Introduce el texto que quieres buscar.

Dispongámonos a recibir al Señor. (Meditación de la segunda lectura del Domingo II de Adviento del Ciclo C).

   Meditación.

   2. Dispongámonos a recibir al Señor.

   Meditación de FLP. 1, 4-6. 8-11.

   San Pablo escribió su Carta a los Filipenses para agradecerles la ayuda que le prestaron cuando estuvo encarcelado en Roma. El verdadero gozo del Apóstol consistía en que Dios era su única riqueza, y en que fue hallado digno de predicar el Evangelio, y de sufrir por Jesucristo, no porque amaba el dolor por sí mismo, sino porque sabía que su fe que era más fuerte que la vida y la muerte, al ser probada, fortalecería la creencia en Dios de los fieles de las diferentes iglesias que fundó, durante los años que sirvió al Señor como Apóstol. San Pablo les agradeció a los filipenses la ayuda que le prestaron, porque la misma fue una demostración del afecto que sentían hacia él.
   San Pablo recordaba a los filipenses con gozo porque no perdieron la fe en Dios en un tiempo en que había que tener una firme creencia en Jesús para no perder la fe cristiana, y con agradecimiento, porque, al apoyar su causa, no estaban apoyando a un hombre cuyo recuerdo se extinguiría con el lento transcurso del tiempo, pues estaban apoyando la causa de Cristo. Los filipenses se mostraron dispuestos a hacer lo que San Pablo les pidiera, porque, obedeciendo al líder que fundó su iglesia, obedecían a Cristo, a quien el citado Apóstol representaba.
   Cuando nuestros familiares, amigos y compañeros de trabajo piensan en nosotros, ¿nos ven como cristianos comprometidos con la causa de Jesucristo?
   ¿Son nuestras oraciones y obras de caridad el estímulo que quienes nos conocen necesitan para desear ser imitadores de Jesucristo?
   San Pablo fundó la iglesia de Filipo durante su segundo viaje misionero. El citado Santo recibió ayuda de los cristianos de la citada iglesia cuando estuvo entre ellos, fue ayudado económicamente cuando estuvo preso en Roma, y también fue sostenido por los fieles de la citada iglesia, que oraron por él. En nuestro tiempo, la Iglesia sigue necesitando de nuestro trabajo, donaciones y oraciones. Hacer estas tres cosas significa que vivimos en comunión con la Iglesia de Cristo. En este tiempo de crisis económica y de valores, no solo las iglesias físicas, sino muchas comunidades cibernéticas cristianas, necesitan de nuestro trabajo, apoyo económico y oraciones. La Palabra de Dios circula gratuitamente en Internet, pero el mantenimiento de las páginas web tiene un coste, que algunos portales católicos no pueden asumir.
   Muchos cristianos piensan que comulgar es recibir a Jesús en las celebraciones eucarísticas, pero les cuesta pensar que comulgar es trabajar como discípulos de Nuestro Redentor en un mundo que tiene dificultades para creer en Dios, ayudar económicamente a la Iglesia, y orar por la fundación de Cristo, porque la obra que realizamos los cristianos católicos, no es nuestra, sino del Dios Uno y Trino.
   Dios comenzó la obra de purificarnos y santificarnos, la continuará a través de nuestras circunstancias vitales, y la terminará cuando lo veamos cara a cara.
   No hacemos mal al pedirle ayuda a Dios cuando oramos porque no podemos salvarnos por nuestro medio, pero tengamos en cuenta que somos actores de nuestra salvación. No podremos salvarnos sin Dios, pero, Nuestro Santo Padre, no llevará a cabo, las obras que podamos hacer.
   La obra que hizo Cristo en nuestro beneficio fue morir y resucitar, para demostrarnos que Nuestro Padre común siente un gran amor por nosotros. Empezamos a desear alcanzar la salvación conforme conocimos al Señor y le permitimos que nos aumentara la fe, en conformidad con los acontecimientos que vivimos, la instrucción bíblica que recibimos, la puesta en práctica de lo que aprendimos, y el tiempo que nos dedicamos a orar. Sigamos permitiéndole al Espíritu Santo que nos siga haciendo semejantes a Cristo. Nuestro crecimiento espiritual empezó cuando sentimos que teníamos fe en Dios, y ha de continuar hasta que acontezca la Parusía del Señor.
   Cuanto mayor es el número de almas que abrazan la fe que profesamos, más cercano está el día en que acontecerá la Parusía del Señor. Evitemos que la muerte nos sorprenda sin vivir como verdaderos discípulos de Nuestro Salvador.
   San Pablo sentía un gran deseo de encontrarse con los cristianos de Filipo. El recuerdo de las vivencias del pasado junto a quienes cristianizó, y el deseo de seguir ayudándoles a ser perfeccionados, impulsaban a nuestro Santo, a no perder la esperanza de recuperar la libertad, para seguir predicando el Evangelio incansablemente. Este hecho me sugiere el pensamiento de que deseamos tener un mayor sentido de pertenencia a la Iglesia de Jesucristo. Todos los creyentes comprometidos con la difusión de la Palabra del Señor y las obras de su Iglesia realizamos actividades que nos ayudan a vivir la vocación que hemos recibido de Dios, pero seamos conscientes de que la obra que realizamos no es nuestra, para que trabajemos como lo haría Nuestro Salvador, unidos como si fuéramos uno solo, para que así podamos entender que Cristo actúa por nuestro medio, para conducirnos a la presencia de Nuestro Santo Padre celestial.

José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com