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Meditación para el Domingo V del Tiempo Ordinario del Ciclo C.

   Meditación.

   A Jesús le gustaba predicar en el lago de Genesaret, pues el Mesías disfrutaba reteniendo a aquellos hombres que, después de haber pasado toda una noche pescando, independientemente de su cansancio, se gozaban escuchando la Palabra de Dios. Muchas veces, cuando Jesús se dirigía a la multitud a horillas del mar de Genesaret, solía predicar desde una barca, por dos razones: evitar agresiones por parte de los más fanáticos miembros de su religión, y estar a la vista de la gente que lo escuchaba.

   De igual forma que los pescadores de este Evangelio sacaron sus redes llenas de peces, porque, entre otras cosas, trabajaron en grupo, tengamos presente esta enseñanza evangélica, que nos invita a compartir trabajos, alegrías y penalidades en nuestras comunidades eclesiásticas. El Cristianismo no consiste únicamente en celebrar la Eucaristía dominical, pues es conveniente que todos aquellos que profesamos la misma fe nos unamos para glorificar a Dios sirviendo a aquellos de nuestros hermanos más desfavorecidos material o espiritualmente, así pues, si Jesús no hubiera tenido la intención de hablarnos de amor fraterno en este pasaje del médico San Lucas, ¿cuál hubiera sido la razón por la cual nuestro Maestro se hubiera visto impulsado a obrar la pesca milagrosa?

   Cuando Simón escuchó la petición de Jesús de alejar su barca lago a dentro, quizá le dijo al Nazareno: Hemos estado pescando toda la noche, y, con lo que hemos pescado, sólo conseguiremos una miseria. Si acepto cumplir tu voluntad, te obedezco para demostrarte que el estómago del hombre no se sacia con palabras emotivas, sino con comida. ¡Cuántas veces hemos puesto en duda el amor de Dios con respecto a nosotros! Al final del episodio que San Lucas nos narra en el Evangelio correspondiente a la Eucaristía que estamos celebrando, Jesús oyó estas palabras del impulsivo Pedro: Señor, tú eres un gran hombre, actúas con el poder de Dios, pero yo sólo soy un pescador cargado de años y miedo, déjame en paz, no irrumpas con tus acciones en mi vida.

   Jesús no desea que nos conformemos con lo que nos hemos superado a lo largo de nuestra vida hasta este preciso instante, de hecho, es muy positivo el hecho de que sigamos luchando para perfeccionarnos en todos los terrenos en que nos movemos. Los minusválidos sabemos mucho de este tema, pues aún nos quedan muchos obstáculos que superar para vivir al mismo nivel que lo hacen quienes no tienen afecciones de ningún tipo.

   Al igual que les ocurriera a Pedro y a sus tres compañeros el día en que aconteció la pesca milagrosa, en algún momento de nuestra vida, nosotros también nos hemos percatado del amor y poder del Dios Uno y Trino, así pues, también estamos llamados a ser pescadores de hombres, esto es, evangelizadores dispuestos a trocar el mal por bien, y el dolor por gozo, bajo la inspiración del Espíritu Santo.

   Concluyamos esta meditación del Evangelio dominical, pidiéndole a nuestro Padre y Dios que nos ayude a ser pescadores de hombres en los mares de nuestra vida.

joseportilloperez@gmail.com

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