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¿En qué consistió la misión que Jesús llevó a cabo? (Ejercicio de Lectio Divina del Evangelio del Domingo III del Tiempo Ordinario del Ciclo C).

   Domingo III del Tiempo Ordinario del Ciclo C.

   ¿En qué consistió la misión que Jesús llevó a cabo?

   Ejercicio de lectio divina de LC. 1, 1-4. 4, 14-21.

   Lectura introductoria: MC. 1, 15.

   1. Oración inicial.

   Iniciemos este encuentro de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y, del Espíritu Santo.

   R. Amén.

   Tal como no aplazamos el cumplimiento de nuestras obligaciones, nos conviene relacionarnos con el Dios Uno y Trino, porque Él nos creó, y nuestra vida se encamina a su presencia.

   Orar es evitar que nuestras ocupaciones y preocupaciones nos impidan relacionarnos con el Dios que nos amó hasta permitir que su Unigénito muriera para demostrarnos tan sorprendente realidad.

   Orar es adquirir el conocimiento de la Palabra de Dios, con tal de lograr que nuestra vida se rija por la aceptación y aplicación de la misma, a las circunstancias que nos caracterizan.

   Orar es tener en cuenta que, aunque necesitamos adaptarnos a las circunstancias actuales de la humanidad para evangelizarla, nuestras creencias provienen del mismo Jesús, lo cual significa que no pueden ser modificadas.

   Orar es mantener la creencia de que la Palabra de Dios es importante para nosotros, a pesar de que fue escrita hace muchos siglos.

   Orar es confiarnos al Espíritu Santo, para permitirle que nos purifique y santifique.

   Orar es enseñar la Palabra de Dios tal como la hemos aprendido, siendo conscientes de que, la formación en la fe que profesamos de otros, nos hará vivir revisando nuestras creencias permanentemente, con el fin de poder iluminar, desde la óptica de Dios, las circunstancias que viva la humanidad.

   Orar es para nosotros querer ser tan humildes como Nuestro Salvador, quien no leyó en la sinagoga de Nazaret la lectura correspondiente a un doctor de la Ley, sino la que podía ser leída por un laico.

   Orar es vivir anunciando la gran obra que el Señor ha llevado a cabo en nuestro beneficio, e intentar imitar la conducta observada por Nuestro Salvador, para que el mundo vea que, la fe que profesamos, es una manera de vivir, no una ideología.

   Oremos:

   Espíritu Santo, Amor que vinculas al Padre y al Hijo desde la eternidad:

   Gracias por ungirnos para que colaboremos en la obra de hacer presente el Reino de Dios en el mundo.

   Gracias por hacernos partícipes del hecho de anunciarles a los pobres la Buena Nueva del Evangelio, consistente en que experimenten que ya están el el Reino de Dios, al encontrarse con que es posible que se les solventen sus problemas, de tal manera, que colaboren a ello con sus propios medios.

   Gracias, porque nos das las palabras necesarias, para devolverles la esperanza de recuperar la libertad y ser aceptados en nuestras sociedades a los presos, y para que quienes no se liberan de sus dependencias, aprendan a sentirse libres de las cargas que les impiden ser felices.

   Gracias por hacernos entender que vivimos un tiempo de conversión y gracia, en que, si te permitimos purificarnos y santificarnos, alcanzaremos la plenitud de la felicidad.

   2. Leemos atentamente LC. 1, 1-4. 4, 14-21, intentando abarcar el mensaje que San Lucas nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.

   2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.

   2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.

   3. Meditación de LC. 1, 1-4. 4, 14-21.

   3-1. Las tradiciones que heredamos de nuestros antepasados, siguen vivas en el presente, y se las transmitiremos a las generaciones futuras (LC. 1, 1-2).

   El Evangelio que meditamos en esta ocasión, se divide en dos partes, en la primera de las cuales encontramos el prólogo del primer libro de San Lucas (LC. 1, 1-4), y, en la segunda, encontramos la primera parte de la manifestación de Jesús como Mesías, en la Sinagoga de Nazaret (LC. 4, 14-21). La conclusión de la segunda parte del Evangelio de hoy, la meditaremos el próximo Domingo.

   Supongamos que, tal como hizo San Lucas en su tiempo, queremos hacer una investigación exhaustiva, de la vida y obra de Jesús. el citado Santo no se conformó con el hecho de buscar alguna información, pues contactó con los testigos presenciales de la vida y obra de Nuestro Salvador, e investigó lo que se había escrito con respecto al Mesías. San Lucas les escribió a sus lectores una narración lo más ordenada posible de "las cosas que se han verificado entre nosotros" (LC. 1, 1). Si bien existe la posibilidad de que San Lucas no siguiera un orden exacto en su narración de la vida de Jesús, lo hizo en conformidad con la información que encontró, y con el propósito con que intentó resolver los problemas, de las comunidades cristianas, a las que dirigió sus dos obras, que pueden leerse, como si fueran un solo libro, a pesar de que, en la Biblia, aparecen separadas.

   Se nos acusa a los católicos de manipular la Biblia, y de vivir, no en conformidad con el cumplimiento de la voluntad de Dios, sino con la aplicación de tradiciones humanas. Para los católicos, las tradiciones son ataduras que hemos recibido de nuestros antepasados en la fe. La Iglesia ha cambiado el sentido de ciertas costumbres paganas con tal de cristianizarlas, así pues, dado que las mismas tienen un nuevo sentido cristiano, no tienen por qué ser vistas como contrarias a la Biblia. A modo de ejemplo, dado que los romanos adoraban al sol en diciembre, los católicos sustituyeron la citada fiesta pagana por la celebración de Navidad, porque, en LC, 1, 78, se puede leer, que Jesús es el sol de justicia.

   3-2. ¿Quién es Teófilo? (LC. 1, 3).

   ¿Quién es Teófilo, el personaje al que San Lucas le dedicó sus dos libros? Hay quienes piensan que se trataba de un romano influyente que se hizo cristiano y pagó los gastos originados por la investigación de San Lucas y la escritura de sus dos libros, y hay quienes piensan que el nombre Teófilo es una manera simbólica de llamar a todos los lectores del citado Santo individualmente. Desde el punto de vista espiritual en que estamos invitados a leer el tercer Evangelio y los Hechos de los Apóstoles, somos los Teófilos a quienes San Lucas nos dedica sus dos libros, a fin de que aumentemos la fe que tenemos en Jesús.

   3-3. Apliquemos la Palabra de Dios a nuestras circunstancias actuales (LC. 1, 4).

   La humanidad no es estática, lo cual significa que, conforme pasa el tiempo, no deja de avanzar. Dado que al no ser perfectos como lo es Dios podemos errar con gran facilidad, a veces nuestros avances son positivos, y, en ciertas ocasiones, son negativos. La Palabra de Dios siempre es igual, y, si encontramos que la misma es cambiante, ello sucede, porque intentamos adaptarla, a lo que queremos que llegue a ser.

   La Palabra de dios no cambia, así pues, el hecho de honrar a nuestros padres, fue válido en el tiempo del Antiguo Testamento, y no debe dejar de ser actual. La Palabra divina que sirvió de gran ayuda en el pasado, aún puede iluminar nuestras circunstancias actuales, pues, independientemente de los sorprendentes avances de que seamos testigos, no dejaremos de relacionarnos con Dios ni con sus hijos los hombres. Si queremos conocer al Dios verdadero y no inventarnos una divinidad que se adapte a nuestros deseos, y si deseamos mantener buenas relaciones con nuestros familiares y amigos, necesitamos aprender cómo encontrar la plenitud de la felicidad, examinando la Palabra de Dios, que está escrita en la Biblia.

   3-4. Vivamos impulsados por la fuerza del Espíritu (LC. 4, 14).

   San Lucas nos informa de que Jesús se dejaba conducir por el Espíritu Santo, para recordarnos que siempre le fue fiel a Nuestro Santo Padre, por lo que jamás dejó de cumplir su voluntad.

   ¿Vivimos cumpliendo nuestra voluntad, o dejamos que el Espíritu Santo nos impulse, a fin de que podamos cumplir la voluntad de Nuestro Santo Padre?

   Cuando Jesús celebró su última Cena de Pascua con sus discípulos, les dijo que debían dejarse conducir por la tercera Persona de la Santísima Trinidad (JN. 14, 26. 16, 13).

   3-5. Las sinagogas (LC. 4, 15).

   La palabra "sinagoga" procede del griego, y significa "reunión", por lo que ha de entenderse que, las sinagogas de los israelitas, eran los lugares de las reuniones de los judíos. Dado que los judíos no podían ir al Templo de Jerusalén todos los sábados, tenían las citadas casas destinadas al culto sagrado, en todas las poblaciones en que, al menos, hubiera diez familias israelitas.

   En cada sinagoga, el tabernáculo estaba en el lugar santo, la parte de las citadas casas, que hacía alusión, al Lugar Santo, del Templo de la ciudad santa. Dicho lugar santo estaba separado del resto de la sinagoga por una cortina, tal cual, en el Templo de Jerusalén, estaba separado el Lugar Santo, de las demás dependencias. Los rollos de la Torá se tenían en el tabernáculo, que se encontraba en dicho lugar santo, y estaba orientado hacia el Templo de Jerusalén.

   En medio de las sinagogas y delante del lugar santo, había un púlpito (conocido como bima) sobre un estrado, desde donde se leían la Torá y los textos proféticos, y se dirigía el rezo de la oración solemne. A lo largo de las paredes, solía haber bancos, para que se sentaran los fieles.

   Los días laborales, las sinagogas eran escuelas, en que se instruía a los niños.

   Notemos cómo Jesús fue apreciado por todos sus oyentes de las sinagogas de Galilea, y fue despreciado por los habitantes del pueblo en que se crió, como veremos en el presente trabajo.

   3-6. ¿Queremos que el culto religioso forme parte de nuestra vida? (LC. 4, 16).

   A pesar de que es Dios, Jesús, lejos de aspirar a la grandeza que constituye el sentido de la vida de muchos de nuestros prójimos, asistía al culto sinagogal, haciéndose pasar por cualquier aprendiz de la Palabra de Dios, a pesar de que, nadie como El, conocía a Nuestro Santo Padre.

   Sería conveniente que hagamos una pausa antes de seguir meditando el contenido de este trabajo, para pensar si tenemos excusas por las que no asistimos al culto religioso, y para ver cómo podemos vivir mejor las citadas celebraciones, con el fin de que nos ayuden a crecer espiritualmente, y, -por consiguiente-, a ser mejores cristianos.

   En el culto sinagogal, se hacían dos lecturas. La primera lectura tenía que hacerla un maestro de la Ley, y constaba de un mínimo de diez versículos de la Torá. Dado que las Escrituras estaban escritas en hebreo, y en el tiempo de Jesús la lengua más hablada era el arameo, mientras que los lectores leían la Palabra de Dios, el ayudante del presidente de la sinagoga, hacía la traducción de los textos al arameo.

   Ya que Jesús probablemente no pudo pagarse su instrucción religiosa en el Templo de Jerusalén, no podía leer la lectura de la Torá porque era lo que los católicos llamamos un laico, pero sí podía leer la segunda lectura, -la cual debía constar de un mínimo de tres versículos-, y estar entresacada de los textos proféticos-. Aunque el Señor no era maestro de la Ley, podía pronunciar una breve explicación del texto que leyó, así pues, fiel a su costumbre de incumplir las severas leyes de sus hermanos de raza, leyó menos de tres versículos (IS. 61, 1-2a), le cortó al primer versículo que leyó (IS. 61, 1) la parte relacionada con la curación de los enfermos para reforzar tal hecho en la mención de la liberación de los oprimidos que anunció posteriormente, se atrevió a mezclar dos versículos del libro del Profeta Isaías (IS. 61, 2 y 58, 6), y, por si fuera poco, se atrevió a insinuar, que no existen diferencias entre los judíos y los paganos, y afirmó que El es el Mesías que sus hermanos de raza habían esperado durante siglos.

   3-7. La misión de Jesús (LC. 4, 17-19).

   3-7-1. El anuncio del Evangelio a los pobres.

   Hubo una ocasión en que, San Juan Bautista, desde la cárcel, envió a unos discípulos suyos, a que le preguntaran a Jesús si Él era el Mesías, o si debían esperar a otro enviado de Dios. Nos queda la duda de si el Bautista tuvo un bajón anímico por causa del trato que recibió en prisión, o si utilizó tal pregunta, con tal de conseguir que, sus seguidores, se hicieran discípulos del Nazareno. Jesús les contestó a los amigos de San Juan, en los términos expuestos, en MT. 11, 4-5.

   Aun sin dejar de creer en la veracidad de los milagros de Jesús, podemos equiparar la curación de los ciegos a la iluminación de las mentes de los oyentes del Señor, la curación de los cojos al hecho de que Jesús encaminó a quienes lo aceptaron por el camino de la purificación, la santidad y la justicia, la curación de los leprosos a la conversión, por cuanto los tales, al ser sanados, tenían una vida completamente distinta, conforme dejaban de ser socialmente marginados, la curación de los sordos a la voluntad de aceptar la Palabra de Dios, y la resurrección de los muertos a la aceptación de la vida de la gracia.

   ¿De qué les sirve a los pobres ser evangelizados, si, al no resolver sus problemas actuales, no sienten que forman parte del Reino de dios?

   La esperanza de tener vida eterna puede suavizar el dolor de los que sufren, pero jamás solucionará los problemas de los tales. Es por ello que, o nos comprometemos a ayudar a todos los que sufren consolándolos y concediéndoles nuestras dádivas espirituales y materiales en la medida que ello nos sea posible, o no dejaremos de demostrarles que nuestra fe es falsa, pues solo sirve para aportar un consuelo, que es ocultador de las realidades más crudas.

   No esperes la llegada del Reino de Dios en un futuro que no puedes vislumbrar al mirar al horizonte. Siéntete miembro del Reino de Dios manifestado en ti aquí y ahora, y actúa en consecuencia.

   A pesar de que Jesús podría haber realizado su misión solo, se rodeó de discípulos y Apóstoles, porque quiere inmiscuirnos en su obra. ¿Puede contar Jesús con nosotros para conseguir que nuestros prójimos no creyentes se dejen redimir?

   3-7-2. La liberación de los presos.

   Jesús fue ungido por el Espíritu Santo para evangelizar a los pobres, y para redimir a los cautivos. Al pensar en los presos, no solo nos acordamos de quienes están en la cárcel, pues también tenemos presentes a quienes no se sienten capaces de dejar de fumar, de alcoholizarse o de drogarse. Jesús quiere ayudarnos a romper las cadenas que nos impiden alcanzar la plenitud de la felicidad, pero no quiere hacerlo al margen nuestro, sino contando con nuestro deseo de superarnos a nosotros mismos. No tengamos en cuenta el esfuerzo que nos supone superarnos, y esforcémonos para alcanzar lo que deseamos, porque Jesús está con nosotros. Lo que deseamos conseguir es difícil de alcanzar, pero no es imposible, si ponemos en juego la fe que nos caracteriza. No pienses en el tiempo que tardarás en conseguir lo que deseas, sino en tener aquello que le da sentido a tu vida.

   3-7-3. La curación de los ciegos.

   Jesús vino a curar a los ciegos físicos, y a iluminar a quienes carecen de la luz que podría evitarles cometer un error tras otro. En esta labor de Jesús podemos inmiscuirnos, siempre que tengamos en cuenta que la corrección fraterna ha de hacerse con amor y respeto, y no imponiendo puntos de vista a la fuerza. No sueñes con cambiar el mundo, confórmate con cambiarte a ti mismo, y déjale a Dios que haga, lo que escapa a tus humanas posibilidades.

   3-7-4. La liberación de los oprimidos.

   ¿Qué nos oprime?

   ¿Qué nos impide alcanzar la felicidad?

   Jesús soñó con la conversión del mundo en una sociedad de iguales, y vivió para cumplir su sueño, a pesar de que ello le costó la vida.

   3-7-5. El año de gracia del Señor.

   En la Ley de Moisés, se puede leer que, cada cincuenta años, los judíos celebraban un jubileo, en que los esclavos recuperaban la libertad, quienes vendían tierras las recuperaban... Nosotros esperamos el día en que superemos nuestras dificultades actuales, y podamos vivir en un mundo en que no existan el sufrimiento ni la maldad, en ninguna de sus formas.

   3-8. Las miradas marcadas por la desconfianza (LC. 4, 20).

   Mientras que los lectores religiosos y laicos leían las lecturas de las Escrituras de pie, indicando con tal gesto que las aceptaban y se disponían a aplicarlas a sus vidas, pronunciaban sus discursos sentados, indicando su actitud meditativa.

   Podemos suponer que los nazarenos se asombraron al comprobar la sabiduría y al percatarse de la grandeza de su convecino, pero, si tenemos en cuenta la segunda parte del relato que estamos meditando, que constituye el Evangelio del próximo Domingo, comprobamos que ellos no admiraban a Jesús, sino que lo odiaban, porque no leyó el siguiente texto de IS. 62, 2, porque la violencia no formaba parte, de su programa de acción: "Día de venganza de nuestro Dios" (IS. 62, 2).

   Los nazarenos odiaron a Jesús, porque el Señor no los alentó a esperar la llegada del día, en que Yahveh les ayudara, a liberarse de sus dominadores romanos, por medio del ejercicio de la violencia. Los nazarenos sospecharon que Jesús les dijo que no se consideraran superiores a sus invasores, lo cual fue insoportable para ellos.

   ¿Somos capaces de defender nuestras convicciones, aunque ello nos atraiga el rechazo de nuestros conocidos?

   3-9. Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy (LC. 4, 21).

   Mientras que vivamos cumpliendo la voluntad de Nuestro Santo Padre, y predicando el Evangelio con nuestras palabras y nuestro ejemplo de fieles cristianos, las palabras de Jesús relativas al anuncio de su programa de acción se seguirán cumpliendo, porque Dios siempre espera, con los brazos abiertos, a quienes lo acepten como Padre.

   3-10. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.

   3-11. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.

   4. Apliquemos la Palabra de dios expuesta en LC. 1, 1-4. 4, 14-21 a nuestra vida.

   Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la meditación que aparece en el apartado 3 de este trabajo.

   3-1.

   1. ¿Qué hizo San Lucas para informarse con respecto a la vida y obra de Jesús?
   2. ¿Está relacionada la actividad que llevó a cabo San Lucas antes de escribir sus dos libros con nuestra formación religiosa?
   3. ¿Debemos ser vistos como pecadores los católicos por haber cristianizado tradiciones paganas?

   3-2.

   4. ¿Quién fue Teófilo?
   5. ¿A qué Teófilos les escribió San Lucas el tercer Evangelio y los Hechos de los Apóstoles?

   3-3.

   6. ¿Por qué no podemos cambiar la Palabra de Dios?
   7. ¿Qué significa el hecho de ceder a la tentación de cambiar la Palabra de dios?
   8. ¿Con quiénes puede ayudarnos a relacionarnos la Palabra de Dios?

   3-4.

   9. ¿Por qué escribió San Lucas que Jesús se dejaba conducir por el Espíritu Santo?
   10. ¿Vivimos cumpliendo nuestra voluntad, o dejamos que el Espíritu Santo nos impulse, a fin de que podamos cumplir la voluntad de Nuestro Santo Padre?

   3-5.

   11. ¿Sabes por qué Jesús fue estimado en todas las sinagogas en que predicó el Evangelio antes de ir a Nazaret, donde fue despreciado, a pesar de que se crió en aquel pueblo?

   3-6.

   12. ¿Forma el culto religioso parte de nuestra vida? ¿Por qué?
   13. ¿Qué podemos hacer para que el culto religioso nos ayude a crecer espiritualmente?
   14. ¿Por qué no pudo Jesús leer la lectura de la Ley?

   3-7.

   3-7-1.

   15. ¿De qué les sirve a los pobres ser evangelizados, si, al no resolver sus problemas actuales, no sienten que forman parte del Reino de dios?
   16. Recuerda la simbología de MT. 11, 4-5, y piensa si alguna vez te has sentido ciego, cojo, leproso, sordo, muerto o desposeído.
   17. ¿Puede contar Jesús con nosotros para conseguir que nuestros prójimos no creyentes se dejen redimir?

   3-7-2.

   18. ¿Qué cadenas nos impiden ser felices?
   19. ¿Cómo quiere Jesús ayudarnos a romper nuestras cadenas?
   20. ¿Con quiénes cuenta Jesús para que nos superemos a nosotros mismos?

   3-7-3.

   21. ¿Cómo puede interpretarse la curación de los ciegos llevada a cabo por Jesús?
   22. ¿Cómo hemos de evitar corregir a nuestros prójimos?

   3-7-4.

   23. ¿Quién nos oprime?
   24. ¿Qué nos oprime?
   25. ¿Qué nos impide alcanzar la felicidad?
   26. ¿Serán nuestros vicios o el miedo a enfrentarnos a nuestra realidad, lo que nos impide superarnos a nosotros mismos?

   3-7-5.

   27. ¿Qué diferencia encuentras entre el jubileo judío y el día de gracia del Señor?

   3-8.

   28. ¿Somos capaces de defender nuestras convicciones, aunque ello nos atraiga el rechazo de nuestros conocidos?

   3-9.

   29. ¿Cómo puedes hacer que se sigan cumpliendo las palabras que Jesús leyó en la sinagoga de Nazaret? ¿Lo harás?

   5. Lectura relacionada.

   En esta ocasión, os recomiendo que leáis el libro de Nehemías o el libro de Esdras, o los dos volúmenes, si podéis hacerlo.

   6. Contemplación.

   Contemplemos a Jesús asistiendo a la sinagoga de Nazaret, junto a María Santísima y sus parientes.

   Contemplemos a Jesús, quien, a pesar de su sabiduría divina, no dudó en mezclarse con quienes no eran expertos en la interpretación de la Palabra de Dios, e incluso actuó como ellos, para darnos ejemplo de la grandeza de su humildad.

   Contemplemos a los nazarenos que, cuando escucharon la exposición del programa de acción de Jesús, miraron a Nuestro Redentor con odio, porque, la aceptación de las palabras del Señor, les exigía cambiar sus esquemas mentales.

   Pensemos si somos abiertos de mente para relacionarnos con quienes no comparten nuestras creencias, o si los rechazamos, porque, independientemente de que sus creencias sean buenas o malas, no comparten nuestra fe.

   7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en LC. 1, 1-4. 4, 14-21.

   Dediquemos unos minutos de este día a orar, para pedirle a Jesús que nos ayude a hacer que las palabras expositivas de su programa de acción, se cumplan en nuestra vida.

   Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.

   8. Oración personal.

   Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.

   Ejemplo de oración personal:

   Señor Jesús:

   Ayúdame a transmitirles tu verdad a mis familiares y amigos, por medio del anuncio que les haga de tu vida y obra, y de las buenas obras que lleve a cabo.

   9. Oración final.

   Leamos y meditemos el Salmo 40.

   José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en

joseportilloperez@gmail.com

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