Meditación.
¿Por qué sufrimos?.
Quienes desean abrazar nuestra fe milenaria, lejos de conformarse con el hecho de vivir una existencia vacía en la que unos creen que todo es un engaño y otros piensan que han de vivir a tope porque cuando mueran no podrán seguir esforzándose para alcanzar ninguna nueva meta, se hacen muchas preguntas, así pues, muchos de nosotros, especialmente quienes nos hemos convertido al Señor siendo adolescentes o adultos, nos hemos cuestionado nuestra procedencia, el destino que nos aguarda después de que acontezca nuestro fallecimiento, etcétera. Entre las cuestiones que nos planteamos está el dolor, así pues, el silencio de Dios, que para unos es un manantial de agua fresca en el que se inspira su fe para no sucumbir ante las diversas tribulaciones a que han de sobrevivir, es para quienes no se comunican con nuestro Padre común, mediante la oración, un impedimento para que la primera de las virtudes teologales se arraigue en sus corazones. Cuando yo era muy pequeño me molestaba el hecho de que lloviera cuando planeaba una excursión con mis amigos al campo. Según vamos creciendo espiritualmente a lo largo de los años que se prolonga nuestra niñez, no tardamos en comprender que, el hecho de desear algo con mucha fuerza, no significa que hemos de ver que se nos concede nuestro deseo por arte de magia, según se nos inculca en muchos libros cuyos lectores aprenden a realizar rituales mágicos, inofensivos, y, para nosotros, los cristianos, inverosímiles.
Cuando Jesús fue tentado en el desierto por el demonio, el príncipe de los ángeles satánicos le dijo al Mesías, las palabras que encontramos en MT. 4, 3. Satanás le dijo al Hijo de María: "Si eres Hijo del todopoderoso, gánate la confianza de los hombres exterminando las miserias que les afligen, y, cuando comprueben tu poder, te seguirán fielmente, y te amarán, no porque tú les amas a ellos, sino porque les asegurarás la consecución de la felicidad que tanto ansían."
Cuando Nuestro Señor entendió que su enemigo quería engañarle para que traicionara a Nuestro Criador, le dijo al maligno, las palabras escritas en MT. 4, 4.
He tenido la oportunidad de conocer a algunas personas que han sabido acumular grandes fortunas, han constituido familias ejemplares, gozan de una salud física excelente, y no son felices. Hemos de recordar que si Dios no solventa todos los problemas de la humanidad, guarda silencio porque en ello no radica nuestra felicidad. Fijaos en los jóvenes que les piden dinero a sus padres para derrocharlo, y no les agradecen a sus progenitores el esfuerzo que hacen para que no les falten bienes materiales. Si Dios nos resolviera todos nuestros problemas, ello no nos haría felices, exceptuando el caso de que aprendiéramos a amarnos unos a otros, y aprendiéramos a valorar nuestros bienes espirituales y materiales. Bajo esta óptica, no ha de extrañarnos el hecho de que Nuestro Señor Jesucristo y sus mártires se dejaran maltratar e incluso asesinar en defensa de sus ideales. Los astrólogos afirman que quienes viven bajo la influencia de Acuario defienden el ejercicio de su libertad de forma que, aunque tienen una gran facilidad para evitar discusiones, es muy difícil hacer que cambien sus convicciones por la óptica que se les desee imponer. Los cristianos, al tener a nuestro alcance la Biblia, -la Carta que Nuestro Padre común nos ha escrito-, y al poder dirigirnos a Nuestro Creador mediante la oración, al igual que quienes viven bajo el influjo de Acuario, tenemos muchas razones para defender nuestros ideales, por más que no se nos comprenda en el medio en que nos desenvolvemos, por consiguiente, aunque a lo largo de nuestra vida no sepamos cuáles son las causas por las que sufrimos enfermedades y carencias, ello no nos impedirá seguir caminando asidos de la mano de Jesús de Nazaret.
joseportilloperez@gmail.com
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