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Nuestros ojos están puestos en el Señor. (Meditación del Salmo responsorial del Domingo XIV del Tiempo Ordinario del Ciclo B).

   Meditación.

   2. Nuestros ojos están puestos en el Señor.

   Meditación del Salmo responsorial 122/123.

   El Salmista elevó sus ojos al cielo, buscando a Dios, por medio de la práctica de la oración. Nuestro Santo Padre se nos revela por medio de nuestras experiencias vitales, la naturaleza, la gente con que nos relacionamos, la Biblia, los documentos de la Iglesia, la voz de quienes nos predican el Evangelio... Nosotros, además de acercarnos a Dios por medio del ejercicio de la caridad, también podemos hacerlo por medio de la oración, porque, tal como puede decirse que es escasa la fe de quienes hacen el bien sin orar, -recordemos que entre los no creyentes hay mucha gente solidaria-, no es más grande la fe de quienes, aunque oran mucho, son poco caritativos. Concienciémonos de lo que Dios quiere de nosotros, y oremos para ser cristianos practicantes.

   Tal cual los ojos de los siervos y siervas están pendientes de vislumbrar la voluntad de sus señores para cumplirla rápida y puntualmente, nuestros ojos se dirigen al cielo, esperando que el Señor nos ayude a solventar, las vicisitudes que caracterizan nuestra vida. No confundamos la servidumbre con la esclavitud, pues los siervos se someten a sus señores voluntariamente y no por obligación como lo hacen los esclavos, de la misma forma que Dios nos pide que cumplamos sus Mandamientos voluntariamente. Nuestro tiempo de espera para que el Señor nos socorra puede ser largo, así pues, aprovechémoslo para fortalecer la fe que nos caracteriza, y para ejercitarnos en la práctica de la oración, y ejercitemos los dones que recibimos del Espíritu Santo.

   Cuando tengamos que afrontar dificultades personales, y cuando tengamos que afrontar problemas causados por las dificultades características de la no aceptación de la Palabra de Dios por parte de nuestros oyentes -o lectores-, pidámosle a Dios que tenga misericordia de nosotros, y que nos ayude a vislumbrar la mejor forma de servirlo.

   El autor del Salmo 122/123, se mostró cansado de las burlas de quienes no tenían carencias de ningún tipo, y del menosprecio de quienes eran demasiado orgullosos, como para aceptar someterse a Dios. Nosotros, lejos de tener la pretensión de juzgar a nadie indebidamente, pidámosle a Nuestro Santo Padre que nos ayude a ser humildes, para que no nos desviemos del cumplimiento de su voluntad.

joseportilloperez@gmail.com

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