Meditación.
La fe y la esperanza cristianas se demuestran sirviendo a Dios en sus hijos.
¿Hace Dios milagros en nuestra vida?
Meditación de 1 RE. 17, 10-16.
Elías fue uno de los muchos profetas que Dios envió a su pueblo, con el fin de que sus creyentes no adoraran divinidades paganas, y no se separaran de Yahveh. Los reyes del Norte fueron malvados, e hicieron que el pueblo adorara a divinidades extranjeras. Esta conducta de los reyes norteños, impulsó a la mayoría de los sacerdotes levitas a emigrar a Judea, con tal de permanecerle fieles a Yahveh. Los sacerdotes que los reyes designaron para que sustituyeran a los levitas, eran corruptos e ineficaces, para servir a Dios, ya que su trabajo dependía de la sumisión a quienes les concedieron los cargos que ocupaban, y no de la libre y consciente profesión de su fe.
Dado que la corrupción malogró el cumplimiento de la misión de reyes tanto del Norte como del Sur de Israel, Dios se sirvió de muchos profetas, asignándoles la misión de animar a sus creyentes, para que no perdieran la fe en Yahveh, y para que no hicieran el mal, que caracterizaba la vida de sus superiores político-religiosos. Durante unos trescientos años, los profetas intentaron impedir la decadencia espiritual y moral, que afectaba, tanto a muchos reyes y sacerdotes, como a gente del pueblo.
Los adoradores de Baal confiaban en que su deidad haría llover para que sus cosechas fuesen abundantes. Elías, -por causa de su fe y su acercamiento a Dios-, hizo que una larga sequía azotara a su país, con tal de que, los adeptos de Baal, comprobaran que su dios no era más que una mera invención humana, y para conseguir que se dieran cuenta, de que estaban despreciando al único Dios existente.
¿De qué le servían al rey Acab su fuerte defensa militar y sus muchos sacerdotes baalitas, si no podía conseguir que lloviera?
¿Actuamos como el rey Acab, cifrando nuestra esperanza en las personas y bienes que nos separan de Nuestro Padre común?
Elías confrontó a Acab con gran valentía. Hasta que Acab no volviera a creer ciegamente en Yahveh, no terminaría la sequía que asolaba su reinado.
Quizás culpamos a Dios de ser el responsable de las circunstancias que nos impiden ser felices, pero, ¿nos volvemos a Él para conocer su Palabra, y comprobar qué nos dice por medio de la misma, para que podamos superar nuestras frustraciones, y seamos capaces de sobrevivir con las dificultades que, aunque no podremos superarlas, nos ayudarán a ser purificados y santificados?
Dios se manifestó en Israel, a pesar de la rebeldía y las herejías de su pueblo. No pensemos que Dios no se nos manifestará porque en nuestro entorno hay poca gente que lo acepta. Dios sabe cuándo debe actuar, y a nosotros nos corresponde creer esta realidad, para no perder la fe, y gozarnos cuando Nuestro Padre común, venga a nuestro encuentro.
En un país en que los profetas habían de ser cuidados por ser mensajeros de Dios, Elías, -el profeta que humilló a los seguidores de Baal, demostrándoles que su dios era falso, y mandó asesinar a sus cuatrocientos cincuenta profetas-, tuvo que ser alimentado milagrosamente por cuervos, y por una pobre viuda pagana. El profeta que tendría que haber sido tratado honoríficamente por haber desenmascarado a los adeptos de un dios falso, se convirtió en un proscrito, y así fue como aprendió, a fiarse plenamente de Dios, en medio de sus sufrimientos. Dios nos socorre cuando tenemos que afrontar y confrontar dificultades, aunque a veces actúa de una forma diferente a como lo haríamos nosotros, pero lo importante en esos casos, es que nos ayuda a seguir viviendo dignamente.
¿Cómo podía aquella viuda pobre darle al profeta la comida que tenía para su hijo y para ella? Después de comer por última vez, aquella mujer tenía pensado abrazar a su hijo, y esperar la llegada de la muerte. Los dos iban a sufrir la impotencia de no poder hacer nada para sobrevivir, se iban a enfrentar a los dolores que produce el hambre para ser vencidos, e iban a saborear macabramente sus últimas horas de vida. Si la pobre viuda le daba su comida al profeta, apresuraría el fin que tanto temía. El simple acto de fe de alimentar al profeta antes de comer la viuda con su hijo, produjo el milagro de que Dios les garantizara la supervivencia a ambos, mientras se prolongó la sequía.
Muchas veces le pedimos dones a Dios, y queremos ser beneficiados sin hacer nada, de tal manera que, no nos damos cuenta, de que, antes de ser el objeto de los milagros divinos, necesitamos demostrarle a Dios, que tenemos fe en Él.
Cuanto mayor sea nuestra fe, más cerca nos sentiremos de Dios. Quizás manifestamos nuestra fe dando pequeñas limosnas o rezando en ciertas ocasiones, pero la viuda que procedía de la tierra de Jezabel, -la reina que desencadenó la persecución contra Elías-, puso en las manos del profeta todo lo que tenía, y Dios la premió por ello.
Nuestros problemas probablemente no se solucionarán, hasta que demos un paso de fe, después de pedirle a Dios, el milagro que necesitamos. Dios nos conduce por caminos que no son los nuestros, pero son los suyos (IS. 55, 8).
Dios no nos concede milagros para que nos amoldemos a un estado de vida satisfactorio y dejemos de crecer espiritualmente, pues lo hace para que seamos capaces de afrontar y confrontar, situaciones más difíciles, que las que nos ayuda a superar en la actualidad.
José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com
En este blog encontraréis meditaciones para crecer a los niveles personal, social y espiritual.
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Jesús empezó a llevar a cabo su misión evangelizadora cuando fue ungido por el Espíritu Santo. Ejercicio de lectio divina del Evangelio de la fiesta del Bautismo del Señor del Ciclo A.
Fiesta del Bautismo del Señor (Domingo siguiente a la Epifanía del Señor).
Ciclo A.
Jesús empezó a llevar a cabo su misión evangelizadora cuando fue ungido por el Espíritu Santo.
Ejercicio de Lectio Divina de MT. 3, 13-17.
Lectura introductoria: IS. 63, 16.
1. Oración inicial.
Iniciemos este encuentro de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y, del Espíritu Santo.
R. Amén.
El Bautismo de Jesús, es la fiesta con que la Iglesia culmina las celebraciones navideñas, y, al mismo tiempo, también es el Domingo I del Tiempo Ordinario. Para comprender el significado de esta fiesta, no hemos de olvidar que la Navidad fue instituida con la intención de recordarnos el misterio pascual, así pues, el Niño que adoramos la noche de Navidad, es el Redentor de las naciones.
Dado que los temas que pueden ser considerados en esta ocasión son muy amplios, y de los mismos se derivan otros temas, es necesario que los abordemos con profundidad y sencillez, evitando olvidar lo esencial de esta fiesta.
Si vamos a reflexionar sobre nuestro bautismo, cuidémonos de no ignorar el Bautismo epifánico de Jesús, un episodio evangélico en que se nos muestra la Divinidad del Hijo de Dios y María.
Cuidémonos de distinguir el bautismo de conversión -o penitencia- de San Juan Bautista del Bautismo de la Iglesia, el cual es más asimilable a la recepción del Espíritu Santo por parte de los Apóstoles en Pentecostés que a la penitencia.
Para los Evangelistas es más importante el hecho de que Jesús fue ungido por el Espíritu Santo como Profeta, Sacerdote y Rey, que la supuesta purificación del Señor por medio del agua del Jordán, porque Jesús no estuvo relacionado con el pecado (HEB. 4, 15), y los citados Hagiógrafos sagrados estaban interesados en hacer destacar la Divinidad del Mesías.
El Bautismo de Jesús, antes que el ejemplo de perfecta moralidad de quien jamás pecó o una catequesis, es un misterio de salvación. El Hijo de Dios y María no empezó a llevar a cabo su misión antes de ser bautizado.
Jesús no se bautizó porque fue pecador, sino en atención al orden jurídico de su sociedad. Esa fue la razón por la que también fue presentado en el Templo de Jerusalén, como recordamos el uno de enero y el dos de febrero (LC. 2, 21-24).
El Bautismo cristianos se diferencia del Bautismo recibido por Jesús, en el sentido de que, la perfección que esperamos adquirir por medio de nuestro proceso de formación, de práctica de lo que aprendamos y de nuestro tiempo de oración, caracterizaba al Mesías, por ser Hijo natural de Yahveh.
Orar es imitar la humildad de Jesús, quien, en vez de buscar a Dios en las alturas o de iniciar su misión amparándose en las riquezas de quienes podían cubrir los gastos característicos de su Ministerio, se acercó a un personaje molesto para los fariseos y saduceos, cuya predicación avivó la esperanza de un pueblo que sufría porque llevaba cuatro siglos sin que Dios le enviara profetas, y se sabía pecador y despreciado por el Todopoderoso.
Orar no es buscar el crecimiento de la fe exclusivamente en la quietud (no confundamos la quietud con el quietismo, porque la primera nos es necesaria, y el segundo nos hace insensibles al sufrimiento de nuestros prójimos los hombres), en los ratos de meditación y oración inconscientes del sufrimiento del mundo, si no servimos a quienes nos necesitan. Nuestra fe no crece si evitamos meditar y orar, pero tampoco se ejercita si no somos caritativos.
¿Podemos evitar pedirle a Dios que nos dé toda clase de dádivas pensando en que antes sean extinguidas las carencias del mundo? San Juan Bautista, en lugar de ser un predicador deseoso de tener poder, riquezas y prestigio, era consciente de su pequeñez si se comparaba con Jesús, y por eso se consideraba indigno de bautizar al Hijo de Dios y María. A la humildad del Dios hecho Hombre que inició su Ministerio público poniéndose en la cola de los pecadores, le correspondió el desprecio de sí mismo de quien consideraba que no tenía valor ante el Enviado de Dios. Distingamos la humildad cristiana del maltrato con que muchos judíos y cristianos se han despreciado a lo largo de la Historia.
Jesús se dejó bautizar por San Juan Bautista, porque no quería diferenciarse de la multitud. ¿Trabajamos para extinguir la marginación que causa sufrimiento inútil?
Oremos para que el Espíritu Santo habite en nosotros, y dejemos que nuestra voz sea la voz de Dios, y nuestras manos sean las manos de Jesús, para que, nuestras palabras y obras, les enseñen a nuestros prójimos los hombres, que seguir a Jesús no merece la pena, sino la vida.
Oremos:
Espíritu Santo:
Hoy te invoco para agradecerte los dones y virtudes que me has concedido, y para pedirte que me ayudes a ser consciente de quién soy, qué soy, quiénes me rodean, y agradecerte el hecho de que siempre estás conmigo, aunque siento que te he tratado como a un desconocido.
Quiero ser más y tener más, y por eso no te tengo presente en mi vida. El niño que fui un día quiso ser un adolescente que posteriormente quiso ser adulto. El adulto que soy ha cedido en más de una ocasión ante el miedo a la pobreza y la codicia de quienes, aunque tienen muchas riquezas, no desechan el temor a perderlas.
Recuérdame que las personas somos más importantes que los bienes materiales, y que mi vida tiene un propósito.
Recuérdame que al final de mi vida tendrán más valor los momentos compartidos, los abrazos dados y recibidos, y el bien hecho desinteresadamente, que el dinero que perderé, y el poder y el prestigio que, a fin de cuentas, no me servirán para tener un segundo más de vida, cuando Dios me llame a su presencia.
2. Leemos atentamente MT. 3, 13-17, intentando abarcar el mensaje que San Mateo nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.
2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.
2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.
3. Meditación de MT. 3, 13-17.
3-1. Jesús buscó a Juan para que lo bautizara (MT. 3, 13).
Vivir cumpliendo la voluntad de Dios supone el hecho de pagar un precio. Jesús viajó de Galilea al Jordán para pedirle a Juan que lo bautizara. A nosotros se nos pide que nos formemos a fin de que podamos conocer a Dios, que hagamos el bien para cumplir la voluntad divina, y que oremos para fortalecer nuestra relación con el Dios Uno y Trino.
El cumplimiento de la voluntad divina tiene sentido para nosotros. Jesús buscó a Juan para que lo bautizara, y cumplimos la voluntad de Dios porque es de bien nacidos el ser agradecidos, y porque el bien que les hacemos a otros repercute en nuestra felicidad, partiendo de la satisfacción que nos aporta el hecho de compartir las dádivas que nos han sido concedidas por Dios.
3-2. La humildad de Jesús y San Juan Bautista (MT. 3, 14).
Juan era consciente de que mucha gente reaccionaba positivamente a su mensaje, y de que tenía enemigos. También sabía que el trabajo que hacía no era para sí mismo, sino para prepararle el camino al Mesías (MT. 3, 3). El inicio del Ministerio público de Jesús, puso a prueba la integridad del Bautista, quien se esforzó en hacer que sus seguidores lo dejaran, y siguieran a Aquel cuya venida predicó infatigablemente. Juan se consideraba inferior al Señor al compararse con Jesús, y por consiguiente se consideraba indigno de bautizar al Señor. Por su parte, Jesús, que no quería diferenciarse de sus hermanos de raza, quería recibir el bautismo de penitencia de Juan. He aquí dos concepciones del Mesías diferentes. Por una parte, Juan, que esperaba a un Mesías justiciero y poderoso, a quien se consideraba indigno de servir, no quería bautizar a Jesús, y, el Hijo de Dios y María, quien no quería diferenciarse de sus prójimos los hombres, quería recibir el bautismo del hijo de Zacarías y Elisabeth. Juan no era soberbio, pero su concepción del Mesías ha sido adoptada por líderes religiosos soberbios, que han hecho lo imposible para alcanzar poder, riquezas y prestigio, a lo largo de la Historia. En lo que respecta a nosotros, seamos seguidores de Jesús, e imitemos la conducta de Nuestro Redentor, para quien no existen diferencias sociales.
3-3. Jesús cumplió el designio divino, e inició su Ministerio público al ser bautizado por Juan, y ungido por el Espíritu Santo (MT. 3, 15).
Juan tenía muy claro el hecho de que el Bautismo de Jesús era superior al suyo, por cuanto el rito que él practicaba se efectuaba después de que sus oyentes se arrepintieran de sus pecados y adoptaran el firme propósito de cumplir la voluntad divina, y el Bautismo de Jesús hacía hijos de Dios a quienes lo recibían.
¿Por qué se bautizó Jesús?
1. Jesús es presentado en el Antiguo Testamento como el siervo de Yahveh profetizado en la Profecía de Isaías, el cuál cargó sobre sí los pecados de su pueblo (IS. 53, 5).
2. El Bautismo de Jesús, supuso el inicio del Ministerio público del Mesías.
3. El Señor se identificó con la gente que rechazaba la hélite religiosa de Israel, asemejándose a los Profetas del Antiguo Testamento que fueron ejecutados por predicar la justicia divina, consistente en la extinción de las diferencias sociales.
4. Al iniciar su Ministerio público, Jesús comenzó a prepararse para su Pasión, su muerte, su Resurrección y su Glorificación.
Jesús no tenía por qué bautizarse dado que jamás pecó, pero fue así como le manifestó su obediencia a Yahveh, quien le manifestó su aprobación.
Jesús le dijo a Juan que era conveniente que cumplieran toda justicia, y por eso el predicador del Jordán no opuso más resistencia a bautizarlo. Tal cumplimiento de toda justicia significa que Jesús vino al mundo para cumplir el designio divino de redimir a sus creyentes.
3-4. El Espíritu Santo ungió a Jesús (MT. 3, 16).
Jesús salió del agua cuando fue bautizado. La inmersión en agua respecto del bautismo de Juan significa la aceptación del cumplimiento de la voluntad divina. Aunque Jesús jamás cometió pecado alguno, no quiso diferenciarse de los transgresores de la Ley divina, y por ello no fue ungido por el Espíritu Santo, antes de recibir el bautismo penitencial de Juan.
Cuando Jesús salió del agua, se abrió el cielo. Esto significa que terminaron los cuatro siglos durante los que no apareció en Israel ningún profeta. Jesús fue el Enviado de Dios que estableció un pacto definitivo entre Dios y los hombres.
El Espíritu Santo descendió sobre Jesús en forma corporal de paloma. En el Antiguo Testamento, la paloma es la imagen del amor íntimo. En GN. 1, 2, se afirma que el Espíritu Santo se cernía sobre las aguas, y se le concibe como paloma que volaba sobre su nido. El Espíritu Santo descendió sobre Jesús, indicando que el Mesías es la plenitud a la que algún día llegará la humanidad redimida. Para los rabinos, la paloma era signo de amor puro e inocencia. El hecho de que el Espíritu Santo se posara sobre Jesús, indica que dio testimonio del Hijo de Dios y María, y no de Juan.
3-5. La voz del Padre (MT. 3, 17).
Cuando el Espíritu Santo descendió sobre Jesús, la voz del Padre afirmó que el Mesías es su Hijo, en quien se complace. Oremos para que la voz de Dios, que percibimos por medio de la Biblia, la predicación de la Iglesia y la oración sincera, jamás deje de guiar nuestras vidas.
Dado que Jesús jamás cometió pecado alguno, entre los primeros cristianos no se comprendía bien por qué el Señor se dejó bautizar por Juan Bautista. ¿Se bautizó Jesús porque era pecador, o porque Juan Bautista era superior al Hijo de María? Era difícil -y aún lo sigue siendo- aceptar como creíble un ejemplo de humildad tan extraordinario como lo fue Jesús, tanto para los primeros cristianos, como para sus creyentes de siglos posteriores, y nosotros.
3-6. Si hacemos este ejercicio de Lectio Divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.
3-7. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.
4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en MT. 3, 13-17 a nuestras vidas.
Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.
3-1.
1. ¿Por qué supone pagar un precio el hecho de vivir cumpliendo la voluntad de Dios?
2. ¿Para qué viajó Jesús desde Galilea al Jordán?
3. ¿Qué tres cosas hemos de hacer para llegar a ser los cristianos que Dios desea?
4. ¿Qué nos sucederá si nos formamos adecuadamente?
5. ¿Qué nos sucederá si hacemos el bien?
6. ¿Qué nos sucederá si nos habituamos a orar?
7. ¿Por qué tiene sentido para nosotros el cumplimiento de la voluntad divina?
8. ¿Por qué cumplimos la voluntad de Dios?
3-2.
9. ¿Por qué no se aprovechó San Juan Bautista de sus oyentes para ganar dinero?
10. ¿Para qué predicaba San Juan Bautista?
11. ¿En qué sentido fue probada la integridad de San Juan Bautista cuando Jesús inició su Ministerio público?
12. ¿Por qué quiso Juan que sus seguidores lo dejaran y se fueran detrás de Jesús?
13. ¿Por qué se consideraba Juan inferior a Jesús?
14. ¿Por qué quiso Jesús recibir el bautismo de penitencia de Juan, si no era pecador?
15. ¿En qué se diferencia el mesías esperado por Juan de Jesús?
3-3.
16. ¿Por qué era el bautismo de Juan inferior al Bautismo de Jesús?
17. ¿Por qué se bautizó Jesús?
18. ¿Qué significa el hecho de que Jesús cargó sobre Sí los pecados de su pueblo?
19. ¿Por qué se identificó Jesús con la actitud de muchos Profetas del pasado, y no se equiparó a quienes hubieran podido correr con los gastos ocasionados por su Ministerio público?
20. ¿Por qué bautizó Juan a Jesús?
21. ¿Qué significa el cumplimiento de toda justicia del que Jesús le habló a Juan?
3-4.
22. ¿Qué significaba el agua en el bautismo de Juan?
23. ¿Por qué no fue ungido Jesús por el Espíritu Santo antes de ser bautizado por Juan?
24. ¿Qué significó la apertura del cielo cuando Jesús salió del agua?
25. ¿Por qué descendió el Espíritu Santo sobre Jesús adoptando la forma corporal de una paloma?
26. ¿Por qué es importante subrayar el hecho de que el Espíritu Santo dio testimonio de Jesús y no de Juan cuando descendió sobre el Señor?
3-5.
27. ¿Por qué se complace Nuestro Santo Padre en Jesús?
28. ¿Se complace Nuestro Santo Padre en nosotros? ¿Por qué?
29. ¿Se bautizó Jesús porque era pecador, o porque Juan Bautista era superior al Hijo de María?
5. Lectura relacionada.
Leamos y meditemos MT. 3, 1-17, para comprender el marco en que Jesús se bautizó, e inició su Ministerio público.
6. Contemplación.
Contemplemos a Jesús caminando al encuentro de Juan para ser bautizado, y visualicémonos intentando mejorar en todos los campos en que nos desenvolvemos, e intentando darles sentido a los acontecimientos que vivimos.
Jesús quiso ser bautizado por un hombre polémico para quienes vivían a costa de la miseria y el miedo de la inmensa mayoría de sus hermanos de raza. Siguiendo la predicación del Papa Francisco, se nos insta a no acomodarnos en las iglesias que utilizamos como zonas de confort, pues es necesario que los cristianos prediquemos desde nuestros templos hacia afuera, con nuestras palabras y obras. No ignoremos que el mundo necesita algo más que la pronunciación de bellas palabras para lograr creer en Dios, venciendo la desconfianza que produce en nosotros, el hecho de recordar los pecados que han cometido muchos cristianos, a lo largo de la Historia.
Contemplemos a Jesús y a Juan amándose, admirándose y no aplastándose. Cuando un líder religioso se esfuerza más por tener poder, riquezas y prestigio que por ser un buen seguidor de Jesús, les hace mucho daño a sus seguidores, y hace difícil el hecho de que la gente siga creyendo en Dios. Algo parecido nos pasa a los cristianos laicos, aunque el alcance de nuestros pecados no es tan grande como sucede en el caso de los religiosos, desde el punto de vista de nuestras sociedades.
Jesús convenció a Juan para que lo bautizara, diciéndole que era necesario que se cumpliera todo lo dispuesto por Dios. Oremos y trabajemos para cumplir prescripciones religiosas con sensatez, y no actuando como fanáticos incapaces de pensar.
El Espíritu Santo no descendió sobre Jesús para concederle una vida fácil, sino para ayudarle a sufrir con los marginados del mundo. Dios no nos concede una vida libre de sufrimiento a sus creyentes, pues es necesario que no lo sigamos por interés, y que los no creyentes no nos vean como privilegiados. Aunque nuestras vidas no son diferentes de las vidas de los no creyentes, el sentido que le damos a nuestras vivencias marca la diferencia.
Oremos para que la unción del Espíritu Santo y la voz del Padre nos confirmen en el cumplimiento de la voluntad divina.
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
Ciclo A.
Jesús empezó a llevar a cabo su misión evangelizadora cuando fue ungido por el Espíritu Santo.
Ejercicio de Lectio Divina de MT. 3, 13-17.
Lectura introductoria: IS. 63, 16.
1. Oración inicial.
Iniciemos este encuentro de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y, del Espíritu Santo.
R. Amén.
El Bautismo de Jesús, es la fiesta con que la Iglesia culmina las celebraciones navideñas, y, al mismo tiempo, también es el Domingo I del Tiempo Ordinario. Para comprender el significado de esta fiesta, no hemos de olvidar que la Navidad fue instituida con la intención de recordarnos el misterio pascual, así pues, el Niño que adoramos la noche de Navidad, es el Redentor de las naciones.
Dado que los temas que pueden ser considerados en esta ocasión son muy amplios, y de los mismos se derivan otros temas, es necesario que los abordemos con profundidad y sencillez, evitando olvidar lo esencial de esta fiesta.
Si vamos a reflexionar sobre nuestro bautismo, cuidémonos de no ignorar el Bautismo epifánico de Jesús, un episodio evangélico en que se nos muestra la Divinidad del Hijo de Dios y María.
Cuidémonos de distinguir el bautismo de conversión -o penitencia- de San Juan Bautista del Bautismo de la Iglesia, el cual es más asimilable a la recepción del Espíritu Santo por parte de los Apóstoles en Pentecostés que a la penitencia.
Para los Evangelistas es más importante el hecho de que Jesús fue ungido por el Espíritu Santo como Profeta, Sacerdote y Rey, que la supuesta purificación del Señor por medio del agua del Jordán, porque Jesús no estuvo relacionado con el pecado (HEB. 4, 15), y los citados Hagiógrafos sagrados estaban interesados en hacer destacar la Divinidad del Mesías.
El Bautismo de Jesús, antes que el ejemplo de perfecta moralidad de quien jamás pecó o una catequesis, es un misterio de salvación. El Hijo de Dios y María no empezó a llevar a cabo su misión antes de ser bautizado.
Jesús no se bautizó porque fue pecador, sino en atención al orden jurídico de su sociedad. Esa fue la razón por la que también fue presentado en el Templo de Jerusalén, como recordamos el uno de enero y el dos de febrero (LC. 2, 21-24).
El Bautismo cristianos se diferencia del Bautismo recibido por Jesús, en el sentido de que, la perfección que esperamos adquirir por medio de nuestro proceso de formación, de práctica de lo que aprendamos y de nuestro tiempo de oración, caracterizaba al Mesías, por ser Hijo natural de Yahveh.
Orar es imitar la humildad de Jesús, quien, en vez de buscar a Dios en las alturas o de iniciar su misión amparándose en las riquezas de quienes podían cubrir los gastos característicos de su Ministerio, se acercó a un personaje molesto para los fariseos y saduceos, cuya predicación avivó la esperanza de un pueblo que sufría porque llevaba cuatro siglos sin que Dios le enviara profetas, y se sabía pecador y despreciado por el Todopoderoso.
Orar no es buscar el crecimiento de la fe exclusivamente en la quietud (no confundamos la quietud con el quietismo, porque la primera nos es necesaria, y el segundo nos hace insensibles al sufrimiento de nuestros prójimos los hombres), en los ratos de meditación y oración inconscientes del sufrimiento del mundo, si no servimos a quienes nos necesitan. Nuestra fe no crece si evitamos meditar y orar, pero tampoco se ejercita si no somos caritativos.
¿Podemos evitar pedirle a Dios que nos dé toda clase de dádivas pensando en que antes sean extinguidas las carencias del mundo? San Juan Bautista, en lugar de ser un predicador deseoso de tener poder, riquezas y prestigio, era consciente de su pequeñez si se comparaba con Jesús, y por eso se consideraba indigno de bautizar al Hijo de Dios y María. A la humildad del Dios hecho Hombre que inició su Ministerio público poniéndose en la cola de los pecadores, le correspondió el desprecio de sí mismo de quien consideraba que no tenía valor ante el Enviado de Dios. Distingamos la humildad cristiana del maltrato con que muchos judíos y cristianos se han despreciado a lo largo de la Historia.
Jesús se dejó bautizar por San Juan Bautista, porque no quería diferenciarse de la multitud. ¿Trabajamos para extinguir la marginación que causa sufrimiento inútil?
Oremos para que el Espíritu Santo habite en nosotros, y dejemos que nuestra voz sea la voz de Dios, y nuestras manos sean las manos de Jesús, para que, nuestras palabras y obras, les enseñen a nuestros prójimos los hombres, que seguir a Jesús no merece la pena, sino la vida.
Oremos:
Espíritu Santo:
Hoy te invoco para agradecerte los dones y virtudes que me has concedido, y para pedirte que me ayudes a ser consciente de quién soy, qué soy, quiénes me rodean, y agradecerte el hecho de que siempre estás conmigo, aunque siento que te he tratado como a un desconocido.
Quiero ser más y tener más, y por eso no te tengo presente en mi vida. El niño que fui un día quiso ser un adolescente que posteriormente quiso ser adulto. El adulto que soy ha cedido en más de una ocasión ante el miedo a la pobreza y la codicia de quienes, aunque tienen muchas riquezas, no desechan el temor a perderlas.
Recuérdame que las personas somos más importantes que los bienes materiales, y que mi vida tiene un propósito.
Recuérdame que al final de mi vida tendrán más valor los momentos compartidos, los abrazos dados y recibidos, y el bien hecho desinteresadamente, que el dinero que perderé, y el poder y el prestigio que, a fin de cuentas, no me servirán para tener un segundo más de vida, cuando Dios me llame a su presencia.
2. Leemos atentamente MT. 3, 13-17, intentando abarcar el mensaje que San Mateo nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.
2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.
2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.
3. Meditación de MT. 3, 13-17.
3-1. Jesús buscó a Juan para que lo bautizara (MT. 3, 13).
Vivir cumpliendo la voluntad de Dios supone el hecho de pagar un precio. Jesús viajó de Galilea al Jordán para pedirle a Juan que lo bautizara. A nosotros se nos pide que nos formemos a fin de que podamos conocer a Dios, que hagamos el bien para cumplir la voluntad divina, y que oremos para fortalecer nuestra relación con el Dios Uno y Trino.
El cumplimiento de la voluntad divina tiene sentido para nosotros. Jesús buscó a Juan para que lo bautizara, y cumplimos la voluntad de Dios porque es de bien nacidos el ser agradecidos, y porque el bien que les hacemos a otros repercute en nuestra felicidad, partiendo de la satisfacción que nos aporta el hecho de compartir las dádivas que nos han sido concedidas por Dios.
3-2. La humildad de Jesús y San Juan Bautista (MT. 3, 14).
Juan era consciente de que mucha gente reaccionaba positivamente a su mensaje, y de que tenía enemigos. También sabía que el trabajo que hacía no era para sí mismo, sino para prepararle el camino al Mesías (MT. 3, 3). El inicio del Ministerio público de Jesús, puso a prueba la integridad del Bautista, quien se esforzó en hacer que sus seguidores lo dejaran, y siguieran a Aquel cuya venida predicó infatigablemente. Juan se consideraba inferior al Señor al compararse con Jesús, y por consiguiente se consideraba indigno de bautizar al Señor. Por su parte, Jesús, que no quería diferenciarse de sus hermanos de raza, quería recibir el bautismo de penitencia de Juan. He aquí dos concepciones del Mesías diferentes. Por una parte, Juan, que esperaba a un Mesías justiciero y poderoso, a quien se consideraba indigno de servir, no quería bautizar a Jesús, y, el Hijo de Dios y María, quien no quería diferenciarse de sus prójimos los hombres, quería recibir el bautismo del hijo de Zacarías y Elisabeth. Juan no era soberbio, pero su concepción del Mesías ha sido adoptada por líderes religiosos soberbios, que han hecho lo imposible para alcanzar poder, riquezas y prestigio, a lo largo de la Historia. En lo que respecta a nosotros, seamos seguidores de Jesús, e imitemos la conducta de Nuestro Redentor, para quien no existen diferencias sociales.
3-3. Jesús cumplió el designio divino, e inició su Ministerio público al ser bautizado por Juan, y ungido por el Espíritu Santo (MT. 3, 15).
Juan tenía muy claro el hecho de que el Bautismo de Jesús era superior al suyo, por cuanto el rito que él practicaba se efectuaba después de que sus oyentes se arrepintieran de sus pecados y adoptaran el firme propósito de cumplir la voluntad divina, y el Bautismo de Jesús hacía hijos de Dios a quienes lo recibían.
¿Por qué se bautizó Jesús?
1. Jesús es presentado en el Antiguo Testamento como el siervo de Yahveh profetizado en la Profecía de Isaías, el cuál cargó sobre sí los pecados de su pueblo (IS. 53, 5).
2. El Bautismo de Jesús, supuso el inicio del Ministerio público del Mesías.
3. El Señor se identificó con la gente que rechazaba la hélite religiosa de Israel, asemejándose a los Profetas del Antiguo Testamento que fueron ejecutados por predicar la justicia divina, consistente en la extinción de las diferencias sociales.
4. Al iniciar su Ministerio público, Jesús comenzó a prepararse para su Pasión, su muerte, su Resurrección y su Glorificación.
Jesús no tenía por qué bautizarse dado que jamás pecó, pero fue así como le manifestó su obediencia a Yahveh, quien le manifestó su aprobación.
Jesús le dijo a Juan que era conveniente que cumplieran toda justicia, y por eso el predicador del Jordán no opuso más resistencia a bautizarlo. Tal cumplimiento de toda justicia significa que Jesús vino al mundo para cumplir el designio divino de redimir a sus creyentes.
3-4. El Espíritu Santo ungió a Jesús (MT. 3, 16).
Jesús salió del agua cuando fue bautizado. La inmersión en agua respecto del bautismo de Juan significa la aceptación del cumplimiento de la voluntad divina. Aunque Jesús jamás cometió pecado alguno, no quiso diferenciarse de los transgresores de la Ley divina, y por ello no fue ungido por el Espíritu Santo, antes de recibir el bautismo penitencial de Juan.
Cuando Jesús salió del agua, se abrió el cielo. Esto significa que terminaron los cuatro siglos durante los que no apareció en Israel ningún profeta. Jesús fue el Enviado de Dios que estableció un pacto definitivo entre Dios y los hombres.
El Espíritu Santo descendió sobre Jesús en forma corporal de paloma. En el Antiguo Testamento, la paloma es la imagen del amor íntimo. En GN. 1, 2, se afirma que el Espíritu Santo se cernía sobre las aguas, y se le concibe como paloma que volaba sobre su nido. El Espíritu Santo descendió sobre Jesús, indicando que el Mesías es la plenitud a la que algún día llegará la humanidad redimida. Para los rabinos, la paloma era signo de amor puro e inocencia. El hecho de que el Espíritu Santo se posara sobre Jesús, indica que dio testimonio del Hijo de Dios y María, y no de Juan.
3-5. La voz del Padre (MT. 3, 17).
Cuando el Espíritu Santo descendió sobre Jesús, la voz del Padre afirmó que el Mesías es su Hijo, en quien se complace. Oremos para que la voz de Dios, que percibimos por medio de la Biblia, la predicación de la Iglesia y la oración sincera, jamás deje de guiar nuestras vidas.
Dado que Jesús jamás cometió pecado alguno, entre los primeros cristianos no se comprendía bien por qué el Señor se dejó bautizar por Juan Bautista. ¿Se bautizó Jesús porque era pecador, o porque Juan Bautista era superior al Hijo de María? Era difícil -y aún lo sigue siendo- aceptar como creíble un ejemplo de humildad tan extraordinario como lo fue Jesús, tanto para los primeros cristianos, como para sus creyentes de siglos posteriores, y nosotros.
3-6. Si hacemos este ejercicio de Lectio Divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.
3-7. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.
4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en MT. 3, 13-17 a nuestras vidas.
Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.
3-1.
1. ¿Por qué supone pagar un precio el hecho de vivir cumpliendo la voluntad de Dios?
2. ¿Para qué viajó Jesús desde Galilea al Jordán?
3. ¿Qué tres cosas hemos de hacer para llegar a ser los cristianos que Dios desea?
4. ¿Qué nos sucederá si nos formamos adecuadamente?
5. ¿Qué nos sucederá si hacemos el bien?
6. ¿Qué nos sucederá si nos habituamos a orar?
7. ¿Por qué tiene sentido para nosotros el cumplimiento de la voluntad divina?
8. ¿Por qué cumplimos la voluntad de Dios?
3-2.
9. ¿Por qué no se aprovechó San Juan Bautista de sus oyentes para ganar dinero?
10. ¿Para qué predicaba San Juan Bautista?
11. ¿En qué sentido fue probada la integridad de San Juan Bautista cuando Jesús inició su Ministerio público?
12. ¿Por qué quiso Juan que sus seguidores lo dejaran y se fueran detrás de Jesús?
13. ¿Por qué se consideraba Juan inferior a Jesús?
14. ¿Por qué quiso Jesús recibir el bautismo de penitencia de Juan, si no era pecador?
15. ¿En qué se diferencia el mesías esperado por Juan de Jesús?
3-3.
16. ¿Por qué era el bautismo de Juan inferior al Bautismo de Jesús?
17. ¿Por qué se bautizó Jesús?
18. ¿Qué significa el hecho de que Jesús cargó sobre Sí los pecados de su pueblo?
19. ¿Por qué se identificó Jesús con la actitud de muchos Profetas del pasado, y no se equiparó a quienes hubieran podido correr con los gastos ocasionados por su Ministerio público?
20. ¿Por qué bautizó Juan a Jesús?
21. ¿Qué significa el cumplimiento de toda justicia del que Jesús le habló a Juan?
3-4.
22. ¿Qué significaba el agua en el bautismo de Juan?
23. ¿Por qué no fue ungido Jesús por el Espíritu Santo antes de ser bautizado por Juan?
24. ¿Qué significó la apertura del cielo cuando Jesús salió del agua?
25. ¿Por qué descendió el Espíritu Santo sobre Jesús adoptando la forma corporal de una paloma?
26. ¿Por qué es importante subrayar el hecho de que el Espíritu Santo dio testimonio de Jesús y no de Juan cuando descendió sobre el Señor?
3-5.
27. ¿Por qué se complace Nuestro Santo Padre en Jesús?
28. ¿Se complace Nuestro Santo Padre en nosotros? ¿Por qué?
29. ¿Se bautizó Jesús porque era pecador, o porque Juan Bautista era superior al Hijo de María?
5. Lectura relacionada.
Leamos y meditemos MT. 3, 1-17, para comprender el marco en que Jesús se bautizó, e inició su Ministerio público.
6. Contemplación.
Contemplemos a Jesús caminando al encuentro de Juan para ser bautizado, y visualicémonos intentando mejorar en todos los campos en que nos desenvolvemos, e intentando darles sentido a los acontecimientos que vivimos.
Jesús quiso ser bautizado por un hombre polémico para quienes vivían a costa de la miseria y el miedo de la inmensa mayoría de sus hermanos de raza. Siguiendo la predicación del Papa Francisco, se nos insta a no acomodarnos en las iglesias que utilizamos como zonas de confort, pues es necesario que los cristianos prediquemos desde nuestros templos hacia afuera, con nuestras palabras y obras. No ignoremos que el mundo necesita algo más que la pronunciación de bellas palabras para lograr creer en Dios, venciendo la desconfianza que produce en nosotros, el hecho de recordar los pecados que han cometido muchos cristianos, a lo largo de la Historia.
Contemplemos a Jesús y a Juan amándose, admirándose y no aplastándose. Cuando un líder religioso se esfuerza más por tener poder, riquezas y prestigio que por ser un buen seguidor de Jesús, les hace mucho daño a sus seguidores, y hace difícil el hecho de que la gente siga creyendo en Dios. Algo parecido nos pasa a los cristianos laicos, aunque el alcance de nuestros pecados no es tan grande como sucede en el caso de los religiosos, desde el punto de vista de nuestras sociedades.
Jesús convenció a Juan para que lo bautizara, diciéndole que era necesario que se cumpliera todo lo dispuesto por Dios. Oremos y trabajemos para cumplir prescripciones religiosas con sensatez, y no actuando como fanáticos incapaces de pensar.
El Espíritu Santo no descendió sobre Jesús para concederle una vida fácil, sino para ayudarle a sufrir con los marginados del mundo. Dios no nos concede una vida libre de sufrimiento a sus creyentes, pues es necesario que no lo sigamos por interés, y que los no creyentes no nos vean como privilegiados. Aunque nuestras vidas no son diferentes de las vidas de los no creyentes, el sentido que le damos a nuestras vivencias marca la diferencia.
Oremos para que la unción del Espíritu Santo y la voz del Padre nos confirmen en el cumplimiento de la voluntad divina.
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
Meditación para la fiesta de la Epifanía del Señor.
Meditación.
1. Son varias las clasificaciones de determinadas lecturas que la Iglesia nos propone para que celebremos este Domingo II de Navidad, en que volvemos a recordar todas las enseñanzas que recibimos de la Palabra de Dios durante el Adviento, para que no olvidemos la importancia que tiene para nosotros el Nacimiento de Nuestro Hermano y Dios Jesús. Como aún tenemos muy reciente la citada enseñanza, deseo dirigir mi meditación a la próxima celebración de la Epifanía del Señor. Sabemos que esa celebración es la manifestación de Jesús a todas las naciones, así pues, mientras que muchos judíos se gozaban esperando el nacimiento de un Mesías nacionalista, Nuestro Señor quiso hacer que su estrella brillara en el cielo, de tal forma que los no judíos -o gentiles- se alegraron antes que los hermanos de raza de Jesús del Nacimiento del Enviado de Dios. Isaías, en la primera lectura, nos ha dicho que la gloria del Señor resplandecerá sobre nosotros, los que intentamos que el resplandor de la estrella divina, no se apague en nuestras vidas ni en el ambiente en que vivimos.
2. Es muy significativo el relato que San Mateo nos propone en su Evangelio respecto de la celebración que tendrá lugar en todo el orbe cristiano el próximo martes día seis. Unos astrólogos orientales llegaron a Jerusalén siguiendo la estrella de la fe que los conducía ante la presencia de Aquel de quien Zaratustra decía que estaría posibilitado para encaminar a quienes siguieran su voz por el camino de la verdad y la justicia. De igual manera que nos debilitamos ante la pequeñez de nuestra fe y el aumento de las posibles dificultades que podemos tener, los magos orientales perdieron el rastro lumínico de la estrella que seguían, y, antes de volverse a sus países de origen desilusionados, decidieron poner la última carta que les quedaba sobre el tapete, y preguntarle a Herodes por el personaje que iban buscando.
Los judíos estaban tan seguros de que el Mesías nacería en aquel siglo, que, durante las últimas décadas, surgieron en Palestina entre cuatro y seis docenas de falsos mesías, de quienes sabemos que muchos fueron asesinados para complacer a la mayor parte de los sanedritas y demás miembros de la alta esfera social judía. A pesar de esa evidencia, ni los escribas podían imaginarse que el Mesías podría haber nacido en Belén en cumplimiento de la predicción de Miqueas, de una forma tan humilde que ellos no se hubieran percatado de tan magno acontecimiento (MIQ. 5, 2). Este hecho se asemeja a aquellas ocasiones en las cuales les decimos a los niños pequeños que no cojan un cuchillo para no cortarse, y hacen lo contrario que les pedimos, así pues, Miqueas dijo que el Mesías nacería entre los más humildes habitantes de Israel, pero, quienes odiaban la pobreza, lo imaginaban sentado en un trono de gloria, concediéndoles todo tipo de regalos.
Los judíos estaban alarmados porque el Nacimiento del Mesías podía significar una gran revolución, la eliminación del poder romano, o la esclavitud permanente bajo el poder de Tiberio César y sus sucesores. Herodes se alertó pensando que no podía permitir que nadie se sublevara contra su persona. Era tanta la ambición del Rey, que este asesinó a dos de sus mujeres y a varios de sus hijos, porque temía que estos se revelaran contra él. Durante los treinta y seis años que duró el reinado de aquel de quien dijo Tiberio que ante él era mejor ser su cerdo que ser su hijo, porque los judíos no comían carne de cerdo y el rey mandó matar a tres de sus descendientes, no hubo un sólo día en que aquel idumeo no ordenara derramar sangre inocente.
¿Cómo contemplarían los astrólogos de Oriente aquella escena? Ellos habían viajado durante muchos días para encontrar confundida a la ciudad de la fe, al país de los Profetas de quienes sus antepasados aprendieron la Palabra de Dios, durante el tiempo que los judíos fueron deportados a Babilonia.
¿Cómo reaccionamos al confrontar los sucesos trágicos que se suceden en la sociedad y en nuestras vidas?
¿Qué lugar ocupa Dios en nuestra alegría y nuestro dolor?
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
1. Son varias las clasificaciones de determinadas lecturas que la Iglesia nos propone para que celebremos este Domingo II de Navidad, en que volvemos a recordar todas las enseñanzas que recibimos de la Palabra de Dios durante el Adviento, para que no olvidemos la importancia que tiene para nosotros el Nacimiento de Nuestro Hermano y Dios Jesús. Como aún tenemos muy reciente la citada enseñanza, deseo dirigir mi meditación a la próxima celebración de la Epifanía del Señor. Sabemos que esa celebración es la manifestación de Jesús a todas las naciones, así pues, mientras que muchos judíos se gozaban esperando el nacimiento de un Mesías nacionalista, Nuestro Señor quiso hacer que su estrella brillara en el cielo, de tal forma que los no judíos -o gentiles- se alegraron antes que los hermanos de raza de Jesús del Nacimiento del Enviado de Dios. Isaías, en la primera lectura, nos ha dicho que la gloria del Señor resplandecerá sobre nosotros, los que intentamos que el resplandor de la estrella divina, no se apague en nuestras vidas ni en el ambiente en que vivimos.
2. Es muy significativo el relato que San Mateo nos propone en su Evangelio respecto de la celebración que tendrá lugar en todo el orbe cristiano el próximo martes día seis. Unos astrólogos orientales llegaron a Jerusalén siguiendo la estrella de la fe que los conducía ante la presencia de Aquel de quien Zaratustra decía que estaría posibilitado para encaminar a quienes siguieran su voz por el camino de la verdad y la justicia. De igual manera que nos debilitamos ante la pequeñez de nuestra fe y el aumento de las posibles dificultades que podemos tener, los magos orientales perdieron el rastro lumínico de la estrella que seguían, y, antes de volverse a sus países de origen desilusionados, decidieron poner la última carta que les quedaba sobre el tapete, y preguntarle a Herodes por el personaje que iban buscando.
Los judíos estaban tan seguros de que el Mesías nacería en aquel siglo, que, durante las últimas décadas, surgieron en Palestina entre cuatro y seis docenas de falsos mesías, de quienes sabemos que muchos fueron asesinados para complacer a la mayor parte de los sanedritas y demás miembros de la alta esfera social judía. A pesar de esa evidencia, ni los escribas podían imaginarse que el Mesías podría haber nacido en Belén en cumplimiento de la predicción de Miqueas, de una forma tan humilde que ellos no se hubieran percatado de tan magno acontecimiento (MIQ. 5, 2). Este hecho se asemeja a aquellas ocasiones en las cuales les decimos a los niños pequeños que no cojan un cuchillo para no cortarse, y hacen lo contrario que les pedimos, así pues, Miqueas dijo que el Mesías nacería entre los más humildes habitantes de Israel, pero, quienes odiaban la pobreza, lo imaginaban sentado en un trono de gloria, concediéndoles todo tipo de regalos.
Los judíos estaban alarmados porque el Nacimiento del Mesías podía significar una gran revolución, la eliminación del poder romano, o la esclavitud permanente bajo el poder de Tiberio César y sus sucesores. Herodes se alertó pensando que no podía permitir que nadie se sublevara contra su persona. Era tanta la ambición del Rey, que este asesinó a dos de sus mujeres y a varios de sus hijos, porque temía que estos se revelaran contra él. Durante los treinta y seis años que duró el reinado de aquel de quien dijo Tiberio que ante él era mejor ser su cerdo que ser su hijo, porque los judíos no comían carne de cerdo y el rey mandó matar a tres de sus descendientes, no hubo un sólo día en que aquel idumeo no ordenara derramar sangre inocente.
¿Cómo contemplarían los astrólogos de Oriente aquella escena? Ellos habían viajado durante muchos días para encontrar confundida a la ciudad de la fe, al país de los Profetas de quienes sus antepasados aprendieron la Palabra de Dios, durante el tiempo que los judíos fueron deportados a Babilonia.
¿Cómo reaccionamos al confrontar los sucesos trágicos que se suceden en la sociedad y en nuestras vidas?
¿Qué lugar ocupa Dios en nuestra alegría y nuestro dolor?
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
¿Qué se dice en la Biblia de los magos y de la adivinación en general? (Meditación para la fiesta de la Epifanía del Señor).
Meditación.
¿Qué se dice en la Biblia de los magos y de la adivinación en general?
1. Los magos.
En la Biblia se nos habla de los magos, a quienes, si en la antigüedad muchos los tenían por sabios, (yiddeoni se traduce como sabio), los tales trabajaban el terreno de la adivinación. En el primer Isaías, con tal de que comprendamos el poder persuasivo de los tales, se nos dice: (IS. 8, 19).
Aunque el terreno de la adivinación aparenta ser prometedor, para quienes creen que les sería positivo el hecho de conocer su futuro, a muchos de los tales no les queda otro remedio que comprobar que ello es un engaño muy peligroso, en el sentido de que paraliza las vidas de quienes creen que sólo han nacido para sufrir, y evita que muchos que pueden hacer el bien hagan lo que deben hacer, dado que, para parte de los defensores de la New Age, hasta el suicidio es positivo. Es esta la razón por la que, la Biblia, -la Palabra de Dios-, nos dice: (DT. 18, 9-14).
Sabemos que Dios no nos prohíbe pecar por simple capricho, sino porque sabe que el hecho de no cumplir su voluntad acaba perjudicándonos, porque, según San Juan, "el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor" (1 JN. 4, 8).
Desde el punto de vista religioso, la adivinación es idolátrica, porque, quienes la practican, depositan su confianza en espíritus que no están relacionados con Dios, así pues, San Pablo, nos dice: (EF. 5, 16-17).
Dado que muchos estamos acostumbrados a vivir en países en los que podemos tener muchos bienes, por lo que, en consecuencia, podemos resolver muchos problemas sin apenas realizar ningún esfuerzo, hemos caído en la trampa de olvidar que, si queremos superarnos en la vida, necesitamos aprender a ser luchadores incansables. Dado que no podemos ver a Dios cara a cara, y somos impacientes a la hora de esperar la llegada de la resolución de nuestras dificultades, puede sernos fácil caer en la tentación de contratar los servicios de algún adivino, que no nos diga lo que nos va a suceder en el futuro, sino lo que queremos escuchar, con tal de que el mismo nos devuelva la serenidad. Es preciso que recordemos que, tanto los judíos justos del pasado como muchos buenos cristianos, han tenido que sufrir mucho por causa de la profesión de su fe, así pues, aunque cueste creerlo, aún en nuestros días son crucificados algunos seguidores de Jesús. Los cristianos seremos capaces de soportar cualquier dificultad que nos sobrevenga, si le pedimos a Dios que nos colme de los dones y frutos de su Santo Espíritu, y creemos que vamos a ser ayudados.
2. Los Magos de Oriente.
Si Dios no está de acuerdo con la práctica de la magia, ¿por qué se sirvió de los astrólogos orientales, para simbolizar que el Evangelio, no sólo incumbe a los judíos, sino que es una doctrina universal? Aunque Nuestro Santo Padre no está relacionado con el pecado, tiene suficiente amor y paciencia con nosotros, como para manifestársenos, aprovechándose de las realidades que caracterizan nuestras vidas, así pues, Yahveh se valió de la creencia de que los grandes personajes tenían una estrella a través de la cuál se podía adivinar el futuro de los mismos, para hacer que dichos Magos emprendieran su viaje, en pos de la estrella de Belén, para conocer, al Rey de Israel, en persona.
No podemos determinar el número de los Magos orientales teniendo en cuenta los presentes que le ofrecieron a Nuestro Salvador, dado que dichos dones tenían significados simbólicos, así pues, el oro era símbolo de magnificencia, el incienso era el símbolo de la Divinidad, y, la mirra, con que los orientales embalsamaban a sus difuntos, era una especie de anuncio de la Pasión y muerte del Mesías.
¿Eran Reyes los citados Magos, como muchos creen? Según los siguientes textos bíblicos, no lo eran (SAL. 68, 29-32; IS. 49, 7. 60, 1-10). En los textos anteriores, hemos visto que los Reyes de la tierra adorarán a Jesús, el gran Rey, por lo que deducimos que los Magos de Oriente, no eran Reyes, en el sentido de que los tales eran inferiores al Mesías.
No seamos como los habitantes de Jerusalén, que, en lugar de alegrarse al pensar que había llegado el tiempo de que naciera su Redentor, temieron las consecuencias que ello tendría, si el poder romano se sentía provocado por un nuevo líder sedicioso. Recordemos los valores que caracterizan la Navidad tales como el amor y la comprensión, y hagamos que los tales formen parte de nuestras vidas durante todo el año.
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
¿Qué se dice en la Biblia de los magos y de la adivinación en general?
1. Los magos.
En la Biblia se nos habla de los magos, a quienes, si en la antigüedad muchos los tenían por sabios, (yiddeoni se traduce como sabio), los tales trabajaban el terreno de la adivinación. En el primer Isaías, con tal de que comprendamos el poder persuasivo de los tales, se nos dice: (IS. 8, 19).
Aunque el terreno de la adivinación aparenta ser prometedor, para quienes creen que les sería positivo el hecho de conocer su futuro, a muchos de los tales no les queda otro remedio que comprobar que ello es un engaño muy peligroso, en el sentido de que paraliza las vidas de quienes creen que sólo han nacido para sufrir, y evita que muchos que pueden hacer el bien hagan lo que deben hacer, dado que, para parte de los defensores de la New Age, hasta el suicidio es positivo. Es esta la razón por la que, la Biblia, -la Palabra de Dios-, nos dice: (DT. 18, 9-14).
Sabemos que Dios no nos prohíbe pecar por simple capricho, sino porque sabe que el hecho de no cumplir su voluntad acaba perjudicándonos, porque, según San Juan, "el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor" (1 JN. 4, 8).
Desde el punto de vista religioso, la adivinación es idolátrica, porque, quienes la practican, depositan su confianza en espíritus que no están relacionados con Dios, así pues, San Pablo, nos dice: (EF. 5, 16-17).
Dado que muchos estamos acostumbrados a vivir en países en los que podemos tener muchos bienes, por lo que, en consecuencia, podemos resolver muchos problemas sin apenas realizar ningún esfuerzo, hemos caído en la trampa de olvidar que, si queremos superarnos en la vida, necesitamos aprender a ser luchadores incansables. Dado que no podemos ver a Dios cara a cara, y somos impacientes a la hora de esperar la llegada de la resolución de nuestras dificultades, puede sernos fácil caer en la tentación de contratar los servicios de algún adivino, que no nos diga lo que nos va a suceder en el futuro, sino lo que queremos escuchar, con tal de que el mismo nos devuelva la serenidad. Es preciso que recordemos que, tanto los judíos justos del pasado como muchos buenos cristianos, han tenido que sufrir mucho por causa de la profesión de su fe, así pues, aunque cueste creerlo, aún en nuestros días son crucificados algunos seguidores de Jesús. Los cristianos seremos capaces de soportar cualquier dificultad que nos sobrevenga, si le pedimos a Dios que nos colme de los dones y frutos de su Santo Espíritu, y creemos que vamos a ser ayudados.
2. Los Magos de Oriente.
Si Dios no está de acuerdo con la práctica de la magia, ¿por qué se sirvió de los astrólogos orientales, para simbolizar que el Evangelio, no sólo incumbe a los judíos, sino que es una doctrina universal? Aunque Nuestro Santo Padre no está relacionado con el pecado, tiene suficiente amor y paciencia con nosotros, como para manifestársenos, aprovechándose de las realidades que caracterizan nuestras vidas, así pues, Yahveh se valió de la creencia de que los grandes personajes tenían una estrella a través de la cuál se podía adivinar el futuro de los mismos, para hacer que dichos Magos emprendieran su viaje, en pos de la estrella de Belén, para conocer, al Rey de Israel, en persona.
No podemos determinar el número de los Magos orientales teniendo en cuenta los presentes que le ofrecieron a Nuestro Salvador, dado que dichos dones tenían significados simbólicos, así pues, el oro era símbolo de magnificencia, el incienso era el símbolo de la Divinidad, y, la mirra, con que los orientales embalsamaban a sus difuntos, era una especie de anuncio de la Pasión y muerte del Mesías.
¿Eran Reyes los citados Magos, como muchos creen? Según los siguientes textos bíblicos, no lo eran (SAL. 68, 29-32; IS. 49, 7. 60, 1-10). En los textos anteriores, hemos visto que los Reyes de la tierra adorarán a Jesús, el gran Rey, por lo que deducimos que los Magos de Oriente, no eran Reyes, en el sentido de que los tales eran inferiores al Mesías.
No seamos como los habitantes de Jerusalén, que, en lugar de alegrarse al pensar que había llegado el tiempo de que naciera su Redentor, temieron las consecuencias que ello tendría, si el poder romano se sentía provocado por un nuevo líder sedicioso. Recordemos los valores que caracterizan la Navidad tales como el amor y la comprensión, y hagamos que los tales formen parte de nuestras vidas durante todo el año.
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
La Epifanía o manifestación de Jesús. (Meditación para la fiesta de la Epifanía del Señor).
Meditación.
La Epifanía o manifestación de Jesús.
Origen de la celebración de la Epifanía de Jesús.
Los antiguos habitantes de Egipto y de Arabia, durante la noche del cinco al seis de enero, celebraban la fiesta pagana del nacimiento del dios Aion, el cual se manifestaba de una manera especial al renacer el sol, pues para ellos el solsticio de invierno acontecía en torno a la citada fecha. En la citada fecha también se celebraban los prodigios del dios Dionisio en favor de sus devotos, el cual, lo mismo que le sucedió a Jesús, fue asesinado y resucitado según quienes creían en él, y se hacía comer por sus creyentes, los cuales celebraban ese significativo hecho en medio de una gran fiesta marcada por los placeres que actualmente caracterizan la Navidad de mucha gente. De la misma forma que los cristianos occidentales comenzaron a celebrar la Navidad el veinticinco de diciembre con la intención de hacer desaparecer los saturnales romanos, los cristianos orientales comenzaron a celebrar la Epifanía del Mesías el seis de enero, con el propósito de cristianizar las celebraciones paganas relacionadas con el culto al sol y al dios Dionisio.
Los cristianos occidentales empezaron a celebrar la Epifanía del Señor a mediados del siglo IV.
¿Qué información hay en la Biblia referente a la Epifanía del Señor? (MT. 2, 1-12).
Interpretación del anterior texto de San Mateo y enseñanzas que podemos extraer de la fiesta de la Epifanía del Señor.
-Los Reyes Magos, -los cuales no eran judíos-, representan a los paganos, y a quienes buscan la luz de Dios, porque comprenden que la libertad sin contar con el Mesías se convierte en prisión, la fe en oscuridad y el amor en vacío espiritual. Cuando los cristianos auténticos se encuentran con el Señor, le dan a Nuestro Salvador todo lo que tienen, y se ponen a su servicio. Un ejemplo de ello es San Pablo, el Santo Apóstol de los gentiles, que les escribió a los Filipenses el texto expuesto en FLP. 3, 10-15.
-Dado que los Reyes Magos no eran hermanos de raza de Jesús, creemos que la estrella que les condujo a la presencia del Mesías es símbolo del Evangelio, la Buena Noticia divina de que Dios, por medio de la Pasión, la muerte y la Resurrección de su Hijo, ha redimido a la humanidad, independientemente de que actualmente sigamos siendo víctimas del dolor y del pecado, y símbolo de la fe que queremos comunicarles a nuestros prójimos los hombres (2 TIM. 1, 9-10).
-Los Reyes Magos hicieron un gran sacrificio al dejar sus comodidades para aventurarse en el seguimiento de la estrella que los condujo a la presencia del Mesías, así pues, cuando llegaron a Jerusalén, debieron sufrir un golpe duro cuando ni Herodes ni los judíos sabían que había nacido el Rey del Israel espiritual de Dios, pero, a pesar de ello, no renunciaron a la realización de la misión que los condujo a Palestina. Los Reyes Magos son el ejemplo perfecto que deben recordar los que no son capaces de hacer muchas cosas ante el miedo que les produce la posibilidad de fracasar.
Ya que los predicadores, -independientemente de que seamos religiosos o laicos-, tenemos que llevar a feliz término una empresa muy difícil, si consideramos que el Evangelio es rechazado por la mayor parte de la humanidad, apliquémonos las palabras del Apóstol (2 TIM. 4, 2).
-Aunque probablemente los Reyes Magos tenían la esperanza de encontrar al Redentor de las naciones en un palacio, no les flaqueó la fe cuando encontraron a Jesús en una casa que sólo podía ser habitada por una familia muy pobre. Este hecho nos enseña a dejar que Dios sea Dios, y no lo que nos convenga en cada momento de nuestras vidas (1 JN. 1, 6-7).
-De la misma forma que los Reyes Magos le hicieron regalos a Jesús, nosotros, no sólo podemos hacerle regalos al Señor, pues también podemos hacer lo posible para purificar las intenciones que tenemos, para que nuestros dones sean frutos de corazones marcados por el amor y la sinceridad.
-Podríamos pensar de qué manera ha marcado nuestras vidas (si ello ha sucedido) Nuestro Hermano y Señor Jesús, pues, ya que nos ha redimido, podríamos corresponder su amor predicándoles la Palabra de Dios a nuestros prójimos los hombres.
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
La Epifanía o manifestación de Jesús.
Origen de la celebración de la Epifanía de Jesús.
Los antiguos habitantes de Egipto y de Arabia, durante la noche del cinco al seis de enero, celebraban la fiesta pagana del nacimiento del dios Aion, el cual se manifestaba de una manera especial al renacer el sol, pues para ellos el solsticio de invierno acontecía en torno a la citada fecha. En la citada fecha también se celebraban los prodigios del dios Dionisio en favor de sus devotos, el cual, lo mismo que le sucedió a Jesús, fue asesinado y resucitado según quienes creían en él, y se hacía comer por sus creyentes, los cuales celebraban ese significativo hecho en medio de una gran fiesta marcada por los placeres que actualmente caracterizan la Navidad de mucha gente. De la misma forma que los cristianos occidentales comenzaron a celebrar la Navidad el veinticinco de diciembre con la intención de hacer desaparecer los saturnales romanos, los cristianos orientales comenzaron a celebrar la Epifanía del Mesías el seis de enero, con el propósito de cristianizar las celebraciones paganas relacionadas con el culto al sol y al dios Dionisio.
Los cristianos occidentales empezaron a celebrar la Epifanía del Señor a mediados del siglo IV.
¿Qué información hay en la Biblia referente a la Epifanía del Señor? (MT. 2, 1-12).
Interpretación del anterior texto de San Mateo y enseñanzas que podemos extraer de la fiesta de la Epifanía del Señor.
-Los Reyes Magos, -los cuales no eran judíos-, representan a los paganos, y a quienes buscan la luz de Dios, porque comprenden que la libertad sin contar con el Mesías se convierte en prisión, la fe en oscuridad y el amor en vacío espiritual. Cuando los cristianos auténticos se encuentran con el Señor, le dan a Nuestro Salvador todo lo que tienen, y se ponen a su servicio. Un ejemplo de ello es San Pablo, el Santo Apóstol de los gentiles, que les escribió a los Filipenses el texto expuesto en FLP. 3, 10-15.
-Dado que los Reyes Magos no eran hermanos de raza de Jesús, creemos que la estrella que les condujo a la presencia del Mesías es símbolo del Evangelio, la Buena Noticia divina de que Dios, por medio de la Pasión, la muerte y la Resurrección de su Hijo, ha redimido a la humanidad, independientemente de que actualmente sigamos siendo víctimas del dolor y del pecado, y símbolo de la fe que queremos comunicarles a nuestros prójimos los hombres (2 TIM. 1, 9-10).
-Los Reyes Magos hicieron un gran sacrificio al dejar sus comodidades para aventurarse en el seguimiento de la estrella que los condujo a la presencia del Mesías, así pues, cuando llegaron a Jerusalén, debieron sufrir un golpe duro cuando ni Herodes ni los judíos sabían que había nacido el Rey del Israel espiritual de Dios, pero, a pesar de ello, no renunciaron a la realización de la misión que los condujo a Palestina. Los Reyes Magos son el ejemplo perfecto que deben recordar los que no son capaces de hacer muchas cosas ante el miedo que les produce la posibilidad de fracasar.
Ya que los predicadores, -independientemente de que seamos religiosos o laicos-, tenemos que llevar a feliz término una empresa muy difícil, si consideramos que el Evangelio es rechazado por la mayor parte de la humanidad, apliquémonos las palabras del Apóstol (2 TIM. 4, 2).
-Aunque probablemente los Reyes Magos tenían la esperanza de encontrar al Redentor de las naciones en un palacio, no les flaqueó la fe cuando encontraron a Jesús en una casa que sólo podía ser habitada por una familia muy pobre. Este hecho nos enseña a dejar que Dios sea Dios, y no lo que nos convenga en cada momento de nuestras vidas (1 JN. 1, 6-7).
-De la misma forma que los Reyes Magos le hicieron regalos a Jesús, nosotros, no sólo podemos hacerle regalos al Señor, pues también podemos hacer lo posible para purificar las intenciones que tenemos, para que nuestros dones sean frutos de corazones marcados por el amor y la sinceridad.
-Podríamos pensar de qué manera ha marcado nuestras vidas (si ello ha sucedido) Nuestro Hermano y Señor Jesús, pues, ya que nos ha redimido, podríamos corresponder su amor predicándoles la Palabra de Dios a nuestros prójimos los hombres.
José Portillo Pérez.
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