Meditación.
2. Pongamos nuestros dones al servicio de la humanidad.
Nota: Cada sacerdote decidirá si en su iglesia se leerá la segunda lectura completa o reducida, por cuestión de brevedad.
Lectura completa: (1 COR. 12, 12-30).
Lectura reducida: (1 COR. 12, 12-14. 27).
El Domingo II del tiempo Ordinario del Ciclo C, recordamos que el Espíritu Santo nos concede ciertas habilidades especiales, a las que llamamos dones espirituales, las cuales han de ser utilizadas, para servir al común de los hijos de la Iglesia, en conformidad con las posibilidades que tengamos, de serles útiles. San Pablo escribió el capítulo doce de su primera Carta a los Corintios, porque tales cristianos no utilizaron sus dones espirituales para servirse unos a otros, sino para destacar unos sobre otros, considerando que no todos los dones tienen la misma importancia.
Dado que todos los dones espirituales proceden del Espíritu Santo, los mismos tienen la misma importancia.
No todos podemos recibir los mismos dones espirituales. El Paráclito nos concede los dones con que podemos serle útiles a la Iglesia al mismo tiempo que nos ayudan a recorrer el camino de nuestra purificación y nuestra santificación. A modo de ejemplos, recordemos a los Apóstoles de Nuestro Salvador.
¿Por qué los escogió Jesús?
¿Tenían dones especiales para merecer tan gran privilegio de convivir con el Señor?
San Marcos contesta estas preguntas, con las siguientes palabras: (MC. 3, 13).
Si recibimos algún don espiritual, ello indica que Dios nos considera aptos para llevar a cabo una misión, en la que, si le fallamos, ello no sucede porque somos incapaces de llevarla a cabo, sino porque queremos vivir al margen de Nuestro Santo Padre.
Los corintios llegaron a pensar que su grandeza radicaba en la importancia que les atribuían a los dones espirituales que recibían. San Pablo les enseñó que los dones espirituales tienen la misión de edificar y unificar a la Iglesia, y no deben ser utilizados para que quienes los poseen, se sientan superiores a los demás cristianos, que no los tienen.
Si pensamos que nuestra valía personal radica en el ministerio que desempeñamos, o en la importancia que les atribuimos a nuestros dones espirituales, podemos caer en la tentación de evitar el hecho de solventar las carencias espirituales y materiales de nuestros prójimos los hombres, y podemos centrarnos exclusivamente en la consecución de nuestros intereses personales, aunque, para ver cumplidos nuestros deseos, tengamos que manipular, a quienes poseen dones diferentes a los nuestros, haciéndoles sentir, que son inferiores a nosotros, porque sus dones no son tan sobresalientes, como nuestras cualidades espirituales.
San Pablo les enseñó a los corintios que la Iglesia es el Cuerpo místico de Cristo, y la comparó al cuerpo humano. Cada parte del citado cuerpo, tiene una función especial, que beneficia a todo el cuerpo. Todos los cristianos, independientemente de que seamos religiosos o laicos, tenemos una misión que llevar a cabo en la Iglesia, que afecta al común de los creyentes, a pesar de que, esta realidad, es rechazada, por muchos creyentes, a quienes les falta sentido de pertenencia, a la fundación de Jesucristo. El mundo sabe que los católicos celebramos la Eucaristía los Domingos, pero hay situaciones en que no se deduce de nuestras palabras y obras, que somos discípulos de Jesús. A modo de ejemplo, pensemos en quienes se avergüenzan cuando alguien se ríe de ellos porque son cristianos.
Las partes del cuerpo humano, aunque son diferentes, deben actuar conjuntamente, con el fin de beneficiarse unas a otras. No todos los católicos somos religiosos, pero podemos trabajar conjuntamente, con el fin de edificar y unificar la Iglesia, manteniendo las mismas creencias, y teniendo una misma forma de actuar, en cuanto ello nos sea posible, teniendo en cuenta nuestros humanos defectos.
Los cristianos debemos evitar dos errores, que nos pueden impedir realizarnos, como discípulos de Jesús:
1. Evitemos sentirnos excesivamente orgullosos de ser poseedores de los dones espirituales que hemos recibido, y de la misión que desempeñamos en la Iglesia. Recordemos que todos los dones espirituales tienen la misma valía porque proceden del Espíritu Santo, y que nuestro mayor privilegio consiste en tener la dicha de servir a nuestros prójimos los hombres independientemente de que los mismos sean cristianos.
2. No pensemos que no tenemos medios para servir a la Iglesia. Si, -a modo de ejemplo-, no disponemos del dinero necesario para subvencionar un gran proyecto que beneficie a los pobres, podemos hacer obras de caridad en conformidad con el dinero que podamos destinar a ello, y podemos adquirir el conocimiento de la Palabra de Dios, para consolar a los pobres, a los enfermos y a los desamparados. Decir que no existe la forma en que podamos servir a la Iglesia, es no querer reconocer que, la realidad, nos demuestra lo contrario, a este pensamiento, que estamos considerando.
No nos comparemos con quienes han alcanzado la santidad o son reconocidos por causa de la misión que desempeñan en la Iglesia. Gastemos el tiempo que podemos desperdiciar sintiéndonos inferiores a los Santos o envidiando a quienes desempeñan misiones importantes en la Iglesia, en trabajar conjuntamente, para evangelizar a la humanidad, y en socorrer a todos los que tienen carencias espirituales y materiales.
joseportilloperez@gmail.com
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