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Jesús es el Heraldo de dios Padre. (Meditación de la primera lectura de la Misa del día de la Natividad del Señor).

   Meditación.

   1. Jesús es el Heraldo de Dios Padre.

   Meditación de IS. 52, 7-10.

   La Iglesia instituyó la solemnidad de la Natividad del Señor teniendo en cuenta el significado de la Pascua. Jesús vino a Palestina para redimir a sus creyentes por medio de su Pasión, muerte y Resurrección. Si celebramos la Natividad del Señor, ello sucede porque el Mesías ha redimido a su pueblo creyente (IS. 52, 7). Esta es la razón por la cual, en la primera lectura correspondiente a la cuarta celebración eucarística del veinticinco de diciembre, se nos presenta a un mensajero que pregonaba por los montes cercanos a Jerusalén la llegada a la capital de Judea de quienes fueron deportados a Babilonia, el cual simboliza a Jesús, quien, por medio de su Pasión, muerte y Resurrección, ha ganado para sí un pueblo que, al final de los tiempos, vivirá en un mundo en el que no existirá la miseria.
   Jesús es el Mensajero que fue enviado por Dios Padre a Palestina, para anunciarnos la existencia de un Reino caracterizado por el amor y la paz, y el Evangelio -o la buena noticia- de nuestra salvación, y, porque es Dios, ha llegado a ser Nuestro Rey, después de haber sido glorificado, por haber llevado a cabo, la obra redentora que le fue encomendada, por Nuestro Padre común.
   (IS. 52, 8). Cuando aconteció el retorno de los deportados a Jerusalén, los vigías de la Ciudad Santa vieron en el citado hecho el regreso de Yahveh a Sión. Ello me induce a pensar que quienes predicamos el Evangelio necesitamos ver en nuestras circunstancias personales y sociales manifestaciones de Dios, tanto para alentar nuestra fe, como para mantener la creencia en Dios de a aquellos cuya formación religiosa depende de nosotros. Todos los cristianos necesitamos ver manifestaciones divinas en las circunstancias que vivimos, con tal de no perder la fe que nos caracteriza. Así como los vigías de Jerusalén vieron con sus propios ojos el retorno de Yahveh y no se percataron de ello por otro medio, los cristianos no fortaleceremos nuestra fe por ningún otro medio que no sea la formación, la práctica de cuanto aprendamos sirviendo a nuestros prójimos los hombres, la oración y el testimonio de fe.
   (IS. 52, 9). ¿Creemos que Dios ha consolado y redimido a sus creyentes? Si tenemos en cuenta la realidad característica de la gran mayoría de cristianos existentes actualmente, podemos tener la impresión de que Dios no existe, o de que, si no es una invención humana, se ha olvidado de nosotros. Necesitamos conocer más y mejor a Dios, saber consolarnos y saber consolar a quienes nos rodean independientemente de que sean cristianos, para poder sentirnos redimidos y amados por el Dios Uno y Trino. Si los cristianos desconocemos a Dios, ello nos sucede, porque no tenemos fe en Él. De igual manera, si el mundo no se percata del bien que le hacemos los cristianos, ello sucede porque no actuamos como Dios espera que lo hagamos. Muchos ricos y pobres gritan desesperadamente pidiendo ayuda con sus palabras y gestos, y nosotros, como representantes de Dios, queremos detectar esos gritos y conocer las carencias de quienes nos necesitan, para poder prestarles los servicios más adecuados a la resolución de sus problemas.
   (IS. 52, 10). Cuando Ciro decretó el fin de la deportación de los judíos a Babilonia, las naciones vieron cómo el Dios de los judíos favoreció a su pueblo. Nosotros, sin dejar de pensar en cómo hemos sido adquiridos por Jesús para formar parte de su Reino de amor y paz, necesitamos vislumbrar cómo se manifiesta la gloria de Dios entre nosotros, para no perder la fe que hemos recibido del Espíritu Santo.

José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com