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Jesús es Nuestro Dios, Hermano, Señor y Salvador. (Ejercicio de lectio divina del Evangelio de la Misa del día de la Natividad del Señor).

   Jesús es Nuestro Dios, Hermano, Señor y Salvador.

   Ejercicio de lectio divina de JN. 1, 1-18.

   Lectura introductoria: COL. 1, 12-23.

   1. Oración inicial.

   Iniciemos este encuentro de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y, del Espíritu Santo.
   R. Amén.

   Orar es amoldar nuestra vida al cumplimiento de la voluntad de Jesús, quien es la Palabra de Dios que ha existido desde siempre, y permanece junto a Nuestro Santo Padre, por los siglos de los siglos.
   Orar es escuchar, acoger, y vivir la Palabra de Dios, porque Jesús es más parte nuestra, que nuestros cuerpos y almas.
   Orar es pensar que existimos porque la Palabra de Dios nos ha dado el don de la existencia, pues sin el Verbo divino, el universo no hubiera sido creado.
   Orar es vivir sabiendo que Jesús es la luz que ilumina nuestra vida al transmitírsenos como Palabra de dios, por obra del Espíritu Santo.
   Orar es meditar y creer las siguientes palabras de San Pablo: ROM. 5, 20.
   Orar es tomar conciencia de la necesidad que tenemos de vivir como verdaderos testigos de la luz, que es Nuestro Señor Jesucristo, quien nos dice: (HCH. 1, 8).
   Orar es vivir siendo conscientes de que no somos el centro del universo, y por ello no somos ni superiores ni inferiores a nadie, y nos reconocemos pequeños ante Dios, para que Nuestro Santo Padre, nos conceda su grandeza.
   Orar es concienciarnos de la necesidad que tiene el mundo de testigos del Señor que le den a conocer la Palabra divina que se hizo Hombre y vivió socialmente ignorado, a pesar de que es el Dios Todopoderoso y eterno.
   Orar es concienciarnos de que no vamos a rechazar a Jesús, como lo despreciaron muchos de sus hermanos de raza, que, por su conocimiento de las Sagradas Escrituras, debieron haber deducido que el Hijo de María, era el Mesías esperado por el resto de Israel.
   Orar es gozarnos, porque, al haber recibido la Palabra de dios en nuestra vida, hemos sido hechos hijos de Nuestro Santo Padre, quien nos ha destinado a servirlo, pues en ello consiste la consecución de la verdadera felicidad.
   Orar es sentir que la Palabra de Dios mora en quienes la aceptan sin reservas, y se glorían de vivir en conformidad con el cumplimiento de la voluntad de Nuestro Santo Padre, porque en ello consiste la imitación de la conducta del Unigénito de Dios.
   Orar para nosotros, es ser conscientes de que no hemos visto a Dios, pero lo conocemos, porque Jesús nos ha hablado de Él, y, por su Pasión, muerte y Resurrección, nos ha hecho sus hijos.

   Oremos:

   ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

   ¡Oh Espíritu Santo!, alma de mi alma, te adoro; ilumíname, guíame, fortifícame, consuélame, dime qué debo hacer, ordéname.

Concédeme someterme a todo lo que quieras de mí, y aceptar todo lo que permitas que me suceda. Hazme solamente conocer y cumplir tu voluntad.
(Desconozco el autor).

   2. Leemos atentamente JN. 1, 1-18, intentando abarcar el mensaje que San Juan nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.

   2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.

   2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.

   3. Meditación de JN. 1, 1-18.

   3-1. Jesús es la Palabra eterna de Dios que nos ha dado la existencia (JN. 1, 1).

   El versículo joánico que estamos considerando, nos recuerda este otro texto del primer libro de la Biblia: GN. 1, 1.
   ¿A qué principio se refieren en los citados textos los autores del cuarto Evangelio y el Génesis? Ambos Hagiógrafos sagrados, se refieren al principio de la creación del mundo. Cuando San Juan afirma que "en el principio existía la Palabra", nos informa de que Jesús existía antes de que el universo fuera creado. Recordemos el siguiente extracto de la oración sacerdotal de Nuestro Salvador: JN. 17, 4-5. Antes de encarnarse en el seno virginal de María Santísima, Jesús estuvo en la presencia de Nuestro Santo Padre, compartiendo la gloria divina con Yahveh.

   3-2. Jesús es Dios, y, desde la eternidad, hasta que vino al mundo, estuvo con Nuestro Santo Padre, en el cielo (JN. 1, 1-2).

   Jesús es el Verbo de Dios. Ello lo prueba el hecho de que ha existido siempre, ha vivido -y está- en la presencia de Nuestro Santo Padre, y, de hecho, es Dios, así pues, Jesús es la segunda Persona, del Misterio de la Santísima Trinidad.
   En las antiguas Escrituras, el Verbo aparece como agente de la creación (SAL. 33, 6).
   El Verbo de Dios también aparece en el antiguo Testamento, como revelador de los mensajes de Yahveh a su pueblo, por medio de los profetas (OS. 1, 1).
   El Verbo de dios también aparece en el Antiguo Testamento como revelador de la Ley divina, que era para los creyentes, la norma de santidad, que habían de cumplir, puntualmente (SAL. 119, 16).
   Muchos de los lectores inmediatos del cuarto Evangelio, estaban influenciados por la cultura griega. Para los griegos, el Verbo era el principio de la razón que gobernaba el mundo, o el pensamiento que se mantenía en la mente. Esta es la razón por la que San Juan nos presenta a Jesús como la Palabra de Dios que creó y gobernará el mundo, pero el cuarto Evangelista no nos habla de Jesús como del principio de la razón, sino como de la Palabra eterna de dios, que se hizo Hombre (JN. 1, 14).
   El ser humano que San Juan nos presenta como Verbo de Dios, no solo es Hombre, sino que también es el único Dios verdadero (COL. 1, 15-17). Cuando San Pablo nos dice que Jesús es el Primogénito de toda la creación, no debemos entender que Nuestro Salvador fue la primera creación de Nuestro Santo Padre, pues ello es una referencia al hecho de que ha existido siempre. Tengamos en cuenta que, si la Biblia se contradice, no puede contener la Palabra del Dios que no puede equivocarse por causa de su infalibilidad, así pues, si la biblia se contradice, no es Palabra de Dios, sino palabra de los hombres.
   San Pablo nos dice que Jesús es igual a Dios (FLP. 2, 5-6).
   El cuarto Evangelista, nos dice que Jesús es Dios (JN. 10, 30. 37-38; 12, 44-45).
   Jesús es la imagen y representación de Nuestro Padre celestial. Es por eso que nos revela al Padre, de quien es un fiel reflejo (JN. 1, 18. 14, 8-9).
   Jesús vino del cielo, así pues, no fue creado del polvo de la tierra, tal como les sucedió a Adán y Eva (1 COR. 15, 47).
   Jesús es el Señor de todo lo creado (ROM. 9, 2-5).
   El autor del Apocalipsis, nos dice las palabras que encontramos en AP. 1, 5.
   Jesús es plenamente Santo (HEB. 7, 26-28).
   Una prueba de la santidad de Jesús, la constituye la pureza de Nuestro Redentor (1 PE. 1, 18-20; 1 JN. 3, 5).
   Jesús tiene autoridad para juzgar el mundo. San Pablo nos transmite una información muy importante referente al día del juicio (ROM. 2, 16; 2 COR. 5, 10).
   San Pablo, en su Carta a los Colosenses, rebatió a quienes tenían dificultades para creer que Jesús se hizo hombre, porque creían que existían dos principios, de uno de los cuales -el espiritual- procedía el bien, y del otro -el material- el mal, y pensaban que Jesús no pudo hacerse Hombre, porque la materia en sí, era mala. Para San Pablo, Jesús, aunque se hizo Hombre, es la imagen exacta de Dios, a pesar de que murió ajusticiado y crucificado, como si hubiera sido un criminal.
   San Pablo les predicó a Jesús a quienes pensaban que el Mesías no podía haber creado el mundo, porque en la tierra conviven juntos el bien y la maldad, y no veían posible el hecho de que el Señor hubiera creado el mal. San Pablo afirmó que Jesucristo, -el Dios hecho carne-, creó el cielo y la tierra, y tenía poder para perdonarles sus pecados, a quienes decidieran cambiar de conducta.
   A quienes no creían que Jesús era el Primogénito de Dios, sino uno de los intermediarios entre Nuestro Santo Padre y los hombres, San Pablo les dijo que el Hijo de María no tuvo principio creador alguno porque al ser Dios existió siempre, y es el primero que resucitó de entre los muertos, para no volver a ser víctima de la muerte.
   A los gnósticos que pensaban que la salvación no procedía de la fe en Cristo, sino de la adquisición del conocimiento secreto que deseaban alcanzar, San Pablo les insistió en el hecho de que la salvación solo se nos puede conceder, por medio de la Pasión, muerte y Resurrección, de Nuestro Salvador.

   3-3. Si creemos en Dios, no prescindamos de Él (JN. 1, 3).

   Si Dios creó el mundo por medio de Jesús, y sin nuestro Salvador no se hizo nada, ¿cómo podremos prescindir del Dios Uno y Trino quienes creemos en El, si estamos ciertos de que, lejos de Él, nos es imposible alcanzar la plenitud de la felicidad? Nuestros dones no son propios, pues los hemos recibido de Dios. Si nos alejamos de Nuestro Santo Padre, incumpliremos el propósito para el que nos creó, que consiste en que alcancemos la plenitud de la felicidad, viviendo en su presencia, no solo a partir del día en que Jesús concluya la plena instauración de su Reino entre nosotros, sino a partir del momento en que le dejemos amoldarnos al cumplimiento de su divina voluntad.
   A lo largo de los 17 años que llevo predicando en el medio en que vivo, y de los más de 10 años que he anunciado la Palabra de Dios en Internet, me he encontrado con gente desesperada por su incapacidad para resolver las dificultades que tenía, que pensaba que ni siquiera dios podía comprender lo que le sucedía. Esto no puede ocurrir, porque, el dios que ha creado el universo a pesar de lo complejo que es, nos ha dado la vida, y nos conoce perfectamente, mejor de lo que nosotros nos conocemos.

   3-4. La maldad de los hombres no es más poderosa que la Palabra de Dios (JN. 1, 3-5).

   Los versículos joánicos que estamos considerando son de gran belleza. La vida está en la Palabra de Dios, y la vida de Jesús, es la luz de los hombres. Jesús nos ilumina con su Palabra y con el ejemplo de fiel cumplimiento de la voluntad de Nuestro Santo Padre que nos dejó (JN. 8, 12. 9, 5. 12, 35-36).
   En el Evangelio de San Juan, aparecen las tinieblas opuestas a la luz, y la muerte opuesta a la vida. Nuestra vida sin Jesús es tenebrosa y nos mantiene muertos a la gracia divina, no porque Dios no nos la concede, sino porque le impedimos que penetre con la misma nuestra alma. Permitámosle a Cristo que nos saque de las tinieblas del pecado, y que nos conceda la vida eterna, para que así podamos vivir por años sin término, en la presencia de Nuestro Padre celestial.

   3-5. El ejemplo de San Juan Bautista (JN. 1, 6-8).

   San Juan Evangelista no se menciona a sí mismo en el cuarto Evangelio escribiendo su nombre, sino como el más amado de los discípulos del Señor, indicando así, que los lectores de sus libros bíblicos, debían unirse a él como un solo creyente, imitando su fe, una fe que no era suya, pues la recibió de Dios.
   San Juan Bautista vino al mundo a dar testimonio de Jesús. El Bautista no era el Mesías, sino siervo de Nuestro Padre celestial. Al igual que hizo el hijo del sacerdote Zacarías, no actuaremos ante el mundo como si fuéramos la verdadera luz, sino como reflejos de la luz de Cristo. No nos presentaremos ante el mundo como la luz verdadera, pero les indicaremos a los hombres, a través de nuestro ejemplo conductual de buenos cristianos, que miren a Cristo, quien es la verdadera luz divina.
   Jesús nos muestra por medio de su luz el camino que desea que recorramos para alcanzar la salvación, y nos enseña la forma en que quiere que recorramos dicho camino. Permitámosle al Señor que haga extraordinarias las circunstancias ordinarias de nuestra vida.

   3-6. No rechacemos a Jesús (JN. 1, 9-11).

   A pesar de que Jesús creó el mundo, la humanidad no le reconoció. Aunque los israelitas fueron escogidos como primicia del pueblo de Dios de entre la humanidad, y podrían haberle conocido por medio de la interpretación de las profecías referentes a Nuestro Salvador, la mayoría de los judíos le rechazaron.

   3-7. La Palabra de dios, hace hijos de dios, a quienes la reciben (JN. 1, 12-13).

   Permitirle a Jesús que nos haga hijos de dios, significa disponernos a cambiar nuestra manera de ser y pensar. Jesús vino al mundo para hacer de nosotros miembros de la familia de Dios. Si estamos dispuestos a dejarnos transformar por el Señor, llegaremos a ser nuevas personas, y alcanzaremos la plenitud de la felicidad.

   3-8. La Palabra se hizo carne (JN. 1, 14).

   El Verbo eterno de Dios se hizo Hombre. ¿Qué tipo de hombre fue Jesús? Nuestro Señor no sucumbió bajo el pecado, y si fue castigado como pecador, ello no sucedió por causa de su impureza, sino porque quiso hacerse igual a nosotros, para demostrarnos que somos amados por Nuestro Padre común (HEB. 4, 15).
   Jesús es un modelo de conducta a seguir para nosotros, y por ello ha llegado a ser nuestro Maestro de espiritualidad, que nos enseña cómo actúa Dios, y por qué y cómo desea que lo imitemos (FLP. 2, 5).
   Jesús les dijo a sus discípulos durante la celebración de su Ultima Cena pascual, antes de ser crucificado, las palabras que encontramos en JN. 13, 13.
   Con respecto al hecho de que Cristo es nuestro ejemplo a imitar, San Pedro, nos dice: 1 PE. 2, 21).
   Cristo fue la víctima sacrificial perfecta, por la que nos fueron perdonados nuestros pecados (COL. 1, 18-23).

   3-9. La Palabra de Dios puso su morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria.

   ¿En qué sentido puso la Palabra de dios su morada entre nosotros? Jesús vivió como lo hacemos nosotros, con la salvedad de que no pecó jamás. Jesús, siendo dueño de las riquezas del mundo, quiso ser pobre entre los pobres, porque, cuanto mayores son nuestras carencias espirituales y materiales, más facilidad tenemos para encontrarnos con Dios, a pesar de que este hecho es paradójico.
   Durante el tiempo de Adviento, hemos recordado que Jesús vino a Palestina en el siglo I de la era actual, y, cuando ascendió al cielo, no nos desamparó, pues se nos entrega en las celebraciones eucarísticas, y vive en quienes lo aman, y, consiguientemente, imitan su ejemplo de conducta. Aunque en la actualidad Jesús se nos manifiesta por medio de la Palabra de dios contenida en la Biblia, y por medio de quienes lo aceptan, vivimos esperando su segunda venida al mundo, para que concluya la plena instauración, de su Reino de amor y paz, entre nosotros.
   ¿Cómo hemos contemplado la gloria de Jesús? El triunfo de Jesús sobre el pecado y la muerte, no se puede experimentar con nuestros sentidos humanos, pero ello es una verdad de fe, que nos alienta a ser mejores cristianos, mientras esperamos que acontezca la Parusía de Nuestro Salvador. La Resurrección de Jesús de entre los muertos, es el hecho central de nuestra fe, el cual nos ayuda a superar muchos obstáculos, y a vivir las dificultades que no podemos superar, mientras esperamos que Jesús venga a nuestro encuentro por última vez, a exterminar los sufrimientos que impiden que la humanidad alcance la plenitud de la dicha.

   3-10. Jesús es el Hijo único de Dios, y nosotros somos hijos adoptivos, de Nuestro Padre celestial.

   Jesús es el único Hijo natural de Dios. Nosotros no podemos mantener con Nuestro Creador la relación que mantienen Jesús y Nuestro Santo Padre, pero, mediante el Sacramento del Bautismo, Dios nos hace sus hijos adoptivos. Si aceptamos a Dios como Padre,  imitemos la conducta que observó Jesús (ROM. 8, 14).

   3-11. Jesús es perfecto Dios y perfecto Hombre. En cuanto es perfecto Dios, Nuestro Señor está lleno de gracia y de verdad.

   Cuando Jesús se encarnó en María Santísima, Dios se hizo Hombre. Jesús no es mitad Dios y mitad Hombre, sino perfecto Dios, y perfecto Hombre (COL. 2, 9).
   Dios es un ser espiritual e incorpóreo. Como Jesús se hizo Hombre sin dejar de ser Dios por ello, podemos decir que, en Nuestro Salvador humanizado, reside toda la plenitud de la divinidad, corporalmente.
   Antes de que Jesús viniera al mundo, nadie pudo conocer a Dios plenamente como podemos hacerlo nosotros desde que el Mesías vino por primera vez a nuestro encuentro, porque Dios se hizo visible y palpable en la humanidad del Redentor de los hombres. Cristo puede ser Dios y Hombre al mismo tiempo. No minimicemos la divinidad ni la humanidad de Jesús, y aceptemos al Hijo de dios y María, tal cual es.

   3-12. San Juan Bautista anunció la venida de Jesús al mundo (JN. 1, 15).

   Jesús nació e inició su Ministerio público después de que naciera Juan el Bautista, y de que el citado profeta empezara a predicar la venida del Mesías al mundo, pero se puso delante de el hijo del sacerdote Zacarías, porque es el más importante entre los hombres de todos los tiempos. San Juan Bautista probó esta verdad, afirmando que el Mesías existió antes que él fuera engendrado, pues el Bautista vino al mundo para anunciar la primera venida de Nuestro Salvador al mundo, es decir, para anunciar la venida de Aquel que existe desde antes que existiera él.

   3-13. ¿Somos conscientes de lo que Jesús ha hecho por nosotros? (JN. 1, 16).

   Los cristianos tenemos la convicción de que no podemos alcanzar la plenitud de la felicidad por nuestros medios humanos. Creemos que Jesús nos hizo hijos de dios por medio de su Pasión, muerte y Resurrección de entre los muertos, y por ello sabemos que, todo lo que llegamos a ser y conseguimos, proviene de Dios (ROM. 8, 32. 14-17).

   3-14. Dios es amor y justicia (JN. 1, 17).

   ¿Son compatibles el amor y la justicia de Dios?
   ¿Se excluyen el amor y la justicia mutuamente?
   Dado que el amor y la justicia forman parte de nuestra naturaleza, ello nos ayuda a percibir a dios como Amor y Justicia que no se excluyen, sino que se complementan. Moisés predicó al Dios de la justicia, del que Jesús nos dijo que es misericordioso, y por ello nos ama infinitamente, lo cual significa que perdona nuestros pecados, sin dejar de ser el Dios de la justicia. Una prueba de que Dios es amor y justicia, es el hecho de que Jesús vino al mundo a cumplir la Ley de Moisés, no a anularla, aunque humanizó el acatamiento de los preceptos de la misma (MT. 5, 17).
   Antes de que Jesús viniera al mundo, la voluntad de Dios era conocida, por medio del acatamiento de los preceptos de la Ley mosaica. Desde que Jesús vino al mundo, nuestro conocimiento y comprensión de dios se incrementan, en la medida que nos adherimos al Salvador de la humanidad.

   3-15. Dios se hizo visible y palpable en la humanidad de Jesús (JN. 1, 18).

   Notemos cómo el último versículo del texto que estamos considerando, resume el prólogo del cuarto Evangelio. Nadie ha visto a dios con la excepción de Jesús, que es dios con el Padre y el Espíritu Santo y vive en la presencia de ambos, y nos los ha dado a conocer, al mismo tiempo que se nos ha revelado a Sí mismo.
   Dios se comunicó en el tiempo del Antiguo Testamento con sus creyentes a través de muchas personas, pero ninguno de esos mensajeros vio a Nuestro Santo Padre. En la humanidad de Cristo, Dios se hizo visible y tangible. En la Persona de Jesús, dios se hizo Hombre, y habitó entre nosotros (JN. 1, 14).

   3-16. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.

   3-17. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.

   4. Apliquemos la Palabra de dios expuesta en JN. 1, 1-18 a nuestra vida.

   Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la meditación que aparece en el apartado 3 de este trabajo.

   3-1.

   ¿A qué principio se refieren JN. 1, 1 y GN. 1, 1?
   ¿Qué quiere decir San Juan cuando indica en su Evangelio que al principio existía la Palabra?
   ¿Conoces algún texto del Evangelio de San Juan con el que puedas probar que Jesús estuvo en el cielo como Dios que es antes de encarnarse?

   3-2.

   ¿De qué tres formas se nos revela el Verbo de dios en el Antiguo Testamento?
   ¿Por qué presenta San Juan a Jesús en el cuarto Evangelio como la Palabra de Dios que creó y gobernará el mundo?
   ¿Cómo puedes refutar el pensamiento de que Jesús fue creado por dios Nuestro Padre?
   ¿De quién es Jesús un fiel reflejo?
   ¿A quién percibimos cuando miramos a Jesús? (JN. 14, 9).
   ¿Por qué es necesario que comparezcamos ante el tribunal de Cristo? (2 COR. 5, 10).

   3-3.

   ¿Por qué no podemos prescindir de dios quienes creemos en Él?
   ¿Qué nos sucedería si nos separáramos de dios?
   ¿Podemos sentir que somos miembros del Reino de dios en esta vida?

   3-4.

   ¿Qué significa el hecho de que Jesús es la luz del mundo?
   ¿Cómo nos ilumina la luz de Jesús?

   3-5.

   ¿Por qué no escribió San Juan Evangelista su nombre en el cuarto Evangelio?
   ¿A qué vino al mundo San Juan Bautista?
   ¿Cómo se espera que actuemos en el mundo?
   ¿Por qué se nos pide que les indiquemos a los hombres que inspiren su vida en la imitación de la conducta que observó Jesús?
   ¿Qué nos enseña Jesús por medio de su luz?

   3-6.

   ¿Cómo podrían haber conocido a Jesús muchos de los hermanos de raza del Señor que lo rechazaron?
   ¿Estaremos nosotros despreciando a Jesús, a pesar de que tenemos la Biblia, los documentos de la Iglesia, los predicadores de la fundación de Cristo, y el análisis de nuestras circunstancias vitales desde la óptica de la fe que profesamos para conocerlo?

   3-7.

   ¿Somos conscientes de lo que significa permitirle a Jesús que nos haga hijos de Dios?
   ¿Para qué vino Jesús al mundo, según se indica en el apartado 3-7 del presente trabajo?
   ¿Qué nos sucederá si estamos dispuestos a dejarnos transformar por el Señor?

   3-8.

   ¿Qué tipo de hombre fue Jesús?
   Si el Señor fue plenamente justo, ¿por qué fue castigado como si hubiera sido un malhechor irremisible, desde el punto de vista humano?
   ¿Por qué es Jesús un modelo de conducta a seguir por nosotros?
   ¿Qué nos enseña Jesús?
   ¿Por qué nos fueron perdonados nuestros pecados?

   3-9.

   ¿En qué sentido puso el Verbo de Dios su morada entre nosotros?
   ¿Por qué es paradójico este hecho a nuestros ojos?
   ¿Podrías describir las tres presencias de Jesús entre nosotros que hemos recordado durante el tiempo de Adviento?
   ¿En qué sentido hemos contemplado la gloria de dios?

   3-10.

   ¿Por qué no podemos relacionarnos con Nuestro Santo Padre como lo hace Jesús?
   ¿Por qué no somos hijos naturales de Dios?
   ¿Cuál es el Sacramento que dios utiliza como medio para hacernos sus hijos adoptivos?

   3-11.

   ¿Es Jesús más divino que humano, o viceversa?
   ¿Conoces algún versículo bíblico con el que puedas demostrar que Jesús es perfecto Dios y perfecto Hombre a un mismo tiempo?
   ¿Por qué podemos decir que la plenitud de la divinidad reside corporalmente en Jesús hecho Hombre?
   ¿Por qué podemos conocer a dios desde que Jesús vino al mundo?

   3-12.

   ¿Por qué es Jesús superior a San Juan Bautista y a todos los hombres de todos los tiempos?
   ¿Con qué argumento demostró San Juan Bautista esta verdad?

   3-13.

   ¿Por qué creemos los cristianos que no podemos alcanzar la plenitud de la dicha por nuestros medios humanos?
   ¿Cómo nos hizo Jesús hijos adoptivos de Dios?

   3-14.

   ¿Son compatibles el amor y la justicia desde el punto de vista de Dios?
   ¿Existe alguna diferencia entre el Dios predicado por Moisés y el Dios predicado por Jesús?
   ¿Puedes demostrar que en Dios el amor y la justicia se complementan?
   ¿Cómo era conocida la voluntad de Dios por los israelitas antes de que Jesús viniera al mundo?
   ¿Cómo podemos conocer la voluntad y la naturaleza de dios actualmente?

   3-15.

   ¿Cómo es posible que Jesús nos haya dado a conocer a dios?

   5. Lectura relacionada.

   Leemos y meditamos el capítulo ocho del libro de los Proverbios, intentando vislumbrar la acción de Jesús, la Sabiduría de Dios.

   6. Contemplación.

   Contemplemos la imagen de Dios a quien no vemos porque carece de cuerpo humano, en Jesús, y en nuestros prójimos los hombres, especialmente en quienes necesitan de nuestras dádivas espirituales y materiales.
   Contemplemos a Jesús como un Niño indefenso necesitado de amor humano, que vino a comunicarnos la Buena noticia de que somos amados por Nuestro Padre del cielo.
   Contemplémonos entregados a nuestras ocupaciones y sumidos en el pensamiento de nuestras preocupaciones, posponiendo las oportunidades que se nos conceden de convertirnos a dios Nuestro Señor.

   7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en JN. 1, 1-18.

   Comprometámonos a dedicar unos minutos de este día a meditar sobre quién es Jesús para nosotros, y a considerar la posibilidad de ser fieles discípulos de Nuestro Salvador.

   Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.

   8. Oración personal.

   Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.

   Ejemplo de oración personal:

   Querido Jesús:
   ¿Cómo puedo agradecerte el bien que me has hecho?
   Me siento pequeño  al considerar tu grandeza, y al compararla con mi debilidad de carácter, y la pequeñez de mi pobre fe. Gracias por ser mi Dios, mi Hermano, mi Señor y mi Salvador.

   9. Oración final.

   Leemos y meditamos el Salmo 103, mientras bendecimos al Señor, por causa de su amor, para con nosotros.

   José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en

joseportilloperez@gmail.com