Meditación.
1. El tema central de la celebración litúrgica de hoy es la Eucaristía. Todos los Domingos consideramos la perspectiva que nos ofrece la Palabra de Dios con respecto a los temas que nos conciernen, al mismo tiempo que renovamos nuestro ímpetu cristiano al comulgar a Cristo Resucitado. Los textos correspondientes a esta celebración litúrgica nos recuerdan las multiplicaciones de panes que se llevaron a cabo a través de las oraciones de Elías y de Jesús y la acción del Espíritu Santo. Entre otros significados, las multiplicaciones de los panes, nos anuncian que Jesús es el pan que todos compartimos para superar la acritud de nuestra vida. El siervo de Elías que le ofreció el pan al profeta se quedó absorto cuando recibió la orden de repartir el alimento vital entre los pobres, pues eran muchos los que necesitaban ser saciados y el siervo del siervo de Dios carecía de la comida que necesitaba para alimentar a aquellos pobres. En nuestra vida ordinaria nos encontramos con demasiados mendigos casi a diario, así pues, con nuestro esfuerzo y el poder del Espíritu Santo, conseguiremos erradicar la adversidad de nuestra sociedad. Son muchas las miserias que acongojan a los hombres, por consiguiente, son muchos los hermanos nuestros que necesitan apoyo psicológico para superar ciertas circunstancias y estados anímicos, y el Señor quiere actuar usándonos a nosotros como medio para manifestarnos su poder y amor, simplemente, porque, nosotros, para creer, necesitamos ver, así pues, San Pablo nos dice: (EF. 4, 6).
2. San Juan nos dice en el Evangelio que la gente seguía a Jesús porque veía las curaciones milagrosas que Él hacía (JN. 6, 2). Hace varios años, unos predicadores llegaron a una casa, en la cuál se encontraron con una familia compuesta por un matrimonio muy mayor, y una niña que estaba muy enferma. Aquellas 3 personas no tardaron mucho tiempo en ampararse en la fiabilidad del Dios que guiaba a aquellos evangelizadores, un Señor que tenía inmensidad de caramelos para repartir entre sus fieles. Los ancianos, pensando en la próxima curación de su hija, trabaron una sencilla amistad con aquellos que fueron expulsados de la casa inmediatamente que les ofrecieron al citado matrimonio una serie de folletos que habían de ser costeados por ellos, porque, la realización de la obra de Dios en la tierra, causa un enorme costo económico.
Cada uno de los 12 Apóstoles tenía una forma diferente de valorar la personalidad del Señor así como las obras que el Hijo de María llevaba a cabo. Nosotros, independientemente de la meta que queramos lograr alcanzar en nuestra vida, debemos preguntarnos si queremos al Dios de los caramelos, o si deseamos los caramelos de Dios.
3. (JN. 6, 3). -Subir al monte equivale a olvidar por un determinado periodo de tiempo las preocupaciones mundanas para que podamos contactar con Dios.
-Subir al monte es imitar a Jesús en la postura que adoptó durante los 40 días en que fue tentado en el desierto (MT. 4, 1-11).
-Subir al monte es mirar en nuestro interior para subsanar el estrés que sufrimos cuando estamos incapacitados para detectar la realidad que nos hiere psicológicamente.
-Subir al monte equivale a enfrentarnos a nuestras miserias para posteriormente dejarnos henchir el corazón del todo de nuestro Padre y Dios.
4. (JN. 6, 5). La proximidad de la Pascua simboliza la proximidad del Reino de Dios con respecto a nosotros, así pues, la pregunta que Jesús le hizo a Felipe nos insta a reconsiderar la posibilidad que tenemos de dejarnos inspirar por el Espíritu Santo para que podamos llevar a cabo nuestros propósitos y no interfiramos negativamente en el cumplimiento de la voluntad de Dios en nosotros.
De la misma forma que aquél que le dio el pan a Elías carecía de recursos para satisfacer la carencia material de la multitud de pobres, nosotros también carecemos de los medios que necesitamos para acabar con la miseria del mundo.
Si el servidor de Elías fue testigo de la multiplicación de su pan, nosotros también podemos comprobar cómo se multiplican nuestros recursos materiales y espirituales, cuando depositamos nuestra confianza en el poder y el amor que caracterizan al Santo Espíritu de Dios.
5. La gente, al ver que Jesús alimentó a la multitud sin que mediara esfuerzo de ningún tipo, tuvo la ocurrencia de ponerse de acuerdo para obligar a Jesús a que nuestro Señor fuera su Rey.
¡Qué tentadora es la vida fácil!.
¡Qué difícil es para nosotros luchar con la intención de vencer obstáculos que se oponen a la consecución de la felicidad por nuestra parte!.
joseportilloperez@gmail.com
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