Introduce el texto que quieres buscar.

Meditación para la fiesta del Bautismo del Señor del Ciclo B.

   Meditación.

   Hoy vamos a concluir la celebración de la Navidad cristiana, dado que en unos países la Navidad social concluyó el día uno de enero y en otros el día seis del presente mes. La Navidad social ha podido ser feliz y productiva para nosotros si hemos logrado mejorar las relaciones que mantenemos con nuestros familiares y amigos. Si la Navidad cristiana nos ha servido para algo más que recordar una tradición anual, independientemente de que seamos ricos o pobres, ello significa que hemos constatado que se ha aumentado nuestra fe, y que nos sentimos capacitados para realizarnos como personas cristianas, alcanzando metas difíciles y  superando obstáculos. La Navidad social ha terminado, así pues, ya finalizaron las reuniones familiares que tan felices nos han hecho porque durante las mismas hemos visto a quienes amamos y durante el resto del año viven lejos de nosotros, pero, de alguna manera, aunque a partir de mañana empezamos a vivir la primera parte del Tiempo Ordinario, aún no concluirá la celebración de este periodo tan especial para quienes creemos en el Dios de los cristianos. Precisamente, el hecho de conmemorar el Bautismo de Nuestro Señor, nos recuerda que la fe que tenemos no es un don únicamente, pues también es un compromiso. Jesús recibió el bautismo de San Juan el Bautista, un rito mediante el cual los judíos le pedían a Dios perdón por causa de los pecados que habían cometido, y se preparaban a recibir al Mesías, pero, el Bautismo sacramental, es más que una petición de perdón, como veremos en esta meditación, con la que me gustaría que pensemos en prolongar esta celebración todos los días de nuestras vidas, pues, para quienes creemos en Dios, todos los días son especiales, porque son oportunidades que tenemos de aumentar nuestra fe, a través de la vivencia del cumplimiento de la Ley divina.

   ¿Qué es el Bautismo cristiano? El Bautismo cristiano es el primero de los siete Sacramentos de la Iglesia. Este rito de iniciación a la vida cristiana es un signo del amor con que Dios nos acoge a quienes, sin duda alguna, somos inferiores a Él, y no hemos hecho nada para que haya hecho de nosotros miembros de su Familia. La palabra "bautismo" viene del griego "baptein", y significa "sumergir". Este Sacramento se administra con agua en el Nombre de la Trinidad Beatísima (tal como se hace en nuestra Iglesia) o en el Nombre de Cristo.

   El Bautismo cristiano se basa en la tradición judía, que consideraba el agua como un elemento purificador, que simbolizaba la liberación del alma del pecado. Un ejemplo de la utilización del agua como limpieza ritual, puede leerse en LV. 11, 25-40. Jesús les ordenó a sus futuros Apóstoles que se esforzaran para lograr que sus creyentes fueran bautizados (MT. 28, 19-20). Jesús deseaba que quienes creyeran en Él fueran hijos de Dios por la recepción del Bautismo, pero también deseaba que sus nuevos seguidores fueran convenientemente formados para dar testimonio de su fe y vivir en conformidad con la enseñanza recibida. Esta es la razón por la que San Pablo escribió: (ROM. 5, 2). En virtud del compromiso que es el Bautismo, leemos en el Catecismo de la Iglesia Católica: (CIC. n. 1270).

   Desgraciadamente, la recepción de los Sacramentos es comparable a las celebraciones sociales de Navidad, -es decir, muchas veces se reduce a celebraciones materiales, las cuales se viven después de representar escenas teatrales en las iglesias-. Por nuestra fe, muchos cristianos no nos bautizamos pidiéndole a Dios que nos salve, sino que nos capacite para que, por nuestro medio, lleguen a desear ser sus hijos quienes no han podido -o no han querido- creer en Él en el pasado, por no comprender adecuadamente su Palabra, o por haberse visto desilusionados por causa del mal ejemplo de los cristianos que les han rodeado.

   San Pablo introdujo una novedad en su doctrina con respecto a la visión del Bautismo, así pues, este Sacramento no era para él únicamente un símbolo de la purificación espiritual, pues también significaba que, los que se bautizaban, al ser sumergidos en el agua, morían con Cristo simbólicamente, y resucitaban con el Señor posteriormente a la recepción del Sacramento (ROM. 6, 3-4).

   A través del Bautismo nos disponemos a recibir los dones del Espíritu Santo (HCH. 19, 5-6; 1 COR. 12, 3; ROM. 8, 26).

   El Bautismo es la renuncia a todo lo que se opone a la realización del designio salvador de Dios (LC. 12, 49-50).

   Si nos ponemos de parte de Jesús, Él nos dirá las mismas palabras que les dijo a los hijos de Zebedeo cuando, acompañados de su madre, le pidieron que, en el cielo, los sentara, el uno a su izquierda, y al otro a su derecha (MC. 10, 38-39A).

   Podemos ser felices como lo fue Nuestro Señor cuando se sintió amado por Dios y por quienes lo rodeaban, y podemos sufrir como sufrió Él durante las horas que se prolongó su Pasión. No podemos ser cristianos felices hasta que llegamos a comprender que las espinas son las que hacen que las rosas mantengan su belleza. La mayoría de habitantes del mundo saben perfectamente que Dios existe, pero se niegan a seguirlo porque no quieren vivir sometidos al cumplimiento de la voluntad del Todopoderoso, porque no han aprendido que dar es tan importante como recibir, así pues, creen en Dios aunque no acepten el hecho de cumplir sus Mandamientos, pero no creen en los hombres.

   El Bautismo nos hace vivir la nueva vida de los hijos de Dios, una existencia que se prolongará para siempre, a pesar de que en este tiempo somos limitados en muchos aspectos (2 COR. 5, 17-19).

   Si el Bautismo nos hace vivir la vida de la gracia, el citado nacimiento nos convierte en nuevas criaturas espirituales, cuyas vidas se desarrollan por la vivencia de su fe (GÁL. 6, 14-15; 1 COR. 1, 31).

   La Trinidad Beatísima es el centro de la vida de los cristianos.

   Es importante que, al abrazar la nueva vida de la gracia, nos olvidemos de todo aquello que nos dañe de alguna manera a nosotros o a nuestros prójimos (TT. 3, 4-8).

   ¿Pueden salvarse quienes no se han bautizado? Esta cuestión es muy polémica, así pues, Jesús le dijo a Nicodemo: (JN. 3, 5; MC. 16, 16). Desgraciadamente esta cuestión tan polémica fue utilizada por los fariseos y lo ha sido -y seguirá siendo- por muchos predicadores sectarios que se jactan de ser los preferidos de Dios, y no son nada más que los hermanos mayores de aquél hijo pródigo que reconoció ante su Padre y Dios que hizo justo lo que no debía haber hecho, mientras ellos actúan egoístamente por ganar la vida eterna, y creen que la salvación les pertenece por su propia justicia. Este tema se hace más controvertido si consideramos que muchas veces quienes carecen de fe son mejores personas que bastantes cristianos, un hecho que se podría considerar lógico porque los cristianos al fin y al cabo somos personas imperfectas, pero tenemos el libro del amor por antonomasia cuyas normas no sigue todo el mundo, y, sin embargo, a veces fallamos más que muchos no creyentes.

   Aunque el Bautismo es necesario para vivir la vida de los hijos de Dios ya desde nuestras circunstancias actuales, el Catecismo de la Iglesia arroja luz sobre la pregunta que estamos intentando responder (CIC. n. 1257).

   Concluyamos esta meditación pidiéndole a Nuestro Padre común que nos fortalezca la fe para que no se enfríe nuestro amor ni perdamos el ánimo, para que vivamos en conformidad con el cumplimiento de su voluntad, y hagamos de la tierra un paraíso de luz, paz y armonía, mientras esperamos que Jesús venga nuevamente a concluir la instauración de su Reino entre nosotros.

   Nota:

   Las lecturas primera y segunda de los Ciclos A, B y C, se encuentran meditadas en el apartado 6 de la fiesta del Bautismo del Señor del Ciclo C.

José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com