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¿Hace Dios milagros en nuestra vida? (Meditación de la primera lectura del Domingo XXXII del Tiempo Ordinario del Ciclo B).

   Meditación.

   La fe y la esperanza cristianas se demuestran sirviendo a Dios en sus hijos.

   ¿Hace Dios milagros en nuestra vida?

   Meditación de 1 RE. 17, 10-16.

   Elías fue uno de los muchos profetas que Dios envió a su pueblo, con el fin de que sus creyentes no adoraran  divinidades paganas, y no se separaran de Yahveh. Los reyes del Norte fueron malvados, e hicieron que el pueblo adorara a divinidades extranjeras. Esta conducta de los reyes norteños, impulsó a la mayoría de los sacerdotes levitas a emigrar a Judea, con tal de permanecerle fieles a Yahveh. Los sacerdotes que los reyes designaron para que sustituyeran a los levitas, eran corruptos e ineficaces, para servir a Dios, ya que su trabajo dependía de la sumisión a quienes les concedieron los cargos que ocupaban, y no de la libre y consciente profesión de su fe.

   Dado que la corrupción malogró el cumplimiento de la misión de reyes tanto del Norte como del Sur de Israel, Dios se sirvió de muchos profetas, asignándoles la misión de animar a sus creyentes, para que no perdieran la fe en Yahveh, y para que no hicieran el mal, que caracterizaba la vida de sus superiores político-religiosos. Durante unos trescientos años, los profetas intentaron impedir la decadencia espiritual y moral, que afectaba, tanto a muchos reyes y sacerdotes, como a gente del pueblo.

   Los adoradores de Baal confiaban en que su deidad haría llover para que sus cosechas fuesen abundantes. Elías, -por causa de su fe y su acercamiento a Dios-, hizo que una larga sequía azotara a su país, con tal de que, los adeptos de Baal, comprobaran que su dios no era más que una mera invención humana, y para conseguir que se dieran cuenta, de que estaban despreciando al único Dios existente.

   ¿De qué le servían al rey Acab su fuerte defensa militar y sus muchos sacerdotes baalitas, si no podía conseguir que lloviera?

   ¿Actuamos como el rey Acab, cifrando nuestra esperanza en las personas y bienes que nos separan de Nuestro Padre común?

   Elías confrontó a Acab con gran valentía. Hasta que Acab no volviera a creer ciegamente en Yahveh, no terminaría la sequía que asolaba su reinado.

   Quizás culpamos a Dios de ser el responsable de las circunstancias que nos impiden ser felices, pero, ¿nos volvemos a Él para conocer su Palabra, y comprobar qué nos dice por medio de la misma, para que podamos superar nuestras frustraciones, y seamos capaces de sobrevivir con las dificultades que, aunque no podremos superarlas, nos ayudarán a ser purificados y santificados?

   Dios se manifestó en Israel, a pesar de la rebeldía y las herejías de su pueblo. No pensemos que Dios no se nos manifestará porque en nuestro entorno hay poca gente que lo acepta. Dios sabe cuándo debe actuar, y a nosotros nos corresponde creer esta realidad, para no perder la fe, y gozarnos cuando Nuestro Padre común, venga a nuestro encuentro.

   En un país en que los profetas habían de ser cuidados por ser mensajeros de Dios, Elías, -el profeta que humilló a los seguidores de Baal, demostrándoles que su dios era falso, y mandó asesinar a sus cuatrocientos cincuenta profetas-, tuvo que ser alimentado milagrosamente por cuervos, y por una pobre viuda pagana. El profeta que tendría que haber sido tratado honoríficamente por haber desenmascarado a los adeptos de un dios falso, se convirtió en un proscrito, y así fue como aprendió, a fiarse plenamente de Dios, en medio de sus sufrimientos. Dios nos socorre cuando tenemos que afrontar y confrontar dificultades, aunque a veces actúa de una forma diferente a como lo haríamos nosotros, pero lo importante en esos casos, es que nos ayuda a seguir viviendo dignamente.

   ¿Cómo podía aquella viuda pobre darle al profeta la comida que tenía para su hijo y para ella? Después de comer por última vez, aquella mujer tenía pensado abrazar a su hijo, y esperar la llegada de la muerte. Los dos iban a sufrir la impotencia de no poder hacer nada para sobrevivir, se iban a enfrentar a los dolores que produce el hambre para ser vencidos, e iban a saborear macabramente sus últimas horas de vida. Si la pobre viuda le daba su comida al profeta, apresuraría el fin que tanto temía. El simple acto de fe de alimentar al profeta antes de comer la viuda con su hijo, produjo el milagro de que Dios les garantizara la supervivencia a ambos, mientras se prolongó la sequía.

   Muchas veces le pedimos dones a Dios, y queremos ser beneficiados sin hacer nada, de tal manera que, no nos damos cuenta, de que, antes de ser el objeto de los milagros divinos, necesitamos demostrarle a Dios, que tenemos fe en Él.

   Cuanto mayor sea nuestra fe, más cerca nos sentiremos de Dios. Quizás manifestamos nuestra fe dando pequeñas limosnas o rezando en ciertas ocasiones, pero la viuda que procedía de la tierra de Jezabel, -la reina que desencadenó la persecución contra Elías-, puso en las manos del profeta todo lo que tenía, y Dios la premió por ello.

   Nuestros problemas probablemente no se solucionarán, hasta que demos un paso de fe, después de pedirle a Dios, el milagro que necesitamos. Dios nos conduce por caminos que no son los nuestros, pero son los suyos (IS. 55, 8).

   Dios no nos concede milagros para que nos amoldemos a un estado de vida satisfactorio y dejemos de crecer espiritualmente, pues lo hace para que seamos capaces de afrontar y confrontar, situaciones más difíciles, que las que nos ayuda a superar en la actualidad.

José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com

La Asunción de María justificada con la Biblia en la mano y defensa de la misma ante las denominaciones cristianas que la rechazan. (Meditación para la solemnidad de la Ascensión de María Santísima. 15 de agosto).

   Meditación.

   La Asunción de María justificada con la Biblia en la mano y defensa de la misma ante las denominaciones cristianas que la rechazan.

   ¿Cuáles son las razones por las que los católicos creemos que María fue asunta al cielo? El año 1854, el Papa Pío IX proclamó como verdad de fe indiscutible que María Santísima fue preservada del pecado y de los efectos del mismo a partir del momento de su concepción. El uno de noviembre del año 1950, el Papa Pío XII, en la Constitución apostólica “Munificentissimus Deus”, promulgó “el Dogma de la Asunción de María”. Aunque muchas denominaciones cristianas opositoras del Catolicismo afirman que la Iglesia se inventó este dogma para potenciar el culto idolátrico a María, sabemos que a partir del siglo VI empezó a celebrarse la fiesta de “la Dormición de María”. La Madre de Jesús ha sido muy estimada por los católicos de todos los tiempos, así pues, no nos equivocamos al suponer que Nuestra Señora fue respetada en gran manera a partir de la fundación de la Iglesia, así pues, aunque sabemos que la Madre de Dios y de la Iglesia fue asunta al cielo tres años después de que Jesús nos redimiera, no hemos de hacer un gran esfuerzo para saber que, a pesar de la discriminación de que eran víctimas las mujeres del tiempo en que vivió Nuestra Santa Madre, ella debió aportar su granito de arena para que se difundiera la Iglesia primitiva de Jerusalén, no dando grandes discursos ni haciendo grandes prodigios, sino predicándoles a quienes quisieran oír el mensaje que tenía que comunicarles (HCH. 1, 12-15).

   En estos días, muchos católicos españoles están molestos porque el Gobierno se plantea la posibilidad de quitar los símbolos religiosos de los colegios y de otras instituciones públicas, así pues, los símbolos que para unos son muy importantes, para otros son imágenes violentas o fetiches que conviene eliminar. Este hecho, más que indignarnos a los creyentes, puede hacernos pensar si, a pesar de que el 87 por ciento de la población de los españoles se confiesa católica, si estamos actuando como verdaderos cristianos en el medio en que vivimos. Para responder afirmativa -o negativamente- esta consideración que estamos haciendo, podemos pensar en el avance que están teniendo en mi país otras denominaciones cristianas que están llevándose a su terreno a muchos de nuestros hermanos en la fe que tienen problemas de cualquier índole que les afectan psicológicamente y carecen del conocimiento de la Palabra de Dios.

   Estas son las razones por las que la Iglesia afirma que María fue asunta al cielo, a pesar de que ese hecho no aparece en la Biblia:

   1. Como la Iglesia afirma que María jamás cometió pecado alguno, entiende que no `pudo morir sin resucitar inmediatamente, ya que comprende que la descomposición del cuerpo es la consecuencia de incurrir en el incumplimiento de la voluntad de Nuestro Padre común (ROM. 6, 23). Al no estar sometida a la ley bajo la que perecemos todos los mortales, Nuestra Santa Madre podía entrar en el cielo en cuerpo y alma.

   2. Ya que María es la Madre de Nuestro Señor Jesucristo, entendemos que Él, de la misma forma que se sometió al Padre siendo consustancial a Nuestro Criador por amor, no debió permitir que el cuerpo de la mujer que le dedicó muchos años de su vida y le concedió la existencia y una educación excelente muriera sin resucitarlo.

   3. Como el cuerpo de María fue un tabernáculo consagrado a Jesús, -es decir, como Nuestra Santa Madre permaneció virgen durante los años que se prolongó su vida-, entendemos que su pureza fue tenida en cuenta por Dios para que no sufriera la corrupción de su cuerpo.

   4. María no sólo asistió a la obra redentora de Jesús, sino que participó en la misma de una manera excepcional, ya que su Hijo amado fue asesinado y tenido por pecador, a pesar de que quienes le conocían, independientemente de que le amaran o le despreciaran, sabían perfectamente que Nuestro Señor fue un fiel ejemplo a imitar por todos sus discípulos.

   Los que no aceptan el dogma de la Asunción de Nuestra Señora al cielo, utilizan la Biblia, manipulando la misma, para echar por tierra los argumentos católicos a favor de esta verdad de fe, los cuales se apoyan en la misma Palabra de Dios, así pues, en el Evangelio de San Lucas, leemos (LC. 1, 26-28, y 41-42).

   Como algunos católicos sienten cierto recelo con respecto al Papa y a los Obispos, y no aceptan el dogma de la Asunción de María porque el mismo no aparece en la Biblia, y quizás no saben que ya a partir del siglo IV aparecieron ciertos evangelios apócrifos (no reconocidos por la Iglesia), en los que se hablaba de la Asunción de Nuestra Señora al cielo, estos pueden llegar a interpretar algunos textos bíblicos siguiendo las indicaciones de otras denominaciones cristianas, cuyos adeptos pretenden separarlos de nosotros.

   (HCH. 6, 8). Aunque es fácil distinguir a María Santísima del Diácono San Esteban, muchos argumentan contra el dogma de la Asunción de María que el citado mártir de la fe también estaba lleno de la gracia de Dios, y que la Biblia no dice del mismo por esta causa que fue ascendido al cielo. Estos hermanos de quienes muchos no han sido instruidos en conformidad con la fe católica en el conocimiento de la Biblia, ignoran que en las Sagradas Escrituras no se dice que Esteban participó en la redención de la humanidad ni mucho menos que fue padre de Jesús, así pues, en la Biblia se dice de este Santo que fue un Diácono ejemplar en la vivencia de su fe y en la realización de las actividades que le fueron encomendadas por Dios y los Apóstoles del Mesías.

   (JC. 5, 24). Entendemos que de Yael también se dice en la Biblia que fue bendita de Dios, pero en el texto sagrado no se le atribuyen las cualidades de Nuestra Señora, ni se afirma que esta mujer fue santificada por las causas que nos sirven a los católicos para aceptar como verdadero el dogma de la Asunción de María al cielo.

   (1 PE. 3, 18). Quienes afirman que Jesús fue resucitado con un cuerpo espiritual y no conciben la idea de que está sentado a la derecha del Padre en el cielo, según manifestamos al rezar el Credo para concienciarnos de  que Nuestro Señor intercede ante el Padre por nosotros, afirman que Cristo es un espíritu vivo, ya que en el citado versículo bíblico se dice -según ellos- del Mesías que el Señor resucitó, no como un ser espiritual, sino como un espíritu, es decir, interpretan la Biblia tal como mejor explicitan sus creencias. Cristo resucitó con un cuerpo espiritual, y , decir que está en el cielo sentado a la diestra del Padre, equivale a decir, que ocupa el lugar de honor que mereció, por redimir a la humanidad, así pues, al ser Dios, siempre fue Rey.

   (1 COR. 15, 50). Quienes creen que en el cielo vivirá un grupo selecto de humanos con cuerpo espiritual, los cuales serán cogobernantes con Cristo en el nuevo orden mundial que esperamos, utilizan el citado versículo paulino para decir que María no pudo ser asunta al cielo corporalmente, de manera que interpretan la Biblia tal como favorecen sus creencias, ignorando este otro texto de San Pablo: (1 COR. 15, 45-49).

   De la misma forma que somos partícipes de la naturaleza de Adán, el cual nos sumió en las miserias que caracterizan nuestra vida por la comisión del pecado de origen, seremos transfigurados y configurados según la imagen física y espiritual de Cristo Resucitado al final de los tiempos, así pues, María no sólo fue asunta al cielo por las razones expuestas al principio de esta meditación, pues ella había de ser Nuestra predecesora e intercesora ante el Padre, para pedirle que concluya la plena instauración del Reino mesiánico entre nosotros.

   Las denominaciones cristianas que proclaman constantemente a pesar de las veces que han fallado en sus profecías que el mundo está a punto de extinguirse, afirman que María no pudo ser asunta al cielo, pues ella, los Apóstoles y sus líderes religiosos no habrán de resucitar, hasta que ellos crean que se ha iniciado la cuenta atrás para que se acabe el mundo actual.

José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com

Dios ha bendecido a Nuestra Madre celestial. (Meditación para la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María Santísima. 8 de diciembre).

   Meditación.

   Dios ha bendecido a Nuestra Madre celestial.

    ¿Hacemos mal al venerar a María Santísima y a los Santos mirando sus imágenes?

   Muchos católicos tenéis la costumbre de tener en lugares en que la veis constantemente e incluso de llevar en la cartera una imagen de Nuestra Santa Madre. Yo, al carecer de visión, prefiero llevarla en el corazón, pues en mi interior puedo verla mejor que en las imágenes. Aunque el hecho de tener una imagen tanto de María, de Jesús o de cualquier Santo, es para nosotros una forma de demostrar que amamos a quienes representan dichas imágenes, muchos de nuestros hermanos en la fe no están realmente seguros de si nos está permitido tener imágenes, dado que, los predicadores de otras denominaciones cristianas, -los cuales tienen como meta principal destruir la Iglesia Católica-, les hacen creer que confundimos la veneración con la adoración, de manera que, si tenemos imágenes religiosas en casa debemos tirarlas inmediatamente, para que las mismas no sustituyan a Nuestro Padre común. Aunque muchos creyentes se niegan a tirar las imágenes dado que las mismas forman parte de sus vidas, algunos de ellos, aunque no se desprenden de las mismas porque las tales tienen un valor sentimental muy importante para ellos, se quedan con la duda de si hacen bien o mal con tener dichas imágenes en sus hogares. Aunque creo haber tratado este tema en escritos anteriores, y los religiosos y laicos conocedores de la Biblia lo conocéis perfectamente, permitidme tratarlo nuevamente, con el fin de que nuestros hermanos desconocedores, tanto de la Biblia como de la Iglesia, no piensen que hacen mal a la hora de venerar, tanto a María Santísima, como a los Santos, contemplando sus imágenes.

   En la Biblia se distinguen los ídolos (cuya adoración nos está prohibida porque los tales sustituyen al mismo Dios) y los adornos religiosos, cuya posesión, -como veremos más adelante-, no nos está prohibida en absoluto, pues tienen la misión de ayudarnos a crecer espiritualmente, ya que, quienes podéis ver, cuanto más perfecto es vuestro sentido de la vista, tenéis la posibilidad de adquirir el conocimiento de Dios a través de la oración, que surge tanto de la inspiración del Espíritu Santo, de quien San Pablo escribió el texto de ROM. 8, 26, como de vuestros fervorosos corazones, mientras contempláis las imágenes que representan a quienes tanto amor les manifestáis en vuestras oraciones.

   ¿Por qué se nos prohíbe en la Biblia que adoremos a los dioses falsos? En el tiempo que Moisés caminó con los hebreos por el desierto para conducirlos a la Tierra prometida, los dioses de los pueblos extranjeros, tenían forma de toros, leones y otros animales. Como dichas imágenes eran consideradas como dioses por quienes creían en las mismas, los hebreos las llamaban ídolos o dioses falsos. Aunque los adeptos de las religiones que adoraban las citadas imágenes consideraban que las tales estaban dotadas de poderes mágicos, en realidad, sólo representaban los bajos instintos de los hombres. A modo de ejemplo, el becerro de oro que Aarón -el hermano de Moisés- hizo en el capítulo 32 del Éxodo, dado que Moisés no bajaba del Sinaí, y sus hermanos de raza le dieron por muerto, simbolizaba la fuerza bruta de la naturaleza, y el poder sexual más allá de los límites morales. El oro de dicho ídolo representaba la ambición desmedida y el poder explotador de la riqueza, lo cual ha logrado que los ricos y fuertes exploten a los pobres y débiles, lo que significa que, el hombre, por sí mismo, sin solidarizarse con sus prójimos, y desechando al mismo Dios, ha pretendido usurparle al Altísimo el puesto que le corresponde a Nuestro Padre común.

   Nosotros, imitando a los hebreos que desobedecieron a Dios y se hicieron idólatras, también tenemos la opción de apartarnos de Nuestro Padre común, y de unirnos a dioses superfluos, tales como el dinero, la droga, el sexo sin amor, la dominación de nuestros prójimos, etcétera.

   En este momento se me puede decir: "Todo esto de los ídolos está muy bien y parece tener sentido, pero, ¿cómo se puede interpretar el siguiente texto (DT. 5, 8-9)? Muchos protestantes nos atacan con el citado texto, diciéndonos que, la prueba de que adoramos las imágenes, consiste en que oramos postrados ante las mismas, lo cual sólo debe hacerse ante Dios. No niego el hecho de que, desgraciadamente, muchos católicos, -sobre todo hermanos nuestros que no saben leer ni escribir-, aman más las imágenes que al mismo Dios, dado que no tienen ninguna representación de Nuestro Padre celestial para orar ante la misma. Muchos de tales hermanos piensan que las imágenes son poseedoras de poderes mágicos, pero es preciso corregir a los tales, teniendo cuidado de tratarles con la mayor amabilidad posible, para no exterminar de sus corazones la fe que tienen. Al sacar los citados versículos y otros tantos textos bíblicos del contexto general de las Sagradas Escrituras, es fácil engañar a quienes no distinguen entre los falsos ídolos y los adornos religiosos, así pues, en el Éxodo, leemos que Dios le dijo a Moisés, las palabras que podemos leer en ÉX. 25, 17-20.

   Si los dos querubines colocados en el lugar del perdón de la parte más importante del Tabernáculo (templo portátil) hubieran sido ídolos, ¿qué sentido hubiera tenido el hecho de que el mismo Dios hubiera dado la orden de construirlos?

   ¿Tiene sentido el hecho de que Dios hubiera permitido la instalación de dos dioses falsos en el lugar en que habría de manifestársele a su Profeta Moisés?

   Veamos un texto que nos informa de que en el mismo Templo de Jerusalén había imágenes religiosas (SAL. 74, 4-6).

   Vemos que el hecho de tener imágenes en casa no es malo en absoluto, pero, el desconocimiento de la Biblia en su conjunto sí que puede ser muy perjudicial para los católicos que no tienen una Biblia en casa en la que se relacionan unos textos con otros, y se dejan engañar por creyentes de otras denominaciones  cristianas que, bien por su desconocimiento de la Palabra de Dios, o bien por su deseo de destruir la Iglesia Católica, pretenden hacerles perder la fe. Los catecúmenos deben cuidarse de no caer en la trampa de quienes les dicen: "Mirad en vuestras Biblias católicas textos como los que os enseñamos de las nuestras, y veréis que son idénticos a los que aparecen en nuestras Biblias, así pues, la Iglesia manipula la Palabra de Dios conscientemente en su beneficio y en perjuicio de sus creyentes", pues los tales no relacionan unos textos con otros, por lo cual, al no interpretar la Biblia en su conjunto, no diferencian la idolatría de la veneración, y, si tienen muy malas ideas, pueden decir que los citados querubines bíblicos eran imágenes religiosas, pero que, las imágenes nuestras, son ídolos que es necesario rechazar.

   Cuando yo tenía once años, murió mi hermana Lucía, víctima de una parálisis cerebral y de otras enfermedades, con tan sólo siete años. Un día en que mi madre tenía una fotografía de Lucía en sus manos en un lugar público, una señora que no conocía todo lo que habíamos pasado en mi familia, le preguntó a mi madre: "¿Qué le pasa a esa niña que tiene la cabeza medio baja y esa cara de idiota?". La verdad es que, tanto a mi madre como a mí, nos sentó muy mal aquella pregunta. Os cuento esto para que pensemos  que las imágenes religiosas son fotografías, no dioses falsos.

   Por cierto, quienes tienen la costumbre de orar arrodillados ante las imágenes de los Santos, no adoran a quienes representan las imágenes -salvo excepciones muy difíciles de localizar-, pues les suplican a los mismos que intercedan ante la Santísima Trinidad por ellos.

   ¿Queréis ver lo que sucede si interpretamos la Biblia fuera de su contexto general? Al final del SAL. 10, 4, se pone en boca de los carentes de devoción esta frase: "No hay Dios". Por supuesto que entendemos que llegar a esta conclusión es sacar el citado texto de su contexto, pero, muchos católicos, carentes, tanto de sagacidad, como de conocimientos bíblicos, caen en la trampa del protestantismo.

José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com

¿Qué se dice en la Biblia de los magos y de la adivinación en general? (Meditación para la fiesta de la Epifanía del Señor).

   Meditación.

   ¿Qué se dice en la Biblia de los magos y de la adivinación en general?

   1. Los magos.

   En la Biblia se nos habla de los magos, a quienes, si en la antigüedad muchos los tenían por sabios, (yiddeoni se traduce como sabio), los tales trabajaban el terreno de la adivinación. En el primer Isaías, con tal de que comprendamos el poder persuasivo de los tales, se nos dice: (IS. 8, 19).

   Aunque el terreno de la adivinación aparenta ser prometedor, para quienes creen que les sería positivo el hecho de conocer su futuro, a muchos de los tales no les queda otro remedio que comprobar que ello es un engaño muy peligroso, en el sentido de que paraliza las vidas de quienes creen que sólo han nacido para sufrir, y evita que muchos que pueden hacer el bien hagan lo que deben hacer, dado que, para parte de los defensores de la New Age, hasta el suicidio es positivo. Es esta la razón por la que, la Biblia, -la Palabra de Dios-, nos dice: (DT. 18, 9-14).

   Sabemos que Dios no nos prohíbe pecar por simple capricho, sino porque sabe que el hecho de no cumplir su voluntad acaba perjudicándonos, porque, según San Juan, "el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor" (1 JN. 4, 8).

   Desde el punto de vista religioso, la adivinación es idolátrica, porque, quienes la practican, depositan su confianza en espíritus que no están relacionados con Dios, así pues, San Pablo, nos dice: (EF. 5, 16-17).

   Dado que muchos estamos acostumbrados a vivir en países en los que podemos tener muchos bienes, por lo que, en consecuencia, podemos resolver muchos problemas sin apenas realizar ningún esfuerzo, hemos caído en la trampa de olvidar que, si queremos superarnos en la vida, necesitamos aprender a ser luchadores incansables. Dado que no podemos ver a Dios cara a cara, y somos impacientes a la hora de esperar la llegada de la resolución de nuestras dificultades, puede sernos fácil caer en la tentación de contratar los servicios de algún adivino, que no nos diga lo  que nos va a suceder en el futuro, sino lo que queremos escuchar, con tal de que el mismo nos devuelva la serenidad. Es preciso que recordemos que, tanto los judíos justos del pasado como muchos buenos cristianos, han tenido que sufrir mucho por causa de la profesión de su fe, así pues, aunque cueste creerlo, aún en nuestros días son crucificados algunos seguidores de Jesús. Los cristianos seremos capaces de soportar cualquier dificultad que nos sobrevenga, si le pedimos a Dios que nos colme de los dones y frutos de su Santo Espíritu, y creemos que vamos a ser ayudados.

   2. Los Magos de Oriente.

   Si Dios no está de acuerdo con la práctica de la magia, ¿por qué se sirvió de los astrólogos orientales, para simbolizar que el Evangelio, no sólo incumbe a los judíos, sino que es una doctrina universal? Aunque Nuestro Santo Padre no está relacionado con el pecado, tiene suficiente amor y paciencia con nosotros, como para manifestársenos, aprovechándose de las realidades que caracterizan nuestras vidas, así pues, Yahveh se valió de la creencia de que los grandes personajes tenían una estrella a través de la cuál se podía adivinar el futuro de los mismos, para hacer que dichos Magos emprendieran su viaje, en pos de la estrella de Belén, para conocer, al Rey de Israel, en persona.

   No podemos determinar el número de los Magos orientales teniendo en cuenta los presentes que le ofrecieron a Nuestro Salvador, dado que dichos dones tenían significados simbólicos, así pues, el oro era símbolo de magnificencia, el incienso era el símbolo de la Divinidad, y, la mirra, con que los orientales embalsamaban a sus difuntos, era una especie de anuncio de la Pasión y muerte del Mesías.

   ¿Eran Reyes los citados Magos, como muchos creen? Según los siguientes textos bíblicos, no lo eran (SAL. 68, 29-32; IS. 49, 7. 60, 1-10). En los textos anteriores, hemos visto que los Reyes de la tierra adorarán a Jesús, el gran Rey, por lo que deducimos que los Magos de Oriente, no eran Reyes, en el sentido de que los tales eran inferiores al Mesías.

   No seamos como los habitantes de Jerusalén, que, en lugar de alegrarse al pensar que había llegado el tiempo de que naciera su Redentor, temieron las consecuencias que ello tendría, si el poder romano se sentía provocado por un nuevo líder sedicioso. Recordemos los valores que caracterizan la Navidad tales como el amor y la comprensión, y hagamos que los tales formen parte de nuestras vidas durante todo el año.

José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com