Meditación.
1. Dios nos librará de nuestras miserias cuando concluya la instauración de su Reino entre nosotros.
(HEB. 12, 12). El valor es una cualidad anímica que nos mueve a actuar resueltamente solventando los problemas que hemos de afrontar y confrontar durante nuestra vida. A pesar de que Jesús les dijo a los oyentes del sermón del monte las palabras que encontramos en MT. 5, 48, somos frágiles, así pues, somos propensos a desanimarnos cuando perdemos un buen trabajo, cuando nos distanciamos de algún amigo al que amamos mucho, cuando se debilitan otras relaciones interpersonales, cuando vemos fallecer a nuestros seres queridos, y en muchas otras ocasiones. Muchas veces interrogamos a Dios cuando sufrimos acaeceres adversos a nuestra voluntad, unas veces impulsados por nuestro desconocimiento de la Palabra de Nuestro Creador, y en otras ocasiones rendidos por la impotencia que nos caracteriza cuando no podemos evitar la vivencia de acontecimientos desagradables, diciéndole: Señor, ¿por qué permites que seamos afligidos?
Isaías nos dice en la primera lectura correspondiente a la Eucaristía que estamos celebrando: (IS. 35, 3).
Antes de iniciar mi actividad de vendedor de cupones de la ONCE, tuve la oportunidad de ayudar a desenvolverse a una chica sorda y ciega en el centro en que cursaba sus estudios. Las manos de mi amiga no estaban cansadas, pero carecían de la soltura que necesitaban para hacer muchas cosas. Me costó un gran esfuerzo el hecho de conseguir que mi amiga bajara las escaleras de su centro de estudios cogiéndose a la pared y apoyándose en su bastón evitando así el miedo a caerse. Quizá alguien desee preguntarme: ¿Qué tiene que ver esa historia con mis deficiencias económicas o con los problemas que están debilitando mi relación con mi cónyuge?
Aunque no todos estamos capacitados para solventar nuestras deficiencias porque somos humanos e imperfectos, no podemos dudar con respecto al hecho de que, si queremos vivir en el Reino de Nuestro Padre común, no podemos olvidar que Él no quiere que vivamos inspirados por la feroz competencia que se ha establecido en nuestra sociedad, la cuál nos obliga a pasar por encima de quienes son más débiles que nosotros para que así podamos adquirir una posición social mejor que la que tenemos actualmente. Si el hecho de servir a nuestros prójimos los hombres no nos solventa nuestros problemas, hemos de reconocer que ello nos enseña a darle gracias a Dios por quiénes somos, lo que somos y las dádivas materiales y espirituales que nos ha concedido, así pues, si no ayudamos a nuestros prójimos a superar la adversidad que atañe a su vida, quizá nos suceda que no valoraremos la importancia de poder utilizar nuestros ojos, quizá no apreciemos el hecho de poder caminar sin ser ayudados por nadie, quizá podemos dejar de valorar la libertad que tenemos quienes podemos utilizar nuestras manos, pues ello nos evita la dependencia con respecto a los demás...
(IS. 35, 4). Decidles a quienes carecen de esperanza que no se dejen desanimar por sus carencias, pues Dios vendrá a nuestro encuentro cuando lo crea oportuno, y nos concederá su felicidad eterna, después de que nos haya ayudado a vencer nuestra imperfección.
(IS. 35, 5). Cuando Nuestro Señor se le haya revelado a toda la humanidad y conozcamos a Dios por su medio, se abrirán los ojos de nuestro entendimiento, y nuestros oídos se abrirán para recibir la buena noticia de nuestra salvación (IS. 35, 6).
Cuando San Juan Bautista envió a unos discípulos suyos desde la cárcel para que interrogaran a Jesús con respecto a su mesianismo y se hicieran discípulos del Hijo de María, nuestro Maestro les dijo: (MT. 11, 5).
Recordemos el texto del Emmanuel de Isaías que utilizó Nuestro Señor para darse a conocer a los nazarenos como el Mesías esperado por su pueblo: (IS. 61, 1).
Al final de los tiempos los cojos saltarán como ciervos, y los mudos cantarán las alabanzas divinas. Dios acabará con nuestra sequedad espiritual (IS. 35, 7).
(SAL. 118, 137). Llamamos justicia, a la constante y perpetua voluntad que tenemos de hacer que todos tengamos lo que nos corresponde. Nuestro Padre común es justo, pero ello no le impide impartirnos su justicia desde la óptica del amor. El hecho de que Nuestro Criador vincule la justicia al amor, no significa que es muy permisivo con nosotros, por consiguiente, sabemos que en esta nuestra vida, recogemos el fruto de las semillas que sembramos.
(SAL. 118, 124). Le pedimos a Nuestro Padre común que nos trate misericordiosamente, que nos abra su corazón, pero que no sea permisivo con nuestras inclinaciones a desobedecerle, sino que nos enseñe sus mandatos, y nos inste a cumplirlos puntualmente.
2. Los milagros.
La palabra "milagro" proviene del latín "mirari", y significa "admirarse de". Los milagros son hechos que trascienden los poderes humanos y las fuerzas de la naturaleza, los cuales sólo les pueden ser atribuidos a Dios en el caso de las religiones, y a las fuerzas sobrenaturales, las cuales son promovidas por los ocultistas. Los cristianos creemos que los milagros poseen un valor evidente, es decir, son las pruebas de que Nuestro Padre común actúa en el mundo. La aplicación del método histórico-crítico ha hecho que muchos de nuestros hermanos sostengan firmemente la creencia de que los milagros de Jesús y de sus santos fueron escritos para exponer enseñanzas religiosas, no con la intención de recopilar evidencias históricas demostrativas del poder de Dios.
En cada ocasión que leamos un milagro de Jesús, intentaremos amar más al autor de la obra divina que a la obra por sí misma, pues no debemos herir al Espíritu Santo de Dios.
Concluyamos esta meditación dirigiéndonos a Nuestra Santa Madre, a la Reina de nuestros corazones. Pidámosle a Nuestra Señora que siga intercediendo por nosotros, hasta que nuestro corazón se abra como una puerta de par en par, y acojamos al Dios Uno y Trino. Amén.
José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com
En este blog encontraréis meditaciones para crecer a los niveles personal, social y espiritual.
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Dios nos librará de nuestras miserias cuando concluya la instauración de su Reino entre nosotros. (Meditación para el Domingo XXIII del Tiempo Ordinario del Ciclo B).
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