Jesús, el Dios humanado, es uno de nuestros semejantes.
Ejercicio de lectio divina de LC. 2, 1-14.
Lectura introductoria: TT. 2.
1. Oración inicial.
Iniciemos este tiempo de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y, del Espíritu Santo.
R. Amén.
Orar es sentir que estamos en presencia del Señor, dispuestos a dejar que, gracias a la acción santificadora del Espíritu Santo, el Evangelio haga de nosotros criaturas nuevas, dispuestas a cumplir la voluntad de Nuestro Padre celestial.
Orar es sentirnos felices en presencia del Dios Uno y Trino en esta noche santa, en que Nuestro Redentor se hizo pequeño como nosotros, y vino al mundo, a concedernos su grandeza divina.
Orar es tener la satisfacción de habernos dispuesto durante el tiempo de Adviento a la llegada de esta noche santa, en que el Mesías nos pide que hagamos de nuestros brazos una cuna, para que podamos arroparlo y consentirlo.
Orar es adoptar el compromiso fiel y sincero de tratar a nuestros prójimos los hombres con el amor y la sensibilidad con que trataríamos al pequeño Jesús, si tuviéramos la dicha de tenerlo entre nuestros brazos.
Orar es pensar que nos queda un largo camino que recorrer para alcanzar la perfección divina que añoramos, y que ello nos será posible si, a pesar de nuestros defectos y caídas, le demostramos al dios Uno y Trino, que lo amamos sinceramente.
Orar es pensar que, aunque somos débiles, en la medida que nos confiemos a Dios, Él hará en nuestra vida, lo que no podemos hacer, por causa de nuestra imperfección.
Orar es cumplir nuestros deberes sociales puntualmente, aunque ello sea difícil para nosotros, tal como les sucedió a María y José, cuando Jesús estaba a punto de nacer, y tuvieron que viajar a Belén, para empadronarse.
Orar es pensar que, al igual que le sucedió a Jesús, en nuestro árbol genealógico, hay santos y pecadores, y que, tal como hizo Nuestro Salvador, tenemos que labrar nuestra propia historia, convirtiéndonos en ejemplos de fe y servicio desinteresado a Dios, en sus hijos los hombres.
Orar es pensar que, aunque no ocupamos la posición social que nos gustaría tener, o aunque no estamos pasando el tiempo más feliz de nuestra vida, el Dios Uno y Trino nos purifica y santifica a través de nuestras circunstancias vitales, demostrándonos su amor, y concediéndonos la salvación que añoramos.
Orar es pensar que ante Dios todos tenemos la dignidad de hijos, y que para Nuestro Padre común, no existen clases sociales que nos diferencien a unos de otros.
Orar es permanecer en actitud de espera tal como hemos hecho durante el Adviento esperando el Nacimiento de Jesús, aguardando que Dios haga grandes obras en nuestra vida.
Orar es descubrir la grandeza de Dios más allá de los sufrimientos característicos de la humanidad.
Orar es hacer que nuestras tribulaciones actuales no nos impidan alegrarnos pensando que Jesús ha venido un año más a nuestro encuentro, a pesar de lo difícil que es para nosotros creer en Él y cumplir su voluntad.
Orar es vivir pensando que esta noche todos los rincones del mundo se llaman Belén, y que Jesús vive -o se manifiesta- en todos aquellos a quienes podemos demostrarles nuestro amor fraternal.
Orar es glorificar a Dios porque ha enviado a Jesús al mundo para salvarnos, por medio de su Pasión, muerte y Resurrección.
Oremos:
Espíritu Santo, amor que unes a Nuestro Santo Padre a Jesús, y que tienes el propósito de concedernos tus dones para purificarnos y santificarnos:
Ven a nuestros corazones en esta noche santa en que Jesús ha venido a nuestro encuentro, para que estemos dispuestos a recibirlo dignamente.
Sé el consuelo de quienes echan de menos a sus familiares que están lejos de ellos, están enfermos o han fallecido.
Hazles comprender, a quienes se consideran pecadores irremisibles, que tu amor y tus dones, son el remedio para devolverles su confianza en Ti, y en sí mismos.
Ayúdanos a comprender que, según la medida con que hagamos el bien en beneficio de quienes necesitan nuestras dádivas espirituales y materiales, sentiremos que vives en nosotros, y nos llevas a la presencia de Nuestro Santo Padre.
Irrumpe en la vida de quienes se sienten impedidos para alcanzar la plenitud de la felicidad.
Sé en esta noche santa, sanación y alivio para los enfermos, alegría y ánimo para los tristes, y la fuerza interior renovadora que necesitan quienes se aislaron interrumpiendo todo lo que hacían, pensando que son inútiles.
Haz de nuestra tierra tu cielo.
Ayúdanos a ser perfectos imitadores de Jesús, y a lograr que nuestra mayor ambición, sea cumplir la voluntad de Nuestro Padre celestial. Amén.
2. Leemos atentamente LC. 2, 1-14, intentando abarcar el mensaje que San Lucas nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.
2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.
2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.
3. Meditación de LC. 2, 1-14.
3-1. El afán de poder, riquezas y prestigio de los hombres, contrasta con la forma en que Dios se nos entrega (LC. 2, 1).
San Lucas escribió sus obras relacionando los relatos de las mismas con el tiempo en que gobernaron los líderes políticos más trascendentales del mundo y los líderes político-religiosos más importantes de Palestina, la tierra en que nació, llevó a cabo su Ministerio público, y nos redimió Nuestro Salvador, por medio de su Pasión, muerte y resurrección. El hecho de mencionar a los citados personajes, le servía a San Lucas como garantía para situar los hechos que narró en sus dos libros en el tiempo en que sucedieron, dado que muchos de sus lectores eran griegos, y estaban interesados y familiarizados, con la situación política mundial.
San Lucas nos dice que Palestina estaba bajo el poder de Roma, y el imperio romano estaba bajo el poder del Emperador Augusto César. Los romanos consideraban a sus emperadores como si fueran dioses. Este hecho contrasta con la idea de que Jesús, quien nació de una familia pobre, y llevó a cabo su misión viviendo humildemente, fuera considerado como Dios, por quienes aceptaron su Evangelio. Los emperadores romanos eran considerados como divinos por causa de su poder, riquezas y prestigio. El poder de Jesús Hombre radicó en sentirse amado por dios y seguro de que Nuestro Santo Padre no lo desampararía. La riqueza de Nuestro Señor fue el amor divino y humano, y, el prestigio de Nuestro Redentor, fue la satisfacción de que cumplió cabalmente, la voluntad de Nuestro Padre celestial, quien lo hizo Rey después de que ascendiera al cielo, por haber cumplido su voluntad perfectamente.
3-2. Augusto César cumplió la voluntad de dios sin saberlo (LC. 2, 2).
El censo romano de que nos habla San Lucas en el texto que estamos considerando, sirvió para recaudar impuestos, y, en el caso de quienes no eran judíos, para reclutar soldados para el ejército romano, porque los hermanos de raza de Nuestro Salvador, no servían en el ejército imperial. Este censo sirvió para que María y José viajaran a Belén, donde se cumplió la profecía de Miqueas, referente al Nacimiento del Mesías (MIQ. 5, 1).
3-3. María y José viajaron a Belén, donde se cumplió la profecía del Nacimiento del Mesías (LC. 2, 3-5).
A pesar de que María estaba a punto de dar a luz, se vio forzada a acompañar a José a Belén, para que ambos fueran censados. Aunque Jesús podía nacer en cualquier momento, la Sagrada Familia no hayó ningún lugar en que hospedarse, cuando llegó a la ciudad de David, y, después de pasar tiempo buscando donde hospedarse, consiguió alojarse en una cueva, utilizada por los pastores, para guarecer sus rebaños. Los judíos celebraban el nacimiento de sus descendientes, pero José y María se encontraron solos cuando nació Jesús, sin nadie con quien compartir su alegría, y con la tristeza de estar hospedados en un establo, lo cual fue difícil para ellos, porque no eran tan pobres como quienes carecen de un techo bajo el que guarecerse. Pasar de la pobreza a una situación acomodada es relativamente fácil, pero, el hecho de que suceda lo contrario, es doloroso.
Cuando hacemos la voluntad de Dios, no tenemos la garantía de que se nos va a recompensar por ello en este mundo, y, en el caso de que ello acontezca, no sucede en el momento en que más lo deseamos. A pesar de ello, sabemos que las situaciones incómodas y/o dolorosas, tienen un significado útil para nosotros, si las examinamos desde el punto de vista de Dios.
3-4. María dio a luz a Jesús, lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre (LC. 2, 6-7).
3-4-1. Jesús fue el único hijo de María.
En hebreo, la palabra "bekor" hace referencia al primer hijo de una madre, que, precisamente, por ser el primogénito de la misma, está consagrado al servicio de Dios, y debe ser rescatado -o recuperado- por medio de un sacrificio, llevado a cabo en el Templo de Jerusalén. Dado que los primeros hijos estaban consagrados a Dios, en el texto que estamos considerando, la palabra "primogénito", tiene un sentido técnico legal, y se aplica, -como hemos visto-, al primer hijo de una mujer, independientemente de que la misma tenga más descendientes.
San Lucas escribió su Evangelio en griego común -o koiné-, un idioma en que, la palabra "prototokon", utilizada por el tercer Evangelista en el texto de su primer libro que estamos considerando, hace referencia al primer hijo nacido de una mujer, aun en el caso de que la misma no tuviera otros descendientes.
¿Tuvo María más hijos antes o después de dar a luz a Jesús? María tuvo muchos hijos espirituales, porque, Jesús, antes de expirar en la cruz, le confió al Apóstol San Juan su cuidado (JN. 19, 25-27), lo cual nos ha servido a los católicos, para sentirnos hijos adoptivos, de la Madre de Nuestro Redentor.
3-4-2. Contemplemos a Jesús en el pesebre.
Los establos eran cuevas con depósitos cavados en las paredes rocosas llamados pesebres, que se utilizaban para alimentar a los animales. A pesar de que en las tarjetas navideñas suele aparecer el establo en que nació Nuestro Salvador como un lugar paradisíaco, ello no concuerda en absoluto con la realidad. Los establos eran cuevas oscuras y sucias. Los judíos que esperaban un Mesías religioso-político, aguardaban un líder que los librara del yugo romano nacido de la realeza, no un predicador nacido en la más absoluta pobreza, que predicara el amor a los enemigos, tal como hizo Jesús.
No anulemos el cumplimiento de la voluntad de Dios pensando en cumplir las expectativas que tenemos con respecto a Jesús. Dejemos que Dios sea Dios, y no pretendamos amoldarlo al cumplimiento de nuestras aspiraciones. Dios obra donde se le necesita, y, si en la oscuridad del pecado, y en la suciedad de la carencia de amor a nuestros prójimos los hombres, descubrimos la necesidad de alcanzar aspiraciones superiores al poder, las riquezas y el prestigio, Dios aprovechará nuestro deseo de crecer espiritualmente, nos hará imitadores de la conducta de Jesús, y también nos hará coherederos del Reino de Nuestro Salvador.
La imagen del Niño Dios en el pesebre, se ha convertido en una tierna estampa, característica de la Navidad, y nos sugiere que nos hagamos la siguiente pregunta: ¿Quién es Jesús para nosotros?
Jesús vivió admirablemente. Nuestro Señor dignificó a los pobres, a los enfermos y a los desamparados, y nos enseñó que, ante Nuestro Santo Padre, todos tenemos la dignidad de hijos.
Jesús murió para demostrarnos que somos el objeto del amor de Nuestro Santo Padre, resucitó de entre los muertos, ascendió al cielo, y volverá a la tierra para gobernarla, no como un pobre hombre, sino como el Rey de los reyes, sin dejar de tener la humildad que lo caracterizó en su primera venida.
No permitamos que Jesús se reduzca a la imagen del Niño Dios que contemplamos el día de Navidad y obviamos el resto del año.
Dejemos que Jesús sea el Señor de nuestra vida.
Aceptemos el reto de dejar que Jesús nos engrandezca, según le permitamos que su Palabra nos transforme, y nos amolde al cumplimiento de la voluntad de Nuestro Santo Padre, por obra del Espíritu Santo.
3-5. Los pobres, enfermos y desamparados, son muy amados por Dios (LC. 2, 8).
Dios les reveló la noticia del Nacimiento de su Hijo a unos pastores considerados impuros, porque eran pobres, y quizás se vieron obligados a robar, con tal de poder sobrevivir. Este hecho era inconcebible para quienes esperaban un Mesías nacido de la realeza, caracterizado por su desprecio a quienes marginaban. Es irónico el hecho de pensar que dichos pastores, aunque eran marginados, quizás abastecían de ovejas a quienes llevaban a cabo sacrificios rituales en el Templo, para pedirle a Yahveh, que les perdonara sus pecados. No vivamos nuestra religiosidad cumpliendo una incontable cantidad de preceptos rituales y descuidando el servicio a Nuestro Santo Padre en sus hijos, carentes de dones espirituales y materiales.
3-6. El Dios de los ricos y los pobres (LC. 2, 9-10).
Jesús no es un Dios que maltrata a los ricos para colmar de dádivas a los pobres, ni el centro de la adoración de quienes lo instrumentalizan para que cumpla sus deseos, y jamás son caritativos. Los pastores tuvieron miedo de contemplar al ángel del Señor, de contemplar la gloria divina, y de ver a los ángeles que alababan a Dios. Tal miedo que para nosotros es absurdo a no ser que nos consideremos pecadores irremisibles, estaba plenamente justificado, por la creencia de que quienes vieran a Dios serían ejecutados por la justicia divina por ser pecadores, pues ello debería suceder, -bajo la citada creencia-, si, quienes veían a Yahveh, eran pecadores, desde el punto de vista de la Ley.
La gloria de dios no se manifestó ante quienes no deberían haberle temido por haberse sentido perfectos por cumplir la Ley puntualmente, sino ante quienes le temieron porque se sintieron pequeños ante Él. Si queremos sentirnos amados por Dios, tenemos que partir desde nuestra sencillez, para permitirle que nos haga sus hijos.
A dios no le importan nuestras riquezas ni nuestra pobreza, pues tanto un estado de vida como el otro, pueden acercarnos a Él, o pueden impedirnos aceptarlo. Lo que dios quiere de nosotros es que lo aceptemos humildemente y que nos amoldemos al cumplimiento de su voluntad, que consiste en que alcancemos la santificación. No pensemos que necesitamos tener cualidades especiales para que Jesús actúe en nuestra vida, pues, todos los dones buenos que tenemos, los hemos recibido del Espíritu Santo. Lo único que necesitamos para permitirle a Jesús que actúe en nuestra vida, es aceptarlo, amarlo y respetarlo.
3-7. ¿Nos convertiremos a Dios? (LC. 2, 11-14).
Había judíos que esperaban que el Mesías los librara del poder romano, y otros que los curara de sus enfermedades. Quizás nosotros deseamos que Jesús nos consiga un buen trabajo, que nos ayude a resolver ciertos problemas que quizás apenas son importantes, y no pensamos en lo principal que queremos pedirle con respecto a nosotros, lo cual es nuestra purificación y la santificación que añoramos. La pureza es un buen antídoto para que las preocupaciones no nos amarguen la vida, porque suprime el egoísmo de nuestra vida, y la santidad es el resultado de vivir la pureza, y de vivir dignamente los sufrimientos, sabiendo que ello nos hará mejores hijos, de Nuestro Padre común.
3-8. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.
3-9. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.
4. Apliquemos la Palabra de dios expuesta en LC. 2, 1-14 a nuestra vida.
Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.
3-1.
¿Por qué situó San Lucas el Nacimiento de Jesús en un determinado tiempo histórico?
¿Qué diferencia existe entre la consideración de los emperadores romanos como dioses y la visión de Jesús como Dios, a pesar de que Nuestro Redentor nació siendo pobre entre los pobres?
¿Cuáles son los tres pilares sobre los que muchos hombres fundamentan su vida?
¿Qué constituyó el sentido de la vida de Jesús?
3-2.
¿Para qué sirvió el censo que hizo el Emperador romano?
¿En qué sentido cumplió Augusto la voluntad de Dios sin saberlo?
3-3.
¿Es razonable el hecho de que el cumplimiento de la voluntad de dios en ciertas circunstancias sea doloroso para nosotros?
¿Cómo es posible que el cumplimiento de la voluntad divina sea doloroso para nosotros, si suponemos que Dios nos ama, porque somos sus hijos?
¿Por qué piensas que fue necesario que Jesús naciera siendo pobre y socialmente ignorado, y que muriera tal como nació, y padeciendo graves enfermedades, por causa de los maltratos de que fue víctima?
¿Por qué es más fácil pasar de la pobreza a la riqueza, que de la riqueza a la pobreza?
¿Crees que las situaciones incómodas y/o dolorosas tienen un significado importante para nosotros cuando las interpretamos desde la óptica de dios?
3-4.
3-4-1.
¿Por qué se refugió la Sagrada Familia en un establo?
¿Cómo le explicarías a uno de nuestros hermanos separados de la Iglesia Católica que Jesús fue el único Hijo que tuvo María?
¿Recuerdas cuáles son las palabras hebrea y griega que hacían referencia al primogénito de una mujer, independientemente de que la misma tuviera más descendientes?
¿Por qué sentimos los cristianos católicos que somos hijos espirituales de María?
3-4-2.
¿Podrías describir cómo eran los establos como la cueva en que nació Jesús?
¿Por qué aparecen en las postales navideñas las imágenes del Nacimiento de Jesús marcadas por la belleza, y las imágenes de Jesús y María Santísima que se procesionan en Semana Santa están adornadas con oro?
¿Qué diferencia hay entre el mesías esperado por muchos judíos y Jesús?
¿Dejamos que Dios sea Dios, o pretendemos amoldarlo al cumplimiento de nuestras aspiraciones?
¿Qué hará Dios por nosotros cuando nos reconozcamos pecadores -si lo somos- en su presencia y sintamos el deseo de que nos engrandezca?
¿Quién es Jesús para nosotros?
¿Es Jesús la imagen de una postal navideña, o le dejamos que sea Nuestro Señor?
En el caso de que le permitamos a Jesús que sea Nuestro Señor, ¿cómo demostramos este hecho?
¿Hace Dios distinciones sociales entre sus hijos?
¿Para qué murió y resucitó Jesús?
¿Para qué volverá Jesús a la tierra al final de los tiempos?
3-5.
¿Por qué se nos demuestra en la Biblia que dios siente predilección por los pobres, los enfermos y los desamparados?
¿Podemos decir que nuestra fe es completa si no oramos, o si dejamos de hacer el bien, en favor de nuestros prójimos los hombres?
3-6.
En la Biblia se nos demuestra que dios siente predilección por los pobres, los enfermos y los desamparados, por causa del abandono de los mismos, y del sufrimiento que les causan sus carencias espirituales y materiales. ¿Significa este hecho que Dios ama más a los pobres que a los ricos?
¿Por qué tenían los judíos miedo de ver a Dios?
¿Por qué se les manifestó la gloria de dios a los pastores, en lugar de mostrarse ante el Sumo Sacerdote?
¿Qué tenemos que hacer para sentirnos amados por dios?
¿Pueden la pobreza y la riqueza apartarnos de Dios igualmente? ¿Cómo explicas esto?
¿Qué quiere Dios de nosotros?
¿En qué consiste la voluntad de dios?
¿Qué necesitamos para que Jesús se manifieste en nuestra vida?
3-7.
¿Qué esperamos de Jesús?
¿Cuáles son las dos cosas más importantes que queremos pedirle a Jesús con respecto a nosotros, y que ignoramos la mayoría de las veces que oramos?
¿Por qué sirve la pureza de antídoto para que las preocupaciones no nos amarguen la vida?
¿Por qué necesitamos ser puros y sufrir dignamente -en el caso de tener que hacerlo- para poder ser santos?
5. Lectura relacionada.
Leemos y meditamos IS. 11, 1-10, reflexionando sobre la misión del Señor.
6. Contemplación.
Contemplemos a Nuestro Santo Padre, amándonos de tal manera, que se llenó de gozo, al contemplar a Jesús como un Niño indefenso.
Contemplemos al dios humanizado para demostrarnos su amor.
Contemplemos a la Sagrada Familia buscando un lugar donde refugiarse en Belén, sufriendo la pobreza en el establo en que nació Jesús, y alegrándose de poder tener al pequeño Jesús entre sus brazos.
Contemplemos a Nuestra Santa Madre, meditando todos los acontecimientos relacionados con la vida de Jesús, orando en estado de contemplación.
Contemplemos a José, amando a Jesús, como si Nuestro Señor hubiera sido su Hijo.
Contemplémonos deseando tener poder, riquezas y prestigio, sin poder valorar la grandeza de Dios, ni la pequeñez de Jesús, el Dios hecho un Niño indefenso.
Contemplémonos imposibilitados para poder imitar a Jesús, si no queremos ser caritativos, para poder servir a Nuestro Santo Padre, en sus hijos los hombres.
7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en LC. 2, 1-14.
Comprometámonos este día de la Natividad del Señor, a tratar a los demás, como quisiéramos que ellos nos traten (MT. 7, 7).
Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.
8. Oración personal.
Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.
Ejemplo de oración personal.
Padre bueno:
En este día en el que celebramos el Nacimiento de Jesús, te agradezco todo lo que has hecho por mí, y te pido que me ayudes a ser un buen imitador de la conducta de Jesús, a pesar de mi debilidad, de mi pereza, y de mi falta de fe en ti.
9. Oración final.
Leemos y meditamos el Salmo 8, pero no pensemos al leerlo únicamente en la creación del universo. Acordémonos también de la creación de la familia de Dios, que ha de vivir algún día, en la presencia de Nuestro Padre celestial, cuando la humanidad no sea víctima de ninguna causa por la que nadie haya de sufrir.
José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en
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