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Meditación para el Domingo XIX del Tiempo Ordinario del Ciclo B.

   Meditación.

   1. Como el Dios de Elías era más poderoso que el ídolo de la reina Jezabel, aprovechando la circunstancia referente a la derrota y asesinato de sus 450 profetas, la reina pagana inició una cruel persecución contra Elías. El Profeta vivió una cuarentena en el desierto llena de pruebas y dudas, en la que tuvo la oportunidad de comprobar cuan grande es el amor del Dios misericordioso para con sus servidores los hombres.

   El pan con que el ángel de Dios alimentó al Profeta Elías simboliza el Sacramento de la Eucaristía, así pues, Nuestro Señor es el alimento que nos confiere vida eterna (Jn. 6, 35. 54).

   2. San Pablo, en el fragmento de su Carta a los Efesios correspondiente a la celebración eucarística de este día nos habló de unas normas que nos son muy útiles para vivir en paz y que tienen la virtud de prepararnos para recibir a Jesús Eucaristía. San Pablo nos insta a que seamos puros para que podamos ser moradas de Cristo Resucitado (1 Cor. 3, 16; 6, 19).

   3. Para muchos de nosotros es muy triste el hecho de que la Eucaristía dominical no les dice nada a muchos de nuestros hermanos que dicen que son católicos como nosotros, pero que sólo van al templo a asistir al responso de aquellos difuntos familiares o amigos suyos, sólo se acuerdan de Dios cuando celebran un bautizo, una primera Comunión o una boda, no precisamente por el contenido del rito, sino por el banquete suculento que suele acompañar a las celebraciones festivas. Jesús, a través de nuestro sacerdote, nos ha dicho las siguientes palabras: (Jn. 6, 51).

   Vamos a intentar desglosar brevemente lo que Jesús nos ha querido decir con las palabras del Evangelio de San Juan que acabamos de recordar.

   Jesús nos ha dicho que Él es el pan vivo bajado del cielo. El pan, que es un alimento vital, no está adecuadamente repartido en nuestra sociedad. En pleno siglo XXI, tenemos que decir que vivimos en un mundo en que aún siguen existiendo diferentes clases o estamentos sociales que todavía no han perdido la mala costumbre de desestimar a los más desfavorecidos. Hace varios días vi a un señor que le arrojaba una moneda a un guitarrista que mendigaba donde yo estaba trabajando de igual forma que se tira un trozo de carne al suelo para que lo coja un perro. Tiene gracia, pero el que arrojó la moneda decía que era solidario, que lo que hizo fue un acto de caridad.

   Hermanos: Jesús es el pan de la vida. ¡cuántas veces hemos tirado el pan que nos ha sobrado al terminar de comer! Si recibimos a Nuestro Señor, si creemos que el pan y el vino que al ser consagrados dejarán de ser alimentos transitorios para convertirse en el Hijo de Dios, Jesucristo Resucitado, podremos comprobar cómo Nuestro Hermano, siendo Rey de reyes, viene a humillarse ante nuestro corazón, así pues, podemos comprobar cómo Jesús quiere hacerse inferior a la moneda que el supuesto solidario le arrojó al mendigo, para que al creer en Él según cura nuestras heridas, le concedamos en nuestra existencia el puesto que le corresponde.

   ¿Quién puede probarnos un amor más grande que el cariño con que nos ama nuestro Padre y Dios?

   Jesús nos ha dicho en el Evangelio: "Quien coma de este pan vivirá para siempre" Cristianos, si sufrís, si sois felices, si sois religiosos o seglares, sabed que Dios nos ha preparado un Reino a todos los que hemos sido bautizados.  Nuestro Padre y Dios tiene un manantial de agua clara, una eternidad de dádivas para trocar nuestra adversidad por dones y virtudes.

   ¿Tenéis sed de amor, justicia o carencia de bienes materiales?

   Sabed que Dios hará lo que a Él le corresponde con respecto a las necesidades espirituales que tengáis, pero nosotros debemos ayudarnos a solucionarnos las carencias materiales unos a otros porque somos imagen del Dios vivo, y Él nos ha dotado con sus dones y virtudes para que nos amemos con obras y palabras.

   Jesús nos ha dicho: "El pan que yo voy a dar es mi carne. La doy para que el mundo tenga vida".

   Algunos de nosotros hemos dedicado parte de nuestro tiempo a predicar, a dar limosna, hemos repartido algún dinero entre los pobres, hemos consolado a los enfermos... Indudablemente, aunque nuestras manos son las manos de Jesús, aún nos queda mucho que hacer para poder compararnos con Nuestro Señor. Jesús renunció a tener familia, a Él no le pagaban nada por predicar la Palabra de Dios, lo dio todo, ni siquiera escatimó su vida para demostrarnos que nuestro dolor y nuestros errores no tienen un carácter de eternidad.

   Podríamos meditar durante un buen rato el Evangelio que estamos considerando, pero creo que es conveniente que concluyamos esta meditación pensando en cuáles son las razones por las que debemos acercarnos diariamente, si podemos, al altar del Señor, para recibir el Sacramento de la vida, el perdón, el amor y la felicidad eterna.

joseportilloperez@gmail.com

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