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Esperamos la venida del Mesías. (Meditación de la primera lectura del Domingo II de Adviento del Ciclo C).

   Meditación.

   1. Esperamos la venida del Mesías.

   Meditación de BAR. 5, 1-9.

   La primera lectura correspondiente a esta celebración eucarística del Domingo II de Adviento del Ciclo C, forma parte del libro de Baruc, una obra que fue escrita con la intención de que, los hebreos que fueron deportados a Babilonia, no perdieran la fe en Yahveh, de quien debían esperar, que los devolviera a la tierra de Israel. Los hebreos eran conscientes de que sufrían la dominación de diferentes civilizaciones en cada ocasión que su país era conquistado por causa de su desobediencia a Dios, pero no ignoraban lo expuesto en ÉX. 34, 6-7. Ellos sabían que el amor de Dios es eterno, y mantenían la creencia de que cada cuál debía afrontar las consecuencias de sus pecados.
   Comparémonos con los hebreos deportados a Babilonia. Hay ocasiones en que ni los cristianos nos reconocemos necesitados de Dios. Interrogamos a Dios constantemente con respecto a la existencia del mal y el sufrimiento, pero no nos amoldamos al cumplimiento de su voluntad. En ciertas ocasiones, no somos como los citados hebreos deportados a Babilonia, que reconocían sus pecados. Quizás nos conformamos viviendo mediocremente teniendo la posibilidad de vivir una vida plena. Quizás pensamos que los políticos son los únicos responsables de exterminar las situaciones de pobreza y marginación existentes, y no hacemos nada para ayudar a quienes necesitan nuestras dádivas espirituales y materiales. Quizás nuestra vida religiosa se reduce a la celebración de ritos cuyo significado probablemente no abarcamos, pero, fuera de las iglesias, no vivimos como seguidores de Jesús.
   El Adviento es un tiempo en que se espera que se hagan humildes quienes son soberbios, y en que también es conveniente que nos esforcemos para que todos tengamos lo que nos pertenece por justicia, para que podamos disponernos a recibir a Jesús, en el tiempo de Navidad, y al final de los tiempos, cuando acontezca su Parusía o segunda venida.
   El Adviento es el tiempo propicio para que mejoremos la calidad de las relaciones que mantenemos con nuestros familiares y amigos. Vivimos a velocidad de vértigo. Tenemos muchas cosas que hacer, y por ello podemos descuidar lo más esencial de nuestra vida sin darnos cuenta. No dejemos de relacionarnos con Dios ni descuidemos las relaciones que mantenemos con nuestros familiares y amigos.
   No permitamos que se extinga del mundo el sentido de la Navidad cristiana. No perdamos la alegría de recibir al Niño Dios en nuestro mundo, al cambiarla por el deseo incontrolable de aumentar nuestras posesiones. No existen posesiones en el mundo que nos concedan la felicidad característica de la fe cristiana y las relaciones que podemos mantener con nuestros familiares y amigos.

José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com