Solemnidad de la Asunción de la Virgen María de los Ciclos A, B y C (15 de agosto).
Misa vespertina.
Bendita y alabada sea la Madre de Dios y de la Iglesia.
Ejercicio de lectio divina de LC. 11, 27-28.
Lectura introductoria: CT. 2, 10-14.
1. Oración inicial.
Iniciemos este encuentro de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y, del Espíritu Santo.
R. Amén.
La solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora al cielo, si bien no se describe en la Biblia, es aceptada por ortodoxos y católicos, quienes, al creer que María es la "llena de gracia" (LC. 1, 28), -y por ello "bendita entre las mujeres" (LC. 1, 42), por haber tenido el privilegio de haber nacido exenta de sobrevivir a las consecuencias de la mácula característica del pecado original cometido por nuestros ancestros Adán y Eva, y por haber llegado a ser Madre de Dios, no la adoran como afirman muchos opositores a esta creencia, pues la veneran. En virtud de su maternidad divina, y de la pureza y santidad con que Dios la creó, María Santísima, "La Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original, terminado el curso de la vida terrena, en alma y cuerpo fue asunta a la gloria celestial y enaltecida por el Señor como Reina del Universo, para que se asemejara más plenamente a su Hijo" (Con. Vat. II, "LG. n. 59).
Aunque no podemos comprobar empíricamente el hecho de que María Santísima ha sido la primera creyente en Jesús resucitada y glorificada, la solemnidad que estamos celebrando, nos recuerda que "Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron" (1 COR. 15, 20). Si Jesús venció la muerte, es de esperar que sus seguidores hagan lo propio, al final de los tiempos, cuando nuestra tierra sea plenamente transformada, en el Reino de Dios.
Aunque "el salario del pecado es la muerte" (ROM. 6, 23a), al creer que María fue exenta de sobrevivir a la mácula consecuente del pecado original, no la consideramos merecedora de que su cuerpo se corrompiera en el sepulcro, dado que, "el don gratuito de Dios, (es) la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro" (ROM. 6, 23b).
Si la Resurrección de Jesús nos estimula a esperar la glorificación con que Dios premiará el amor y la fidelidad de sus hijos, el hecho de saber que María está en la presencia de Nuestro Santo Padre resucitada, nos hace tener más esperanza en el hecho de que seremos purificados y santificados, así pues, "si creemos que Jesús murió y resucitó, de la misma manera Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús" (1 TES. 4, 14).
Aunque tradicionalmente hemos relacionado el sufrimiento con el pecado, no pensemos que María, por haber sido concebida sin estar marcada por la mácula original, vivió sin conocer el dolor, así pues, de la misma manera que, "llegado a la perfección, (Cristo) se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen" (HB. 5, 9), Nuestra Santa Madre, perfeccionó su fe, su paciencia y su obediencia, en la escuela del padecimiento. El dolor es una fuente purificadora de defectos, fortalecedora de virtudes, y santificadora de almas.
El texto lucano que consideraremos en el presente trabajo, nos hace pensar tanto en el lugar que le concedemos a María en la Iglesia, que, al mismo tiempo que es el Reino de Dios, está constituida por peregrinos que caminan hacia una tierra que "mana leche y miel" (ÉX. 3, 17), como en los valores que deseamos que primen en nuestra vida, si deseamos ser integrantes, del Reinado de Nuestro Padre celestial.
Orar es saber que no somos bienaventurados -o felices- porque tenemos poder, riquezas y prestigio, sino porque oímos la Palabra de Dios y la aplicamos a nuestra vida. El poder, las riquezas y el prestigio, si se utilizan para contribuir a la plena instauración del Reino de Dios en el mundo, no han de ser despreciados, pero, para Dios, no somos importantes por el dinero, los bienes y la posición que nos caracterizan, sino porque somos sus hijos, y nos ama. No utilicemos el Evangelio que vamos a considerar para promover la lucha de clases, porque ello no extinguirá la pobreza del mundo, y hará más lamentable la situación, de quienes tienen más carencias.
Oremos:
ORACIÓN PARA PEDIR LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO
¡Oh Espíritu Santo!, humildemente te suplico que enriquezcas mi alma con la abundancia de tus dones.
Haz que yo sepa, con el Don de la Sabiduría, apreciar en tal grado las cosas divinas, que con gozo y facilidad sepa frecuentemente prescindir de las terrenas.
Que acierte con el Don de Entendimiento, a ver con fe viva la trascendencia y belleza de la verdad cristiana.
Que, con el Don de Consejo, ponga los medios más conducentes para santificarme, perseverar y salvarme.
Que el Don de Fortaleza me haga vencer todos los obstáculos en la confesión de la fe y en el camino de salvación.
Que sepa con el Don de Ciencia, discernir claramente entre el bien y el mal, entre lo falso y lo verdadero, descubriendo los engaños del demonio, del mundo
y del pecado.
Que, con el Don de Piedad, os ame como a Padre, os sirva con fervorosa devoción y sea misericordioso con el prójimo.
Finalmente, que con el Don de Temor de Dios, tenga el mayor respeto y veneración a los mandamientos divinos, cuidando con creciente delicadez de no quebrantarlos
lo más mínimo.
Llenadme sobre todo, de vuestro santo amor. Que ese amor sea el móvil de toda mi vida espiritual. Que lleno de unción, sepa enseñar y hacer entender, al
menos con mi ejemplo, la sublimidad de vuestra doctrina, la bondad de vuestros preceptos, la dulzura de vuestra caridad. Amén.
(Desconozco el autor).
2. Leemos atentamente LC. 11, 27-28, intentando captar el mensaje que San Lucas nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.
2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.
2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.
3. Meditación de LC. 11, 27-28.
3-1. ¿Necesitamos "ser algo", o "ser alguien"? (LC. 11, 27).
Jesús predicó el Evangelio en un país en que la gente valoraba grandemente las relaciones familiares, pues, el hecho de ser descendiente de Abraham, era indicativo, de que pertenecía al pueblo de Dios. El valor de los hombres estaba determinado por la posición social que ocuparon sus antepasados, y, el de las mujeres, por la posición que caracterizaba a sus cónyuges e hijos.
En la actualidad, dependiendo del campo en que nos movemos, ciframos nuestro valor, en función de la posición que ocupamos, y de los logros que alcanzamos. El poder no solo les es necesario a quienes ansían destacar en el mundo independientemente de que se consideren religiosos, pues también les es necesario a quienes se consagran a trabajar en la viña del Señor, para poder conservar su posición, y poder realizar su trabajo. En este campo, también se hacen necesarias las riquezas para poder llevar a cabo la obra de Dios, y el prestigio, pues, quienes son desconocidos, difícilmente podrán hacer un trabajo que pueda ser reconocido, en la viña del Señor.
A menos que nos ocultemos del mundo, y nos conformemos viviendo humildemente, nos es imposible vivir, sin pretender obtener poder, riquezas y prestigio. Ello no se opone al cumplimiento de la voluntad de Dios, a no ser que se dé el caso de que utilicemos el poder para humillar a quienes ocupan una posición inferior a la nuestra, no distribuyamos las riquezas equitativamente, y utilicemos el prestigio, para imposibilitar el crecimiento de los demás.
3-2. ¿Quiénes son dichosos para Dios? (LC. 11, 28).
Es importante que no seamos extremistas a la hora de sacar conclusiones al interpretar el texto evangélico que estamos considerando. No caigamos en la trampa de pensar que quienes desean alcanzar poder, riquezas y prestigio, carecen de valor a los ojos de Dios, ni situemos la contemplación sobre la acción, porque, para cumplir la voluntad de Dios, además de meditar su Palabra y de orar, necesitamos poner en práctica sus enseñanzas, haciendo el bien. La consecución de una buena posición social no tiene por qué estar relacionada con el pecado, y ofrece oportunidades de hacer el bien, que no caracterizan, a los carentes de dones materiales.
Frente a la creencia que mantenían los judíos de que el valor de los hombres dependía de la posición social que habían tenido sus antepasados, Jesús afirmó que la importancia de los mismos no dependía en absoluto del lugar que ocupaban en sus árboles genealógicos, sino de su manera de acoger la Palabra de Dios, y de la forma que aplicaban la misma a sus vidas.
Dado que el valor de las mujeres dependía de la posición que ocupaban sus maridos e hijos, Jesús afirmó que ello dependía de la manera en que servían a Dios, con tal de liberarlas del oprobio con que se las podía tachar socialmente, si sus descendientes eran considerados pecadores.
Valoremos a María, porque es Madre de Dios y nuestra, y porque acogió la Palabra de Dios, y la aplicó a su vida.
Valoremos a María, porque actuó como se esperaba que lo hiciera una buena hija, madre y esposa israelita, y se amoldó al cumplimiento de la voluntad divina.
María fue modelo de oración y de acción para nosotros. En la Biblia la encontramos meditando los hechos relacionados con la Natividad y la infancia de Jesús (LC. 2, 19 y 51), e inmersa en la acción, cumpliendo sus deberes de esposa y madre israelita.
Quizás queremos alcanzar la posición que María tiene en el cielo. Si ello es cierto, aprendamos a orar, y a hacer el bien. Aprendamos a predicar la Palabra de Dios, pronunciando bellos discursos, y con el buen ejemplo de la aplicación de la misma a nuestra vida.
3-3. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.
3-4. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.
4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en LC. 11, 27-28 a nuestra vida.
Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la meditación que aparece en el apartado 3 de este trabajo.
3-1.
1. ¿Por qué valoraban grandemente los israelitas las relaciones familiares?
2. ¿Qué indicaba para los hermanos de raza de Jesús el hecho de ser descendientes de Abraham?
3. ¿Por qué estaba determinado el valor de los hombres?
4. ¿Qué determinaba el valor de las mujeres?
5. ¿En función de qué hechos ciframos nuestro valor teniendo en cuenta la posición que ocupamos, y los logros que alcanzamos?
6. ¿Por qué nos es necesario el poder independientemente de que seamos religiosos, y de que trabajemos en la viña del Señor?
7. ¿En qué sentido son necesarias las riquezas para realizar la obra de Dios?
8. ¿Podemos ser buenos evangelizadores sin que nadie nos conozca?
9. ¿Qué tenemos que hacer para vivir sin que nos incumban la consecución de poder, riquezas y prestigio?
10. ¿En qué sentido son útiles el poder, las riquezas y el prestigio, para llevar a cabo la obra de Dios?
11. ¿En qué caso nos separan el poder, las riquezas y el prestigio, de Nuestro Padre común, y de sus hijos los hombres?
3-2.
12. ¿Por qué es importante que no seamos extremistas a la hora de sacar conclusiones al interpretar el texto evangélico que estamos considerando?
13. ¿Por qué no debemos pensar que quienes desean conseguir poder, riquezas y prestigio, carecen de valor ante Dios?
14. ¿Por qué nos conviene situar al mismo nivel la acción y la contemplación?
15. ¿De qué manera contrarrestó Jesús las creencias de sus hermanos de raza referentes a que el valor de los hombres dependía de la posición social de sus ancestros, y de que el valor de las mujeres dependía de la posición social que ocupaban sus maridos e hijos?
16. ¿Cómo acogemos la Palabra de Dios, y la aplicamos a nuestra vida?
17. ¿Por qué cifró Jesús el valor de las mujeres en la manera en que servían a Dios?
18. ¿Por qué valoramos a María?
19. ¿Por qué sabemos que María se caracterizó por su manera de orar y aplicar la Palabra de Dios a su vida?
20. ¿En qué sentido cumplió María su misión de hija, esposa y madre israelita, y cumplió la voluntad divina?
21. ¿Recuerdas algún texto bíblico del que se deduce que María aparece orando?
22. ¿Cómo podemos alcanzar la glorificación junto a Nuestra Santa Madre en el cielo?
23. ¿De qué maneras podemos predicar la Palabra de Dios?
5. Lectura relacionada.
Leamos y meditemos MT. 25, 31-46, y pensemos en lo que se nos dice que hagamos en el citado pasaje evangélico, para que podamos ser glorificados.
6. Contemplación.
Independientemente de que seamos religiosos, a no ser que se dé el caso de que nos resignemos a vivir humildemente, necesitamos poder, riquezas y prestigio. El poder cristiano no debe basarse en la manipulación de los subordinados ni en la acumulación de riquezas, sino en la capacidad de servir.
Aunque el dinero es imprescindible para que podamos cubrir nuestras necesidades básicas, el Señor nos anima a que cultivemos las riquezas espirituales, mediante las cuales aprendemos a relacionarnos, tanto con Dios, como con nuestros prójimos los hombres.
Escuchemos la Palabra de Dios. Adoptemos la costumbre de leer la Biblia, y meditarla pausadamente.
Apliquemos la Palabra de Dios a nuestra vida, tal como lo haría Jesús, si viviera nuestras circunstancias.
7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en LC. 11, 27-28.
Comprometámonos a ser grandes en este mundo, sin dejar de ser grandes, ante Nuestro Padre celestial. Los cristianos necesitamos crecer a todos los niveles posibles.
Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.
8. Oración personal.
Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.
Ejemplo de oración personal:
Señor Jesús:
Ayúdame a ser grande ante Dios y los hombres al mismo tiempo, a fin de que pueda servirte en mis prójimos los hombres, tal como actuarías tú, si vivieras las circunstancias que caracterizan mi vida.
9. Oración final.
Leamos y meditemos 1 SAM. 2, 1-10, pues, el citado texto, nos servirá como preparación, para meditar el Evangelio, de la Misa del día, de la solemnidad de la Asunción, de Nuestra Señora.
José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en
joseportilloperez@gmail.com
En este blog encontraréis meditaciones para crecer a los niveles personal, social y espiritual.
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Dios ha bendecido a Nuestra Madre celestial. (Meditación para la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María Santísima. 8 de diciembre).
Meditación.
Dios ha bendecido a Nuestra Madre celestial.
¿Hacemos mal al venerar a María Santísima y a los Santos mirando sus imágenes?
Muchos católicos tenéis la costumbre de tener en lugares en que la veis constantemente e incluso de llevar en la cartera una imagen de Nuestra Santa Madre. Yo, al carecer de visión, prefiero llevarla en el corazón, pues en mi interior puedo verla mejor que en las imágenes. Aunque el hecho de tener una imagen tanto de María, de Jesús o de cualquier Santo, es para nosotros una forma de demostrar que amamos a quienes representan dichas imágenes, muchos de nuestros hermanos en la fe no están realmente seguros de si nos está permitido tener imágenes, dado que, los predicadores de otras denominaciones cristianas, -los cuales tienen como meta principal destruir la Iglesia Católica-, les hacen creer que confundimos la veneración con la adoración, de manera que, si tenemos imágenes religiosas en casa debemos tirarlas inmediatamente, para que las mismas no sustituyan a Nuestro Padre común. Aunque muchos creyentes se niegan a tirar las imágenes dado que las mismas forman parte de sus vidas, algunos de ellos, aunque no se desprenden de las mismas porque las tales tienen un valor sentimental muy importante para ellos, se quedan con la duda de si hacen bien o mal con tener dichas imágenes en sus hogares. Aunque creo haber tratado este tema en escritos anteriores, y los religiosos y laicos conocedores de la Biblia lo conocéis perfectamente, permitidme tratarlo nuevamente, con el fin de que nuestros hermanos desconocedores, tanto de la Biblia como de la Iglesia, no piensen que hacen mal a la hora de venerar, tanto a María Santísima, como a los Santos, contemplando sus imágenes.
En la Biblia se distinguen los ídolos (cuya adoración nos está prohibida porque los tales sustituyen al mismo Dios) y los adornos religiosos, cuya posesión, -como veremos más adelante-, no nos está prohibida en absoluto, pues tienen la misión de ayudarnos a crecer espiritualmente, ya que, quienes podéis ver, cuanto más perfecto es vuestro sentido de la vista, tenéis la posibilidad de adquirir el conocimiento de Dios a través de la oración, que surge tanto de la inspiración del Espíritu Santo, de quien San Pablo escribió el texto de ROM. 8, 26, como de vuestros fervorosos corazones, mientras contempláis las imágenes que representan a quienes tanto amor les manifestáis en vuestras oraciones.
¿Por qué se nos prohíbe en la Biblia que adoremos a los dioses falsos? En el tiempo que Moisés caminó con los hebreos por el desierto para conducirlos a la Tierra prometida, los dioses de los pueblos extranjeros, tenían forma de toros, leones y otros animales. Como dichas imágenes eran consideradas como dioses por quienes creían en las mismas, los hebreos las llamaban ídolos o dioses falsos. Aunque los adeptos de las religiones que adoraban las citadas imágenes consideraban que las tales estaban dotadas de poderes mágicos, en realidad, sólo representaban los bajos instintos de los hombres. A modo de ejemplo, el becerro de oro que Aarón -el hermano de Moisés- hizo en el capítulo 32 del Éxodo, dado que Moisés no bajaba del Sinaí, y sus hermanos de raza le dieron por muerto, simbolizaba la fuerza bruta de la naturaleza, y el poder sexual más allá de los límites morales. El oro de dicho ídolo representaba la ambición desmedida y el poder explotador de la riqueza, lo cual ha logrado que los ricos y fuertes exploten a los pobres y débiles, lo que significa que, el hombre, por sí mismo, sin solidarizarse con sus prójimos, y desechando al mismo Dios, ha pretendido usurparle al Altísimo el puesto que le corresponde a Nuestro Padre común.
Nosotros, imitando a los hebreos que desobedecieron a Dios y se hicieron idólatras, también tenemos la opción de apartarnos de Nuestro Padre común, y de unirnos a dioses superfluos, tales como el dinero, la droga, el sexo sin amor, la dominación de nuestros prójimos, etcétera.
En este momento se me puede decir: "Todo esto de los ídolos está muy bien y parece tener sentido, pero, ¿cómo se puede interpretar el siguiente texto (DT. 5, 8-9)? Muchos protestantes nos atacan con el citado texto, diciéndonos que, la prueba de que adoramos las imágenes, consiste en que oramos postrados ante las mismas, lo cual sólo debe hacerse ante Dios. No niego el hecho de que, desgraciadamente, muchos católicos, -sobre todo hermanos nuestros que no saben leer ni escribir-, aman más las imágenes que al mismo Dios, dado que no tienen ninguna representación de Nuestro Padre celestial para orar ante la misma. Muchos de tales hermanos piensan que las imágenes son poseedoras de poderes mágicos, pero es preciso corregir a los tales, teniendo cuidado de tratarles con la mayor amabilidad posible, para no exterminar de sus corazones la fe que tienen. Al sacar los citados versículos y otros tantos textos bíblicos del contexto general de las Sagradas Escrituras, es fácil engañar a quienes no distinguen entre los falsos ídolos y los adornos religiosos, así pues, en el Éxodo, leemos que Dios le dijo a Moisés, las palabras que podemos leer en ÉX. 25, 17-20.
Si los dos querubines colocados en el lugar del perdón de la parte más importante del Tabernáculo (templo portátil) hubieran sido ídolos, ¿qué sentido hubiera tenido el hecho de que el mismo Dios hubiera dado la orden de construirlos?
¿Tiene sentido el hecho de que Dios hubiera permitido la instalación de dos dioses falsos en el lugar en que habría de manifestársele a su Profeta Moisés?
Veamos un texto que nos informa de que en el mismo Templo de Jerusalén había imágenes religiosas (SAL. 74, 4-6).
Vemos que el hecho de tener imágenes en casa no es malo en absoluto, pero, el desconocimiento de la Biblia en su conjunto sí que puede ser muy perjudicial para los católicos que no tienen una Biblia en casa en la que se relacionan unos textos con otros, y se dejan engañar por creyentes de otras denominaciones cristianas que, bien por su desconocimiento de la Palabra de Dios, o bien por su deseo de destruir la Iglesia Católica, pretenden hacerles perder la fe. Los catecúmenos deben cuidarse de no caer en la trampa de quienes les dicen: "Mirad en vuestras Biblias católicas textos como los que os enseñamos de las nuestras, y veréis que son idénticos a los que aparecen en nuestras Biblias, así pues, la Iglesia manipula la Palabra de Dios conscientemente en su beneficio y en perjuicio de sus creyentes", pues los tales no relacionan unos textos con otros, por lo cual, al no interpretar la Biblia en su conjunto, no diferencian la idolatría de la veneración, y, si tienen muy malas ideas, pueden decir que los citados querubines bíblicos eran imágenes religiosas, pero que, las imágenes nuestras, son ídolos que es necesario rechazar.
Cuando yo tenía once años, murió mi hermana Lucía, víctima de una parálisis cerebral y de otras enfermedades, con tan sólo siete años. Un día en que mi madre tenía una fotografía de Lucía en sus manos en un lugar público, una señora que no conocía todo lo que habíamos pasado en mi familia, le preguntó a mi madre: "¿Qué le pasa a esa niña que tiene la cabeza medio baja y esa cara de idiota?". La verdad es que, tanto a mi madre como a mí, nos sentó muy mal aquella pregunta. Os cuento esto para que pensemos que las imágenes religiosas son fotografías, no dioses falsos.
Por cierto, quienes tienen la costumbre de orar arrodillados ante las imágenes de los Santos, no adoran a quienes representan las imágenes -salvo excepciones muy difíciles de localizar-, pues les suplican a los mismos que intercedan ante la Santísima Trinidad por ellos.
¿Queréis ver lo que sucede si interpretamos la Biblia fuera de su contexto general? Al final del SAL. 10, 4, se pone en boca de los carentes de devoción esta frase: "No hay Dios". Por supuesto que entendemos que llegar a esta conclusión es sacar el citado texto de su contexto, pero, muchos católicos, carentes, tanto de sagacidad, como de conocimientos bíblicos, caen en la trampa del protestantismo.
José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com
Dios ha bendecido a Nuestra Madre celestial.
¿Hacemos mal al venerar a María Santísima y a los Santos mirando sus imágenes?
Muchos católicos tenéis la costumbre de tener en lugares en que la veis constantemente e incluso de llevar en la cartera una imagen de Nuestra Santa Madre. Yo, al carecer de visión, prefiero llevarla en el corazón, pues en mi interior puedo verla mejor que en las imágenes. Aunque el hecho de tener una imagen tanto de María, de Jesús o de cualquier Santo, es para nosotros una forma de demostrar que amamos a quienes representan dichas imágenes, muchos de nuestros hermanos en la fe no están realmente seguros de si nos está permitido tener imágenes, dado que, los predicadores de otras denominaciones cristianas, -los cuales tienen como meta principal destruir la Iglesia Católica-, les hacen creer que confundimos la veneración con la adoración, de manera que, si tenemos imágenes religiosas en casa debemos tirarlas inmediatamente, para que las mismas no sustituyan a Nuestro Padre común. Aunque muchos creyentes se niegan a tirar las imágenes dado que las mismas forman parte de sus vidas, algunos de ellos, aunque no se desprenden de las mismas porque las tales tienen un valor sentimental muy importante para ellos, se quedan con la duda de si hacen bien o mal con tener dichas imágenes en sus hogares. Aunque creo haber tratado este tema en escritos anteriores, y los religiosos y laicos conocedores de la Biblia lo conocéis perfectamente, permitidme tratarlo nuevamente, con el fin de que nuestros hermanos desconocedores, tanto de la Biblia como de la Iglesia, no piensen que hacen mal a la hora de venerar, tanto a María Santísima, como a los Santos, contemplando sus imágenes.
En la Biblia se distinguen los ídolos (cuya adoración nos está prohibida porque los tales sustituyen al mismo Dios) y los adornos religiosos, cuya posesión, -como veremos más adelante-, no nos está prohibida en absoluto, pues tienen la misión de ayudarnos a crecer espiritualmente, ya que, quienes podéis ver, cuanto más perfecto es vuestro sentido de la vista, tenéis la posibilidad de adquirir el conocimiento de Dios a través de la oración, que surge tanto de la inspiración del Espíritu Santo, de quien San Pablo escribió el texto de ROM. 8, 26, como de vuestros fervorosos corazones, mientras contempláis las imágenes que representan a quienes tanto amor les manifestáis en vuestras oraciones.
¿Por qué se nos prohíbe en la Biblia que adoremos a los dioses falsos? En el tiempo que Moisés caminó con los hebreos por el desierto para conducirlos a la Tierra prometida, los dioses de los pueblos extranjeros, tenían forma de toros, leones y otros animales. Como dichas imágenes eran consideradas como dioses por quienes creían en las mismas, los hebreos las llamaban ídolos o dioses falsos. Aunque los adeptos de las religiones que adoraban las citadas imágenes consideraban que las tales estaban dotadas de poderes mágicos, en realidad, sólo representaban los bajos instintos de los hombres. A modo de ejemplo, el becerro de oro que Aarón -el hermano de Moisés- hizo en el capítulo 32 del Éxodo, dado que Moisés no bajaba del Sinaí, y sus hermanos de raza le dieron por muerto, simbolizaba la fuerza bruta de la naturaleza, y el poder sexual más allá de los límites morales. El oro de dicho ídolo representaba la ambición desmedida y el poder explotador de la riqueza, lo cual ha logrado que los ricos y fuertes exploten a los pobres y débiles, lo que significa que, el hombre, por sí mismo, sin solidarizarse con sus prójimos, y desechando al mismo Dios, ha pretendido usurparle al Altísimo el puesto que le corresponde a Nuestro Padre común.
Nosotros, imitando a los hebreos que desobedecieron a Dios y se hicieron idólatras, también tenemos la opción de apartarnos de Nuestro Padre común, y de unirnos a dioses superfluos, tales como el dinero, la droga, el sexo sin amor, la dominación de nuestros prójimos, etcétera.
En este momento se me puede decir: "Todo esto de los ídolos está muy bien y parece tener sentido, pero, ¿cómo se puede interpretar el siguiente texto (DT. 5, 8-9)? Muchos protestantes nos atacan con el citado texto, diciéndonos que, la prueba de que adoramos las imágenes, consiste en que oramos postrados ante las mismas, lo cual sólo debe hacerse ante Dios. No niego el hecho de que, desgraciadamente, muchos católicos, -sobre todo hermanos nuestros que no saben leer ni escribir-, aman más las imágenes que al mismo Dios, dado que no tienen ninguna representación de Nuestro Padre celestial para orar ante la misma. Muchos de tales hermanos piensan que las imágenes son poseedoras de poderes mágicos, pero es preciso corregir a los tales, teniendo cuidado de tratarles con la mayor amabilidad posible, para no exterminar de sus corazones la fe que tienen. Al sacar los citados versículos y otros tantos textos bíblicos del contexto general de las Sagradas Escrituras, es fácil engañar a quienes no distinguen entre los falsos ídolos y los adornos religiosos, así pues, en el Éxodo, leemos que Dios le dijo a Moisés, las palabras que podemos leer en ÉX. 25, 17-20.
Si los dos querubines colocados en el lugar del perdón de la parte más importante del Tabernáculo (templo portátil) hubieran sido ídolos, ¿qué sentido hubiera tenido el hecho de que el mismo Dios hubiera dado la orden de construirlos?
¿Tiene sentido el hecho de que Dios hubiera permitido la instalación de dos dioses falsos en el lugar en que habría de manifestársele a su Profeta Moisés?
Veamos un texto que nos informa de que en el mismo Templo de Jerusalén había imágenes religiosas (SAL. 74, 4-6).
Vemos que el hecho de tener imágenes en casa no es malo en absoluto, pero, el desconocimiento de la Biblia en su conjunto sí que puede ser muy perjudicial para los católicos que no tienen una Biblia en casa en la que se relacionan unos textos con otros, y se dejan engañar por creyentes de otras denominaciones cristianas que, bien por su desconocimiento de la Palabra de Dios, o bien por su deseo de destruir la Iglesia Católica, pretenden hacerles perder la fe. Los catecúmenos deben cuidarse de no caer en la trampa de quienes les dicen: "Mirad en vuestras Biblias católicas textos como los que os enseñamos de las nuestras, y veréis que son idénticos a los que aparecen en nuestras Biblias, así pues, la Iglesia manipula la Palabra de Dios conscientemente en su beneficio y en perjuicio de sus creyentes", pues los tales no relacionan unos textos con otros, por lo cual, al no interpretar la Biblia en su conjunto, no diferencian la idolatría de la veneración, y, si tienen muy malas ideas, pueden decir que los citados querubines bíblicos eran imágenes religiosas, pero que, las imágenes nuestras, son ídolos que es necesario rechazar.
Cuando yo tenía once años, murió mi hermana Lucía, víctima de una parálisis cerebral y de otras enfermedades, con tan sólo siete años. Un día en que mi madre tenía una fotografía de Lucía en sus manos en un lugar público, una señora que no conocía todo lo que habíamos pasado en mi familia, le preguntó a mi madre: "¿Qué le pasa a esa niña que tiene la cabeza medio baja y esa cara de idiota?". La verdad es que, tanto a mi madre como a mí, nos sentó muy mal aquella pregunta. Os cuento esto para que pensemos que las imágenes religiosas son fotografías, no dioses falsos.
Por cierto, quienes tienen la costumbre de orar arrodillados ante las imágenes de los Santos, no adoran a quienes representan las imágenes -salvo excepciones muy difíciles de localizar-, pues les suplican a los mismos que intercedan ante la Santísima Trinidad por ellos.
¿Queréis ver lo que sucede si interpretamos la Biblia fuera de su contexto general? Al final del SAL. 10, 4, se pone en boca de los carentes de devoción esta frase: "No hay Dios". Por supuesto que entendemos que llegar a esta conclusión es sacar el citado texto de su contexto, pero, muchos católicos, carentes, tanto de sagacidad, como de conocimientos bíblicos, caen en la trampa del protestantismo.
José Portillo Pérez
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