Meditación.
En el Evangelio de hoy, San Lucas nos habla de diez leprosos que fueron curados por Jesús. El Maestro les dijo que cumplieran con las prescripciones legales que habían de acreditar su sanación antes de que fueran curados cuando emprendieron el camino de Jerusalén. Aquellos hombres recorrieron muchos kilómetros porque la última esperanza que les quedaba era tener fe en Jesús. Sólo uno de aquellos hombres desand´ó el camino que tuvo que recorrer para ser sanado para agradecerle al Señor el gesto misericordioso que tuvo para con él. Quizá nosotros le hemos pedido a Dios que nos ayude a superar muchas dificultades, y, cuando Nuestro Padre nos ha concedido lo que le hemos pedido, no le hemos agradecido su bondad. La bondad y la gratitud están intrínsecamente vinculadas. Es comprensible el hecho de que la mayoría de los que fueron sanados de la lepra no desandaran su camino para agradecerle al Señor el don de su curación, pero no es aceptable. Debemos actuar intentando beneficiar al mayor número de personas posible con nuestras acciones, por consiguiente, si los nueve enfermos hubieran vuelto sobre sus pasos para agradecerle al Señor su curación, Jesús hubiera sido un poco más feliz al ser elogiado por la gratitud de ellos.
joseportilloperez@gmail.com
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