Meditación.
¿Qué es lo más importante para los cristianos en este tiempo de crisis?.
Estimados hermanos y amigos:
No es necesario recordar en este tiempo que estamos viviendo una gran crisis mundial que no nos afecta solo económicamente, así pues, para valorar superficialmente los efectos de la misma, debería bastarnos el hecho de pensar lo que está sucediendo en el mundo con nuestros valores cristianos.
Antes de despedirme de vosotros a finales del pasado mes de febrero del presente año precisamente porque me era imposible costearme el acceso a Internet, recibí muchas cartas de hermanos sudamericanos desesperados por la situación de pobreza que están viviendo, así pues, aunque traté lo que aparentemente parece el abandono de los pobres por Nuestro Padre común en algunas meditaciones que publiqué entre los pasados meses de noviembre y febrero, deseo tratar en esta ocasión ese tema con vosotros.
La crisis económica que estamos viviendo afecta a quienes tienen mucho dinero, pues muchos de los tales, aunque no pasarán por ninguna situación de pobreza, tienen pérdidas que difícilmente pueden superar. Por el contrario, otros hemos tenido problemas económicos de cierta gravedad, y otros tantos están viviendo en la calle, pues ni siquiera tienen un techo bajo el que cobijarse.
Precisamente por causa de la difícil situación que estamos viviendo a nivel mundial, los cristianos deberíamos permanecer unidos, porque, aunque muchos seamos pobres, ello no significa que no somos importantes para Nuestro Padre común, por consiguiente, veamos lo que Santiago escribió con respecto a quienes tenían carencias económicas en su tiempo: (ST. 2, 1-5).
Si Dios nos ama a quienes carecemos de los medios que desearíamos tener para vivir, ¿por qué permite que seamos atribulados? Respondamos esta pregunta utilizando nuevamente la Carta de Santiago: (ST. 1, 2-4).
¿Para qué necesitamos ser probados? San Pablo nos dice: (1 COR. 11, 17-19).
“Se cuenta de cierto campesino que tenía una mula ya vieja. En un lamentable descuido, la mula cayó en un pozo que había en la finca. El campesino oyó los bramidos del animal, y corrió para ver lo que ocurría. Le dio pena ver a su fiel servidora en esa condición, pero después de analizar cuidadosamente la situación, creyó que no había modo de salvar al pobre animal, y que más valía sepultarla en el mismo pozo.
El campesino llamó a sus vecinos y les contó lo que estaba ocurriendo y les pidió que le ayudaran a enterrar la mula en el pozo para que no continuara sufriendo.
Al principio, la mula se puso histérica. Pero a medida que el campesino y sus vecinos continuaban paleando tierra sobre sus lomos, una idea vino a su mente.
A la mula se le ocurrió que cada vez que una pala de tierra cayera sobre sus lomos.... ¡ELLA DEBÍA SACUDIRSE Y SUBIR SOBRE LA TIERRA! Esto hizo la mula palazo tras palazo. SACÚDETE Y SUBE. Sacúdete y sube. Sacúdete y sube!! Repetía la mula para alentarse a sí misma.
No importaba cuan dolorosos fueran los golpes de la tierra y las piedras sobre su lomo, o lo tormentoso de la situación, la mula luchó contra el pánico, y continuó SACUDIENDOSE Y SUBIENDO. A sus pies se fue elevando de nivel el piso. Los hombres sorprendidos captaron la estrategia de la mula, y eso les alentó a continuar paleando. Poco a poco se pudo llegar hasta el punto en que la mula cansada y abatida pudo salir de un brinco de las paredes de aquel pozo. La tierra que parecía que la enterraría, se convirtió en su bendición, todo por la manera en la que ella enfrentó la adversidad.
¡ASI ES LA VIDA!
Si enfrentamos nuestros problemas y respondemos positivamente, y rehusamos dar lugar al pánico, a la amargura, y las lamentaciones de nuestra baja autoestima, las adversidades, que vienen a nuestra vida a tratar de enterrarnos, nos darán el potencial para poder salir beneficiados y bendecidos!”
(Desconozco el autor de esta meditación).
San Pablo nos dice con respecto a las pruebas que hemos de sufrir para ser perfeccionados: (1 COR. 10, 13).
Aunque cuando sufrimos por cualquier causa podemos caer en la tentación de creer que Dios nos ha abandonado, en esos momentos Nuestro Padre común está muy pendiente de ayudarnos, pues Santiago escribió en su Carta: (ST. 1, 9).
(ST. 1, 12). Hay dos tipos de pruebas a las que tenemos que enfrentarnos, así pues, por una parte sufrimos las pruebas que durante mucho tiempo hemos creído que Dios nos manda para que seamos perfeccionados, y, por otra parte, no hemos de olvidar las pruebas a las que nos somete nuestra fragilidad humana, de las cuales leemos en la Carta de Santiago: (ST. 1, 13-18).
Después de recordar la utilidad que tienen las dificultades que vivimos, necesitamos ver lo que verdaderamente ha de ayudarnos a sobrevivir a este tiempo de crisis, especialmente a los carentes de recursos materiales y de bienes espirituales, con el fin de que nuestras carencias no nos hagan sufrir por sufrir.
Aunque suene ridículo el texto bíblico que vamos a recordar a continuación a los oídos de mucha gente, entre quienes hay creyentes con un escaso conocimiento de la Palabra de Dios, no por ello el siguiente versículo del Evangelio de San Mateo deja de recordarnos una verdad muy importante: (MT. 6, 33).
¿Debemos creer que Dios solventará nuestros problemas si dedicamos nuestro tiempo y energía a predicar el Evangelio? Aunque conviene evitar caer en la trampa en que caen quienes se adhieren a muchas religiones con la esperanza de ganar dinero por el mero hecho de predicar, no hemos de olvidar que a Dios no se le puede servir por egoísmo, y que, de alguna manera, en nosotros se cumplen las siguientes palabras que Dios les dirigió a los hebreos peregrinos por medio de Moisés, a pesar de las múltiples tribulaciones que hemos vivido: (DT. 8, 1-6).
No olvidemos que el temor de Dios no está relacionado con el miedo, pues el mismo es uno de los dones del Espíritu Santo que nos hace reverenciar al Dios Uno y Trino, y que Nuestro Padre común no nos castiga para divertirse a costa nuestra, sino que aprovecha nuestras circunstancias consideradas adversas para perfeccionarnos.
En el relato del sermón del monte de San Mateo, leemos que Jesús dijo, las palabras que encontramos en MT. 6, 22-23.
Si nuestro ojo figurativo es bueno, nos dedicaremos a ayudar a resolver las carencias de nuestros familiares en conformidad con las posibilidades que tengamos para ello, solucionaremos nuestros problemas, y nos acordaremos de las necesidades de nuestros prójimos los hombres, independientemente de que los mismos crean en Dios. Estas actividades no nos impedirán seguir creciendo espiritualmente, pues Jesús nos dice las palabras que leemos en MT. 6, 19-21.
Efectivamente, si nos ocupamos de nuestros familiares, de nosotros y de nuestros amigos, y acrecentamos nuestra fe por medio de la asistencia a las celebraciones sacramentales, las catequesis y el estudio personal de la Biblia y de los documentos de la Iglesia, nuestro corazón no dejará de anhelar el hecho de seguir viviendo en la presencia de Dios, pero, si no actuamos adecuadamente, y únicamente pensamos en nosotros, indudablemente, viviremos en tinieblas.
Si nuestro ojo figurativo está sano, conformmémonos con las cosas que tenemos, siempre que no podamos aumentar nuestros bienes. No pretendo decir que hemos de abandonar nuestras actividades para dedicarnos exclusivamente a estudiar la Palabra de Dios, sino que hemos de evitar la a ambición excesiva, y el hecho de querer desear justo lo que no podemos conseguir.
San Pablo nos dice tajantemente que hemos de socorrer a nuestros familiares en sus necesidades: (1 TIM. 5, 8).
El hecho de sustentar a nuestros familiares, no nos obliga a esforzarnos por conseguir los medios más punteros del mercado para modernizar nuestros hogares, pues en la Biblia leemos: (PR. 30, 7-9).
Si tenemos alimentos, ropa y un techo bajo el que cubrirnos, todo lo que podamos conseguir aparte de estas tres cosas, nos aportará bienestar, pero todo ello es secundario, pues San Pablo nos dice: (1 TIM. 6, 6-10; HEB. 13, 5-6).
Deberíamos evitar el hecho de tener grandes deudas arriesgándonos a no poder pagar las mismas en el futuro, pues Jesús nos dice: (MT. 6, 25. 31-34).
Por su parte, San Pablo les escribió a los Filipenses: (FLP. 1, 9-11. 4, 4-9; PR. 4, 20-27; 2 COR. 4, 13-18).
A pesar de que las cosas visibles son pasajeras y de que nos es prácticamente imposible el hecho de vivir sin algunas de ellas, no hemos de olvidar la instrucción que estamos recibiendo de Nuestro Padre común, pues la misma nos ayuda a soportar la adversidad característica de nuestra vida (SAL. 37, 3-6).
Si aún seguimos pensando que no comprendemos la razón por la que somos atribulados, leamos atentamente las siguientes palabras de Santiago: (ST. 1, 5-8).
Con respecto a la indecisión, recordemos la vocación del Profeta Jeremías: (JER. 1, 4-10. 17-19).
Concluyamos esta meditación pidiéndole a Nuestro Padre común que, de la misma forma que fortaleció a Jeremías para que lo sirviera en sus hermanos de raza, que nos ayude a vencer nuestras dificultades.
José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com
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