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La gracia de Dios está con nosotros. (Meditación de la segunda lectura del Domingo I de Adviento del Ciclo B).

   Meditación.

   3. La gracia de Dios está con nosotros.

   Meditación de 1 COR. 1, 3-9.

   (1 COR. 1, 3). Para  los cristianos, todo es gracia, porque nos gozamos en el tiempo en que nos sentimos dichosos, y tenemos la creencia de que, las experiencias que nos suceden que desde el punto de vista de quienes carecen de nuestra fe son consideradas como desagradables, tienen la facultad de ayudarnos a aprender a ser mejores personas cristianas, y, por tanto, mejores hijos de Dios.
   Después de recordar que todos los acontecimientos que vivimos son gracias divinas, nos es necesario pensar en la necesidad que tenemos de la paz de Dios, porque la palabra paz nos sugiere el deseo de que finalicen las guerras, y de que podamos tener buenas relaciones unos con otros, y puede sucedernos que no pensemos en la paz que necesitamos para pacificar al mundo, la cual es la paz interior que quizá no tenemos, porque nos preocupamos más por pensar en nuestros problemas, que en cultivar los dones y virtudes que hemos recibido de Dios, por medio del estudio constante de su Palabra, la aplicación de sus enseñanzas por medio de la realización de obras benéficas, y la práctica incesante de la oración.
   (1 COR. 1, 4-5). San Pablo le escribió a su fiel colaborador San Timoteo, las palabras que leemos en 1 TIM. 2, 5-6. Jesucristo, por medio de su Pasión, muerte y Resurrección, nos ha hecho amigos de Dios, y, consecuentemente, nos ha concedido muchos dones y virtudes, por mediación de su Espíritu Santo.
   Dios ha sido generoso con nosotros, porque, por medio de Jesucristo, nos concede las dádivas que necesitamos, para realizarnos en nuestra vida, y servirlo en nuestros prójimos los hombres, para que así nos sea posible alcanzar la salvación, al ser santificados.
   ¿Nos ha concedido Jesucristo muchos dones divinos? San Pablo, nos instruye: (1 COR. 1, 6-7).
   ¿En qué sentido nos dice San Pablo que no carecemos de los dones de Dios, si no nos percatamos de que hemos recibido los mismos? Obviamente, seguimos siendo personas imperfectas, pero sucede que, conforme afrontamos nuestras vivencias, Dios se nos manifiesta concediéndonos sus dones, cuando lo estima oportuno, y sabe que no se los vamos a despreciar. En este sentido, nos es provechoso recordar el siguiente texto de San Pablo: (1 COR. 10, 13). Esta es la razón por la que San Pablo les escribió a los cristianos de Roma, las palabras que encontramos en ROM. 8, 28.
   Jesús nos concede sus dones para que los utilicemos para ser santificados mientras aguardamos el día en que acontezca su segunda venida -o Parusía- al mundo. Como el Señor sabe que por nuestro medio no somos capaces de santificarnos sin su ayuda, el Espíritu Santo, le inspiró las siguientes palabras a San Pablo: (1 COR. 1, 8).
   ¿Creemos que el Señor vela para que cumplamos la voluntad de Nuestro Santo Padre, con el deseo de concedernos la salvación divina? Esta realidad es tan cierta, que San Pablo, nos dice, las palabras que podemos leer, en 1 COR. 1, 9.
   ¿Creemos que Jesucristo está espiritualmente en nuestra vida, en nuestros prójimos los hombres, y en los Sacramentos de la Iglesia? Si creemos tan extraordinaria, maravillosa y asombrosa realidad, comprenderemos lo que Jesús les dijo a sus discípulos, antes de ascender al cielo, cincuenta días después, de que aconteciera su prodigiosa Resurrección: (MT. 28, 20b).

José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com