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Comuniquémosles nuestro gozo cristiano a nuestros prójimos los hombres. (Ejercicio de lectio divina del Evangelio de la Misa de la aurora de la Natividad del Señor).

   Comuniquémosles nuestro gozo cristiano a nuestros prójimos los hombres.

   Ejercicio de lectio divina de LC. 2, 15-20.

   Lectura introductoria: IS. 60, 1-2.

   1. Oración inicial.

   Iniciemos este encuentro de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y, del Espíritu Santo.
   R. Amén.

   Orar es cumplir nuestras obligaciones lo mejor que podamos, mientras esperamos que Jesús concluya la plena instauración de su Reino de amor y paz, en la tierra.
   Orar es hacer de nuestra vida y del entorno en que vivimos, una representación navideña que se prolongue indefinidamente, para que aprendamos a acoger al Señor, con la humildad característica de los niños.
   Orar es no olvidar que, así como Nuestra Santa Madre esperó pacientemente la llegada del día en que dio a luz a Nuestro Salvador, llegará el tiempo en que el Señor nos dará a conocer las razones por las que no nos evita el sufrimiento, y nos hará plenamente felices.
   Orar es abrirle nuestra mente al pequeño Niño de Belén, para que sus hermanos que sufren por cualquier circunstancia, no se vean desamparados, sin saber dónde podrían ayudarles, a resolver sus problemas.
   Orar es pensar que, así como los pastores vigilaban por turnos las ovejas que pastoreaban, deseamos permanecer alertas, para que, cuando acontezca la Parusía -o segunda venida- de Jesús, el Señor nos encuentre dispuestos, a vivir en la presencia, de Nuestro Padre común.
   Orar es sentir que la gloria del Señor se manifiesta en nuestra vida, según le permitimos al Espíritu Santo, que nos ayude a crecer, en términos espirituales.
   Orar es pensar que, la Natividad de Jesús, es una gran alegría, para quienes viven cumpliendo la voluntad, de Nuestro Padre común.
   Orar es descubrir a Dios en los acontecimientos de que somos protagonistas y/o testigos, independientemente de que les concedamos importancia.
   Orar es convertir nuestros pensamientos, palabras y obras, en bellas alabanzas, al Dios Uno y Trino.
   Orar es comprobar la veracidad de las creencias que caracterizan la fe que profesamos, en la medida que ello sea posible.
   Orar es hablar con el Dios Uno y Trino, y buscarlo en las tristezas y gozos, de sus hijos los hombres.
   Orar no es guardarnos la fe que tenemos, sino manifestársela, a quienes deseen conocerla, y, vivirla.
   Orar es guardar la Palabra de Dios en nuestros corazones, meditarla asiduamente para aumentar nuestro conocimiento de la misma por medio del estudio y la oración, y predicarla, cuando nos surjan oportunidades, de evangelizar, a los nuevos cristianos del futuro.
   Cuando concluyamos la celebración de la Natividad del Señor, volvamos a realizar nuestras actividades cotidianas, alabando a Dios por todo lo que nos ha manifestado, e intentando cumplir la voluntad divina, conforme a nuestras posibilidades de cumplir, los deseos del Dios Uno y Trino.

   Oremos:

   Espíritu Santo:
   Ayúdanos a comprender que todo lo que nos sucede es importante, porque nuestras experiencias vitales, vistas positivamente, pueden impulsarnos a crecer espiritualmente.
   Concédenos tus dones y fortalece la fe que nos has concedido, a fin de que cumplamos nuestros deberes familiares, sociales y laborales, con la mayor perfección posible.
   Aunque quizás nos hemos acostumbrado a celebrar la Navidad como si solo fuera una fiesta social, necesitamos conocer los gozos y tristezas de la humanidad, para saber por qué merece la pena celebrar esta fiesta, desde el punto de vista religioso.
   Los pobres pasan muchas necesidades, mientras esperamos que Jesús concluya la plena instauración del Reino mesiánico entre nosotros, en que no existirá ningún tipo de carencia.
   Mientras los enfermos sufren al ver cómo se les debilita la salud, esperamos la llegada del día en que no existan las enfermedades, y en que la muerte deje de existir.
   Aunque tenemos la tentación de intentar alcanzar la plenitud de la felicidad por nuestro medio, descubrimos que ello es imposible para nosotros, si no recurrimos a Ti.
   Enséñanos a compartir los dones que nos has concedido, y haznos saber que, cuanto más compartimos el conocimiento del Dios Uno y Trino, más se nos aumenta el mismo.
   Por todos los que sufren por cualquier causa, y por quienes son felices, y aún pueden ser más dichosos, manifiéstanos el sentido de la Navidad cristiana, y fortalece la fe que nos has dado, para que, las fiestas navideñas, en lugar de reducirse a meras representaciones teatrales, nos ayuden a predicar el Evangelio, mientras esperamos que Jesús, concluya la realización de su obra salvadora, entre nosotros.

   2. Leemos atentamente LC. 2, 15-20, intentando abarcar el mensaje que San Lucas nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.

   2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.

   2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.

   3. Meditación de LC. 2, 15-20.

   3-1. Comprobemos la veracidad de nuestras creencias religiosas, en la medida que nos sea posible (LC. 2, 15).

   El Evangelio correspondiente a la Misa de media noche de la Natividad del Señor, terminó con la escena en que aparecen los pastores rodeados por los ángeles del Señor (LC. 2, 13), quienes cantaron el estribillo que repetimos los católicos, cuando cantamos o recitamos el Gloria, en las celebraciones eucarísticas (LC. 2, 14).
   Cuando los ángeles desaparecieron de la vista de los pastores, estos empezaron a cuestionarse con respecto a lo que les fue anunciado, y fueron a Belén, con tal de comprobar la realidad, de lo que se les había anunciado. Quizás a la mayoría de los cristianos se nos instruyó en el conocimiento de la fe que profesamos durante los años de nuestra infancia, y asumimos todo lo que se nos dijo, quizás sin creérnoslo, y, conforme pasaron los años, olvidamos parte de esas creencias, y mantenemos otras, de las que quizás no estamos muy seguros si debemos aceptarlas, porque no hemos profundizado, en por qué nos es conveniente asumirlas -o rechazarlas-.
   Si quienes no creen en Dios, o, aun siendo cristianos, no asisten a la iglesia -o congregación- a que pertenecemos, nos interrogaran con respecto a Dios y la fe que le profesamos, ¿qué les diríamos?
   Aunque no dejemos de celebrar la Natividad del Señor a nivel material, dediquemos un rato a meditar los Evangelios correspondientes a las celebraciones eucarísticas de este día, y propongámonos conocer mejor al Dios Uno y Trino.
   No despreciemos la celebración materialista de la Navidad, porque la misma constituye una gran cantidad de ocasiones, para que demostremos que somos cristianos, porque el Evangelio no solo se predica con palabras, así pues, nuestras buenas obras y la conducta que observemos, nos ayudarán a llevar a cabo, tan noble labor.

   3-2. Los pastores fueron a Belén a encontrarse con la Sagrada Familia (LC. 2, 16).

   ¿Qué hicieron los pastores con las ovejas que estaban velando antes de irse a Belén? San Lucas no nos dice si todos los pastores fueron a ver al Niño de Belén, o si algunos de ellos se quedaron cuidando sus rebaños, pero, lo más destacable de la conducta de los pastores, es que, a pesar de que vivían del trabajo que realizaban, y de que eran marginados por los píos religiosos por causa de su pobreza, antes de pensar en su trabajo, fueron corriendo a Belén, para verificar la verdad, del anuncio que se les había manifestado.
   ¿Qué personas, actividades o bienes materiales, son para nosotros, más importantes que Dios?
   Los pastores que tenían razones para sentirse desamparados por Dios, por causa de la pobreza que los caracterizaba, actuaron como creyentes ejemplares.
   ¿Es nuestra fe semejante a la creencia que los pastores tenían en Dios?

   3-3. Los pastores dieron testimonio público de su fe (LC. 2, 17-18).

   Mientras que muchos cristianos nos guardamos la fe que decimos que tenemos en Dios, y la administramos con extremo cuidado, los pastores, apenas comprobaron la veracidad de lo que les fue dicho, dieron a conocer tal realidad, a pesar de que, su condición marginal, imposibilitaba el hecho, de que lo que les decían a quienes les escuchaban, tuviera credibilidad. A pesar de tal dificultad, los oyentes de los pastores, se maravillaron de lo que los tales les contaron (LC. 2, 18).
   Quizás, cuando nos planteamos la posibilidad de servir al Señor, nos hacemos preguntas, semejantes a las siguientes:
   ¿Cómo vamos a predicar el Evangelio?
   ¿Qué pensarán quienes nos conocen si nos ven asistiendo a las celebraciones de culto de las iglesias a que pertenecemos?
   ¿Cómo vamos a predicar el Evangelio, si no tenemos garantía ninguna de que vamos a hacerlo exitosamente?
   Hermanos y amigos lectores: ¿Cómo pudieron hacer unos pobres parias que sus oyentes creyeran en Jesús, y los cristianos del siglo XXI, a pesar de pertenecer a grandes iglesias -o congregaciones-, somos incapaces de lograr, que nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo, y algunos de nuestros hermanos en la fe, crean en Dios?
   ¿Qué testimonio de fe tan pobre le estamos dando los cristianos al mundo, como para no poder aumentar el número de los que quieren ser hijos de Dios?

   3-4. El ejemplo de oración contemplativa y meditativa de Nuestra Santa Madre (LC. 2, 19).

   Después de que le fuera anunciada la Concepción y el Nacimiento del Mesías las cuales acaecieron por obra y gracia del Espíritu Santo (LC. 1, 26-38; MT. 1, 18), cuando José, contra toda lógica, incumplió el precepto legal de LV. 20, 10, amparándose en LV. 19, 18, negándose a lapidarla por haber cometido adulterio contra él supuestamente, y al ver cómo los ángeles adoraron al Mesías, y cómo relataron la visión que tuvieron dando testimonio de su fe, María guardaba todas las circunstancias relacionadas con su Hijo en su corazón, y oraba, meditando tales hechos profundamente.
   Las madres, antes de dar a luz a sus hijos, piensan mucho con respecto a los mismos, desde el nombre que les pondrán, hasta lo que les gustaría que hicieran, al llegar a la edad adulta. María pensaba en ello, con la diferencia con respecto a otras madres, de no saber si podría permanecer junto a su Hijo, o si le sería arrebatado en cualquier momento, porque Jesús no nació para vivir como cualquier judío, sino, para consagrarse al cumplimiento, de la voluntad divina. María no sabía si iba a pasar muchos años con Jesús, o si tendría que separarse de Él en cualquier momento, y por ello oraba, meditaba y sufría, como sólo sabe hacerlo, una madre amante.

   3-5. Los pastores volvieron a realizar su trabajo, haciendo cuanto estaba a su alcance, para seguir testimoniando su fe (LC. 2, 20).

   Los pastores no testimoniaron su fe discutiendo aspectos apologéticos de su religión, pues lo hicieron, glorificando y adorando a Dios, por causa de lo que habían visto. Este hecho nos transmite un importante mensaje a los cristianos, pues en ciertas ocasiones nos afanamos en despreciar a nuestros hermanos en la fe de las diferentes denominaciones de seguidores de Jesús existentes, con la excusa de que somos poseedores de la verdad, de tal manera que olvidamos el cumplimiento del nuevo Mandamiento del Señor (JN. 13, 34-35).
   ¿Podremos profesar nuestra fe sin rechazar a los cristianos y creyentes de otras religiones que carecen de nuestras convicciones?
   Utilicemos la Apologética para conocer las verdades que creemos y aprender a predicarlas, y no nos sirvamos de la misma, como si se tratara de un arma de guerra, para intentar dejar sin argumentos, a quienes no comparten nuestra manera de pensar.
   Los pastores que aparecen en el Evangelio que estamos considerando, eran pobres, y carecían de formación religiosa. A pesar de ello, la pasión con que anunciaban lo que habían visto, les fue suficiente, para avivar la fe, de quienes creyeron el mensaje que les transmitieron. Aprendamos de tales pastores a dar testimonio de la fe que profesamos (1 PE. 3, 15). Convirtamos la predicación del Evangelio en una necesidad (1 COR. 9, 16), y, aunque seamos libres, hagámonos siervos de la necesidad que nuestros prójimos los hombres tienen de conocer a Dios, con tal de salvar, el mayor número, de almas posible (1 COR. 9, 19).

   3-6. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.

   3-7. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.

   4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en LC. 2, 15-20 a nuestra vida.

   Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.

   3-1.

   ¿Cuál fue la última escena del Evangelio de la Misa de medianoche de la solemnidad de la Natividad del Señor?
   ¿A partir de qué escena evangélica fue compuesto el Gloria?
   ¿Qué pensaron los pastores cuando los ángeles ascendieron al cielo?
   ¿Por qué fueron los pastores a Belén?
   ¿Nos es suficiente a los cristianos la formación religiosa que recibimos durante los años de nuestra infancia para poder ser fieles seguidores de Jesús?
   ¿Sentimos los cristianos la necesidad de comprobar la veracidad de nuestras creencias, o nos limitamos a aceptar lo que nos dicen nuestros líderes espirituales con respecto a las mismas, sin pensar en cuestionarlas?
   Si quienes no creen en Dios, o, aun siendo cristianos, no asisten a la iglesia -o congregación- a que pertenecemos, nos interrogaran con respecto a Dios y la fe que le profesamos, ¿qué les diríamos?
   ¿Por qué celebramos la Navidad a nivel material?
   ¿En qué ocasiones pecamos al celebrar la Navidad a nivel material?
   ¿Cómo se espera que los cristianos que celebramos la Navidad vivamos la conmemoración del Nacimiento del Señor a nivel material?
   ¿Dedicaremos parte de este día a meditar los Evangelios de las celebraciones eucarísticas de la Natividad del Señor, para poder conocer mejor al Dios Uno y Trino?
   ¿De qué formas podemos predicar el Evangelio?

   3-2.

   ¿Qué hicieron los pastores con las ovejas que estaban velando antes de irse a Belén?
   ¿En qué sentido permanecemos los discípulos de Jesús en vela?
   ¿Por qué le dieron los pastores más importancia a la verificación de lo que les fue dicho que al cumplimiento de su deber laboral?
   ¿Qué personas, actividades o bienes materiales, son para nosotros, más importantes que Dios?
   ¿Por qué los pastores, a pesar de que se podían considerar grandes desconocedores de la Palabra de Dios, mostraron tener más fe, que los conocedores del Antiguo Testamento?
   ¿Cómo pueden tener más fe en Dios en ciertas ocasiones los desconocedores de Nuestro Padre celestial, que muchos que afirman haber sido creyentes de por vida?
   ¿Por qué actuaron los pastores como creyentes ejemplares, a pesar de que, al ser conscientes de sus circunstancias vitales, tenían razones para creer, que Yahveh los había desamparado?
   ¿Es nuestra fe semejante a la creencia que los pastores tenían en Dios? ¿Por qué?

   3-3.

   ¿Por qué guardamos muchos cristianos nuestra fe celosamente, y la administramos con sumo cuidado, procurando que no interfiera en nuestros asuntos terrenales?
   ¿Por qué testimoniaron los pastores su fe, si por su condición de parias, carecían de credibilidad?
   ¿Sentimos la necesidad de testimoniar la fe que decimos que profesamos? ¿Por qué?
   ¿Qué hicieron los pastores para embelesar a sus oyentes con el relato que les transmitieron?
   ¿Por qué no nos decidimos a profesar nuestra fe abiertamente fuera de nuestros lugares de culto?
   ¿Qué haremos para predicar el Evangelio exitosamente?
   ¿Qué piensan nuestros familiares, amigos y compañeros de trabajo, que saben que asistimos a las celebraciones de culto de las iglesias a que pertenecemos?
   ¿Cómo vamos a predicar el Evangelio, si no tenemos garantía ninguna de que vamos a hacerlo exitosamente?
   ¿Cómo pudieron hacer unos pobres parias que sus oyentes creyeran en Jesús, y los cristianos del siglo XXI, a pesar de pertenecer a grandes iglesias -o congregaciones-, somos incapaces de lograr, que nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo, y algunos de nuestros hermanos en la fe, crean en Dios?

   3-4.

   ¿Por qué guardaba María todas las circunstancias relacionadas con su hijo en su corazón y oraba meditando tales hechos profundamente?
   ¿Por qué se convirtió Jesús para María al mismo tiempo en el mayor motivo de gozo y sufrimiento?
   ¿En qué se diferenciaba Jesús de sus hermanos de raza que no nacieron para ser consagrados como nazareos?

   3-5.

   ¿Cómo dieron testimonio los pastores de lo que habían visto?
   ¿Por qué no deseamos despreciar a nuestros hermanos de las diferentes denominaciones cristianas existentes?
   ¿Qué Mandamiento del Señor recordaremos para no despreciar a tales seguidores de Jesús?
   ¿En qué sentido se espera que nos sirvamos de la Apologética?
   ¿Cómo evitaremos utilizar la Apologética?
   ¿Qué aprendemos al leer 1 PE. 3, 15?
   ¿Cómo podemos hacer de la evangelización de nuestros prójimos los hombres una necesidad nuestra?
   ¿Cómo podemos hacernos siervos de la necesidad que tiene la humanidad de conocer a Dios, con el fin de salvar al mayor número de almas posible?

   5. Lectura relacionada.

   Leamos y meditemos el capítulo 2 del tercer Evangelio, con el fin de recordar los acontecimientos relacionados con la infancia de Jesús, narrados en dicho texto lucano.

   6. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en LC. 2, 15-20.

   Comprometámonos a imitar el ejemplo de fe, contemplación y predicación, que nos dieron los pastores, que protagonizan, el texto lucano, que hemos considerado, en este trabajo.

   Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.

   7. Oración personal.

   Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.

   Ejemplo de oración personal:

   Señor Jesús:
   Ayúdame a vivir teniendo presente la humildad de tu Sagrada Familia, y el ejemplo de fe viva de los pastores que te adoraron, y creyeron que eres el Mesías.

   8. Oración final.

   Leemos y meditamos el Salmo 24, recordando la voluntad de Dios respecto de nosotros, y glorificando al Padre, al Hijo, y, al Espíritu Santo.

   José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en

joseportilloperez@gmail.com