Meditación.
1. Son varias las clasificaciones de determinadas lecturas que la Iglesia nos propone para que celebremos este Domingo II de Navidad, en que volvemos a recordar todas las enseñanzas que recibimos de la Palabra de Dios durante el Adviento, para que no olvidemos la importancia que tiene para nosotros el Nacimiento de Nuestro Hermano y Dios Jesús. Como aún tenemos muy reciente la citada enseñanza, deseo dirigir mi meditación a la próxima celebración de la Epifanía del Señor. Sabemos que esa celebración es la manifestación de Jesús a todas las naciones, así pues, mientras que muchos judíos se gozaban esperando el nacimiento de un Mesías nacionalista, Nuestro Señor quiso hacer que su estrella brillara en el cielo, de tal forma que los no judíos -o gentiles- se alegraron antes que los hermanos de raza de Jesús del Nacimiento del Enviado de Dios. Isaías, en la primera lectura, nos ha dicho que la gloria del Señor resplandecerá sobre nosotros, los que intentamos que el resplandor de la estrella divina, no se apague en nuestras vidas ni en el ambiente en que vivimos.
2. Es muy significativo el relato que San Mateo nos propone en su Evangelio respecto de la celebración que tendrá lugar en todo el orbe cristiano el próximo martes día seis. Unos astrólogos orientales llegaron a Jerusalén siguiendo la estrella de la fe que los conducía ante la presencia de Aquel de quien Zaratustra decía que estaría posibilitado para encaminar a quienes siguieran su voz por el camino de la verdad y la justicia. De igual manera que nos debilitamos ante la pequeñez de nuestra fe y el aumento de las posibles dificultades que podemos tener, los magos orientales perdieron el rastro lumínico de la estrella que seguían, y, antes de volverse a sus países de origen desilusionados, decidieron poner la última carta que les quedaba sobre el tapete, y preguntarle a Herodes por el personaje que iban buscando.
Los judíos estaban tan seguros de que el Mesías nacería en aquel siglo, que, durante las últimas décadas, surgieron en Palestina entre cuatro y seis docenas de falsos mesías, de quienes sabemos que muchos fueron asesinados para complacer a la mayor parte de los sanedritas y demás miembros de la alta esfera social judía. A pesar de esa evidencia, ni los escribas podían imaginarse que el Mesías podría haber nacido en Belén en cumplimiento de la predicción de Miqueas, de una forma tan humilde que ellos no se hubieran percatado de tan magno acontecimiento (MIQ. 5, 2). Este hecho se asemeja a aquellas ocasiones en las cuales les decimos a los niños pequeños que no cojan un cuchillo para no cortarse, y hacen lo contrario que les pedimos, así pues, Miqueas dijo que el Mesías nacería entre los más humildes habitantes de Israel, pero, quienes odiaban la pobreza, lo imaginaban sentado en un trono de gloria, concediéndoles todo tipo de regalos.
Los judíos estaban alarmados porque el Nacimiento del Mesías podía significar una gran revolución, la eliminación del poder romano, o la esclavitud permanente bajo el poder de Tiberio César y sus sucesores. Herodes se alertó pensando que no podía permitir que nadie se sublevara contra su persona. Era tanta la ambición del Rey, que este asesinó a dos de sus mujeres y a varios de sus hijos, porque temía que estos se revelaran contra él. Durante los treinta y seis años que duró el reinado de aquel de quien dijo Tiberio que ante él era mejor ser su cerdo que ser su hijo, porque los judíos no comían carne de cerdo y el rey mandó matar a tres de sus descendientes, no hubo un sólo día en que aquel idumeo no ordenara derramar sangre inocente.
¿Cómo contemplarían los astrólogos de Oriente aquella escena? Ellos habían viajado durante muchos días para encontrar confundida a la ciudad de la fe, al país de los Profetas de quienes sus antepasados aprendieron la Palabra de Dios, durante el tiempo que los judíos fueron deportados a Babilonia.
¿Cómo reaccionamos al confrontar los sucesos trágicos que se suceden en la sociedad y en nuestras vidas?
¿Qué lugar ocupa Dios en nuestra alegría y nuestro dolor?
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
En este blog encontraréis meditaciones para crecer a los niveles personal, social y espiritual.
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Meditación para la fiesta de la Epifanía del Señor.
Meditación.
1. Dios ha amanecido sobre nosotros en este día de la Epifanía -o manifestación- de Nuestro Señor Jesucristo porque estamos dispuestos a aceptar su Palabra como Verdad Suprema y nos hemos comprometido a cumplir la voluntad de Nuestro Padre común. Isaías nos dice en la primera lectura que Dios es todopoderoso, nuestra fuerza salvadora, la luz que nos guía en medio de las tinieblas en que vivimos cuando no sabemos vencer nuestras dificultades o cuando carecemos de la fuerza que necesitamos para afrontar y confrontar todos los aspectos de la vida que nos hacen sufrir. Quienes no creen en Dios viven en tinieblas, no porque son pecadores, sino porque están privados de la gran alegría que significa para nosotros la seguridad plena de que no estamos solos ante nuestras dificultades. Quienes aprendimos a tener fe siendo adolescentes o adultos, sabemos que la vida que rechaza la luz de Dios está llena de incertidumbres. Dios es Nuestro Salvador, y su poder es infinito. En la primera lectura, el Profeta nos hace entender que Dios irradiará su luz a la humanidad desde Jerusalén, y que todas las naciones le adorarán en la ciudad tres veces santa, según los cultos judío, cristiano y musulmán. Pensemos, queridos hermanos y amigos, que Nuestro Hermano y Señor Jesús, nos redimió a escasos kilómetros de Jerusalén (LC. 13, 33). El día en que acontezca la segunda venida -o la Parusía- de Jesús, todos los habitantes del mundo iremos a la Ciudad santa, portando nuestros tesoros espirituales, así pues, Nuestro Señor nos juzgará, limpiándonos de nuestras imperfecciones e impurezas.
2. El Salmo responsorial constituye una alabanza a Dios que se le puede aplicar a Cristo, -Nuestro Rey-, quien, en actitud suplicante, le pidió al Padre que lo facultara para llevar a cabo la misión que le encomendó sin fracasar. La súplica sobre la que meditamos en el citado Salmo era confiada, así pues, no estaba marcada por la desesperación ni la carencia de fe, sino por el vivo deseo de un Jesús joven, marcado por diversas experiencias vitales, y dispuesto para que el Espíritu Santo le amoldara al cumplimiento de la voluntad de Nuestro Padre común, con gran sabiduría, y sin admitir ninguna vacilación. Cristo es el Rey cabal y perfecto que necesitamos, de hecho, sólo Él nos puede salvar.
3. Cuando los magos llegaron a Jerusalén preguntando por el Rey de los judíos, ni siquiera los más instruidos en el conocimiento del Verbo divino, pensaron que se les interrogaba sobre la Natividad del Mesías, así pues, los citados magos fueron conducidos al palacio de Herodes. Para bochorno de Jerusalén y gloria de los magos gentiles, el pueblo que tantas revelaciones de Dios había recibido a lo largo de su Historia, dormía aletargado por la difícil situación de subyugación con respecto a Roma, el terrorismo interno y la manipulación religiosa que padecía. No podemos culpar a todos los habitantes de Jerusalén por carecer de fe, pero, cuando los magos visitaron el palacio del Rey, Yahveh debió sentirse descorazonado al pensar que su pueblo le ignoraba, a pesar de las múltiples formas que se le había manifestado en el pasado. Los magos les señalaron a los israelitas el camino para encontrar al Mesías. Recuerdo el día en que los Príncipes de Asturias celebraron su enlace conyugal. Millones de personas estuvimos pendientes a aquel trascendental evento que sin duda alguna ha marcado la Historia de mi país. Nuestra fe es pequeña, porque aún no hemos tomado la decisión de caminar, mirando al cielo, y con los pies muy firmes sobre la tierra, buscando la estrella de la fe.
¿Por qué no descansamos durante el día y caminamos afectados por el abrazo de las tinieblas buscando la estrella que ha de darles a nuestras vidas un sentido nuevo caracterizado por la eternidad?
Ante el estamento social de los grandes personajes que aparecen en el Evangelio de hoy, Jesús aparece marcado por la debilidad, la ignorancia, el desprecio y la persecución.
¿Cómo puede explicarse el hecho de que Herodes emprendiera una persecución contra un Niño indefenso?
¿Qué sentido tuvo la matanza de los niños de Belén menores de dos años que llevaron a cabo los componentes de una centuria?
¿Cómo pudo ver Herodes a un adversario en medio de la miseria en que aquel tiempo vivía la Sagrada Familia?
Herodes asesinó impasiblemente a los niños de Belén, sin que ninguno de ellos fuera la víctima que más deseaba ejecutar.
Con cuánta naturalidad preguntaron los magos en Jerusalén por el Rey de los judíos, y con qué miedo se les informó con respecto a la Profecía de Miqueas, el cuál afirmó en su tiempo que el Enviado de Dios nacería en la pequeña ciudad de Belén de la región de Judea (MIQ. 5, 2).
¿Qué les decimos a quienes nos preguntan si tenemos fe?
¿Somos capaces de vencer la pereza que nos impide asistir a las celebraciones eucarísticas?
¿Somos conscientes de que al no celebrar la Eucaristía rechazamos el hecho de recibir a Nuestro Señor en la Comunión?
¿Cumplimos la voluntad de Dios?
¿Nos amparamos en un continuo ciclo de formación, acción y oración para vivir en conformidad con el cumplimiento de la voluntad de Nuestro Padre y Dios?
Los magos no intuyeron la pretensión con que Herodes les envió a informarse del lugar exacto en que estaba la Sagrada Familia. El Espíritu Santo quiso que los magos regresaran a su tierra tomando un atajo por el río Jordán, para evitar su improcedente encuentro con Herodes, el cuál, al verse burlado, montó en cólera, y ordenó el cruel asesinato de los niños de Belén (MT. 2, 16).
4. A pesar de que hoy muchos niños han amanecido rodeados de regalos, no olvidemos que, la mayoría de niños del mundo, están padeciendo circunstancias difíciles. El día de los Reyes Magos es un cúmulo de esperanza e ilusión que es mantenido por los regalos y el cariño que los niños reciben de parte de quienes les aman, sus queridos familiares, los cuáles, se hacen pasar por los Magos de Oriente, pues la magia y la posibilidad de no delatar a quienes invierten su dinero, hacen de este día un recuerdo entrañable para los pequeños. Tengamos un recuerdo solidario en virtud de ofrecerles nuestra ayuda a los niños que pasan hambre, a los sin techo, y, si nos es posible, regalémosle un juguete a un niño pobre, para que sean muchos los niños que, al menos un día a lo largo de su vida, puedan ser felices.
5. Hablando de regalos, sus Majestades de Oriente también tuvieron el detalle de ofrendarle a Jesús unas dádivas que le prepararon. No sabemos cuántos eran los magos, pero creemos que eran tres, en consideración de los regalos que le hicieron al Mesías. A estos tres astrólogos los llamamos Melchor, Gaspar y Baltasar. A Melchor le atribuimos los lingotes de oro que le dio a Jesús, con lo cuál quiso afirmar que el Señor es el Hombre más poderoso y prestigioso de todos los tiempos. El segundo mago, -Gaspar-, le ofrendó a Jesús incienso, la ofrenda que sólo se les hace a los dioses, afirmando la Deidad del Hijo de María. Baltasar, -el negro más querido por los niños-, envuelto en un halo de misterio, le ofrendó a Jesús un poco de mirra, la sustancia con que embalsamaban en aquel tiempo a quienes fallecían, indicando que, por su muerte y Resurrección, Nuestro Señor habría de llevar a cabo su misión redentora.
6. El próximo Domingo, con la celebración del Bautismo del Señor, -la segunda Epifanía de Jesús-, concluiremos el tiempo de Navidad, e iniciaremos la primera parte del Tiempo Ordinario, que será interrumpido por el inicio de la Cuaresma, y, después de la celebración de la Ascensión del Señor y Pentecostés, se prolongará hasta la solemnidad de Cristo Rey, para volver a comenzar un nuevo periodo de Adviento.
Todos recordamos las enseñanzas de la Iglesia con respecto al tiempo de Adviento porque aún tenemos muy presentes los textos litúrgicos que meditamos durante las cuatro semanas que precedieron a la Natividad de Jesús. La meditación de las Profecías del Antiguo Testamento nos hizo copartícipes de la Historia de la revelación de Dios a los hombres en presencia de María, reflexionando sobre el dolor de Nuestra Madre común, la Maestra que ayuda con sus oraciones a quienes padecen a vivir las circunstancias difíciles a las que se enfrentan cada día.
El tiempo de Navidad comienza con la celebración de las Vísperas de Navidad y la Natividad de Jesús, y se prolonga hasta el Bautismo del Señor, que se celebra el Domingo siguiente a la Epifanía -o la primera manifestación de Jesucristo-. En este tiempo nos estamos concienciando de que el Verbo de Dios se ha hecho Hombre, y se ha puesto a nuestro servicio para redimirnos, -es decir, para cumplir la voluntad de Dios-
En sus dos partes, el Tiempo Ordinario es una sucesión de treinta y cuatro semanas, durante las cuales, como peregrinos que recorren el mundo buscando la fuente que extinga su sed, meditaremos rápida y eficazmente la Palabra de Dios, pues no deseamos que nuestra fe se debilite en el tiempo en que viviremos escasas celebraciones.
La Cuaresma es un periodo de cuarenta días que finaliza el Jueves Santo, y es sucedido por el Santo Triduo de Pascua, los tres días en que meditamos la Pasión, la muerte y la Resurrección de Cristo, para celebrar el más jubiloso de todos los acontecimientos históricos durante cuarenta días. La Cuaresma es tiempo de conversión y penitencia, tiempo de desandar los caminos inciertos, tiempo de reconstruir lo que hemos destruido en cuanto ello nos sea posible, y tiempo en que se nos insta a mejorar como personas cristianas.
La Semana Santa es el periodo en que finaliza la Cuaresma y comenzamos la Pascua. Durante la citada semana meditamos los misterios centrales de nuestra fe: la institución de la Eucaristía, el Sacerdocio y la Penitencia, y la Pasión, la muerte y la Resurrección del Señor.
La Pascua se prolonga durante los cuarenta días siguientes al Domingo de Pascua o Resurrección. En ese tiempo nos esforzamos por seguir perfeccionándonos como si no hubiera finalizado la Cuaresma, con la alegría de saber que Jesús nos espera en el cielo, y de que el Espíritu Santo nos guía en nuestro camino, según recordamos este hecho en las celebraciones de la Ascensión y Pentecostés, antes de iniciar la segunda parte del Tiempo Ordinario, celebrando a la Santísima Trinidad, el Corpus Christi, y los Sagrados Corazones de Jesús y María.
El Tiempo Ordinario concluirá con la solemnidad de Cristo Rey, para que comprendamos que el Señor concluyó la obra que el Padre le encomendó, y que desea que nos dejemos santificar, para concluir la plena instauración del Reino de Nuestro Padre común entre nosotros.
Queridos hermanos y amigos que no tenéis la costumbre de celebrar la Eucaristía dominical pero que habéis compartido la alegría de las fiestas navideñas con nosotros, os invito a no alejaros de la Iglesia, y me pongo a vuestra disposición, para fortalecer vuestra fe.
Pidámosles a Dios y a María Santísima, antes de finalizar esta meditación, que la luz de Cristo irradie sobre nuestras vidas, el ambiente en que nos perfeccionamos, la Iglesia, nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones, y los no creyentes.
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
1. Dios ha amanecido sobre nosotros en este día de la Epifanía -o manifestación- de Nuestro Señor Jesucristo porque estamos dispuestos a aceptar su Palabra como Verdad Suprema y nos hemos comprometido a cumplir la voluntad de Nuestro Padre común. Isaías nos dice en la primera lectura que Dios es todopoderoso, nuestra fuerza salvadora, la luz que nos guía en medio de las tinieblas en que vivimos cuando no sabemos vencer nuestras dificultades o cuando carecemos de la fuerza que necesitamos para afrontar y confrontar todos los aspectos de la vida que nos hacen sufrir. Quienes no creen en Dios viven en tinieblas, no porque son pecadores, sino porque están privados de la gran alegría que significa para nosotros la seguridad plena de que no estamos solos ante nuestras dificultades. Quienes aprendimos a tener fe siendo adolescentes o adultos, sabemos que la vida que rechaza la luz de Dios está llena de incertidumbres. Dios es Nuestro Salvador, y su poder es infinito. En la primera lectura, el Profeta nos hace entender que Dios irradiará su luz a la humanidad desde Jerusalén, y que todas las naciones le adorarán en la ciudad tres veces santa, según los cultos judío, cristiano y musulmán. Pensemos, queridos hermanos y amigos, que Nuestro Hermano y Señor Jesús, nos redimió a escasos kilómetros de Jerusalén (LC. 13, 33). El día en que acontezca la segunda venida -o la Parusía- de Jesús, todos los habitantes del mundo iremos a la Ciudad santa, portando nuestros tesoros espirituales, así pues, Nuestro Señor nos juzgará, limpiándonos de nuestras imperfecciones e impurezas.
2. El Salmo responsorial constituye una alabanza a Dios que se le puede aplicar a Cristo, -Nuestro Rey-, quien, en actitud suplicante, le pidió al Padre que lo facultara para llevar a cabo la misión que le encomendó sin fracasar. La súplica sobre la que meditamos en el citado Salmo era confiada, así pues, no estaba marcada por la desesperación ni la carencia de fe, sino por el vivo deseo de un Jesús joven, marcado por diversas experiencias vitales, y dispuesto para que el Espíritu Santo le amoldara al cumplimiento de la voluntad de Nuestro Padre común, con gran sabiduría, y sin admitir ninguna vacilación. Cristo es el Rey cabal y perfecto que necesitamos, de hecho, sólo Él nos puede salvar.
3. Cuando los magos llegaron a Jerusalén preguntando por el Rey de los judíos, ni siquiera los más instruidos en el conocimiento del Verbo divino, pensaron que se les interrogaba sobre la Natividad del Mesías, así pues, los citados magos fueron conducidos al palacio de Herodes. Para bochorno de Jerusalén y gloria de los magos gentiles, el pueblo que tantas revelaciones de Dios había recibido a lo largo de su Historia, dormía aletargado por la difícil situación de subyugación con respecto a Roma, el terrorismo interno y la manipulación religiosa que padecía. No podemos culpar a todos los habitantes de Jerusalén por carecer de fe, pero, cuando los magos visitaron el palacio del Rey, Yahveh debió sentirse descorazonado al pensar que su pueblo le ignoraba, a pesar de las múltiples formas que se le había manifestado en el pasado. Los magos les señalaron a los israelitas el camino para encontrar al Mesías. Recuerdo el día en que los Príncipes de Asturias celebraron su enlace conyugal. Millones de personas estuvimos pendientes a aquel trascendental evento que sin duda alguna ha marcado la Historia de mi país. Nuestra fe es pequeña, porque aún no hemos tomado la decisión de caminar, mirando al cielo, y con los pies muy firmes sobre la tierra, buscando la estrella de la fe.
¿Por qué no descansamos durante el día y caminamos afectados por el abrazo de las tinieblas buscando la estrella que ha de darles a nuestras vidas un sentido nuevo caracterizado por la eternidad?
Ante el estamento social de los grandes personajes que aparecen en el Evangelio de hoy, Jesús aparece marcado por la debilidad, la ignorancia, el desprecio y la persecución.
¿Cómo puede explicarse el hecho de que Herodes emprendiera una persecución contra un Niño indefenso?
¿Qué sentido tuvo la matanza de los niños de Belén menores de dos años que llevaron a cabo los componentes de una centuria?
¿Cómo pudo ver Herodes a un adversario en medio de la miseria en que aquel tiempo vivía la Sagrada Familia?
Herodes asesinó impasiblemente a los niños de Belén, sin que ninguno de ellos fuera la víctima que más deseaba ejecutar.
Con cuánta naturalidad preguntaron los magos en Jerusalén por el Rey de los judíos, y con qué miedo se les informó con respecto a la Profecía de Miqueas, el cuál afirmó en su tiempo que el Enviado de Dios nacería en la pequeña ciudad de Belén de la región de Judea (MIQ. 5, 2).
¿Qué les decimos a quienes nos preguntan si tenemos fe?
¿Somos capaces de vencer la pereza que nos impide asistir a las celebraciones eucarísticas?
¿Somos conscientes de que al no celebrar la Eucaristía rechazamos el hecho de recibir a Nuestro Señor en la Comunión?
¿Cumplimos la voluntad de Dios?
¿Nos amparamos en un continuo ciclo de formación, acción y oración para vivir en conformidad con el cumplimiento de la voluntad de Nuestro Padre y Dios?
Los magos no intuyeron la pretensión con que Herodes les envió a informarse del lugar exacto en que estaba la Sagrada Familia. El Espíritu Santo quiso que los magos regresaran a su tierra tomando un atajo por el río Jordán, para evitar su improcedente encuentro con Herodes, el cuál, al verse burlado, montó en cólera, y ordenó el cruel asesinato de los niños de Belén (MT. 2, 16).
4. A pesar de que hoy muchos niños han amanecido rodeados de regalos, no olvidemos que, la mayoría de niños del mundo, están padeciendo circunstancias difíciles. El día de los Reyes Magos es un cúmulo de esperanza e ilusión que es mantenido por los regalos y el cariño que los niños reciben de parte de quienes les aman, sus queridos familiares, los cuáles, se hacen pasar por los Magos de Oriente, pues la magia y la posibilidad de no delatar a quienes invierten su dinero, hacen de este día un recuerdo entrañable para los pequeños. Tengamos un recuerdo solidario en virtud de ofrecerles nuestra ayuda a los niños que pasan hambre, a los sin techo, y, si nos es posible, regalémosle un juguete a un niño pobre, para que sean muchos los niños que, al menos un día a lo largo de su vida, puedan ser felices.
5. Hablando de regalos, sus Majestades de Oriente también tuvieron el detalle de ofrendarle a Jesús unas dádivas que le prepararon. No sabemos cuántos eran los magos, pero creemos que eran tres, en consideración de los regalos que le hicieron al Mesías. A estos tres astrólogos los llamamos Melchor, Gaspar y Baltasar. A Melchor le atribuimos los lingotes de oro que le dio a Jesús, con lo cuál quiso afirmar que el Señor es el Hombre más poderoso y prestigioso de todos los tiempos. El segundo mago, -Gaspar-, le ofrendó a Jesús incienso, la ofrenda que sólo se les hace a los dioses, afirmando la Deidad del Hijo de María. Baltasar, -el negro más querido por los niños-, envuelto en un halo de misterio, le ofrendó a Jesús un poco de mirra, la sustancia con que embalsamaban en aquel tiempo a quienes fallecían, indicando que, por su muerte y Resurrección, Nuestro Señor habría de llevar a cabo su misión redentora.
6. El próximo Domingo, con la celebración del Bautismo del Señor, -la segunda Epifanía de Jesús-, concluiremos el tiempo de Navidad, e iniciaremos la primera parte del Tiempo Ordinario, que será interrumpido por el inicio de la Cuaresma, y, después de la celebración de la Ascensión del Señor y Pentecostés, se prolongará hasta la solemnidad de Cristo Rey, para volver a comenzar un nuevo periodo de Adviento.
Todos recordamos las enseñanzas de la Iglesia con respecto al tiempo de Adviento porque aún tenemos muy presentes los textos litúrgicos que meditamos durante las cuatro semanas que precedieron a la Natividad de Jesús. La meditación de las Profecías del Antiguo Testamento nos hizo copartícipes de la Historia de la revelación de Dios a los hombres en presencia de María, reflexionando sobre el dolor de Nuestra Madre común, la Maestra que ayuda con sus oraciones a quienes padecen a vivir las circunstancias difíciles a las que se enfrentan cada día.
El tiempo de Navidad comienza con la celebración de las Vísperas de Navidad y la Natividad de Jesús, y se prolonga hasta el Bautismo del Señor, que se celebra el Domingo siguiente a la Epifanía -o la primera manifestación de Jesucristo-. En este tiempo nos estamos concienciando de que el Verbo de Dios se ha hecho Hombre, y se ha puesto a nuestro servicio para redimirnos, -es decir, para cumplir la voluntad de Dios-
En sus dos partes, el Tiempo Ordinario es una sucesión de treinta y cuatro semanas, durante las cuales, como peregrinos que recorren el mundo buscando la fuente que extinga su sed, meditaremos rápida y eficazmente la Palabra de Dios, pues no deseamos que nuestra fe se debilite en el tiempo en que viviremos escasas celebraciones.
La Cuaresma es un periodo de cuarenta días que finaliza el Jueves Santo, y es sucedido por el Santo Triduo de Pascua, los tres días en que meditamos la Pasión, la muerte y la Resurrección de Cristo, para celebrar el más jubiloso de todos los acontecimientos históricos durante cuarenta días. La Cuaresma es tiempo de conversión y penitencia, tiempo de desandar los caminos inciertos, tiempo de reconstruir lo que hemos destruido en cuanto ello nos sea posible, y tiempo en que se nos insta a mejorar como personas cristianas.
La Semana Santa es el periodo en que finaliza la Cuaresma y comenzamos la Pascua. Durante la citada semana meditamos los misterios centrales de nuestra fe: la institución de la Eucaristía, el Sacerdocio y la Penitencia, y la Pasión, la muerte y la Resurrección del Señor.
La Pascua se prolonga durante los cuarenta días siguientes al Domingo de Pascua o Resurrección. En ese tiempo nos esforzamos por seguir perfeccionándonos como si no hubiera finalizado la Cuaresma, con la alegría de saber que Jesús nos espera en el cielo, y de que el Espíritu Santo nos guía en nuestro camino, según recordamos este hecho en las celebraciones de la Ascensión y Pentecostés, antes de iniciar la segunda parte del Tiempo Ordinario, celebrando a la Santísima Trinidad, el Corpus Christi, y los Sagrados Corazones de Jesús y María.
El Tiempo Ordinario concluirá con la solemnidad de Cristo Rey, para que comprendamos que el Señor concluyó la obra que el Padre le encomendó, y que desea que nos dejemos santificar, para concluir la plena instauración del Reino de Nuestro Padre común entre nosotros.
Queridos hermanos y amigos que no tenéis la costumbre de celebrar la Eucaristía dominical pero que habéis compartido la alegría de las fiestas navideñas con nosotros, os invito a no alejaros de la Iglesia, y me pongo a vuestra disposición, para fortalecer vuestra fe.
Pidámosles a Dios y a María Santísima, antes de finalizar esta meditación, que la luz de Cristo irradie sobre nuestras vidas, el ambiente en que nos perfeccionamos, la Iglesia, nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones, y los no creyentes.
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
¿Qué se dice en la Biblia de los magos y de la adivinación en general? (Meditación para la fiesta de la Epifanía del Señor).
Meditación.
¿Qué se dice en la Biblia de los magos y de la adivinación en general?
1. Los magos.
En la Biblia se nos habla de los magos, a quienes, si en la antigüedad muchos los tenían por sabios, (yiddeoni se traduce como sabio), los tales trabajaban el terreno de la adivinación. En el primer Isaías, con tal de que comprendamos el poder persuasivo de los tales, se nos dice: (IS. 8, 19).
Aunque el terreno de la adivinación aparenta ser prometedor, para quienes creen que les sería positivo el hecho de conocer su futuro, a muchos de los tales no les queda otro remedio que comprobar que ello es un engaño muy peligroso, en el sentido de que paraliza las vidas de quienes creen que sólo han nacido para sufrir, y evita que muchos que pueden hacer el bien hagan lo que deben hacer, dado que, para parte de los defensores de la New Age, hasta el suicidio es positivo. Es esta la razón por la que, la Biblia, -la Palabra de Dios-, nos dice: (DT. 18, 9-14).
Sabemos que Dios no nos prohíbe pecar por simple capricho, sino porque sabe que el hecho de no cumplir su voluntad acaba perjudicándonos, porque, según San Juan, "el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor" (1 JN. 4, 8).
Desde el punto de vista religioso, la adivinación es idolátrica, porque, quienes la practican, depositan su confianza en espíritus que no están relacionados con Dios, así pues, San Pablo, nos dice: (EF. 5, 16-17).
Dado que muchos estamos acostumbrados a vivir en países en los que podemos tener muchos bienes, por lo que, en consecuencia, podemos resolver muchos problemas sin apenas realizar ningún esfuerzo, hemos caído en la trampa de olvidar que, si queremos superarnos en la vida, necesitamos aprender a ser luchadores incansables. Dado que no podemos ver a Dios cara a cara, y somos impacientes a la hora de esperar la llegada de la resolución de nuestras dificultades, puede sernos fácil caer en la tentación de contratar los servicios de algún adivino, que no nos diga lo que nos va a suceder en el futuro, sino lo que queremos escuchar, con tal de que el mismo nos devuelva la serenidad. Es preciso que recordemos que, tanto los judíos justos del pasado como muchos buenos cristianos, han tenido que sufrir mucho por causa de la profesión de su fe, así pues, aunque cueste creerlo, aún en nuestros días son crucificados algunos seguidores de Jesús. Los cristianos seremos capaces de soportar cualquier dificultad que nos sobrevenga, si le pedimos a Dios que nos colme de los dones y frutos de su Santo Espíritu, y creemos que vamos a ser ayudados.
2. Los Magos de Oriente.
Si Dios no está de acuerdo con la práctica de la magia, ¿por qué se sirvió de los astrólogos orientales, para simbolizar que el Evangelio, no sólo incumbe a los judíos, sino que es una doctrina universal? Aunque Nuestro Santo Padre no está relacionado con el pecado, tiene suficiente amor y paciencia con nosotros, como para manifestársenos, aprovechándose de las realidades que caracterizan nuestras vidas, así pues, Yahveh se valió de la creencia de que los grandes personajes tenían una estrella a través de la cuál se podía adivinar el futuro de los mismos, para hacer que dichos Magos emprendieran su viaje, en pos de la estrella de Belén, para conocer, al Rey de Israel, en persona.
No podemos determinar el número de los Magos orientales teniendo en cuenta los presentes que le ofrecieron a Nuestro Salvador, dado que dichos dones tenían significados simbólicos, así pues, el oro era símbolo de magnificencia, el incienso era el símbolo de la Divinidad, y, la mirra, con que los orientales embalsamaban a sus difuntos, era una especie de anuncio de la Pasión y muerte del Mesías.
¿Eran Reyes los citados Magos, como muchos creen? Según los siguientes textos bíblicos, no lo eran (SAL. 68, 29-32; IS. 49, 7. 60, 1-10). En los textos anteriores, hemos visto que los Reyes de la tierra adorarán a Jesús, el gran Rey, por lo que deducimos que los Magos de Oriente, no eran Reyes, en el sentido de que los tales eran inferiores al Mesías.
No seamos como los habitantes de Jerusalén, que, en lugar de alegrarse al pensar que había llegado el tiempo de que naciera su Redentor, temieron las consecuencias que ello tendría, si el poder romano se sentía provocado por un nuevo líder sedicioso. Recordemos los valores que caracterizan la Navidad tales como el amor y la comprensión, y hagamos que los tales formen parte de nuestras vidas durante todo el año.
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
¿Qué se dice en la Biblia de los magos y de la adivinación en general?
1. Los magos.
En la Biblia se nos habla de los magos, a quienes, si en la antigüedad muchos los tenían por sabios, (yiddeoni se traduce como sabio), los tales trabajaban el terreno de la adivinación. En el primer Isaías, con tal de que comprendamos el poder persuasivo de los tales, se nos dice: (IS. 8, 19).
Aunque el terreno de la adivinación aparenta ser prometedor, para quienes creen que les sería positivo el hecho de conocer su futuro, a muchos de los tales no les queda otro remedio que comprobar que ello es un engaño muy peligroso, en el sentido de que paraliza las vidas de quienes creen que sólo han nacido para sufrir, y evita que muchos que pueden hacer el bien hagan lo que deben hacer, dado que, para parte de los defensores de la New Age, hasta el suicidio es positivo. Es esta la razón por la que, la Biblia, -la Palabra de Dios-, nos dice: (DT. 18, 9-14).
Sabemos que Dios no nos prohíbe pecar por simple capricho, sino porque sabe que el hecho de no cumplir su voluntad acaba perjudicándonos, porque, según San Juan, "el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor" (1 JN. 4, 8).
Desde el punto de vista religioso, la adivinación es idolátrica, porque, quienes la practican, depositan su confianza en espíritus que no están relacionados con Dios, así pues, San Pablo, nos dice: (EF. 5, 16-17).
Dado que muchos estamos acostumbrados a vivir en países en los que podemos tener muchos bienes, por lo que, en consecuencia, podemos resolver muchos problemas sin apenas realizar ningún esfuerzo, hemos caído en la trampa de olvidar que, si queremos superarnos en la vida, necesitamos aprender a ser luchadores incansables. Dado que no podemos ver a Dios cara a cara, y somos impacientes a la hora de esperar la llegada de la resolución de nuestras dificultades, puede sernos fácil caer en la tentación de contratar los servicios de algún adivino, que no nos diga lo que nos va a suceder en el futuro, sino lo que queremos escuchar, con tal de que el mismo nos devuelva la serenidad. Es preciso que recordemos que, tanto los judíos justos del pasado como muchos buenos cristianos, han tenido que sufrir mucho por causa de la profesión de su fe, así pues, aunque cueste creerlo, aún en nuestros días son crucificados algunos seguidores de Jesús. Los cristianos seremos capaces de soportar cualquier dificultad que nos sobrevenga, si le pedimos a Dios que nos colme de los dones y frutos de su Santo Espíritu, y creemos que vamos a ser ayudados.
2. Los Magos de Oriente.
Si Dios no está de acuerdo con la práctica de la magia, ¿por qué se sirvió de los astrólogos orientales, para simbolizar que el Evangelio, no sólo incumbe a los judíos, sino que es una doctrina universal? Aunque Nuestro Santo Padre no está relacionado con el pecado, tiene suficiente amor y paciencia con nosotros, como para manifestársenos, aprovechándose de las realidades que caracterizan nuestras vidas, así pues, Yahveh se valió de la creencia de que los grandes personajes tenían una estrella a través de la cuál se podía adivinar el futuro de los mismos, para hacer que dichos Magos emprendieran su viaje, en pos de la estrella de Belén, para conocer, al Rey de Israel, en persona.
No podemos determinar el número de los Magos orientales teniendo en cuenta los presentes que le ofrecieron a Nuestro Salvador, dado que dichos dones tenían significados simbólicos, así pues, el oro era símbolo de magnificencia, el incienso era el símbolo de la Divinidad, y, la mirra, con que los orientales embalsamaban a sus difuntos, era una especie de anuncio de la Pasión y muerte del Mesías.
¿Eran Reyes los citados Magos, como muchos creen? Según los siguientes textos bíblicos, no lo eran (SAL. 68, 29-32; IS. 49, 7. 60, 1-10). En los textos anteriores, hemos visto que los Reyes de la tierra adorarán a Jesús, el gran Rey, por lo que deducimos que los Magos de Oriente, no eran Reyes, en el sentido de que los tales eran inferiores al Mesías.
No seamos como los habitantes de Jerusalén, que, en lugar de alegrarse al pensar que había llegado el tiempo de que naciera su Redentor, temieron las consecuencias que ello tendría, si el poder romano se sentía provocado por un nuevo líder sedicioso. Recordemos los valores que caracterizan la Navidad tales como el amor y la comprensión, y hagamos que los tales formen parte de nuestras vidas durante todo el año.
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
La Epifanía o manifestación de Jesús. (Meditación para la fiesta de la Epifanía del Señor).
Meditación.
La Epifanía o manifestación de Jesús.
Origen de la celebración de la Epifanía de Jesús.
Los antiguos habitantes de Egipto y de Arabia, durante la noche del cinco al seis de enero, celebraban la fiesta pagana del nacimiento del dios Aion, el cual se manifestaba de una manera especial al renacer el sol, pues para ellos el solsticio de invierno acontecía en torno a la citada fecha. En la citada fecha también se celebraban los prodigios del dios Dionisio en favor de sus devotos, el cual, lo mismo que le sucedió a Jesús, fue asesinado y resucitado según quienes creían en él, y se hacía comer por sus creyentes, los cuales celebraban ese significativo hecho en medio de una gran fiesta marcada por los placeres que actualmente caracterizan la Navidad de mucha gente. De la misma forma que los cristianos occidentales comenzaron a celebrar la Navidad el veinticinco de diciembre con la intención de hacer desaparecer los saturnales romanos, los cristianos orientales comenzaron a celebrar la Epifanía del Mesías el seis de enero, con el propósito de cristianizar las celebraciones paganas relacionadas con el culto al sol y al dios Dionisio.
Los cristianos occidentales empezaron a celebrar la Epifanía del Señor a mediados del siglo IV.
¿Qué información hay en la Biblia referente a la Epifanía del Señor? (MT. 2, 1-12).
Interpretación del anterior texto de San Mateo y enseñanzas que podemos extraer de la fiesta de la Epifanía del Señor.
-Los Reyes Magos, -los cuales no eran judíos-, representan a los paganos, y a quienes buscan la luz de Dios, porque comprenden que la libertad sin contar con el Mesías se convierte en prisión, la fe en oscuridad y el amor en vacío espiritual. Cuando los cristianos auténticos se encuentran con el Señor, le dan a Nuestro Salvador todo lo que tienen, y se ponen a su servicio. Un ejemplo de ello es San Pablo, el Santo Apóstol de los gentiles, que les escribió a los Filipenses el texto expuesto en FLP. 3, 10-15.
-Dado que los Reyes Magos no eran hermanos de raza de Jesús, creemos que la estrella que les condujo a la presencia del Mesías es símbolo del Evangelio, la Buena Noticia divina de que Dios, por medio de la Pasión, la muerte y la Resurrección de su Hijo, ha redimido a la humanidad, independientemente de que actualmente sigamos siendo víctimas del dolor y del pecado, y símbolo de la fe que queremos comunicarles a nuestros prójimos los hombres (2 TIM. 1, 9-10).
-Los Reyes Magos hicieron un gran sacrificio al dejar sus comodidades para aventurarse en el seguimiento de la estrella que los condujo a la presencia del Mesías, así pues, cuando llegaron a Jerusalén, debieron sufrir un golpe duro cuando ni Herodes ni los judíos sabían que había nacido el Rey del Israel espiritual de Dios, pero, a pesar de ello, no renunciaron a la realización de la misión que los condujo a Palestina. Los Reyes Magos son el ejemplo perfecto que deben recordar los que no son capaces de hacer muchas cosas ante el miedo que les produce la posibilidad de fracasar.
Ya que los predicadores, -independientemente de que seamos religiosos o laicos-, tenemos que llevar a feliz término una empresa muy difícil, si consideramos que el Evangelio es rechazado por la mayor parte de la humanidad, apliquémonos las palabras del Apóstol (2 TIM. 4, 2).
-Aunque probablemente los Reyes Magos tenían la esperanza de encontrar al Redentor de las naciones en un palacio, no les flaqueó la fe cuando encontraron a Jesús en una casa que sólo podía ser habitada por una familia muy pobre. Este hecho nos enseña a dejar que Dios sea Dios, y no lo que nos convenga en cada momento de nuestras vidas (1 JN. 1, 6-7).
-De la misma forma que los Reyes Magos le hicieron regalos a Jesús, nosotros, no sólo podemos hacerle regalos al Señor, pues también podemos hacer lo posible para purificar las intenciones que tenemos, para que nuestros dones sean frutos de corazones marcados por el amor y la sinceridad.
-Podríamos pensar de qué manera ha marcado nuestras vidas (si ello ha sucedido) Nuestro Hermano y Señor Jesús, pues, ya que nos ha redimido, podríamos corresponder su amor predicándoles la Palabra de Dios a nuestros prójimos los hombres.
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
La Epifanía o manifestación de Jesús.
Origen de la celebración de la Epifanía de Jesús.
Los antiguos habitantes de Egipto y de Arabia, durante la noche del cinco al seis de enero, celebraban la fiesta pagana del nacimiento del dios Aion, el cual se manifestaba de una manera especial al renacer el sol, pues para ellos el solsticio de invierno acontecía en torno a la citada fecha. En la citada fecha también se celebraban los prodigios del dios Dionisio en favor de sus devotos, el cual, lo mismo que le sucedió a Jesús, fue asesinado y resucitado según quienes creían en él, y se hacía comer por sus creyentes, los cuales celebraban ese significativo hecho en medio de una gran fiesta marcada por los placeres que actualmente caracterizan la Navidad de mucha gente. De la misma forma que los cristianos occidentales comenzaron a celebrar la Navidad el veinticinco de diciembre con la intención de hacer desaparecer los saturnales romanos, los cristianos orientales comenzaron a celebrar la Epifanía del Mesías el seis de enero, con el propósito de cristianizar las celebraciones paganas relacionadas con el culto al sol y al dios Dionisio.
Los cristianos occidentales empezaron a celebrar la Epifanía del Señor a mediados del siglo IV.
¿Qué información hay en la Biblia referente a la Epifanía del Señor? (MT. 2, 1-12).
Interpretación del anterior texto de San Mateo y enseñanzas que podemos extraer de la fiesta de la Epifanía del Señor.
-Los Reyes Magos, -los cuales no eran judíos-, representan a los paganos, y a quienes buscan la luz de Dios, porque comprenden que la libertad sin contar con el Mesías se convierte en prisión, la fe en oscuridad y el amor en vacío espiritual. Cuando los cristianos auténticos se encuentran con el Señor, le dan a Nuestro Salvador todo lo que tienen, y se ponen a su servicio. Un ejemplo de ello es San Pablo, el Santo Apóstol de los gentiles, que les escribió a los Filipenses el texto expuesto en FLP. 3, 10-15.
-Dado que los Reyes Magos no eran hermanos de raza de Jesús, creemos que la estrella que les condujo a la presencia del Mesías es símbolo del Evangelio, la Buena Noticia divina de que Dios, por medio de la Pasión, la muerte y la Resurrección de su Hijo, ha redimido a la humanidad, independientemente de que actualmente sigamos siendo víctimas del dolor y del pecado, y símbolo de la fe que queremos comunicarles a nuestros prójimos los hombres (2 TIM. 1, 9-10).
-Los Reyes Magos hicieron un gran sacrificio al dejar sus comodidades para aventurarse en el seguimiento de la estrella que los condujo a la presencia del Mesías, así pues, cuando llegaron a Jerusalén, debieron sufrir un golpe duro cuando ni Herodes ni los judíos sabían que había nacido el Rey del Israel espiritual de Dios, pero, a pesar de ello, no renunciaron a la realización de la misión que los condujo a Palestina. Los Reyes Magos son el ejemplo perfecto que deben recordar los que no son capaces de hacer muchas cosas ante el miedo que les produce la posibilidad de fracasar.
Ya que los predicadores, -independientemente de que seamos religiosos o laicos-, tenemos que llevar a feliz término una empresa muy difícil, si consideramos que el Evangelio es rechazado por la mayor parte de la humanidad, apliquémonos las palabras del Apóstol (2 TIM. 4, 2).
-Aunque probablemente los Reyes Magos tenían la esperanza de encontrar al Redentor de las naciones en un palacio, no les flaqueó la fe cuando encontraron a Jesús en una casa que sólo podía ser habitada por una familia muy pobre. Este hecho nos enseña a dejar que Dios sea Dios, y no lo que nos convenga en cada momento de nuestras vidas (1 JN. 1, 6-7).
-De la misma forma que los Reyes Magos le hicieron regalos a Jesús, nosotros, no sólo podemos hacerle regalos al Señor, pues también podemos hacer lo posible para purificar las intenciones que tenemos, para que nuestros dones sean frutos de corazones marcados por el amor y la sinceridad.
-Podríamos pensar de qué manera ha marcado nuestras vidas (si ello ha sucedido) Nuestro Hermano y Señor Jesús, pues, ya que nos ha redimido, podríamos corresponder su amor predicándoles la Palabra de Dios a nuestros prójimos los hombres.
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
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