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Meditación para el Domingo I de Cuaresma del Ciclo B.

   Meditación.

   1. La primera lectura correspondiente a esta Eucaristía que estamos celebrando, nos presenta el final del relato del diluvio universal, como símbolo de los frutos que hemos obtenido por el amor que Nuestro Señor Jesucristo nos demostró durante su Pasión y muerte. Al igual que el arco iris es símbolo de que jamás toda la humanidad perecerá bajo los efectos de un segundo diluvio universal, la Pasión y muerte de Nuestro Hermano y Dios Jesús es el eminente símbolo de que nosotros podemos -y debemos- superar todas las circunstancias que llamamos adversas.

   2. Durante el tiempo de Cuaresma nos preparamos para renovar nuestros compromisos bautismales en la Vigilia Pascual de la madrugada del Domingo de Resurrección. El Arca de Noé es símbolo de la Iglesia de Dios, una Iglesia en la cual todos debemos actuar como miembros activos en pro de la Evangelización activa. Deseamos renovar nuestros compromisos bautismales porque somos imperfectos y no nos salen las cosas como queremos hacerlas. Es esta la causa por la cual vamos a meditar y estudiar seriamente la Palabra de Dios para intentar que este año todo nos salga más bordado.

   3. Todos los días de nuestra vida son semejantes al tiempo de Cuaresma, dado que siempre tenemos conceptos erróneos que nos hacen daño para modificarlos porque queremos ser felices, tenemos que evitar algunos actos que llevamos a cabo en ciertas circunstancias que nos causan cierto dolor al no lograr nuestro propósito, nos cuesta dejar el alcohol, el tabaco y nuestra adicción al juego... Nosotros vivimos la lucha de perfeccionarnos porque, además de prepararnos para renovar la recepción de nuestro bautismo, porque deseamos ser seres espirituales, ya que anhelamos la vivencia en el Reino de Dios cuya instauración aún no se ha llevado a cabo plenamente, porque aún hay hombres que no han aceptado a Nuestro Padre y Dios.

   4. La Cuaresma es un tiempo muy difícil de vivir en algunas ocasiones, porque los textos litúrgicos que consideramos en estos días nos sumen de alguna manera en la consideración de algunas circunstancias -o sentimientos- cuyo recuerdo queremos evitar a toda costa, porque nos hacen daño. Este año los miembros de Trigo de Dios vamos aprovechar la Cuaresma, vamos a valernos de algún medio para sacar a la luz todo aquello que nos hace sufrir, con el fin de remediar el dolor que nos caracteriza, según nuestras pocas -o muchas- posibilidades de alcanzar la felicidad. Sirvámonos del Sacramento de la Penitencia, de algún libro de autoayuda, del administrador de estas listas de Trigo de Dios, o de cualquier otro medio que esté a nuestro alcance, para intentar ser felices superando obstáculos.

   5. San Marcos nos trae el doble recuerdo de las tentaciones de Jesús en el desierto y del comienzo del Ministerio público de Nuestro Señor. Jesús fue bautizado por San Juan Bautista en el río Jordán, y, después de oír la voz de Dios, Nuestro Señor trepó muchas rocas muy peligrosas para internarse en el monte de las tentaciones, el lugar donde se alimentó de hierbas durante 40 días, y convivió con animales salvajes. ¿Por qué quiso Jesús alejarse del mundo si había de llevar a cabo su misión entre los hombres? Nuestro Hermano también era Hombre y por eso tenía la necesidad de prepararse para convivir entre personas cuya conducta podía ser más hiriente que la ferocidad de los animales salvajes. Algunos miembros de Trigo de Dios entre los cuales estamos Juan Francisco y yo, hemos vivido cursillos de cristiandad, hemos subido al monte para prepararnos para vivir en un entorno más acorde con nuestra felicidad y el Evangelio predicado por Nuestro Hermano.

   6. Me gusta imaginar a Jesús en el monte de las tentaciones en el más pleno silencio entregado a la oración. Me gusta ver a Jesús mirando al cielo, implorando respuestas que Dios no le daba según Él le preguntaba al Padre eterno. Jesús no estuvo sólo en aquel monte, así pues, nosotros estábamos con Nuestro Señor, quien siempre tuvo presente nuestro estado de inquietud, nuestras dudas, nuestra falta de fe, y las ocasiones en que interrogamos a Dios, simplemente porque no podemos entender por qué nos acaecen circunstancias que creemos que nos son adversas -o contrarias- a nuestro crecimiento espiritual.

   7. El Evangelio de San Marcos describe muy gráficamente el pasaje de las tentaciones pasando rápidamente a darnos cuenta del comienzo de la Evangelización activa de Jesús. Parece que el intérprete de San Pedro no le concedió mucha importancia a aquellos 40 días de soledad, ayuno y oración en que Nuestro Señor se dispuso a iniciar su Ministerio lleno de dificultades. Los otros dos autores Sinópticos, San Lucas y San Mateo, nos ofrecen un relato más completo de las tentaciones con que Satanás se dispuso a distorsionar los propósitos del Mesías. Esas tentaciones sólo fueron las posibilidades de vivir que tienen los hombres que Jesús meditó durante sus 40 días de constante comunicación con el Padre celestial.

   Jesús no necesitaba poder para predicar (convertir piedras en panes), porque Él tenía la convicción necesaria para que su mensaje fuera creíble para nosotros.

   Jesús no necesitaba ser famoso para comunicarnos su Evangelio, porque Nuestro Señor deseaba transmitirnos su mensaje, no su Persona.

   Jesús no necesitaba manipular nuestra libertad para esclavizarnos, porque a Él no le importa que le rechacemos, pues de nada le sirve que seamos obligados a amarle.

   8. Jesús inició su Ministerio público haciéndonos saber que el Reino de Dios somos nosotros los cristianos (LC. 17, 21).

   Cuando concluya el tiempo de Cuaresma y finalice el Santo Triduo Pascual, comenzaremos a vivir el tiempo de Pascua, así pues, esforcémonos durante la Cuaresma para dar testimonio de que nosotros somos miembros del Reino de Dios no sólo durante los 40 días de la Pascua de Resurrección, sino durante todos los días de nuestra vida. Amén.

(José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com
).

Equiparación de la historia del diluvio universal al Bautismo sacramental. (Meditación para el Domingo I de Cuaresma del Ciclo B).

   Meditación.

   Equiparación de la historia del diluvio universal al Bautismo sacramental.

   La Alianza del arco iris.

   En cada ocasión que Nuestro Padre común se alió con los hombres, intentó extirpar la maldad de ellos, con el fin de hacerlos aptos para que pudieran volver a habitar en el paraíso terrenal que les concedió al principio de la creación a Adán y a Eva.

   La Alianza sobre la que vamos a meditar brevemente debido al escaso tiempo de que disponemos, se llevó a cabo después de que aconteciera el trágico episodio del diluvio universal.

   El relato que vamos a comentar, comienza en el capítulo 6 del Génesis, -el primer libro de la Biblia-, y culmina en el capítulo 9 de dicho primer libro de Moisés.

   (GN. 6, 5-8). Dios creó animales y plantas para que el hombre se sirviera de dichos regalos que recibió de Nuestro Criador, pero, si iba a exterminar a su última creatura, ¿de qué le serviría a Nuestro Padre común seguir manteniendo el orden por Él establecido? Nos cabe también la posibilidad de pensar: Si Dios es amor, ¿por qué quiso destruir a los hombres? Para responder esta pregunta, hemos de tener en cuenta que todos los libros de la Biblia tienen dos autores, que son, a saber: Dios y los Hagiógrafos que los escribieron. El Espíritu Santo fomentó la capacidad intelectual de los escritores que inspiró para que escribieran la Palabra de Dios, pero dichos autores humanos también plasmaron en el texto sagrado sus errores humanos, basados en sus percepciones de los hechos que narraban, así pues, Moisés no redactó el Génesis de la misma forma que escribe un artículo de prensa un periodista que comenta un hecho acaecido sin opinar sobre el mismo, de hecho, para cubrir su carencia de datos objetivos, se vio obligado a improvisar mucho en sus relatos. Basándonos en esta explicación, podemos comprender que las edades de los personajes que aparecen en el Génesis son excesivas, así pues, ¿quién puede creerse que haya existido una persona capacitada para vivir durante 900 años? Moisés alargó la vida de muchos de sus personajes para cubrir periodos históricos de los que carecía de datos objetivos para narrarlos.

   He aquí otro ejemplo que explica nuestra meditación de la exposición de opiniones personales en la Biblia: El mismo Moisés, al final del relato del diluvio universal, escribió que Dios hizo aparecer por primera vez el arco iris en el cielo, para hacerles saber a los supervivientes que había sufrido inmensamente cuando acaeció la inundación del planeta, por lo cual, se comprometió a no castigar más a la humanidad utilizando a tal efecto la inundación de la tierra. Yo pienso: Si Dios es infalible, ¿cómo puede explicarse el hecho de que se arrepintiera de haber creado a los hombres, y de que posteriormente se arrepintiera de haberlos ahogado? ¿Comprendemos en qué aspectos podemos decir que la Biblia es un libro divino y humano al mismo tiempo?

   ¿Por qué eligió Dios a Noé para llevar a cabo su Alianza con los supervivientes del diluvio por su medio? (GN. 6, 9-12).

   Podemos constatar cómo Dios recorrió toda la tierra con su mirada, con el fin de buscar a algún hombre que fuera digno de ser rescatado de padecer bajo los efectos del diluvio universal.

   (GN. 6, 13). Tal como os dije antes, Dios creó la tierra para santificar a los hombres, pero, al arrepentirse de crear a la humanidad, decidió exterminar a los hombres impuros -o pecadores-, permitiendo que todo el planeta fuera cubierto por las aguas del diluvio.

   Dios le siguió diciendo a Noé que construyera el arca en que habían de ser salvos sus familiares, él, y los animales que el Altísimo juzgara oportuno salvar del exterminio de la vida que se llevaría a cabo en la tierra apenas comenzara a llover torrencialmente.

   (GN. 6, 17-22). Antes de que empezara a llover torrencialmente, Dios le dio a Noé las instrucciones oportunas para que ni sus familiares, ni él, ni los animales que estaban en el arca, pasaran hambre ni sed durante el año lunar que permanecieron en el arca.

   (GN. 7, 1). Antes de que Dios le diera a Noé las instrucciones previas al embarque y al comienzo del diluvio, Nuestro Criador quiso que Noé supiera que tanto él como sus familiares iban a ser salvos, en virtud de la justicia de Noé.

   Al examinar detenidamente el texto del diluvio universal, podemos hacer las siguientes constataciones:

    1. Elohim, el Dios de la justicia, quiso castigar la maldad (el pecado) de los hombres.

    2. Concluido el tiempo del castigo purificador, Yahveh, el Dios del amor, se alió con Noé y sus descendientes, prometiéndoles que su justicia no se ejecutaría más contra los hombres, haciendo que los mismos padecieran ahogados por causa de un diluvio universal, indicando, de esa forma, que sufrió al ver morir a los malvados.

    El diluvio universal se prolongó durante 40 días con sus respectivas noches. La cuarentena es un periodo de tiempo utilizado por ciertos personajes bíblicos muy conocidos para esforzarse en aumentar su fe, para huir de sus perseguidores confiando en que Dios les iba a socorrer contra toda esperanza, y para perfeccionar el ejercicio de sus dones y virtudes, pidiéndole a Dios, al mismo tiempo, que les siguiera concediendo sus dádivas divinas, para que así pudieran afrontar pruebas insufribles, en el caso de tener que padecerlas. Noé y sus familiares sobrevivieron al diluvio en el arca que construyeron por orden de Dios. Durante los cuarenta días en que vieron cómo el agua fluvial inundaba el planeta, probablemente debieron aprender a ejercitar su fe, a no perder la esperanza de volver a pisar tierra firme, y, después del diluvio, debieron vivir basando su forma de pensar y proceder, en las enseñanzas que Dios les inspiró, por causa de la experiencia a la que sobrevivieron. Aunque el diluvio se prolongó durante cuarenta días, no hemos de olvidar que las aguas no empezaron a retirarse de ciertas zonas de la tierra, hasta que transcurrió un largo periodo de tiempo, a partir del día en que Noé y sus familiares entraron en el arca.

   Los conocedores del lenguaje simbólico bíblico, saben perfectamente que, las aguas torrenciales significan las dificultades a las que hemos de sobrevivir, y, el arca de Noé, simboliza la fe cristiana, sin la cual, careceríamos de la esperanza de alcanzar la cumbre de la felicidad, viviendo en la presencia del Dios Santísima Trinidad.

   Cuando Noé salió del arca con sus familiares y los animales que salvó del diluvio, en conformidad con su ancestral costumbre, le ofreció a Dios un sacrificio ritual de algunos animales, y los quemó sobre un altar que construyó a tal fin (GN. 8, 21-22).

   (GN. 9, 7-16). En la Alianza que Dios hizo con Adán y Eva, el medio que unía a nuestros primeros padres al Creador era el afán de ellos de recuperar los dones que perdieron cuando comieron del fruto del árbol prohibido, con la intención de poder ser semejantes a Dios, no ya siguiendo sus inclinaciones, sino sometiéndose al cumplimiento de la voluntad de Nuestro Criador.

   En la Alianza que Dios selló con Noé, el arco iris, sería el recuerdo perpetuo del diluvio universal, una señal evidente de que, el Dios del amor, después de la destrucción que llevó a cabo el Dios de la justicia, se propuso crear una nueva humanidad, después de que los hombres fueran limpios de su maldad, por mediación del castigo purificador del diluvio.

   Cuando Dios firmó su pacto con Adán y Eva, se comprometió a enviar a su Hijo a la tierra, con el fin de devolvernos los dones y virtudes que perdimos, por causa de la acción incorrecta que llevaron a cabo nuestros primeros padres.

   En la Alianza que Dios selló con Noé, se nos recuerda que nuestra purificación sigue estando pendiente, por lo que, la señal del arco iris, les recordó a nuestros antepasados, que debían hacer el bien, obviando la posibilidad de actuar inspirados por el mal.

(José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com
).