Meditación.
2. Jesús se dejó sacrificar para cumplir el deseo de Nuestro Padre común de tener una gran familia.
Meditación de HB. 10, 5-10.
Muchos cristianos se parecen por su manera de actuar a los judíos que se reconciliaban con Dios ofreciéndole sacrificios, pues pretenden ganarse la salvación, cumpliendo las prescripciones, de las denominaciones religiosas a que pertenecen. Si tal como dice un refrán español "es de bien nacidos el ser agradecidos", -lo cual indica que no pecamos al cumplir prescripciones religiosas-, no cumplamos la voluntad divina para ganarnos la salvación, porque la bienaventuranza eterna, más que un premio merecido por nuestra manera de proceder, es una demostración que se nos hace, de cómo somos amados, por Nuestro Padre celestial.
Los sacerdotes hebreos sacrificaban animales para reconciliarse a sí mismos y al pueblo con Dios, pero tales víctimas no estaban relacionadas con ellos. Así como procedían tales sacerdotes, podemos tributarle a Dios un culto exterior, que no esté relacionado con la espiritualidad. Esta es la razón por la que hago mucho hincapié en la necesidad que nos caracteriza, de conocer la fe que decimos profesar, vivir cumpliendo la voluntad divina, y llegar a ser maestros, en el arte de la oración. Para los cristianos que viven cumpliendo la voluntad del Dios Uno y Trino, no hay diferencia alguna entre lo religioso y lo profano, porque intentan hacer suya la manera de pensar y actuar, de Nuestro Padre celestial.
Si deseamos sacrificarnos tal como Jesús lo hizo, no pensemos en dejarnos asesinar, sino en vivir cumpliendo la voluntad de Nuestro Padre celestial. Actuemos como Jesús, quien no diferenciaba los lugares religiosos de la calle, porque, para el Mesías, el mundo debía ser convertido, en el Reino de Dios, y, consecuentemente, lo denominado profano, en lugar de ser despreciado, debía ser, cristianizado. No actuemos como lo hacían muchos sacerdotes judíos, quienes hacían sacrificios externos (sangre de animales), y no operaban cambios en sus conciencias. No vivamos una fe intelectualizada que jamás llegue a practicarse, para evitar constatar la fuerza y sinceridad de la misma. Quienes quieran ofrecerle un sacrificio definitivo al Señor, que se sacrifiquen a sí mismos, cumpliendo la voluntad divina.
¿Quiso Dios Padre que Jesús muriera? Yahveh no quiso que Jesús muriera, ni jamás ha deseado ver fallecer a nadie, pero la muerte es inherente a nuestra condición humana, y Jesús aceptó vivir en la tierra, no como Dios perfecto, sino como hombre limitado por su debilidad. Según el autor de la Carta a los Hebreos, Jesús fue igual a nosotros en todos los aspectos, con la excepción del pecado. Si en la Biblia se hace hincapié en el hecho de que Jesús murió por nuestros pecados, no hemos de entender que Jesús murió por causa de la maldad humana, sino que somos amados por Nuestro Padre común, aunque suceda que las tinieblas envuelvan nuestra vida.
El Reino de Dios no está lejos de nosotros (LC. 17, 21), así pues, en cada ocasión que cumplimos la voluntad divina, se hace presente. Aunque el Reino celestial aún no ha sido plenamente instaurado entre nosotros porque aún no ha concluido nuestro ciclo de perfección, sigamos creciendo espiritualmente y evangelizando a quienes quieran conocer al Señor, como si ello facilitara la conclusión de la obra divina de salvar a la humanidad, que los cristianos añoramos.
Dado que cuando los judíos fueron deportados a Babilonia no podían ofrecer sacrificios en el Templo de Jerusalén, elaboraron una práctica religiosa, consistente en vivir con fidelidad y humildad, en la presencia de Yahveh. Este hecho nos proporciona la oportunidad de examinar nuestra profesión de fe, con tal de ver si nos hemos convertido al Señor plenamente, o si aún podemos ser mejores cristianos.
El sacrificio de Jesús no fue un episodio puntual de la vida del mesías, quien enfocó toda su vida al tiempo de su Pasión, muerte, Resurrección y glorificación.
¿Qué tiempo de nuestra existencia abarca el sacrificio que le ofrecemos a Dios?
José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com