Introduce el texto que quieres buscar.

Mostrando entradas con la etiqueta creencias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta creencias. Mostrar todas las entradas

Recuperemos nuestros valores cristianos. (Meditación para la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo. Domingo XXXIV del Tiempo Ordinario del Ciclo B).

   Meditación.

   Recuperemos nuestros valores cristianos.

   Estimados hermanos y amigos:

   -Son muchos los que se preguntan cuál es la razón por la que cada día muchos niños y jóvenes respetan menos a los adultos, y cuál es el motivo por el que los ancianos viven más aislados en conformidad con el paso del tiempo.

   -Algunos creyentes que creen que por decir de sí mismos que creen en Dios, sin instruir a sus hijos en el conocimiento de nuestra fe universal, que piensan que sus descendientes han de actuar como si aceptaran nuestras creencias, comprueban, marcados por el asombro, cómo los tales actúan como si no conocieran a Nuestro Padre común.

   -Los medios de comunicación, a pesar de que se nos insiste a los españoles con respecto a que cada año se reduce el número de mujeres que mueren a manos de sus maridos, difícilmente dejan de informarnos de agresiones mortales llevadas a cabo por personajes ansiosos de demostrarles su poder a sus cónyuges.

   -A pesar de que muchos jóvenes no tienen la más remota idea de lo que significa tener privaciones, no podemos negar que el consumo de drogas aumenta considerablemente en una sociedad que, a pesar de que dispone de muchos medios de comunicación, está integrada por personas que se ven obligadas a permanecer totalmente aisladas.

   -Aunque los recursos de nuestro planeta podrían bastarnos sobradamente para extinguir la pobreza que azota a la mayor parte de los habitantes de nuestro mundo, el injusto reparto de los mismos, hace imposible el hecho de que se cumpla el sueño que albergamos en nuestros corazones de vivir en un mundo en que no existan las injustas distinciones sociales, así pues, sólo Dios, cuando lo considere oportuno, hará posible la citada realidad.

   -El afán de enriquecerse de muchas personas carentes de escrúpulos, logra que muchas mujeres desconocedoras de la Palabra de Dios y por tanto del significado del don de la vida, acaben asesinando a sus hijos no nacidos.

   -El orgullo ciego de los padres que sólo se preocupan por lo que se diga de ellos en su medio social, obliga a abortar a las adolescentes y jóvenes que no tienen fuerza ni medios para dar a luz y criar a sus hijos.

   -La carencia de amor, respeto y responsabilidad de muchos jóvenes -y no tan jóvenes- influenciados por el cine pornográfico, convierte a las mujeres en objetos aptos para producirles placer, e induce a las mismas, cuando se ven desamparadas, a deshacerse de sus hijos no nacidos.

   -La ambición de poder incontrolada, ha llevado a muchos miles de hombres a cometer asesinatos y a atropellar a los débiles a lo largo de la Historia.

   ¿Cuál es la causa por la que el mundo está sumido en el dolor?

   ¿Hasta qué punto es Dios responsable de todos los hechos desagradables que acontecen en nuestro medio social?

   Tanto si eliminara los acontecimientos desagradables que acontecen en nuestra tierra, como si diera la impresión de permanecer impasible ante los mismos, según piensan muchos creyentes desconocedores de su Palabra, Dios se vería comprometido en ambos casos, así pues, si eliminara el mal de la tierra, le acusaríamos de privarnos de hacer uso de la libertad con que nos creó, y, si permaneciera impasible ante la visión del mismo, le acusaríamos de que no está interesado en sus hijos los hombres.

   Existen problemas que sólo pueden ser solventados por Dios, así pues, un ejemplo de ello, son las enfermedades cuya curación no ha sido descubierta por los científicos, pero, otras dificultades, no se pueden resolver, porque el mundo es víctima de la carencia de nuestros valores cristianos. Tales valores existen, pero son desconocidos por unos, y rechazados por otros.

   En el Evangelio de hoy, se nos muestra la diferencia existente entre el hecho de creer en Dios, y el hecho de no tener fe en Nuestro Padre común. El diálogo entre Pilato y Jesús fue tan incomprensible para el Gobernador romano, como lo sería la comunicación entre un sordomudo y un ciego, de los cuales, el primero se expresaría a través de gestos, y , el segundo, ni siquiera sabría que su interlocutor intentaría hablarle, así pues, mientras que para el yerno del César la verdad era que tenía que hacer lo posible para hacerse más rico, prestigioso y poderoso, para Jesús la Verdad era concluir el cumplimiento del designio salvífico de Nuestro Padre común.

   Los cristianos distinguimos la verdad del mundo de la Verdad de Dios, a pesar de que mucha gente rechaza esta última, dado que la misma nos insta a cambiar nuestra forma de vivir. Yo recuerdo cómo mi abuela materna me contaba cómo en el tiempo de su juventud, cuando los jóvenes del pueblo querían divertirse, hacían fiestas, en las cuales cantaban, bailaban y lo pasaban muy bien juntos, dado que no tenían dinero para contratar a ningún músico ni cantante.

   -En nuestro tiempo, cuando los jóvenes quieren divertirse, a muchos les sobra la comida, la bebida y el tabaco, e incluso pueden darse el lujo de asistir a conciertos, pero, como tienen la diversión hecha, y no tienen que procurársela, pierden la oportunidad de conocer a otros jóvenes con sus mismas inquietudes.

   -Cuando queremos ver una película, recurrimos a la TV., al DVD o al PC, de manera que nos perdemos la oportunidad de comunicarnos con nuestros familiares y amigos.

   -Pasamos muchas horas conectados a Internet, de manera que, sin darnos cuenta del peligro que corremos, nos aislamos más, tanto de nuestros familiares que viven bajo nuestro techo, como de los amigos que tenemos.

   -Vivimos en una sociedad basada en la necesidad que tenemos de realzar el "yo" si queremos tener alguna importancia, olvidando que, si queremos ser seguidores de Jesucristo, yo no existo como realidad única, pues debo pensar muchas veces en "nosotros".

   -Cuando estamos viendo un programa de TV. que no nos gusta, nos basta el hecho de coger el mando a distancia y cambiar de cadena, hasta que encontremos otro programa que nos guste. Hace años, el hecho de no tener el citado mando, nos obligaba a levantarnos para cambiar de cadena, pero, ahora, hasta ese sencillo trabajo nos lo ahorramos.

   -Cuando en Internet estamos chateando con una persona que nos cae bien, y un tercer individuo interrumpe nuestra conversación con sus formas incorrectas, simplemente por fastidiar, lo bloqueamos, y nos olvidamos de él. Comprendo que no debemos dejar que se nos moleste, pero también comprendo que, si el citado hecho acontece en un grupo de amigos, el personaje molesto tendrá más posibilidades, tanto de disculparse, como de ser integrado en el grupo.

   Las nuevas tecnologías son muy beneficiosas para nosotros, pero, el uso indebido de las mismas, nos hace olvidarnos de la Verdad de Dios, así pues,

   -si sabemos de un niño que necesita dinero para que se le salve la vida al ser intervenido por un cirujano, ¿le auxiliaremos en conformidad con nuestras posibilidades para socorrerle, o le daremos de lado, como quien cambia de cadena de TV?.

   -Si Cáritas hace una campaña el Jueves Santo para brindarnos la oportunidad de agradecerle a Dios el sacrificio de Jesús por nosotros, permitiéndonos que socorramos a nuestros hermanos necesitados de los bienes esenciales para vivir, ¿permaneceremos impasibles?

   -Si al entrar en la página web de Amnistía Internacional, nos encontramos que, con un sólo clic de ratón, al firmar un documento dirigido a un rey o presidente africano, vamos a contribuir a salvar una vida, ¿dejaremos escapar la oportunidad de vivificar a un desconocido que algún día nos llamará hermanos en el Reino de Dios, con tal de no incluir nuestro DNI. en el formulario de envío del citado documento?

   Hermanos: Antes de terminar esta meditación, quisiera compartir con vosotros el último pensamiento de este año litúrgico. Si nos dejamos inspirar por la necesidad de destacar en su medio que tienen quienes únicamente piensan en el dinero, el poder y el prestigio, la Verdad de Dios nos resultará incómoda, dado que será contraria a nuestras creencias, pero, sin dejar de cumplir con nuestras obligaciones, nos abrazaremos a la misma, como si de ello dependiera la completa instauración del Reino mesiánico entre nosotros.

José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com

El sermón escatológico de Jesús según San Mateo. (Meditación para el Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario del Ciclo B).

   Meditación.

   El sermón escatológico de Jesús según San Mateo.

   Introducción.

   Estimados hermanos y amigos:

   Durante los meses de octubre y noviembre, circulan por Internet, muchos textos de supuestos videntes, que reciben revelaciones, tanto de Dios como de Nuestra Santísima Madre, referentes al fin del mundo. Para saber que el mundo está destinado a ver su fin, no sólo tenemos que leer la Biblia, pues los científicos pueden informarnos de este tema convenientemente. Con respecto a los citados videntes, deseo disculparme ante quienes aceptan las diversas doctrinas que predican, dado que no estoy de acuerdo con dichos predicadores, y no deseo, -bajo ninguna circunstancia-, ofender a sus adeptos.

   Una de las razones que justifica el éxito que muchos visionarios cosechan a la hora de anunciar el fin del mundo, es el desconocimiento que los mismos cristianos tenemos de la Palabra de Dios. Algunos siglos antes de que Nuestro Señor naciera, aparecieron algunos libros de género apocalíptico que en su día la Iglesia no vió conveniente que formaran parte del canon bíblico, los cuales informaban con respecto al tema que nos ocupa, utilizando el lenguaje de los símbolos. Como en la Biblia hay textos que también han de interpretarse averiguando el significado de muchos símbolos, dado que la mayoría de los cristianos no sabemos interpretar los mismos, algunos se aprovechan de esta circunstancia, a veces porque llegan a creerse lo que anuncian y lógicamente desean extender sus creencias por todo el mundo, y, otras veces, porque el miedo de los carentes de sagacidad les brinda la oportunidad de enriquecerse económicamente.

   Lo que yo escribo en Internet no ha de considerarse como si se tratara de dogmas irrebatibles, así pues, os expongo mis creencias, y vosotros sois libres, ora de aceptarlas, ora de rechazarlas. Dado que vivimos en un mundo en que quizás a veces no somos conscientes de la incomunicación que nos caracteriza, muchos son los que no se dan cuenta de que son captados por religiones manipuladas por gente astuta que, aprovechando lo sensibles que algunos son por su tristeza a recibir abrazos y palabras consoladoras, no se dan cuenta de que les aíslan de sus familiares y amigos, sacándoles así de su entorno social, y arruinándoles económicamente. No es mi pretensión obligaros a abrazar mis creencias, pero, por el bien de vuestras familias y vuestro, os pido que tengáis cuidado a la hora de abrazar una creencia, así pues, no os creáis nada de lo que se os diga sin analizarlo tanto desde el punto de vista de la lógica como desde la óptica de la fe.

   Muchos son los cristianos que creen que deben vivir apartados del mundo, como si el mismo fuera enemigo de Dios. Es verdad que en ciertos versículos de la Biblia se habla de ciertas prácticas que sus autores consideraban malas, las cuales no provienen de Dios, pero si el mundo fuera perverso, Nuestro Padre común no nos hubiera dejado en él para que renegáramos de Nuestro criador, echando a perder él mismo su propia obra. La más elemental lógica nos dice que el mundo nos da la oportunidad de crecer a los niveles espiritual y material, de relacionarnos con nuestros prójimos los hombres, y de conocer a Nuestro Criador. Así mismo, cuando en las Sagradas Escrituras se nos informa de que las obras de la carne son pecados, y de que las obras espirituales provienen de Dios, no por ello debemos entender que nuestros cuerpos son malos, dado que por los mismos nos conocemos y tenemos la oportunidad de manifestarnos el amor que sentimos unos por otros.

   En esta ocasión, al estudiar el discurso escatológico de Jesús escrito por San Mateo, quiero demostraros que los anuncios referentes al fin del mundo que aparecen en la Biblia no son aterradores, sino todo lo contrario, dado que Dios a través de su Palabra no nos da a entender que va a destruir el mundo, sino que va a transformarlo, para que podamos vivir en una tierra nueva, más allá de nuestras imperfecciones actuales.

   1. Jesús profetizó la destrucción del Templo de Jerusalén.

   Para los judíos, el Templo de Jerusalén era la sede del poder político y religioso de Israel. Ya que los miembros del primer pueblo de Dios incumplieron la Ley de Moisés, -dado que les era prácticamente imposible cumplir la misma cabalmente-, Jesús profetizó -o predijo- la destrucción del gran edificio que era el centro de adoración nacional de Israel, pues, a partir de que aconteciera su Resurrección, los fieles del Señor, en vez de pensar en adorar al Santo de Israel en la capital de Judea, tenían que pensar en rendirle culto al Todopoderoso en el Templo del cielo, es decir, en la morada de Nuestro Criador. Finalizado el tiempo en que Dios dió por concluida su Alianza (el Antiguo Testamento) con los judíos, el Templo de Jerusalén había de ser destruido, en castigo por la desobediencia al Altísimo del pueblo de Dios.

   San Mateo escribió en su Evangelio lo que ocurrió cuando Jesús expiró (MT. 27, 51). El Hecho de que el Templo se rasgara, significa que Dios dió por concluido su Pacto con los judíos. El temblor de tierra y las hendiduras de las rocas denotan el rechazo de la tierra de la muerte de su Creador. La Resurrección del Mesías, significa la firma de un Nuevo Testamento o Pacto, según el cuál, han de cumplirse en nosotros las siguientes palabras bíblicas: (HCH. 16, 31).

   El hecho de que nuestra salvación provenga de la fe, y no del hecho de cumplir los preceptos de la Ley de Moisés, no significa que podemos olvidarnos de hacer el bien, dado que un refrán español, dice: "Es de bien nacidos el ser agradecidos".

   (MC. 13, 1-2. MT. 24, 3). Los futuros Apóstoles querían que Jesús les instruyera sobre los siguientes temas:

   1. La destrucción del Templo de Jerusalén, dado que Jesús les habló de ello antes de ir al monte de los Olivos.

   2. La Parusía o segunda venida del Señor.

   3. El fin del mundo.

   Era lójico que los futuros Apóstoles estuvieran inquietos por el hecho de que Jesús les informara brevemente de que el centro de adoración nacional iba a ser destruido, ya que muchos judíos estaban expectantes, esperando que, alguno de los líderes político-religiosos que se hacían pasar por el Mesías, fuera el verdadero Enviado de Dios, con el fin de que el mismo les liberara del yugo romano. Seguramente muchos creyentes debieron sufrir bastante cuando, después de llegar a aceptar a Jesús como Redentor de Israel, comprobaron que el Hijo de María no se declinaba por luchar contra el ejército romano, pues lo único que deseaba era crear un Reino espiritual, al cuál se le conoce como Iglesia Católica.

   2. Señales que precedieron a la destrucción del Templo de Jerusalén.

   (MT. 24, 4). Con el deseo de saber lo que le sucederá en un futuro cercano y lejano, mucha gente solicita los servicios de quienes supuestamente tienen el poder de adivinar lo que le sucederá a lo largo de su vida. Es necesario tener cuidado con estos adivinos, ya que, lo único que los tales hacen bien, es cobrar por engañar a sus clientes. Al mismo tiempo que los futurólogos hacen su agosto cuando se les presenta la oportunidad de enriquecerse, algunos líderes religiosos también hacen lo propio, utilizando técnicas psicológicas muy fáciles de descubrir, pero muy aptas para persuadir a quienes padecen por cualquier causa, y necesitan ser consolados. Dichos líderes les hacen creer a sus supuestos hermanos en la fe que han de separarse de sus familiares y amigos, dado que el mundo es malvado, mientras que la gran familia de los adeptos de sus religiones son la verdadera asamblea constituyente del pueblo de Dios, un pueblo que nunca dejará de brindarles el amor ni el apoyo que necesiten por ninguna causa, algo que, en la práctica, nunca es verdad, a menos que ello fomente la imagen de dichas religiones, ante quienes rechazan las mismas, con el fin de convencer a los tales de que son las verdaderas Iglesias -o Congregaciones- de Cristo. Algunas religiones tienen una forma de presionar a sus adeptos tan eficaz, que llegan a despojar a los mismos de todos los bienes que tienen, argumentando que los tales no necesitan sus propiedades, ya que el mundo, -según los citados líderes les hacen creer a sus adeptos-, se acabará de un momento a otro. Casualmente, los citados líderes sí necesitan las propiedades de sus víctimas, porque tienen que correr con los gastos que supone la realización de la obra de Dios, pues la formación de predicadores, el reparto de folletos y  dvds, y la mantención de portales de Internet para aumentar el número de los que han de salvarse, supone un coste muy elevado, al cual se añade el coste de la mantención de su elevado tren de vida.

   La captación de gente por parte de estas religiones es muy sencilla, así pues, por ejemplo, si ven a un ciego, le leen el siguiente pasaje bíblico: (IS. 35, 5). El pobre ciego, acostumbrado a la soledad que caracteriza su vida, acaba creyendo que vivirá en un mundo en el que Dios le permitirá ver, y acaba formando parte de una nueva familia que, al tenerlo todo el día pensando en lo feliz que será cuando pueda ver, le aligera el bolsillo sin que se percate de ello, dado que no le pide todo su dinero directamente, sino favores que ha de hacer donando dinero gradualmente.

   Quienes encuentran a una madre desconsolada por la muerte de su hijo, le leen el siguiente texto del Apocalipsis: (AP. 21, 4). La pobre madre, consumida por el dolor de la gran pérdida sufrida, acaba por creer que verá a su hijo resucitado, no por fe o convicción, sino porque su estado psicológico le impide aceptar la muerte de su descendiente, así pues, le resulta más fácil pensar que volverá a ver al mismo que el hecho de haberlo perdido para siempre, en el caso de que carezca de nuestra fe. La buena señora, a la que se le lee el citado versículo miles de veces, y recibe muchos besos para que se sienta consolada, acaba corriendo la misma suerte que el ciego mencionado anteriormente, con respecto al aislamiento social y su economía.

   Los predicadores de estas religiones no consiguen su objetivo en un día, pero, como no tienen prisa, difícilmente no se salen con la suya, dado que hablan con la gente, y, cuando están a solas, toman datos de todo lo que han visto y oído, de forma que acaban sabiendo cuáles son las causas por las que la gente sufre, por lo que buscan en la Biblia versículos que según sus creencias están relacionados con los problemas de quienes les oyen, de tal forma que, sin que los mismos se den cuenta, los van captando lentamente, y, cuando los tales reaccionan, ven que han cambiado de creencias sin habérselo propuesto previamente.

   (MT. 24, 5). Efectivamente, existen religiones que han sido creadas para enriquecer a sus líderes, los cuales, astutamente, les hacen creer a sus adeptos que han de vivir y trabajar con sus nuevos familiares y relacionarse únicamente con sus hermanos espirituales, para no incurrir en la negación de la verdad. A tales personas se les prohíbe que se relacionen con sus familiares y amigos, para que no se les haga pensar en los errores que han caído, de manera que, al volver a la rutina que nunca debieron abandonar, echen a perder el trabajo de los líderes sectarios que les captaron.

   Por desgracia, una falsa interpretación fundamentalista de los mensajes apocalípticos tanto de la Biblia como de otros libros de género apocalíptico, ha provocado el hecho de que muchos teman que el fin del mundo acontezca de una forma espantosa. ¿Tienen razón los tales en tener miedo con respecto al fin tanto de su vida como al exterminio del mundo?

   (MT. 24, 6-8). Aunque muchos expositores bíblicos de diferentes denominaciones cristianas creen que Jesús aludía con las palabras que hemos recordado al fin del mundo, yo, basándome en el texto de los versículos siguientes, creo que Jesús no se refería al citado tema, sino a la destrucción del Templo de Jerusalén, así pues, no debemos olvidar que Roma, -la capital del mundo conocido-, no dejaba de aumentar sus dominios conquistando nuevos territorios, por lo cual tenía que declararles la guerra a los mismos. No debemos olvidar tampoco que, en Palestina, a partir del año en que Tiberio contó a los habitantes de su Imperio con el fin de cobrarles un impuesto para ejecutar obras públicas, la falta de honradez de los publicanos, -los cuales eran los cobradores de impuestos judíos que trabajaban para los colonizadores-, sumió a la gente humilde de la raza del Hijo de María en un estado de pobreza extremo. El llamado resto de Israel en la Biblia, -es decir, el pequeño grupo de judíos que no malograron su fe dejándose arrastrar por los fariseos, los saduceos ni los zelotes, los cuales utilizaban la religión para conseguir alcanzar sus intereses-, nunca dejó de creer que Dios lo socorrería de su estado actual.

   Las calamidades profetizadas por Jesús no significaron la inmediata destrucción del Templo de Jerusalén ni el exterminio total del Judaísmo, ya que Tito y Vespasiano no quemaron la ciudad santa con los judíos que prefirieron morir antes que someterse a sus dominadores dentro de la misma hasta el año 70 de la era cristiana, y, después de que aconteciera este trágico hecho, los fariseos se encargaron de que su religión no desapareciera.

   Por nuestra parte, debemos ser muy críticos con el pensamiento de quienes difunden la errónea idea de que en el siglo XX la violencia se ha intensificado a nivel mundial, dado que la profecía de las calamidades anteriormente expuesta siempre se ha cumplido, desde que existe el hombre sobre la haz de la tierra, y desde que aconteció la primera catástrofe natural de la historia de nuestro planeta.

   Ayudados del arte de la Hermenéutica, -el cuál nos permite interpretar correctamente toda la Biblia en su conjunto-, podemos deducir, del texto bíblico que estamos meditando, que no hemos de perder la fe, ni por las circunstancias que nos acontecen, ni por las diversas miserias que azotan al mundo, dado que no debemos dejar de creer, que Dios nos salvará, cuando crea oportuno conducirnos a su presencia. Soy consciente de que algunos de quienes carecéis de la fe cristiana podéis decirme que intento engañaros, pero, muy a las malas, no podréis acusarme de que intento ganar dinero al difundir esta idea, dado que nadie puede acusarme, ni de que manipulo su vida como hacen ciertos líderes sectarios con sus adeptos, ni de que le cobro por compartir mi pensamiento con él.

   (MT. 24, 9-18). Meditemos sobre las palabras de Nuestro Hermano y Señor que acabamos de recordar.

   1. De todos es sabido que, poco tiempo después de que los Apóstoles de Nuestro Señor fundaran la Iglesia Universal -o Católica-, en el país en que vivió Jesús, se inició una gran persecución contra los nazarenos -o seguidores de Jesús de Nazaret-. El mismo San Pablo le dijo al Rey Agripa en su declaración: (HCH. 26, 9-11).

   2. La gran persecución contra los cristianos, que no sólo fue llevada a cabo por las autoridades judías, sino que fue apoyada por varios emperadores romanos, tuvo el efecto de que muchos cristianos, temiendo perder la vida, renegaron de su fe, y, para demostrar que se arrepentían firmemente de haber creído en Jesucristo, algunos de ellos, delataron a algunos de sus hermanos espirituales, los cuales fueron encarcelados y asesinados como mártires de nuestra fe.

   3. Antes de que Tito y Vespasiano quemaran la ciudad santa, el cristianismo se vio perjudicado por la aparición de falsos profetas, los cuales, en algunos casos eran hombres deseosos de enriquecerse a costa de manipular a los carentes de sagacidad, y, en otros casos, eran impulsores de creencias contrarias al Cristianismo. Como ejemplo, válganos la acción de los judaizantes, de los cuales habla San Pablo en sus Cartas, dado que hicieron todo lo que estuvo a su alcance, con tal de entorpecer la labor apostólica de este y el trabajo de sus colaboradores.

   Lógicamente, de la misma manera que en nuestro tiempo muchos -aunque sean cristianos- caen en las redes de las sectas existentes, en el siglo I de nuestra era cristiana, otros tantos cayeron en las trampas que les tendieron quienes pretendieron -y lograron- enriquecerse a costa de los mismos.

   4. La persecución desatada contra los cristianos fue tan violenta, que muchos de ellos renegaron de su fe, con tal de conservar, tanto la vida, como sus pertenencias.

   Cuando Jesús hizo alusión a quienes se mantuvieran firmes hasta el fin de las pruebas que sus fieles tenían que afrontar y confrontar, diciendo que quienes perseveraran hasta el fin de las mismas salvarían su alma, quiso hacer que sus creyentes no se desanimaran ante las vivencias amargas que les aguardaban. Aunque este no es el momento de explicar el significado redentor del sufrimiento, es importante recordar que el dolor es una fuente tanto de purificación como de santificación para los católicos, dado que el mismo, -si no permitimos que nos debilite psicológicamente-, nos fortalece espiritualmente.

   5. El Templo de Jerusalén no sería destruido hasta que el Evangelio fuera anunciado en toda la tierra. Aunque todo el planeta no fue evangelizado antes de que Roma quemara la ciudad santa, todo el Imperio romano oyó hablar de Nuestro Señor, pues, en aquel tiempo, se había cumplido la profecía de Jesús que recordamos anteriormente, con respecto al hecho de que hasta los mismos Apóstoles serían maltratados y asesinados, pues, -como es sabido-, los Santos Pedro y Pablo, -columnas de nuestra Santa Madre Iglesia-, habían muerto en defensa de la fe que profesaban, el primero crucificado, y, al segundo, por ser ciudadano romano, no se le pudo clavar en una cruz, pero se le amputó la cabeza, no por las causas que los judíos le apresaron en Jerusalén, sino por haber cristianizado a algunos familiares del Emperador Nerón.

   6. Veamos el texto de la Profecía de Daniel referente a la disposición de los soldados de Tito y Vespasiano que invadieron la ciudad santa, a los que se refirió Jesús, como el ídolo abominable de la devastación (DN. 9, 26-27).

   7. En el año 66, Jerusalén estuvo a punto de ser ocupada por el ejército romano, el cuál, de la noche a la mañana, cuando la ciudad se preparaba para ser derrotada, recibió la orden de llevar a cabo una misión diferente. Los cristianos conocedores del aviso de nuestro Señor con respecto a que los judíos abandonaran la ciudad santa y se refugiaran en las montañas con tal de no perecer, obedecieron ciegamente el consejo mesiánico. Seguramente, cuando el ejército romano abandonó Judea, muchos hermanos de raza de Nuestro Señor volvieron a la ciudad santa, mientras que otros tantos permanecieron en los montes, pues, la seguridad de que las palabras del Señor tenían que cumplirse cabalmente, les salvó la vida cuando la ciudad santa fue arrasada por el fuego en el año 70.

   Jesús les siguió diciendo a sus Apóstoles con respecto a la ocupación de la ciudad santa por parte de Tito y Vespasiano: (MT. 24, 19-22).

   3. Señales que acontecerán antes de que Cristo venga por segunda vez al mundo. La Iglesia Católica es la verdadera fundación de Cristo.

   Dios ha previsto que su Hijo amado venga por segunda vez a nuestro encuentro para juzgarnos según nuestras acciones y para culminar la plena instauración del Reino de Nuestro Padre común entre nosotros, así pues, Nuestro Señor, sabiendo que la esperanza en su retorno sería el caldo de cultivo utilizado por muchas sectas para arruinar tanto la vida material como la espiritualidad de sus adeptos, les dijo a sus Apóstoles nuevamente: (MT. 24, 23).

   Como Jesús fue ascendido al cielo ante la vista de sus Apóstoles cuarenta días después de su Resurrección, tenemos muy claro el hecho de que todos los mesías que desde aquel tiempo han aparecido en la tierra hasta nuestros días, son falsos profetas que han venido al mundo con intenciones dudosas.

   Quienes carecéis de fe, -e incluso muchos católicos desconocedores de nuestras creencias-, seguramente os preguntáis: De tantas religiones que existen, ¿cuál de ellas es la verdadera? La religión verdadera es la Católica, porque los Apóstoles de Jesucristo fueron los fundadores de la misma. Los cristianos que nos denominamos discípulos de Jesucristo, no sólo tenemos la obligación de buscar la verdad y vivir inspirados en la realidad de la misma, sino que también tenemos la obligación de proclamar la misma, pues en el Catecismo de la Iglesia Católica, leemos:

   "Los bautizados "por su nuevo nacimiento como hijos de Dios están obligados a confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios por medio de la Iglesia" (LG 11) y de participar en la actividad apostólica y misionera del pueblo de Dios (cf LG 17; AG 7,23)"". (CIC. n. 1270).

   Dado que actualmente en el mundo existen más de 20000 sectas, no todas las que se hacen llamar cristianas pueden denominarse la Iglesia de Cristo, -dado que Nuestro Señor sólo fundó una Iglesia-, y, por lo tanto, todas esas sectas pueden tener sus verdades y razones particulares, las cuales no pueden ser denominadas, -sin mentir-, las verdades ni las razones de Dios.

   Las sectas utilizan una serie de trucos muy sencillos de captar por las personas astutas para denominarse falsamente las verdaderas Iglesias de Dios. Para captar estos trucos no es necesario tener conocimientos bíblicos muy avanzados, pues para ello debe bastarnos el hecho de pensar que, el hecho de que seamos buenos, no significa que todo el mundo tiene nuestras mismas intenciones.

   Uno de los citados trucos consiste en buscar en la Biblia algún versículo en el que aparezca el nombre de las sectas, así pues, a modo de ejemplo, los testigos de Jehová dicen que su nombre procede de la Biblia, dado que en la Profecía de Isaías, leemos: (IS. 43, 10). Como al principio del citado texto se puede leer: "Vosotros sois mis testigos", los miembros de esa denominación cristiana aprovechan esta casualidad -que no es casualidad- para decir de sí mismos que son la Congregación de Dios. Ahora bien, ¿se refiere el autor de dicho texto bíblico a los testigos de Jehová en su profecía? Fijaos qué forma tan fina tienen los miembros de esa denominación de manipular las Sagradas Escrituras modificando el contexto de las mismas, así pues, comprobadlo vosotros mismos, leyendo los versículos 8-12 del capítulo 43 de la citada Profecía (IS. 43, 8-12).

   El pueblo ciego y sordo del que se habla en el versículo 8 del texto que estamos meditando, no es otro que el pueblo del Antiguo Testamento, el cuál fue dispersado de la Tierra prometida a Babilonia, a Egipto y a otros países, por causa de su negativa a vivir sometido a la voluntad de Yahveh. A continuación, -en el versículo 9-, el autor hace constar que ningún pueblo de la tierra fue testigo de los prodigios que Dios hizo en su beneficio, con la excepción de los hebreos. En el versículo 10, cuando Dios dice: "Vosotros sois mis testigos -esta es la revelación de Yahveh- y el siervo a quien elegí", está claro que se refiere al pueblo de Israel, pues no tiene sentido el hecho de que, en un texto en el que se da a entender que Dios favorecerá a los receptores inmediatos del citado mensaje, -que no eran otros que los hebreos-, se haga referencia a una denominación cristiana, que apareció muchos siglos después de que se escribieran los tres rollos de Isaías.

   Siguiendo este ejemplo, -y con la intención de clarificar el citado truco de la utilización de los nombres de las sectas para que las mismas puedan afirmar que son las verdaderas iglesias de Cristo-, como Jesús le dijo a San Mateo en su vocación: "Sígueme" (MT. 9, 9), puede suceder que aparezca alguien que cree una secta llamada Sígueme, argumentando que el nombre de la misma está inspirado en el citado versículo bíblico, así pues, el hecho de que el citado nombre aparezca en dicho Evangelio, debe ser un argumento lo bastante convincente como para que los ingenuos desconocedores de la Palabra de Dios caigan en la trampa de creer que dicha secta es la verdadera fundación de Cristo, aunque la misma apareciera hace quince días.

   A veces me sucede que mis lectores me riñen ante la insistencia que os pido que seáis astutos, dado que los mismos me dicen que Dios quiere que nos amemos y que por lo tanto confiemos unos en otros, pero, a pesar de ello, fue Jesús, -y no José Portillo Pérez-, quien les dijo a sus Apóstoles: (MT. 10, 16).

   Otro truco que utilizan las sectas para engañar a sus adeptos, ha sido descrito en esta meditación, el cuál consiste en confundir las emociones con la verdad, así pues, la verdad de Dios no consiste para los tales en vivir inspirados en las palabras de Jesús, sino en sentir una alegría inmensa, de tal manera que, cuando algunos dejan de sentirse muy contentos en una iglesia pentecostal, se van a otra esotérica donde la novedad del cambio de culto les hace recuperar su falsa alegría, y así sucesivamente van cambiando de iglesia en iglesia, hasta que se quedan en alguna denominación, o renuncian a la creencia en Dios.

   Es frecuente escuchar a los pentecostales, a los evangélicos, a los testigos de Jehová y a muchos otros, decir frases como:

   -"¡Aquí sí que nos sentimos poseídos por la verdad!".

   "La Iglesia Católica jamás proclamó la resurrección de los muertos, de hecho, no conocimos esta verdad tan importante, hasta que nos cambiamos a la religión verdadera".

   -"Desde que Dios me bendijo permitiendo que dejara de ser católico, siento una gran alegría, porque ahora sí que sé que Cristo ha resucitado, y que vive dentro de mí. Yo antes iba a Misa todos los Domingos, pero no me enteraba de nada de lo que decía el cura, pero ¡ahora sí que estoy aprendiendo de la Biblia!".

   "¡Aquí sí que entran ganas hasta de bailar porque el Espíritu Santo nos llena de su alegría!".

   Para estas personas, lo importante, no es el conocimiento y la difusión de la verdad, sino sentirse muy alegres, como si hubieran ingerido alguna droga que les hiciera sentir una felicidad que les permitiera olvidar la gran acumulación de problemas que tienen.

   Debemos  ser conscientes de que vivimos en un mundo caracterizado por el sufrimiento, así pues, el hecho de no querer enfrentarnos  a nuestros problemas para resolverlos en la medida que ello nos sea posible, nos perjudicará, aunque nos neguemos a percatarnos de ello, dado que no hay peor ciego, que el que no quiere ver.

   Yo les pregunto a tales cristianos: ¿SE dejó crucificar Jesucristo porque se arrastró por un sentimentalismo momentáneo y estéril, o porque sintió que debía cumplir la voluntad de su Padre, aunque ello le costó la vida? (MT. 10, 38).

   La Iglesia de Cristo no es masoquista, pero los hijos de la misma tienen que ser valientes para enfrentarse al sufrimiento cuando tengan que hacerlo, con tal de fortalecerse espiritualmente, pues San Pablo escribió en su primera Epístola a los cristianos de Corinto: (1 COR. 10, 13).

   Son muchos los evangélicos que piensan que las iglesias no nos pueden salvar (es cierto que nuestro Salvador es Jesucristo y no la Iglesia, pero no es menos cierto que es muy difícil -pero no imposible- alcanzar la salvación lejos de la fundación de Cristo), indicando que lo verdaderamente importante es creer que Jesucristo es Nuestro Señor y Salvador personal. El hecho de que tales cristianos opinan que la Iglesia de Cristo es espiritual -y por tanto invisible-, capacita a cualquier amante de las riquezas materiales que no sienta ni una pizca de respeto por la humanidad, para que funde su propia iglesia -o congregación-, para que así empiece la aventura de enriquecerse a costa de un negocio en el que todos los ingresos son bienes gananciales que no habrá de declarar ante muchos estados, ya que, al actuar teóricamente como una O. N. G., estará exenta de pagar impuestos.

   No es cierto el hecho de que la Iglesia es totalmente invisible, dado que los cristianos que estamos en este mundo somos miembros de la verdadera Iglesia -o pueblo de Dios-. La Iglesia es humana y divina al mismo tiempo, dado que Dios nos da la oportunidad de perfeccionarnos al ser miembros activos de la misma.

   Veamos algunos consejos sabios que San Pablo les daba a sus lectores, para que los mismos no se apartaran de la Iglesia: (TT. 3, 10-11. 1 COR. 12, 12-13. JN. 13, 20. HEB. 10, 23-25. EF. 1, 22-23; 4, 1-6).

   Jesucristo fundó una sola Iglesia, pues Nuestro Señor le dijo al primer Papa de la misma, cuando éste le reconoció como Mesías, bajo la inspiración del Espíritu Santo: (MT. 16, 18).

   La Iglesia de Cristo, -la cuál es el fundamento del Reino de Dios en la tierra-, nunca será exterminada, pues Jesús les dijo a sus Apóstoles antes de ser ascendido al cielo: (MT. 28, 19-20).

   La Historia es testigo de que la Iglesia Católica es la verdadera fundación de Cristo, dado que es la más antigua de todas las que existen, así pues, os presento un listado de denominaciones cristianas, junto a los nombres de sus creadores/as y el año de fundación de las mismas, ordenado según la antigüedad de cada una:

   La denominación de la Iglesia Católica fue fundada por Jesucristo en Galilea en el día de Pentecostés del año 33.

   La denominación de los Luteranos fue fundada por Martín Lutero en el año 1531.

   La denominación de los Calvinistas fue fundada por Juan Calvino en el año 1533.

   La denominación de los Anglicanos fue fundada por Enrique VIII en el año 1534.

   La denominación de los Presbiterianos fue fundada por John Knox en el año 1560.

   La denominación de los Bautistas fue fundada por John Smith en el año 1611.

   La denominación de los Rosacruces fue fundada por Valentín Andrea en el año 1614, y fue especialmente impulsada en Alemania por Max H. en el año 1880.

   La denominación de los Metodistas fue fundada por John Wessley en el año 1791. En esta denominación fue instruido Charles Taze Rusel, quien fundó la denominación de los Testigos de Jehová, después de que un ateo le hiciera perder la fe.

   La denominación de los Adventistas fue fundada por William Miller en Usa en el año 1818.

   La denominación de los Mormones fue fundada por Joseph Smith en el año 1830, y su nombre oficial es: Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

   La denominación del Espiritismo fue fundada por la familia Fox en el año 1848.

   La denominación de los Sabatistas fue fundada por Hellen G. White en el año 1863.

   La denominación de los Adventistas del Séptimo Día fue fundada por Elena White en el año 1863.

   La denominación de los Testigos de Jehová fue fundada por Charles Taze Russel en el año 1876.

   La denominación del Ejército de Salvación fue fundada por William Booth en el año 1878.

   La denominación Ciencia Cristiana fue fundada por Mary Baker en el año 1879. (No hay que tener muchos conocimientos de Historia Sagrada para saber que Cristo no les permitió a sus seguidoras que predicaran ni les concedió ningún privilegio a las mujeres que les servían con sus bienes tanto a Él como a sus Apóstoles y discípulos, según creo, para evitar que fueran maltratadas por la sociedad machista de los judíos, así pues, las religiones fundadas por mujeres, tienen una enorme garantía de que son falsas, no sólo desde el punto de vista católico, sino hasta desde la óptica de la Historia de un modo demasiado evidente para ser disimulado).

   La denominación de los Pentecostales fue fundada por varios personajes en el año 1901, y fue promovida en Usa en el año 1905.

   La denominación Asamblea de Dios fue fundada por varios personajes en el año 1915.

   La denominación Evangélica fue fundada por varios personajes en Panamá quienes unieron dos iglesias decadentes en el año 1916. (No hace falta tener nociones de Historia considerables para no ignorar que la verdadera Iglesia de Cristo se fundó en Palestina).

   La denominación Luz del mundo fue fundada por Joaquín Aaron en el año 1926.

   La denominación de los Niños de Dios fue fundada por David Berg en el año 1950.

   La denominación de la Iglesia de la Unificación fue fundada por Sun Myung Moon en el año 1954.

   La denominación Iglesia Universal fue fundada por Edir Macedo en el año 1970.

   San Ignacio, -un célebre Obispo de Antioquía-, aproximadamente, hacia el año 100, les escribió una carta a los cristianos de Esmirna, en la cuál, puede comprobarse, que, este santo, fue uno de los primeros personajes de la Historia de la Iglesia de Jesucristo, que dijo que la misma es Católica.

   Veamos algunos de los nombres con que inicialmente se conoció a los cristianos, tanto entre los judíos como entre los paganos: (HCH. 11, 25-26).

   San Pablo dijo en cierta ocasión que la Iglesia era llamada "Camino del Señor" (HCH. 22, 4).

   En Hch. 24, 5, se dice de San Pablo que éste Apóstol de nuestro Señor llegó a "ser el cabecilla de la "secta de los nazarenos", otro de los nombres con el que se conocía a los seguidores de Jesús el Nazareno.

   A pesar de la utilización de los citados nombres con que se conocía a los cristianos y de otras denominaciones, el término Católico fue más estimado que los demás, dado que pretende unificar las creencias de todos los habitantes de la tierra de todos los tiempos.

   La última prueba que os puedo dar de la autenticidad de la Iglesia Católica es la sucesión apostólica, dado que en la misma no se tiene la costumbre de romper los escritos ni de olvidar a los dirigentes anteriores como se hace en muchas religiones. Desde que San Pedro murió, -a pesar de las dificultades que nunca le han faltado a la fundación de Nuestro Señor-, hasta nuestros días, nunca le ha faltado a ésta un sucesor de San Pedro que la guíe inspirado por el cumplimiento de la voluntad de Dios, muy a pesar de los errores que algunos de los mismos hayan podido cometer, dado que han sido tan humanos e imperfectos como lo somos nosotros.

   (MT. 24, 24). ¿Puede deducirse del texto del primer Evangelio que estamos meditando que Dios no ha dispuesto que todos los hombres de todos los tiempos se salven? (ROM. 1, 19-21).

   ¿Quiénes son más malvados, los transgresores de la Ley de Moisés que conociendo la misma la incumplen, o quienes, sabiendo que hacen lo que no es correcto según su conciencia, no evitan el pecado? (ROM. 2, 14-15).

   Dios quiere que todos nos salvemos, pero a nosotros nos corresponde el hecho de tomar la decisión de estar de su parte o de rechazarle. Es cierto que no podemos comprender claramente ni los misterios ni la forma de proceder de Dios siempre que lo intentamos, pero, si sabemos que Él nos ama y que no nos hace sufrir con tal de divertirse a costa de nuestra impotencia, ello nos bastará, tanto para conocerle mejor, como para gozar de la salvación.

   (MT. 24, 25-27). Los judíos partidarios de quienes utilizaban la religión para conseguir alcanzar sus intereses nunca aceptaron a Jesús como Mesías, no sólo porque Nuestro Señor contradijo sus creencias consiguiendo así que los mismos le ejecutaran, sino porque estos creían que el Mesías no tenía que nacer de una mujer, sino que había de aparecer repentinamente en Palestina, para liberar a su pueblo del yugo romano.

   Jesús nos ha dicho que sólo una señal es indicativa de su Parusía o segunda venida, la cuál consiste en que muchos cristianos conocedores en gran manera del Evangelio, apostatarán conscientemente, creando religiones falsas, y haciendo que los fieles de Dios abandonen su Iglesia. La culpa de quienes abandonen el rebaño del Buen Pastor, será pagada, tanto por quienes les engañaron, como por los hijos de la Iglesia que nunca les demostraron cómo han de portarse los cristianos veraces. Sin embargo, aquellos que son conscientes de que utilizan la fe cristiana con intereses particulares, -y, muy especialmente, quienes son muy conscientes de lo que hacen, dado que manipulan el Evangelio sin haber sido engañados-, vivirán el dicho del Mesías: (MT. 24, 28).

   Cuando Jesús juzgue a la tierra en el tiempo que un relámpago tarda en cruzar el planeta del Oriente al Occidente del mismo, todos seremos recompensados en conformidad con nuestras acciones.

   4. El tiempo de la segunda venida de Jesús.

   (MT. 24, 29). Jesús hace referencia al hecho de que el universo saludará a su Creador cuando acontezca la venida de Nuestro Señor, y se le entregará al mismo para ser transformado, dado que, -simbólicamente-, la maldad de los hombres marcó al mundo con su pecado, y el Hijo de Dios purificará a éste, por medio de la transformación del mismo, simbolizada por la mencionada catástrofe.

   (MT. 24, 30). Aunque estamos prescindiendo del estudio de la relación de perícopas que nos sería necesario llevar a cabo para aprender todo lo que Nuestro Señor transmitió en su sermón escatológico, -dado que en esta ocasión el mensaje principal que deseo transmitiros consiste en que no os traicionéis a vosotros mismos volviéndoles la espalda a Dios, a Jesús, a María santísima, a la Iglesia, a vuestros familiares y a vosotros mismos negándoos la oportunidad de ser felices sirviendo a gente inteligente pero carente de bondad-, para comprender el significado del símbolo del Hijo del hombre, nos es imprescindible consultar nuevamente la Profecía de Daniel, en la cuál, leemos: (DN. 7, 13-14).

   Si la venida del Hijo del hombre ha de ser vista como un signo de alegría, si tenemos en cuenta que Cristo vendrá nuevamente al mundo a eliminar las miserias que caracterizan nuestra vida, ¿cuál es la razón por la que los habitantes del mundo prorrumpirán en llanto inconsolable? Aunque demasiado tarde -si consideramos que los enemigos de Cristo no podrán remediar lo que hicieron al asesinar al Creador de la vida-, todos los que hicieron el mal de alguna forma a lo largo de su existencia, se darán cuenta de la gravedad de sus pecados, y sentirán que son insignificantes ante la grandeza del Dios de la gloria.

   (MT. 24, 31). Imitando la costumbre de los antiguos hebreos que al son de la trompeta convocaban al pueblo para reunirlo en asamblea, y también a la semejanza de la actuación de los antiguos Jueces de Israel que al son de la trompeta anunciaban que iban a dictar sus sentencias, Jesucristo reunirá a sus elegidos para conducirlos a la presencia de Nuestro Padre común, antes de castigar a quienes merezcan ser purificados, pues, dado que considero que el infierno es la contradicción de Dios, no puedo creer que Nuestro Padre común rechazará a nadie, aunque, -por otra parte-, sé que muchos no creerían en Él, ni aunque lo tuvieran delante corporalmente, los cuales no se dejarán glorificar.

   Aunque el mensaje principal de este breve estudio bíblico consiste en insistiros para que os cuidéis de las prácticas sectarias que se extienden por el mundo, a todos nos gustaría saber cómo será la segunda venida de Nuestro Hermano y Señor, así pues, atendamos, -nuevamente-, a San Pablo: (1 TES. 4, 13-14).

   (ECL. 9, 5). A pesar de que la creencia en la resurrección de los muertos aparece manifiesta en los dos Testamentos en que se divide la Biblia, existen líderes de denominaciones que se hacen llamar cristianas, que les hacen creer a sus adeptos que el alma humana no existe, y que cuando la gente fallece, desaparece cuando su cuerpo se corrompe en el sepulcro, de manera que de los tales sólo queda el recuerdo en la mente de Dios, el cuál les resucitará, -al final de los tiempos-, para juzgarles, y premiarles, no según sus obras, sino si aceptan serles sumisos a los líderes de dichas denominaciones.

   Por si les enseñáis este texto a algunos líderes sectarios, -aunque ello no les servirá de nada a los tales, porque tienen preparada una enorme relación de textos para embaucaros, que haría de este estudio un texto muy pesado-, os dejo una prueba de la creencia en la resurrección de los muertos y de la existencia del alma humana, no de un judío, sino de un gentil llamado Job, -para que no os engañe nadie-, el cuál reflexionó en los siguientes términos, mientras le hablaba a Nuestro Padre común (JOB. 14, 13-15).

   Si en el texto paulino que estamos meditando hemos leído que Dios ha de llevarse consigo a los que han muerto creyendo en Jesús, entendemos que cuando morimos no dejamos de existir, por más que nuestra razón sea incapaz, primero de aceptar la existencia del alma humana -dado que este hecho no es demostrable científicamente-, y de explicar la existencia de la misma fuera del cuerpo, con el que, -según nuestra fe universal-, forma un todo.

   Antes de seguir meditando el fragmento de la primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses que nos ocupa, hemos de recordar que, el citado Apóstol, vivió cierto tiempo creyendo que el mundo estaba a punto de ser transformado, así pues, San Pablo les escribió a los citados cristianos: (1 TES. 4, 15-18. 1 COR. 15, 51-52).

   ¿Qué significa la expresión: "SE acerca el tiempo del fin?" Esta expresión no significa que estamos a punto de ser transformados a la imagen y semejanza de Dios, así pues, según los científicos, a nuestro planeta le quedan cuatro mil quinientos millones de años de vida antes de que el sol lo arrase, lo cuál os digo como dato curioso, pues no sabemos cuándo vendrá Jesús a juzgarnos, si lo hará hoy mismo, o si lo hará cuando el sol arrase nuestro mundo, aunque este hecho contradeciría a San Pablo, dado que, de suceder esto, no quedaría nadie vivo en el mundo para ser transformado en un abrir y cerrar de ojos, para salir por los aires al encuentro del Señor como un resucitado perfecto, una vez superada su humana imperfección.

   El mensaje contenido en la primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses que hemos meditado, -en contra de la voluntad del autor de la misma-, provocó que algunos cristianos dejaran de desempeñar sus obligaciones, y vivieran ociosamente, pensando que el mundo estaba a punto de acabarse. De esta forma también viven actualmente los creyentes de muchas sectas, los cuales olvidan sus obligaciones y a sus seres queridos, y viven obsesionados con la lectura de la Biblia completa -por más que la mayoría de ellos no se enteran de lo que leen-, por lo cuál siempre viven dándoles vueltas a un reducido número de textos bíblicos, sobre los cuales fundan sus escasas creencias, olvidando que lo importante no es que se sepan la Biblia de memoria, sino que sepan interpretar el contenido de la misma, y que lo apliquen a sus vivencias ordinarias, haciendo todo el bien que esté a su alcance.

   No quiero ser yo quien extienda la idea de que debemos abandonar nuestros trabajos pensando que el mundo no es eterno, así pues, San Pablo les escribió a los Tesalonicenses en la segunda Carta que les envió: (2 TES. 3, 10-11).

   5. Consejos útiles, tanto para quienes vivieron en el tiempo anterior a la destrucción del Templo de Jerusalén, como para quienes vivimos en el llamado "tiempo del fin de este siglo".

   5-1. El tiempo de la ruina del Templo de Jerusalén.

   (MT. 24, 32-34). Aunque Jesús no predijo el año exacto en que aconteció la ruina de Jerusalén, sí dijo que la misma acontecería en el siglo I de la era cristiana, dado que, si suponemos que una generación puede durar cien años, las palabras del Hijo de María son aceptables, dado que Jerusalén fue ocupada por el ejército romano, 37 años después de que aconteciera la muerte del Hijo del hombre.

   5-2. El tiempo del fin del mundo.

   (MT. 24, 35-39). Al igual que sucede en nuestro tiempo y ocurrió en el tiempo de la ruina del Templo de Jerusalén, en el tiempo de Noé, la gente vivía sin obedecer a Dios. San Pedro escribió en su segunda Carta: (2 PE. 2, 5). No se puede decir que la gente del tiempo de Noé era desconocedora del designio salvífico de Dios, dado que San Pedro nos hace entender que Noé, al mismo tiempo que construyó el arca en la que se salvaron sus familiares y él de la muerte, se dedicó a prevenir a la humanidad, con el fin de que, al arrepentirse de sus pecados, no pereciera ahogada por causa del diluvio universal. No podemos acusar a Dios de que es tan asesino como podemos serlo nosotros, pues El no puede (mejor dicho, no quiere) obligarnos a aceptar lo que deseamos rechazar, con el fin de no privarnos de la libertad de decidir lo que queremos que nos dotó en el tiempo de nuestra creación.

   (MT. 24, 40-45). Jesús nos dice que, antes de que acontezca su venida, nos ocupemos de alimentar, -tanto a nivel material como a nivel espiritual-, tanto a los pobres, como a quienes deseen conocer nuestra fe. Esta petición de Nuestro Señor, es tan válida para los religiosos, como para los laicos, dado que todos somos hijos de un mismo Padre (MT. 24, 46-51).

   Conclusión.

   Tanto la Biblia como los científicos nos informan de que el mundo no permanecerá siempre como está en nuestros días. Por nuestra fe, sabemos que el mundo va a ser transformado por Dios, quien convertirá todo nuestro planeta en su Reino. El hecho de que el mundo va a ser transformado, no ha de producirnos miedo, sino que, al contrario, es esperanzador para nosotros, lo cuál no indica que hemos de vivir mirando al cielo, dejando de cumplir nuestras obligaciones, pues es preciso, -tanto para nuestros familiares como para nosotros-, que no vivamos ociosamente, ya que, como cristianos, tenemos mucho que hacer en nuestro entorno social, y algunos en muchos lugares.

   Que Dios os colme de bendiciones.

José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com

Señor, quiero ver, por mediación de la fe, tu luz maravillosa. (Meditación para el Domingo XXX del Tiempo Ordinario del Ciclo B).

   Meditación.

   Señor, quiero ver, por mediación de la fe, tu luz maravillosa.

   Cierto día en el que Jesús salió de Jericó acompañado de sus seguidores y de una gran multitud, un ciego que pedía limosna junto al camino, pronunció unas palabras muy atrevidas: (MC. 10, 47). Cuando la gente oyó aquellas palabras tan atrevidas, quienes estaban más cerca de dicho mendigo, intentaron hacer que se callara, haciéndole entender que había perdido la cordura, o quizá que no sabía lo que estaba diciendo, o, peor aún, que era ciego por incumplir la Ley de Moisés según creían los judíos en aquel tiempo que los enfermos pagaban sus pecados o las transgresiones de la Ley de sus antecesores, que no debía usar aquella expresión tan controversial. Quizá algunos de los que estaban cerca de aquel ciego, aunque probablemente ignoraban que cualquier hombre no tenía derecho a ser llamado Hijo de David, dado que se creía que el sucesor espiritual del citado Rey tenía que ser el Mesías, quería que aquel hombre dejara de gritar, simplemente, porque valía tan poco, que no merecía la pena el hecho de que Jesús fuera molestado por él.

   Aunque en nuestro tiempo somos muchos los que mantenemos la firme creencia de que todas las personas, independientemente de la conducta que observemos, tenemos un valor que no pueden aumentar nuestras buenas obras, y que tampoco pueden disminuir nuestras maldades, para unos porque somos personas humanas, y para otros porque somos hijos de Dios, no nos es desconocido el hecho referente a las creencias que, a lo largo de la Historia de la humanidad, han existido en muchos países, las cuales sólo han servido para discriminar a los más débiles.

   Recuerdo que hace algunos años vi a dos niños que discutían entre sí. El niño mayor le dijo a su vecino que era un idiota, a lo que el otro, ni corto ni perezoso, le respondió al primero que su abuela era medio cegata, porque él la había visto ponerse gafas algunas veces. Lo que puede parecer una discusión sin importancia entre niños menores de diez años, no es más que el reflejo de la conducta de parte de una sociedad injusta que margina a los más débiles físicos y espirituales.

   Los que rodeaban al ciego del Evangelio que consideramos este Domingo, se dieron cuenta de que aquel mendigo llamaba Hijo de David a Jesús, y de que aquel personaje no debía molestar al Hijo de María porque, después de todo, si estaba en ese estado tan trágico, sólo era un pecador o un descendiente de transgresores de la Ley, que merecía ser castigado con la privación de la vista. No sabemos si alguno de los componentes de la multitud que acompañaba al Mesías se dio cuenta de que aquel hombre que pedía limosna al borde del camino tenía la vida destrozada.

   ¿A quién le importaba que los judíos considerasen muerto al citado ciego por estar privado para tener descendencia por causa de su difícil estado?

   El protagonista del relato de San Marcos que estamos meditando debía tener una gran fe en Nuestro Señor, así pues, a pesar de que se le reprendió por causa de los motivos sobre los que hemos meditado, en respuesta al rechazo social de que era víctima, se arriesgó a levantar la voz hasta el punto de que Jesús lo oyó, a pesar de que el Mesías estaba rodeado por mucha gente que hablaba, y que quizá ni se había percatado de que un mendigo ciego reclamaba la atención del Hijo de David.

   Hay mucha gente que, aunque se niega a progresar en cualquier campo en el que pueda desarrollarse, se muestra dispuesta a hacer todo lo que esté a su alcance para que los demás no sigan creciendo. Para lograr su propósito, tales personas se valen de insultos, habladurías, trampas, y de todos los medios que tienen a su alcance.

   Cuando Jesús oyó la voz del indigente hijo de Timeo, le pidió a la gente que permitiese que el pobre ciego se le acercase. El buen hombre, se desprendió de su capa, y, sin preocuparse del protocolo sin el que muchos no pueden vivir, porque se preocupan más de las cosas que carecen de importancia que de las cosas que realmente son necesarias, aunque ello no impide que se pueda hacer también lo otro, se plantó delante de Jesús.

   Muchos hermanos me han dicho, a lo largo de los años que he predicado, que están desesperados, porque Dios no escucha sus oraciones. Yo sé que Dios tiene un tiempo previsto para resolver nuestros problemas, aunque ello no significa que se nos solucionarán los mismos de un día para otro, dado que es preciso que adquiramos la experiencia del dolor, la soledad, y, en algunos casos, de la pobreza. Quienes estéis desesperados por cualquier causa, no dejéis de orar, porque, cuando menos lo esperéis, el Señor vendrá en vuestro auxilio, utilizando para ello quizás el medio que menos os imaginéis.

   ¿Qué le diríamos a Jesús si nos dijera las palabras con que se dirigió a Bartimeo? (MC. 10, 51).

   Aunque personalmente se me ocurre responder esta pregunta pidiendo que se me ayude, sé que debo responder con las palabras que Nuestro Hermano nos enseñó a orar (MT. 6, 10), porque, si el Reino mesiánico se establece definitivamente en el mundo, serán exterminadas todas las dificultades que caracterizan a la humanidad.

   Aunque Jesús le dijo a Bartimeo las palabras contenidas en MC. 10, 52, el recién curado no se alejó del Señor, así pues, se fue con el Mesías.

   ¿Nos hemos acordado de Dios cuando hemos tenido carencias, y nos hemos olvidado de Él, una vez que Nuestro Padre común ha satisfecho nuestras necesidades?

   Dios quiso que en Su Ley se abogara por la protección de los ciegos (DT. 27, 18. LV. 19, 14. JOB. 29, 15. IS. 35, 5).

   En la Biblia, la palabra "ciego" tiene un significado figurativo (IS. 56, 10).

   Muchas veces nos preguntamos cuál es la causa por la cuál sufrimos, pero la Biblia nos responde esta pregunta que es Dios quien nos aflige, no para hacernos sufrir por sufrir, sino para purificarnos y santificarnos, así pues, Nuestro Santo Padre le dijo a moisés en la vocación de éste: (ÉX. 4, 11.

   A pesar de que la Ley mosaica impedía que los hebreos maltrataran a los minusválidos, estos no podían servir como sacerdotes en el Santuario divino, así pues, esta prohibición que en nuestro tiempo sin duda alguna es considerada como injusta y discriminatoria, en el pasado, significaba que Dios quiere un pueblo purificado, así pues, esta es la causa por la que las enfermedades que padecemos los minusválidos significan en el lenguaje bíblico el pecado, y, por tanto, la imposibilidad que los transgresores de la Ley tenían de ser salvos, hasta que se convirtieran a Yahveh (LV. 21, 17-23).

   Dios le dijo a su pueblo que en tiempos de cautiverio sería tratado como un ciego (DT. 28, 29. IS. 59, 10. LC. 6, 39).

   Jesús juzgaba la ceguera espiritual como más grave que la ceguera corporal, así pues, he aquí un suceso que ocurrió un día en que Nuestro Maestro curó a un ciego de nacimiento: (JN. 9, 39-41; 3, 19-21).

   Pidámosle a Dios que se cumpla en nosotros el deseo de San Pablo con respecto al aumento de la fe de los cristianos de Éfeso: (EF. 1, 18).

   Quizás nos es útil el consejo de Nuestro Señor, contenido en AP. 3, 17-18. 1 JN. 2, 10-11. 2 PE. 1, 5-11).

   Sabemos que no se puede ser un ciego físico únicamente, pues la ceguera espiritual puede ser más dañina que la ceguera corporal, así pues, concluyamos esta meditación pidiéndole a Nuestro Padre común que se cumplan en nosotros las palabras que San Pablo les escribió a los Colosenses (COL. 1, 9-12).

José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com

No sirvamos a los hijos de Dios para ser recompensados por Nuestro Santo Padre ni por los hombres. (Meditación del Evangelio del Domingo XXIX del Tiempo Ordinario del Ciclo B).

   3. No sirvamos a los hijos de Dios para ser recompensados por Nuestro Santo Padre ni por los hombres.

   Meditación de MC. 10, 35-45.

   Los dos hermanos que por causa de su carácter fogoso eran conocidos como “Boanerges” (hijos del trueno), porque Jesús les impuso ese nombre (MC. 3, 17), le dijeron al Señor: “Queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir”. Ellos sabían perfectamente que Jesús no estaría de acuerdo con el hecho de concederles los mejores puestos en su Reino, pues Nuestro Señor hizo mucho hincapié en enseñar a sus seguidores a destacar entre los humildes. Esta fue la razón por la que quisieron que el Mesías respondiera afirmativamente la petición que le hicieron, antes de dársela a conocer, pero Nuestro Redentor conocía las intenciones de sus amigos, y era consciente de que les faltaba recorrer un largo camino para poder imitar su conducta. Esta es la razón por la que, antes de responderles a sus amigos si les concedía lo que deseaban, inquirió de ellos lo que querían. San Mateo nos dice en su Evangelio que, con tal de presionar a Jesús para que cumpliera su deseo, los hijos del pescador Zebedeo se hicieron acompañar por su madre, pues, el hecho de que las mujeres eran marginadas socialmente, logró que el Señor sintiera gran afecto por ellas (MT. 20, 20-21).

   A pesar de que los hermanos Santiago y Juan, -al igual que sus compañeros de ministerio-, tenían problemas para adaptarse totalmente al cumplimiento de la voluntad de Dios, porque soñaban con un Reino terrenal en que tendrían la oportunidad de ser poderosos, el Señor no los rechazó, sino que, hasta que entró en trance agónico mientras se prolongó su oración en el monte de los Olivos, estuvo intentando hacerlos recapacitar. Este hecho nos sugiere el pensamiento de buscar la forma de abrirnos mentalmente a quienes no comparten nuestras creencias. Es triste el hecho de que no todos los católicos hayan aceptado la posibilidad de mantener relaciones con hermanos cristianos de diferentes denominaciones, y que se muestren contrarios a la celebración del Año de la Fe, pues, al creerse dueños absolutos de la verdad, no quieren dejar de rechazar a quienes no comparten la totalidad de sus ideas. Es triste que existan denominaciones cristianas que, en nombre de las verdades en que creen, propaguen el desprecio a quienes no comparten la totalidad de sus creencias, incumpliendo la voluntad de Jesús, quien se dirigió a Nuestro Santo Padre en su oración sacerdotal, en los términos que siguen: JN. 17, 11.

   Indudablemente, todos creemos verdadera la fe que profesamos, pero ello no nos autoriza a despreciar a quienes no se aferran plenamente a nuestras creencias. Si queremos imponerle al mundo nuestras creencias, lo único que conseguiremos, es lograr que se dificulte la labor que Dios realiza en los hombres, pues solo Él sabe cuándo estaremos dispuestos a aceptar la vocación que de Él recibiremos, la cual nos permitirá desear disponernos a vivir en su presencia. Despreciar a quienes no comparten nuestras creencias, es una perfecta excusa para no trabajar en la construcción de un mundo de hermanos que tienen un mismo Padre celestial. El Reino de Dios no puede edificarse sobre el desprecio humano. Necesitamos adaptarnos a las realidades características del mundo, para poder demostrar que Dios existe y se interesa por nosotros (1 PE. 3, 8-9).

   Los discípulos de Jesús no compartían el mismo pensamiento del Señor, con respecto a cómo debería ser el Reino de Dios. Para ellos, tal realidad se reducía a extinguir el dominio romano de Israel, y a vivir ganando poder, riquezas y prestigio. Esta idea no solo era característica del Israel bíblico, pues también lo es de nuestro tiempo y de ciertas denominaciones cristianas actuales. Para Jesús, el Reino de Dios no está relacionado con el poder, las riquezas y el prestigio, sino con la construcción de un mundo de hermanos, que tienen un mismo Padre. El Reino de Dios, no es un espacio geográfico, sino la vida de quienes aceptan a Nuestro Padre común, y se adaptan al cumplimiento de su voluntad, que consiste en que alcancemos la plenitud de la dicha.

   ¿Qué quiere Jesús que hagamos quienes creemos en Él para disponernos a vivir en su Reino espiritual? (MC. 8, 34-37).

   ¿Cómo podremos negarnos a nosotros mismos, si vivimos en un mundo en que, si queremos ser importantes, tenemos que promocionarnos?

   Obviamente, hemos sido creados por Dios, y, ya que lo que Dios ha creado no es malo, no tiene sentido el hecho de que  nos despreciemos, pues lo ideal es esforzarnos en alcanzar la perfección cristiana consistente en el pleno seguimiento de Jesús, corrigiendo los defectos que nos caracterizan. Esto no es fácil de comprender para quienes jamás se han esforzado en la vida para conseguir absolutamente nada, pues han tenido a quienes les resuelvan sus dificultades, y dinero para hacer de los placeres mundanos su máxima aspiración.

   El pasado 12 de octubre, -día de Nuestra Señora del Pilar-, la Agencia de Noticias Europa Press, publicó un artículo, en que se decía que el sesenta y tres por ciento de los españoles, prefieren perder diez años de vida, antes que verse privados del sentido de la vista. ¿Cómo podremos tomar nuestra cruz para ser seguidores de Jesús, si la mayoría de la gente, intenta esconder sus enfermedades y otros defectos, con tal de no ser marginada?

   El mensaje de Jesús es radical, y tal radicalidad no es signo de fanatismo, sino de la profundidad con que se nos invita a estudiarlo, conocerlo y aplicarlo a nuestra vida. Para nosotros, ser cristianos, no significa que tenemos que renunciar a nuestra vida, sino a todo lo que, en la misma, se opone al cumplimiento de la voluntad divina. Tal adaptación no es fácil para nosotros, así pues, esta es la causa por la que, nuestra conversión al Evangelio, se compara con la renuncia a nuestra vida actual, la cual, paradójicamente, se nos acrecienta, cuando le permitimos a Dios dignificárnosla.

   ¿De qué nos sirve ganar poder, riquezas y prestigio, si ello nos impide crecer espiritualmente, e incluso nos priva de relacionarnos con nuestros familiares y amigos?

   ¿Qué es más importante para nosotros que nuestra vida espiritual y afectiva?

   Frente a la instrucción de Jesús de inspirar su vida en la fe, la esperanza y la caridad divinas, los hermanos Santiago y Juan, reclamaron para sí, los mejores puestos, en el Reino de Dios. Ellos estaban lejos de desear donarse a Dios en sus hijos en vez de ambicionar el poder, de hacerse humildes para vencer la obsesión de ser ricos, y de ser capaces de asumir el mayor rechazo social, con tal de no desear servir a Dios para alcanzar prestigio humano, sino, por amor al Dios Uno y Trino y a sus hijos los hombres, aunque ello les aportara sufrimiento, tal como les sucedió, a partir del día en que recibieron los dones del Espíritu Santo, pues Santiago fue mandado a asesinar por Herodes (HCH. 12, 2), y Juan fue azotado junto a Pedro (HCH. 5, 40), y vivió desterrado en la isla de Patmos (AP. 1, 9).

   Jesús les dijo a los citados hermanos que recibirían su bautismo, y que compartirían sus sufrimientos, pero, para lograr estas cosas, debían renunciar a los deseos del mundo, que se adueñaron de sus corazones.

   ¿Somos capaces de servir a Dios en sus hijos los hombres evitando quejarnos por la existencia de pequeñas contradicciones que tienen el objeto de enseñarnos a valorar lo que hacemos para adaptarnos al cumplimiento de la voluntad de Nuestro Santo Padre?

   Santiago y Juan, le pidieron a Jesús un deseo, que no les fue concedido. A nosotros en ciertas circunstancias tampoco nos concede Dios lo que le pedimos, porque ello puede hacernos perder la fe que nos caracteriza, de la misma manera que, si dichos hermanos, hubieran alcanzado el poder, las riquezas y el prestigio que ambicionaban, no hubieran llegado a ser gigantes, en el terreno de la espiritualidad. Cuando queremos alcanzar una meta que nos supone años de esfuerzos, los psicólogos nos enseñan a valorar todo lo que consigamos a largo plazo. Si necesitamos adelgazar veinte kilos, y nos queremos comer varios dulces todos los días, los citados especialistas nos instarán a considerar el resultado de nuestra dieta a largo plazo, pues ello será más satisfactorio que alimentarnos a base de lo que no debemos abusar, pues ello contribuirá al debilitamiento de nuestra salud. Si Dios no nos concede lo que le pedimos, consideraremos que su sabiduría es superior a la nuestra, y que encamina nuestra vida a su presencia, por lo que no nos concederá nada que nos impida profesar la fe que nos caracteriza (1 PE. 5, 1-4).

   Concluyamos esta meditación, pidiéndole a Nuestro Padre común, que nos ayude a adaptarnos al cumplimiento de su voluntad.

José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com

¿Estimamos más la sabiduría de Dios que la sabiduría del mundo? (Meditación para el Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario del Ciclo B).

   Meditación.

   ¿Estimamos más la sabiduría de Dios que la sabiduría del mundo?

   Oremos pidiéndole a Nuestro Padre común que nos ayude a solventar nuestras carencias, para que así tengamos más motivos para creer en Él.

   Jesucristo es la Palabra de Dios que penetra nuestros corazones y por ello nos conoce. Pidámosle a Nuestro Señor que, al acogerlo como Palabra viva en nuestro corazón, que el Espíritu Santo nos haga santos.

   ¿Hasta qué punto deseamos vivir en la presencia de Dios? (MT. 16, 26).

José Portillo Pérez

joseportilloperez@gmail.com

El amor de Jesús nos congrega en la presencia del Padre. (Meditación para el Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario del Ciclo B).

   Meditación.

   El amor de Jesús nos congrega en la presencia del Padre.

   En la noche en que Nuestro Hermano y Señor cenó por última vez con sus futuros Apóstoles antes de ser entregado por Judas Iscariote a sus enemigos, el Mesías les dijo a sus seguidores muchas cosas importantes, de las cuales vamos a recordar el distintivo que ha de hacer que quienes no aceptan nuestra fe nos conozcan (JN. 13, 34-35).

   ¿Qué significa para nosotros el hecho de amarnos unos a otros de la misma manera que Nuestro Señor nos amó, hasta el punto de morir para demostrarnos que la Santísima Trinidad nos ama?

   Si nos amamos de la misma manera que Jesús nos amó, ello significa que hemos de anteponer, -en la medida de lo posible-, las necesidades de nuestros prójimos a las nuestras, así pues, San Pablo nos dice las palabras que leemos en FLP. 2, 1-5.

   Si por razones comprensibles y aceptables no damos el paso de considerar las necesidades de nuestros prójimos como superiores a las nuestras, -especialmente si tales prójimos no viven bajo nuestro techo-, hemos de sentir un gran respeto por quienes, inspirados por la vivencia de su fe ejemplar, se aplican las palabras de Jesús que leemos en JN. 15, 13.

   Dado que gracias a Dios todos los cristianos no estamos destinados a morir como mártires, entiendo que hemos de vivir nuestra fe a partir del estado actual de vida que nos caracteriza, pues San Pablo les escribió a los cristianos de Galacia, las palabras que leemos en GÁL. 6, 1-2.

   San Pablo nos dice que, como hijos espirituales de Dios que somos, debemos corregir a quienes cometen errores. Supongamos que una adolescente que está a favor del aborto se une a un grupo de jóvenes católicos, porque, aunque difiere en la citada creencia con respecto a los mismos, le atrae la forma en que sus nuevos amigos se relacionan entre sí. Quizás habría quien se mostrase en desacuerdo con el hecho de que tal adolescente se relacionase con los jóvenes católicos siendo defensora de la práctica del aborto, pensando en evitar la posibilidad de que haga que sus nuevos amigos abracen su creencia. En este caso, los educadores católicos de los citados cristianos, deberían velar permanentemente por la fe de los tales, y deberían de acoger con amor y respeto a la citada adolescente, pues quizás, sin percatarse de ello, con el paso del tiempo, al acostumbrarse al hecho de dejarse guiar por la voz del Señor, y al comprender lo importante que es el respeto a la vida humana, ella aceptaría nuestras creencias, pero, si esta adolescente, desde el primer momento que se une a los miembros del grupo católico que acaba de conocer, tiene la seguridad -o la sensación- de que la están satanizando porque quieren forzarla a compartir una creencia que rechaza, se le hará perder la oportunidad de conocer al Señor.

   San Pablo nos ha dicho claramente que no satanicemos a quienes no comparten nuestras creencias y que seamos compasivos y comprensivos con aquellos de nuestros hermanos de fe que cometen errores, porque todos los seres humanos, a lo largo de nuestra vida, estamos expuestos a la posibilidad de equivocarnos muchas veces. Antes de tachar como pecadores a quienes no comparten nuestras creencias o desde nuestro punto de vista cometen errores, deberíamos pensar en la forma en que nos gustaría ser tratados si nos equivocáramos en nuestra forma de proceder, ateniéndonos a las palabras de nuestro Hermano y Señor contenidas en MT. 7, 12.

   Jesús les dijo a sus futuros Apóstoles en Cesarea de Filipo, las palabras contenidas en MT. 16, 24. Según las anteriores palabras de Nuestro Maestro, si queremos ser discípulos del Mesías, es decir, si queremos ser cristianos practicantes, hemos de dar tres importantes pasos:

   1. Negarnos a nosotros mismos,

   2. Tomar nuestra cruz, y

   3. Caminar detrás de Jesucristo.

   1. ¿Qué significa el hecho de negarnos a nosotros mismos?

   San Lucas, después de exponernos en su Evangelio la conversión del jefe de recaudadores de impuestos Zaqueo, nos evidencia las altas expectativas que los futuros Apóstoles tenían con respecto a Jesús, en los siguientes términos: (LC. 19, 11).

   Si Jesús se negó a sí mismo sometiéndose al cumplimiento de la voluntad de Dios, los cristianos practicantes podemos imitar al Hijo de María, pues Jesús les dijo a sus Apóstoles: (JN. 15, 20).

   Imaginemos la siguiente escena evangélica: Jesús les preguntó a sus Apóstoles quién decía la gente que era Él. Después de que sus íntimos amigos le dijeron lo que le habían escuchado a quienes les habían predicado con respecto al Hijo de David, Jesús les preguntó de golpe: (MT. 16, 15).

   La mayoría de los futuros Apóstoles enmudecieron porque, aunque llevaban bastante tiempo siguiendo al Señor, quizás aún no se habían planteado esa pregunta, dado que el proceso de la conversión es lento y gradual. Sin embargo, el Espíritu Santo aprovechó al impulsivo San Pedro, para inspirarle la siguiente declaración de fe: (MT. 16, 16).

   Jesús elogió a Pedro porque el Señor no se le había revelado como enviado de Dios, pues fue el Espíritu Santo quien le hizo saber que Jesús era el Mesías.

   Nuestro Señor, además de felicitar a Pedro por haber estado pronto a dejarse inspirar por el Paráclito, le encomendó a dicho Apóstol el cuidado de la fe de la Iglesia, con estas palabras: (MT. 16, 17-19).

   De la misma manera que Jesús felicitó a Pedro por causa de su fe y le encomendó el cuidado de su Iglesia, también nos anima a nosotros, a través de la recepción de los Sacramentos, la instrucción bíblica y catequética, y, en general, por medio de los acontecimientos que conforman nuestra vida diaria, para que seamos imitadores de grandes personajes bíblicos como Noé, de quien San Pedro escribió en una de sus Cartas Católicas que era "pregonero de justicia" (2 PE. 2, 5).

   Para los futuros Apóstoles debió ser glorioso el momento en que Jesús le otorgó a Pedro el cuidado de la fe de su futura Iglesia, pero, Nuestro Señor, a aquellos que en muchas ocasiones discutían entre sí para averiguar cuál de ellos sería el sucesor de Jesús y por tanto el líder a quien habían de someterse sus compañeros, probablemente debió recordarles el siguiente pasaje de San Marcos: (MC. 9, 33-35).

   A pesar de la felicidad que embargaba a los Apóstoles cuando el señor le concedió a Pedro la primacía sobre la futura Iglesia, Jesús estropeó aquella escena, cuando, con el recuerdo del siguiente hecho, les demostró a sus futuros Apóstoles que, con el fin de que aprendieran a negarse a sí mismos, Él les iba a servir de ejemplo (MC. 8, 31).

   ¿Qué sentido tiene el hecho de negarnos a nosotros mismos, hasta el punto de que atendamos las aspiraciones de nuestros prójimos antes de satisfacer nuestros deseos?

   ¿Qué ventajas tiene para nosotros el hecho de considerarnos inferiores a nuestros prójimos?

   Cuando Jesús les dijo a sus FUTUROS Apóstoles que iba a morir, Pedro, haciendo uso de la autoridad que el Mesías le había concedido sobre su futura Iglesia, y quizás pensando que Jesús lo estimaba de una forma más sobresaliente que a sus compañeros, llevó al Mesías aparte, y le dijo: (MT. 16, 22).

   Cuando sentí el deseo de ser sacerdote, y se lo comuniqué a algunos de mis familiares y amigos, algunos de ellos me dijeron:

   ¿Vas a renunciar a la posibilidad de casarte?

   ¿Qué beneficios vas a tener de la soledad a la que se enfrentan los curas?

   Durante los años que he podido pagarme la conexión a Internet para enviaros las meditaciones de Padre nuestro, no cesan de preguntarme:

   ¿De qué te sirve pasar horas y horas leyendo la Biblia y perder tiempo y dinero en una actividad que sólo te trae dolores de cabeza?

   Pedro se sentía plenamente realizado cuando Jesús le dijo que él sería su sucesor, pero se le cayó el mundo encima cuando supo que el Maestro iba a aplicarse sus palabras, es decir, iba a negarse totalmente a sí mismo, iba a caminar con su cruz a cuestas, e iba a cumplir la voluntad de Nuestro Padre común, con todas las consecuencias que ello implicaba.

   (MT. 16, 23). Aunque en la versión original del texto sagrado Jesús no llamó a Pedro Satanás, en la mayoría de las traducciones bíblicas, se pone en la boca del Señor el término con que se conoce al mayor enemigo de Dios, para recordarnos a los creyentes, que, ante todo, y, ante todos, lo más importante para nosotros, es cumplir la voluntad de Dios, según las siguientes palabras de nuestro Hermano: (MT. 6, 31-34).

    2. ¿Qué significa el hecho de tomar nuestra cruz?, y ¿para qué sirve este gesto?

   Vivimos en una sociedad en que en ciertas situaciones no nos conviene sacar a relucir nuestros defectos, no precisamente porque nos avergonzamos de ello, sino por necesidad. Si yo busco trabajo como teleoperador para trabajar desde mi domicilio, puede suceder que encuentre o no encuentre empleo, pero, si envío a las empresas que dan esta opción de trabajar desde casa un currículum vitae afirmando que soy ciego, tengo bastante garantizado el hecho de que jamás encontraré trabajo. En ciertas ocasiones, el hecho de dar a conocer las causas por las que sufrimos, puede significar que debemos estar preparados para ser rechazados, en algunos casos, tal como eran perseguidos, deshonrados y ejecutados los criminales que morían crucificados en el tiempo que vivió Jesús.

   Con el fin de recordar el mensaje que nos transmite la cruz, recordaremos a continuación las siguientes palabras de San Pablo: (1 COR. 1, 18-24).

   Aunque los cristianos somos miembros de este mundo en el que hemos aprendido a amar y en que más o menos hemos alcanzado la felicidad porque Dios nos ha dado la oportunidad de crecer espiritualmente en él, hemos de aplicarnos las palabras de Jesús que nos hacen comprender las ocasiones en que no somos comprendidos por causa de una fe que les resulta extraña e incluso obsesiva a la mayoría de quienes no comparten nuestras creencias (JN. 15, 18-19. 1 PE. 4, 1-4).

   Recuerdo que hace años asistí a un encuentro de jóvenes que se preparaban para confirmarse. Al final del día, durante la celebración de la Eucaristía que finalizaba el encuentro, algunas chicas que se percataron de que en el pueblo había chicos de fuera, entraron en el templo, y saludaron a los jóvenes que estaban cerca de mí. Ante la pregunta que una chica le hizo a uno de ellos sonriendo: ¿Vas a ser cura? El respondió: Hoy estoy en Misa, pero yo también le doy a la botellita de vez en cuando. Los niños y adolescentes, más que nadie, son muy susceptibles de ser presionados. Desgraciadamente, vivimos en un mundo que es arrastrado por las creencias mayoritarias, así pues, en el tiempo de la dictadura española, todos los que estaban en mi país estaban obligados a asistir a la Eucaristía dominical y, ahora, en el tiempo en que la Iglesia ha perdido poder, hasta muchos creyentes se sienten libres para prescindir de ella, así pues, vuelve a triunfar la mayoría, aunque en este caso no dicte la norma de considerar que actúan incorrectamente quienes faltan a las celebraciones cristianas. Es esta la causa por la que todos deberíamos recordar las palabras del Señor: (MT. 5, 11-12).

   "En su Omnipotencia, el Señor nos concede, ‑de hecho, quiere que le llamemos Padre‑, la gracia de ser sus hijos, por lo cual, podemos hablarle en el dolor, en la alegría, contemplando un amanecer, o el crepúsculo de la tarde. Podemos hacer, ‑además‑, que nuestras obras, ‑que llevamos a cabo por el Amor de Dios, y en tan gran don del cielo‑, sean bellas oraciones, gratas y humildes ofrendas que le ofrecemos al Altísimo. El Señor se complace en nosotros, si le ofrecemos nuestros quehaceres de la vida cotidiana.

   Si fracasamos en alguna de nuestras empresas, ‑el fracaso es un signo de la imperfección‑, podemos ofrecerle al Señor el dolor de nuestro fracaso, ‑no debemos, bajo ninguna circunstancia, sentirnos derrotados o aplastados‑, pues Él lo transformará en perenne alegría, aunque sea otorgándonos algo que no tiene relación alguna con aquello que nosotros luchábamos por obtener.

   No nos limitemos a juzgar a Dios, en virtud de aquello que nos ofrece, o que no nos concede, porque, no nos es necesario hacerlo. Pensemos, ‑pues‑, en el Padre que nos infunde aliento de vida, bien para que no cometamos errores, o para que seamos fortalecidos, para que la debilidad de las enfermedades físicas y psíquicas, no nos haga desfallecer.

   En virtud de que Nuestro Padre del cielo nos hizo sociales, para que podamos ser felices, además de relacionarnos con el Padre, debemos, ‑conforme al Mandamiento nuevo‑, tener fundadas relaciones, con nuestros prójimos los hombres, creaturas divinas, que Dios ha de salvar" ("Trigo de Dios, pan de vida". Fragmento de: "Hablémosle hoy a nuestro Dios").

   3. ¿Qué significa el hecho de caminar detrás de Jesucristo?, y, ¿por qué hemos de seguir al Señor?

   (1 COR. 9, 16). Dado que todos los cristianos tenemos una vocación diferente, que va desde fundar una familia a la profesión religiosa, no debemos considerar que todos tenemos el deber de predicar, pues San Pablo escribió: (ROM. 12, 1-12).

José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com

Dios quiere lo mejor de sus hijos. (Meditación de la I lectura del Domingo II de Cuaresma del Ciclo B).

   Meditación.

   1. Dios quiere lo mejor de sus hijos.

   Meditación de GN. 22, 1-2. 9ª. 15-18.

   Nota: El texto de GN. 22, 1-22, constituye la segunda lectura de la Vigilia pascual de los ciclos A, B y C, por lo que dicha consideración puede leerse en la citada sección del presente trabajo.

   En la primera lectura correspondiente a esta celebración eucarística, se nos informa de que Dios tentó a Abraham, para probar su entereza. Actualmente sabemos que el hecho de que el dolor nos ayude a crecer no significa que Dios nos somete a prueba, pero ello es lo que hemos creído hasta llegar a comprender que no somos víctimas del mal casualmente porque el padecimiento es útil si sabemos aprovecharlo. También es importante recordar que dios no necesita probar la fortaleza de nuestra fe, porque Él nos conoce perfectamente, por causa de su sabiduría.

   Existen situaciones en las que podemos tener la impresión de que dios se contradice. A modo de ejemplo, en el texto que estamos meditando, dios le pide a Abraham que le ofrezca en sacrificio al hijo a través del cual le dijo en el pasado que tendría una gran descendencia. Igualmente, nos choca el hecho de que el Dios del amor no intervenga personalmente a la hora de extinguir el mal del mundo, y les ceda dicha responsabilidad temporalmente a sus creyentes, sabiendo que la mayoría de los tales no están plenamente preparados para llevar a cabo tan ardua misión. Dios escribe recto con renglones torcidos, pero ello nos confunde, y nos induce a verificar nuestras creencias constantemente, con el fin de que nuestra fe crezca y no se debilite.

   Así como Dios le pidió a Abraham que le ofreciera en sacrificio a su primogénito, nos pide que le concedamos lo mejor que tenemos, y que no nos limitemos a servirlo mediocremente, ni a asistir a las ceremonias de culto sin prestarles atención a las mismas. Dios se nos entrega sin reservas, y nos pide que le demos lo mejor que tenemos, porque sabe cómo concedernos la plenitud de la dicha, aunque ello en un principio nos suponga el hecho de pagar el precio de aprender a vivir y valorar las situaciones que erróneamente consideramos adversas.

   Por haberse dispuesto a sacrificarle a su hijo a Yahveh sin comprender la contradicción del Dios que no puede mentir, Abraham mereció ser el padre de una gran muchedumbre. ¿Nos atrevemos a hacer lo que Dios nos pide sin comprender perfectamente su designio respecto de nosotros?

(José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com
).

El Reino de Dios está entre nosotros. (Ejercicio de lectio divina del Evangelio del Domingo III del Tiempo Ordinario del Ciclo A).

   Domingo III del Tiempo Ordinario del Ciclo A.

   el Reino de Dios está entre nosotros.

   Ejercicio de lectio divina de MT. 4, 12-23.

   Lectura introductoria: JER. 23, 29.

   1. Oración inicial.

   Iniciemos este tiempo de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.

   R. Amén.

   Cuando Jesús oyó que San Juan Bautista estaba en la cárcel, se instaló en Cafarnaúm, -una importante ciudad situada a unos treinta y dos kilómetros de Nazaret-, e inició la predicación, de la plena instauración del Reino de Dios, en el mundo. Ello nos recuerda la necesidad que tenemos de descubrir que hemos nacido para llevar a cabo una misión, independientemente de que consideremos que somos creyentes en Dios. San Juan nos indica en su Evangelio (4, 3), que Jesús se distanció del Bautista para no dar la impresión de que ambos predicadores se hacían la competencia, y, cuando el hijo de Zacarías e Isabel estuvo en la cárcel, porque era necesario que él se empequeñeciera, ya que era Jesús a quien le correspondía ser aceptado como Enviado de Dios (JN. 3, 30), el Señor inició su predicación, en el territorio que en el pasado les correspondió en herencia, a las tribus de Zabulón y Neftalí.

   Oremos y meditemos sobre todo lo que podemos hacer en la vida, mientras leemos el texto de ECL. 3, 1-8.

   Pensemos si nos ha llegado la hora de cumplir nuestra misión vital, si aún no sabemos cuál es la misma, o si nos estamos disponiendo adecuadamente, para poder llevarla a cabo.

   La gran mayoría de los habitantes de Judea, -la región culta, rica y religiosa de Israel-, despreciaban a los habitantes de Cafarnaúm, porque en el pasado se mezclaron con los paganos y adoptaron sus costumbres, y aún insistían en llevar a cabo, prácticas que, para quienes los rechazaban, eran consideradas como pecaminosas. Los cristianos observamos creencias las cuales son consideradas como nuestras Verdades absolutas, pero, al analizar las creencias tanto de los miembros de una iglesia o congregación como del común de denominaciones cristianas, nos damos cuenta de que creemos en muchas verdades diferentes, y de que estamos divididos.

   ¿Son para nosotros más importantes las ideas que las personas?

   ¿Hemos aprendido a respetar a quienes no comparten nuestras creencias y a convivir con ellos?

   ¿Consideramos la diversidad de creencias existente como una acumulación de posibilidades que tenemos para aprender a conocernos y a vivir en armonía, o pensamos que la misma es un peligro que atenta contra la fe que profesamos?

   Los judíos que habitaban en tinieblas porque eran despreciados por convivir entre los gentiles, fueron iluminados por la luz del Señor. ¿Pensamos que la luz de Cristo puede iluminar a quienes no comparten nuestras creencias, y a quienes tienen un status social diferente al nuestro?

   Jesús nos dice en el Evangelio que consideraremos en este trabajo, que el Reino de los cielos, ha llegado. ¿Creemos este anuncio del Señor? ¿Cómo lo constatamos en la Iglesia de que somos miembros, en la sociedad en que vivimos, y en nuestra vida?

   ¿Hemos iniciado nuestro proceso de conversión al Señor? ¿Qué significa ello para nosotros?

   La conversión y la penitencia tienen el mismo significado, aunque solemos asociar la última con la mortificación. ¿Es para nosotros la conversión un sacrificio, o una entrega a Dios, voluntaria y generosa?

   Jesús les dijo a los hermanos Simón y Andrés que lo siguieran, para hacerlos pescadores de hombres. Ambos hermanos no tenían un conocimiento del Señor tan perfecto, como el que adquirieron, durante los años que acompañaron al mesías. Todos los cristianos somos llamados a ser pescadores de hombres. Si esperamos a tener un conocimiento del Señor perfecto antes de llevar a cabo dicho trabajo, jamás lo desempeñaremos, porque nos es imposible ser perfectos.

   Simón, Andrés, Santiago y Juan, siguieron a Jesús en el mismo instante en que el Señor los llamó. ¿Hemos adoptado el compromiso de ser seguidores de Jesús? ¿Por qué?

   Jesús recorrió las sinagogas de Galilea, predicando el Evangelio, y sanando a los enfermos. ¿Cómo predicamos los cristianos la Palabra de Dios, y ayudamos a exterminar las carencias de la humanidad?

   2. Leemos atentamente MT. 4, 12-23, intentando abarcar el mensaje que San Mateo nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.

   2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.

   2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.

   3. Meditación de MT. 4, 12-23.

   3-1. ¿Por qué escribió San Mateo que Jesús inició a predicar el Evangelio en Cafarnaúm? (MT. 4, 12-13).

   Desde el punto de vista científico, dado que San Mateo escribió su Evangelio para hacer que los judíos creyeran en Jesús, tenía que relacionar la vida, el Ministerio, la Pasión, la muerte, la Resurrección, y la glorificación del mesías, con textos del Antiguo Testamento, que sirvieran como profecías, de dichos acontecimientos. Es esta la razón por la que, la primera parte del Evangelio que estamos considerando (MT. 4, 12-17), está profetizada en IS. 8, 23-9, 2.

   ¿Por qué inició Jesús su Ministerio según San Mateo en Cafarnaúm, y no lo hizo en Nazaret, el pueblo en que creció y fue educado?

   1. Es sabido que los judíos vivían en tribus, las cuales se dividían en familias, en las que, cuanto mayor era la edad de los hombres, adquirían un mayor poder, sobre los más jóvenes, las mujeres y los niños. Si, utilizando nuestro vocabulario actual, decimos que Jesús quería ser original, tenía que distanciarse de su familia, y de su tribu. Jesús no podía elegir discípulos de entre sus familiares que fueran mayores que él o tuvieran su misma edad, pues nunca hubiera podido llegar a ser, maestro de los tales. Cuando el Hijo de María buscó seguidores entre gente extraña, es probable que sus parientes se sintieran avergonzados de Él, por no haber contado con ellos, para llevar a cabo su misión.

   2. Como Jesús era conocido en Nazaret como un simple trabajador, no podía ser aceptado como Mesías (MT. 13, 54-58), porque existía la creencia de que el Mesías debía surgir entre la realeza, y no entre los burgueses ni los trabajadores humildes.

   3. Aunque la actividad de Jesús durante los tres años que predicó el Evangelio se encaminó principalmente al pueblo judío, el Mesías también quiso darse a conocer a los paganos, cuya evangelización les correspondió a sus seguidores, después de que aconteciera su glorificación.

   4. Al predicar su mensaje en una ciudad en que convivía gente de diferentes creencias, y al hablar en el idioma de quienes viven solventando las carencias de quienes sufren por diversas causas, Jesús debió tener la esperanza de contar con más recursos de los que le proporcionarían sus hermanos de raza, dado que los fariseos no cesaban de anunciar que el sufrimiento estaba causado por los pecados de quienes padecían, para evitar que sus oyentes socorrieran a los más necesitados, y les dieran el dinero que tuvieran previsto, para socorrer a los pobres, enfermos, ancianos y desamparados. No olvidemos que esta creencia aún existe entre muchos cristianos desgraciadamente.

   3-2. La luz y las tinieblas (MT. 4, 14-16).

   Dado que existía la creencia de que el Mesías tenía que ser miembro de la alta esfera social, San Mateo vinculó a Jesús con los galileos marginados por vivir en contacto con los paganos. Cuando acaeció el incendio del Templo de Jerusalén y la derrota de la ciudad santa por parte de Roma el año setenta del siglo I, desapareció el partido de los saduceos, y los fariseos lideraron el Judaísmo. Cuando estos alcanzaron el poder, iniciaron una gran presión contra los cristianos, con el fin de dirigir la espiritualidad de todos sus hermanos de raza. San Mateo vinculó a Jesús con los socialmente marginados por cualquier circunstancia, para darles a entender que, aunque se les acusaba de sufrir por causa de sus pecados o las transgresiones de la Ley de Moisés por parte de sus antepasados, la realidad era que Dios no los había abandonado, de lo cual, la Pasión, la muerte, la Resurrección y la glorificación de Jesús, eran pruebas irrefutables.

   Los judíos que habitaban en las tinieblas de la marginación social por su contacto con los gentiles, su pobreza, o sus enfermedades, vieron una gran luz (JN. 8, 12). La luz de Jesús amaneció sobre quienes vivían bajo el influjo de la muerte, por cuanto eran considerados rechazados por dios, por causa de sus pecados, o de las transgresiones de la Ley de Israel, que llevaron a cabo, sus antepasados.

   ¿En qué sentido es significativa la luz de Jesús para nosotros?

   3-3. La conversión y la llegada del Reino de Dios al mundo (MT. 4, 17).

   3-3-1. La conversión.

   ¿Por qué habla San Mateo en su Evangelio del Reino de los Cielos, mientras que San Marcos y San Lucas, hablan en sus Evangelios, del Reino de Dios? Para responder la pregunta que nos hemos planteado, debemos volver a recordar que San Mateo era judío, y escribió su Evangelio para lectores de su raza, que no pronunciaban el Nombre de Dios, porque lo reverenciaban profundamente. La negativa de los judíos a pronunciar el Nombre divino, ha sido usada, para que los cristianos llamemos a Dios, utilizando diferentes nombres. Es esta la razón por la que unos cristianos llaman a Nuestro Padre celestial "Yahveh", y otros "jehová", sin tener en cuenta que, para que el "Tetragramaton" (YHWH) fuera pronunciable, se le añadió las letras "e", "o" y "a" de "Edonay", que se traduce como "mi Señor", de donde proviene la palabra "Jehová".

   Dado que porque no somos perfectos tenemos la posibilidad de ser mejores personas, siempre podemos fijarnos metas, con el fin de superarnos a nosotros mismos. En el caso de los cristianos, la conversión, -es decir, el fiel seguimiento de Jesús, actuando tal como lo haría el Hijo de Dios y María en nuestras circunstancias, en cuanto ello nos sea posible-, es una gran meta a alcanzar.

   ¿Debemos eliminar nuestro yo los cristianos, con el fin de asimilarnos a Jesús? Para Sigmund Freud, el ego es una instancia psíquica consciente reconocida como yo, que se encarga de la identidad personal y las relaciones mantenidas con el medio, controladora de nuestros movimientos complejos y coordinados (motilidad), y mediadora entre los instintos de la fuente inconsciente de nuestra energía psíquica, contenedora de la totalidad de los instintos reprimidos, que solo se rige por el principio del placer (el ello), y los ideales de la parte inconsciente del yo que se observa, se juzga y trata de imponerse a sí mismo, siguiendo las referencias de las demandas de un yo idealizado (el superyó), y la realidad del mundo externo. Dado que el egoísmo es un amor no moderado y excesivo hacia sí mismo, que hace atender exclusivamente los intereses personales, y descuidarse de los demás, hay cristianos que piensan que para convertirnos al Señor debemos renunciar a nuestro ego, mientras que otros piensan que, dada nuestra imperfección, solo podremos asemejarnos al Mesías, en la medida que nos sea posible, mientras aguardamos la llegada del día en que, el Señor, concluya su obra en nosotros.

   3-3-2. La llegada del Reino de Dios al mundo.

   ¿Qué es el Reino de los Cielos -o de Dios-? Dado que este trabajo será leído por cristianos de diferentes denominaciones, para unos el Reino de Dios será la Iglesia a que pertenecen, para otros será el mismo Jesús por cuanto considerarán que llamar Reino celestial a una iglesia imperfecta es pecar de soberbia, y otros considerarán que todos hemos sido llamados a formar parte de la sociedad a que pertenecemos, la cuál puede ser perfeccionada, y llegar a ser el Reino de Dios, según ayudemos a exterminar las carencias de nuestros prójimos los hombres, según las posibilidades que tengamos para llevar a cabo tan magno propósito, en cada momento de nuestra vida.

   ¿Cómo podemos poner nuestra vida al servicio del Reino de dios? Actuemos tal como lo haría Jesús si viviera nuestras circunstancias, y tuviera las oportunidades de hacer el bien que tengamos, en cuanto ello nos sea posible.

   3-4. Jesús nos invita a ser pescadores de hombres (MT. 4, 18-20).

   Jesús invitó a los hermanos Pedro y Andrés a que dejaran su negocio de pesca, para dedicarse a ser pescadores de hombres. Este no fue el primer encuentro que ambos hermanos mantuvieron con Jesús. Mientras que muchos cristianos se dedican exclusivamente a llevar a cabo la obra de Dios, la gran mayoría de quienes nos consideramos seguidores de Jesús, podemos emplear parte de nuestro tiempo, energía y medios, para ser pescadores de hombres. No somos invitados a pescar y a alimentarnos de nuestras víctimas, sino a pescar peces vivos con la red figurativa de la Iglesia para darles una vida mejor, así pues, recordemos que, para los católicos, la Iglesia a que pertenecen, es conocida, como la barca de San Pedro.

   3-5. Jesús nos invita a seguirlo cuando nos ocupamos en nuestras actividades ordinarias (MT. 4, 21-22).

   Santiago y Juan estaban reparando las redes de la barca en que trabajaban con su padre, cuando recibieron la invitación de Jesús a seguirlo. Tal como anteriormente lo hicieron Simón Pedro y Andrés, Santiago y Juan siguieron a Jesús instantáneamente, sin intentar excusarse. Mientras que los intérpretes bíblicos se debaten entre la posibilidad de que dichos pescadores se hicieran discípulos de Jesús gradualmente, y el hecho de que quizás siguieron al Mesías como si hubieran sido llamados al apostolado en la ocasión que estamos recordando, pensemos en cómo es nuestro seguimiento de Jesús, y si queremos y podemos mejorar la calidad de las actividades que realizamos en la viña del Señor, y la calidez de nuestras relaciones, con creyentes y no creyentes.

   3-6. ¿Qué decía y hacía Jesús para ganar almas para el cielo? (MT. 4, 23).

   Jesús predicaba el Evangelio, enseñaba la Palabra de Dios, y sanaba las enfermedades físicas y psíquicas. Aunque estos fueron los aspectos más notables del Ministerio público del Señor, no debemos olvidar que acostumbraba ayudar a los pobres (JN. 13, 29).

   ¿Cómo continuamos los cristianos la realización de la obra de Jesús?

   ¿En qué aspectos podemos mejorar el trabajo que llevamos a cabo en la viña del Señor?

   3-7. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.

   3-8. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.

   4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en MT. 4, 12-23 a nuestra vida.

   Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.

   3-1.

   1. ¿Por qué relacionó San Mateo la primera parte del Evangelio que hemos considerado con el texto de IS. 8, 23-9, 2?
   2. ¿Por qué inició Jesús su Ministerio según San Mateo en Cafarnaúm, y no lo hizo en Nazaret, el pueblo en que creció y fue educado?
   3. ¿Por qué se vio Jesús obligado a distanciarse de los miembros de su tribu y de su familia para escoger a sus futuros Apóstoles?
   4. ¿Por qué es probable que bastantes familiares de Jesús se sintieran avergonzados del Señor?
   5. ¿Por qué tuvo Jesús problemas para ser aceptado como Mesías en Israel, los cuales se hicieron más notables en Nazaret?
   6. ¿Por qué promovían los fariseos el pensamiento de que el sufrimiento era consecuente de los pecados personales y de las transgresiones de la Ley de los antepasados?
   7. ¿Son nuestros problemas causas de nuestra condición pecadora? ¿Por qué?
   8. ¿Piensas que los cristianos discapacitados deben predicar en las iglesias, o deben permanecer entre los asistentes a las celebraciones cultuales, para que nadie de entre los tales piense que los líderes religiosos y sus colaboradores abusan de los tales?

   3-2.

   9. ¿Por qué vinculó San Mateo a Jesús con los galileos socialmente marginados por los habitantes de Judea porque vivían en contacto con los paganos?
   10. ¿Qué les sucedió a los fariseos cuando se extinguió el partido de los grandes terratenientes?
   11. ¿Qué les hicieron los fariseos a los cristianos cuando se sintieron poderosos? ¿Por qué?
   12. ¿Por qué han existido muchos cristianos antisemitas a lo largo de los últimos veinte siglos?
   13. ¿De qué era una prueba irrefutable para los marginados de Israel la Pasión, la muerte, la Resurrección y la glorificación de Jesús?
   14. ¿En qué sentido es significativa la luz de Jesús para nosotros?

   3-3.

   3-3-1.

   15. ¿Por qué habla San Mateo en su Evangelio del Reino de los Cielos, mientras que San Marcos y San Lucas, hablan en sus Evangelios, del Reino de Dios?
   16. ¿Por qué no pronunciaban los judíos el Nombre de dios?
   17. ¿Qué hemos hecho los cristianos con la negativa de los judíos a pronunciar el Nombre divino?
   18. ¿Cuál es el verdadero Nombre de Dios?
   19. ¿Cuáles son los Nombres de Dios más utilizados en la biblia?
   20. ¿Por qué podemos fijarnos metas con el fin de superarnos a nosotros mismos?
   21. ¿Qué es para los cristianos la conversión?
   22. ¿Debemos eliminar nuestro yo los cristianos, con el fin de asimilarnos a Jesús?
   23. ¿Puedes definir lo que es el ego, la motilidad, el ello y el superyó, según Sigmund Freud?
   24. ¿Por qué piensan muchos cristianos que para convertirnos al Señor debemos renunciar a nuestro ego?
   25. ¿Por qué no podemos asemejarnos al Mesías en la actualidad?
   26. ¿Cuándo podremos ser como Jesús?

   3-3-2.

   27. ¿Qué es el Reino de los Cielos -o de Dios-?
   28. ¿Es la Iglesia a que pertenecemos el Reino de dios? ¿Por qué?
   29. ¿Por qué se dice entre los católicos que la Iglesia a que pertenecen es germen del Reino de Dios? (CIC. n. 541).
   30. ¿Por qué piensan muchos cristianos que el Reino de Dios es la Persona de Jesús?
   31. ¿Cómo puede la tierra llegar a ser el Reino de Dios?
   32. ¿Cómo podemos poner nuestra vida al servicio del Reino de Dios?

   3-4.

   33. ¿Por qué invitó Jesús a Simón Pedro y a su hermano Andrés a ser pescadores de hombres?
   34. ¿Por qué dejaron ambos hermanos su trabajo y se separaron de sus familiares para seguir a Jesús?
   35. ¿Por qué hemos sido llamados a pescar hombres vivos por Jesús?
   36. ¿Cuál es el simbolismo de la red y de la barca de San Pedro?

   3-5.

   36. ¿Qué estaban haciendo los hijos de Zebedeo cuando Jesús los invitó a seguirlo?
   37. ¿Cómo seguimos a Jesús?
   38. ¿Podemos mejorar la calidad del trabajo que llevamos a cabo en la viña del Señor, y la calidez de las relaciones que mantenemos, con creyentes y no creyentes?

   3-6.

   39. ¿Por qué predicaba Jesús el Evangelio, enseñaba la Palabra de dios, y sanaba las enfermedades físicas y psíquicas?
   40. ¿Cómo continuamos los cristianos la realización de la obra de Jesús?
   41. ¿En qué aspectos podemos mejorar el trabajo que llevamos a cabo en la viña del Señor?

   7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en MT. 4, 12-23.

   Comprometámonos a orar por la unidad de los cristianos, no solo en esta semana en que oramos especialmente por tal motivo, sino, durante todo el año.

   Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.

   8. Oración personal.

   Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.

   Ejemplo de oración personal:

   Señor Jesús:

   Porque eres la luz del mundo que exterminas nuestras tinieblas cuando te confiamos nuestra vida, ilumínanos para que te conozcamos, practiquemos tus enseñanzas, y conozcamos el arte de la oración.

   Porque el Reino de Dios está entre nosotros (LC. 17, 21), haznos miembros del mismo, para que seamos dignos de vivir, en la presencia de Nuestro Padre común.

   Gracias por oír nuestras oraciones, y concedernos lo que te pedimos, cuando nos disponemos a ser, tus fieles hermanos.

   9. Oración final.

   Leamos y meditemos el Salmo 19, glorificando al Dios Uno y Trino.

   José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en

joseportilloperez@gmail.com