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Empieza a vivir la vida eterna. (Meditación para el Domingo III del Tiempo Ordinario del Ciclo A).

   Meditación.

   Empieza a vivir la vida eterna.

   Todos sabemos que, cuando Jesús fue bautizado por San Juan Bautista, nuestro Maestro se retiró al desierto de Judea, donde ayunó durante 40 días, para experimentar la carencia de divinidad que sentimos los hombres, la debilidad humana, para decidir qué había de hacer con su vida, y, sobre todo, cómo tenía que aceptar la voz de Dios que resonaba en su interior. A parte de encontrarse meditando sobre la miseria humana, en medio de su ayuno y las consecuencias físicas y psicológicas del mismo, Jesús, como hombre, experimentó su propia impotencia (MT. 4, 1-11).

   Cualquiera que hubiera vivido aquel retiro espiritual hubiera acabado francamente agotado, pero, Jesús, tras vencer las seducciones que se le pasaron por la mente, se dispuso a servir a Dios. Cuando nos decantamos por la Evangelización, corremos el riesgo de encontrarnos con la oposición de nuestros seres queridos, y con la incomprensión de quienes actúan en nuestro entorno social. Jesús, aparte de que volvió del desierto muy motivado a llevar a cabo su misión, y se encontró con esas dos realidades tan crudas, recibió una dramática noticia: Juan Bautista había concluido su Ministerio en el Jordán, porque Herodes lo había encarcelado por voluntad de su cuñada Herodías, quien se molestaba cuando el Profeta le decía al rey que no cometiera adulterio con la mujer de Filipo de Cesarea, su hermano. ¿Qué hizo Jesús cuando meditó el destino del Bautista y su futuro destino incierto? Nuestro Señor tomó la firme decisión de predicar el Evangelio a costa de su vida.

   Israel fue conquistado por Roma el año sesenta y tres antes de Cristo. Aunque Roma tenía la estrategia de respetar los cultos religiosos de los territorios que conquistaba, con tal de someterse a los habitantes de los mismos, sucedió que el Judaísmo era una religión muy conflictiva, en el sentido de que los descendientes de Abraham, considerando que su fe era la única religión verdadera, y por causa de las conquistas de su tierra llevadas a cabo por otros países en el pasado, llamaban "perros" a los extranjeros, con tal de manifestarles a los tales, tanto el odio que sentían por los mismos, como la fuerza de su espíritu extremadamente nacionalista.

   Difícil es encontrar una ideología que no sea profesada tanto por gente que respeta la misma, como por gente que se adhiere a tal sistema de pensamiento, en virtud de las ganancias que ello le supone. En la tierra de Palestina, la posición de los saduceos era muy interesante hablando irónicamente, porque los tales, al ser la máxima autoridad político-religiosa del país, tenían que esforzarse, con tal de que sus hermanos de raza aceptaran a sus invasores. La historia de la unión entre los saduceos y los romanos, es una de tantas demostraciones existentes, que nos recuerdan que, a corto o largo plazo, la unión de la religión y de la política, solo ha causado problemas de diversa índole. La historia de bastantes de nuestras Iglesias cristianas también es fiel testigo de que las uniones político-religiosas han perjudicado, no solo a los creyentes, sino la difusión de la Palabra de Dios.

   En la tierra de Palestina, los fariseos se oponían radicalmente a los saduceos, de igual manera que muchas denominaciones cristianas se oponen a la realización de las obras de otras. Dado que los fariseos sabían que los saduceos eran demasiado poderosos como para desprenderlos de su posición de gobernantes del país, se limitaban a criticar todo lo que hacían los mismos.

   Retirados del mundo, con tal de evitar las ocasiones de pecar, vivían los esenios, quienes constituían una rama del Judaísmo, dedicada a la vida mística, conocida porque, entre los tales, con tal de acelerar la venida del Mesías al mundo, se ejercía el celibato. Los esenios que se comunicaban con quienes no pertenecían a su comunidad, podían ser expulsados de la misma.

   Como sucede en todos los tiempos, cuanto mayor era la pobreza de los habitantes de Palestina, con más rigor sentían los tales el peso de la dominación romana. Quienes lo perdían todo, porque no podían pagar los impuestos del Templo y de Roma, o bien se resignaban a mal vivir, o bien se unían a los zelotes, los cuales trabajaban incansablemente para liberar a su país del poder imperial. Tales zelotes, con tal de defender aquello en lo que creían, prefirieron morir entre las llamas que arrasaron la Ciudad Santa en el año Setenta, en vez de entregarse a los colonizadores del país.

   ¿Cómo podía la gente sencilla de Palestina creer el Evangelio predicado por Jesús, teniendo en cuenta su dramática situación? Valerio Graco, -el antecesor de Poncio Pilato-, era conocido por la brutalidad con que reprimía a los rebeldes. Aunque Pilato no quiso asesinar a los sacerdotes del Templo de Jerusalén que se opusieron a que en el recinto sacro se instalara la imagen del Emperador, el marido de la hija de Tiberio, con tal de tener de su parte a los miembros del Alto Tribunal de Justicia (el Sanedrín o Sinedrio), no dudó en ejecutar a varias docenas de mesías políticos y/o religiosos. A pesar de estos hechos, el pueblo, siendo consciente de que el Profeta Daniel había vaticinado el Advenimiento del Mesías para aquel tiempo, se dejaba ilusionar por cualquier predicador que apareciera en el país.

   ¿Por qué los pobres se dejaban impresionar por los falsos mesías con más facilidad que los ricos? Mientras que los pobres apenas sobrevivían de sus esfuerzos, quienes aceptaban el poder romano, y tenían una buena situación económica, no tenían nada que temer. Mientras que los pobres solo tenían problemas y fe en Dios, quienes podían aprovecharse de la situación del país para mantener su status social, lo hacían. Teniendo este dato en cuenta, llama la atención el hecho de que Jesús, no solo se granjeó la confianza de algunos ricos, sino de que, a la Iglesia Madre de Jerusalén, lentamente, se agregaron muchos poderosos, unos por amor a Dios, y otros, porque, al ver que los Apóstoles recibieron el Espíritu Santo de forma visible en Pentecostés, al creer que el mundo se acabaría de un momento a otro, quisieron asegurarse un buen puesto en la presencia de Dios, por lo que decidieron que, dado que el fin se acercaba, más valía renunciar a algunas de sus riquezas, que perecer entre las llamas del infierno.

   Concluyamos esta meditación pidiéndole a nuestro Padre común que, en medio de nuestros gozos, y teniendo en cuenta las pruebas que debemos superar, que nos ayude a vislumbrar la luz indeficiente de Cristo, para que sepamos hacer de nuestra tierra el Reino de Nuestro Salvador.

joseportilloperez@gmail.com

La humildad de San Juan Bautista, y el Bautismo de Jesús. (Meditación del Evangelio de los Ciclos A, B y C de la fiesta del Bautismo del Señor).

   Meditación.

   5. La humildad de San Juan Bautista, y el Bautismo de Jesús.

   Meditación del Evangelio optativo de los Ciclos A y B, y del Evangelio del Ciclo C.

   Meditación de LC. 3, 15-16. 21-22.

   ¿Por qué llegaron a pensar muchos judíos que San Juan el Bautista era el Mesías -o Ungido- por Dios cuya venida esperaban fervientemente? Para responder esta pregunta, podemos recurrir a los primeros versículos del capítulo tres del tercer Evangelio, donde descubrimos que Dios no se les manifestó a las principales autoridades de Roma y Palestina, sino al hijo del sacerdote Zacarías, por causa de su humildad (LC. 3, 1-2).

   La misión del Bautista está profetizada en la Profecía de Isaías, y consiste en la preparación del camino del Mesías, disponiendo a los hombres a acoger su Palabra, y a recibir el Bautismo que los hacía hijos de Dios, por medio de la recepción de un bautismo, que los comprometía a renunciar al pecado, y a vivir adaptándose, al cumplimiento de la voluntad de Yahveh (LC. 3, 3-6).

   San Juan afirmaba que Dios premiaría a quienes se adaptaran al cumplimiento de sus deseos, y que condenaría a quienes le desobedecieran. Para el Bautista, no eran hijos de Abraham todos sus hermanos de raza, sino solo aquellos que cumplían la voluntad de Yahveh (LC. 3, 7-9).

   ¿Cómo podían los judíos cumplir la voluntad de Dios, expresada en la predicación del Bautista? San Lucas nos ofrece ejemplos de cómo el último de los Profetas instaba a sus oyentes a vivir en conformidad con el cumplimiento de la voluntad divina. Quienes quisieran ser fieles miembros del pueblo de Yahveh, debían ser solidarios con los pobres, -a quienes debían darles la mitad de su dinero, pertenencias y alimentos-, debían evitar la comisión de fraudes, y, bajo ningún concepto, debían aprovecharse de los más débiles y marginados de la sociedad, para beneficiarse a costa de los tales (LC. 3, 10-14).

   Dado que los más marginados de Palestina encontraron consuelo en la predicación del Bautista, pensaron que el hijo de Isabel era el Mesías esperado. El Bautista, en lugar de aprovecharse de su popularidad para enriquecerse, no dudó en decir que no era el Mesías a quien sus oyentes aguardaban, dado que, mientras él solo los bautizaba con agua, debían esperar a quien estaba en medio de ellos aunque no lo conocían, porque tenía el poder de bautizarlos con Espíritu Santo y fuego, -es decir, podía revestirlos con el poder de Dios, y purificarlos plenamente de sus pecados-.

   Sería interesante pensar si nos parecemos a San Juan Bautista, en que, la fuerza de nuestra predicación, y el ejemplo de la vivencia de la profesión de nuestra fe, hace que, quienes nos conocen, deseen creer en Jesús, y seguirlo.

   Imaginemos a Jesús en la cola de los pecadores que eran bautizados por San Juan, aguardando su turno de recibir el bautismo de dicho Profeta. Jesús fue ungido por el Espíritu Santo mientras oraba, después de ser bautizado. De la misma manera que Nuestro Señor fue visitado por pastores muy pobres en el establo en que nació, no fue ungido entre los miembros de la realeza como muchos de sus hermanos de raza esperaban que sucediera, sino entre una multitud de pecadores, compuesta por pobres, enfermos, publicanos y soldados romanos, para quienes, la consecución de bienes materiales, no constituía la plena consecución de la felicidad.

   El cielo se abrió antes de que el Espíritu Santo descendiera sobre Jesús. Este hecho es muy significativo. Recordemos que, cuando Adán y Eva fueron expulsados del paraíso terrenal, les fue impedido por Dios, el acceso al mismo (GN. 3, 22-24). Una de las razones por las que el Bautista fue considerado por muchos judíos como si hubiera sido el Mesías, se basó en la creencia de que el cielo llevaba más de cuatro siglos cerrado, pues ese era el tiempo que hacía, desde que no aparecía en Israel, ningún gran profeta, que hablara en nombre de Yahveh, y denunciara las injusticias llevadas a cabo por los poderosos, en contra de los pobres de Yahveh.

   El hecho de que el cielo se abrió cuando Jesús estaba en oración, es digno de tener en cuenta, porque muchas veces, -cuando sufrimos-, queremos que el cielo se nos abra, para que Dios nos dé a conocer, las respuestas que anhelamos. De la misma manera que Jesús vivió durante treinta años como cualquiera de sus hermanos de raza antes de ser ungido como Mesías, antes de conocer el designio de Dios sobre la humanidad y nosotros, tenemos que estudiar su Palabra, poner en práctica cuanto aprendemos ejercitando la caridad, y orar mucho.

   El Espíritu Santo bajó sobre Jesús adoptando la forma corporal de una paloma, demostrándole al Mesías, que, Nuestro Santo Padre, estaba de acuerdo con el cumplimiento de la misión que le encomendó. Ojalá nosotros fuéramos fieles discípulos del Señor, y tuviéramos la sensación de que Dios se siente feliz al ver cómo hemos sido inmiscuidos en el cumplimiento de la misión de salvar a la humanidad.

   ¿Para qué sirve el Sacramento del Bautismo? (CIC. n. 1229). Meditemos brevemente sobre la importancia de los elementos citados en el CIC., a la luz de la Palabra de Dios contenida en la Biblia -o Sagrada Escritura-.

   El anuncio de la Palabra.

   San Pablo les escribió a los cristianos de Roma, el texto que leemos en ROM. 10, 13-15. Aunque según la fe que profesamos quienes no forman parte de la Iglesia Católica no tienen por qué estar privados del hecho de ser salvos, los católicos, al mantener la creencia de que el conocimiento de Dios es esencial para que podamos alcanzar la plenitud de la felicidad, tenemos el deber de predicarles la Palabra de Dios a quienes quieran conocer a Nuestro Padre común, con el fin de que sea aumentado el número de hijos de la Iglesia, nuestros nuevos hermanos con quienes hemos de compartir las creencias que mantenemos firmemente, pues las tales son la mayor riqueza que tenemos.

   San Pablo nos ha hecho meditar sobre la siguiente pregunta: ¿Cómo va a proclamarse el Evangelio, si no existen los evangelizadores? Esta pregunta que puede parecernos triste al considerar que tal como está el mundo actualmente es muy difícil el hecho de que haya gente verdaderamente interesada en conocer la Palabra de Dios, debe ser respondida desde el interior de nuestros corazones, y, la respuesta a esta pregunta, podría actuar en nuestro interior como un rayo de luz en medio de la oscuridad de la noche. De la misma manera que quienes padecen depresión deben actuar para aliviar sus síntomas depresógenos en la medida que ello les sea posible en lugar de estar permanentemente pensando en sus problemas, nosotros, en lugar de decir que los religiosos son los únicos responsables de la predicación del Evangelio, y en vez de dejarles ese trabajo a otros cristianos, podríamos considerar la posibilidad de predicar el Evangelio, dado que seríamos los primeros beneficiados de ese trabajo, ya que tendríamos la obligación de conocer en profundidad la Palabra de Dios, ora para responder las preguntas de nuestros oyentes, ora para fortalecer nuestra fe, que no siempre está a la altura de la superación de las circunstancias que podemos vivir cuando menos las esperamos.

   Recordemos cómo San Pablo exhortó al joven Obispo Timoteo para que predicara la Palabra de Dios, aun cuando la misma no fuera acogida debidamente entre sus oyentes (2 TIM. 4, 2).

   San Pablo nos pregunta: ¿Cómo va a creer el mundo en Dios, si no ha oído el mensaje de salvación? Si la gente que os rodea no cree en Dios, ¿cómo va a ser invocado Nuestro Padre común? Es necesario que aprendamos a invocar a Dios, con el fin de que comprobemos cómo se cumple en nosotros el siguiente extracto de los Salmos, expuesto en el SAL. 4, 4.

     La acogida del Evangelio que lleva a la conversión.

    Si quienes hemos sido bautizados tenemos el deber de predicar el Evangelio, quienes desean recibir el citado Sacramento, tienen el deber de acoger la Palabra de Dios, en cuya existencia no sólo han de creer de palabra, pues han de aceptar la Buena Nueva de nuestra salvación, hasta tener el deseo de adaptarse al cumplimiento de la voluntad de Dios en sus vidas. El Catolicismo se diferencia de otras denominaciones cristianas en que no les exige a quienes desean bautizarse un gran conocimiento de la Palabra de Dios, pues entiende que, conforme meditamos las Sagradas Escrituras diariamente, el Espíritu Santo se encarga de acrecentarnos la necesidad de conocer más y mejor a la Santísima Trinidad (PR. 2, 1-9).

   La profesión de fe.

   Si quienes desean bautizarse aceptan el Evangelio hasta llegar a desear acatar el cumplimiento de la voluntad de Dios en sus vidas, los tales tienen que profesar su fe, no sólo recitando el Credo en las celebraciones eucarísticas, sino viviendo como verdaderos hijos de Dios en un mundo marcado por la carencia de fe en Nuestro Padre común. Es necesario que ningún catecúmeno tenga mucha prisa para ser bautizado, pues es importante que nuestros futuros hermanos conozcan la fe que profesamos suficientemente como para no renegar de la misma una vez que concluya su periodo formativo actual.

   La preparación del Bautismo no debe consistir únicamente en la asistencia a una serie de charlas monótonas, sino en la puesta a prueba del conocimiento, los dones y virtudes de los catecúmenos, con el fin de que los mismos se bauticen teniendo bastante conocimiento de lo que es la vida cristiana, pues demasiados supuestos seguidores de Jesús hay en el mundo que adaptan la fe a sus intereses, no aman a sus prójimos los hombres, y sólo se acuerdan de Dios cuando les interesa ver milagros.

   El Bautismo, la efusión del Espíritu Santo, y el acceso a la comunión eucarística.

   Una vez que los catecúmenos comprenden lo que comporta el hecho de abrazar nuestra fe universal, y aceptan el hecho de cumplir la voluntad de Dios en sus vidas, ya están dispuestos a ser bautizados, no sabiendo que han de olvidarse de Dios el día siguiente a la recepción de este Sacramento de iniciación cristiana, sino que el mismo es su acceso a la Iglesia, de la cual han de recibir toda la formación que necesiten para vivir como cristianos religiosos o laicos, pues todos los hijos de Dios tenemos una vocación relacionada con la salvación del mundo.

   ¿Para qué sirve el Bautismo?

   -El Bautismo significa que nos hemos formado convenientemente para ser hijos de Dios y miembros activos de la Iglesia.

   -El Bautismo significa que es posible creer en Dios a pesar de que el mundo está marcado por la desconfianza tanto en Dios como en los hombres.

   -El Bautismo significa que existe la posibilidad de aplicar nuestros conocimientos recibidos de Dios y obtenidos por los científicos para solventar nuestras dificultades.

   -El Bautismo significa que, independientemente del odio que pueda caracterizar determinados ambientes, es posible el hecho de que los hombres nos amemos, más allá de las diferencias que nos separan.

   -El Bautismo significa que, en este mundo en que muchos no nos conocemos, tenemos la posibilidad de vivir como hermanos.

   -El Bautismo significa que, en este día en que acabamos la Navidad y comenzamos a vivir la primera parte del Tiempo Ordinario, no vamos a olvidar los sentimientos que hemos experimentado ni todo lo bueno que hemos recordado y aprendido, y que vamos a intentar vivir inspirados por ese conocimiento de Dios y sus hijos los hombres, con el fin de crear una sociedad mundial más justa y equitativa. Amén.

José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com

Jesús fue ungido como Mesías de Dios. (Ejercicio de lectio divina del Evangelio de los Ciclos A, B y C de la fiesta del Bautismo del Señor).

   Ciclo C.

   Jesús fue ungido como Mesías de Dios.

   Ejercicio de Lectio Divina de LC. 3, 15-16. 21-22.

   Lectura introductoria: ROM. 6, 17-18.

   1. Oración inicial.

   Iniciemos este encuentro de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y, del Espíritu Santo.

   R. Amén.

   Orar es no permitir que nuestras ocupaciones y preocupaciones interrumpan el encuentro que vamos a tener con el Señor para adorarlo y meditar su Palabra, porque, cuanto menos oramos, más débil es nuestra fe.

   Orar es comunicarnos con Dios pronunciando palabras sinceras, y cumplir la voluntad de Nuestro Dios Uno y Trino, imitando la conducta, que observó Jesús, Nuestro Redentor.

   Orar es predicar el Evangelio, sin ceder a la idea de querer tener mayor protagonismo que Jesús.

   Orar es no ceder a la tentación de rechazar a quienes profesan una fe diferente a la nuestra, por tener el pensamiento de que nuestra religión es verdadera porque procede de Dios, y las demás religiones son falsas.

   Orar es pedirle al Espíritu Santo que nos purifique y santifique, y que su fuego queme nuestras imperfecciones, a fin de que seamos dignos, de vivir, en la presencia de Nuestro Santo Padre celestial.

   Orar es creer que Dios se nos revelará cuando nos comuniquemos con Él al hablarle, y vivamos imitando, la conducta que observó Jesús.

   Orar es tener la certeza de que Dios nos acoge haciéndonos sus hijos, y por ello queremos hacer el bien como si nuestra salvación dependiera de las buenas obras que hacemos, porque queremos agradecerle al Dios Uno y Trino, todo el bien que nos ha hecho.

   Oremos:

   Oración al Espíritu Santo inspirada en LC. 3, 1-6.

   Espíritu Santo:

   Para que pueda recibir y aceptar al Dios Uno y Trino, hazme humilde.

   Para que me sea posible aprender a vivir la sencillez espiritual de Juan el Bautista y Jesús, hazme humilde.

   Para que aproveche la vivencia de las dificultades que me sumen en el desierto espiritual, hazme humilde.

   Para que mis dificultades, en lugar de ser motivos de estancamiento mental, se conviertan en razones que me ayuden a superarme a mí mismo, hazme humilde.

   Para que como predicador del Evangelio aplique lo que les enseño a otras personas a mi vida, hazme humilde.

   Para que nunca me falte la voluntad para aprender la Palabra divina, ni el deseo de enseñarla, hazme humilde.

   Para que en lugar de sentirme dueño de la Verdad divina cuando predique el Evangelio, me sienta poseído por la misma, para no evangelizar pretendiendo ser un poderoso manipulador de almas, sino hermano de quienes desean alcanzar la plenitud de la felicidad, hazme humilde.

   Para que sea capaz de ayudar a disponerse a quienes viven la experiencia del desierto a alcanzar la plenitud de la felicidad, hazme humilde.

   Para que la soberbia no me incite a considerarme superior a nadie, hazme humilde.

   Hazme sentir tu presencia en mi vida, si me siento inferior, a mis prójimos los hombres.

   Hazme un buen predicador del Evangelio que anuncie tu Verdad con bellas palabras y obras de buen seguidor de Jesús, para que, mis oyentes y lectores, vean la salvación de Dios.

   2. Leemos atentamente LC. 3, 15-16. 21-22, intentando abarcar el mensaje que San Lucas nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.

   2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.

   2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.

   3. Meditación de LC. 3, 15-16. 21-22.

   3-1. Muchos judíos creyeron que San Juan Bautista era el Mesías (LC. 3, 15).

   Cuando San Juan Bautista empezó a llevar a cabo la misión de preparar a los israelitas a recibir al Mesías, hacía más de cuatro siglos que no aparecían profetas en Israel, que predicaran la Palabra de Dios, y denunciaran las injusticias llevadas a cabo por los poderosos, contra los menos favorecidos socialmente. Muchos hermanos de raza del Bautista creían que la Profecía reaparecería cuando el Mesías viniera al mundo.

   (MAL. 3, 1). Muchos oyentes del Bautista pensaron que el hijo del sacerdote Zacarías era el Mesías, porque, la manera de predicar del citado mensajero divino, se identificaba con la manera de predicar la Palabra de Yahveh, que tuvieron los grandes Profetas del pasado, pues San Juan insistía en la necesidad que tenía Israel de volverse de sus pecados a Dios, si quería ser objeto de la misericordia y la aprobación divinas. Tengamos en cuenta que, el mensaje predicado por San Juan, es válido para que nos lo apliquemos, los cristianos de todos los tiempos.

   3-2. El bautismo de San Juan Bautista y el Bautismo de Jesús (LC. 3, 16).

   3-2-1. El bautismo de San Juan Bautista.

   El bautismo de San Juan Bautista era un símbolo de la purificación del pecado de que fuimos objetos cuando recibimos el Bautismo de Jesús. El bautismo de San Juan exigía el arrepentimiento de los pecados de quienes lo recibían y el cambio de conducta de parte de los mismos.

   ¿Por qué afirmamos que el bautismo de San Juan era simbólico, y consideramos que el Bautismo de Jesús es una realidad? San Juan sabía perfectamente que Jesús era muy superior a él, y que por ello no era digno ni de desatarle la correa de sus sandalias. San Juan se reconocía inferior a Jesús, hasta el punto de que ni pensaba en compararse con el Mesías, ni en servirlo como esclavo pagano, porque muchos esclavos judíos eran eximidos de desatarles las sandalias a sus amos, por causa de la humillación que ello representaba. Teniendo este hecho en cuenta, podríamos reflexionar sobre si pensamos que somos superiores, iguales o inferiores a Nuestro Salvador.

   3-2-2. El Bautismo de Jesús.

   3-2-2-1. Hemos sido bautizados en el Espíritu Santo.

   Tal como veremos en el presente trabajo, Jesús fue ungido con el Espíritu Santo, igual que en la antigüedad eran ungidos los profetas, los sacerdotes y los reyes con aceite, para que llevaran a cabo su misión. Cuando fuimos bautizados, recibimos los dones del Espíritu Santo, para que viviéramos como fieles hijos de Nuestro Padre común. Esta es la causa por la que podemos decir, -sin temor a equivocarnos-, que, al ser bautizados, recibimos el poder necesario, para cumplir la voluntad del Dios Uno y Trino.

   Podemos pensar: Si hemos recibido el Espíritu Santo, ¿por qué no notamos su presencia en nuestras vidas de una forma mágica? Si hemos recibido el Espíritu Santo, ¿por qué no se diferencian nuestras vidas de la existencia de los no creyentes? Dios quiere hacer extraordinarias las situaciones ordinarias de nuestras vidas. Dios se nos manifiesta a través de una vida de constantes formación, acción y oración.

   3-2-2-2. Hemos recibido el bautismo de fuego.

   El Espíritu Santo tiene poder para purificarnos de nuestros pecados y santificarnos. Si hemos sido bautizados y conocemos a Nuestro Dios Uno y Trino, no podemos permanecer indiferentes con respecto a Él, así pues, o cumplimos su voluntad, o actuamos rechazándolo voluntariamente. Pidámosle al Espíritu Santo que su fuego nos quite la imperfección que nos caracteriza, para que seamos dignos de vivir, en presencia de Nuestro Padre común.

   3-3. Jesús fue bautizado por Juan, como si hubiera transgredido el cumplimiento de la Ley divina (LC. 3, 21).

   San Lucas, al narrar el bautismo de Jesús por parte de San Juan Bautista, tuvo en cuenta la humanidad de Nuestro Salvador, quien nació de padres humildes, y fue adorado por pastores y paganos, los cuales eran marginados, por los hijos del pueblo de Israel. En contra de las expectativas de quienes esperaban que el Mesías surgiera de la realeza, -recordemos que se creía que sería descendiente del Rey David-, Jesús, en lugar de identificarse con los líderes religiosos de su tiempo, se equiparó a quienes se consideraban simples pecadores, sin que su soberbia les impidiera demostrar su realidad. La humildad de Nuestro Redentor, es admirable. ¿Nos atreveremos a vivirla?

   3-4. El Espíritu Santo descendió sobre Jesús, mientras que el Señor oraba (LC. 3, 21-22).

   3-4-1. Lo más importante del Evangelio que estamos considerando.

   San Lucas apenas le dio importancia al bautismo de Jesús, porque consideró que el bautismo de San Juan era simbólico, mientras que, el Bautismo predicado por Jesús, es real. Lo realmente importante para el tercer Evangelista del episodio de su primera obra que estamos meditando, fue el hecho de que, mientras Jesús oraba, el Espíritu Santo lo ungió, -es decir, ratificó la elección de Nuestro Santo Padre para que nos redimiera, y lo fortaleció, para que pudiera llevar a cabo su obra-.

   En la actualidad, muchos religiosos y laicos, somos testigos de cómo los sacerdotes suelen ser acosados para que bauticen a los niños recién nacidos sin que se ocupen de averiguar la formación religiosa de los padres y padrinos de los tales, y de cómo esos nuevos cristianos, si, durante su infancia o su adolescencia, o los años de su edad adulta, deciden ser seguidores de Jesús, también son acosados, para que ignoren al Dios Uno y Trino. A pesar de que el bautismo de San Juan era simbólico, Jesús no se hizo bautizar para hacer una fiesta y olvidarse de Nuestro Santo Padre, sino para ponerse a disposición de Nuestro Creador, para hacer su voluntad, pero no lo hizo teniendo en cuenta su santidad por la que es muy superior a nosotros, sino relacionándose con los pecadores, lo cual lo hacía ser mal visto, porque, al ser el Judaísmo una religión muy fanatizada con la adquisición de la pureza, al reconocerse como un simple pecador, Jesús quedó muy mal. Recordemos que los judíos tenían leyes que, si las incumplían, no podían tocar a nadie ni a ninguna cosa, con tal de evitar el contagio de su impureza.

   ¿Nos consideramos santos, pecadores, o gente corriente, que no comete pecados considerados graves, pero que tampoco se esfuerza para alcanzar la purificación y la santidad?

   3-4-2. Jesús estaba orando cuando recibió el Espíritu Santo.

   (Leer el n. 534 del Compendio del CIC). La oración formaba parte de la vida de Jesús. Veamos unos ejemplos de ello, extraídos del Evangelio de San Lucas.

   La noche anterior al día en que el Señor eligió a sus Doce Apóstoles de entre los miembros de su comunidad de discípulos, Jesús no durmió, porque estuvo orando (LC. 6, 12).

   Jesús oró en el huerto de Getsemaní, antes de que Judas se lo entregara a sus enemigos. El sufrimiento no distrajo a Jesús de la oración, sino que le sirvió para acercarse más a Nuestro Padre común, quien no impidió su Pasión y muerte (LC. 22, 44).

   ¿Nos relacionamos más con Dios cuando creemos que Nuestro Santo Padre nos ha abandonado, o dicha creencia nos debilita la pobre fe que tenemos?

   3-4-3. El cielo se abrió, cuando Jesús estaba orando.

   El hecho de que el cielo se abrió, significa que reapareció el espíritu de profecía que muchos judíos esperaban, instantes antes de que, el Espíritu Santo, ungiera al Mesías.

   ¿Por qué descendió el Espíritu Santo sobre Jesús adoptando la forma corporal de una paloma? Este hecho nos recuerda el tiempo del diluvio en que la humanidad pecadora fue aniquilada, y nos sugiere el pensamiento de que el Mesías, por medio de su Pasión, su muerte y su Resurrección, establecería el último pacto de Dios con los hombres, el cual no es temporal, sino definitivo. Por otra parte, los judíos  esperaban que el Mesías se diera a conocer, por medio de la manifestación de un don especial del Espíritu Santo, según se deduce, de los siguientes textos bíblicos: (IS. 11, 2. 42, 1. 61, 1).

   3-5. La voz del Padre.

   Nuestro Santo Padre le habló a Jesús desde el cielo, manifestándole que lo amaba, y animándolo a cumplir su misión.

   ¿Escuchamos la voz de Dios en nuestros ratos de oración, diciéndonos que nos ama, y animándonos a cumplir su voluntad?

   3-6. Si hacemos este ejercicio de Lectio Divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.

   3-7. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.

   4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en LC. 3, 15-16. 21-22 a nuestras vidas.

   Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la meditación que aparece en el apartado 3 de este trabajo.

   3-1.

   1. ¿Por qué creyeron muchos judíos que San Juan Bautista era el Mesías?
   2. ¿Qué hecho significativo debía acontecer cuando llegara el Mesías, y cómo habría de conocerse el mismo?
   3. ¿Cuál era el contenido del mensaje predicado por San Juan Bautista?
   4. ¿Crees que el mensaje del Bautista es actual, o piensas que ha de ser desechado con otras enseñanzas del Antiguo Testamento, como la Ley de Moisés? Explica los razonamientos con que contestarías esta pregunta.

   3-2.

   3-2-1.

   5. ¿Qué significaba el bautismo de San Juan Bautista?
   6. ¿Qué exigencias implicaba la recepción del bautismo de San Juan Bautista?
   7. ¿Por qué afirmamos que el bautismo de San Juan era simbólico, y consideramos que el Bautismo de Jesús es una realidad?
   8. ¿Qué significa para ti el hecho de que un esclavo le desatara las sandalias a su amo?
   9. ¿Qué dos significados tiene este gesto en el Evangelio que estamos considerando?
   10. ¿Nos creemos superiores, iguales o inferiores a Nuestro Salvador?

   3-2-2.

   3--2-2-1.

   11. ¿Sabes por qué los judíos ungían a sus profetas, sacerdotes y reyes con aceite en la antigüedad?
   12. ¿¿Para qué recibimos los dones del Espíritu Santo cuando fuimos bautizados?
   13. Si hemos recibido el Espíritu Santo, ¿por qué no notamos su presencia en nuestras vidas de una forma mágica?
   14. Si hemos recibido el Espíritu Santo, ¿por qué no se diferencian nuestras vidas de la existencia de los no creyentes?
   15. ¿A través de qué medio se nos manifiesta Dios?

   3-2-2-2.

   16. ¿Hacemos bien al permanecer indiferentes con respecto a Dios quienes lo conocemos? ¿Por qué?
   17. ¿Por qué necesitamos que el Espíritu Santo sea para nosotros fuego purificador?

   3-3.

   18. ¿Por qué fue ungido el Mesías entre quienes se consideraban pecadores, en lugar de manifestarse entre los líderes religiosos de Israel?
   19. ¿Nos atreveremos a vivir inspirados en la humildad de Nuestro Redentor?

   3-4.

   3-4-1.

   20. ¿Por qué podemos decir que San Lucas apenas le dio importancia al hecho de que Jesús recibiera el bautismo de Juan?
   21. ¿Qué hecho constituye la parte más importante del Evangelio que estamos considerando?
   22. ¿Qué significa la unción de Jesús por parte del Espíritu Santo?
   23. ¿Para qué se bautizó Jesús?
   24. ¿Para qué se bautizan muchos cristianos actualmente?
   25. ¿Qué riesgo corrió Jesús al relacionarse con quienes se dejaban bautizar por Juan reconociéndose pecadores?
   26. ¿Nos consideramos santos, pecadores, o gente corriente, que no comete pecados considerados graves, pero que tampoco se esfuerza en alcanzar la purificación y la santidad?

   3-4-2.

   27. ¿Qué es para ti elevar el alma a Dios?
   28. ¿Debemos pedirle a Dios cuando oramos que cumpla nuestros deseos, o que haga su voluntad? Razona tu respuesta a esta pregunta.
   29. ¿Por qué es la oración un don de Dios que sale al encuentro del hombre?
   30. ¿Por qué es la oración una relación personal que mantenemos con Dios?
   31. ¿Por qué piensas que Jesús no prescindía de la práctica de la oración?
   32. ¿Nos relacionamos más con Dios cuando creemos que Nuestro Santo Padre nos ha abandonado, o dicha creencia nos debilita la pobre fe que tenemos?

   3-4-3.

   33. ¿Qué significa la apertura del cielo en el Evangelio que estamos meditando?
   34. ¿Por qué descendió el Espíritu Santo sobre Jesús adoptando la forma corporal de una paloma?

   3-5.

   35. ¿Para qué le habló Nuestro Santo Padre a Jesús?
   36. ¿Escuchamos la voz de Dios en nuestros ratos de oración, diciéndonos que nos ama, y animándonos a cumplir su voluntad?

   5. Lectura relacionada.

   Leamos y meditemos el Salmo 2, pensando en la realeza de Jesús, y en nuestro acatamiento del cumplimiento de la voluntad divina.

   6. Contemplación.

   Contemplemos a una gran muchedumbre de judíos creyendo que San Juan Bautista era el Mesías, y preguntémonos qué personas, bienes materiales o proyectos nos separan de Nuestro Padre común, porque la pereza que nos caracteriza nos impide conocerlo profundamente, por medio del estudio de su Palabra, y de los documentos de la Iglesia, que interpretan la misma.

   Contemplemos a San Juan Bautista, reconociendo, humildemente, que era inferior a Jesús, y veámonos acosados por la triple tentación de poder, riquezas y prestigio.

   El bautismo de San Juan era simbólico, pues no tenía efectos, como sucede con el Bautismo de Jesús.

   ¿Nos percatamos de que a veces no les prestamos atención a los sacerdotes cuando celebramos la Eucaristía, y, en lugar de ello, nos distraemos con nuestros pensamientos, rezando el Rosario rutinariamente, o mirando imágenes de Santos?

   Contemplemos a Jesús entre la multitud de pecadores que se hacían bautizar por Juan, sin que le importara ser marginado, por mezclarse con la gente considerada de mala reputación, y pensemos si existen colectivos sociales marginados por nosotros.

   Contemplemos a Jesús orando, y veámonos con grandes dificultades para orar, porque no nos formamos espiritualmente, y por ello nuestra fe se reduce a la nada, sin que nos percatemos de ello, hasta que quizás sea demasiado tarde para recuperarla.

   Contemplemos al Espíritu Santo en forma de paloma sobre Jesús, y visualicémonos con nuestra incapacidad de ver a Dios en las circunstancias que caracterizan nuestras vidas.

   Contemplemos a Jesús extasiado escuchando la voz del Padre cargada de dulzura y ánimo para que cumpliera la misión de redimirnos, y contemplémonos con muchas dificultades, en un mundo en el que hay demasiado ruido, y por ello no escuchamos la voz, de quien más nos ama.

   7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en LC. 3, 15-16. 21-22.

   Comprometámonos a rezar el Padre nuestro pausadamente, meditando cada frase de dicha oración, pidiéndole al Espíritu Santo, que nos ayude a sentir su presencia, en nuestras vidas.

   Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.

   8. Oración personal.

   Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.

   Ejemplo de oración personal:

   Señor Jesús:

   Ayúdame a imitar la humildad que os caracteriza a San Juan Bautista y a Ti.

   En los días en que me cueste seguirte, recuérdame que el Espíritu Santo vive en mí, para que mi fe no se debilite.

   Ayúdame a tener el deseo y la paciencia necesarios para conocerte por medio del estudio de tu Palabra, y la práctica de la oración.

   Ayúdame a distinguir la voz de Nuestro Santo Padre de entre las voces que escucho en el mundo, para que así pueda conoceros, comprenderos, aceptaros y amaros.

   9. Oración final.

   Leamos y meditemos el capítulo 12 del libro de Isaías, pensando en la misericordia de Nuestro Dios, Padre, Creador y Salvador.

   José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en

joseportilloperez@gmail.com

Jesús fue bautizado por San Juan Bautista y ungido por el Espíritu Santo para cumplir la misión con que Nuestro Santo Padre lo envió a Israel. (Ejercicio de lectio divina del Evangelio de la fiesta del Bautismo del Señor del Ciclo B).

   Ciclo B.

 Jesús fue bautizado por San Juan Bautista y ungido por el Espíritu Santo, para cumplir la misión con que Nuestro Santo Padre lo envió a Israel.

   Ejercicio de Lectio Divina de MC. 1, 6B-11.

   Lectura introductoria: MC. 9, 7.

   1. Oración inicial.

   Iniciemos este encuentro de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y, del Espíritu Santo.

   R. Amén.

   Dado que Juan fue formado espiritualmente por los esenios, vivía apartado del mundo, para distinguirse de los pecadores. Esa fue la razón por la que sus oyentes lo buscaban para que les predicara el mensaje que hizo que muchos de sus hermanos de raza tuvieran una fe más fuerte y estable en el cumplimiento de las promesas divinas. El mensaje de Juan fue exitoso porque predicó el fin de las injusticias y por eso se ganó el respeto de muchos desheredados del país.

   Los cristianos no necesitamos apartarnos del mundo para conocer a Dios, cumplir su voluntad y aprender a orar, así pues, creemos que podemos ser seguidores de Jesús en cualquier ambiente en que no se nos debilite la fe. Aunque Juan Bautista puede ser considerado fanático religioso porque se aisló de la mayoría de sus hermanos de raza, muchos cristianos necesitamos la convicción con que defendió sus creencias, una convicción que terminó costándole primero la pérdida de la libertad, y posteriormente la vida.

   Aunque Juan se apartó del mundo para consagrarse a la oración, la meditación y la predicación, es necesario que los cristianos no nos sintamos superiores ni inferiores a quienes carecen de la fe que profesamos. Sólo la construcción de un mundo de iguales podrá ayudarnos a conseguir que la humanidad acepte a Dios, y crea que la Trinidad Beatísima habita en nosotros.

   Orar es tener creencias diferentes al pensamiento de quienes nos rodean circunstancialmente, y no sentirnos superiores ni inferiores a los mismos, ni marginados por los tales. Si seguimos afirmando que el mundo es uno de los enemigos que tenemos que vencer como se hacía cuando se nos decía que nuestros enemigos son el mundo, el Demonio y la carne, no podremos convencer a nadie de que Dios existe y es bondadoso con sus hijos.

   Orar es reconocernos más pequeños que Jesús como lo hizo Juan, lo cual no significa que carecemos de valor personal. Con demasiada frecuencia asociamos la pequeñez con la carencia de valor personal por considerarnos pecadores irremisibles.

   Orar es trabajar por la extensión del Reino de Dios, y no para ser alabados. Tenemos derecho a ganarnos el pan, pero, en el campo de la evangelización, hemos de trabajar sabiendo que sólo el Señor recogerá el fruto de nuestra siembra. San Juan Bautista era consciente de esta realidad, y por eso sabía que el Bautismo de Jesús era superior al suyo.

   Orar es vivir nuestra profesión de fe activamente, tal como Jesús viajó desde Nazaret al Jordán, para ser bautizado por Juan. Los cristianos hemos sido llamados a ser buscadores de algo mejor que supere nuestros logros pasados y actuales.

   Orar es saber que hemos sido receptores del Espíritu Santo, para que podamos superar la sequedad espiritual, y cumplir la voluntad divina.

   Orar es oír la voz del Padre en nuestras oraciones, cuando tengamos que tomar decisiones importantes, y cuando sintamos que se nos debilita la fe.

   Oremos:

   Espíritu Santo:

   Hoy te pido que me ayudes a examinarme, con el fin de que pueda liberarme de los prejuicios contrarios a tu pretensión de crear un mundo de iguales, pues, aunque seamos diferentes, tenemos un Padre común, que desea que nos amemos.

   Soy diferente a muchos de quienes me rodean por causa de mi fe, pero no soy superior ni inferior a los tales, porque Dios quiere ser Padre de todos.

   Me has dado la vida para que te conozca y te acepte, y ello me servirá para cumplir tu voluntad. La oración fortalecerá mi fe diariamente para que no deje de ser un excelente seguidor de Jesús.

   Te pido que ninguna causa me impida caminar detrás de Jesús. Actualmente soy más pequeño que el Hijo de Dios y María, pero estoy destinado a ser su coheredero (ROM. 8, 17).

   Orar es tener presente la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas, para sentirnos seguros a la hora de intentar superar las dificultades que nos caracterizan, en la medida que nos sea posible. Dios no nos da garantías de que vamos a triunfar en todo lo que intentemos, pero siempre estará con nosotros (MT. 28, 20), y sabemos que el fracaso no consiste en que nos equivoquemos, sino en paralizar nuestras vidas. Si nos equivocamos podremos intentar actuar de manera diferente, pero, si dejamos de creer en nosotros, en nuestros prójimos los hombres y en Dios, perderemos la esperanza de alcanzar la plenitud de la felicidad.

   Así como Jesús buscó a Juan para que lo bautizara, busquemos a quienes necesitan instrucción religiosa, o cualquier otra ayuda que podamos prestarles. Dios jamás nos va a pedir que hagamos algo que esté más allá de nuestras posibilidades de cumplir su voluntad.

   2. Leemos atentamente MC. 1, 6B-11, intentando abarcar el mensaje que San Marcos nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.

   2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.

   2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.

   3. Meditación de MC. 1, 6B-11.

   3-1. La humildad que fue captada como provocación (MC. 1, 6).

   Los líderes religiosos de Israel debieron sentirse bastante incómodos con la presencia de Juan Bautista en el Jordán, porque, mientras ellos vestían suntuosamente, el citado Profeta tenía un aspecto humilde, que aprovechó para fortalecer la fe de sus oyentes, actuando como pobre entre los pobres. Ello me sugiere el pensamiento de que nuestras palabras y acciones han de estar en sintonía para que podamos ser cristianos sin trampa ni cartón, pues los ricos que alaban la pobreza de Job y la predican vistiendo suntuosamente, muestran una gran crueldad (MT. 23, 2-3).

   3-2. La grandeza de San Juan Bautista (MC. 1, 7).

   La grandeza de Juan radicó en que no se obsesionó intentando ser el protagonista principal de la Historia de la salvación, e hizo lo que Dios le pidió que hiciera. Juan sabía que era un hombre común y que Jesús es Dios, y se consideraba indigno de ser esclavo del Mesías. Recordemos que muchos judíos no permitían que sus esclavos israelitas les desataran las sandalias y les lavaran los pies, por considerar que ese trabajo suponía una gran humillación.

   ¿Trabajan nuestros ministros religiosos por amor a Dios y a sus hijos, o intentan ser cada día más reconocidos y tener puestos superiores?

   ¿Trabajamos los laicos por amor a Dios y a sus hijos, o intentamos tener mejores posiciones en nuestras comunidades de fe?

   3-3. El bautismo de Juan y el Bautismo de Jesús (MC. 1, 8).

   Dado que Juan Bautista fue muy famoso en Israel, sus seguidores no dejaron de creer su mensaje cuando Herodes ordenó que se le cortara la cabeza cuando lo tenía preso. Para los Evangelistas era importante distinguir el bautismo de Juan del Bautismo de Jesús, ya que entre los primeros cristianos había quienes pensaban que Jesús no se hubiera dejado bautizar si hubiera sido superior a Juan, y que recibió el bautismo del citado Profeta porque era pecador. Al resolver estas dos cuestiones a favor de Jesús, muchos seguidores de Juan se hicieron seguidores del Nazareno, por creer que Jesús resucitó de entre los muertos.

   El bautismo en agua preparaba a los creyentes para recibir el Bautismo de Jesús. Los oyentes de Juan confesaban sus pecados y se hacían bautizar (MC. 1, 4-5), y quedaban esperando la llegada de Jesús, cuyo Bautismo los haría hijos de Dios. Los seguidores de Juan esperaban así ser moradas del Espíritu Santo, cuyo fuego exterminaría su condición pecadora.

   3-4. Jesús fue desde Nazaret al Jordán a buscar a Juan para que lo bautizara (MC. 1, 9).

   La hélite religiosa de Israel despreciaba a los nazarenos por su contacto con los paganos. Jesús jamás pecó, pero siempre vivió en contacto con los más despreciados de su país, por sus pecados, sus enfermedades y su estado de pobreza. Jesús fue glorificado alcanzando así como Hombre el estado al que esperamos llegar los cristianos, pero lo hizo partiendo de su relación con los más despreciados.

   3-5. Jesús fue bautizado por Juan, ungido por el Espíritu Santo, y Nuestro Santo Padre manifestó su complacencia en Él (MC. 1, 10-11).

   El Espíritu Santo no ungió a Jesús hasta que el Señor salió del agua significativa de la muerte, porque el Mesías no quiso distinguirse de aquellos por quienes tres años después sacrificó su vida, para recuperarla posteriormente.

   El cielo se abrió, significando la reaparición del espíritu profético, pues hacía cuatro siglos que no aparecían profetas en Israel, que denunciaran las injusticias.

   El Espíritu Santo descendió sobre Jesús adoptando la forma corporal de una paloma, y ungió al Señor como Profeta, Sacerdote y Rey, para que llevara a cabo la misión de redimir a la humanidad creyente.

   La voz del Padre se dejó oír, y Jesús fue reconocido como el Hijo en que Yahveh se complace.

   3-6. Si hacemos este ejercicio de Lectio Divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.

   3-7. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.

   4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en MC. 1, 6B-11 a nuestras vidas.

   Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.

   3-1.

   1. ¿Por qué debieron sentirse incómodos los líderes religiosos de Israel al saber cómo vestía Juan Bautista para llevar a cabo su ministerio profético?
   2. ¿Qué logró Juan Bautista con su aspecto humilde?
   3. ¿Por qué no negoció Juan Bautista con los líderes religiosos de su tiempo para llevar a cabo la obra que Yahveh le encomendó sin poner su vida en peligro?
   4. ¿Por qué es necesario que nuestras palabras y acciones estén en sintonía?

   3-2.

   5. ¿En qué radicó la grandeza de Juan Bautista?
   6. ¿En qué radica nuestra grandeza?
   7. ¿Por qué reconoció Juan su inferioridad respecto de Jesús?
   8. ¿Por qué no permitían muchos judíos que los esclavos de su raza les desataran las sandalias y les lavaran los pies?
   9. ¿Trabajan nuestros ministros religiosos por amor a Dios y a sus hijos, o intentan ser cada día más reconocidos y tener puestos superiores?
   10. ¿Trabajamos los laicos por amor a Dios y a sus hijos, o intentamos tener mejores posiciones en nuestras comunidades de fe?

   3-3.

   11. ¿Por qué era importante para los Evangelistas distinguir el bautismo de Juan del Bautismo de Jesús?
   12. ¿Por qué dos razones llegaron a pensar muchos creyentes del siglo I que Jesús se dejó bautizar por Juan?
   13. ¿Por qué hubo  seguidores de Juan que se hicieron discípulos de Jesús?
   14. ¿En qué consistía el bautismo de Juan?
   15. ¿En qué consiste el Bautismo de Jesús?
   16. ¿Por qué era necesario que los seguidores de Juan recibieran el Bautismo de Jesús?
   17. ¿Qué itinerario recorrían los seguidores de Juan antes de hacerse discípulos de Jesús?

   3-4.

   18. ¿Por qué eran despreciados los nazarenos por la hélite religiosa de Israel?
   19. ¿Por qué vivió Jesús en contacto con los marginados de su país?
   20. ¿Por qué inició Jesús su labor estando en contacto con los despreciados de su pueblo?
   21. ¿Seremos cristianos auténticos si vivimos al margen de los necesitados de dádivas espirituales y materiales?

   3-5.

   22. ¿Por qué no ungió el Espíritu Santo a Jesús hasta que el Señor fue bautizado y salió del agua?
   23. ¿Qué significado tiene el agua bautismal?
   24. ¿Qué significa la apertura del cielo?
   25. ¿Para qué ungió el Espíritu Santo a Jesús como Profeta, Sacerdote y Rey?
   26. ¿Por qué habló Nuestro Santo Padre cuando Jesús fue ungido por el Espíritu Santo?

   5. Lectura relacionada.

   Leamos y meditemos HCH. 1, 1-11, para recordar la relación existente entre Pentecostés y el Bautismo de Jesús.

   6. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en MC. 1, 6B-11.

   Comprometámonos a compartir nuestra alegría de ser discípulos de Jesús con alguno de nuestros hermanos en la fe.

   Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.

   7. Oración personal.

   Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.

   Ejemplo de oración personal:

   Padre misericordioso:

   Háblame a través de quienes quieras que te sirva, para que mi crecimiento espiritual no sea obstaculizado por la apatía.

   8. Oración final.

   Leamos y meditemos el Salmo 16, agradeciéndole a Dios el bien que ha hecho en nuestro favor, y agradeciéndole las oportunidades que nos da de servirlo en nuestros prójimos los hombres.

   José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en

joseportilloperez@gmail.com

Jesús empezó a llevar a cabo su misión evangelizadora cuando fue ungido por el Espíritu Santo. Ejercicio de lectio divina del Evangelio de la fiesta del Bautismo del Señor del Ciclo A.

   Fiesta del Bautismo del Señor (Domingo siguiente a la Epifanía del Señor).

   Ciclo A.

   Jesús empezó a llevar a cabo su misión evangelizadora cuando fue ungido por el Espíritu Santo.

   Ejercicio de Lectio Divina de MT. 3, 13-17.

   Lectura introductoria: IS. 63, 16.

   1. Oración inicial.

   Iniciemos este encuentro de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y, del Espíritu Santo.

   R. Amén.

   El Bautismo de Jesús, es la fiesta con que la Iglesia culmina las celebraciones navideñas, y, al mismo tiempo, también es el Domingo I del Tiempo Ordinario. Para comprender el significado de esta fiesta, no hemos de olvidar que la Navidad fue instituida con la intención de recordarnos el misterio pascual, así pues, el Niño que adoramos la noche de Navidad, es el Redentor de las naciones.

   Dado que los temas que pueden ser considerados en esta ocasión son muy amplios, y de los mismos se derivan otros temas, es necesario que los abordemos con profundidad y sencillez, evitando olvidar lo esencial de esta fiesta.

   Si vamos a reflexionar sobre nuestro bautismo, cuidémonos de no ignorar el Bautismo epifánico de Jesús, un episodio evangélico en que se nos muestra la Divinidad del Hijo de Dios y María.

   Cuidémonos de distinguir el bautismo de conversión -o penitencia- de San Juan Bautista del Bautismo de la Iglesia, el cual es más asimilable a la recepción del Espíritu Santo por parte de los Apóstoles en Pentecostés que a la penitencia.

   Para los Evangelistas es más importante el hecho de que Jesús fue ungido por el Espíritu Santo como Profeta, Sacerdote y Rey, que la supuesta purificación del Señor por medio del agua del Jordán, porque Jesús no estuvo relacionado con el pecado (HEB. 4, 15), y los citados Hagiógrafos sagrados estaban interesados en hacer destacar la Divinidad del Mesías.

   El Bautismo de Jesús, antes que el ejemplo de perfecta moralidad de quien jamás pecó o una catequesis, es un misterio de salvación. El Hijo de Dios y María no empezó a llevar a cabo su misión antes de ser bautizado.

   Jesús no se bautizó porque fue pecador, sino en atención al orden jurídico de su sociedad. Esa fue la razón por la que también fue presentado en el Templo de Jerusalén, como recordamos el uno de enero y el dos de febrero (LC. 2, 21-24).

   El Bautismo cristianos se diferencia del Bautismo recibido por Jesús, en el sentido de que, la perfección que esperamos adquirir por medio de nuestro proceso de formación, de práctica de lo que aprendamos y de nuestro tiempo de oración, caracterizaba al Mesías, por ser Hijo natural de Yahveh.

   Orar es imitar la humildad de Jesús, quien, en vez de buscar a Dios en las alturas o de iniciar su misión amparándose en las riquezas de quienes podían cubrir los gastos característicos de su Ministerio, se acercó a un personaje molesto para los fariseos y saduceos, cuya predicación avivó la esperanza de un pueblo que sufría porque llevaba cuatro siglos sin que Dios le enviara profetas, y se sabía pecador y despreciado por el Todopoderoso.

   Orar no es buscar el crecimiento de la fe exclusivamente en la quietud (no confundamos la quietud con el quietismo, porque la primera nos es necesaria, y el segundo nos hace insensibles al sufrimiento de nuestros prójimos los hombres), en los ratos de meditación y oración inconscientes del sufrimiento del mundo, si no servimos a quienes nos necesitan. Nuestra fe no crece si evitamos meditar y orar, pero tampoco se ejercita si no somos caritativos.

   ¿Podemos evitar pedirle a Dios que nos dé toda clase de dádivas pensando en que antes sean extinguidas las carencias del mundo? San Juan Bautista, en lugar de ser un predicador deseoso de tener poder, riquezas y prestigio, era consciente de su pequeñez si se comparaba con Jesús, y por eso se consideraba indigno de bautizar al Hijo de Dios y María. A la humildad del Dios hecho Hombre que inició su Ministerio público poniéndose en la cola de los pecadores, le correspondió el desprecio de sí mismo de quien consideraba que no tenía valor ante el Enviado de Dios. Distingamos la humildad cristiana del maltrato con que muchos judíos y cristianos se han despreciado a lo largo de la Historia.

   Jesús se dejó bautizar por San Juan Bautista, porque no quería diferenciarse de la multitud. ¿Trabajamos para extinguir la marginación que causa sufrimiento inútil?

   Oremos para que el Espíritu Santo habite en nosotros, y dejemos que nuestra voz sea la voz de Dios, y nuestras manos sean las manos de Jesús, para que, nuestras palabras y obras, les enseñen a nuestros prójimos los hombres, que seguir a Jesús no merece la pena, sino la vida.

   Oremos:

   Espíritu Santo:

   Hoy te invoco para agradecerte los dones y virtudes que me has concedido, y para pedirte que me ayudes a ser consciente de quién soy, qué soy, quiénes me rodean, y agradecerte el hecho de que siempre estás conmigo, aunque siento que te he tratado como a un desconocido.

   Quiero ser más y tener más, y por eso no te tengo presente en mi vida. El niño que fui un día quiso ser un adolescente que posteriormente quiso ser adulto. El adulto que soy ha cedido en más de una ocasión ante el miedo a la pobreza y la codicia de quienes, aunque tienen muchas riquezas, no desechan el temor a perderlas.

   Recuérdame que las personas somos más importantes que los bienes materiales, y que mi vida tiene un propósito.

   Recuérdame que al final de mi vida tendrán más valor los momentos compartidos, los abrazos dados y recibidos, y el bien hecho desinteresadamente, que el dinero que perderé, y el poder y el prestigio que, a fin de cuentas, no me servirán para tener un segundo más de vida, cuando Dios me llame a su presencia.

   2. Leemos atentamente MT. 3, 13-17, intentando abarcar el mensaje que San Mateo nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.

   2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.

   2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.

   3. Meditación de MT. 3, 13-17.

   3-1. Jesús buscó a Juan para que lo bautizara (MT. 3, 13).

   Vivir cumpliendo la voluntad de Dios supone el hecho de pagar un precio. Jesús viajó de Galilea al Jordán para pedirle a Juan que lo bautizara. A nosotros se nos pide que nos formemos a fin de que podamos conocer a Dios, que hagamos el bien para cumplir la voluntad divina, y que oremos para fortalecer nuestra relación con el Dios Uno y Trino.

   El cumplimiento de la voluntad divina tiene sentido para nosotros. Jesús buscó a Juan para que lo bautizara, y cumplimos la voluntad de Dios porque es de bien nacidos el ser agradecidos, y porque el bien que les hacemos a otros repercute en nuestra felicidad, partiendo de la satisfacción que nos aporta el hecho de compartir las dádivas que nos han sido concedidas por Dios.

   3-2. La humildad de Jesús y San Juan Bautista (MT. 3, 14).

   Juan era consciente de que mucha gente reaccionaba positivamente a su mensaje, y de que tenía enemigos. También sabía que el trabajo que hacía no era para sí mismo, sino para prepararle el camino al Mesías (MT. 3, 3). El inicio del Ministerio público de Jesús, puso a prueba la integridad del Bautista, quien se esforzó en hacer que sus seguidores lo dejaran, y siguieran a Aquel cuya venida predicó infatigablemente. Juan se consideraba inferior al Señor al compararse con Jesús, y por consiguiente se consideraba indigno de bautizar al Señor. Por su parte, Jesús, que no quería diferenciarse de sus hermanos de raza, quería recibir el bautismo de penitencia de Juan. He aquí dos concepciones del Mesías diferentes. Por una parte, Juan, que esperaba a un Mesías justiciero y poderoso, a quien se consideraba indigno de servir, no quería bautizar a Jesús, y, el Hijo de Dios y María, quien no quería diferenciarse de sus prójimos los hombres, quería recibir el bautismo del hijo de Zacarías y Elisabeth. Juan no era soberbio, pero su concepción del Mesías ha sido adoptada por líderes religiosos soberbios, que han hecho lo imposible para alcanzar poder, riquezas y prestigio, a lo largo de la Historia. En lo que respecta a nosotros, seamos seguidores de Jesús, e imitemos la conducta de Nuestro Redentor, para quien no existen diferencias sociales.

   3-3. Jesús cumplió el designio divino, e inició su Ministerio público al ser bautizado por Juan, y ungido por el Espíritu Santo (MT. 3, 15).

   Juan tenía muy claro el hecho de que el Bautismo de Jesús era superior al suyo, por cuanto el rito que él practicaba se efectuaba después de que sus oyentes se arrepintieran de sus pecados y adoptaran el firme propósito de cumplir la voluntad divina, y el Bautismo de Jesús hacía hijos de Dios a quienes lo recibían.

   ¿Por qué se bautizó Jesús?

   1. Jesús es presentado en el Antiguo Testamento como el siervo de Yahveh profetizado en la Profecía de Isaías, el cuál cargó sobre sí los pecados de su pueblo (IS. 53, 5).

   2. El Bautismo de Jesús, supuso el inicio del Ministerio público del Mesías.

   3. El Señor se identificó con la gente que rechazaba la hélite religiosa de Israel, asemejándose a los Profetas del Antiguo Testamento que fueron ejecutados por predicar la justicia divina, consistente en la extinción de las diferencias sociales.

   4. Al iniciar su Ministerio público, Jesús comenzó a prepararse para su Pasión, su muerte, su Resurrección y su Glorificación.

   Jesús no tenía por qué bautizarse dado que jamás pecó, pero fue así como le manifestó su obediencia a Yahveh, quien le manifestó su aprobación.

   Jesús le dijo a Juan que era conveniente que cumplieran toda justicia, y por eso el predicador del Jordán no opuso más resistencia a bautizarlo. Tal cumplimiento de toda justicia significa que Jesús vino al mundo para cumplir el designio divino de redimir a sus creyentes.

   3-4. El Espíritu Santo ungió a Jesús (MT. 3, 16).

   Jesús salió del agua cuando fue bautizado. La inmersión en agua respecto del bautismo de Juan significa la aceptación del cumplimiento de la voluntad divina. Aunque Jesús jamás cometió pecado alguno, no quiso diferenciarse de los transgresores de la Ley divina, y por ello no fue ungido por el Espíritu Santo, antes de recibir el bautismo penitencial de Juan.

   Cuando Jesús salió del agua, se abrió el cielo. Esto significa que terminaron los cuatro siglos durante los que no apareció en Israel ningún profeta. Jesús fue el Enviado de Dios que estableció un pacto definitivo entre Dios y los hombres.

   El Espíritu Santo descendió sobre Jesús en forma corporal de paloma. En el Antiguo Testamento, la paloma es la imagen del amor íntimo. En GN. 1, 2, se afirma que el Espíritu Santo se cernía sobre las aguas, y se le concibe como paloma que volaba sobre su nido. El Espíritu Santo descendió sobre Jesús, indicando que el Mesías es la plenitud a la que algún día llegará la humanidad redimida. Para los rabinos, la paloma era signo de amor puro e inocencia. El hecho de que el Espíritu Santo se posara sobre Jesús, indica que dio testimonio del Hijo de Dios y María, y no de Juan.

   3-5. La voz del Padre (MT. 3, 17).

   Cuando el Espíritu Santo descendió sobre Jesús, la voz del Padre afirmó que el Mesías es su Hijo, en quien se complace. Oremos para que la voz de Dios, que percibimos por medio de la Biblia, la predicación de la Iglesia y la oración sincera, jamás deje de guiar nuestras vidas.

   Dado que Jesús jamás cometió pecado alguno, entre los primeros cristianos no se comprendía bien por qué el Señor se dejó bautizar por Juan Bautista. ¿Se bautizó Jesús porque era pecador, o porque Juan Bautista era superior al Hijo de María? Era difícil -y aún lo sigue siendo- aceptar como creíble un ejemplo de humildad tan extraordinario como lo fue Jesús, tanto para los primeros cristianos, como para sus creyentes de siglos posteriores, y nosotros.

   3-6. Si hacemos este ejercicio de Lectio Divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.

   3-7. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.

   4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en MT. 3, 13-17 a nuestras vidas.

   Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.

   3-1.

   1. ¿Por qué supone pagar un precio el hecho de vivir cumpliendo la voluntad de Dios?
   2. ¿Para qué viajó Jesús desde Galilea al Jordán?
   3. ¿Qué tres cosas hemos de hacer para llegar a ser los cristianos que Dios desea?
   4. ¿Qué nos sucederá si nos formamos adecuadamente?
   5. ¿Qué nos sucederá si hacemos el bien?
   6. ¿Qué nos sucederá si nos habituamos a orar?
   7. ¿Por qué tiene sentido para nosotros el cumplimiento de la voluntad divina?
   8. ¿Por qué cumplimos la voluntad de Dios?

   3-2.

   9. ¿Por qué no se aprovechó San Juan Bautista de sus oyentes para ganar dinero?
   10. ¿Para qué predicaba San Juan Bautista?
   11. ¿En qué sentido fue probada la integridad de San Juan Bautista cuando Jesús inició su Ministerio público?
   12. ¿Por qué quiso Juan que sus seguidores lo dejaran y se fueran detrás de Jesús?
   13. ¿Por qué se consideraba Juan inferior a Jesús?
   14. ¿Por qué quiso Jesús recibir el bautismo de penitencia de Juan, si no era pecador?
   15. ¿En qué se diferencia el mesías esperado por Juan de Jesús?

   3-3.

   16. ¿Por qué era el bautismo de Juan inferior al Bautismo de Jesús?
   17. ¿Por qué se bautizó Jesús?
   18. ¿Qué significa el hecho de que Jesús cargó sobre Sí los pecados de su pueblo?
   19. ¿Por qué se identificó Jesús con la actitud de muchos Profetas del pasado, y no se equiparó a quienes hubieran podido correr con los gastos ocasionados por su Ministerio público?
   20. ¿Por qué bautizó Juan a Jesús?
   21. ¿Qué significa el cumplimiento de toda justicia del que Jesús le habló a Juan?

   3-4.

   22. ¿Qué significaba el agua en el bautismo de Juan?
   23. ¿Por qué no fue ungido Jesús por el Espíritu Santo antes de ser bautizado por Juan?
   24. ¿Qué significó la apertura del cielo cuando Jesús salió del agua?
   25. ¿Por qué descendió el Espíritu Santo sobre Jesús adoptando la forma corporal de una paloma?
   26. ¿Por qué es importante subrayar el hecho de que el Espíritu Santo dio testimonio de Jesús y no de Juan cuando descendió sobre el Señor?

   3-5.

   27. ¿Por qué se complace Nuestro Santo Padre en Jesús?
   28. ¿Se complace Nuestro Santo Padre en nosotros? ¿Por qué?
   29. ¿Se bautizó Jesús porque era pecador, o porque Juan Bautista era superior al Hijo de María?

   5. Lectura relacionada.

   Leamos y meditemos MT. 3, 1-17, para comprender el marco en que Jesús se bautizó, e inició su Ministerio público.

   6. Contemplación.

   Contemplemos a Jesús caminando al encuentro de Juan para ser bautizado, y visualicémonos intentando mejorar en todos los campos en que nos desenvolvemos, e intentando darles sentido a los acontecimientos que vivimos.

   Jesús quiso ser bautizado por un hombre polémico para quienes vivían a costa de la miseria y el miedo de la inmensa mayoría de sus hermanos de raza. Siguiendo la predicación del Papa Francisco, se nos insta a no acomodarnos en las iglesias que utilizamos como zonas de confort, pues es necesario que los cristianos prediquemos desde nuestros templos hacia afuera, con nuestras palabras y obras. No ignoremos que el mundo necesita algo más que la pronunciación de bellas palabras para lograr creer en Dios, venciendo la desconfianza que produce en nosotros, el hecho de recordar los pecados que han cometido muchos cristianos, a lo largo de la Historia.

   Contemplemos a Jesús y a Juan amándose, admirándose y no aplastándose. Cuando un líder religioso se esfuerza más por tener poder, riquezas y prestigio que por ser un buen seguidor de Jesús, les hace mucho daño a sus seguidores, y hace difícil el hecho de que la gente siga creyendo en Dios. Algo parecido nos pasa a los cristianos laicos, aunque el alcance de nuestros pecados no es tan grande como sucede en el caso de los religiosos, desde el punto de vista de nuestras sociedades.

   Jesús convenció a Juan para que lo bautizara, diciéndole que era necesario que se cumpliera todo lo dispuesto por Dios. Oremos y trabajemos para cumplir prescripciones religiosas con sensatez, y no actuando como fanáticos incapaces de pensar.

   El Espíritu Santo no descendió sobre Jesús para concederle una vida fácil, sino para ayudarle a sufrir con los marginados del mundo. Dios no nos concede una vida libre de sufrimiento a sus creyentes, pues es necesario que no lo sigamos por interés, y que los no creyentes no nos vean como privilegiados. Aunque nuestras vidas no son diferentes de las vidas de los no creyentes, el sentido que le damos a nuestras vivencias marca la diferencia.

   Oremos para que la unción del Espíritu Santo y la voz del Padre nos confirmen en el cumplimiento de la voluntad divina.

José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com