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Jesús fue bautizado por San Juan Bautista y ungido por el Espíritu Santo para cumplir la misión con que Nuestro Santo Padre lo envió a Israel. (Ejercicio de lectio divina del Evangelio de la fiesta del Bautismo del Señor del Ciclo B).

   Ciclo B.

 Jesús fue bautizado por San Juan Bautista y ungido por el Espíritu Santo, para cumplir la misión con que Nuestro Santo Padre lo envió a Israel.

   Ejercicio de Lectio Divina de MC. 1, 6B-11.

   Lectura introductoria: MC. 9, 7.

   1. Oración inicial.

   Iniciemos este encuentro de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y, del Espíritu Santo.

   R. Amén.

   Dado que Juan fue formado espiritualmente por los esenios, vivía apartado del mundo, para distinguirse de los pecadores. Esa fue la razón por la que sus oyentes lo buscaban para que les predicara el mensaje que hizo que muchos de sus hermanos de raza tuvieran una fe más fuerte y estable en el cumplimiento de las promesas divinas. El mensaje de Juan fue exitoso porque predicó el fin de las injusticias y por eso se ganó el respeto de muchos desheredados del país.

   Los cristianos no necesitamos apartarnos del mundo para conocer a Dios, cumplir su voluntad y aprender a orar, así pues, creemos que podemos ser seguidores de Jesús en cualquier ambiente en que no se nos debilite la fe. Aunque Juan Bautista puede ser considerado fanático religioso porque se aisló de la mayoría de sus hermanos de raza, muchos cristianos necesitamos la convicción con que defendió sus creencias, una convicción que terminó costándole primero la pérdida de la libertad, y posteriormente la vida.

   Aunque Juan se apartó del mundo para consagrarse a la oración, la meditación y la predicación, es necesario que los cristianos no nos sintamos superiores ni inferiores a quienes carecen de la fe que profesamos. Sólo la construcción de un mundo de iguales podrá ayudarnos a conseguir que la humanidad acepte a Dios, y crea que la Trinidad Beatísima habita en nosotros.

   Orar es tener creencias diferentes al pensamiento de quienes nos rodean circunstancialmente, y no sentirnos superiores ni inferiores a los mismos, ni marginados por los tales. Si seguimos afirmando que el mundo es uno de los enemigos que tenemos que vencer como se hacía cuando se nos decía que nuestros enemigos son el mundo, el Demonio y la carne, no podremos convencer a nadie de que Dios existe y es bondadoso con sus hijos.

   Orar es reconocernos más pequeños que Jesús como lo hizo Juan, lo cual no significa que carecemos de valor personal. Con demasiada frecuencia asociamos la pequeñez con la carencia de valor personal por considerarnos pecadores irremisibles.

   Orar es trabajar por la extensión del Reino de Dios, y no para ser alabados. Tenemos derecho a ganarnos el pan, pero, en el campo de la evangelización, hemos de trabajar sabiendo que sólo el Señor recogerá el fruto de nuestra siembra. San Juan Bautista era consciente de esta realidad, y por eso sabía que el Bautismo de Jesús era superior al suyo.

   Orar es vivir nuestra profesión de fe activamente, tal como Jesús viajó desde Nazaret al Jordán, para ser bautizado por Juan. Los cristianos hemos sido llamados a ser buscadores de algo mejor que supere nuestros logros pasados y actuales.

   Orar es saber que hemos sido receptores del Espíritu Santo, para que podamos superar la sequedad espiritual, y cumplir la voluntad divina.

   Orar es oír la voz del Padre en nuestras oraciones, cuando tengamos que tomar decisiones importantes, y cuando sintamos que se nos debilita la fe.

   Oremos:

   Espíritu Santo:

   Hoy te pido que me ayudes a examinarme, con el fin de que pueda liberarme de los prejuicios contrarios a tu pretensión de crear un mundo de iguales, pues, aunque seamos diferentes, tenemos un Padre común, que desea que nos amemos.

   Soy diferente a muchos de quienes me rodean por causa de mi fe, pero no soy superior ni inferior a los tales, porque Dios quiere ser Padre de todos.

   Me has dado la vida para que te conozca y te acepte, y ello me servirá para cumplir tu voluntad. La oración fortalecerá mi fe diariamente para que no deje de ser un excelente seguidor de Jesús.

   Te pido que ninguna causa me impida caminar detrás de Jesús. Actualmente soy más pequeño que el Hijo de Dios y María, pero estoy destinado a ser su coheredero (ROM. 8, 17).

   Orar es tener presente la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas, para sentirnos seguros a la hora de intentar superar las dificultades que nos caracterizan, en la medida que nos sea posible. Dios no nos da garantías de que vamos a triunfar en todo lo que intentemos, pero siempre estará con nosotros (MT. 28, 20), y sabemos que el fracaso no consiste en que nos equivoquemos, sino en paralizar nuestras vidas. Si nos equivocamos podremos intentar actuar de manera diferente, pero, si dejamos de creer en nosotros, en nuestros prójimos los hombres y en Dios, perderemos la esperanza de alcanzar la plenitud de la felicidad.

   Así como Jesús buscó a Juan para que lo bautizara, busquemos a quienes necesitan instrucción religiosa, o cualquier otra ayuda que podamos prestarles. Dios jamás nos va a pedir que hagamos algo que esté más allá de nuestras posibilidades de cumplir su voluntad.

   2. Leemos atentamente MC. 1, 6B-11, intentando abarcar el mensaje que San Marcos nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.

   2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.

   2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.

   3. Meditación de MC. 1, 6B-11.

   3-1. La humildad que fue captada como provocación (MC. 1, 6).

   Los líderes religiosos de Israel debieron sentirse bastante incómodos con la presencia de Juan Bautista en el Jordán, porque, mientras ellos vestían suntuosamente, el citado Profeta tenía un aspecto humilde, que aprovechó para fortalecer la fe de sus oyentes, actuando como pobre entre los pobres. Ello me sugiere el pensamiento de que nuestras palabras y acciones han de estar en sintonía para que podamos ser cristianos sin trampa ni cartón, pues los ricos que alaban la pobreza de Job y la predican vistiendo suntuosamente, muestran una gran crueldad (MT. 23, 2-3).

   3-2. La grandeza de San Juan Bautista (MC. 1, 7).

   La grandeza de Juan radicó en que no se obsesionó intentando ser el protagonista principal de la Historia de la salvación, e hizo lo que Dios le pidió que hiciera. Juan sabía que era un hombre común y que Jesús es Dios, y se consideraba indigno de ser esclavo del Mesías. Recordemos que muchos judíos no permitían que sus esclavos israelitas les desataran las sandalias y les lavaran los pies, por considerar que ese trabajo suponía una gran humillación.

   ¿Trabajan nuestros ministros religiosos por amor a Dios y a sus hijos, o intentan ser cada día más reconocidos y tener puestos superiores?

   ¿Trabajamos los laicos por amor a Dios y a sus hijos, o intentamos tener mejores posiciones en nuestras comunidades de fe?

   3-3. El bautismo de Juan y el Bautismo de Jesús (MC. 1, 8).

   Dado que Juan Bautista fue muy famoso en Israel, sus seguidores no dejaron de creer su mensaje cuando Herodes ordenó que se le cortara la cabeza cuando lo tenía preso. Para los Evangelistas era importante distinguir el bautismo de Juan del Bautismo de Jesús, ya que entre los primeros cristianos había quienes pensaban que Jesús no se hubiera dejado bautizar si hubiera sido superior a Juan, y que recibió el bautismo del citado Profeta porque era pecador. Al resolver estas dos cuestiones a favor de Jesús, muchos seguidores de Juan se hicieron seguidores del Nazareno, por creer que Jesús resucitó de entre los muertos.

   El bautismo en agua preparaba a los creyentes para recibir el Bautismo de Jesús. Los oyentes de Juan confesaban sus pecados y se hacían bautizar (MC. 1, 4-5), y quedaban esperando la llegada de Jesús, cuyo Bautismo los haría hijos de Dios. Los seguidores de Juan esperaban así ser moradas del Espíritu Santo, cuyo fuego exterminaría su condición pecadora.

   3-4. Jesús fue desde Nazaret al Jordán a buscar a Juan para que lo bautizara (MC. 1, 9).

   La hélite religiosa de Israel despreciaba a los nazarenos por su contacto con los paganos. Jesús jamás pecó, pero siempre vivió en contacto con los más despreciados de su país, por sus pecados, sus enfermedades y su estado de pobreza. Jesús fue glorificado alcanzando así como Hombre el estado al que esperamos llegar los cristianos, pero lo hizo partiendo de su relación con los más despreciados.

   3-5. Jesús fue bautizado por Juan, ungido por el Espíritu Santo, y Nuestro Santo Padre manifestó su complacencia en Él (MC. 1, 10-11).

   El Espíritu Santo no ungió a Jesús hasta que el Señor salió del agua significativa de la muerte, porque el Mesías no quiso distinguirse de aquellos por quienes tres años después sacrificó su vida, para recuperarla posteriormente.

   El cielo se abrió, significando la reaparición del espíritu profético, pues hacía cuatro siglos que no aparecían profetas en Israel, que denunciaran las injusticias.

   El Espíritu Santo descendió sobre Jesús adoptando la forma corporal de una paloma, y ungió al Señor como Profeta, Sacerdote y Rey, para que llevara a cabo la misión de redimir a la humanidad creyente.

   La voz del Padre se dejó oír, y Jesús fue reconocido como el Hijo en que Yahveh se complace.

   3-6. Si hacemos este ejercicio de Lectio Divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.

   3-7. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.

   4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en MC. 1, 6B-11 a nuestras vidas.

   Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.

   3-1.

   1. ¿Por qué debieron sentirse incómodos los líderes religiosos de Israel al saber cómo vestía Juan Bautista para llevar a cabo su ministerio profético?
   2. ¿Qué logró Juan Bautista con su aspecto humilde?
   3. ¿Por qué no negoció Juan Bautista con los líderes religiosos de su tiempo para llevar a cabo la obra que Yahveh le encomendó sin poner su vida en peligro?
   4. ¿Por qué es necesario que nuestras palabras y acciones estén en sintonía?

   3-2.

   5. ¿En qué radicó la grandeza de Juan Bautista?
   6. ¿En qué radica nuestra grandeza?
   7. ¿Por qué reconoció Juan su inferioridad respecto de Jesús?
   8. ¿Por qué no permitían muchos judíos que los esclavos de su raza les desataran las sandalias y les lavaran los pies?
   9. ¿Trabajan nuestros ministros religiosos por amor a Dios y a sus hijos, o intentan ser cada día más reconocidos y tener puestos superiores?
   10. ¿Trabajamos los laicos por amor a Dios y a sus hijos, o intentamos tener mejores posiciones en nuestras comunidades de fe?

   3-3.

   11. ¿Por qué era importante para los Evangelistas distinguir el bautismo de Juan del Bautismo de Jesús?
   12. ¿Por qué dos razones llegaron a pensar muchos creyentes del siglo I que Jesús se dejó bautizar por Juan?
   13. ¿Por qué hubo  seguidores de Juan que se hicieron discípulos de Jesús?
   14. ¿En qué consistía el bautismo de Juan?
   15. ¿En qué consiste el Bautismo de Jesús?
   16. ¿Por qué era necesario que los seguidores de Juan recibieran el Bautismo de Jesús?
   17. ¿Qué itinerario recorrían los seguidores de Juan antes de hacerse discípulos de Jesús?

   3-4.

   18. ¿Por qué eran despreciados los nazarenos por la hélite religiosa de Israel?
   19. ¿Por qué vivió Jesús en contacto con los marginados de su país?
   20. ¿Por qué inició Jesús su labor estando en contacto con los despreciados de su pueblo?
   21. ¿Seremos cristianos auténticos si vivimos al margen de los necesitados de dádivas espirituales y materiales?

   3-5.

   22. ¿Por qué no ungió el Espíritu Santo a Jesús hasta que el Señor fue bautizado y salió del agua?
   23. ¿Qué significado tiene el agua bautismal?
   24. ¿Qué significa la apertura del cielo?
   25. ¿Para qué ungió el Espíritu Santo a Jesús como Profeta, Sacerdote y Rey?
   26. ¿Por qué habló Nuestro Santo Padre cuando Jesús fue ungido por el Espíritu Santo?

   5. Lectura relacionada.

   Leamos y meditemos HCH. 1, 1-11, para recordar la relación existente entre Pentecostés y el Bautismo de Jesús.

   6. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en MC. 1, 6B-11.

   Comprometámonos a compartir nuestra alegría de ser discípulos de Jesús con alguno de nuestros hermanos en la fe.

   Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.

   7. Oración personal.

   Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.

   Ejemplo de oración personal:

   Padre misericordioso:

   Háblame a través de quienes quieras que te sirva, para que mi crecimiento espiritual no sea obstaculizado por la apatía.

   8. Oración final.

   Leamos y meditemos el Salmo 16, agradeciéndole a Dios el bien que ha hecho en nuestro favor, y agradeciéndole las oportunidades que nos da de servirlo en nuestros prójimos los hombres.

   José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en

joseportilloperez@gmail.com