Domingo I de Adviento del Ciclo C.
La transformación que Dios desea llevar a cabo en el mundo, empieza en nuestro interior.
Ejercicio de lectio divina de LC. 21, 25-28. 34-36.
Lectura introductoria: 1 TES. 5, 1-2. 23.
1. Oración inicial.
Iniciemos este encuentro de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y, del Espíritu Santo.
R. Amén.
El Adviento es el tiempo en que recordamos las venidas de Jesús al mundo. Si miramos al pasado, recordamos cómo vivió el Señor y llevó a cabo su obra redentora. Con respecto al presente, necesitamos que las palabras y obras de Nuestro Salvador le den sentido a nuestra vida, porque aún no ha terminado el tiempo de nuestra purificación y santificación. Necesitamos encontrarnos con el Señor en nuestro día a día, y no evocar su recuerdo solamente, al pensar en el pasado. Con respecto al futuro, podemos decir que el mismo aún no ha llegado, pero, por la fe que tenemos en Dios, sabemos que, nuestra vida, no terminará mal.
El Adviento es tiempo de conversión, porque se nos recuerda que no nos hemos amoldado plenamente al cumplimiento de la voluntad de Nuestro Padre común, quien añora que cumplamos sus deseos, porque quiere hacernos felices, viviendo en su presencia.
El Adviento es tiempo de fe esperanzadora, porque Dios ha hecho la promesa de concluir nuestra purificación y la santificación de nuestras almas, y, por la fe que tenemos en Él, sabemos que cumplirá sus palabras, cuando llegue el tiempo oportuno.
El Adviento es tiempo para añorar la salvación, e intentar conseguirla, como si ello dependiera totalmente, de nosotros. El Reino de Dios es espiritual, pero necesitamos experimentarlo en la actualidad, creando un mundo, en que, según nuestras posibilidades, exterminemos las situaciones de miseria que afectan, a nuestros prójimos los hombres.
El Adviento es la oportunidad que tenemos de aprender a esperar la conclusión de la instauración del Reino de Dios entre nosotros, no en un tiempo lejano que nunca vislumbramos, sino, en el día a día que vivimos, cumpliendo la voluntad, de Nuestro Padre común.
El Adviento es tiempo de oración, porque, sin hablar con el Dios Uno y Trino, nos será imposible cumplir su voluntad, ya que no creeremos firmemente, en Él.
El Adviento es un tiempo propicio en que podemos aprender la Palabra de Dios, no para guardarla en nuestro interior, sino para aplicarla a nuestras circunstancias vitales, y evangelizar a nuestros prójimos los hombres.
Oremos:
Espíritu Santo:
Porque deseamos ver grandes prodigios al pensar que los tales aumentarán nuestra fe en Ti, y nos es difícil descubrirte en nuestro día a día, fortalece la fe que nos has dado.
Para que les brindemos ayuda a quienes necesitan nuestras dádivas espirituales y materiales, fortalece la fe que nos has dado.
Para que nos prestemos a consolar a quienes sufren por cualquier causa, fortalece la fe que nos has dado.
Porque vivimos sumidos en nuestras ocupaciones, preocupaciones y placeres, y no vislumbramos la gloria de Dios en el mundo ni en nuestra vida, fortalece la fe que nos has dado.
Porque, por nuestra insuficiente formación religiosa, y la falta de fe que nos caracteriza, en lugar de sentirnos fortalecidos al intentar superar las dificultades que nos caracterizan, sentimos que los problemas que tenemos nos debilitan, fortalece la fe que nos has dado.
Porque podemos ceder a la tentación de posponer nuestro crecimiento espiritual y la superación de las dificultades que tenemos para entregarnos a diversos placeres, fortalece la fe que nos has dado.
Para que aprendamos tu Palabra, la apliquemos a nuestra vida, y aprendamos a gozar el arte de la oración, para que, cuando acontezca la segunda venida de Jesús, no nos sorprenda sin una fe madura, fortalece la fe que nos has dado.
Porque nos faltan amor y paciencia para vivir como centinelas de la aurora esperando que Jesús concluya la plena instauración del Reino mesiánico entre nosotros, fortalece la fe que nos has dado.
Porque, en lugar de sentirnos fuertes para escapar al efecto que tiene el hecho de contemplar nuestras dificultades sin fe en Ti, nuestra falta de formación religiosa y de fe, nos hace ceder a la desesperación, fortalece la fe que nos has dado.
Para que seamos dignos de estar de pie delante de Jesús cuando seamos juzgados después de morir y cuando acontezca el Juicio Universal, fortalece la fe que nos has dado.
Espíritu divino:
En este nuevo año litúrgico que estamos empezando a vivir, inspíranos tus dones, para que deseemos ser, buenos seguidores de Jesús, y adoradores del Dios Uno y Trino. Así lo esperamos.
2. Leemos atentamente LC. 21, 25-28. 34-36, intentando abarcar el mensaje que San Lucas nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.
2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.
2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.
3. Meditación de LC. 21, 25-28. 34-36.
3-1. ¿Cómo interpretaremos el signo apocalíptico de la gran catástrofe que conllevará en sí misma la destrucción del mundo? (LC. 21, 25).
La palabra "apocalipsis" significa "revelación", lo cual nos conduce a pensar que, todo lo que ha sido escrito en género apocalíptico, no debe ser interpretado literalmente, pues es simbólico. La destrucción del mundo de que nos habla San Lucas en el Evangelio que estamos considerando no debe interpretarse literalmente, pues es indicativa de la transformación espiritual que se llevará a cabo en la humanidad, antes de que el Señor Jesús concluya la plena instauración de su Reino de amor y paz, entre nosotros.
San Lucas nos informa en el Evangelio que estamos considerando, sobre las señales que caracterizarán, el sol, la luna y las estrellas, porque, en la antigüedad, eran considerados, como dioses. Dado que solo existe un Dios verdadero desde el punto de vista del citado evangelista, es necesario que las demás deidades elevadas a tal rango por los hombres sean extinguidas, porque, Yahveh, es un Dios, celoso (ÉX. 20, 4-6). Los dioses cosmogónicos no son las únicas deidades afectadas por la gran catástrofe de la que nos informa el tercer Evangelista, la cual indica que, las ideologías que se opongan a Yahveh serán extinguidas, y los hombres tenemos la posibilidad de adaptarnos al cumplimiento de su voluntad, la cual consiste en que alcancemos la plenitud, de la felicidad. He aquí, -pues-, el significado del desastre, que también afectará a la tierra.
El mar, donde vivía el temible leviatán, era para los judíos, signo de desgracias. Esta es la razón por la que Jesús caminó sobre las aguas del lago de Genesaret (MT. 14, 25), demostrando su superioridad, a todas las formas, en que se manifiesta el mal.
La angustia de la gente de que nos informa el tercer Evangelista, es consecuente del decaimiento de los dioses falsos en que depositará su confianza, y las manifestaciones características del mal. He aquí un recordatorio de que no nos apartemos jamás del cumplimiento de la voluntad de Nuestro Padre común.
3-2. ¿Cómo reaccionarán los hombres al contemplar la gran catástrofe anunciada por San Lucas? (LC. 21, 26).
Aunque el género apocalíptico puede ser la causa de que haya gente que tenga miedo de que acontezca lo expuesto en las obras escritas en dicho estilo literario, tuvo la cualidad de expresar realidades que solo pudieron ser interpretadas por los lectores de dichos textos en los primeros siglos de existencia de la Iglesia, sin que pudieran ser conocidas, por los perseguidores, de los discípulos de Jesús.
Al comprobar los hombres cómo desaparecen sus ídolos falsos, es normal que cedan al pánico, la angustia y la ansiedad, por desconocer lo que les sucederá. Dado que los judíos creían que el sol, la luna y las estrellas, estaban sujetas en el firmamento, el hecho de que serán sacudidos, indicando que el Dios verdadero aniquilará a los dioses falsos, hace que los hombres sientan miedo, al presentir el peligro, de perder sus seguridades.
3-3. La segunda venida del Hijo del hombre (LC. 21, 27).
Jesús es el Hijo del hombre mencionado en el pasaje bíblico simbólico de DN. 7, 13-14, donde aparece entre las nubes simbólicas de su gloria, y no viene a gobernar el mundo atendiendo a sus deseos, sino demostrando su sumisión a Nuestro Padre común, porque lo ama. Por causa de tal sumisión, cuando el Mesías resucitó de entre los muertos, en cuanto siguió siendo Hombre, alcanzó la realeza divina.
3-4. Cuando más nos parezca que nuestras dificultades son irremediables, levantemos la cabeza al cielo, porque se acerca nuestra liberación (LC. 21, 28).
El versículo bíblico que estamos considerando, contiene la frase más importante, del Evangelio de este Domingo I de Adviento del Ciclo C. Por lo impresionante que resulta el hecho de imaginar el fin del mundo catastrofista descrito por San Lucas, podemos suponer que el mismo es el centro del texto del tercer Evangelio que estamos considerando, pero ello es incierto, y se demuestra, porque, al leer LC. 21 íntegramente, descubrimos que San Lucas no asimiló la idea de que el Reino de Dios es una realidad espiritual y lejana, sino nuestra asimilación a la Persona del Mesías, la cual debe llevarse a cabo todos los días de nuestra vida, mientras aprendemos la Palabra de Dios, la aplicamos a nuestra vida y servimos a nuestros prójimos los hombres, y aprendemos a orar, con el fin de poder cumplir, la voluntad divina.
LC. 21, 28, contiene unas palabras de Jesús, que nos hacen sentir la esperanza, de que Dios no nos ha desamparado, así pues, cuando más se agraven las dificultades que podamos tener, elevemos nuestras cabezas al cielo orando, porque se acerca nuestra liberación. Ello no significa que nuestros problemas se resolverán mágicamente, sino que, por la fe que tenemos en el Dios Uno y Trino, sabemos que, nuestras vidas, no acabarán, mal.
3-5. El sorpresivo retorno del Hijo del hombre (LC. 21, 34-35).
Jesús nos advierte para que no nos dejemos arrastrar por las preocupaciones ni nos entreguemos al disfrute de los placeres mundanos, descuidando nuestro crecimiento espiritual, y, por consiguiente, el cumplimiento de la voluntad divina. El hecho de que el Mesías tarda en venir, no significa que su Parusía no acontecerá nunca (2 PE. 3, 9). Que este tiempo de espera no nos induzca a perder la fe, sino a disponernos a recibir al Mesías, cuya Parusía, no dejamos de aguardar.
3-6. Permanezcamos en vela (LC. 21, 36).
Estar en vela, no significa vivir esperando que acontezca la Parusía del Señor, obviando el cumplimiento de nuestras responsabilidades (2 TES. 3, 10-12). Si atendemos al texto que estamos considerando, veremos cómo en las citadas palabras del Señor, se nos dan las instrucciones oportunas, para que vivamos en vela.
Velar aguardando la segunda venida de Jesús, no significa que vamos a obviar el cumplimiento de nuestras obligaciones, sino que haremos lo que se espera de nosotros, como buenos seguidores de Jesús.
Para poder pasar toda la vida velando a la espera de que acontezca la Parusía de Jesús, necesitamos orar constantemente, y ver a Nuestro Señor en sus hermanos los hombres, especialmente, en quienes sufren, por cualquier circunstancia.
¿Por qué quiere Jesús que oremos? Cuando oramos con fe, el Espíritu Santo nos da la convicción necesaria, para que superemos nuestras dificultades, y podamos permanecer de pie ante el Mesías cuando seamos juzgados por el Señor, sin que nuestra debilidad, impida que experimentemos, la salvación de nuestras almas.
Para vivir en vela, hay que permanecer de pie, porque dicha postura indica activismo, en beneficio de nuestros prójimos los hombres, pero, para que nuestras muchas ocupaciones y preocupaciones no nos impidan crecer espiritualmente, no nos olvidemos de estudiar y meditar la Palabra de Dios, ni de orar.
3-7. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.
3-8. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.
4. Apliquemos la Palabra de dios expuesta en LC. 21, 25-28. 34-36 a nuestra vida.
Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.
3-1.
¿Qué significa la palabra "apocalipsis"?
¿Por qué no deben ser interpretados literalmente los libros apocalípticos?
¿Por qué no debe interpretarse literalmente la destrucción del mundo de que nos habla San Lucas en el Evangelio de este Domingo I de Adviento del Ciclo C?
¿Por qué habla San Lucas en el Evangelio de señales características del sol, la luna, las estrellas y la tierra?
¿En qué sentido es Yahveh un Dios celoso, según ÉX. 20, 4-6?
¿Qué falsos dioses desaparecerán antes que Jesús concluya de instaurar su Reino divino entre nosotros?
¿Qué significaba el mar para los judíos?
¿Por qué caminó Jesús sobre las aguas del mar de Galilea, según MT. 14, 25?
¿De qué hechos es consecuente la angustia de la gente de que nos habla San Lucas en el Evangelio de este primer día del Adviento?
¿Sentiremos miedo a la hora de interpretar las señales que según la Biblia son indicativas de que el mundo está a punto de acabarse, y de que Jesús está por concluir la instauración del Reino de dios entre nosotros? ¿Por qué?
3-2.
¿En qué sentidos les fueron útiles los textos apocalípticos a los primeros cristianos?
¿Por qué es comprensible el hecho de que los hombres cedan al pánico, la angustia y la ansiedad, por desconocer lo que les sucederá?
¿Por qué sentirán los hombres miedo al ver cómo serán sacudidos los elementos celestes?
¿tendremos miedo los cristianos al ver tales señales? ¿Por qué?
¿Estará causado el citado miedo de los hombres por su desconocimiento de Dios y su carencia de fe en Nuestro Santo Padre?
¿Significarán las citadas señales que el Reino de Dios será muy diferente al mundo en que vivimos, porque no existirá en el mismo ningún tipo de exclusión social?
3-3.
¿Qué relación existe entre DN: 7, 13, y LC. 21, 27?
¿Qué significan las nubes en ambos pasajes bíblicos?
¿Por qué no se independizó Jesús de Nuestro Padre celestial para gobernar el mundo?
¿En qué sentido fue Jesús elevado a la realeza, si por ser Dios, jamás dejó de ser Rey?
En LC. 21, 27, se nos dice que el Hijo del hombre (Jesús) vendrá con gran poder y gloria. ¿Será el Reino de Dios como los reinos humanos, o tendremos un Rey que nos tratará como hermanos suyos?
¿En qué se diferencia la gloria de dios de la gloria que persiguen muchos hombres?
3-4.
¿Por qué se contienen las palabras más importantes del Evangelio que estamos meditando en LC. 21, 28?
¿Por qué podemos suponer que LC. 21, 25-27 es la parte más significativa del texto lucano que estamos considerando?
¿Qué le enseñó San Pablo al tercer Evangelista que es el Reino de dios?
¿Cómo podremos asemejarnos a Jesús durante todos los días de nuestra vida?
¿Cómo aprenderemos a interpretar la Palabra de Dios?
¿Cómo aplicaremos el mensaje divino contenido en la Biblia a nuestra vida?
¿Cómo aprenderemos a orar?
¿Qué haremos para no dejar de sentir jamás que Dios no nos ha desamparado?
¿Por qué sabemos que nuestra vida no acabará mal, si Dios no resuelve nuestras dificultades mágicamente?
¿Qué se nos dice que hagamos en LC. 21, 28, Tanto cuando sintamos que vivimos el efecto de las señales características del fin del mundo, como cuando afrontemos situaciones difíciles?
¿Es nuestra fe lo suficientemente fuerte y estable como para que podamos creer que cuanto mayores sean nuestros sufrimientos más cerca estaremos de ser liberados de los mismos?
3-5.
¿De qué nos advierte Jesús?
¿Qué significa el hecho de que Jesús tarda en venir?
¿Por qué no dejaremos de esperar que acontezca la Parusía de Nuestro Salvador, aunque tarde mucho tiempo en suceder?
¿En qué sentido puede ayudarnos el tiempo de Adviento a mantener la fe activa, para que los problemas que tenemos, y la tardanza del Señor en venir a nuestro encuentro, no nos la debiliten?
¿De qué nos dice Jesús que nos guardemos en LC. 21, 34? ¿Por qué?
3-6.
¿Qué es permanecer en vela?
¿Por qué no podemos permanecer en vela obviando el cumplimiento de nuestras responsabilidades?
¿Qué instrucciones nos da Jesús para que vivamos en vela en LC. 21, 36?
¿Por qué necesitamos orar y servir a Dios en sus hijos, para poder permanecer en vela?
¿En qué sentido son los que más sufren los predilectos de Jesús?
¿Por qué quiere Jesús que oremos?
¿De qué manera nos asiste el Espíritu Santo cuando oramos con fe?
¿Qué significa permanecer de pie?
¿Por qué no son excluyentes el activismo y la vida contemplativa?
¿Cómo haremos que nuestras ocupaciones y preocupaciones no nos impidan crecer espiritualmente?
¿Cómo podemos evitar sucumbir ante los sufrimientos que pueden afectarnos y evitar que los vicios nos impidan afrontar nuestras dificultades para que podamos ser felices, según LC. 21, 36?
5. Lectura relacionada.
Leamos y meditemos LC. 21, distinguiendo los acontecimientos relativos a la destrucción de Jerusalén y la conclusión de la plena instauración del Reino de Dios entre nosotros, en la medida que nos sea posible.
6. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en LC. 21, 25-28. 34-36.
Comprometámonos a vivir el presente Domingo, como si fuera el último día de nuestra vida. Hagamos lo que más nos guste si nos es posible, y manifestémosles nuestro amor a quienes más amamos, como si jamás pudiéramos hacerlo. Si la experiencia resulta sernos placentera, la repetiremos, con cierta frecuencia.
Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.
7. Oración personal.
Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.
Ejemplo de meditación/oración personal, para animar a quienes sienten que todo lo han hecho mal, y por ello no merecen ninguna consideración.
Cuanto más triste te sientas, alaba a Dios con más ganas, aunque sientas que te faltan.
Tener fe no es estancarnos pensando en los acontecimientos relacionados con el pasado, sino tener la experiencia de dios, diariamente.
Recuerda que el pasado no existe, y que el futuro aún no ha llegado.
Recuerda que, por ahora, solo tienes este preciso instante en que me lees, para vivir plenamente.
Tener fe, es vivir contra corriente.
¿Te sientes triste? Desafía la tristeza con tu alegría.
¿Sientes ganas de tumbarte y cerrar los ojos porque te agota la tristeza? Sal a la calle y busca a quien te ayude, o ve al encuentro de quienes están peor que tú, y descubrirás las razones que tienes, para seguir viviendo.
¿Te faltan ganas de hablar con Dios, porque sientes que no escucha tus oraciones?
¿Recuerdas cuando tuviste novio/a la ilusión que te hacía encontrarlo/a?
Alaba y adora a Dios, con la ilusión de encontrarte cada día, con quien más puede amarte.
Cuando sientas que nada vale la pena, piensa que eres semejante a un barco, navegando contra corriente, burlando la adversidad, que puede hacerte, perder la felicidad.
Porque Dios es bueno y te creó para que seas feliz, y porque te mereces lo mejor, navega contra corriente, ríe cuando desees llorar, sal a la calle cuando desees ocultarte para lamentarte, relaciónate cuando desees buscar la soledad, y ábrete a Dios y a quienes te aman, cuando quieras centrarte en ti.
¿Por qué dices que no vales nada, si vales la Sangre de todo un Dios?
¿Cómo dices que no tienes valor, si vales más que todas las riquezas del mundo?
¿Cómo pretendes que tu valoración personal dependa de lo que los demás sienten por ti, ignorando que si te alaban y no les crees, no podrás ser feliz?
8. Oración final.
Leemos y meditamos los Salmos 29 y 30, alabando a Dios por su grandeza, y por el amor que nos ha manifestado.
José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en
joseportilloperez@gmail.com