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Jesús vendrá a nuestro encuentro cuando menos esperemos su segunda venida. (Meditación del Evangelio del Domingo I de Adviento del Ciclo B).

   Meditación.

   4. Jesús vendrá a nuestro encuentro cuando menos esperemos su segunda venida.

   Meditación de MC. 13, 33-37.

   (MC. 13, 33). El momento al que Jesús hace referencia en el texto que estamos considerando, es la conclusión de la instauración del Reino de Dios en este mundo.
   Para prepararnos a recibir al Señor en su segunda venida, no descuidaremos nuestro triple ciclo de formación espiritual, acción y oración sinceras, que no se llevan a cabo con el interés de recibir un galardón, sino por amor a Dios y a sus hijos los hombres.
   En los años de mi infancia, un anciano me contó la siguiente historia:
   "Los niños de hoy no sabéis valorar el bienestar social que disfrutáis. Cuando yo tenía seis años, mi padre empezó a enviarme de noche al campo a cuidar una piara de cerdos, de los que debía estar atento a que no se me perdiera ni uno solo, a no ser que quisiera que mi padre me moliera a palos".
   Nosotros, al desconocer el tiempo en que la tierra será convertida en el Reino de Dios, podemos descuidar nuestro triple ciclo de santificación, lo cual puede tener como resultado fatal que, cuando Dios venga a visitarnos, nos encuentre indispuestos para vivir en su presencia.
   No bajemos la guardia ni un solo día obviando la formación espiritual, la acción y la oración, porque, ese día, empezará a debilitarse nuestra fe.
   De la misma forma que el citado joven cuidador de cerdos se dormía en el campo porque a fin de cuentas era un niño acechado por un padre tan cruel como pudiera haberlo sido con él el empresario más despiadado, a veces nos desanimamos en nuestro crecimiento espiritual, porque nos impacientamos queriendo adelantar el tiempo que Dios tiene para actuar, o porque sentimos que no estamos rodeados de cristianos que nos animen apenas noten que nos desanimamos un poco.
   (MC. 13, 34-35). Estamos en el tiempo en que Dios nos deja actuar en base a la libertad que nos ha concedido, corriendo el riesgo de que lo traicionemos. A pesar de ello, Nuestro Santo Padre, nos da atribuciones a los creyentes, ora para que no perdamos la fe, ora para que intentemos salvar al mundo en que vivimos, a pesar del rechazo que le manifiesta a Nuestro Creador.
   Velemos, porque el Dueño de la casa de la parábola que estamos considerando, el Dueño del mundo, vendrá a nuestro encuentro cuando menos lo esperemos, nos sorprenderá como lo hacen los ladrones durante la noche con sus víctimas, y puede suceder que nos encontremos con que no somos aptos para vivir en su presencia.
   (MC. 13, 36). ¿Nos sorprenderá Jesús cuando venga rendidos bajo el efecto del sueño del aburrimiento, de la apatía, y del desinterés, tanto por Dios, como por nuestros prójimos los hombres?
   Cuando Jesús venga a nuestro encuentro, ¿quedarán en el mundo cristianos que le permanezcan fieles?
   Jesús se pregunta, por medio de San Lucas Evangelista: (LC. 18, 8b).
   (MC. 13, 37). La llamada que Jesús nos hace, es para todos los que quieran recibirla, así pues, no afecta exclusivamente a los religiosos, sino a todo el pueblo de Dios, y a quienes decidan unirse a la Iglesia, tanto para celebrar el Nacimiento de Nuestro Salvador en Navidad, como para recibirlo, cuando concluya la plena instauración de su Reino entre nosotros.

José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com