Meditación.
1. Hoy comienza un nuevo Año eclesiástico, y es bueno que nos felicitemos con el mismo entusiasmo que nos abrazamos cuando comienza el año civil, pues son muchas las tareas que nos aguardan a lo largo de este nuevo Año de gracia y salvación que hemos empezado a vivir al iniciar la celebración de esta Eucaristía.
Que Dios os colme a todos de abundantes bendiciones. Recibid mi fraternal abrazo de paz y amor.
2. Isaías es, pues, uno de los principales protagonistas del Adviento, pues este Profeta tiene la misión de hacernos comprender que Nuestro Dios, más que un juez lejano y tirano, es un Padre amoroso que está cerca de nuestras necesidades y dificultades, por más que nuestra falta de fe nos induzca a creer que guarda silencio ante nuestro dolor.
(IS. 63, 16B). El Señor es nuestro Padre y Redentor, porque compró con el dolor del sacrificio de su Unigénito la valentía que necesitamos para no perecer ante las dificultades que erróneamente solemos llamar adversas, porque son contrarias a nuestra voluntad.
(IS. 63, 17A). Isaías le pregunta a Dios: Señor, si sabes que nuestro egoísmo nos invita a contradecir tu voluntad, ¿por qué no nos infundes miedo para que no pequemos? Dios comienza a preparar el corazón de su Profeta para que éste comprenda que Él no quiere esclavos, por consiguiente, Nuestro Padre quiere hijos libres que estén dispuestos a amarle a la hora de orar y servir a sus prójimos los hombres.
(IS. 63, 19B). Isaías desea que Dios castigue a los que siempre llamamos malos -o retorcidos-.
Tras descubrir los secretos mesiánicos, Isaías se da cuenta de la inutilidad de la afirmación de su pueblo.
3. (IS. 64, 7). El Adviento es un periodo en que nos esforzamos para hacer penitencia, de forma que intentamos corregir nuestros errores, luchando para que Dios nos dé valor para que, de una vez por todas, podamos afrontar las situaciones que tanto esfuerzo nos cuesta el hecho de sobrellevarlas. Dios nunca ha estado airado contra nosotros, pero, en ciertas ocasiones, hemos contemplado al que hemos considerado Juez terrible, de quien hemos creído que nos ha azotado, con la intención de que meditemos sobre la existencia del que es el Dios del amor.
¿Por qué dice el Profeta que nosotros somos la arcilla y Dios el alfarero? Isaías nos invita a meditar sobre los textos que la Iglesia nos expone en su Liturgia, para que, lentamente, con el transcurso del tiempo, nos transformemos en imágenes vivas de Dios.
4. San Pablo, en la segunda lectura extraída de su primera Carta a los cristianos de Corinto, nos recuerda lo que hemos meditado los miembros de Trigo de Dios, pan de vida en tantas ocasiones: Hemos recibido una serie de dones y virtudes de parte de Nuestro Padre y Dios, y nos es necesario producir un fruto abundante, cuyo valor sea equiparable al de los talentos -o dádivas divinas- que hemos recibido del Dios del amor.
5. En el tiempo en que hacemos penitencia al mismo tiempo que meditamos las dos venidas de Cristo a nuestra Tierra, tenemos que estar en constante vigilancia para recibir al Rey que viene a nuestro encuentro. Imaginaos a los jugadores de un equipo de football constituido por ciegos totales, los cuales juegan con un balón que no tiene cascabeles por dentro, por consiguiente, de la misma forma que los jugadores han de vigilar los movimientos de sus adversarios también invidentes, nosotros estaremos alerta, de forma que nos dispondremos con oraciones y obras de misericordia, a recibir al Rey que viene.
Hay cristianos que, desconociendo el día en que ha de acontecer la Parusía -o la segunda venida- de Jesucristo, se sienten hastiados, se entregan a los placeres del mundo, aprovechándose de que no se sabe cuándo vendrá Dios, dado que ellos no le temen al demonio. Otros cristianos, por el contrario, creyendo que Dios está por venir, descuidan sus tareas mundanas, y hay que decir que, los dos extremos relacionados con la venida de Cristo, no son muy buenos para vivirlos, pues los cristianos somos soldados de Cristo que estamos preparados para abarcar todas las circunstancias que nuestra resistencia nos permita.
José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com