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Meditación para la fiesta de la Epifanía del Señor.

   Meditación.

   1. Son varias las clasificaciones de determinadas lecturas que la Iglesia nos propone para que celebremos este Domingo II de Navidad, en que volvemos a recordar todas las enseñanzas que recibimos de la Palabra de Dios durante el Adviento, para que no olvidemos la importancia que tiene para nosotros el Nacimiento de Nuestro Hermano y Dios Jesús. Como aún tenemos muy reciente la citada enseñanza, deseo dirigir mi meditación a la próxima celebración de la Epifanía del Señor. Sabemos que esa celebración es la manifestación de Jesús a todas las naciones, así pues, mientras que muchos judíos se gozaban esperando el nacimiento de un Mesías nacionalista, Nuestro Señor quiso hacer que su estrella brillara en el cielo, de tal forma que los no judíos -o gentiles- se alegraron antes que los hermanos de raza de Jesús del Nacimiento del Enviado de Dios. Isaías, en la primera lectura, nos ha dicho que la gloria del Señor resplandecerá sobre nosotros, los que intentamos que el resplandor de la estrella divina, no se apague en nuestras vidas ni en el ambiente en que vivimos.

   2. Es muy significativo el relato que San Mateo nos propone en su Evangelio respecto de la celebración que tendrá lugar en todo el orbe cristiano el próximo martes día seis. Unos astrólogos orientales llegaron a Jerusalén siguiendo la estrella de la fe que los conducía ante la presencia de Aquel de quien Zaratustra decía que estaría posibilitado para encaminar a quienes siguieran su voz por el camino de la verdad y la justicia. De igual manera que nos debilitamos ante la pequeñez de nuestra fe y el aumento de las posibles dificultades que podemos tener, los magos orientales perdieron el rastro lumínico de la estrella que seguían, y, antes de volverse a sus países de origen desilusionados, decidieron poner la última carta que les quedaba sobre el tapete, y preguntarle a Herodes por el personaje que iban buscando.

   Los judíos estaban tan seguros de que el Mesías nacería en aquel siglo, que, durante las últimas décadas, surgieron en Palestina entre cuatro y seis docenas de falsos mesías, de quienes sabemos que muchos fueron asesinados para complacer a la mayor parte de los sanedritas y demás miembros de la alta esfera social judía. A pesar de esa evidencia, ni los escribas podían imaginarse que el Mesías podría haber nacido en Belén en cumplimiento de la predicción de Miqueas, de una forma tan humilde que ellos no se hubieran percatado de tan magno acontecimiento (MIQ. 5, 2). Este hecho se asemeja a aquellas ocasiones en las cuales les decimos a los niños pequeños que no cojan un cuchillo para no cortarse, y hacen lo contrario que les pedimos, así pues, Miqueas dijo que el Mesías nacería entre los más humildes habitantes de Israel, pero, quienes odiaban la pobreza, lo imaginaban sentado en un trono de gloria, concediéndoles todo tipo de regalos.

   Los judíos estaban alarmados porque el Nacimiento del Mesías podía significar una gran revolución, la eliminación del poder romano, o la esclavitud permanente bajo el poder de Tiberio César y sus sucesores. Herodes se alertó pensando que no podía permitir que nadie se sublevara contra su persona. Era tanta la ambición del Rey, que este asesinó a dos de sus mujeres y a varios de sus hijos, porque temía que estos se revelaran contra él. Durante los treinta y seis años que duró el reinado de aquel de quien dijo Tiberio que ante él era mejor ser su cerdo que ser su hijo, porque los judíos no comían carne de cerdo y el rey mandó matar a tres de sus descendientes, no hubo un sólo día en que aquel idumeo no ordenara derramar sangre inocente.

   ¿Cómo contemplarían los astrólogos de Oriente aquella escena? Ellos habían viajado durante muchos días para encontrar confundida a la ciudad de la fe, al país de los Profetas de quienes sus antepasados aprendieron la Palabra de Dios, durante el tiempo que los judíos fueron deportados a Babilonia.

   ¿Cómo reaccionamos al confrontar los sucesos trágicos que se suceden en la sociedad y en nuestras vidas?

   ¿Qué lugar ocupa Dios en nuestra alegría y nuestro dolor?

José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com

Meditación para la fiesta de la Epifanía del Señor.

   Meditación.

   1. Dios ha amanecido sobre nosotros en este día de la Epifanía -o manifestación- de Nuestro Señor Jesucristo porque estamos dispuestos a aceptar su Palabra como Verdad Suprema y nos hemos comprometido a cumplir la voluntad de Nuestro Padre común. Isaías nos dice en la primera lectura que Dios es todopoderoso, nuestra fuerza salvadora, la luz que nos guía en medio de las tinieblas en que vivimos cuando no sabemos vencer nuestras dificultades o cuando carecemos de la fuerza que necesitamos para afrontar y confrontar todos los aspectos de la vida que nos hacen sufrir. Quienes no creen en Dios viven en tinieblas, no porque son pecadores, sino porque están privados de la gran alegría que significa para nosotros la seguridad plena de que no estamos solos ante nuestras dificultades. Quienes aprendimos a tener fe siendo adolescentes o adultos, sabemos que la vida que rechaza la luz de Dios está llena de incertidumbres. Dios es Nuestro Salvador, y su poder es infinito. En la primera lectura, el Profeta nos hace entender que Dios irradiará su luz a la humanidad desde Jerusalén, y que todas las naciones le adorarán en la ciudad tres veces santa, según los cultos judío, cristiano y musulmán. Pensemos, queridos hermanos y amigos, que Nuestro Hermano y Señor Jesús, nos redimió a escasos kilómetros de Jerusalén (LC. 13, 33). El día en que acontezca la segunda venida -o la Parusía- de Jesús, todos los habitantes del mundo iremos a la Ciudad santa, portando nuestros tesoros espirituales, así pues, Nuestro Señor nos juzgará, limpiándonos de nuestras imperfecciones e impurezas.

   2. El Salmo responsorial constituye una alabanza a Dios que se le puede aplicar a Cristo, -Nuestro Rey-, quien, en actitud suplicante, le pidió al Padre que lo facultara para llevar a cabo la misión que le encomendó sin fracasar. La súplica sobre la que meditamos en el citado Salmo era confiada, así pues, no estaba marcada por la desesperación ni la carencia de fe, sino por el vivo deseo de un Jesús joven, marcado por diversas experiencias vitales, y dispuesto para que el Espíritu Santo le amoldara al cumplimiento de la voluntad de Nuestro Padre común, con gran sabiduría, y sin admitir ninguna vacilación. Cristo es el Rey cabal y perfecto que necesitamos, de hecho, sólo Él nos puede salvar.

   3. Cuando los magos llegaron a Jerusalén preguntando por el Rey de los judíos, ni siquiera los más instruidos en el conocimiento del Verbo divino, pensaron que se les interrogaba sobre la Natividad del Mesías, así pues, los citados magos fueron conducidos al palacio de Herodes. Para bochorno de Jerusalén y gloria de los magos gentiles, el pueblo que tantas revelaciones de Dios había recibido a lo largo de su Historia, dormía aletargado por la difícil situación de subyugación con respecto a Roma, el terrorismo interno y la manipulación religiosa que padecía. No podemos culpar a todos los habitantes de Jerusalén por carecer de fe, pero, cuando los magos visitaron el palacio del Rey, Yahveh debió sentirse descorazonado al pensar que su pueblo le ignoraba, a pesar de las múltiples formas que se le había manifestado en el pasado. Los magos les señalaron a los israelitas el camino para encontrar al Mesías. Recuerdo el día en que los Príncipes de Asturias celebraron su enlace conyugal. Millones de personas estuvimos pendientes a aquel trascendental evento que sin duda alguna ha marcado la Historia de mi país. Nuestra fe es pequeña, porque aún no hemos tomado la decisión de caminar, mirando al cielo, y con los pies muy firmes sobre la tierra, buscando la estrella de la fe.

   ¿Por qué no descansamos durante el día y caminamos afectados por el abrazo de las tinieblas buscando la estrella que ha de darles a nuestras vidas un sentido nuevo caracterizado por la eternidad?

   Ante el estamento social de los grandes personajes que aparecen en el Evangelio de hoy, Jesús aparece marcado por la debilidad, la ignorancia, el desprecio y la persecución.

   ¿Cómo puede explicarse el hecho de que Herodes emprendiera una persecución contra un Niño indefenso?

   ¿Qué sentido tuvo la matanza de los niños de Belén menores de dos años que llevaron a cabo los componentes de una centuria?

   ¿Cómo pudo ver Herodes a un adversario en medio de la miseria en que aquel tiempo vivía la Sagrada Familia?

   Herodes asesinó impasiblemente a los niños de Belén, sin que ninguno de ellos fuera la víctima que más deseaba ejecutar.

   Con cuánta naturalidad preguntaron los magos en Jerusalén por el Rey de los judíos, y con qué miedo se les informó con respecto a la Profecía de Miqueas, el cuál afirmó en su tiempo que el Enviado de Dios nacería en la pequeña ciudad de Belén de la región de Judea (MIQ. 5, 2).

   ¿Qué les decimos a quienes nos preguntan si tenemos fe?

   ¿Somos capaces de vencer la pereza que nos impide asistir a las celebraciones eucarísticas?

   ¿Somos conscientes de que al no celebrar la Eucaristía rechazamos el hecho de recibir a Nuestro Señor en la Comunión?

   ¿Cumplimos la voluntad de Dios?

   ¿Nos amparamos en un continuo ciclo de formación, acción y oración para vivir en conformidad con el cumplimiento de la voluntad de Nuestro Padre y Dios?

   Los magos no intuyeron la pretensión con que Herodes les envió a informarse del lugar exacto en que estaba la Sagrada Familia. El Espíritu Santo quiso que los magos regresaran a su tierra tomando un atajo por el río Jordán, para evitar su improcedente encuentro con Herodes, el cuál, al verse burlado, montó en cólera, y ordenó el cruel asesinato de los niños de Belén (MT. 2, 16).

   4. A pesar de que hoy muchos niños han amanecido rodeados de regalos, no olvidemos que, la mayoría de niños del mundo, están padeciendo circunstancias difíciles. El día de los Reyes Magos es un cúmulo de esperanza e ilusión que es mantenido por los regalos y el cariño que los niños reciben de parte de quienes les aman, sus queridos familiares, los cuáles, se hacen pasar por los Magos de Oriente, pues la magia y la posibilidad de no delatar a quienes invierten su dinero, hacen de este día un recuerdo entrañable para los pequeños. Tengamos un recuerdo solidario en virtud de ofrecerles nuestra ayuda a los niños que pasan hambre, a los sin techo, y, si nos es posible, regalémosle un juguete a un niño pobre, para que sean muchos los niños que, al menos un día a lo largo de su vida, puedan ser felices.

      5. Hablando de regalos, sus Majestades de Oriente también tuvieron el detalle de ofrendarle a Jesús unas dádivas que le prepararon. No sabemos cuántos eran los magos, pero creemos que eran tres, en consideración de los regalos que le hicieron al Mesías. A estos tres astrólogos los llamamos Melchor, Gaspar y Baltasar. A Melchor le atribuimos los lingotes de oro que le dio a Jesús, con lo cuál quiso afirmar que el Señor es el Hombre más poderoso y prestigioso de todos los tiempos. El segundo mago, -Gaspar-, le ofrendó a Jesús incienso, la ofrenda que sólo se les hace a los dioses, afirmando la Deidad del Hijo de María. Baltasar, -el negro más querido por los niños-, envuelto en un halo de misterio, le ofrendó a Jesús un poco de mirra, la sustancia con que embalsamaban en aquel tiempo a quienes fallecían, indicando que, por su muerte y Resurrección, Nuestro Señor habría de llevar a cabo su misión redentora.

   6. El próximo Domingo, con la celebración del Bautismo del Señor, -la segunda Epifanía de Jesús-, concluiremos el tiempo de Navidad, e iniciaremos la primera parte del Tiempo Ordinario, que será interrumpido por el inicio de la Cuaresma, y, después de la celebración de la Ascensión del Señor y Pentecostés, se prolongará hasta la solemnidad de Cristo Rey, para volver a comenzar un nuevo periodo de Adviento.

   Todos recordamos las enseñanzas de la Iglesia con respecto al tiempo de Adviento porque aún tenemos muy presentes los textos litúrgicos que meditamos durante las cuatro semanas que precedieron a la Natividad de Jesús. La meditación de las Profecías del Antiguo Testamento nos hizo copartícipes de la Historia de la revelación de Dios a los hombres en presencia de María, reflexionando sobre el dolor de Nuestra Madre común, la Maestra que ayuda con sus oraciones a quienes padecen a vivir las circunstancias difíciles a las que se enfrentan cada día.

   El tiempo de Navidad comienza con la celebración de las Vísperas de Navidad y la Natividad de Jesús, y se prolonga hasta el Bautismo del Señor, que se celebra el Domingo siguiente a la Epifanía -o la primera manifestación de Jesucristo-. En este tiempo nos estamos concienciando de que el Verbo de Dios se ha hecho Hombre, y se ha puesto a nuestro servicio para redimirnos, -es decir, para cumplir la voluntad de Dios-

   En sus dos partes, el Tiempo Ordinario es una sucesión de treinta y cuatro semanas, durante las cuales, como peregrinos que recorren el mundo buscando la fuente que extinga su sed, meditaremos rápida y eficazmente la Palabra de Dios, pues no deseamos que nuestra fe se debilite en el tiempo en que viviremos escasas celebraciones.

   La Cuaresma es un periodo de cuarenta días que finaliza el Jueves Santo, y es sucedido por el Santo Triduo de Pascua, los tres días en que meditamos la Pasión, la muerte y la Resurrección de Cristo, para celebrar el más jubiloso de todos los acontecimientos históricos durante cuarenta días. La Cuaresma es tiempo de conversión y penitencia, tiempo de desandar los caminos inciertos, tiempo de reconstruir lo que hemos destruido en cuanto ello nos sea posible, y tiempo en que se nos insta a mejorar como personas cristianas.

   La Semana Santa es el periodo en que finaliza la Cuaresma y comenzamos la Pascua. Durante la citada semana meditamos los misterios centrales de nuestra fe: la institución de la Eucaristía, el Sacerdocio y la Penitencia, y la Pasión, la muerte y la Resurrección del Señor.

   La Pascua se prolonga durante los cuarenta días siguientes al Domingo de Pascua o Resurrección. En ese tiempo nos esforzamos por seguir perfeccionándonos como si no hubiera finalizado la Cuaresma, con la alegría de saber que Jesús nos espera en el cielo, y de que el Espíritu Santo nos guía en nuestro camino, según recordamos este hecho en las celebraciones de la Ascensión y Pentecostés, antes de iniciar la segunda parte del Tiempo Ordinario, celebrando a la Santísima Trinidad, el Corpus Christi, y los Sagrados Corazones de Jesús y María.

   El Tiempo Ordinario concluirá con la solemnidad de Cristo Rey, para que comprendamos que el Señor concluyó la obra que el Padre le encomendó, y que desea que nos dejemos santificar, para concluir la plena instauración del Reino de Nuestro Padre común entre nosotros.

   Queridos hermanos y amigos que no tenéis la costumbre de celebrar la Eucaristía dominical pero que habéis compartido la alegría de las fiestas navideñas con nosotros, os invito a no alejaros de la Iglesia, y me pongo a vuestra disposición, para fortalecer vuestra fe.

   Pidámosles a Dios y a María Santísima, antes de finalizar esta meditación, que la luz de Cristo irradie sobre nuestras vidas, el ambiente en que nos perfeccionamos, la Iglesia, nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones, y los no creyentes.

José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com

La Epifanía o manifestación de Jesús. (Meditación para la fiesta de la Epifanía del Señor).

   Meditación.

   La Epifanía o manifestación de Jesús.

   Origen de la celebración de la Epifanía de Jesús.

   Los antiguos habitantes de Egipto y de Arabia, durante la noche del cinco al seis de enero, celebraban la fiesta pagana del nacimiento del dios Aion, el cual se manifestaba de una manera especial al renacer el sol, pues para ellos el solsticio de invierno acontecía en torno a la citada fecha. En la citada fecha también se celebraban los prodigios del dios Dionisio en favor de sus devotos, el cual, lo mismo que le sucedió a Jesús, fue asesinado y resucitado según quienes creían en él, y se hacía comer por sus creyentes, los cuales celebraban ese significativo hecho en medio de una gran fiesta marcada por los placeres que actualmente caracterizan la Navidad de mucha gente. De la misma forma que los cristianos occidentales comenzaron a celebrar la Navidad el veinticinco de diciembre con la intención de hacer desaparecer los saturnales romanos, los cristianos orientales comenzaron a celebrar la Epifanía del Mesías el seis de enero, con el propósito de cristianizar las celebraciones paganas relacionadas con el culto al sol y al dios Dionisio.

   Los cristianos occidentales empezaron a celebrar la Epifanía del Señor a mediados del siglo IV.

   ¿Qué información hay en la Biblia referente a la Epifanía del Señor? (MT. 2, 1-12).

   Interpretación del anterior texto de San Mateo y enseñanzas que podemos extraer de la fiesta de la Epifanía del Señor.

   -Los Reyes Magos, -los cuales no eran judíos-, representan a los paganos, y a quienes buscan la luz de Dios, porque comprenden que la libertad sin contar con el Mesías se convierte en prisión, la fe en oscuridad y el amor en vacío espiritual. Cuando los cristianos auténticos se encuentran con el Señor, le dan a Nuestro Salvador todo lo que tienen, y se ponen a su servicio. Un ejemplo de ello es San Pablo, el Santo Apóstol de los gentiles, que les escribió a los Filipenses el texto expuesto en FLP. 3, 10-15.

   -Dado que los Reyes Magos no eran hermanos de raza de Jesús, creemos que la estrella que les condujo a la presencia del Mesías es símbolo del Evangelio, la Buena Noticia divina de que Dios, por medio de la Pasión, la muerte y la Resurrección de su Hijo, ha redimido a la humanidad, independientemente de que actualmente sigamos siendo víctimas del dolor y del pecado, y símbolo de la fe que queremos comunicarles a nuestros prójimos los hombres (2 TIM. 1, 9-10).

   -Los Reyes Magos hicieron un gran sacrificio al dejar sus comodidades para aventurarse en el seguimiento de la estrella que los condujo a la presencia del Mesías, así pues, cuando llegaron a Jerusalén, debieron sufrir un golpe duro cuando ni Herodes ni los judíos sabían que había nacido el Rey del Israel espiritual de Dios, pero, a pesar de ello, no renunciaron a la realización de la misión que los condujo a Palestina. Los Reyes Magos son el ejemplo perfecto que deben recordar los que no son capaces de hacer muchas cosas ante el miedo que les produce la posibilidad de fracasar.

   Ya que los predicadores, -independientemente de que seamos religiosos o laicos-, tenemos que llevar a feliz término una empresa muy difícil, si consideramos que el Evangelio es rechazado por la mayor parte de la humanidad, apliquémonos las palabras del Apóstol (2 TIM. 4, 2).

   -Aunque probablemente los Reyes Magos tenían la esperanza de encontrar al Redentor de las naciones en un palacio, no les flaqueó la fe cuando encontraron a Jesús en una casa que sólo podía ser habitada por una familia muy pobre. Este hecho nos enseña a dejar que Dios sea Dios, y no lo que nos convenga en cada momento de nuestras vidas (1 JN. 1, 6-7).

   -De la misma forma que los Reyes Magos le hicieron regalos a Jesús, nosotros, no sólo podemos hacerle regalos al Señor, pues también podemos hacer lo posible para purificar las intenciones que tenemos, para que nuestros dones sean frutos de corazones marcados por el amor y la sinceridad.

   -Podríamos pensar de qué manera ha marcado nuestras vidas (si ello ha sucedido) Nuestro Hermano y Señor Jesús, pues, ya que nos ha redimido, podríamos corresponder su amor predicándoles la Palabra de Dios a nuestros prójimos los hombres.

José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com

El Señor ha amanecido sobre nosotros. (Meditación de la primera lectura de la fiesta de la Epifanía del Señor).

   Meditación.

   1. El Señor ha amanecido sobre nosotros.

   Meditación de IS. 60, 1-6.

   En la primera lectura correspondiente a la Eucaristía de la Epifanía del Señor, se nos informa de que, a pesar de las dificultades que caracterizan a la humanidad, hemos sido iluminados por el Señor, quien ha amanecido sobre nosotros. Es interesante a este respecto detenernos a pensar en cómo percibimos la presencia del Señor en nuestras vidas, en el entorno en que vivimos, en el mundo y en la Iglesia, pensando que muchos que se dicen creyentes tienen serias dificultades para percatarse de que Dios no los ha desamparado, ya que lo desconocen, y, por consiguiente, ignoran su forma de actuar.

   Dios se nos ha manifestado por medio de Jesús. La mayor parte de la humanidad es víctima del sufrimiento, y por ello nos preguntamos por qué Dios no actúa en beneficio de sus hijos. Aunque estamos incapacitados para cambiar el mundo, tenemos la posibilidad de cambiar nosotros, primeramente para no tener una visión fatalista del padecimiento que nos puede caracterizar y de nuestros prójimos los hombres que nos impida reaccionar como se espera que lo hagamos los hijos de Dios, y en segundo lugar para que nos sea posible intentar hacer lo que esté a nuestro alcance para beneficiar al mayor número de personas posible, de hecho, tengamos presente que Jesús se nos ha revelado como Dios encarnado, para que adquiramos la habilidad de convertir problemas que parecen no poder resolverse en soluciones. Por eso se nos informa en IS. 60, 2 de que el mundo es víctima de grandes sufrimientos, y de que ello simbólicamente no nos afecta, porque el Señor ha amanecido sobre los hijos de Dios.

   Al leer las promesas divinas respecto de la completa instauración del Reino de Dios en el mundo, deseamos que las mismas se cumplan, pero necesitamos tener presente que en parte ello depende de nosotros porque como cristianos que somos tenemos muchas cosas que hacer para cumplir la voluntad divina, y que hemos de esperar que llegue el momento en que Nuestro Padre común concluya su obra salvadora. Cuanto más tiempo tarde el Señor en concluir su obra, más oportunidades tendremos de perfeccionarnos como cristianos, así pues, aprovechemos este tiempo que se nos concede, a fin de que podamos contribuir a la plena instauración del Reinado divino en el mundo.

   En el texto que estamos considerando, se mencionan lugares muy distantes de Israel. No perdamos la fe cuando veamos cómo quienes más amamos rechazan a Dios, porque Él se manifestará a quienes sabe de antemano que no lo van a rechazar (HCH. 16, 31). No temamos por nuestra salvación ni por la salvación de quienes más amamos, porque la capacidad de amar de Dios es superior a la nuestra. No nos debilitemos pensando que son pocos los que reconocen a Dios, porque llegará el día en que será conocido como el único Dios verdadero.

   El versículo primero del texto que estamos considerando, comienza con una palabra cuya misión consiste en infundirles coraje a los aletargados y a los desesperados. Si Dios ha amanecido sobre nosotros, es necesario que los primeros cumplan la misión cuya realización ha motivado su nacimiento sabiendo que no fracasarán, y que los segundos sepan que su dolor no es casual, porque tiene un propósito. También se nos invita en el citado texto a reír, porque llegará el día en que el sufrimiento será extinguido de la humanidad.

   Cuando parte de los judíos deportados a Babilonia y a otros países pudieron volver a Jerusalén gracias al edicto de Ciro, se encontraron con que no se cumplió la promesa divina de su retorno a la Ciudad santa tal como la vaticinó el autor del segundo Isaías. Ellos esperaban vivir en un paraíso, y se encontraron con que hubieron de empezar a vivir con escasos recursos y muchos problemas. A nosotros nos puede suceder lo mismo que les pasó a aquellos judíos. Se nos predica mucho el Reino de Dios, pero no vemos que las bendiciones divinas nos son derramadas como lluvia. La ciencia ha evolucionado mucho, pero no parece que vaya a ser vencido pronto el egoísmo que genera la pobreza, ni que vayan a ser exterminadas las enfermedades graves ni la misma muerte. ¿Se reducirá la existencia de Dios a un sueño irealizable y macabro inventado para que los más débiles puedan hacer algo para sobrevivir a duras penas a sus dificultades?

   Cuando Dios se revele a toda la humanidad, los creyentes le ofrecerán sus mejores dones. Ello nos hace pensar en lo que podemos hacer para que las diferencias que nos distinguen no impidan el hecho de que nos hermanemos. Yahveh es el Dios de toda la humanidad, y no la propiedad exclusiva de los adeptos de una religión determinada.

José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com

¿Qué le vamos a regalar a Jesús, Nuestro Salvador? (Ejercicio de lectio divina del Evangelio de la fiesta de la Epifanía del Señor).

   7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en MT. 2, 1-12.

   Comprometámonos a hacerle un regalo a Jesús durante la próxima semana. Tal regalo puede ser la asistencia a la Eucaristía uno o varios días, la recitación de una oración, o el servicio a un necesitado de nuestras dádivas espirituales y/o materiales.

   Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.

   8. Oración personal.

   Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.

   Ejemplo de oración personal:

   Querido Jesús:

   Gracias por venir a nuestro encuentro como un Niño necesitado de amor y cuidados, para enseñarme a no sentir vergüenza, cuando mis familiares y amigos, sepan que soy débil. En mis momentos difíciles, quienes me vean debilitado, sabrán que soy semejante a Ti, cuando experimentaste mis padecimientos.

   Gracias por ser un ejemplo de humildad digno de ser imitado, pues el deseo de destacar en mi ambiente, puede hacerme querer considerarme superior a mis familiares y amigos, y ello puede separarme de Ti, si me hace pecar.

   Gracias por amarme incondicionalmente, pues ello me ayuda a comprender que el amor es mi riqueza definitiva, porque la he recibido de Ti.

   Gracias por tu empeño en enseñarme a experimentar tu grandeza a partir de la vivencia de mi pequeñez.

   9. Oración final.

   Leamos y meditemos el Salmo 72, pensando en cómo Dios Padre glorificó, a Cristo Rey.

   José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en

joseportilloperez@gmail.com