿Cuáles son los Nombres de Dios más utilizados en la biblia?
20. ¿Por qué podemos fijarnos metas con el fin de superarnos a nosotros mismos?
21. ¿Qué es para los cristianos la conversión?
22. ¿Debemos eliminar nuestro yo los cristianos, con el fin de asimilarnos a Jesús?
23. ¿Puedes definir lo que es el ego, la motilidad, el ello y el superyó, según Sigmund Freud?
24. ¿Por qué piensan muchos cristianos que para convertirnos al Señor debemos renunciar a nuestro ego?
25. ¿Por qué no podemos asemejarnos al Mesías en la actualidad?
26. ¿Cuándo podremos ser como Jesús?
3-3-2.
27. ¿Qué es el Reino de los Cielos -o de Dios-?
28. ¿Es la Iglesia a que pertenecemos el Reino de dios? ¿Por qué?
29. ¿Por qué se dice entre los católicos que la Iglesia a que pertenecen es germen del Reino de Dios? (CIC. n. 541).
30. ¿Por qué piensan muchos cristianos que el Reino de Dios es la Persona de Jesús?
31. ¿Cómo puede la tierra llegar a ser el Reino de Dios?
32. ¿Cómo podemos poner nuestra vida al servicio del Reino de Dios?
3-4.
33. ¿Por qué invitó Jesús a Simón Pedro y a su hermano Andrés a ser pescadores de hombres?
34. ¿Por qué dejaron ambos hermanos su trabajo y se separaron de sus familiares para seguir a Jesús?
35. ¿Por qué hemos sido llamados a pescar hombres vivos por Jesús?
36. ¿Cuál es el simbolismo de la red y de la barca de San Pedro?
3-5.
36. ¿Qué estaban haciendo los hijos de Zebedeo cuando Jesús los invitó a seguirlo?
37. ¿Cómo seguimos a Jesús?
38. ¿Podemos mejorar la calidad del trabajo que llevamos a cabo en la viña del Señor, y la calidez de las relaciones que mantenemos, con creyentes y no creyentes?
3-6.
39. ¿Por qué predicaba Jesús el Evangelio, enseñaba la Palabra de dios, y sanaba las enfermedades físicas y psíquicas?
40. ¿Cómo continuamos los cristianos la realización de la obra de Jesús?
41. ¿En qué aspectos podemos mejorar el trabajo que llevamos a cabo en la viña del Señor?
7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en MT. 4, 12-23.
Comprometámonos a orar por la unidad de los cristianos, no solo en esta semana en que oramos especialmente por tal motivo, sino, durante todo el año.
Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.
8. Oración personal.
Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.
Ejemplo de oración personal:
Señor Jesús:
Porque eres la luz del mundo que exterminas nuestras tinieblas cuando te confiamos nuestra vida, ilumínanos para que te conozcamos, practiquemos tus enseñanzas, y conozcamos el arte de la oración.
Porque el Reino de Dios está entre nosotros (LC. 17, 21), haznos miembros del mismo, para que seamos dignos de vivir, en la presencia de Nuestro Padre común.
Gracias por oír nuestras oraciones, y concedernos lo que te pedimos, cuando nos disponemos a ser, tus fieles hermanos.
9. Oración final.
Leamos y meditemos el Salmo 19, glorificando al Dios Uno y Trino.
José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en
joseportilloperez@gmail.com
En este blog encontraréis meditaciones para crecer a los niveles personal, social y espiritual.
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Dios se hace presente en nuestra vida ordinaria. (Ejercicio de lectio divina del Evangelio de la solemnidad de la Inmaculada Conncepción de María Santísima. 8 de diciembre).
Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María Santísima (8 de diciembre).
Dios se hace presente en nuestra vida ordinaria.
Ejercicio de Lectio Divina de LC. 1, 26-38.
Nota: Encontraréis más información referente al Evangelio que consideramos en esta ocasión, en la meditación 3. del apartado 6. del ejercicio de Lectio Divina del Domingo IV de Adviento del Ciclo A.
Lectura introductoria: GN. 3, 15.
1. Oración inicial.
Iniciemos este encuentro de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y, del Espíritu Santo.
R. Amén.
Iniciemos este tiempo de oración y meditación esforzándonos para que nuestras ocupaciones y preocupaciones no nos impidan gozar de nuestro encuentro con el Señor, pues Él se hace presente en nuestras vidas, para iluminarnos con su Palabra.
Orar es elevar nuestra voz al cielo, teniendo la certeza de que Dios escucha nuestras peticiones y acciones de gracias.
Orar es hacer el bien, con la certeza de que nuestras manos son las manos con que Nuestro Santo Padre cuenta, para beneficiar a sus hijos los hombres.
Orar es alegrarnos de tener el privilegio de haber sido congregados por Nuestro Padre común, ora en los templos en que se haga este ejercicio de Lectio Divina en grupos de oración, ora en los hogares en que leamos y oremos este trabajo, con nuestros familiares o individualmente.
Orar es pedirle a Dios la sencillez con que Nuestra Santa Madre acogió a Jesús como Madre, después de disponerse a vivir cumpliendo la voluntad de Nuestro Padre celestial.
Orar es saber que nuestra vida cristiana no debe sucumbir ante las contrariedades que la caracterizan, cuando se nos juzga por el mal que no hemos hecho, y cuando no se comprende la fe que profesamos.
Orar es abrirnos a la novedad del Dios que quiere hacer de la humanidad una familia que vive amándose y sirviéndose constantemente.
Oremos:
Espíritu Santo, amor que procedes del Padre y del Hijo, luz que iluminas nuestro entendimiento, y sabiduría que anhelamos para no perder la fe que nos caracteriza:
Ayúdanos a interpretar el texto bíblico que vamos a considerar, haznos dóciles como lo fue María Santísima para acoger el mensaje que le transmitió San Gabriel, y haznos también mensajeros para el mundo, como lo fue San Gabriel para Nuestra Santa Madre, para que el Evangelio siga siendo predicado, hasta que nuestra tierra sea el Reino del Dios Uno y Trino. Amén.
2. Leemos atentamente LC. 1, 26-38, intentando abarcar el mensaje que San Lucas nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.
2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.
2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.
3. Meditación de LC. 1, 26-38.
3-1. El Arcángel San Gabriel fue enviado a Nazaret (LC. 1, 26).
Nazaret estaba en la ruta de Palestina más concurrida por soldados romanos y mercaderes paganos. Cuando Jesús vivió en Palestina, los judíos despreciaban a los extranjeros, -los consideraban como perros-, porque sus antepasados habían sido dominados en el pasado por diferentes civilizaciones, y ellos estaban subyugados por los romanos. Debido a la citada discriminación que caracterizaba a los hermanos de raza de Jesús con respecto a los paganos porque se jactaban de que Dios solo los consideraba a ellos como su propiedad personal y despreciaba a los gentiles, los habitantes de Nazaret eran mal vistos por los habitantes de Jerusalén, -la capital del país, el centro de la adoración a Yahveh-, porque entre ellos había gente con muy buena posición social, que tenía el dinero necesario para cumplir escrupulosamente sus 613 prescripciones legales, las cuales les exigían distanciarse de los gentiles -o paganos-, por considerarlos pecadores irremisibles.
Jesús nació en Belén, pero se instaló en Nazaret durante los años de su tierna infancia, y creció allí, hasta hacerse Hombre. Jesús partió de Nazaret a encontrarse con San Juan Bautista en el río Jordán, para ser bautizado por el Profeta, e iniciar su Ministerio público. A pesar de que Nuestro Señor vivió muchos años en Nazaret, pasó inadvertidamente entre sus parientes y vecinos, de tal manera, que ninguno de los tales tuvo la menor sospecha, de que convivía con el Mesías, y, cuando Jesús se les reveló como enviado de Dios en su Sinagoga, no solo lo rechazaron, sino que intentaron despeñarlo por un barranco (LC. 4, 12-30), porque ellos anhelaban un mesías guerrero que expulsara a los romanos de su tierra, y Nuestro Señor se les presentó como un Mesías sufriente, que vino al mundo para demostrarnos que Dios nos ama, no promoviendo la violencia, sino extinguiendo las miserias humanas, entre las que destaca la falta de amor de unos hombres para con otros, pues la misma es la causante de muchas enfermedades y situaciones de pobreza, y hace que muchos mueran, víctimas del odio y el sin sentido.
3-2. San Gabriel se le manifestó a Nuestra Señora (LC. 1, 27-28).
Los judíos creían que la juventud era signo de inexperiencia vital, y por tanto del desconocimiento de Dios. Ellos también creían que la pobreza era un castigo que Dios les infringía a los pecadores, y que las mujeres eran inferiores a los hombres, y por ello las tales tenían que obedecer a sus padres si eran solteras, o a sus maridos si estaban casadas, y tenían que rehusar a tomar decisiones importantes concernientes a sus vidas, hasta el punto de que sus padres y maridos podían romper las promesas que las tales les hacían a Dios según su Ley religiosa, si no estaban de acuerdo con las mismas (NÚM. 30, 4-16).
¿Por qué quiso Dios nacer de una joven y pobre mujer? Los católicos que tenemos algún conocimiento de nuestras creencias, podemos responder esta pregunta satisfactoriamente. Nuestra Santa Madre nació con el privilegio de no estar marcada por la mácula original con que todos nacemos. Fue por ello que Dios la eligió para que fuera Madre del Salvador de la humanidad, a pesar de que, por ser joven, pobre y mujer, ello no era acorde con las creencias de los hermanos de raza de Nuestra Santa Madre.
Según los judíos, por ser joven, pobre y mujer, María no podría haber sido utilizada por Dios para llevar a cabo ninguna misión importante, pero, a pesar de ello, Nuestro Santo Padre depositó su confianza en Ella, -porque sabía que no lo iba a decepcionar-, para que llevara a cabo uno de los actos de obediencia más grandes de todos los tiempos.
A Dios, más que la riqueza económica de sus siervos, le interesa el amor que le manifiestan, y la disposición con que lo sirven desinteresadamente, en sus hijos los hombres.
A Dios no le sirve de nada el hecho de que adquiramos grandes conocimientos teológicos, si nos guardamos los mismos en nuestro interior, y no los predicamos para que otros los conozcan, ni los utilizamos para hacer el bien.
3-3. María recibió un anuncio tan maravilloso como sorprendente (LC. 1, 29-31).
Recuerdo el caso de una señora que cometió el error de concederle a su hija de doce años el capricho de dejar de estudiar, para que pudiera sentirse libre de cargas según ella, para poder dedicarse a su novio. Aquella niña no tardó en irse de la casa de sus padres con un novio que, cuando les presentó a la niña a sus padres, lo obligaron a dejarla, sin ni siquiera darle el dinero que necesitaba para volver a casa de sus padres, que la esperaban a unos 700KM de distancia. Cuando la niña se vio sola, empezó a prostituirse con el pensamiento de reunir el dinero que necesitaba para volver a su tierra, pero se encontró con gente que conocía por haberla visto en su pueblo que se compadeció de ella, y la ayudó a volver con sus padres, sin cobrarle nada por los días que la hospedó y alimentó, ni por el billete de autobús que le compró, para que pudiera volver a estar con su familia.
La niña llegó al pueblo contando aventuras que para ella habían sido divertidísimas, dando la impresión de que se sentía como una heroína. Cuando comprendió que no podía seguir siendo un juguete para los hombres, se enfrentó a su madre, y la culpó por haberle permitido dejar sus estudios siendo tan joven. La madre me buscó llorando para que la consolara, y yo, que soy muy sincero, y me gusta hablar claramente, le dije que a los hijos no solo se les ama dándoles besos y comprándoles regalos, pues también se les ama corrigiéndoles, cuando se sabe que van a cometer errores. A los hijos hay que corregirlos en muchos aspectos antes de que alcancen la mayoría de edad, para que, cuando sean adultos, sean personas de provecho. A los hijos hay que corregirlos con dulzura, y con firmeza.
¿Por qué os he contado esta historia? Conozco predicadores desconocedores de las dificultades que puede atraernos la predicación de la Palabra de Dios, que esperan trabajar exitosamente haciéndose famosos por ello, y, consecuentemente, esperan ser bendecidos por Dios automáticamente, por desarrollar la actividad religiosa en que se desenvuelven. Dios no deja sin recompensa a nadie que le sirva, a no ser que se dé el caso de que le sirvamos interesadamente, y nos deje sin premiar, hasta que imitemos su conducta de dar, sin esperar nada a cambio, por los servicios que le prestamos, en sus hijos los hombres.
Para María era un honor ser la Madre del Mesías. No olvidemos que en aquel tiempo había una comunidad religiosa cuyos integrantes vivían siendo célibes para acelerar la venida del Mesías al mundo, y que, según una antigua tradición, Nuestra Santa Madre hizo un voto de virginidad perpetua, para contribuir a acelerar el día en que habría de nacer Nuestro Salvador.
Por aceptar ser la Madre de Dios, María se expuso a que muchos de sus familiares y amigos la despreciaran y se burlaran de ella, y a que José la denunciara, para que fuera asesinada, por haber cometido adulterio, contra él. Aunque María no le pidió ninguna señal a San Gabriel que le demostrara la veracidad del mensaje que le transmitió, apenas supo que Elisabeth estaba embarazada, fue a verla y servirla, y dado que Elisabeth sabía que María estaba embarazada, ello fue la señal que le sirvió a Nuestra Santa Madre, para terminar de depositar su plena confianza en Dios.
Jesús vino al mundo, y José lo aceptó como hijo adoptivo, concediéndole, ante la Ley, todos los derechos que hubiera tenido, un hijo que hubiera sido engendrado por el Patrón de la Iglesia Universal, y Nuestra Santa Madre. Sin embargo, los sufrimientos no terminaron cuando José aceptó la paternidad del Mesías, pues Nuestro Señor fue rechazado por su pueblo, y murió crucificado, sin ser merecedor de tal castigo.
Ya que en Jesús está depositada la esperanza de sus creyentes de alcanzar la salvación, porque sabemos que resucitó como triunfador sobre el pecado, el sufrimiento y la muerte, llamamos a María Bienaventurada, porque halló gracia en la presencia de Dios, y, según la fe católica, permanece en el cielo junto a su Hijo, después de haber vivido como ejemplar creyente.
Si la bendición que constituyen nuestros diversos sufrimientos nos entristece, pensemos en las vivencias de Nuestra Santa Madre, y esperemos pacientemente que Dios acabe de hacer el trabajo de redimirnos, sirviéndose de nuestras circunstancias dolorosas.
3-4. Serás la Madre del Rey de Israel (LC. 1, 31-33).
Tal como Moisés condujo a los hebreos por el desierto después de liberarlos de la esclavitud de Egipto en el Nombre poderoso de Yahveh, y Josué los introdujo en la tierra prometida, si meditamos la Palabra de Jesús, y la aplicamos a nuestras vidas, descubrimos en el Señor a un nuevo Moisés que nos adoctrina para que seamos fieles hijos de Dios, y a un nuevo Josué, que nos tiene abiertas las puertas del cielo, por medio de la recepción de los Sacramentos, el estudio de la Biblia, la práctica incesante de la oración, y el ejercicio de la caridad cristiana, en favor de quienes más necesitan, nuestras dádivas espirituales, y materiales.
En el poderoso Nombre de Jesús, enfermos fueron curados, se llevaron a cabo exorcismos, y se perdonaron pecados.
¿Qué podríamos hacer nosotros en este preciso instante, si el Nombre de Jesús fuera pronunciado sobre nosotros después de que un ministro del Señor nos impusiera las manos, para que trabajáramos en la viña del Señor?
Dios le prometió al Rey David que su reinado se prolongaría por siempre (2 SAM. 7, 12-15). Dado que David y sus descendientes murieron, -incluso el Reino de Israel se dividió en dos reinos en tiempos del nieto de David-, está claro que David no es el Rey eterno que ha de cumplir la promesa de redimir a la humanidad, pues ello solo le pudo corresponder a Jesús, quien, se diferenció de David, en que jamás cometió ningún pecado.
3-5. María interrogó a San Gabriel (LC. 1, 34).
3-5-1. La Virginidad de María.
Los cristianos estamos divididos a la hora de interpretar el versículo bíblico que estamos considerando. Quienes piensan que los sobrinos de María y José de quienes se habla en la Biblia son hijos de los tales, -y por tanto hermanos carnales de Jesús-, interpretan LC. 1, 34, de la siguiente manera: ¿Cómo es posible que me suceda esto, si no me he relacionado aún con ningún hombre?
Quienes creemos que los citados personajes son primos de Jesús, interpretamos LC, 1, 34, de la siguiente manera, en atención a la tradición en la que creemos: ¿Cómo es posible que yo quede embarazada, si nunca me relacioné con ningún hombre, y he hecho un voto de virginidad perpetua?
La polémica que mantenemos los cristianos referente a este tema es muy grande, porque, aunque en el tiempo de Jesús los esenios vivían siendo célibes para acelerar la venida del Mesías al mundo, para muchos creyentes y no creyentes, el hecho de privarse de mantener relaciones sexuales, carece totalmente de sentido.
3-5-2. ¿Cómo pudo María Santísima concebir un Hijo siendo Virgen?
Es muy difícil creer que Jesús nació de una mujer virgen. San Lucas, -el autor del texto que estamos meditando-, era médico, y conocía perfectamente cómo se forman los niños. Para un médico como San Lucas debió ser muy difícil creer en el Nacimiento virginal de Jesús, pero, a pesar de ello, lo aceptó, lo predicó de viva voz, y lo escribió como un hecho crucial, que, si es aceptado por nosotros, engrandece la fe que nos caracteriza, por la dificultad que entraña el hecho de creerlo.
San Lucas basó sus dos libros en los informes que obtuvo de diversas fuentes, entre las que destacan los testimonios de fe de muchos testigos presenciales de los hechos que narra. Dicho Evangelista, -según una antigua tradición-, obtuvo el relato de los dos primeros capítulos de su Evangelio, de labios de María Santísima. San Lucas creyó ciegamente que Jesús nació de las purísimas entrañas de Nuestra Santa Madre, así pues, esta es la causa por la que hizo expresarse en su primera obra a San Gabriel en el pasaje de la Anunciación, y a Nuestra Santa Madre en el pasaje de la Visitación, en términos poéticos.
3-6. El Espíritu Santo iluminó a María Santísima (LC. 1, 35).
¿Cómo pudo una hija de Adán llegar a ser la Madre de Dios? Ya que no estuvo marcada por el efecto del pecado original, Nuestra Santa Madre recibió el Espíritu Santo, y el poder de Dios la cubrió con su sombra, convirtiéndola en Templo viviente de la Divinidad, en que Jesús, -la Palabra de Dios-, se hizo Hombre (JN. 1, 14).
Si María Santísima llegó a ser templo viviente de Dios, el Niño que nació de Ella, fue llamado Santo, pues Jesús tampoco estuvo afectado por el pecado original de nuestros ancestros, pues sus Padres, -Dios y María-, son plenamente puros y Santos.
El primer Adán desobedeció a Dios, e hizo que toda la humanidad padeciera el efecto de su desobediencia (ROM. 5, 12). Jesús, -el segundo Adán-, al estar libre de la citada mácula, fue nuestro sustituto en la cruz para librarnos de las consecuencias del pecado original, y de nuestras transgresiones personales, en el cumplimiento de los Mandamientos divinos.
Tanto Adán como Jesús fueron humanizados por Dios, quien los hizo hombres puros. Ambos tomaron la decisión que consideraron más oportuna. Adán quiso perfeccionarse al margen de Dios, fracasó rotundamente, y nos perjudicó a todos, porque logró que apareciera el mal en el mundo. Por su parte, Jesús, a pesar de que es el Dios perfecto, quiso perfeccionarse como Hombre, cumpliendo la voluntad de Nuestro Santo Padre.
¿Optamos por ser imitadores de Adán, o de Jesús?
3-7. El embarazo de Elisabeth fortaleció la fe de María, quien se dispuso a servir a su pariente (LC. 1, 36-38).
María recibió la noticia de su Maternidad divina, cuando su pariente Elisabeth llevaba seis meses en estado de gestación. Dios nos llama a servirle en medio de los acontecimientos de la Historia de la salvación. No somos los personajes más relevantes de dicha Historia, pero se nos ha concedido la dicha de ser actores de la misma. ¿Empujaremos los acontecimientos que vivimos de manera que contribuyan a la plena instauración del Reino de Dios entre nosotros?
Elisabeth concibió un hijo en su vejez, cuando probablemente se había resignado pensando que jamás podría ser madre, y sabía que la gente siempre la despreciaría, considerándola maldita de Dios. No dejemos nunca de soñar. Dios cumplirá la doble promesa de hacernos felices si sabemos aceptar nuestras circunstancias vitales, y de concedernos la vida eterna, más allá de nuestros posibles sufrimientos actuales.
Para Dios nada hay imposible, pero, cuando nuestra fe flaquea, y desconfiamos tanto de nosotros, como de los hombres y de Dios, la realización de nuestros sueños, es totalmente imposible.
Aunque los traductores de la Biblia de Jerusalén ponen en boca de María la expresión "he aquí la esclava del Señor", para hacernos comprensible la lectura del texto que estamos meditando, Nuestra Santa Madre no dijo de Sí que era la esclava del Señor, sino la sierva, la que lo sirve voluntariamente. Por eso San Gabriel volvió al cielo, para decirle a Nuestro Santo Padre, que había concluido la misión que le había encomendado, y que, Nuestra Santa Madre, se sentía feliz, porque se convirtió en el Templo vivo de Dios.
3-8. Si hacemos este ejercicio de Lectio Divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.
3-9. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.
4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en LC. 1, 26-38 a nuestras vidas.
Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la meditación que aparece en el apartado 3 de este trabajo.
3-1.
1. San Gabriel fue enviado a Nazaret cuando se cumplió el sexto mes de gestación de la madre de San Juan el Bautista. ¿Qué significa en nuestras vidas el citado sexto mes?
2. ¿Está relacionado el significado del sexto mes con el hecho de que Dios nos llama a servirlo en nuestros prójimos los hombres en el momento idóneo para ello?
3. ¿Por qué eligió Dios un pequeño pueblo para que su Hijo naciera, y no permitió que Nuestro Redentor naciera en la capital de Israel, en la que estaba el Templo, que era el centro de adoración nacional?
4. ¿Por qué el Dios Todopoderoso no desea que sus hijos marginemos a nadie por ninguna circunstancia?
5. Muchos judíos se jactaban de que Dios actuaba como ellos, pues creían que Yahveh despreciaba a los gentiles. ¿Nos hemos creado un dios a nuestra imagen y semejanza, a quien hemos dotado con nuestras virtudes y defectos, o nos amoldamos al cumplimiento de la voluntad del Dios predicado por Jesús?
6. Jesús pasó muchos años en Nazaret viviendo como cualquiera de sus vecinos pobres. Aunque Jesús es el Enviado de Dios al mundo, Nuestro Señor vivió humildemente. En lo que respecta a nosotros, ¿servimos a Dios humildemente, o lo hacemos para aparentar la devoción y la bondad que deberían caracterizarnos?
3-2.
7. San Gabriel le dijo a María que se alegrara, porque el Señor estaba con ella. ¿Creemos que el Señor se manifiesta en nuestras vidas?
8. ¿Recordamos alguna ocasión en que sentimos de una manera especial la presencia de Dios en alguna circunstancia que vivimos?
9. ¿Por qué Jesús nació de una mujer joven y pobre?
10. ¿Creemos que hombres y mujeres tenemos la misma dignidad? ¿Por qué?
11. ¿Pensamos que las mujeres son marginadas en las denominaciones religiosas cristianas y en nuestras sociedades? ¿Por qué?
12. ¿Podríamos hacer algo para que dejen de darse situaciones de marginalidad que afecten a las mujeres y a otros colectivos?
13. ¿Por qué le confía Dios misiones importantes a gente de la que desconfía parte de la sociedad en la que vive?
14. ¿Cuáles son las cualidades que más valora Dios en sus siervos? ¿Por qué?
15. ¿De qué nos aprovecha tener muchos conocimientos teológicos, si no los predicamos, ni los utilizamos para hacer el bien?
3-3.
16. María se atemorizó cuando San Gabriel la saludó, porque se consideraba pequeña para recibir un trato especial. ¿Destacamos en el medio en que vivimos porque somos humildes, o preferimos ser prepotentes?
17. San Gabriel le dijo a Nuestra Santa Madre que no temiera, porque halló gracia delante del Señor. ¿Creemos que el Señor ilumina nuestras vidas con los dones del Espíritu Santo y su Palabra cuando sufrimos, o nos sentimos desamparados por Dios en esos momentos?
18. ¿Cómo explicamos el hecho de que Dios no les impida sufrir a sus siervos?
19. ¿Podemos pedirle a Dios que nos demuestre que existe por medio de la realización de prodigios? ¿Por qué?
3-4.
20. ¿Acogemos las enseñanzas de Jesús?
21. ¿Cómo podemos demostrar que somos seguidores de Jesús?
22. ¿Qué hicieron Moisés y Josué para que hayan sido comparados con Nuestro Señor en el apartado 3-4 de este ejercicio de Lectio Divina?
23. ¿Por qué podemos estudiar la Biblia, poner en práctica todo lo que aprendemos de la misma, y orar?
24. ¿Qué nos sucedería si dejáramos de estudiar la Biblia, si evitáramos poner en práctica lo aprendido en nuestras horas de formación, o si nos negáramos a orar?
3-5.
3-5-1.
25. ¿Es cierto que María fue Virgen antes y después de dar a luz a Jesús?
26. ¿Sabríamos responder la pregunta anterior aportando razones para defender lo que creemos por si alguien contradice la fe católica ante nosotros?
27. ¿Por qué creemos los católicos que María fue Virgen antes y después de dar a luz a Jesús?
28. Si María siempre fue Virgen, ¿por qué se habla en la Biblia de los hermanos de Jesús?
29. ¿Por qué creemos los católicos que María hizo un voto de Virginidad perpetua, que José respetó fielmente?
3-5-2.
30. ¿Qué sentido tenía el celibato en el tiempo en que vivió Jesús?
31. ¿Qué sentido tiene el celibato en nuestro tiempo?
32. ¿Es posible creer plenamente que Jesús nació de una mujer Virgen?
33. ¿Son compatibles la fe y la ciencia, si tenemos en cuenta que, aunque la primera nos informa de las realidades intangibles, y la segunda de las realidades tangibles, ambas tienen el fin de averiguar la verdad?
34. ¿Por qué un médico como San Lucas creyó y predicó el Nacimiento virginal de Jesús?
35. ¿Por qué decimos que San Lucas es el Evangelista de la misericordia, y el pintor de María?
3-6.
36. Aunque carezcamos de la pureza de Nuestra Santa Madre, ¿creemos que somos templos vivos de Dios? ¿Por qué?
37. ¿Qué nos falta hacer para que nuestras almas sean dignas moradas del Dios Uno y Trino?
38. ¿Por qué María y Jesús no padecieron los efectos del pecado original, según la fe cristiano-católica?
39. ¿Qué diferencia hay entre la conducta del primer Adán y la conducta de Jesús, el segundo Adán?
40. ¿Qué diferencia hay entre la conducta de Eva y la conducta de María, la segunda Eva?
41. ¿Qué consiguió Adán al querer perfeccionarse al margen de Dios?
42. ¿Qué logró Jesús al redimirnos cumpliendo la voluntad de Nuestro Santo Padre?
3-7.
43. ¿Creemos que para Dios no hay nada imposible?
44. ¿Servimos a Dios como siervos, o como esclavos?
45. ¿Podemos hacer algo para apresurar la plena instauración del Reino de Dios en el mundo?
46. ¿Puede hacernos felices Dios en este mundo, o la promesa de hacernos dichosos solo se refiere a nuestra futura vivencia en el cielo?
5. Lecturas relacionadas.
Leamos en nuestras Biblias I SAM. 1 y JC. 13, considerando los hechos milagrosos, característicos de los citados textos.
6. Contemplación.
Contemplemos al Dios que nos llama para hacer cosas grandes en nuestras vidas, mientras lo conocemos por medio del estudio de la Biblia y los documentos de la Iglesia, practicamos lo que aprendemos viviendo piadosamente y haciendo el bien, y nos familiarizamos con Él, por medio de la oración.
Contemplemos a Nuestro Salvador, que se hizo débil para hacernos fuertes.
Contemplemos a Jesús, quien se hizo pequeño para hacernos grandes, y murió y resucitó, para demostrarnos que Nuestro Santo Padre nos ama.
Contemplemos a Nuestra Santa Madre, y hagamos de Ella nuestro ejemplo de fe a imitar.
Contemplémonos posponiendo el cumplimiento de la voluntad de Dios, unas veces por pereza, y otras por falta de fe.
Contemplémonos cuando nos conformamos prestándole a Dios un pequeño servicio, y no nos esforzamos en servirlo más y mejor.
7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en LC. 1, 26-38.
Adoptemos el compromiso de hacer de Jesús y María nuestros ejemplos de fe a imitar, especialmente cuando tengamos que servir a Dios en nuestros prójimos los hombres, y cuando suframos.
Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.
8. Oración personal.
Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.
Ejemplo de oración personal.
Padre bueno:
Tú que elegiste a una joven y pobre mujer para que fuera la Madre de Jesús, ayúdame a no ser soberbio, y a vivir cumpliendo tu voluntad constantemente.
9. Oración final.
Leamos y meditemos el Salmo 69, en actitud de oración.
José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en
joseportilloperez@gmail.com
Dios se hace presente en nuestra vida ordinaria.
Ejercicio de Lectio Divina de LC. 1, 26-38.
Nota: Encontraréis más información referente al Evangelio que consideramos en esta ocasión, en la meditación 3. del apartado 6. del ejercicio de Lectio Divina del Domingo IV de Adviento del Ciclo A.
Lectura introductoria: GN. 3, 15.
1. Oración inicial.
Iniciemos este encuentro de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y, del Espíritu Santo.
R. Amén.
Iniciemos este tiempo de oración y meditación esforzándonos para que nuestras ocupaciones y preocupaciones no nos impidan gozar de nuestro encuentro con el Señor, pues Él se hace presente en nuestras vidas, para iluminarnos con su Palabra.
Orar es elevar nuestra voz al cielo, teniendo la certeza de que Dios escucha nuestras peticiones y acciones de gracias.
Orar es hacer el bien, con la certeza de que nuestras manos son las manos con que Nuestro Santo Padre cuenta, para beneficiar a sus hijos los hombres.
Orar es alegrarnos de tener el privilegio de haber sido congregados por Nuestro Padre común, ora en los templos en que se haga este ejercicio de Lectio Divina en grupos de oración, ora en los hogares en que leamos y oremos este trabajo, con nuestros familiares o individualmente.
Orar es pedirle a Dios la sencillez con que Nuestra Santa Madre acogió a Jesús como Madre, después de disponerse a vivir cumpliendo la voluntad de Nuestro Padre celestial.
Orar es saber que nuestra vida cristiana no debe sucumbir ante las contrariedades que la caracterizan, cuando se nos juzga por el mal que no hemos hecho, y cuando no se comprende la fe que profesamos.
Orar es abrirnos a la novedad del Dios que quiere hacer de la humanidad una familia que vive amándose y sirviéndose constantemente.
Oremos:
Espíritu Santo, amor que procedes del Padre y del Hijo, luz que iluminas nuestro entendimiento, y sabiduría que anhelamos para no perder la fe que nos caracteriza:
Ayúdanos a interpretar el texto bíblico que vamos a considerar, haznos dóciles como lo fue María Santísima para acoger el mensaje que le transmitió San Gabriel, y haznos también mensajeros para el mundo, como lo fue San Gabriel para Nuestra Santa Madre, para que el Evangelio siga siendo predicado, hasta que nuestra tierra sea el Reino del Dios Uno y Trino. Amén.
2. Leemos atentamente LC. 1, 26-38, intentando abarcar el mensaje que San Lucas nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.
2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.
2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.
3. Meditación de LC. 1, 26-38.
3-1. El Arcángel San Gabriel fue enviado a Nazaret (LC. 1, 26).
Nazaret estaba en la ruta de Palestina más concurrida por soldados romanos y mercaderes paganos. Cuando Jesús vivió en Palestina, los judíos despreciaban a los extranjeros, -los consideraban como perros-, porque sus antepasados habían sido dominados en el pasado por diferentes civilizaciones, y ellos estaban subyugados por los romanos. Debido a la citada discriminación que caracterizaba a los hermanos de raza de Jesús con respecto a los paganos porque se jactaban de que Dios solo los consideraba a ellos como su propiedad personal y despreciaba a los gentiles, los habitantes de Nazaret eran mal vistos por los habitantes de Jerusalén, -la capital del país, el centro de la adoración a Yahveh-, porque entre ellos había gente con muy buena posición social, que tenía el dinero necesario para cumplir escrupulosamente sus 613 prescripciones legales, las cuales les exigían distanciarse de los gentiles -o paganos-, por considerarlos pecadores irremisibles.
Jesús nació en Belén, pero se instaló en Nazaret durante los años de su tierna infancia, y creció allí, hasta hacerse Hombre. Jesús partió de Nazaret a encontrarse con San Juan Bautista en el río Jordán, para ser bautizado por el Profeta, e iniciar su Ministerio público. A pesar de que Nuestro Señor vivió muchos años en Nazaret, pasó inadvertidamente entre sus parientes y vecinos, de tal manera, que ninguno de los tales tuvo la menor sospecha, de que convivía con el Mesías, y, cuando Jesús se les reveló como enviado de Dios en su Sinagoga, no solo lo rechazaron, sino que intentaron despeñarlo por un barranco (LC. 4, 12-30), porque ellos anhelaban un mesías guerrero que expulsara a los romanos de su tierra, y Nuestro Señor se les presentó como un Mesías sufriente, que vino al mundo para demostrarnos que Dios nos ama, no promoviendo la violencia, sino extinguiendo las miserias humanas, entre las que destaca la falta de amor de unos hombres para con otros, pues la misma es la causante de muchas enfermedades y situaciones de pobreza, y hace que muchos mueran, víctimas del odio y el sin sentido.
3-2. San Gabriel se le manifestó a Nuestra Señora (LC. 1, 27-28).
Los judíos creían que la juventud era signo de inexperiencia vital, y por tanto del desconocimiento de Dios. Ellos también creían que la pobreza era un castigo que Dios les infringía a los pecadores, y que las mujeres eran inferiores a los hombres, y por ello las tales tenían que obedecer a sus padres si eran solteras, o a sus maridos si estaban casadas, y tenían que rehusar a tomar decisiones importantes concernientes a sus vidas, hasta el punto de que sus padres y maridos podían romper las promesas que las tales les hacían a Dios según su Ley religiosa, si no estaban de acuerdo con las mismas (NÚM. 30, 4-16).
¿Por qué quiso Dios nacer de una joven y pobre mujer? Los católicos que tenemos algún conocimiento de nuestras creencias, podemos responder esta pregunta satisfactoriamente. Nuestra Santa Madre nació con el privilegio de no estar marcada por la mácula original con que todos nacemos. Fue por ello que Dios la eligió para que fuera Madre del Salvador de la humanidad, a pesar de que, por ser joven, pobre y mujer, ello no era acorde con las creencias de los hermanos de raza de Nuestra Santa Madre.
Según los judíos, por ser joven, pobre y mujer, María no podría haber sido utilizada por Dios para llevar a cabo ninguna misión importante, pero, a pesar de ello, Nuestro Santo Padre depositó su confianza en Ella, -porque sabía que no lo iba a decepcionar-, para que llevara a cabo uno de los actos de obediencia más grandes de todos los tiempos.
A Dios, más que la riqueza económica de sus siervos, le interesa el amor que le manifiestan, y la disposición con que lo sirven desinteresadamente, en sus hijos los hombres.
A Dios no le sirve de nada el hecho de que adquiramos grandes conocimientos teológicos, si nos guardamos los mismos en nuestro interior, y no los predicamos para que otros los conozcan, ni los utilizamos para hacer el bien.
3-3. María recibió un anuncio tan maravilloso como sorprendente (LC. 1, 29-31).
Recuerdo el caso de una señora que cometió el error de concederle a su hija de doce años el capricho de dejar de estudiar, para que pudiera sentirse libre de cargas según ella, para poder dedicarse a su novio. Aquella niña no tardó en irse de la casa de sus padres con un novio que, cuando les presentó a la niña a sus padres, lo obligaron a dejarla, sin ni siquiera darle el dinero que necesitaba para volver a casa de sus padres, que la esperaban a unos 700KM de distancia. Cuando la niña se vio sola, empezó a prostituirse con el pensamiento de reunir el dinero que necesitaba para volver a su tierra, pero se encontró con gente que conocía por haberla visto en su pueblo que se compadeció de ella, y la ayudó a volver con sus padres, sin cobrarle nada por los días que la hospedó y alimentó, ni por el billete de autobús que le compró, para que pudiera volver a estar con su familia.
La niña llegó al pueblo contando aventuras que para ella habían sido divertidísimas, dando la impresión de que se sentía como una heroína. Cuando comprendió que no podía seguir siendo un juguete para los hombres, se enfrentó a su madre, y la culpó por haberle permitido dejar sus estudios siendo tan joven. La madre me buscó llorando para que la consolara, y yo, que soy muy sincero, y me gusta hablar claramente, le dije que a los hijos no solo se les ama dándoles besos y comprándoles regalos, pues también se les ama corrigiéndoles, cuando se sabe que van a cometer errores. A los hijos hay que corregirlos en muchos aspectos antes de que alcancen la mayoría de edad, para que, cuando sean adultos, sean personas de provecho. A los hijos hay que corregirlos con dulzura, y con firmeza.
¿Por qué os he contado esta historia? Conozco predicadores desconocedores de las dificultades que puede atraernos la predicación de la Palabra de Dios, que esperan trabajar exitosamente haciéndose famosos por ello, y, consecuentemente, esperan ser bendecidos por Dios automáticamente, por desarrollar la actividad religiosa en que se desenvuelven. Dios no deja sin recompensa a nadie que le sirva, a no ser que se dé el caso de que le sirvamos interesadamente, y nos deje sin premiar, hasta que imitemos su conducta de dar, sin esperar nada a cambio, por los servicios que le prestamos, en sus hijos los hombres.
Para María era un honor ser la Madre del Mesías. No olvidemos que en aquel tiempo había una comunidad religiosa cuyos integrantes vivían siendo célibes para acelerar la venida del Mesías al mundo, y que, según una antigua tradición, Nuestra Santa Madre hizo un voto de virginidad perpetua, para contribuir a acelerar el día en que habría de nacer Nuestro Salvador.
Por aceptar ser la Madre de Dios, María se expuso a que muchos de sus familiares y amigos la despreciaran y se burlaran de ella, y a que José la denunciara, para que fuera asesinada, por haber cometido adulterio, contra él. Aunque María no le pidió ninguna señal a San Gabriel que le demostrara la veracidad del mensaje que le transmitió, apenas supo que Elisabeth estaba embarazada, fue a verla y servirla, y dado que Elisabeth sabía que María estaba embarazada, ello fue la señal que le sirvió a Nuestra Santa Madre, para terminar de depositar su plena confianza en Dios.
Jesús vino al mundo, y José lo aceptó como hijo adoptivo, concediéndole, ante la Ley, todos los derechos que hubiera tenido, un hijo que hubiera sido engendrado por el Patrón de la Iglesia Universal, y Nuestra Santa Madre. Sin embargo, los sufrimientos no terminaron cuando José aceptó la paternidad del Mesías, pues Nuestro Señor fue rechazado por su pueblo, y murió crucificado, sin ser merecedor de tal castigo.
Ya que en Jesús está depositada la esperanza de sus creyentes de alcanzar la salvación, porque sabemos que resucitó como triunfador sobre el pecado, el sufrimiento y la muerte, llamamos a María Bienaventurada, porque halló gracia en la presencia de Dios, y, según la fe católica, permanece en el cielo junto a su Hijo, después de haber vivido como ejemplar creyente.
Si la bendición que constituyen nuestros diversos sufrimientos nos entristece, pensemos en las vivencias de Nuestra Santa Madre, y esperemos pacientemente que Dios acabe de hacer el trabajo de redimirnos, sirviéndose de nuestras circunstancias dolorosas.
3-4. Serás la Madre del Rey de Israel (LC. 1, 31-33).
Tal como Moisés condujo a los hebreos por el desierto después de liberarlos de la esclavitud de Egipto en el Nombre poderoso de Yahveh, y Josué los introdujo en la tierra prometida, si meditamos la Palabra de Jesús, y la aplicamos a nuestras vidas, descubrimos en el Señor a un nuevo Moisés que nos adoctrina para que seamos fieles hijos de Dios, y a un nuevo Josué, que nos tiene abiertas las puertas del cielo, por medio de la recepción de los Sacramentos, el estudio de la Biblia, la práctica incesante de la oración, y el ejercicio de la caridad cristiana, en favor de quienes más necesitan, nuestras dádivas espirituales, y materiales.
En el poderoso Nombre de Jesús, enfermos fueron curados, se llevaron a cabo exorcismos, y se perdonaron pecados.
¿Qué podríamos hacer nosotros en este preciso instante, si el Nombre de Jesús fuera pronunciado sobre nosotros después de que un ministro del Señor nos impusiera las manos, para que trabajáramos en la viña del Señor?
Dios le prometió al Rey David que su reinado se prolongaría por siempre (2 SAM. 7, 12-15). Dado que David y sus descendientes murieron, -incluso el Reino de Israel se dividió en dos reinos en tiempos del nieto de David-, está claro que David no es el Rey eterno que ha de cumplir la promesa de redimir a la humanidad, pues ello solo le pudo corresponder a Jesús, quien, se diferenció de David, en que jamás cometió ningún pecado.
3-5. María interrogó a San Gabriel (LC. 1, 34).
3-5-1. La Virginidad de María.
Los cristianos estamos divididos a la hora de interpretar el versículo bíblico que estamos considerando. Quienes piensan que los sobrinos de María y José de quienes se habla en la Biblia son hijos de los tales, -y por tanto hermanos carnales de Jesús-, interpretan LC. 1, 34, de la siguiente manera: ¿Cómo es posible que me suceda esto, si no me he relacionado aún con ningún hombre?
Quienes creemos que los citados personajes son primos de Jesús, interpretamos LC, 1, 34, de la siguiente manera, en atención a la tradición en la que creemos: ¿Cómo es posible que yo quede embarazada, si nunca me relacioné con ningún hombre, y he hecho un voto de virginidad perpetua?
La polémica que mantenemos los cristianos referente a este tema es muy grande, porque, aunque en el tiempo de Jesús los esenios vivían siendo célibes para acelerar la venida del Mesías al mundo, para muchos creyentes y no creyentes, el hecho de privarse de mantener relaciones sexuales, carece totalmente de sentido.
3-5-2. ¿Cómo pudo María Santísima concebir un Hijo siendo Virgen?
Es muy difícil creer que Jesús nació de una mujer virgen. San Lucas, -el autor del texto que estamos meditando-, era médico, y conocía perfectamente cómo se forman los niños. Para un médico como San Lucas debió ser muy difícil creer en el Nacimiento virginal de Jesús, pero, a pesar de ello, lo aceptó, lo predicó de viva voz, y lo escribió como un hecho crucial, que, si es aceptado por nosotros, engrandece la fe que nos caracteriza, por la dificultad que entraña el hecho de creerlo.
San Lucas basó sus dos libros en los informes que obtuvo de diversas fuentes, entre las que destacan los testimonios de fe de muchos testigos presenciales de los hechos que narra. Dicho Evangelista, -según una antigua tradición-, obtuvo el relato de los dos primeros capítulos de su Evangelio, de labios de María Santísima. San Lucas creyó ciegamente que Jesús nació de las purísimas entrañas de Nuestra Santa Madre, así pues, esta es la causa por la que hizo expresarse en su primera obra a San Gabriel en el pasaje de la Anunciación, y a Nuestra Santa Madre en el pasaje de la Visitación, en términos poéticos.
3-6. El Espíritu Santo iluminó a María Santísima (LC. 1, 35).
¿Cómo pudo una hija de Adán llegar a ser la Madre de Dios? Ya que no estuvo marcada por el efecto del pecado original, Nuestra Santa Madre recibió el Espíritu Santo, y el poder de Dios la cubrió con su sombra, convirtiéndola en Templo viviente de la Divinidad, en que Jesús, -la Palabra de Dios-, se hizo Hombre (JN. 1, 14).
Si María Santísima llegó a ser templo viviente de Dios, el Niño que nació de Ella, fue llamado Santo, pues Jesús tampoco estuvo afectado por el pecado original de nuestros ancestros, pues sus Padres, -Dios y María-, son plenamente puros y Santos.
El primer Adán desobedeció a Dios, e hizo que toda la humanidad padeciera el efecto de su desobediencia (ROM. 5, 12). Jesús, -el segundo Adán-, al estar libre de la citada mácula, fue nuestro sustituto en la cruz para librarnos de las consecuencias del pecado original, y de nuestras transgresiones personales, en el cumplimiento de los Mandamientos divinos.
Tanto Adán como Jesús fueron humanizados por Dios, quien los hizo hombres puros. Ambos tomaron la decisión que consideraron más oportuna. Adán quiso perfeccionarse al margen de Dios, fracasó rotundamente, y nos perjudicó a todos, porque logró que apareciera el mal en el mundo. Por su parte, Jesús, a pesar de que es el Dios perfecto, quiso perfeccionarse como Hombre, cumpliendo la voluntad de Nuestro Santo Padre.
¿Optamos por ser imitadores de Adán, o de Jesús?
3-7. El embarazo de Elisabeth fortaleció la fe de María, quien se dispuso a servir a su pariente (LC. 1, 36-38).
María recibió la noticia de su Maternidad divina, cuando su pariente Elisabeth llevaba seis meses en estado de gestación. Dios nos llama a servirle en medio de los acontecimientos de la Historia de la salvación. No somos los personajes más relevantes de dicha Historia, pero se nos ha concedido la dicha de ser actores de la misma. ¿Empujaremos los acontecimientos que vivimos de manera que contribuyan a la plena instauración del Reino de Dios entre nosotros?
Elisabeth concibió un hijo en su vejez, cuando probablemente se había resignado pensando que jamás podría ser madre, y sabía que la gente siempre la despreciaría, considerándola maldita de Dios. No dejemos nunca de soñar. Dios cumplirá la doble promesa de hacernos felices si sabemos aceptar nuestras circunstancias vitales, y de concedernos la vida eterna, más allá de nuestros posibles sufrimientos actuales.
Para Dios nada hay imposible, pero, cuando nuestra fe flaquea, y desconfiamos tanto de nosotros, como de los hombres y de Dios, la realización de nuestros sueños, es totalmente imposible.
Aunque los traductores de la Biblia de Jerusalén ponen en boca de María la expresión "he aquí la esclava del Señor", para hacernos comprensible la lectura del texto que estamos meditando, Nuestra Santa Madre no dijo de Sí que era la esclava del Señor, sino la sierva, la que lo sirve voluntariamente. Por eso San Gabriel volvió al cielo, para decirle a Nuestro Santo Padre, que había concluido la misión que le había encomendado, y que, Nuestra Santa Madre, se sentía feliz, porque se convirtió en el Templo vivo de Dios.
3-8. Si hacemos este ejercicio de Lectio Divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.
3-9. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.
4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en LC. 1, 26-38 a nuestras vidas.
Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la meditación que aparece en el apartado 3 de este trabajo.
3-1.
1. San Gabriel fue enviado a Nazaret cuando se cumplió el sexto mes de gestación de la madre de San Juan el Bautista. ¿Qué significa en nuestras vidas el citado sexto mes?
2. ¿Está relacionado el significado del sexto mes con el hecho de que Dios nos llama a servirlo en nuestros prójimos los hombres en el momento idóneo para ello?
3. ¿Por qué eligió Dios un pequeño pueblo para que su Hijo naciera, y no permitió que Nuestro Redentor naciera en la capital de Israel, en la que estaba el Templo, que era el centro de adoración nacional?
4. ¿Por qué el Dios Todopoderoso no desea que sus hijos marginemos a nadie por ninguna circunstancia?
5. Muchos judíos se jactaban de que Dios actuaba como ellos, pues creían que Yahveh despreciaba a los gentiles. ¿Nos hemos creado un dios a nuestra imagen y semejanza, a quien hemos dotado con nuestras virtudes y defectos, o nos amoldamos al cumplimiento de la voluntad del Dios predicado por Jesús?
6. Jesús pasó muchos años en Nazaret viviendo como cualquiera de sus vecinos pobres. Aunque Jesús es el Enviado de Dios al mundo, Nuestro Señor vivió humildemente. En lo que respecta a nosotros, ¿servimos a Dios humildemente, o lo hacemos para aparentar la devoción y la bondad que deberían caracterizarnos?
3-2.
7. San Gabriel le dijo a María que se alegrara, porque el Señor estaba con ella. ¿Creemos que el Señor se manifiesta en nuestras vidas?
8. ¿Recordamos alguna ocasión en que sentimos de una manera especial la presencia de Dios en alguna circunstancia que vivimos?
9. ¿Por qué Jesús nació de una mujer joven y pobre?
10. ¿Creemos que hombres y mujeres tenemos la misma dignidad? ¿Por qué?
11. ¿Pensamos que las mujeres son marginadas en las denominaciones religiosas cristianas y en nuestras sociedades? ¿Por qué?
12. ¿Podríamos hacer algo para que dejen de darse situaciones de marginalidad que afecten a las mujeres y a otros colectivos?
13. ¿Por qué le confía Dios misiones importantes a gente de la que desconfía parte de la sociedad en la que vive?
14. ¿Cuáles son las cualidades que más valora Dios en sus siervos? ¿Por qué?
15. ¿De qué nos aprovecha tener muchos conocimientos teológicos, si no los predicamos, ni los utilizamos para hacer el bien?
3-3.
16. María se atemorizó cuando San Gabriel la saludó, porque se consideraba pequeña para recibir un trato especial. ¿Destacamos en el medio en que vivimos porque somos humildes, o preferimos ser prepotentes?
17. San Gabriel le dijo a Nuestra Santa Madre que no temiera, porque halló gracia delante del Señor. ¿Creemos que el Señor ilumina nuestras vidas con los dones del Espíritu Santo y su Palabra cuando sufrimos, o nos sentimos desamparados por Dios en esos momentos?
18. ¿Cómo explicamos el hecho de que Dios no les impida sufrir a sus siervos?
19. ¿Podemos pedirle a Dios que nos demuestre que existe por medio de la realización de prodigios? ¿Por qué?
3-4.
20. ¿Acogemos las enseñanzas de Jesús?
21. ¿Cómo podemos demostrar que somos seguidores de Jesús?
22. ¿Qué hicieron Moisés y Josué para que hayan sido comparados con Nuestro Señor en el apartado 3-4 de este ejercicio de Lectio Divina?
23. ¿Por qué podemos estudiar la Biblia, poner en práctica todo lo que aprendemos de la misma, y orar?
24. ¿Qué nos sucedería si dejáramos de estudiar la Biblia, si evitáramos poner en práctica lo aprendido en nuestras horas de formación, o si nos negáramos a orar?
3-5.
3-5-1.
25. ¿Es cierto que María fue Virgen antes y después de dar a luz a Jesús?
26. ¿Sabríamos responder la pregunta anterior aportando razones para defender lo que creemos por si alguien contradice la fe católica ante nosotros?
27. ¿Por qué creemos los católicos que María fue Virgen antes y después de dar a luz a Jesús?
28. Si María siempre fue Virgen, ¿por qué se habla en la Biblia de los hermanos de Jesús?
29. ¿Por qué creemos los católicos que María hizo un voto de Virginidad perpetua, que José respetó fielmente?
3-5-2.
30. ¿Qué sentido tenía el celibato en el tiempo en que vivió Jesús?
31. ¿Qué sentido tiene el celibato en nuestro tiempo?
32. ¿Es posible creer plenamente que Jesús nació de una mujer Virgen?
33. ¿Son compatibles la fe y la ciencia, si tenemos en cuenta que, aunque la primera nos informa de las realidades intangibles, y la segunda de las realidades tangibles, ambas tienen el fin de averiguar la verdad?
34. ¿Por qué un médico como San Lucas creyó y predicó el Nacimiento virginal de Jesús?
35. ¿Por qué decimos que San Lucas es el Evangelista de la misericordia, y el pintor de María?
3-6.
36. Aunque carezcamos de la pureza de Nuestra Santa Madre, ¿creemos que somos templos vivos de Dios? ¿Por qué?
37. ¿Qué nos falta hacer para que nuestras almas sean dignas moradas del Dios Uno y Trino?
38. ¿Por qué María y Jesús no padecieron los efectos del pecado original, según la fe cristiano-católica?
39. ¿Qué diferencia hay entre la conducta del primer Adán y la conducta de Jesús, el segundo Adán?
40. ¿Qué diferencia hay entre la conducta de Eva y la conducta de María, la segunda Eva?
41. ¿Qué consiguió Adán al querer perfeccionarse al margen de Dios?
42. ¿Qué logró Jesús al redimirnos cumpliendo la voluntad de Nuestro Santo Padre?
3-7.
43. ¿Creemos que para Dios no hay nada imposible?
44. ¿Servimos a Dios como siervos, o como esclavos?
45. ¿Podemos hacer algo para apresurar la plena instauración del Reino de Dios en el mundo?
46. ¿Puede hacernos felices Dios en este mundo, o la promesa de hacernos dichosos solo se refiere a nuestra futura vivencia en el cielo?
5. Lecturas relacionadas.
Leamos en nuestras Biblias I SAM. 1 y JC. 13, considerando los hechos milagrosos, característicos de los citados textos.
6. Contemplación.
Contemplemos al Dios que nos llama para hacer cosas grandes en nuestras vidas, mientras lo conocemos por medio del estudio de la Biblia y los documentos de la Iglesia, practicamos lo que aprendemos viviendo piadosamente y haciendo el bien, y nos familiarizamos con Él, por medio de la oración.
Contemplemos a Nuestro Salvador, que se hizo débil para hacernos fuertes.
Contemplemos a Jesús, quien se hizo pequeño para hacernos grandes, y murió y resucitó, para demostrarnos que Nuestro Santo Padre nos ama.
Contemplemos a Nuestra Santa Madre, y hagamos de Ella nuestro ejemplo de fe a imitar.
Contemplémonos posponiendo el cumplimiento de la voluntad de Dios, unas veces por pereza, y otras por falta de fe.
Contemplémonos cuando nos conformamos prestándole a Dios un pequeño servicio, y no nos esforzamos en servirlo más y mejor.
7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en LC. 1, 26-38.
Adoptemos el compromiso de hacer de Jesús y María nuestros ejemplos de fe a imitar, especialmente cuando tengamos que servir a Dios en nuestros prójimos los hombres, y cuando suframos.
Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.
8. Oración personal.
Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.
Ejemplo de oración personal.
Padre bueno:
Tú que elegiste a una joven y pobre mujer para que fuera la Madre de Jesús, ayúdame a no ser soberbio, y a vivir cumpliendo tu voluntad constantemente.
9. Oración final.
Leamos y meditemos el Salmo 69, en actitud de oración.
José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en
joseportilloperez@gmail.com
La grandeza y la humildad del Siervo de Yahveh. (Meditación de la primera lectura de los Ciclos A, B y C de la fiesta del Bautismo del Señor).
Meditación.
1. La grandeza y humildad del siervo de Yahveh.
Meditación de la primera lectura de los Ciclos A, B y C.
Meditación de IS. 42, 1-4. 6-7.
La primera lectura correspondiente a la fiesta del Bautismo del Señor que celebramos en esta ocasión, es un extracto del primero de los cuatro poemas del siervo de Yahveh, que encontramos en la Profecía de Isaías. El siervo de Yahveh podía ser el pueblo de la primera Alianza, o un profeta en cuya conducta se encarnaba el cumplimiento de la voluntad de Dios. Independientemente de quien fuera el siervo de Yahveh, Israel tenía la misión de ayudar al mundo a conocer a su Creador, mientras permanecía a la espera de que el Mesías viniera a Palestina, y concluyera el cumplimiento de la citada tarea, al mostrarse a la humanidad, como Unigénito de Yahveh.
A partir del siglo I de la era cristiana, la Iglesia creyó que, el siervo de Yahveh profetizado por Isaías, era Jesús, quien vino a demostrar la justicia de Yahveh, y a ser luz tanto para los judíos como para los gentiles -o paganos-, enseñando que Yahveh no es únicamente el Dios de los judíos, sino el Dios de todas las naciones de la tierra. Jesús no solo vino al mundo a dejarse asesinar para demostrarnos la grandeza del amor de Nuestro Santo Padre para con nosotros, pues también lo hizo para inmiscuirnos en su misión consistente en que la humanidad conozca, acepte, respete y ame a Nuestro Dios Uno y Trino. Es un gran motivo de gozo el hecho de pensar que Dios nos ama y confía en nosotros, y espera que le mostremos su justicia al mundo por medio de la imitación de la conducta que observó Nuestro Salvador, -es decir, siendo portadores de la luz característica, del Hijo de Dios y María-.
Si el hecho de tener la dignidad de participar en el cumplimiento de la misión de Jesús nos llena de alegría, recordaremos las siguientes palabras de Nuestro Redentor, escritas en MT. 6, 33. ¿Qué significa buscar el Reino de Dios y su justicia?
-Ello significa tener a Dios siempre en nuestros pensamientos, hablarle cuando oramos, cumplir su voluntad, e imitar la conducta que observó Jesús.
-Buscar el Reino de Dios y su justicia, significa anular nuestros pensamientos, cuando los mismos difieren del pensamiento de Dios.
-Buscar el Reino de Dios y su justicia, significa que nos comprometemos a actuar en conformidad con nuestras posibilidades de ser excelentes imitadores de la conducta que observó Jesús, no como lo haríamos nosotros, sino como lo haría Nuestro Salvador.
-Buscar el Reino de Dios y su justicia, significa pedirle a Dios la ayuda que necesitamos para que podamos cumplir su voluntad, porque no nos es posible llevar a cabo tan gran propósito, contando, exclusivamente, con nuestros medios.
¿Qué personas, objetos o metas, son para nosotros, más importantes que Dios?
Cuando Nuestro Santo Padre envió al Señor al mundo para que muriera y nos demostrara la grandeza de su amor, cuando Jesús soportó su Pasión y muerte, y cuando el Espíritu Santo fue derramado sobre nosotros cuando fuimos bautizados, el Dios Uno y Trino no pensó en Sí mismo, sino en quienes hemos llegado a ser sus hijos.
¿Qué beneficios recibe Dios de nosotros? Dios es Todopoderoso, y no tiene necesidad de nadie, pero le necesitamos. Este hecho nos recuerda que, si queremos imitar la conducta que observó Jesús, cuando tengamos la oportunidad de servir a nuestros prójimos los hombres, lo haremos, desinteresadamente, no pensando en nosotros, sino en la necesidad que los tales tienen, de nuestras dádivas espirituales, y materiales.
¿Cuáles son las cosas que se nos darán por añadidura, si anteponemos a la consecución de las mismas la búsqueda del Reino de Dios y su justicia? Tales cosas constituyen nuestros afanes diarios, y deseamos poseerlas como hijos de Dios, que conocen sus prioridades vitales, y actúan correctamente, a los ojos de Nuestro Creador.
Si no buscamos la justicia de Dios, no podremos dársela a conocer a los demás, y, si la luz de Cristo no brilla en nosotros, no podremos transmitírsela a nadie.
(MT. 5, 14-16). De la misma manera que la luz de una ciudad situada en la cima de una montaña durante las noches se ve a una gran distancia, si vivimos imitando la manera de proceder del Señor Jesús, les mostraremos a nuestros prójimos los hombres, cómo es realmente Nuestro Salvador.
Si no somos excelentes cristianos, en lugar de mostrarles la luz de Cristo a los demás, se la ocultamos. Ello sucede cuando nos guardamos el conocimiento de Dios y su Palabra rechazando las oportunidades que se nos presentan de manifestarlo, y cuando no hablamos como nos corresponde hacerlo a los hijos de Dios, cuando se requiere de nosotros que aboguemos por la justicia.
Si actuamos imitando lo que hacen las grandes masas, en lugar de hacer lo que hizo Jesús cuando vino a Israel el siglo I de la era cristiana, también ocultamos la luz divina. Para muchos de nuestros hermanos, la religión, en lugar de ser un estilo de vida, se ha convertido en la vivencia de una serie de formalismos sociales, en los que han convertido las celebraciones de los Sacramentos. Muchos de ellos celebran la Eucaristía dominical puntualmente, pero no viven haciendo lo que hizo Jesús cuando vino a Palestina, sino guardando apariencias.
Si dejamos que el pecado caracterice nuestras vidas, ocultamos la luz de Cristo. No podemos ser cristianos, si no deseamos alcanzar la plenitud de la pureza. No podemos optar por profesar nuestra fe y pecar al mismo tiempo, de la misma manera que es incompatible el culto a Dios, con el excesivo apego a las riquezas materiales, dado que las mismas pueden suplir en apariencia nuestra necesidad de Dios.
Si no vivimos pendientes a ayudar a satisfacer las necesidades espirituales y materiales de nuestros prójimos los hombres, también ocultamos la luz de Cristo, quien, además de predicar el Evangelio, consoló a los afligidos, sanó a los enfermos, y alimentó a los hambrientos.
(2 COR. 4, 6). Recordemos que, si alguna vez sentimos que hemos fracasado en nuestros intentos de ser felices, que lo hemos perdido todo, o que estamos desamparados, Dios aprovechará tales circunstancias para hacerse amar por nosotros, para que deseemos vivir en su presencia, y así pueda concedernos la salvación. Dios jamás nos considerará inútiles, porque nos ama más de lo que nos amamos nosotros.
¿Podremos intentar satisfacer la necesidad de encontrarse con Dios que tienen los que sufren por cualquier causa? Ello será posible para nosotros, si nos dejamos impulsar por el Espíritu Santo, quien nos ayudará a ser reflejos del amor y la sinceridad de Nuestro Santo Padre, hacia ellos.
¿Comprendemos la importancia que tiene el hecho de que hagamos el bien?
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
1. La grandeza y humildad del siervo de Yahveh.
Meditación de la primera lectura de los Ciclos A, B y C.
Meditación de IS. 42, 1-4. 6-7.
La primera lectura correspondiente a la fiesta del Bautismo del Señor que celebramos en esta ocasión, es un extracto del primero de los cuatro poemas del siervo de Yahveh, que encontramos en la Profecía de Isaías. El siervo de Yahveh podía ser el pueblo de la primera Alianza, o un profeta en cuya conducta se encarnaba el cumplimiento de la voluntad de Dios. Independientemente de quien fuera el siervo de Yahveh, Israel tenía la misión de ayudar al mundo a conocer a su Creador, mientras permanecía a la espera de que el Mesías viniera a Palestina, y concluyera el cumplimiento de la citada tarea, al mostrarse a la humanidad, como Unigénito de Yahveh.
A partir del siglo I de la era cristiana, la Iglesia creyó que, el siervo de Yahveh profetizado por Isaías, era Jesús, quien vino a demostrar la justicia de Yahveh, y a ser luz tanto para los judíos como para los gentiles -o paganos-, enseñando que Yahveh no es únicamente el Dios de los judíos, sino el Dios de todas las naciones de la tierra. Jesús no solo vino al mundo a dejarse asesinar para demostrarnos la grandeza del amor de Nuestro Santo Padre para con nosotros, pues también lo hizo para inmiscuirnos en su misión consistente en que la humanidad conozca, acepte, respete y ame a Nuestro Dios Uno y Trino. Es un gran motivo de gozo el hecho de pensar que Dios nos ama y confía en nosotros, y espera que le mostremos su justicia al mundo por medio de la imitación de la conducta que observó Nuestro Salvador, -es decir, siendo portadores de la luz característica, del Hijo de Dios y María-.
Si el hecho de tener la dignidad de participar en el cumplimiento de la misión de Jesús nos llena de alegría, recordaremos las siguientes palabras de Nuestro Redentor, escritas en MT. 6, 33. ¿Qué significa buscar el Reino de Dios y su justicia?
-Ello significa tener a Dios siempre en nuestros pensamientos, hablarle cuando oramos, cumplir su voluntad, e imitar la conducta que observó Jesús.
-Buscar el Reino de Dios y su justicia, significa anular nuestros pensamientos, cuando los mismos difieren del pensamiento de Dios.
-Buscar el Reino de Dios y su justicia, significa que nos comprometemos a actuar en conformidad con nuestras posibilidades de ser excelentes imitadores de la conducta que observó Jesús, no como lo haríamos nosotros, sino como lo haría Nuestro Salvador.
-Buscar el Reino de Dios y su justicia, significa pedirle a Dios la ayuda que necesitamos para que podamos cumplir su voluntad, porque no nos es posible llevar a cabo tan gran propósito, contando, exclusivamente, con nuestros medios.
¿Qué personas, objetos o metas, son para nosotros, más importantes que Dios?
Cuando Nuestro Santo Padre envió al Señor al mundo para que muriera y nos demostrara la grandeza de su amor, cuando Jesús soportó su Pasión y muerte, y cuando el Espíritu Santo fue derramado sobre nosotros cuando fuimos bautizados, el Dios Uno y Trino no pensó en Sí mismo, sino en quienes hemos llegado a ser sus hijos.
¿Qué beneficios recibe Dios de nosotros? Dios es Todopoderoso, y no tiene necesidad de nadie, pero le necesitamos. Este hecho nos recuerda que, si queremos imitar la conducta que observó Jesús, cuando tengamos la oportunidad de servir a nuestros prójimos los hombres, lo haremos, desinteresadamente, no pensando en nosotros, sino en la necesidad que los tales tienen, de nuestras dádivas espirituales, y materiales.
¿Cuáles son las cosas que se nos darán por añadidura, si anteponemos a la consecución de las mismas la búsqueda del Reino de Dios y su justicia? Tales cosas constituyen nuestros afanes diarios, y deseamos poseerlas como hijos de Dios, que conocen sus prioridades vitales, y actúan correctamente, a los ojos de Nuestro Creador.
Si no buscamos la justicia de Dios, no podremos dársela a conocer a los demás, y, si la luz de Cristo no brilla en nosotros, no podremos transmitírsela a nadie.
(MT. 5, 14-16). De la misma manera que la luz de una ciudad situada en la cima de una montaña durante las noches se ve a una gran distancia, si vivimos imitando la manera de proceder del Señor Jesús, les mostraremos a nuestros prójimos los hombres, cómo es realmente Nuestro Salvador.
Si no somos excelentes cristianos, en lugar de mostrarles la luz de Cristo a los demás, se la ocultamos. Ello sucede cuando nos guardamos el conocimiento de Dios y su Palabra rechazando las oportunidades que se nos presentan de manifestarlo, y cuando no hablamos como nos corresponde hacerlo a los hijos de Dios, cuando se requiere de nosotros que aboguemos por la justicia.
Si actuamos imitando lo que hacen las grandes masas, en lugar de hacer lo que hizo Jesús cuando vino a Israel el siglo I de la era cristiana, también ocultamos la luz divina. Para muchos de nuestros hermanos, la religión, en lugar de ser un estilo de vida, se ha convertido en la vivencia de una serie de formalismos sociales, en los que han convertido las celebraciones de los Sacramentos. Muchos de ellos celebran la Eucaristía dominical puntualmente, pero no viven haciendo lo que hizo Jesús cuando vino a Palestina, sino guardando apariencias.
Si dejamos que el pecado caracterice nuestras vidas, ocultamos la luz de Cristo. No podemos ser cristianos, si no deseamos alcanzar la plenitud de la pureza. No podemos optar por profesar nuestra fe y pecar al mismo tiempo, de la misma manera que es incompatible el culto a Dios, con el excesivo apego a las riquezas materiales, dado que las mismas pueden suplir en apariencia nuestra necesidad de Dios.
Si no vivimos pendientes a ayudar a satisfacer las necesidades espirituales y materiales de nuestros prójimos los hombres, también ocultamos la luz de Cristo, quien, además de predicar el Evangelio, consoló a los afligidos, sanó a los enfermos, y alimentó a los hambrientos.
(2 COR. 4, 6). Recordemos que, si alguna vez sentimos que hemos fracasado en nuestros intentos de ser felices, que lo hemos perdido todo, o que estamos desamparados, Dios aprovechará tales circunstancias para hacerse amar por nosotros, para que deseemos vivir en su presencia, y así pueda concedernos la salvación. Dios jamás nos considerará inútiles, porque nos ama más de lo que nos amamos nosotros.
¿Podremos intentar satisfacer la necesidad de encontrarse con Dios que tienen los que sufren por cualquier causa? Ello será posible para nosotros, si nos dejamos impulsar por el Espíritu Santo, quien nos ayudará a ser reflejos del amor y la sinceridad de Nuestro Santo Padre, hacia ellos.
¿Comprendemos la importancia que tiene el hecho de que hagamos el bien?
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
Meditación para la fiesta de la Epifanía del Señor.
Meditación.
1. Son varias las clasificaciones de determinadas lecturas que la Iglesia nos propone para que celebremos este Domingo II de Navidad, en que volvemos a recordar todas las enseñanzas que recibimos de la Palabra de Dios durante el Adviento, para que no olvidemos la importancia que tiene para nosotros el Nacimiento de Nuestro Hermano y Dios Jesús. Como aún tenemos muy reciente la citada enseñanza, deseo dirigir mi meditación a la próxima celebración de la Epifanía del Señor. Sabemos que esa celebración es la manifestación de Jesús a todas las naciones, así pues, mientras que muchos judíos se gozaban esperando el nacimiento de un Mesías nacionalista, Nuestro Señor quiso hacer que su estrella brillara en el cielo, de tal forma que los no judíos -o gentiles- se alegraron antes que los hermanos de raza de Jesús del Nacimiento del Enviado de Dios. Isaías, en la primera lectura, nos ha dicho que la gloria del Señor resplandecerá sobre nosotros, los que intentamos que el resplandor de la estrella divina, no se apague en nuestras vidas ni en el ambiente en que vivimos.
2. Es muy significativo el relato que San Mateo nos propone en su Evangelio respecto de la celebración que tendrá lugar en todo el orbe cristiano el próximo martes día seis. Unos astrólogos orientales llegaron a Jerusalén siguiendo la estrella de la fe que los conducía ante la presencia de Aquel de quien Zaratustra decía que estaría posibilitado para encaminar a quienes siguieran su voz por el camino de la verdad y la justicia. De igual manera que nos debilitamos ante la pequeñez de nuestra fe y el aumento de las posibles dificultades que podemos tener, los magos orientales perdieron el rastro lumínico de la estrella que seguían, y, antes de volverse a sus países de origen desilusionados, decidieron poner la última carta que les quedaba sobre el tapete, y preguntarle a Herodes por el personaje que iban buscando.
Los judíos estaban tan seguros de que el Mesías nacería en aquel siglo, que, durante las últimas décadas, surgieron en Palestina entre cuatro y seis docenas de falsos mesías, de quienes sabemos que muchos fueron asesinados para complacer a la mayor parte de los sanedritas y demás miembros de la alta esfera social judía. A pesar de esa evidencia, ni los escribas podían imaginarse que el Mesías podría haber nacido en Belén en cumplimiento de la predicción de Miqueas, de una forma tan humilde que ellos no se hubieran percatado de tan magno acontecimiento (MIQ. 5, 2). Este hecho se asemeja a aquellas ocasiones en las cuales les decimos a los niños pequeños que no cojan un cuchillo para no cortarse, y hacen lo contrario que les pedimos, así pues, Miqueas dijo que el Mesías nacería entre los más humildes habitantes de Israel, pero, quienes odiaban la pobreza, lo imaginaban sentado en un trono de gloria, concediéndoles todo tipo de regalos.
Los judíos estaban alarmados porque el Nacimiento del Mesías podía significar una gran revolución, la eliminación del poder romano, o la esclavitud permanente bajo el poder de Tiberio César y sus sucesores. Herodes se alertó pensando que no podía permitir que nadie se sublevara contra su persona. Era tanta la ambición del Rey, que este asesinó a dos de sus mujeres y a varios de sus hijos, porque temía que estos se revelaran contra él. Durante los treinta y seis años que duró el reinado de aquel de quien dijo Tiberio que ante él era mejor ser su cerdo que ser su hijo, porque los judíos no comían carne de cerdo y el rey mandó matar a tres de sus descendientes, no hubo un sólo día en que aquel idumeo no ordenara derramar sangre inocente.
¿Cómo contemplarían los astrólogos de Oriente aquella escena? Ellos habían viajado durante muchos días para encontrar confundida a la ciudad de la fe, al país de los Profetas de quienes sus antepasados aprendieron la Palabra de Dios, durante el tiempo que los judíos fueron deportados a Babilonia.
¿Cómo reaccionamos al confrontar los sucesos trágicos que se suceden en la sociedad y en nuestras vidas?
¿Qué lugar ocupa Dios en nuestra alegría y nuestro dolor?
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
1. Son varias las clasificaciones de determinadas lecturas que la Iglesia nos propone para que celebremos este Domingo II de Navidad, en que volvemos a recordar todas las enseñanzas que recibimos de la Palabra de Dios durante el Adviento, para que no olvidemos la importancia que tiene para nosotros el Nacimiento de Nuestro Hermano y Dios Jesús. Como aún tenemos muy reciente la citada enseñanza, deseo dirigir mi meditación a la próxima celebración de la Epifanía del Señor. Sabemos que esa celebración es la manifestación de Jesús a todas las naciones, así pues, mientras que muchos judíos se gozaban esperando el nacimiento de un Mesías nacionalista, Nuestro Señor quiso hacer que su estrella brillara en el cielo, de tal forma que los no judíos -o gentiles- se alegraron antes que los hermanos de raza de Jesús del Nacimiento del Enviado de Dios. Isaías, en la primera lectura, nos ha dicho que la gloria del Señor resplandecerá sobre nosotros, los que intentamos que el resplandor de la estrella divina, no se apague en nuestras vidas ni en el ambiente en que vivimos.
2. Es muy significativo el relato que San Mateo nos propone en su Evangelio respecto de la celebración que tendrá lugar en todo el orbe cristiano el próximo martes día seis. Unos astrólogos orientales llegaron a Jerusalén siguiendo la estrella de la fe que los conducía ante la presencia de Aquel de quien Zaratustra decía que estaría posibilitado para encaminar a quienes siguieran su voz por el camino de la verdad y la justicia. De igual manera que nos debilitamos ante la pequeñez de nuestra fe y el aumento de las posibles dificultades que podemos tener, los magos orientales perdieron el rastro lumínico de la estrella que seguían, y, antes de volverse a sus países de origen desilusionados, decidieron poner la última carta que les quedaba sobre el tapete, y preguntarle a Herodes por el personaje que iban buscando.
Los judíos estaban tan seguros de que el Mesías nacería en aquel siglo, que, durante las últimas décadas, surgieron en Palestina entre cuatro y seis docenas de falsos mesías, de quienes sabemos que muchos fueron asesinados para complacer a la mayor parte de los sanedritas y demás miembros de la alta esfera social judía. A pesar de esa evidencia, ni los escribas podían imaginarse que el Mesías podría haber nacido en Belén en cumplimiento de la predicción de Miqueas, de una forma tan humilde que ellos no se hubieran percatado de tan magno acontecimiento (MIQ. 5, 2). Este hecho se asemeja a aquellas ocasiones en las cuales les decimos a los niños pequeños que no cojan un cuchillo para no cortarse, y hacen lo contrario que les pedimos, así pues, Miqueas dijo que el Mesías nacería entre los más humildes habitantes de Israel, pero, quienes odiaban la pobreza, lo imaginaban sentado en un trono de gloria, concediéndoles todo tipo de regalos.
Los judíos estaban alarmados porque el Nacimiento del Mesías podía significar una gran revolución, la eliminación del poder romano, o la esclavitud permanente bajo el poder de Tiberio César y sus sucesores. Herodes se alertó pensando que no podía permitir que nadie se sublevara contra su persona. Era tanta la ambición del Rey, que este asesinó a dos de sus mujeres y a varios de sus hijos, porque temía que estos se revelaran contra él. Durante los treinta y seis años que duró el reinado de aquel de quien dijo Tiberio que ante él era mejor ser su cerdo que ser su hijo, porque los judíos no comían carne de cerdo y el rey mandó matar a tres de sus descendientes, no hubo un sólo día en que aquel idumeo no ordenara derramar sangre inocente.
¿Cómo contemplarían los astrólogos de Oriente aquella escena? Ellos habían viajado durante muchos días para encontrar confundida a la ciudad de la fe, al país de los Profetas de quienes sus antepasados aprendieron la Palabra de Dios, durante el tiempo que los judíos fueron deportados a Babilonia.
¿Cómo reaccionamos al confrontar los sucesos trágicos que se suceden en la sociedad y en nuestras vidas?
¿Qué lugar ocupa Dios en nuestra alegría y nuestro dolor?
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
La Epifanía o manifestación de Jesús. (Meditación para la fiesta de la Epifanía del Señor).
Meditación.
La Epifanía o manifestación de Jesús.
Origen de la celebración de la Epifanía de Jesús.
Los antiguos habitantes de Egipto y de Arabia, durante la noche del cinco al seis de enero, celebraban la fiesta pagana del nacimiento del dios Aion, el cual se manifestaba de una manera especial al renacer el sol, pues para ellos el solsticio de invierno acontecía en torno a la citada fecha. En la citada fecha también se celebraban los prodigios del dios Dionisio en favor de sus devotos, el cual, lo mismo que le sucedió a Jesús, fue asesinado y resucitado según quienes creían en él, y se hacía comer por sus creyentes, los cuales celebraban ese significativo hecho en medio de una gran fiesta marcada por los placeres que actualmente caracterizan la Navidad de mucha gente. De la misma forma que los cristianos occidentales comenzaron a celebrar la Navidad el veinticinco de diciembre con la intención de hacer desaparecer los saturnales romanos, los cristianos orientales comenzaron a celebrar la Epifanía del Mesías el seis de enero, con el propósito de cristianizar las celebraciones paganas relacionadas con el culto al sol y al dios Dionisio.
Los cristianos occidentales empezaron a celebrar la Epifanía del Señor a mediados del siglo IV.
¿Qué información hay en la Biblia referente a la Epifanía del Señor? (MT. 2, 1-12).
Interpretación del anterior texto de San Mateo y enseñanzas que podemos extraer de la fiesta de la Epifanía del Señor.
-Los Reyes Magos, -los cuales no eran judíos-, representan a los paganos, y a quienes buscan la luz de Dios, porque comprenden que la libertad sin contar con el Mesías se convierte en prisión, la fe en oscuridad y el amor en vacío espiritual. Cuando los cristianos auténticos se encuentran con el Señor, le dan a Nuestro Salvador todo lo que tienen, y se ponen a su servicio. Un ejemplo de ello es San Pablo, el Santo Apóstol de los gentiles, que les escribió a los Filipenses el texto expuesto en FLP. 3, 10-15.
-Dado que los Reyes Magos no eran hermanos de raza de Jesús, creemos que la estrella que les condujo a la presencia del Mesías es símbolo del Evangelio, la Buena Noticia divina de que Dios, por medio de la Pasión, la muerte y la Resurrección de su Hijo, ha redimido a la humanidad, independientemente de que actualmente sigamos siendo víctimas del dolor y del pecado, y símbolo de la fe que queremos comunicarles a nuestros prójimos los hombres (2 TIM. 1, 9-10).
-Los Reyes Magos hicieron un gran sacrificio al dejar sus comodidades para aventurarse en el seguimiento de la estrella que los condujo a la presencia del Mesías, así pues, cuando llegaron a Jerusalén, debieron sufrir un golpe duro cuando ni Herodes ni los judíos sabían que había nacido el Rey del Israel espiritual de Dios, pero, a pesar de ello, no renunciaron a la realización de la misión que los condujo a Palestina. Los Reyes Magos son el ejemplo perfecto que deben recordar los que no son capaces de hacer muchas cosas ante el miedo que les produce la posibilidad de fracasar.
Ya que los predicadores, -independientemente de que seamos religiosos o laicos-, tenemos que llevar a feliz término una empresa muy difícil, si consideramos que el Evangelio es rechazado por la mayor parte de la humanidad, apliquémonos las palabras del Apóstol (2 TIM. 4, 2).
-Aunque probablemente los Reyes Magos tenían la esperanza de encontrar al Redentor de las naciones en un palacio, no les flaqueó la fe cuando encontraron a Jesús en una casa que sólo podía ser habitada por una familia muy pobre. Este hecho nos enseña a dejar que Dios sea Dios, y no lo que nos convenga en cada momento de nuestras vidas (1 JN. 1, 6-7).
-De la misma forma que los Reyes Magos le hicieron regalos a Jesús, nosotros, no sólo podemos hacerle regalos al Señor, pues también podemos hacer lo posible para purificar las intenciones que tenemos, para que nuestros dones sean frutos de corazones marcados por el amor y la sinceridad.
-Podríamos pensar de qué manera ha marcado nuestras vidas (si ello ha sucedido) Nuestro Hermano y Señor Jesús, pues, ya que nos ha redimido, podríamos corresponder su amor predicándoles la Palabra de Dios a nuestros prójimos los hombres.
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
La Epifanía o manifestación de Jesús.
Origen de la celebración de la Epifanía de Jesús.
Los antiguos habitantes de Egipto y de Arabia, durante la noche del cinco al seis de enero, celebraban la fiesta pagana del nacimiento del dios Aion, el cual se manifestaba de una manera especial al renacer el sol, pues para ellos el solsticio de invierno acontecía en torno a la citada fecha. En la citada fecha también se celebraban los prodigios del dios Dionisio en favor de sus devotos, el cual, lo mismo que le sucedió a Jesús, fue asesinado y resucitado según quienes creían en él, y se hacía comer por sus creyentes, los cuales celebraban ese significativo hecho en medio de una gran fiesta marcada por los placeres que actualmente caracterizan la Navidad de mucha gente. De la misma forma que los cristianos occidentales comenzaron a celebrar la Navidad el veinticinco de diciembre con la intención de hacer desaparecer los saturnales romanos, los cristianos orientales comenzaron a celebrar la Epifanía del Mesías el seis de enero, con el propósito de cristianizar las celebraciones paganas relacionadas con el culto al sol y al dios Dionisio.
Los cristianos occidentales empezaron a celebrar la Epifanía del Señor a mediados del siglo IV.
¿Qué información hay en la Biblia referente a la Epifanía del Señor? (MT. 2, 1-12).
Interpretación del anterior texto de San Mateo y enseñanzas que podemos extraer de la fiesta de la Epifanía del Señor.
-Los Reyes Magos, -los cuales no eran judíos-, representan a los paganos, y a quienes buscan la luz de Dios, porque comprenden que la libertad sin contar con el Mesías se convierte en prisión, la fe en oscuridad y el amor en vacío espiritual. Cuando los cristianos auténticos se encuentran con el Señor, le dan a Nuestro Salvador todo lo que tienen, y se ponen a su servicio. Un ejemplo de ello es San Pablo, el Santo Apóstol de los gentiles, que les escribió a los Filipenses el texto expuesto en FLP. 3, 10-15.
-Dado que los Reyes Magos no eran hermanos de raza de Jesús, creemos que la estrella que les condujo a la presencia del Mesías es símbolo del Evangelio, la Buena Noticia divina de que Dios, por medio de la Pasión, la muerte y la Resurrección de su Hijo, ha redimido a la humanidad, independientemente de que actualmente sigamos siendo víctimas del dolor y del pecado, y símbolo de la fe que queremos comunicarles a nuestros prójimos los hombres (2 TIM. 1, 9-10).
-Los Reyes Magos hicieron un gran sacrificio al dejar sus comodidades para aventurarse en el seguimiento de la estrella que los condujo a la presencia del Mesías, así pues, cuando llegaron a Jerusalén, debieron sufrir un golpe duro cuando ni Herodes ni los judíos sabían que había nacido el Rey del Israel espiritual de Dios, pero, a pesar de ello, no renunciaron a la realización de la misión que los condujo a Palestina. Los Reyes Magos son el ejemplo perfecto que deben recordar los que no son capaces de hacer muchas cosas ante el miedo que les produce la posibilidad de fracasar.
Ya que los predicadores, -independientemente de que seamos religiosos o laicos-, tenemos que llevar a feliz término una empresa muy difícil, si consideramos que el Evangelio es rechazado por la mayor parte de la humanidad, apliquémonos las palabras del Apóstol (2 TIM. 4, 2).
-Aunque probablemente los Reyes Magos tenían la esperanza de encontrar al Redentor de las naciones en un palacio, no les flaqueó la fe cuando encontraron a Jesús en una casa que sólo podía ser habitada por una familia muy pobre. Este hecho nos enseña a dejar que Dios sea Dios, y no lo que nos convenga en cada momento de nuestras vidas (1 JN. 1, 6-7).
-De la misma forma que los Reyes Magos le hicieron regalos a Jesús, nosotros, no sólo podemos hacerle regalos al Señor, pues también podemos hacer lo posible para purificar las intenciones que tenemos, para que nuestros dones sean frutos de corazones marcados por el amor y la sinceridad.
-Podríamos pensar de qué manera ha marcado nuestras vidas (si ello ha sucedido) Nuestro Hermano y Señor Jesús, pues, ya que nos ha redimido, podríamos corresponder su amor predicándoles la Palabra de Dios a nuestros prójimos los hombres.
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
El Espíritu Santo nos ha revelado que tanto los judíos como los provenientes del paganismo somos portadores de la revelación divina. (Meditación de la segunda lectura de la fiesta de la Epifanía del Señor).
2. El Espíritu Santo nos ha revelado que tanto los judíos como los provenientes del paganismo somos portadores de la revelación divina.
Meditación de EF. 3, 2-3A. 5-6.
Cuando San Pablo escribió la Carta a los Efesios, se hayaba en Roma bajo arresto domiciliario. El arresto del citado Apóstol se produjo en Jerusalén, por dos causas, la primera de las cuales consistía en que muchos judíos cristianizados envidiaban su capacidad de liderazgo, y la segunda en que muchos líderes del Judaísmo se sentían presionados por su facilidad de ganar seguidores para Cristo. Los enemigos de San Pablo deseaban que el citado Santo fuera condenado por revelar al pueblo contra Roma, ya que las causas religiosas no eran susceptibles de ser juzgadas por la Ley imperial, pero San Pablo sabía que su caso estaba en las manos de Dios. ¿Somos conscientes de que Dios controla nuestras circunstancias personales y sociales, o creemos que ello escapa a su control?
La administración de la gracia divina que le fue concedida a San Pablo, significa que tenía el deber de actuar como mayordomo de Dios, evangelizando a los gentiles. Si el plan redentor de Dios no se le reveló a toda la humanidad antes de que naciera Nuestro Salvador, ello sucedió porque Dios tiene previsto el tiempo en que ha de llevar a cabo el cumplimiento de su voluntad. Dios ha planeado que ha de llegar el día en que tanto los judíos como los gentiles formemos parte de la Iglesia, que es el Cuerpo místico de Cristo Resucitado. En IS. 49, 6, se revela que los gentiles serían salvados, pero en tiempos del Nuevo Testamento se nos reveló que todos somos iguales, independientemente de que seamos judíos o paganos.
José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com
Meditación de EF. 3, 2-3A. 5-6.
Cuando San Pablo escribió la Carta a los Efesios, se hayaba en Roma bajo arresto domiciliario. El arresto del citado Apóstol se produjo en Jerusalén, por dos causas, la primera de las cuales consistía en que muchos judíos cristianizados envidiaban su capacidad de liderazgo, y la segunda en que muchos líderes del Judaísmo se sentían presionados por su facilidad de ganar seguidores para Cristo. Los enemigos de San Pablo deseaban que el citado Santo fuera condenado por revelar al pueblo contra Roma, ya que las causas religiosas no eran susceptibles de ser juzgadas por la Ley imperial, pero San Pablo sabía que su caso estaba en las manos de Dios. ¿Somos conscientes de que Dios controla nuestras circunstancias personales y sociales, o creemos que ello escapa a su control?
La administración de la gracia divina que le fue concedida a San Pablo, significa que tenía el deber de actuar como mayordomo de Dios, evangelizando a los gentiles. Si el plan redentor de Dios no se le reveló a toda la humanidad antes de que naciera Nuestro Salvador, ello sucedió porque Dios tiene previsto el tiempo en que ha de llevar a cabo el cumplimiento de su voluntad. Dios ha planeado que ha de llegar el día en que tanto los judíos como los gentiles formemos parte de la Iglesia, que es el Cuerpo místico de Cristo Resucitado. En IS. 49, 6, se revela que los gentiles serían salvados, pero en tiempos del Nuevo Testamento se nos reveló que todos somos iguales, independientemente de que seamos judíos o paganos.
José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com
Se ha hecho visible la bondad de Dios, que trae la salvación a todos los hombres. (Meditación para el Domingo II después de Navidad).
Meditación.
Se ha hecho visible la bondad de Dios, que trae la salvación a todos los hombres.
(TT. 2, 11).
El día de Navidad empezó a celebrarse oficialmente el año 345, gracias a la influencia de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianceno. La Iglesia absorbió el Saturnal romano y el Yule de Europa del norte con el fin de que la verdadera adoración no se le manifestara ni a Saturno ni al sol, sino a Jesucristo, la Aurora -o Sol- de justicia que nos visitó desde lo alto (LC. 1, 78). De la misma manera que la Iglesia absorbió hábilmente dichas celebraciones paganas para cristianizar a quienes las celebraran sin que los mismos se sintieran coaccionados para cambiar sus creencias en poco tiempo, los cristianos del siglo XXI podemos preguntarnos: ¿Qué diferencia existe entre los cristianos y quienes no comparten nuestras creencias? Nosotros no somos ni superiores ni de inferior categoría que quienes no comparten nuestra fe, pero nos diferenciamos de ellos en que conocemos el hecho de que la bondad de Dios se nos ha manifestado, según recordamos en la Misa de medianoche de la Natividad de Nuestro Señor. San Pablo nos dijo en aquella celebración tan especial: (TT. 2, 11-13).
El pasado día uno de noviembre celebramos la solemnidad de todos los Santos, y, aunque el día dos del citado mes fue agridulce al recordar a nuestros difuntos y la esperanza que significa para los cristianos creer que Dios cumplirá la promesa de llevarnos al cielo, la Iglesia, fiel a la misión que le encomendó Nuestro Señor Jesucristo, predicó incansablemente la futura instauración del Reino de Dios en el mundo, un Reinado en que, quienes descendemos del primer hombre (Adán), seremos vivificados según la imagen del segundo Adán (Cristo) (1 COR. 15, 45-50).
¿Qué podemos hacer para comenzar a vivir nuestra transformación espiritual o conversión? Antes de contestar esta pregunta, vamos a considerar el significado de la conversión, es decir, el hecho de volvernos a Dios. La conversión es imprescindible para nosotros porque, a través de ese gran giro que damos en nuestras vidas al aceptar a Nuestro Creador y al cumplir su voluntad, nos vamos haciendo miembros del Cuerpo místico del que lo es todo en todos, -es decir, la Iglesia- La conversión no es un acto teatral que se lleva a cabo en un determinado espacio de tiempo reducido, pues ello supone la equiparación de nuestros criterios y actitudes al modo de pensar y ser de Nuestro Maestro. Esta transformación no afecta únicamente la faceta religiosa, pues incluye todos los aspectos de la vida de los seguidores de Jesús.
Quizás nos diga alguien: "No estáis en contra del aborto porque defendéis la vida, sino porque sois unos fanáticos religiosos". Esta creencia nuestra no se basa en el supuesto "lavado de cerebro" que alguien nos ha hecho, sino en las palabras de Jesús, contenidas en MT. 22, 32.
Quizás también se nos diga: "Si fuerais tan buenas personas como pretendéis hacernos creer, no rechazaríais a los homosexuales". El Catecismo de la Iglesia Católica, dice: (CIC. n. 2358).
La conversión significa vivir en permanente estado de cambio y superación. El Rey Salomón le oró humildemente a Dios cuando Nuestro Santo Padre le encomendó el reinado de Israel, dado que se creía incapaz de gobernar a su pueblo. Por causa de su humildad, Dios le concedió más riquezas de las que jamás haya podido tener ningún hombre a lo largo de la Historia, pero, dicho Rey, en vez de dedicar toda su vida al ejercicio de los dones y virtudes que había recibido de Dios, al llegar a la ancianidad, acabó incumpliendo la Ley del Altísimo, no por falta de pruebas que le demostraran que Dios actuaba en su vida, sino porque, por causa de su orgullo, no siguió siendo humilde y creciendo espiritualmente, sino que se dejó arrastrar por el materialismo. De la misma forma que Salomón le falló a Dios, podemos seguir los pasos del hijo de David si no cuidamos nuestra fe convenientemente.
En respuesta al modo en que hemos de llevar a cabo nuestra conversión a partir del momento en que leéis esta meditación, San Pablo nos dice: (COL. 1, 1-3). ¿Debemos entender que San Pablo nos insta a que olvidemos nuestra realización como hijos del mundo y que nos dediquemos exclusivamente a la vida mística? San Pablo responde esta pregunta en su Carta a los Colosenses: (COL. 3, 17).
La conversión es un proceso lento, gradual y radical (COL. 3, 9-11).
¿Cuál tiene que ser la influencia de Jesús en nosotros, con el fin de que podamos convertirnos al Evangelio? (1 COR. 1, 30-31).
¿La conversión de nuestra alma al Señor es fácil? Naturalmente, de la misma manera que fracasamos al llevar a cabo muchas empresas, a lo largo de nuestra conversión, podemos desanimarnos, ora porque dejamos de fortalecer nuestra fe mediante la adquisición del conocimiento de Dios, ora por la visión de las circunstancias adversas que podemos vivir, pero, a pesar de ello, debemos tener presentes las palabras de San Pablo: (1 COR. 15, 57-58).
¿Debemos intentar convertirnos al Señor como si estuviéramos participando en una carrera de obstáculos en que tenemos que ser los primeros en llegar a la meta? El proceso de cambio de nuestra mentalidad es lento y gradual, y no hemos de actuar coaccionándonos como si el hecho de tener prisa por alcanzar un nivel místico elevado facilitara nuestra comprensión del misterio de Nuestro Creador. No debemos ser presionados para convertirnos al Señor por nadie ni por nosotros (2 COR. 3, 17-18).
El fin de la conversión es hacernos imitadores de Cristo. Aunque el hecho de servir a Dios nos reporta una gran alegría a los cristianos que hemos optado por hacer obras de misericordia y/o predicar el Evangelio, hemos de tener presentes las siguientes palabras de Jesús, pues las mismas son la explicación de las contradicciones a las que nos vemos sometidos muchas veces: (JN. 17, 14-15).
El ejemplo de San Pablo nos demuestra que, aunque su conversión fue dolorosa, la satisfacción de servir a Dios fue superior a su sufrimiento, pues él les escribió a los cristianos de Corinto: (2 COR. 11, 24-33).
Dado que somos imperfectos, ¿podemos permitirnos algún margen de error en el tiempo del cambio? Por causa de nuestra imperfección con la que Dios nos quiere porque nos ha creado con ella, nos vamos a equivocar muchas veces, y en ciertas ocasiones puede sucedernos que cometamos errores graves, pero ello no significa que los mismos sean pecados, sino que podemos aprender a superarnos a partir de nuestro estado actual. ¿Tenemos, por ejemplo, el defecto de que nos airamos fácilmente? San Pablo nos dice que nos superemos lentamente (EF. 4, 26). A veces tenemos que enojarnos sencillamente porque debemos hacernos respetar en nuestro entorno si no somos asertivos, pues en ciertas circunstancias podemos vernos obligados a hacer justo lo que no deseamos porque nos presionan y no podemos actuar contra nuestra conciencia. Cuando tengamos que afrontar periodos difíciles, nos aplicaremos esta frase del Apóstol: (EF. 5, 17).
San Pedro escribió: (1 PE. 3, 15-17).
Aunque en muchos países concluyó el periodo de vacaciones navideño el día uno del presente mes, en otras naciones el mismo se prolongará hasta el día de la Epifanía del Señor. El hecho de que celebremos la Navidad social es muy positivo, siempre que, imitando a la Iglesia que cristianizó los ritos paganos llamados Saturnal y Yule, sepamos darle a dicha celebración un sentido cristiano. Algunos habéis tenido el privilegio de viajar o de recibir en vuestros hogares a familiares y amigos, con quienes habéis pasado unos días estupendos hablando de vuestros recuerdos y proyectos, pero, ¿habéis reparado en que la Sagrada Familia puede estar abandonada en la representación de vuestro nacimiento? ¿Habéis pensado que la Trinidad Beatísima representada por vuestro árbol de Navidad puede sentirse desamparada por vuestra posible ignorancia voluntaria de Ella?
Convertirnos a Dios no significa privarnos de celebrar la Navidad social, sino darle a esa celebración un sentido entrañable humano y divino, es decir, apagar el televisor, bajar el volumen de la música, jugar con los niños, dejar que los padres mayores y abuelos cuenten cientos de veces las mismas historias, hacer un alto en el camino para abrazar y ser abrazados, ultimar los preparativos para perfeccionar los proyectos que tenemos en mente, y apartar tiempo para dedicarnos a los enfermos, los desamparados y los pobres, pues ellos también son nuestros hermanos. Si algunos pobres se han hecho a sí mismos, de la misma manera que nos estamos convirtiendo al Señor, démosles también a ellos la oportunidad de vivir y soñar, para que sus corazones se abran al Dios de quienes quizás creen que los ha abandonado.
Concluyamos esta meditación pidiéndole a Nuestro Padre común que esta Navidad no se dé nunca por finalizada por quienes somos sus hijos, y que podamos seguir celebrándola así en la tierra como en el cielo. Amén.
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
Se ha hecho visible la bondad de Dios, que trae la salvación a todos los hombres.
(TT. 2, 11).
El día de Navidad empezó a celebrarse oficialmente el año 345, gracias a la influencia de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianceno. La Iglesia absorbió el Saturnal romano y el Yule de Europa del norte con el fin de que la verdadera adoración no se le manifestara ni a Saturno ni al sol, sino a Jesucristo, la Aurora -o Sol- de justicia que nos visitó desde lo alto (LC. 1, 78). De la misma manera que la Iglesia absorbió hábilmente dichas celebraciones paganas para cristianizar a quienes las celebraran sin que los mismos se sintieran coaccionados para cambiar sus creencias en poco tiempo, los cristianos del siglo XXI podemos preguntarnos: ¿Qué diferencia existe entre los cristianos y quienes no comparten nuestras creencias? Nosotros no somos ni superiores ni de inferior categoría que quienes no comparten nuestra fe, pero nos diferenciamos de ellos en que conocemos el hecho de que la bondad de Dios se nos ha manifestado, según recordamos en la Misa de medianoche de la Natividad de Nuestro Señor. San Pablo nos dijo en aquella celebración tan especial: (TT. 2, 11-13).
El pasado día uno de noviembre celebramos la solemnidad de todos los Santos, y, aunque el día dos del citado mes fue agridulce al recordar a nuestros difuntos y la esperanza que significa para los cristianos creer que Dios cumplirá la promesa de llevarnos al cielo, la Iglesia, fiel a la misión que le encomendó Nuestro Señor Jesucristo, predicó incansablemente la futura instauración del Reino de Dios en el mundo, un Reinado en que, quienes descendemos del primer hombre (Adán), seremos vivificados según la imagen del segundo Adán (Cristo) (1 COR. 15, 45-50).
¿Qué podemos hacer para comenzar a vivir nuestra transformación espiritual o conversión? Antes de contestar esta pregunta, vamos a considerar el significado de la conversión, es decir, el hecho de volvernos a Dios. La conversión es imprescindible para nosotros porque, a través de ese gran giro que damos en nuestras vidas al aceptar a Nuestro Creador y al cumplir su voluntad, nos vamos haciendo miembros del Cuerpo místico del que lo es todo en todos, -es decir, la Iglesia- La conversión no es un acto teatral que se lleva a cabo en un determinado espacio de tiempo reducido, pues ello supone la equiparación de nuestros criterios y actitudes al modo de pensar y ser de Nuestro Maestro. Esta transformación no afecta únicamente la faceta religiosa, pues incluye todos los aspectos de la vida de los seguidores de Jesús.
Quizás nos diga alguien: "No estáis en contra del aborto porque defendéis la vida, sino porque sois unos fanáticos religiosos". Esta creencia nuestra no se basa en el supuesto "lavado de cerebro" que alguien nos ha hecho, sino en las palabras de Jesús, contenidas en MT. 22, 32.
Quizás también se nos diga: "Si fuerais tan buenas personas como pretendéis hacernos creer, no rechazaríais a los homosexuales". El Catecismo de la Iglesia Católica, dice: (CIC. n. 2358).
La conversión significa vivir en permanente estado de cambio y superación. El Rey Salomón le oró humildemente a Dios cuando Nuestro Santo Padre le encomendó el reinado de Israel, dado que se creía incapaz de gobernar a su pueblo. Por causa de su humildad, Dios le concedió más riquezas de las que jamás haya podido tener ningún hombre a lo largo de la Historia, pero, dicho Rey, en vez de dedicar toda su vida al ejercicio de los dones y virtudes que había recibido de Dios, al llegar a la ancianidad, acabó incumpliendo la Ley del Altísimo, no por falta de pruebas que le demostraran que Dios actuaba en su vida, sino porque, por causa de su orgullo, no siguió siendo humilde y creciendo espiritualmente, sino que se dejó arrastrar por el materialismo. De la misma forma que Salomón le falló a Dios, podemos seguir los pasos del hijo de David si no cuidamos nuestra fe convenientemente.
En respuesta al modo en que hemos de llevar a cabo nuestra conversión a partir del momento en que leéis esta meditación, San Pablo nos dice: (COL. 1, 1-3). ¿Debemos entender que San Pablo nos insta a que olvidemos nuestra realización como hijos del mundo y que nos dediquemos exclusivamente a la vida mística? San Pablo responde esta pregunta en su Carta a los Colosenses: (COL. 3, 17).
La conversión es un proceso lento, gradual y radical (COL. 3, 9-11).
¿Cuál tiene que ser la influencia de Jesús en nosotros, con el fin de que podamos convertirnos al Evangelio? (1 COR. 1, 30-31).
¿La conversión de nuestra alma al Señor es fácil? Naturalmente, de la misma manera que fracasamos al llevar a cabo muchas empresas, a lo largo de nuestra conversión, podemos desanimarnos, ora porque dejamos de fortalecer nuestra fe mediante la adquisición del conocimiento de Dios, ora por la visión de las circunstancias adversas que podemos vivir, pero, a pesar de ello, debemos tener presentes las palabras de San Pablo: (1 COR. 15, 57-58).
¿Debemos intentar convertirnos al Señor como si estuviéramos participando en una carrera de obstáculos en que tenemos que ser los primeros en llegar a la meta? El proceso de cambio de nuestra mentalidad es lento y gradual, y no hemos de actuar coaccionándonos como si el hecho de tener prisa por alcanzar un nivel místico elevado facilitara nuestra comprensión del misterio de Nuestro Creador. No debemos ser presionados para convertirnos al Señor por nadie ni por nosotros (2 COR. 3, 17-18).
El fin de la conversión es hacernos imitadores de Cristo. Aunque el hecho de servir a Dios nos reporta una gran alegría a los cristianos que hemos optado por hacer obras de misericordia y/o predicar el Evangelio, hemos de tener presentes las siguientes palabras de Jesús, pues las mismas son la explicación de las contradicciones a las que nos vemos sometidos muchas veces: (JN. 17, 14-15).
El ejemplo de San Pablo nos demuestra que, aunque su conversión fue dolorosa, la satisfacción de servir a Dios fue superior a su sufrimiento, pues él les escribió a los cristianos de Corinto: (2 COR. 11, 24-33).
Dado que somos imperfectos, ¿podemos permitirnos algún margen de error en el tiempo del cambio? Por causa de nuestra imperfección con la que Dios nos quiere porque nos ha creado con ella, nos vamos a equivocar muchas veces, y en ciertas ocasiones puede sucedernos que cometamos errores graves, pero ello no significa que los mismos sean pecados, sino que podemos aprender a superarnos a partir de nuestro estado actual. ¿Tenemos, por ejemplo, el defecto de que nos airamos fácilmente? San Pablo nos dice que nos superemos lentamente (EF. 4, 26). A veces tenemos que enojarnos sencillamente porque debemos hacernos respetar en nuestro entorno si no somos asertivos, pues en ciertas circunstancias podemos vernos obligados a hacer justo lo que no deseamos porque nos presionan y no podemos actuar contra nuestra conciencia. Cuando tengamos que afrontar periodos difíciles, nos aplicaremos esta frase del Apóstol: (EF. 5, 17).
San Pedro escribió: (1 PE. 3, 15-17).
Aunque en muchos países concluyó el periodo de vacaciones navideño el día uno del presente mes, en otras naciones el mismo se prolongará hasta el día de la Epifanía del Señor. El hecho de que celebremos la Navidad social es muy positivo, siempre que, imitando a la Iglesia que cristianizó los ritos paganos llamados Saturnal y Yule, sepamos darle a dicha celebración un sentido cristiano. Algunos habéis tenido el privilegio de viajar o de recibir en vuestros hogares a familiares y amigos, con quienes habéis pasado unos días estupendos hablando de vuestros recuerdos y proyectos, pero, ¿habéis reparado en que la Sagrada Familia puede estar abandonada en la representación de vuestro nacimiento? ¿Habéis pensado que la Trinidad Beatísima representada por vuestro árbol de Navidad puede sentirse desamparada por vuestra posible ignorancia voluntaria de Ella?
Convertirnos a Dios no significa privarnos de celebrar la Navidad social, sino darle a esa celebración un sentido entrañable humano y divino, es decir, apagar el televisor, bajar el volumen de la música, jugar con los niños, dejar que los padres mayores y abuelos cuenten cientos de veces las mismas historias, hacer un alto en el camino para abrazar y ser abrazados, ultimar los preparativos para perfeccionar los proyectos que tenemos en mente, y apartar tiempo para dedicarnos a los enfermos, los desamparados y los pobres, pues ellos también son nuestros hermanos. Si algunos pobres se han hecho a sí mismos, de la misma manera que nos estamos convirtiendo al Señor, démosles también a ellos la oportunidad de vivir y soñar, para que sus corazones se abran al Dios de quienes quizás creen que los ha abandonado.
Concluyamos esta meditación pidiéndole a Nuestro Padre común que esta Navidad no se dé nunca por finalizada por quienes somos sus hijos, y que podamos seguir celebrándola así en la tierra como en el cielo. Amén.
José Portillo Pérez.
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