Meditación.
¿Qué se dice en la Biblia de los magos y de la adivinación en general?
1. Los magos.
En la Biblia se nos habla de los magos, a quienes, si en la antigüedad muchos los tenían por sabios, (yiddeoni se traduce como sabio), los tales trabajaban el terreno de la adivinación. En el primer Isaías, con tal de que comprendamos el poder persuasivo de los tales, se nos dice: (IS. 8, 19).
Aunque el terreno de la adivinación aparenta ser prometedor, para quienes creen que les sería positivo el hecho de conocer su futuro, a muchos de los tales no les queda otro remedio que comprobar que ello es un engaño muy peligroso, en el sentido de que paraliza las vidas de quienes creen que sólo han nacido para sufrir, y evita que muchos que pueden hacer el bien hagan lo que deben hacer, dado que, para parte de los defensores de la New Age, hasta el suicidio es positivo. Es esta la razón por la que, la Biblia, -la Palabra de Dios-, nos dice: (DT. 18, 9-14).
Sabemos que Dios no nos prohíbe pecar por simple capricho, sino porque sabe que el hecho de no cumplir su voluntad acaba perjudicándonos, porque, según San Juan, "el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor" (1 JN. 4, 8).
Desde el punto de vista religioso, la adivinación es idolátrica, porque, quienes la practican, depositan su confianza en espíritus que no están relacionados con Dios, así pues, San Pablo, nos dice: (EF. 5, 16-17).
Dado que muchos estamos acostumbrados a vivir en países en los que podemos tener muchos bienes, por lo que, en consecuencia, podemos resolver muchos problemas sin apenas realizar ningún esfuerzo, hemos caído en la trampa de olvidar que, si queremos superarnos en la vida, necesitamos aprender a ser luchadores incansables. Dado que no podemos ver a Dios cara a cara, y somos impacientes a la hora de esperar la llegada de la resolución de nuestras dificultades, puede sernos fácil caer en la tentación de contratar los servicios de algún adivino, que no nos diga lo que nos va a suceder en el futuro, sino lo que queremos escuchar, con tal de que el mismo nos devuelva la serenidad. Es preciso que recordemos que, tanto los judíos justos del pasado como muchos buenos cristianos, han tenido que sufrir mucho por causa de la profesión de su fe, así pues, aunque cueste creerlo, aún en nuestros días son crucificados algunos seguidores de Jesús. Los cristianos seremos capaces de soportar cualquier dificultad que nos sobrevenga, si le pedimos a Dios que nos colme de los dones y frutos de su Santo Espíritu, y creemos que vamos a ser ayudados.
2. Los Magos de Oriente.
Si Dios no está de acuerdo con la práctica de la magia, ¿por qué se sirvió de los astrólogos orientales, para simbolizar que el Evangelio, no sólo incumbe a los judíos, sino que es una doctrina universal? Aunque Nuestro Santo Padre no está relacionado con el pecado, tiene suficiente amor y paciencia con nosotros, como para manifestársenos, aprovechándose de las realidades que caracterizan nuestras vidas, así pues, Yahveh se valió de la creencia de que los grandes personajes tenían una estrella a través de la cuál se podía adivinar el futuro de los mismos, para hacer que dichos Magos emprendieran su viaje, en pos de la estrella de Belén, para conocer, al Rey de Israel, en persona.
No podemos determinar el número de los Magos orientales teniendo en cuenta los presentes que le ofrecieron a Nuestro Salvador, dado que dichos dones tenían significados simbólicos, así pues, el oro era símbolo de magnificencia, el incienso era el símbolo de la Divinidad, y, la mirra, con que los orientales embalsamaban a sus difuntos, era una especie de anuncio de la Pasión y muerte del Mesías.
¿Eran Reyes los citados Magos, como muchos creen? Según los siguientes textos bíblicos, no lo eran (SAL. 68, 29-32; IS. 49, 7. 60, 1-10). En los textos anteriores, hemos visto que los Reyes de la tierra adorarán a Jesús, el gran Rey, por lo que deducimos que los Magos de Oriente, no eran Reyes, en el sentido de que los tales eran inferiores al Mesías.
No seamos como los habitantes de Jerusalén, que, en lugar de alegrarse al pensar que había llegado el tiempo de que naciera su Redentor, temieron las consecuencias que ello tendría, si el poder romano se sentía provocado por un nuevo líder sedicioso. Recordemos los valores que caracterizan la Navidad tales como el amor y la comprensión, y hagamos que los tales formen parte de nuestras vidas durante todo el año.
José Portillo Pérez.
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