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Los bienaventurados. (Meditación para el Domingo VI del Tiempo Ordinario del Ciclo C).

   Meditación.

   Los bienaventurados.

   Aunque San Mateo nos ofrece un estudio muy pormenorizado de las bienaventuranzas en su evangelio, San Lucas, en su primera obra, nos da la oportunidad de saber quiénes pueden ser bienaventurados, al mismo tiempo que nos inculca el deseo de ser fieles seguidores de Jesús. Para estudiar las bienaventuranzas, podemos partir de la idea de que dios nos ama a todos, así pues, cuando Jesús nos dice que nuestro Padre común siente una predilección especial por los que sufren, ello no significa que hemos de ser pobres y que hemos de estar marcados por el sufrimiento para conseguir ser el objeto del amor de nuestro Criador, sino que nuestro Padre común se compadece de quienes sufren por cualquier causa. El cantante Julio Iglesias canta en una de sus canciones que en el mundo todos bailamos al son que se nos marca, y que no nos ocupamos de quienes se caen al soltarse de nuestras manos. Si tenemos la necesidad de aspirar a conseguir bienes recorriendo caminos difíciles, no olvidamos nunca que nuestro mayor deseo consiste en vivir en la presencia de nuestro Padre y Dios. Todos podemos buscar a Dios recorriendo el camino del crecimiento espiritual teniendo en cuenta nuestro estado actual, nuestras relaciones con nuestros familiares, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo, nuestros amigos de las comunidades religiosas físicas y/o virtuales de las que formamos parte... Tenemos muchas oportunidades para acercarnos a nuestro Padre común, pero hemos de tener muy presentes en nuestras oraciones a quienes sólo cuentan con su dolor e impotencia para dirigirse a nuestro Creador. Ellos necesitan de nuestras oraciones porque precisan ser amados, ya que no podrán superar su estado adverso sin ser ayudados por nuestro criador a vencer la acritud que forma parte de su vida, y porque necesitan de nuestra caridad para que Dios se les manifieste demostrándoles que es misericordioso con ellos por nuestro medio.

   San Lucas nos dice en su primera bienaventuranza: (LC. 6, 20B).

   San Lucas nos dice que todos los que sufren por alguna causa, en atención al dolor que caracteriza su existencia mortal, son coherederos del Reino de Dios. San Mateo concreta más la citada bienaventuranza en su obra, afirmando que Jesús les dijo a sus oyentes en el monte Tabor: (MT. 5, 3).

   Si muchos hermanos nuestros que están marcados por el sufrimiento han aprendido guiados por el espíritu santo a utilizar su dolor como medio para vivir en la presencia de nuestro Padre común, hemos de recordar a quienes, además de no tener fe en nuestro creador, odian su estado actual, e incluso desestiman su vida, porque, lejos de Dios, las miserias que caracterizan nuestra existencia, carecen de sentido. Sólo Dios sabe por qué no puedo ver las imágenes que muchos de mis amigos y lectores me enviáis en reconocimiento al esfuerzo que realizo al dirigirme a vosotros todas las semanas por este medio; sólo nuestro Padre común sabe lo que sufren las madres que ven cómo sus hijos adolescentes se dirigen al precipicio de los vicios y no pueden hacer nada para impedirlo; sólo nuestro Padre común conoce la fe que les es necesaria a quienes tienen a uno e incluso a varios familiares enfermos, y lo único que pueden hacer es verles sufrir hasta que mueren sin poder hacer nada para consolarlos... Oremos por nuestros hermanos que están marcados por el sufrimiento. Yo quisiera pediros que penséis en la posibilidad de establecer contacto con quienes tienen carencias materiales y espirituales, pues ello constituye una experiencia muy bella, tanto para quienes son caritativos con quienes sufren, como para quienes obtienen fuerzas renovadas para seguir luchando, después de comprobar que no están desamparados en el mundo, pues tienen medios para mejorar su vida en todos los aspectos y hermanos en la fe que están dispuestos a atenderlos en algunas de sus necesidades.

   Jesús alaba a quienes tienen la necesidad de trabajar para alimentarse a sí mismos y a sus familiares, especialmente cuando los tales, aunque realicen grandes esfuerzos para sobrevivir, sólo encuentren puertas cerradas en su camino, las cuales les impidan obtener los bienes que necesitan para sacar adelante a sus familiares. San Pablo les escribió a los corintios: (1 COR. 1, 25-30).

   Santiago escribió: (ST: 2, 5-8).

   Para vivir el espíritu de las bienaventuranzas, nos es imprescindible conocer el significado de la primera lectura correspondiente a la Eucaristía que estamos celebrando (JER: 17, 5. 7).

   Los católicos sabemos que cuando se nos dice que son malditos quienes no creen en Dios, se hace alusión a la diferencia existente entre nuestra vida y la existencia de quienes carecen de fe en nuestro Padre común. Nosotros sabemos que tenemos que confiar en nuestro Padre común plenamente si queremos ser cristianos practicantes. Os digo esto porque he interrogado a una persona que no cree en nuestro Criador a través de un servicio de Chat, y me ha dicho que si escuchara las citadas palabras de Jeremías en una congregación cristiana, tendría la sensación de estar entre los partidarios de una secta bastante peligrosa. Nosotros nos esforzamos mucho para aprender la gran lección que encierran las citadas palabras del autor de las Lamentaciones, así pues, nunca creemos que nuestra conversión es completa, porque no alardeamos de nuestra constancia a la hora de profesar nuestra fe, y porque puede sobrevenirnos alguna circunstancia por cuya vivencia se tambalee el edificio de nuestras creencias. Hace varios días tuve la oportunidad de hablar con uno de mis mejores amigos, el cual me dijo que le pide todos los días a Dios que le conceda una dádiva que le haría muy feliz. Mi amigo lleva mucho tiempo pidiéndole dicho favor a dios, e incluso piensa que, por causa de ciertas circunstancias, es posible que nuestro Padre celestial no le conceda lo que él le pide diariamente. Yo le dije a mi amigo que mientras nuestra vida es muy limitada ya que vivimos sujetos a las experiencias que nos proporcionan las décadas tan cortas que vivimos en este mundo, nuestro Creador dispone de la eternidad para hacer lo que debe hacer bien hecho.

   Cuando éramos niños deseábamos jugar más rato del que se nos permitía, dado que teníamos que estudiar y ayudar a nuestros padres a realizar ciertas actividades hogareñas. Quizá tuvimos en los años de la adolescencia el deseo de independizarnos de nuestros padres, especialmente si ellos no estaban de acuerdo con algunas de las cosas que queríamos hacer. Quienes desearon ser religiosos se prepararon fervientemente a servir a nuestro Padre del cielo. Quienes conocieron a sus cónyuges, trabajaron duramente para constituir sus familias. La vida avanza y mientras que tenemos deseos de seguir alcanzando metas ello significa que tenemos ganas de vivir, así pues, cuando creemos que no tenemos nada que hacer en este mundo porque hemos vivido el tiempo que teníamos que vivir, empezamos a tener problemas que necesitan ser tratados por un psicólogo. Los cristianos no olvidamos que todo lo que nos sucede en nuestra vida está encaminado a nuestra salvación.

   Concluyamos esta meditación pidiéndole a nuestra Santa Madre que interceda por nosotros ante nuestro Abba, para que Él nos ayude a ser esos pobres espirituales de los que san Mateo nos habla en su Evangelio, las almas sencillas que viven de Dios, en Dios, y para Dios. Amén.

joseportilloperez@gmail.com

¿Hace Dios milagros en nuestra vida? (Meditación de la primera lectura del Domingo XXXII del Tiempo Ordinario del Ciclo B).

   Meditación.

   La fe y la esperanza cristianas se demuestran sirviendo a Dios en sus hijos.

   ¿Hace Dios milagros en nuestra vida?

   Meditación de 1 RE. 17, 10-16.

   Elías fue uno de los muchos profetas que Dios envió a su pueblo, con el fin de que sus creyentes no adoraran  divinidades paganas, y no se separaran de Yahveh. Los reyes del Norte fueron malvados, e hicieron que el pueblo adorara a divinidades extranjeras. Esta conducta de los reyes norteños, impulsó a la mayoría de los sacerdotes levitas a emigrar a Judea, con tal de permanecerle fieles a Yahveh. Los sacerdotes que los reyes designaron para que sustituyeran a los levitas, eran corruptos e ineficaces, para servir a Dios, ya que su trabajo dependía de la sumisión a quienes les concedieron los cargos que ocupaban, y no de la libre y consciente profesión de su fe.

   Dado que la corrupción malogró el cumplimiento de la misión de reyes tanto del Norte como del Sur de Israel, Dios se sirvió de muchos profetas, asignándoles la misión de animar a sus creyentes, para que no perdieran la fe en Yahveh, y para que no hicieran el mal, que caracterizaba la vida de sus superiores político-religiosos. Durante unos trescientos años, los profetas intentaron impedir la decadencia espiritual y moral, que afectaba, tanto a muchos reyes y sacerdotes, como a gente del pueblo.

   Los adoradores de Baal confiaban en que su deidad haría llover para que sus cosechas fuesen abundantes. Elías, -por causa de su fe y su acercamiento a Dios-, hizo que una larga sequía azotara a su país, con tal de que, los adeptos de Baal, comprobaran que su dios no era más que una mera invención humana, y para conseguir que se dieran cuenta, de que estaban despreciando al único Dios existente.

   ¿De qué le servían al rey Acab su fuerte defensa militar y sus muchos sacerdotes baalitas, si no podía conseguir que lloviera?

   ¿Actuamos como el rey Acab, cifrando nuestra esperanza en las personas y bienes que nos separan de Nuestro Padre común?

   Elías confrontó a Acab con gran valentía. Hasta que Acab no volviera a creer ciegamente en Yahveh, no terminaría la sequía que asolaba su reinado.

   Quizás culpamos a Dios de ser el responsable de las circunstancias que nos impiden ser felices, pero, ¿nos volvemos a Él para conocer su Palabra, y comprobar qué nos dice por medio de la misma, para que podamos superar nuestras frustraciones, y seamos capaces de sobrevivir con las dificultades que, aunque no podremos superarlas, nos ayudarán a ser purificados y santificados?

   Dios se manifestó en Israel, a pesar de la rebeldía y las herejías de su pueblo. No pensemos que Dios no se nos manifestará porque en nuestro entorno hay poca gente que lo acepta. Dios sabe cuándo debe actuar, y a nosotros nos corresponde creer esta realidad, para no perder la fe, y gozarnos cuando Nuestro Padre común, venga a nuestro encuentro.

   En un país en que los profetas habían de ser cuidados por ser mensajeros de Dios, Elías, -el profeta que humilló a los seguidores de Baal, demostrándoles que su dios era falso, y mandó asesinar a sus cuatrocientos cincuenta profetas-, tuvo que ser alimentado milagrosamente por cuervos, y por una pobre viuda pagana. El profeta que tendría que haber sido tratado honoríficamente por haber desenmascarado a los adeptos de un dios falso, se convirtió en un proscrito, y así fue como aprendió, a fiarse plenamente de Dios, en medio de sus sufrimientos. Dios nos socorre cuando tenemos que afrontar y confrontar dificultades, aunque a veces actúa de una forma diferente a como lo haríamos nosotros, pero lo importante en esos casos, es que nos ayuda a seguir viviendo dignamente.

   ¿Cómo podía aquella viuda pobre darle al profeta la comida que tenía para su hijo y para ella? Después de comer por última vez, aquella mujer tenía pensado abrazar a su hijo, y esperar la llegada de la muerte. Los dos iban a sufrir la impotencia de no poder hacer nada para sobrevivir, se iban a enfrentar a los dolores que produce el hambre para ser vencidos, e iban a saborear macabramente sus últimas horas de vida. Si la pobre viuda le daba su comida al profeta, apresuraría el fin que tanto temía. El simple acto de fe de alimentar al profeta antes de comer la viuda con su hijo, produjo el milagro de que Dios les garantizara la supervivencia a ambos, mientras se prolongó la sequía.

   Muchas veces le pedimos dones a Dios, y queremos ser beneficiados sin hacer nada, de tal manera que, no nos damos cuenta, de que, antes de ser el objeto de los milagros divinos, necesitamos demostrarle a Dios, que tenemos fe en Él.

   Cuanto mayor sea nuestra fe, más cerca nos sentiremos de Dios. Quizás manifestamos nuestra fe dando pequeñas limosnas o rezando en ciertas ocasiones, pero la viuda que procedía de la tierra de Jezabel, -la reina que desencadenó la persecución contra Elías-, puso en las manos del profeta todo lo que tenía, y Dios la premió por ello.

   Nuestros problemas probablemente no se solucionarán, hasta que demos un paso de fe, después de pedirle a Dios, el milagro que necesitamos. Dios nos conduce por caminos que no son los nuestros, pero son los suyos (IS. 55, 8).

   Dios no nos concede milagros para que nos amoldemos a un estado de vida satisfactorio y dejemos de crecer espiritualmente, pues lo hace para que seamos capaces de afrontar y confrontar, situaciones más difíciles, que las que nos ayuda a superar en la actualidad.

José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com

¿Cuál es nuestra mayor riqueza? (Meditación del Evangelio del Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario del Ciclo B).

   Meditación.

   3. ¿Cuál es nuestra mayor riqueza?

   Meditación de MC. 10, 17-30.

   1. El joven rico.

   (MC. 10, 17). San Marcos nos presenta en el Evangelio de hoy, a un joven que corrió a interrogar a Jesús, y se arrodilló delante de Nuestro Salvador, indicando que lo consideraba como un afamado intérprete de la Ley, o como un gran profeta.

   ¿Tenemos la costumbre de orar?

   ¿Le transmitimos a Dios cuando oramos el amor, la confianza y el respeto que nos inspira?

   El joven rico corrió a interrogar a Jesús, demostrando que tenía un gran interés en ser uno de los mejores seguidores del Señor, aunque, cuando se percató de que para Nuestro Redentor las riquezas espirituales son más trascendentales que las materiales, cambió radicalmente de opinión. Quizás nos sucede que, al terminar la Semana Santa, o al hacer unos ejercicios espirituales, sentimos un enorme deseo de ser cristianos practicantes, el cual, cuando volvemos a realizar nuestras actividades ordinarias, se debilita rápidamente, e incluso puede llegar a extinguirse. Dios nos ama, y, aunque este hecho puede llenarnos de alegría, no olvidemos que no es fácil para nosotros ser cristianos. Las dificultades que vivimos tienen la misión de proporcionarnos la oportunidad de que seamos seguidores de Jesús veraces, capacitados para asumir cada día un mayor compromiso de servicio a Dios en sus hijos, según se nos acrecienta la fe que tenemos.

   el joven le preguntó a Jesús: "¿Qué haré para heredar la vida eterna?". Si fuéramos nosotros quienes interrogáramos al Señor, le preguntaríamos por todos los aspectos relacionados con nuestra vida, y quizás también estaríamos interesados en la salvación de nuestra alma. El joven rico parecía estar interesado exclusivamente en la vida eterna, lo cual parecía dar a entender que tenía una fe ejemplar, pero, al seguir analizando el texto evangélico que estamos considerando, nos percataremos de que tal fe no poseía la plenitud que aparentemente se deduce de la misma, pues el joven era lo suficientemente rico como para tener cubiertas sus necesidades vitales, hasta el punto de llegar a considerar que solo tenía que preocuparse de su crecimiento espiritual, ya que, a nivel material, no le faltaba absolutamente nada.

   Quizás el joven rico cumplía la Ley, pero no lo hacía porque amaba a Dios, sino porque tenía la mentalidad de los fariseos, que no cumplían la Ley porque amaban a Yahveh, sino porque, según su forma de pensar, su amistad con el Altísimo, se medía en conformidad con la puntualidad con que cumplían los preceptos legales.

   Me gusta ver la vida como una competencia, en que tenemos que superar a un gran rival que nos pone muchos obstáculos en el camino, para que no podamos desarrollarnos. el citado adversario somos nosotros, cuando nos rendimos ante las dificultades que tenemos sin esforzarnos en superarlas. Todos tenemos dificultades que vencer a lo largo de los años que vivimos. Mientras que unos hemos tenido que esforzarnos en crecer a los niveles espiritual y material al mismo tiempo, otros, que no tienen carencias materiales, -e incluso les sobran el dinero y los bienes-, no han cultivado la espiritualidad, e incluso se sienten necesitados de afecto humano, porque se han preocupado tanto de conseguir riquezas materiales, que han pasado por alto la posibilidad de ganarse el amor de sus familiares, y carecen de amigos.

   (MC. 10, 18). Nadie es plenamente bueno en el sentido de que nuestro crecimiento no es pleno en la actualidad, sino Nuestro Dios Uno y Trino. Al llamar el joven rico a Jesús "Maestro bueno", le estaba llamando Dios. Aunque Jesús es Dios, sabiendo que su interlocutor lo consideraba un gran legista o profeta, le dijo que no lo llamara bueno, pues, como el joven no sabía que Jesús es Dios, el Señor quería ser visto por él como uno de sus creyentes, como un hombre necesitado de seguir creciendo espiritualmente, para animarlo con tal que fuera su seguidor, invitándolo a perfeccionar su conocimiento del Padre, conviviendo los dos juntos.

   En la Profecía de Isaías, leemos con respecto al Siervo de Yahveh: (IS. 50, 4-5). Jesús, -el Siervo de Yahveh-, predicó el Evangelio con lengua de discípulo, -es decir, Jesús predicó la Buena Noticia de nuestra salvación en términos comprensibles para sus oyentes y los creyentes de todos los tiempos-, para hacernos asequible la comprensión de los misterios divinos, y para demostrarnos que Nuestro Santo Padre nos ama inmensamente.

   Dado que los judíos acostumbraban rezar por la mañana, Jesús pasaba noches enteras en oración, y así amanecía dispuesto a seguir acatando el cumplimiento de la voluntad del Padre en su vida y en la humanidad.

   ¿Nos resistimos al Señor cuando quiere abrirnos el oído para penetrar nuestro corazón con su Palabra, que es la espada que llega a nuestro interior, para cortar el mal de raíz de nuestra vida, a fin de que todo lo bueno que nos caracteriza se multiplique? (HB. 4, 12).

   ¿Nos hacemos atrás cuando el Señor nos invita a vivir en la presencia de Nuestro Santo Padre? (LC. 9, 61-62).

   Dado que quienes aran la tierra tienen que estar pendientes de la profundidad con que hacen los surcos, no pueden mirar atrás. La excusa que el personaje de que nos habla San Luca en los versículos de su Evangelio que estamos considerando brevemente de despedirse de su familia antes de seguir a Jesús, representa las excusas que nosotros podemos tener, para no vivir como cristianos auténticos. Los estudios, las diversiones, el trabajo, el cuidado de los padres mayores, y otros asuntos, pueden impedirnos desarrollarnos como cristianos, si no queremos vivirlos haciéndolos dependientes de la fe que nos caracteriza, la cual, en vez de instarnos a olvidar los mismos como creen que sucede quienes nos consideran fanáticos religiosos, nos hace vivirlos plenamente, dando lo mejor que tenemos, en cada situación que vivimos.

   ¿Quienes tenemos conocimientos bíblicos, ¿somos capaces de exponerlos ante quienes no conocen la Palabra de Dios, de una forma clara para que los comprendan, y tomen la decisión de profesar la fe que nos caracteriza?

   (MC. 10, 19-20). El joven rico le dijo a Jesús que cumplió cabalmente los Mandamientos de la Ley, y que quería hacer algo que le ayudara más y mejor a crecer espiritualmente. Quizás a algunos de nosotros nos sucede lo mismo que al joven rico, pues estamos acostumbrados a observar ciertas prácticas religiosas desde que éramos niños, no hemos matado a nadie, no hemos robado, no les hemos sido infieles a nuestros cónyuges... Frecuentemente recibo cartas de hermanos que me piden que les recomiende libros de lectura religiosos, porque afirman que están cansados de leer los Evangelios, pues dicen que casi se los saben de memoria. Yo respondo esos correos preguntándoles a dichos hermanos si aplican el mensaje evangélico a su vida si es verdad que se lo saben, porque, el joven rico, alardeando de que para él el cumplimiento de los Mandamientos de la Ley era cosa de niños, cuando estuvo ante la posibilidad de seguir a Jesús, cambiando la seguridad que le aportaban las riquezas materiales, por la seguridad que le aportaba la posibilidad de sentirse amado y consecuentemente protegido por Dios, se llevó una gran decepción, porque esperaba de Jesús que le ordenara rezar más de lo que lo hacía, que diera alguna limosna más de las que daba, y otras cosas que no supusieran recibir un golpe donde más le dolía.

   En los Hechos de los Apóstoles, leemos que Saulo de Tarso cayó en tierra cuando se le apareció Jesús cuando se dirigía a Damasco a encarcelar a los cristianos, lo cual indica que el Señor lo vació de sus convicciones, para adaptarlo al cumplimiento de la voluntad del Padre, y de la misión que le encomendó, de evangelizar a los paganos. En los Evangelios, en los relatos de las negaciones a Jesús de San Pedro, se nos da la clave para comprender la razón por la que dicho Apóstol del Señor tuvo que aprender a confiar más en Dios que en sí mismo.

   ¿Quién puede abrazar plenamente la fe que profesamos, sin hacer una gran renuncia, que puede ser percibida como un enorme sacrificio? No creamos nunca que nuestra fe es completa, ni que el cumplimiento de alguna prescripción religiosa es muy fácil para nosotros, para evitar llevarnos una gran decepción, ya sea de Dios, o de nosotros mismos, como le sucedió al joven rico.

   (MC. 10, 21-22). Aunque Jesús sabía que el joven rico nunca llegaría a ser su seguidor, lo miró con amor sincero, indicándonos que hagamos lo propio, cuando estemos ante quienes no quieran aceptar nuestras creencias. Recuerdo una anécdota que me contó una señora hace bastantes años. Un día en que le estaba enseñando a su hija que no se debe mentir, sonó el teléfono de su casa. La niña descolgó el auricular del teléfono, y cuando le dijo a la madre que la llamada era para ella, le preguntó quién la llamaba. Cuando la pequeña le dijo el nombre de una de sus amigas con quien no quería hablar, le respondió rápidamente: Dile que no estoy.

   Si predicamos que debemos amar a toda la humanidad, y no soportamos a quienes contradicen nuestras ideas, ¿será creíble el mensaje que pretendemos difundir?

   el joven rico quiso saber lo que necesitaba conocer para alcanzar la perfección, y Jesús le dijo que debía renunciar a sus riquezas, y como la riqueza material afectaba su vida hasta el punto de entorpecer su crecimiento espiritual, se le hizo necesario vender sus bienes y darles el dinero obtenido a los pobres, con tal de mejorar su relación con Dios y, consiguientemente, con sus hermanos los hombres.

   ¿Estamos dispuestos a renunciar a nuestro hombre viejo para llegar a unirnos a Dios hasta llegar a hablar de nosotros, porque no existe nadie ni nada que nos pueda separar de Él?

   Si Dios nos amara superficialmente, no nos pediría que nos perfeccionemos para ser dignos de vivir en su presencia. Los padres que aman a sus hijos superficialmente, no hacen hincapié en que estudien o encuentren la manera de buscar un trabajo que los haga autónomos y los disponga a superar cualquier dificultad que puedan tener. El amor profundo y sincero dice la verdad, pues, aunque la misma sea dolorosa, el hecho de conocerla, siempre nos aporta beneficios, aunque, antes de experimentar los mismos, tengamos que superar el dolor que nos servirá de pórtico para vivir la gloria de Dios.

   Jesús miró al joven rico -nos dice San Marcos en el Evangelio de hoy-, y le amó.

   ¿Nos sentimos amados por Dios en nuestras dificultades, o captamos la mirada de Nuestro Santo Padre como la de un espía que acecha nuestro defecto más insignificante para enviarnos al infierno?

   Jesús le dijo al joven rico: Una cosa te falta para ser perfecto.

   ¿Qué nos falta para alcanzar la perfección que Dios quiere para nosotros?

   Venzamos nuestros defectos, empezando por el más insignificante, y así iremos superándonos a nosotros mismos, a medida que gradualmente venzamos defectos más difíciles de superar.

   Cuando hayamos superado nuestro defecto dominante, según nos dejemos purificar y santificar por Dios, estaremos dispuestos a recibir el tesoro que nos ah sido reservado en el cielo, en conformidad con la disposición con que llevemos con dignidad la cruz que nos sirve de medio para superarnos a nosotros mismos, pues somos nuestros mayores rivales.

   Jesús le pidió al joven rico que vendiera sus posesiones, porque las mismas obstaculizaban su crecimiento espiritual. No debemos entender bajo ninguna circunstancia que Jesús nos exige que vendamos nuestras posesiones, pues, lo que nos pide, es que las administremos de manera que no tengamos carencias, y tampoco dejemos sin atender a quienes necesitan de nuestros bienes, para no vivir bajo el umbral de la pobreza.

   Pensemos si el dinero es nuestro servidor, o si es nuestro amo.

   ¿Trabajamos para vivir, o vivimos para trabajar?

   2. La fe, la riqueza y el egoísmo.

(MC. 10, 23). Hay ricos que tienen plenamente cubiertas sus necesidades, y también tienen garantizado el cumplimiento de todos sus deseos relacionados con la consecución de bienes terrenos. Tales ricos no pueden crecer espiritualmente con ninguna facilidad, porque confían más en sus posesiones que en Dios. Esta misma situación también la viven quienes, aunque no son ricos, consagran su vida a la consecución de bienes materiales, aunque ello sea muy difícil para los tales.

   Cuando muchos que tienen dinero pierden algún bien que es muy importante para ellos, o se sienten vacíos interiormente por causa de la muerte de un familiar u otra situación dolorosa, intentan deshacerse de su tristeza, por medio de la adquisición de más bienes de los que tienen. No necesitamos ser ricos para huir de nuestros problemas alcoholizándonos, viendo TV., o comprando cosas que nos gusten o, aunque carezcan de importancia para nosotros, nos eviten pensar en los problemas que no queremos -o no podemos- resolver.

   La abundancia de bienes, el disfrute excesivo de los placeres mundanos, y la invención de una realidad superflua que enmascara una situación dolorosa ante los demás, son medios que agravan los problemas que tenemos y retrasan la solución de los mismos, creándonos dificultades, tanto a corto como a medio y largo plazo.

   ¿De qué nos sirve la ambición excesiva de alcanzar riquezas, si carecemos de afecto humano, y estamos expuestos a sufrir las consecuencias de vivir aislados, a no ser que estemos preparados para que ello no nos aporte grandes dosis de sufrimiento? (MT. 16, 24-26).

   (MC. 10, 24-26). Los judíos creían que las riquezas y la buena salud eran bendiciones de Dios merecidas por quienes cumplían puntualmente su Ley, y que, la pobreza y las enfermedades, caracterizaban a quienes merecían ser castigados, por incumplir los preceptos divinos. Esta es la razón por la que los discípulos de Jesús, pensaron, cuando escucharon las citadas palabras de Nuestro Maestro y Señor: Si para los ricos prácticamente es imposible salvarse, ¿qué esperanza tenemos los pobres de vivir en la presencia de Dios aunque sea en la actualidad, si no terminamos de pagar nuestras culpas?

   Aunque en nuestro tiempo hay denominaciones cristianas que siguen defendiendo la citada creencia de los judíos de que las riquezas simbolizan la religiosidad de quienes las poseen, lo cierto es que hay creyentes muy ricos, y creyentes extremadamente pobres. Las riquezas que podamos tener, no significan que tenemos fe en Dios, ni que nos es indiferente su existencia.

   3. ¿Qué recompensa merecemos quienes intentamos vivir como cristianos practicantes por nuestra predicación y las buenas obras que realizamos?

   (MC. 10, 27-30). Jesús les dijo a sus discípulos que, quienes inviertan algo de valor en su causa, serán recompensados cien veces más en este mundo, aunque no necesariamente recibiendo lo mismo que den. A modo de ejemplo, quienes se han separado de sus familiares porque los mismos no les permitían ser cristianos, han recibido muchos más hermanos y madres que a los que renunciaron, aunque los mismos no son carnales, sino, espirituales.

   Aunque Dios recompensa a sus creyentes por servirle en sus hijos los hombres, no debemos olvidar que podemos ser víctimas de persecuciones. En el caso de que ello nos suceda, oremos para que nunca se deba a nuestra conducta inadecuada, sino al rechazo que muchos sienten con respecto a Dios.

   Jesús se valió de la realidad de la persecución, para que nadie lo siga teniendo en mente la consecución de recompensas materiales. No todos los cristianos tenemos que vivir persecuciones a muerte necesariamente.

   Concluyamos esta serie de tres estudios bíblicos, pidiéndole a Nuestro Padre común, que nos ayude a entender que, el Dios Uno y Trino, es nuestra mayor riqueza.

José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com

¿está o no está Dios con nosotros? (Meditación de la primera lectura del Domingo III de Cuaresma del Ciclo A).

   Meditación.

   1. ¿Está o no está Dios con nosotros?

   Meditación de ÉX. 17, 1-7.

   en el texto del segundo volumen bíblico que estamos considerando, vemos que una vez más los hebreos emprendieron su marcha por orden de Dios, y que les faltó el agua. El hecho de creer en Dios no significa que nuestras dificultades se van a resolver mágicamente, sino que aprenderemos a sobrevivir a las mismas, tal como lo haría el Señor, si viviera nuestras circunstancias, en cuanto ello nos sea posible. Si los creyentes en Dios tuviéramos una vida fácil, no seguiríamos a Jesús por amor, sino por interés.

   Dado que Moisés era el representante de YHWH ante su pueblo, disputar con él consistía en tentar al Dios que libró a los hebreos de la esclavitud de Egipto con su mano poderosa. Es de tener en cuenta el hecho de que el pueblo no se reveló contra dios y su Profeta por capricho, sino porque estaba torturado por la sed. Muchos cristianos no estamos de acuerdo con la práctica del aborto, pero no por ello debemos considerar pecadoras irremisibles a las mujeres que abortan, porque no todas encuentran un ambiente propicio para acoger a sus hijos, y necesitamos contemplar sus circunstancias desde su punto de vista, y no desde nuestra posición moralista, siempre distante de quienes tienen que evaluar si pueden y quieren dar a luz a sus hijos, criarlos y educarlos. No marginemos a ninguna persona por considerarla pecadora, porque no sabemos cuales son las razones que la inducen a actuar de determinadas formas (CIC. n. 1735).

   ¿Por qué sacó Dios a su pueblo de Egipto para hacerlo fallecer en el desierto? ¿Por qué no extermina Dios las enfermedades y la muerte? El sufrimiento, el pecado y la muerte, son temas que nos inducen a hacernos muchas preguntas, las cuales sólo nos serán contestadas al final de los tiempos, cuando Dios concluya la plena instauración de su Reino entre nosotros. Mientras que ello sucede, necesitamos seguir caminando, sin perder la esperanza de que nuestra historia no terminará mal (FLP. 1, 21).

   Moisés se sintió amenazado por su pueblo, y le pidió ayuda a YHWH. Hay momentos en que quienes anunciamos el Evangelio nos sentimos afectados, porque, en lugar de conseguir conversiones, sucede que nuestra fe se empequeñece. Por otra parte, ¿qué hacemos para conseguir que la gente crea en Dios? ¿Tenemos las respuestas que la gente necesita encontrar, o seguimos utilizando discursos que fueron muy útiles para los evangelizadores de siglos pasados, y en la actualidad sólo nos son útiles a quienes sabemos exactamente lo que queremos decirles a nuestros oyentes y/o lectores?

   Dios sació la sed de su pueblo, así como nosotros esperamos que sacie la nuestra.

José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com

Oremos para que Dios nos ayude a superar las tentaciones que nos impulsen a no cumplir su voluntad. (Ejercicio de lectio divina del Evangelio del Domingo I de Cuaresma del Ciclo A).

   Domingo I de Cuaresma del Ciclo A.

   Oremos para que Dios nos ayude a superar las tentaciones que nos impulsen a no cumplir su voluntad.

   Ejercicio de lectio divina de MT. 4, 1-11.

   Lectura introductoria: ST. 1, 13-16.

   1. Oración inicial.

   Iniciemos este encuentro de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y, del Espíritu Santo.

   R. Amén.

   Orar es dejarnos conducir por el Espíritu Santo, tal como el Paráclito llevó a Jesús al desierto, para exponerlo a las tentaciones diabólicas. El Espíritu Santo no nos evita las dificultades características de nuestras vidas, sino que nos empuja a vivirlas para que adquiramos una gran fortaleza. El hecho de superar unas dificultades a veces no significa que se termina el tiempo de nuestras luchas, sino que nos disponemos a resolver problemas aún más graves que los que superamos anteriormente.

   Busquemos la paz divina cuando oremos, pero no ignoremos que la paz cristiana no es la total ausencia de conflictos, sino la seguridad de que superaremos grandes dificultades, si no consentimos que se nos debilite -ni se nos extinga- la fe en Dios. La Cuaresma no es el tiempo del cansancio que nos produce la acumulación de sacrificios y de ayunos, pues es el tiempo del combate, el tiempo de contraponer las pérdidas después de aceptarlas a las ganancias, y el tiempo de sumirnos en nuestra debilidad, para descubrir el amor y el poder de Dios, en nuestra vivencia personal del desierto.

   Orar es recordar que ningún suceso de nuestras vidas es inútil. El Espíritu Santo expuso a Jesús a las tentaciones de Satanás porque sabía que las iba a superar satisfactoriamente. Oremos para que Dios nos ayude a aprender lecciones a partir de nuestros sucesos vitales cuyo sentido aún no logramos comprender.

   Orar es ayunar de aquello que nos impida crecer espiritualmente y ayudar a quienes tienen carencias al mismo tiempo. A este respecto, bueno será que quienes tengan dinero donen una cantidad significativa que no sea simbólica para que no dejen de hacerse obras de caridad en favor de los menesterosos, y que los pobres inviertan su tiempo en hacer el bien, porque todos tenemos algo que hacer en la viña del Señor, y somos válidos para servir a Dios en nuestros prójimos los hombres.

   Orar es comprender que la vida no siempre es fácil, y que necesitamos vivir el dolor que nos produce nuestra visión de las situaciones que consideramos adversas, con el fin de poder madurar.

   Orar es comprender que las carencias han de ser cubiertas en su justa medida. Es justo alimentar a los pobres cuando los tales no puedan ganarse el sustento, pero no estará de más enseñarles a sembrar, y a producir su propia riqueza. El reparto equitativo de los recursos de la tierra no extinguiría la pobreza del mundo, si los menesterosos no aprendieran a invertir el dinero inteligentemente y a lograr que el dinero trabajara para ellos, en lugar de trabajar ellos para ganar dinero.

   Orar es aprender a vivir nuestro cristianismo en silencio, evitando lucirnos ante tanta gente que parece vibrar ante actuaciones sensacionalistas.

   Orar es rechazar la intención de probar el amor y la fidelidad de dios para con nosotros, porque sabemos que Nuestro Padre común nos ama, y confiamos plenamente en Él.

   Orar es comprender que los cristianos no debemos sobornar a nadie ni evitar profesar nuestra fe a cambio de obtener beneficio alguno.

   Orar es tener presente que, así como los ángeles sirvieron a Jesús, Dios buscará la manera de socorrernos cuando tengamos dificultades.

   Oremos:

Espíritu Santo, amor que procedes del Padre y del Hijo desde la eternidad:

   Aunque te pido que me evites el hecho de ser tentado, Tú llevaste a Jesús al desierto después de que fuera bautizado, para exponerlo a las tentaciones de Satanás. Ello me induce a no pedirte que me evites las tentaciones, sino a pedirte que me ayudes a superar las mismas tal como debe hacerlo un buen hijo de Dios, que es consciente de que su Padre celestial jamás lo abandonará.

   Jesús sintió hambre después de ayunar durante cuarenta días con sus respectivas noches. Jesús aprovechó su carencia de alimentos y bienes materiales para llenarse de tu presencia, y a mí me es difícil aceptar los problemas que tengo. Ayúdame a comprender que mis dificultades no son inútiles, porque pueden aportarme enseñanzas que necesito aceptar, para poder ser el cristiano en que pensaste antes de crear el mundo.

   Mientras que la vida fácil me puede volver ocioso, las dificultades, las carencias y el aprendizaje vital y de la Palabra de Dios, pueden hacer de mí un gran cristiano, si cuento con tu inspiración, para alcanzar tan loable meta.

   El poder, las riquezas y el prestigio tienen su utilidad, pero no quiero olvidar la importancia que tiene la Palabra de Dios.

   Tal como les sucedía a los fariseos, los cristianos necesitamos vencer la tentación de aparentar una bondad y una fe que no nos caracterizan. ¿Nos atreveremos a ser nosotros mismos evitando así el miedo a que nos juzgue la gente?

   Tú estás dispuesto a ayudarnos, pero nosotros corremos el peligro de pedirte que hagas lo que está en nuestras manos y podemos llevarlo a cabo perfectamente. La quietud es buena para quienes oran, pero el quietismo es una plaga que nos induce a desinteresarnos de nuestras responsabilidades y a no solidarizarnos del padecimiento de la humanidad.

   Ayúdame a tener el valor de evitar hacer todo lo que puede impedirme el hecho de cumplir tu voluntad, que consiste en que yo alcance la plenitud de la felicidad.

   Si acepto que me ayudes cuando te necesito, ayúdame a comprender que ello debe servirme para ser un buen siervo de Dios.

   2. Leemos atentamente MT. 4, 1-11, intentando abarcar el mensaje que San Mateo nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.

   2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.

   2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.

   3. Meditación de MT. 4, 1-11.

   3-1. ¿Por qué necesitamos ser tentados?

   Al superar la triple tentación a la que lo sometió el demonio -el ángel que gobierna las fuerzas del mal según la biblia-, Jesús demostró que es el Unigénito de Dios, y que, así como venció a su enemigo, nosotros, amparados en su amor y su poder, también podremos vencer las tentaciones de dejar de cumplir la voluntad divina. Nadie tiene la oportunidad de demostrar si ama sinceramente, si jamás ha tenido razones para odiar. Los matrimonios que conviven durante muchos años saben que las dificultades les sirven para fortalecer y afianzar sus relaciones. El bien y el mal están dentro de nosotros, y sólo depende de nosotros el hecho de que el primero o el segundo gobiernen nuestras vidas. Estamos capacitados para hacer grandes obras de amor, y para cometer los mayores crímenes. Para comprender la grandeza del bien, necesitamos tener la experiencia del mal. Para valorar la luz, necesitamos vivir en tinieblas.

   En DT. 8, 2, se nos informa de que Dios condujo a los hebreos al desierto, con el fin de probar si realmente le eran fieles. Lógicamente, Dios sabía lo que iba a suceder de antemano, pero quiso que los miembros de su pueblo se conocieran a sí mismos. Dios no necesita probarnos, pero nosotros necesitamos las tentaciones para conocernos. Dado que seremos tentados cuando menos esperemos que ello suceda, necesitamos formarnos espiritualmente, vivir sirviendo a dios y tener el hábito de orar, con el fin de superar dichas pruebas exitosamente. No sabemos si se nos probará con desavenencias económicas, la pérdida de la salud, el fallecimiento de alguno de nuestros familiares o amigos queridos, o con alguna otra situación que consideremos adversa, pero conviene que no olvidemos que Dios nunca nos desamparará (SAL. 27, 10. 37, 25).

   Aunque en MT. 26, 41 se nos induce a entender que somos débiles, si nuestras convicciones son estables, podremos resistir grandes presiones, consecuentes de nuestra visión de las situaciones dolorosas que hayamos de vivir.

   Si Jesús hubiera sucumbido a las seducciones de su adversario, no hubiera podido llevar a cabo el propósito con que Dios lo envió a Israel. Nuestra felicidad es una responsabilidad que sólo nos atañe a nosotros. Nadie podrá hacer por nosotros lo que necesitamos hacer para potenciar nuestro crecimiento personal, y, por consiguiente, nuestro desarrollo a nivel social, y nuestra formación espiritual. No olvidemos que Dios ha creado el trigo, el campo y el agua de la lluvia, pero a nosotros nos corresponde sembrar el trigo, y esperar el día de la siega para posteriormente poder hacer el pan que mañana nos comeremos.

   ¿Por qué tenemos hermanos que se sienten sucios cuando son tentados? Hemos visto que las tentaciones no son pecaminosas, y que las necesitamos para probarnos a nosotros mismos la fe, el amor y la fortaleza que hemos adquirido, y lo que nos falta para completar nuestro crecimiento. Quienes se sienten sucios cuando son tentados, valoran negativamente sus pensamientos, sus sentimientos y sus acciones, y, cuanto más se castigan, con más fuerza aparecen en sus mentes los pensamientos que desean rechazar. Si queremos que Dios nos ayude a vencer las tentaciones que tenemos, necesitamos esforzarnos para que ello suceda. En JER. 1, 7, vemos cómo Dios le dijo a Jeremías que no se creyera insignificante para cumplir la misión que le encomendó por causa de su juventud. Si creemos que nuestro valor personal es ínfimo, consecuentemente creeremos que somos unos fracasados, y abandonaremos nuestro crecimiento, aunque se lo confiemos a Dios. Recordemos también cómo Isaías sintió miedo de estar en presencia de dios porque se creía pecador, y cómo fue purificado, y deseó ardientemente servir a Yahveh (IS. 6, 5-8).

   Las tentaciones no están relacionadas con el pecado, pero si cedemos a las mismas, pecamos porque desobedecemos a Dios. Recordar este hecho nos ayudará a examinar lo que queremos hacer para evitar caer en las tentaciones que pueden inducirnos a descuidar nuestras responsabilidades, a no solidarizarnos de nuestros prójimos los hombres que sufren, y a olvidarnos del cumplimiento de la voluntad divina.

   Jesús no fue tentado cuando fue bautizado (MT. 3, 16-17), sino en el desierto, cuando padeció el cansancio, y fue presa del aislamiento y el hambre. Para valorar la fortaleza, necesitamos tener la experiencia de la vulnerabilidad, y, cuando somos débiles, podemos sentir la tentación de abandonar el combate de nuestra superación personal y social. El aislamiento, las carencias, algunas decisiones que tenemos que tomar y las incertidumbres, son estados en que nos sobrevienen las tentaciones, y necesitamos buscar la manera de no ceder a las mismas.

   Si somos tentados cuando vivimos situaciones que consideramos adversas, también el hecho de no tener carencias puede inducirnos a prescindir de dios y del amor a nuestros prójimos los hombres, y la soberbia puede tentarnos a sentirnos superiores a los demás. Recordemos que el narcisismo es tener baja la autoestima.

   3-2. ¿Cómo tentó el demonio a Jesús?

   1. Satanás intentó conseguir que Jesús dejara de cumplir la voluntad de Dios (MT. 4, 3). El hecho de alimentarse no era pecaminoso para el Señor, pero sí lo era la posibilidad de desviarse de su camino. No es contraproducente el hecho de que muchos padres deseen que sus hijos tengan todo lo que a ellos les faltó cuando sus progenitores tenían pocos recursos, pero, si sus descendientes no aprenden a valorar lo que tienen, no disfrutarán de sus posesiones, y su deseo de ser más y tener más, será insaciable.

   El verdadero camino para un cristiano consiste en aplicar la Palabra de Dios a su vida y depender de su Padre celestial en todas sus circunstancias vitales.

   2. La segunda tentación contenida en el Evangelio de San Mateo, consistió en lograr que Jesús pusiera a prueba la fidelidad de Dios a la hora de cumplir su Palabra, intentando que los ángeles lo protegieran al arrojarse desde el pináculo del Templo de la ciudad santa (MT. 4, 6). Satanás fue astuto al citar el texto del SAL. 91, 11-12, pues omitió la frase relativa a que los ángeles guardarían al Mesías en todos sus caminos. La tentación consistía en que Jesús se desvinculara del Padre y del Espíritu Santo, y se constituyera en divinidad independiente.

   3. Ya que Jesús no quiso rechazar a Nuestro Padre común ni constituirse en divinidad distinta, Satanás le ofreció convertirse en su dios por un instante, a cambio de hacerlo rey de la humanidad (MT. 4, 8-9). Esta tentación es muy sutil, porque supone adquirir poder, riquezas y prestigio, pero también supone el sacrificio de sí mismo. La tentación política es muy frustrante cuando las promesas de que se es objeto no se cumplen, y hace un daño irreparable. Dios nos ha creado para que seamos sociables, y por eso se genera mucho sufrimiento cuando alguien intenta crecer aplastando a los más débiles, y cuando muchos lo sacrifican todo, a cambio de terminar tirados en la cuneta. La tentación política nos dispone a tenerlo todo o a perderlo todo en la vida, y por eso es un juego muy peligroso, en el que difícilmente no se genera sufrimiento inútil.

   3-3. Jesús se dejó llevar por el Espíritu Santo al desierto (MT. 4, 1).

   Cuando Jesús fue bautizado, se abrió el cielo manifestándose el espíritu profético que permaneció en silencio durante cuatro siglos, el Espíritu Santo ungió a Jesús como Profeta, Sacerdote y Rey, y la voz del Padre reconoció al Señor públicamente como su Hijo amado, en quien se complace (MT. 3, 16-17). Después de ser bautizado, Jesús fue impulsado por el Espíritu Santo al desierto, para que el demonio probara su integridad.

   Después de demostrar que Yahveh es el Dios de Israel (I RE. 18, 20-40), Elías debería haber sido tratado como un gran Profeta del Altísimo, pero se encontró con que su integridad fue puesta a prueba durante cuarenta días, porque la reina Jezabel quiso quitarle la vida, por haber mandado asesinar a sus 450 profetas (I RE. 19, 1-14). En su peregrinación a través del desierto, Elías descubrió que Dios le ayudó a vencer sus dificultades.

   ¿Por qué no distingue Dios a sus siervos del mundo tratándolos de una manera especial? Difícil sería creer en Dios y amarlo si los creyentes persiguiéramos la plenitud del poder, las riquezas y el prestigio. Toda la humanidad podría unirse a dios, pero no amaríamos a Dios, ni a nuestros prójimos los hombres.

   Seamos seguidores de Jesús cuando nos sonría la vida, y cuando el dolor nos ayude a ser purificados y santificados.

   3-4. La vulnerabilidad de Jesús (MT. 4, 2).

   Jesús no actuaba como quienes se sienten superiores a quienes les rodean. Esta fue la razón por la que el demonio no le tentó cuando fue bautizado, pero le expuso a la soledad, a la sed, al calor y al hambre, para probar su integridad. Dado que el Espíritu Santo llevó a Jesús al desierto, parece ser que se puso de acuerdo con el tentador para probar al Señor, pero eso no tiene sentido, dado que la vivencia del Señor en el desierto desde el punto de vista humano es irreal, porque nadie puede pasar cuarenta días sin comer, y porque no existe ningún monte desde el que se vea todo el país de Israel. Cuando no se podía justificar la existencia de la adversidad desde el punto de vista científico, muchos culparon a los dioses de la existencia del mal, y los judíos y los cristianos intentaron buscarle alguna utilidad a lo que consideraban que era el mal, para no acusar a su Creador de ser pecador y de que no se interesaba por ellos (1 Pé. 3, 5-7). Las tentaciones de Jesús en el desierto son un resumen del Ministerio público del Hijo de Dios y María, pues el Mesías debió tener la tentación de facilitarles la existencia a sus seguidores para ganárselos de la misma manera que los colonizadores se ganaron a los saduceos concediéndoles beneficios a cambio de que les ayudaran a someterse a los rebeldes, quizás pensó en llevar a cabo un gran prodigio para ganarse la admiración de sus hermanos de raza, y quizás pudo pensar en venderle su alma al tentador, a cambio de obtener el poder necesario para llevar a cabo su obra de exterminio de la miseria, las riquezas necesarias para exterminar la pobreza, y el prestigio indispensable para que todo el pueblo le siguiera. El exterminio de la pobreza no consiste en empobrecer a los actuales ricos para enriquecer a los que tienen carencias económicas.

   3-5. La primera tentación (MT. 4, 3-4).

   Tener hambre no es un pecado, pero no todas las maneras de conseguir alimentos son lícitas. Jesús no quiso utilizar su poder en su beneficio, sino en favor de aquellos en cuyo beneficio llevó a cabo prodigios. Si el Señor quería experimentar su humanidad plenamente, tenía que hacer el sacrificio de rehusar al ejercicio de su poder.

   Nuestros deseos deben satisfacerse correctamente y cuando sea oportuno.

   Jesús fue capaz de superar las tentaciones porque conocía la Palabra de Dios y la obedecía. En EF. 6, 17, se nos dice que la Palabra de dios es la espada del Espíritu Santo, y en HEB. 4, 12, también se nos habla de la Palabra de Dios, diciéndosenos que es una espada de doble filo. Así como el bien y el mal habitan en nosotros, podemos usar la Palabra de Dios para hacer el bien, y para incumplir la voluntad divina. El hecho de sabernos y aplicarnos versículos bíblicos puede ayudarnos a ser los hijos en que Dios está pensando desde la eternidad.

   Jesús tenía hambre, y el hecho de alimentarse no es pecaminoso. La mayor parte de la humanidad tiene carencias que tendrían que ser solventadas urgentemente, y sabemos que hacer el bien no es pecar. Jesús tenía el poder para evitarnos las carencias que caracterizan nuestras vidas, pero, ¿en qué sentido es conveniente que se nos resuelvan los problemas? Recuerdo a una señora que me contó la siguiente historia:

   "Eduqué a mi hija de manera que no le faltó nada, pero, desde que llegó a la adolescencia, es muy vaga. No quiere hacer trabajos humildes y sólo vive a expensas de sus amantes. Esa manera de ser de mi hija perjudicará mucho a mi nieto de siete años."

   Sería positivo el hecho de curar las enfermedades graves y no es pecaminoso el hecho de alimentar a los pobres cuando no pueden conseguir sustentarse por sí mismos, pero hay problemas que tenemos que resolver por nuestros propios medios, con el fin de crecer, aprendiendo a valorar quiénes somos, y lo que hemos conseguido.

   Cuando San Juan Bautista mandó a algunos de sus discípulos a que interrogaran a Jesús respecto de su mesianismo desde la cárcel, el Señor no le dijo que su prioridad era alimentar a los pobres, sino anunciarles el Evangelio a los menesterosos (MT. 11, 5). Esta conducta de Jesús parece ilógica e inhumana si pensamos en quienes mueren sin que nadie los socorra, pero es necesario que los pobres aprendan a trabajar por sí mismos, a crear sus propias fuentes de riqueza, y que contribuyan al sostenimiento de las sociedades que han de ampararlos.

   El materialismo no es pecaminoso, pero el hecho de tener demasiadas posesiones puede inducirnos a no esforzarnos para madurar ni para ayudar a quienes necesiten nuestras dádivas espirituales y materiales.

   No sólo de pan vive el hombre. Necesitamos alimentarnos física y espiritualmente, y relacionarnos con quienes nos rodean.

   No sólo de riquezas vive el hombre. La mayor riqueza es el amor que se da y recibe. Si hay pobres que mueren de hambre, hay ricos que sufren porque viven aislados.

   No sólo de prestigio vive el hombre. Hay quienes intentan ocultar su soledad fingiendo que son muy conocidos y queridos por gente famosa.

   Jesús no nos dice que podemos vivir de algunas palabras de dios, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. No aceptemos solamente lo que nos gusta de nuestra fe, sino toda la Palabra de Dios en su conjunto.

   3-6. La segunda tentación (MT. 4, 5-7).

   El Templo de Jerusalén era el centro religioso-político de Israel en que se esperaba que apareciera el Mesías milagrosamente, según se deduce del texto de MAL. 3, 1. Satanás subió al Señor a una pared desde la que veía varios kilómetros de tierra, y lo tentó con el hecho de hacerlo poderoso, a cambio de que diera un espectáculo.

   Se nos tienta mucho para que compremos determinados productos, haciéndosenos creer que por tener los mismos seremos personas ideales. Una persona madura jamás se enamorará de nadie que use un determinado perfume, pero en el campo de la publicidad casi cualquier juego es válido para aumentar las ventas, y es un deber nuestro no ser incautos.

   ¿Qué somos capaces de hacer para tener una mejor posición social?

   ¿A quiénes nos atrevemos a sacrificar para tener más poder, riquezas y prestigio?

   Dios quiere que vivamos por fe, no porque vemos milagros. Dios no se deja manipular por nadie, y, si lo aceptamos como Padre, creeremos en Él. Además, si Dios no nos prueba, tampoco es justo que lo probemos nosotros.

   Recuerdo un programa de televisión en que los presentadores intentaron sorprender a un pederasta intentando abusar de una joven periodista que se hizo pasar por una adolescente. El pederasta tentaba a su víctima con ropa que ella no podía comprar con el dinero que supuestamente le daban sus padres. En la vida todo lo que intentamos conseguir tiene un precio, pero necesitamos pensar si lo que vamos a sacrificar es más valioso que lo que deseamos conseguir, aunque en un principio no lo parezca.

   3-7. La tercera tentación (MT. 4, 8-10).

   Por causa de la crisis económica que nos afecta a los españoles, muchas veces vemos productos a la venta con descuentos superiores al cincuenta por ciento de su precio inicial, y yo me pregunto: ¿Se están vendiendo los mismos productos que se vendían antes de rebajar su precio, o serán otros similares y de peor calidad? Con no poca razón, en mi pueblo dicen que nadie cambia un duro por cuatro pesetas. Muchos hombres quieren conseguir poder, riquezas y prestigio de cualquier manera, y son insaciables. Los pobres sufren porque no tienen dinero, y los ricos, ni aunque tengan miles de millones de dólares, no pueden evitar el miedo a perderlo todo, pero ese miedo no impide que muchos adinerados no reduzcan sus gastos, para evitar la experiencia de la pobreza. La codicia es muy mala consejera. Necesitamos aprender a amarnos tal como somos, a superarnos y a valorar adecuadamente lo que tenemos.

   ¿Qué estamos dispuestos a sacrificar para mejorar nuestra posición social, y qué consecuencias tendrá ello para nosotros a corto, medio y largo plazo?

   Dado que en la Biblia las relaciones matrimoniales simbolizan nuestra relación con Dios, cuando el pueblo de Israel desobedecía a Yahveh, se decía que adulteraba contra Dios.

   ¿Conocemos casos de gente que se ha prostituido para conseguir trabajo? ¿Se ha prostituido esa gente por necesidad, o por la comodidad de no buscar otro trabajo y de ganar una buena suma de dinero en poco tiempo?

   ¿Qué será de nosotros si no tenemos poder, riquezas ni prestigio? Si tenemos fe, nuestro poder es el de Dios, quien es nuestra riqueza. Respecto de nuestro prestigio, será bueno ante el Señor, si hacemos el bien.

   Satanás no tenía el control sobre el mundo según le dijo a Jesús, pero fingía que lo tenía. Si intentamos contratar los servicios de un profesional que presume mucho de sus logros, mejor será para nosotros rehusar nuestra pretensión, porque dicho personaje nos está engañando. Quien conoce su profesión no tiene tiempo para presumir, porque actúa durante su tiempo de trabajo como sabe que debe hacerlo.

   3-8. Jesús fue servido por los ángeles después de ser tentado (MT. 4, 11).

   Dado que el demonio no pudo hacer pecar a Jesús, lo dejó, quedando a la espera de que el Señor se encontrara vulnerable, para seguir tentándolo. Unos ángeles sirvieron a Jesús, pues, después de hacer un ayuno tan largo, y de haber reflexionado sobre el estado de una gran parte de la humanidad, el Señor debió sentirse muy débil. Si los ángeles son servidores de quienes serán salvos (HEB. 1, 14), ¿cómo no iban a servir a Jesús, quien es el autor de nuestra salvación?

   3-9. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.

   3-10. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.

   4. Apliquemos la Palabra de dios expuesta en MT. 4, 11-11 a nuestras vidas.

   Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.

   3-1.

   1. ¿Quién es el demonio?
   2. ¿Qué demostró Jesús cuando superó la triple tentación a la que lo sometió el demonio?
   3. ¿En qué sentido podremos superar las tentaciones que nos caracterizan porque Jesús venció al tentador?
   4. ¿En qué sentido habitan el bien y el mal en nuestro interior?
   5. ¿En qué sentido nos sirven las dificultades características de nuestras vidas para crecer?
   6. ¿De qué depende el hecho de que el bien o el mal gobiernen nuestras vidas?
   7. ¿Por qué necesitamos tener la experiencia del mal para comprender la grandeza del bien?
   8. ¿Por qué no necesita Dios someternos a prueba?
   9. ¿En qué sentido necesitamos ser tentados?
   10. ¿Para qué necesitamos conocer la Palabra de Dios, aplicarla a nuestras vidas de fe y orar frecuentemente?
   11. ¿De qué maneras podemos ser probados?
   12. ¿Qué aprenderemos de las tentaciones a las que no hemos de ceder?
   13. ¿Qué aprenderemos de la vivencia de nuestras dificultades?
   14. ¿Cómo podremos resistir fuertes presiones si somos débiles?
   15. ¿Qué hubiera sucedido si Jesús se hubiera dejado seducir por el diablo?
   16. ¿Es cierto que nuestra felicidad es plenamente dependiente de nosotros y que sólo nosotros podemos conquistarla? ¿Por qué?
   17. ¿Por qué tenemos hermanos que se sienten sucios cuando son tentados?
   18. ¿Por qué es real el texto de ROM. 7, 15?
   19. ¿Qué tenemos que hacer para que Dios nos ayude a vencer tentaciones?
   20. ¿Por qué no podremos vencer tentaciones ni con la ayuda de Dios si no nos amamos?
   21. Explica la transformación que se llevó a cabo en Isaías, según el texto de IS. 6, 5-8.
   22. Si las tentaciones no están relacionadas con el pecado, ¿por qué pecamos cuando cedemos a las mismas?
   23. ¿Qué consecuencias tiene tanto para nosotros como para nuestros prójimos los hombres el hecho de que nos dejemos seducir por el diablo?
   24. ¿Qué puede sucedernos cuando somos débiles?
   25. ¿En qué estados nos tienta el demonio? ¿Por qué?
   26. ¿Por qué puede hacernos caer en la soberbia el hecho de no tener carencias?
   27. ¿En qué sentido son sinónimos el desprecio de sí mismo y el narcisismo?

   3-2.

   28. ¿Por qué no cedió Jesús a la tentación de convertir unas piedras en pan para saciar su hambre?
   29. ¿Qué les sucede a los niños y adultos que no aprenden a valorar lo que tienen?
   30. ¿En qué consiste el verdadero camino para los cristianos?
   31. ¿En qué consistió la segunda tentación a la que el diablo sometió a Jesús?
   32. ¿Qué le ofreció Satanás a Jesús para que lo adorara?
   33. ¿Cuáles son las ventajas e inconvenientes de la tentación política?
   34. ¿En qué sentido es la tentación política un juego muy peligroso?

   3-3.

   35. ¿Qué ocurrió Cuando San Juan Bautista bautizó a Jesús?
   36. ¿Para qué impulsó el Espíritu Santo a Jesús al desierto?
   37. ¿Por qué no le evitó Dios a Elías el sufrimiento, teniendo en cuenta que demostró que Él es el único Dios verdadero?
   38. ¿Qué descubrió Elías en su peregrinación a través del desierto?
   39. ¿Por qué no distingue Dios a sus siervos del mundo tratándolos de una manera especial?
   40. ¿Nos parecemos a Elías en que hemos descubierto que Dios está con nosotros en nuestras dificultades, o las mismas nos demuestran que no existe o que no le interesamos?

   3-4.

   41. ¿Por qué no tentó el demonio a Jesús cuando fue bautizado?
   42. ¿Por qué expuso el demonio a Jesús al calor, la soledad y el hambre?
   43. ¿Por qué es irreal el episodio de las tentaciones de Jesús tal como se narra en los Evangelios, y concebimos el mismo como un resumen del Ministerio público de Jesús?
   44. ¿De qué maneras hemos justificado los judíos y los cristianos la existencia de la adversidad? ¿Con qué propósitos lo hemos hecho?
   45. ¿De qué maneras pudo tener Jesús tentaciones de ganarse a sus seguidores?
   46. ¿Qué hubiera conseguido Jesús si hubiera adorado a Satanás?
   47. ¿Por qué no consiste el exterminio de la pobreza exclusivamente en hacer que los ricos sean solidarios?

   3-5.

   48. Nuestros deseos pueden ser lícitos, pero no todas las maneras de realizarlos son legales. Pon ejemplos de ello.
   49. ¿Por qué Jesús no se benefició del uso de su poder?
   50. ¿Por qué pudo Jesús superar las tentaciones diabólicas?
   51. ¿En qué sentido es la Palabra de Dios la espada de doble filo del Espíritu Santo?
   52. ¿Por qué podemos usar la Palabra de dios para hacer el bien y para incumplir la voluntad divina?
   53. ¿Para qué nos es útil el hecho de saber versículos bíblicos y aplicárnoslos?
   54. ¿En qué sentido es conveniente que se nos resuelvan los problemas?
   55. ¿Por qué el hecho de resolvernos nuestros problemas es la única manera que tenemos de conocernos a nosotros mismos y de valorar lo que hemos conseguido?
   56. ¿Por qué era para Jesús más importante la evangelización de los pobres que el hecho de sustentar a los mismos?
   57. ¿Qué puede sucedernos si tenemos muchas posesiones?
   58. ¿En qué aspectos necesitamos potenciar nuestro desarrollo?
   59. ¿Cuál es la mayor riqueza?
   60. ¿En qué consiste la pobreza de muchos ricos?
   61. ¿Aceptamos toda la Palabra de dios en su conjunto?

   3-6.

   62. ¿Por qué esperaban muchos judíos que apareciera milagrosamente el Mesías en el Templo de Jerusalén?
   63. ¿Son lícitas todas las prácticas marketinianas para los cristianos? ¿Por qué?
   64. ¿Por qué tenemos el deber de no ser incautos?
   65. ¿Qué somos capaces de hacer para tener una mejor posición social?
   66. ¿A quiénes nos atrevemos a sacrificar para tener más poder, riquezas y prestigio?
   67. ¿Por qué quiere Dios que vivamos por fe?
   68. ¿Por qué no es justo el hecho de que sometamos a Dios a prueba?

   3-7.

   69. ¿Por qué no nos conviene ser codiciosos?
   70. ¿Por qué necesitamos amarnos tal como somos, superarnos y valorar adecuadamente lo que tenemos?
   71. ¿Qué estamos dispuestos a sacrificar para mejorar nuestra posición social, y qué consecuencias tendrá ello para nosotros a corto, medio y largo plazo?
   72. ¿Qué será de nosotros si no tenemos poder, riquezas ni prestigio?

   3-8.

   73. ¿Por qué debió Jesús sentirse muy débil?
   74. ¿Por qué fue servido Jesús por ángeles?

   5. Lectura relacionada.

   Leamos y meditemos 1 PE. 4, 7-11, para recordar resumidamente, cuál ha de ser el comportamiento de los cristianos, según la predicación del primer Pontícife de la Iglesia Católica.

   6. Contemplación.

   Contemplemos a Jesús dejándose llevar por el Espíritu Santo al desierto, y observémonos nosotros, pidiendo en oración que se nos eviten las tentaciones y el sufrimiento.

   Jesús estuvo cuarenta días con sus respectivas noches orando, meditando y ayunando. ¿Cuánto tiempo le dedicamos al servicio de Dios en sus hijos los hombres?

   Mientras que Jesús no quiso convertir piedras en panes para comer, nosotros no dejamos de pedirle a dios que nos facilite la vida. Es más fácil creer que el Espíritu Santo nos inspira nuestras palabras y obras, que actuar intentando no pecar. No evitemos hacer el bien amparándonos en la excusa de que dios es el que nos indica todo lo que tenemos que decir y hacer por medio del Espíritu Santo.

   ¿Realmente vivimos los cristianos de la aplicación de la Palabra de Dios a nuestras vidas?

   Los líderes católicos organizan actos multitudinarios, para hacernos comprender a los creyentes de base que no estamos solos. ¿Sirven esos eventos para aumentar el número de hijos de dios y para que los cristianos de siempre seamos mejores seguidores de Jesús?

   ¿Nos mezclamos los cristianos con quienes no profesan nuestra fe e intentamos vivir en paz y armonía, o queremos imponer nuestras creencias por medio de la aplicación de leyes?

   Cuidémonos de utilizar el servicio a Dios como excusa que justifique nuestro deseo de obtener poder, riquezas y prestigio.

José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com