Meditación.
1. Isaías, en la primera lectura correspondiente a esta fiesta del Bautismo de Nuestro querido Jesús, nos habla de la humildad del Mesías del Señor. El Señor Dios Todopoderoso sostiene a su siervo para que no flaquee en el cumplimiento de su misión redentora. Nosotros, los bautizados, los que le hemos pedido a Nuestro Padre y Dios que nos envíe su Espíritu Santo para que podamos cumplir la misión que nos ha encomendado, somos los preferidos del más amante de todos los padres. El Señor ha puesto su Espíritu en nosotros, para que contribuyamos al establecimiento del derecho y la justicia en todas las naciones. Al igual que le aconteciera a Jesús de Nazaret, nosotros no necesitamos gritar, clamar ni vocear por las calles para que la gente se admire de nuestro rango especial, pues, siendo imágenes del mismo Cristo, somos humildes hijos de Dios. Dios sabrá hacer en su momento que aquellos que se ríen del Evangelio se conviertan al que es amor (1 JN. 4, 8).
Nuestra misión es la misión del Mesías. No debemos quebrar la caña que se está partiendo ni apagar la luz nítida de quienes desean resolver sus dudas de fe. Isaías dice que el Mesías no morirá hasta que cumpla su misión, así pues, dentro de unos meses recordaremos la muerte y la Resurrección del Señor, pues debemos ser humildes como el Bautista, aquel pobre Profeta que se empequeñeció hasta la muerte para hacer cuanto estaba a su alcance para que Cristo creciera (JN. 3, 30).
2. Si nos remitimos al Evangelio de San Marcos, podemos comprobar que Jesús fue más humilde que aquel humilde que no quería bautizar a su Señor, así pues, era necesario que Juan Bautista se hiciera grande porque el que era grande se hizo pequeño para que se cumpliera el citado propósito de Dios. Es complicado el mundo de la fe. Quizás no sabemos comprender que Dios se hizo Jesús porque Jesús se dejó hacer Dios en su Humanidad. Quizás no podemos comprender por qué los pequeños se hacen grandes, por qué los grandes se hacen pequeños, por qué algunos pequeños deben ser enaltecidos y por qué algunos grandes deberían empequeñecerse para empezar a ser humildes, no obstante, el Salmo responsorial nos insta a considerar la grandeza de Aquel que se sienta sobre el aguacero y la pequeñez y grandeza del que se hizo Hombre por amor a nuestra miseria, pues desea hacernos dioses con Él, pues no en vano dice la Escritura: "Quienes escuchen su Palabra serán dioses"
3. El Bautismo es para nosotros un don y un compromiso, así pues, el citado Sacramento es un don, porque celebrando el rito le pedimos a Dios que su Espíritu venga sobre nosotros, ya que deseamos ser sus hijos. Es entonces cuando Nuestro Padre nos santifica con su gracia y un sin número de sus dones y virtudes divinos. El Bautismo es un compromiso porque los cristianos debemos observar la misión de Jesús en el área pastoral en que nos toque ser imitadores del humilde Cristo Rey.
4. El Espíritu Santo se posó sobre Jesús bautizado una vez hubo adoptado la forma corporal de una paloma. Debemos entender esta revelación de las tres Personas de la Trinidad Beatísima como manifestación -o revelación- de la luz de la fe y la sabiduría divinas. La paloma en nuestro tiempo es el símbolo de la paz, y el símbolo de los siervos, así pues, no olvidemos que hubo un tiempo en que las palomas se usaban para enviar mensajes.
Jesús sintió que el Espíritu se posaba sobre Él. Dios no violaba su libertad de Hombre. Jesús había decidido entregarse a Dios el cual lo fortaleció como Hombre que era para que no flaqueara en el cumplimiento de su misión redentora. La voz del Padre confirmó la misión de Jesús, nuestra misión, y el amor con que nos ama a Jesús y a nosotros, los miembros de la Cristiandad, e hijos del pueblo de sus hijos predilectos.
José Portillo Pérez
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