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Dispongámonos a celebrar el Nacimiento de Jesús con nuestros familiares. (Meditación para el Domingo IV de Adviento del Ciclo C).

   Meditación.

   Dispongámonos a celebrar el Nacimiento de Jesús con nuestros familiares.

   La gran mayoría de los cristianos tenemos la costumbre de celebrar la Natividad de Jesús junto a nuestros seres queridos. En la sociedad en la que hemos sustituido quizá sin percatarnos del grave error que hemos cometido la espiritualidad por el consumismo excesivo, solemos considerar que la reunión familiar no va más allá de degustar ciertos manjares tradicionales, cantar unos villancicos y contar algunos chistes con la intención de amenizar la velada navideña.
   Los cristianos no queremos permitir que la celebración del Nacimiento de Jesús únicamente sea para nosotros un motivo de fiesta materialista, así pues, tenemos mucho que hablar entre los miembros de nuestras familias. La celebración de la Navidad debe caracterizarse por nuestra capacidad de crear un ambiente propicio en el que todos los miembros de la familia, desde los niños hasta los adultos, se sientan arropados para darnos a conocer sus preocupaciones y aspiraciones. Sería algo digno de alabanza el hecho de que todos los años, al conmemorar la cena navideña frente al Nacimiento de Jesús, todos hagamos una serie de propósitos y que, en próximas celebraciones anuales, cuando nos volvamos a reunir, nos digamos si hemos llevado a cabo nuestras aspiraciones, o si el mundo, nuestros miedos o la pereza que nos invade en ciertas ocasiones, nos han sumido en un letargo que nos ha impedido realizarnos personalmente según el plan de actuación que nos proponemos todos los años, que tradicionalmente olvidamos la misma noche de Navidad.
   La asistencia a la Misa del gallo, no ha de ser observada como una interrupción del encuentro familiar que sólo tiene lugar un día al año, ni siquiera en el caso de que nuestros familiares hayan viajado muchas horas para encontrarse con nosotros, así pues, Jesús nos llama para que asistamos a su Nacimiento, para que lo dejemos ser uno más de los miembros de nuestra familia. Pasamos la mayor parte de nuestra vida trabajando, y tenemos tiempo para divertirnos. ¿Le vamos a negar una hora a quien ha propiciado nuestro encuentro familiar?

José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com