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¿Por qué oramos durante el tiempo de Adviento? (Meditación para el Domingo III de Adviento del Ciclo C).

   Meditación.

   ¿Por qué oramos durante el tiempo de Adviento?

      El Adviento es para nosotros los cristianos católicos semejante al inicio del año cívico. En este tiempo que  comenzamos a celebrar hace dos semanas, renovamos nuestra fe, adquiriendo nuevamente nuestro compromiso bautismal, de vivir cerca del Señor. Con esta intención, al iniciar los estudiantes su trabajo anual, la Iglesia, utilizando actos rituales sencillos y con un amplio significado teológico, intenta concienciar a sus catequistas de la necesidad que todos tenemos de conocer la Palabra de Dios, para predisponerlos a atender a los niños de primera Comunión, a los adolescentes que trabajan en grupos de perseverancia, a los que se preparan arduamente para confirmarse, a quienes se forman llenos de ilusión para recibir el Sacramento del Matrimonio, a los ancianos que se sienten ignorados por sus seres queridos, etcétera.
   Todos los comienzos de año nos marcamos una serie de metas a alcanzar, pero, a pesar de ello, hemos adquirido una serie de costumbres que no deben transformarse, pues, si modificamos los citados hábitos, nuestra vida puede dejar de tener sentido en cierta forma. Sírvanos como ejemplo ilustrativo para comprender esta meditación el crecimiento de las rupturas matrimoniales causado en muchas ocasiones por la inexistencia del diálogo entre los cónyuges. De la misma forma que los matrimonios se disuelven si los cónyuges no se expresan sus sentimientos constantemente y las relaciones entre padres e hijos se debilitan si éstos no dialogan con mucha frecuencia, la fe se extingue de nuestros corazones si no oramos o hablamos con nuestro Padre y Dios.
   Una de las razones por la que no podemos comunicarnos con Dios consiste en que, basándonos en nuestros conocimientos mercadotécnicos, nos negamos a comprender la forma de vida que Jesús nos propone en los Evangelios.
   ¿Cómo podemos ser sencillos como los lirios en un mundo tan sofisticado como el nuestro? Nuestro entorno adopta cada día un aspecto parecido a los componentes de un entorno de programación informático cifrado en los caracteres de un lenguaje ininteligible.
   El autor de los Salmos se cuestionaba con mucha frecuencia (SAL. 2, 1-2).
   La soledad a la que nos enfrentamos muchos cristianos practicantes es una de las causas por las que la mayoría de los miembros de la Iglesia somos cada día más partidarios de reunirnos en grupos de Liturgia, meditación y oración, en comunidades físicas yo virtuales, pues, el autismo a que nos enfrentamos en muchas ocasiones, puede servirnos para abnegar de nuestra fe. Todos conocemos casos de políticos que cambian de ideología con cierta frecuencia, pero, cuando un cristiano reniega de su fe y ha vivido en contacto con realidades espirituales superiores a muchos de los actos y acontecimientos que caracterizan nuestra existencia mortal, tiene que admitir que le falta un motivo que le dé a su vida el carácter sobrenatural o imperecedero que únicamente puede gozar al abrazar nuestra fe. Por su parte, Pablo de Tarso, les escribió a los cristianos de Roma la causa fundamental que explica nuestra carencia de fe (ROM. 10, 14-15).
   El texto de San Pablo que estamos meditando puede ayudarnos a concienciarnos con respecto a la necesidad que tenemos de conocer y predicar la Palabra de Dios a tiempo y destiempo.
   ¿Qué tenemos que hacer para adquirir el conocimiento de la Palabra de Dios? Para ello lo que necesitamos es leer la Biblia, atender a la instrucción de la Iglesia, y, finalmente, extraer enseñanzas morales de las circunstancias que vivimos diariamente, así pues, quienes están acostumbrados a comunicarse con Dios frecuentemente, tienen la experiencia de que Nuestro Padre común les habla a través de sus vivencias ordinarias, por simples que los citados acaeceres sean a los ojos de ellos.
   El mensaje de Dios ha sido difundido por los judíos y los cristianos durante muchos siglos, pero, si no hemos sabido llegar al corazón de todos los hombres, no hemos de considerar que son pecadores, sino que no hemos encontrado la forma apropiada para hacer que nuestros prójimos confíen en Nuestro Criador.
   Aunque el tiempo que le dedicamos a la oración depende del ímpetu con que respondemos a nuestra vocación, es conveniente que nos ejercitemos hablando con Nuestro Padre y Dios frecuentemente, así pues, además de pedirle por nuestras necesidades y las carencias de nuestros prójimos, es bueno que nos acostumbremos a contarle a Nuestro Padre y Dios todo lo que hacemos, de la misma forma que hacemos lo propio con aquellos de nuestros familiares y amigos en quienes confiamos plenamente.
   Durante los días de esta tercera semana de Adviento vamos a adquirir el compromiso de aumentar nuestro tiempo de oración gradualmente. Para lograr nuestro objetivo, vamos a rezar el Padre nuestro una vez todos los días lentamente, meditando el significado teológico de todas las frases que componen la citada oración que Jesús nos enseñó.

José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com