Meditación.
La cena navideña.
Es lícito el hecho de que invirtamos dinero para celebrar la Navidad. Podemos comprar comida, ropa y adornos para festejar las diversas fiestas que caracterizan el tiempo litúrgico que hoy empezamos a vivir, siempre que no prescindamos de lo necesario para solventar las carencias de nuestros prójimos, nuestras necesidades, y de que también nos acordemos de quienes no tienen nada. El hecho de festejar la Navidad no se contradice con la fiesta religiosa del Nacimiento de Jesús, por consiguiente, el encuentro con nuestros familiares puede ayudarnos a concluir este tiempo litúrgico con más fe, esperanza y caridad.
Todos los años, al acercarse la celebración de la noche buena, aparecen, en muchos medios de prensa, artículos escritos por sicólogos, en los que se les dan instrucciones a los lectores de los mismos, para que puedan celebrar la Navidad en armonía con sus familiares. Una lectora me ha dicho que le hace gracia ver cómo en algunos periódicos se editan esos artículos, pero, en el reino del silencio en que vivimos,
¿confiamos plenamente en nuestros familiares para manifestarles nuestros sentimientos?
¿Les ocultamos a nuestros íntimos los motivos que nos hacen sufrir por miedo a que no nos comprendan?
¿Nos coarta el hecho de llevar mucho tiempo sin encontrarnos con algunos de nuestros familiares para decirles lo que pensamos abiertamente?
¿Existen razones lo suficientemente fuertes como para perturbar nuestras relaciones con ellos?
¿Cómo podremos comunicarnos con quienes amamos sin fracasar en nuestro intento de celebrar la noche buena apaciblemente?
Madre Teresa de Calcuta dijo: "La primera necesidad, es comunicarse".
Dejemos que la luz de Cristo invada nuestros corazones para que así podamos expresar nuestros sentimientos más profundos durante la cena navideña.
Seamos independientes a la hora de expresar nuestros sentimientos, recordando que no podemos agradar a todo el mundo al mismo tiempo, así pues, a unos les gusta que seamos rebeldes y contestatarios, mientras que otros nos prefieren callados y sumisos.
Seamos espontáneos a la hora de decir lo que se nos pasa por la mente. La gente espontánea tiene mucho éxito en sus relaciones, pues se le ama por su sencillez de expresión y comportamiento.
Seamos optimistas.
¿Cómo vamos a perder la oportunidad de cenar con quienes amamos si entre todos hemos preparado una gran celebración, para encerrarnos en nuestro caparazón, si sabemos que la soledad, a pesar de lo necesaria que es para quienes somos cristianos, puede convertirse en un gran enemigo llamado aislamiento, cuando nuestros sentimientos han de ser aclarados, para que no nos sintamos infelices?
Mostrémonos dispuestos para entablar conversaciones abiertas y claras, siendo receptivos con las alegrías y los problemas de nuestros prójimos. Esta noche será necesario que riamos con los que van a reír y que lloremos con los que sentirán la necesidad de llorar, aunque esto último no se puede hacer siempre, ya que, los problemas, han de ser solucionados, pero, esta noche, es especial...
Teniendo en cuenta el motivo religioso que dará lugar a nuestro encuentro familiar, podemos orar antes de cenar, antes de asistir a la Misa de medianoche, cantar villancicos ante el árbol de Navidad o la representación del nacimiento, y llevar a cabo otros actos culturales y cultuales que podéis improvisar sobre la marcha, con el fin de acrecentar vuestra espiritualidad.
Concienciémonos del significado que la misión redentora de Nuestro querido Jesús tiene en nuestra vida. La manifestación del Hijo de María ha cambiado el significado de nuestra vida, así pues, cuando estábamos tristes y desamparados contemplando nuestro dolor, el Dios de la misericordia, nos envió a su Hijo único, para que hiciera de nosotros una Iglesia universal de profetas, sacerdotes y reyes, consagrados a Él.
Oremos con gran gozo en esta celebración del nacimiento del Señor, alabando a Dios, quien nos ha manifestado su amor, enviándonos a su Hijo.
San Pablo, en la segunda lectura de esta celebración navideña, nos habla brevemente de la misión redentora de Jesús, pues, para agradecerle al Señor el bien que nos ha hecho, vamos a comprometernos a vivir cumpliendo puntualmente la voluntad de Nuestro Padre común.
José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com