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San Pablo nos da una lista de consejos importantes. (Meditación de la segunda lectura del Domingo III de Adviento del Ciclo B).

   Meditación.

   2. San Pablo nos da una lista de consejos importantes.

   Meditación de I TES. 5, 16-24.

   ¿Nos es posible vivir alegres, orar constantemente, y agradecerle a Dios todo lo que nos sucede? (I TS. 5, 16-18). Obviamente, no siempre estamos alegres, no siempre estamos orando, y hay circunstancias que no podemos agradecerle a Dios, porque no las comprendemos, no sabemos si Él nos las manda, y si no nos las envía Él, no sabemos por qué permite que las vivamos, sabiendo que no las deseamos.
   San Pablo, -el autor del texto que estamos meditando-, sufrió por ser predicador del Evangelio. ¿En qué sentido procuró el citado Apóstol de los gentiles intentar estar alegre cuando fue atribulado?
   La alegría cristiana no es la misma alegría de quienes pretenden vivir una fiesta sin fin, pues es la dicha de saber que todo lo que nos sucede, independientemente de que nos guste, nos aporta una enseñanza útil. Ello no significa que Dios nos envía las circunstancias adversas que nos caracterizan, sino que nos enseña a utilizarlas en nuestro beneficio.
   ¿Cómo oraba San Pablo constantemente, si pasaba la mayor parte de los días predicando la Palabra de Dios? San Pablo hizo de sus pensamientos, palabras y actos, oraciones fervorosas. Respecto de nosotros, el hecho de que le consagremos a Dios nuestros pensamientos, palabras y obras, no nos exime de dedicarle rato a la oración, pues la misma es una conversación con el Dios Uno y Trino.
   Es bueno agradecerle a Dios todo lo que nos sucede, porque ello significa que nos disponemos a disfrutar de lo que nos gusta, y a asumir las enseñanzas que nos aporten los estados adversos que hayan de caracterizar nuestra vida. A modo de ejemplo, de nada le sirve a uno de mis amigos el hecho de que le dé gracias por un libro que me regale, si sabe que lo dejaré en mi casa guardado, y jamás lo leeré.
   No apaguemos -o extingamos- los dones del espíritu Santo, pues hay quienes no los ejercitan por falta de fe y entrega al cumplimiento de la voluntad divina, y otros los ocultan, porque saben que lamentablemente no todos los dones reciben la misma importancia de parte de sus hermanos en la fe, y quieren evitarse conflictos. Al apagar los dones del Espíritu Santo, nos empobrecemos mucho, tanto a nosotros, como a la Iglesia, que está compuesta por los hijos de Dios, así pues, en lugar de sofocar los dones espirituales, estimulémoslos, y todos seremos beneficiados.
   San Pablo nos aconseja que no despreciemos las profecías. Entre el común de los cristianos, con independencia de las denominaciones a las que pertenezcamos, hay quienes leen más los escritos de sus líderes religiosos, que la biblia. Ello no tiene por qué ser considerado como desprecio de la Palabra de Dios, la cual ha de tener más importancia que los textos escritos por nuestros líderes religiosos, si tenemos en cuenta que fue el mismo Dios quien se la inspiró a los Hagiógrafos sagrados.
   San Pablo nos recomienda que lo examinemos todo y nos quedemos con lo bueno, pero ello no puede hacerse en las denominaciones cristianas cuyos seguidores no tienen libertad para pensar por sí mismos, y están obligados a someterse a las órdenes de sus superiores.
   Evitemos despreciar a quienes no tienen una fe idéntica a la nuestra, y confrontemos tanto sus creencias como las nuestras con lo que podemos leer en la biblia respecto de las mismas, pues es posible que las dos partes conflictivas se aporten enseñanzas importantes mutuamente. Recordemos que, en el caso de discutir con uno de nuestros hermanos en la fe, el mismo puede estar más encaminado a la presencia de Dios que nosotros, y estoy seguro de que ni queremos pecar contra Dios, ni contra aquel que nos envió para afirmarnos en el conocimiento de su Palabra en el caso de que tengamos la razón, o para enseñarnos lo que desea que creamos, en el caso de que erremos. Seamos cuidadosos a la hora de distinguir la Palabra de Dios de las palabras de los hombres.

José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com