Meditación.
La Cuaresma es uno de los tiempos litúrgicos en que nos esforzamos más en llevar a cabo el cumplimiento de la voluntad de Dios. Así pues, en las lecturas que meditamos en la Eucaristía el Domingo I de Cuaresma de los Ciclos A, B y C, Jesús nos enseñó que nuestra meta es vivir en la presencia de Dios Padre. Hoy meditaremos la Transfiguración de Nuestro Hermano y Señor. Hoy le pedimos a Dios que nos transfigure y configure a imagen y semejanza espiritual de Cristo. Hoy le pedimos a Dios que nos conceda ser iluminados por la luz de Cristo. Hoy deseamos que Nuestro Padre y Dios nos conceda la vida eterna junto a Él y Jesús en su Reino celestial.
¿Por qué creemos en Dios?
¿Hemos conocido a Nuestro Padre común al celebrar la Eucaristía?
Las dudas con respecto a nuestra fe pueden disiparse en nuestra alma cuando Dios se nos revela. Dios nos ama como somos, con nuestras virtudes y defectos. Hoy Nuestro Padre y Dios nos pide que nos convirtamos a Él. Dios quiere que confiemos en Él, para que se opere en nosotros la copiosa Redención de Cristo. Yo no puedo gozarme de aquello que desconozco, porque ignoro su existencia. No fue fácil para Abram dejar las ricas tierras de Mesopotamia para peregrinar hacia la Tierra prometida. Nosotros no superamos muchas circunstancias de nuestras vidas a las cuales erróneamente llamamos adversas como quisiéramos hacerlo. Nuestra fe consiste en confiar en Dios. Muchas veces nos negamos a creer en Nuestro Padre común, porque nos faltan ánimo y coraje para superar nuestras dificultades, y, como nos gusta tanto que nuestras vidas estén ausente de obstáculos semejantes al dolor, deseamos que Nuestro Padre nos libre de vivir circunstancias contrarias a nuestra voluntad, de manera que nuestras vidas pierdan el atractivo de luchar para superarnos a nosotros mismos. Por consiguiente, si Dios nos evita las dificultades, podemos decir que somos esclavos, porque no tenemos derecho a escoger entre los caminos de la vida, a pesar de que existe el triste hecho -o la posibilidad- de renegar de Dios de diversas formas.
Abram era anciano cuando vivió su experiencia vocacional. Abram había luchado durante toda su vida para tener un futuro estable. Pedro, Santiago y Juan, al igual que lo hizo Abram, lo dejaron todo, para seguir a Jesús. Abram se sometió a Dios por su propia voluntad, dado que él no conocía ninguna ley que le obligara a llevar a cabo el cumplimiento de la voluntad de Dios.
¿Cuál es tu posición con respecto a la fe que Dios nos pide que tengamos en Él?
La principal meta de todo cristiano, es vivir eternamente en el Reino de Dios. Sabemos que la vida del hombre no termina con la muerte. No olvidemos que mucha gente afirma que la muerte es parte de la vida. Nosotros sabemos que Dios no le quita la vida a nadie. Dios transforma la vida de los difuntos. Dios configura el alma de sus hijos según el modo de proceder de Cristo, y transfigura a los miembros de su Reino, cumpliendo así las Profecías bíblicas.
Cuando Jesús se transfiguró en el monte Tabor, oyó la voz de Pedro: "Señor, qué hermoso es estar aquí".
¿Conocemos al Señor?
¿Se nos ha revelado Nuestro Padre del cielo?
¿Le hemos dicho alguna vez a Nuestro Padre y Dios que le amamos más que a nadie?
¿Nos hemos sentido inundados por la gracia divina cuando hemos vivido un retiro espiritual, cuando hemos rezado, o cuando hemos echado de menos a algún familiar o amigo que vive junto a Nuestro Padre común?
No nos sometamos a Dios cumpliendo ninguna ley. Si queremos observar el cumplimiento de la Ley de Dios, no actuemos como fanáticos temerosos de la muerte y el infierno, pues nos portaremos como hijos que se desviven por abrazar a su Padre misericordioso.
Jesús, ¿cuándo viviremos en el Reino de Dios?
"El Reino de Dios no está ni aquí ni allí, el Reino de Dios está entre vosotros" (LC. 17, 21).
Feliz día del Señor.
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com