Introduce el texto que quieres buscar.

¿Por qué quiere Dios que creamos en Él? (Meditación para el Domingo XII del Tiempo Ordinario del Ciclo C).

   Meditación.

   ¿Por qué quiere Dios que creamos en Él?

   1. La realidad de nuestro mundo carente de Dios.

   Vivimos en un mundo cuyos valores no siempre están relacionados con nuestras creencias. Nacemos para morir, vivimos un número de años limitado, unos son ricos, otros son pobres, otros están sanos, otros están enfermos... Para quienes creen en el azar, es fácil comprender que todos vivimos las circunstancias por las que tenemos que pasar inexplicablemente, pero esta idea no resuelve las misteriosas cuestiones relativas a nuestro origen, el sentido de nuestra vida y el destino que nos aguarda después de que perdamos la actual vida.

   Cuando accedemos a las noticias que se nos transmiten por medio de los medios de comunicación, nos encontramos que cada uno de los mismos nos transmiten dichas informaciones muchas veces desde el punto de vista de la ideología profesada por sus dirigentes, lo cual nos obliga a contrastar dichas informaciones con las emitidas por otros medios, con el fin de poder conocer la última verdad relativa a las mismas. Al comprender que en este mundo la gran mayoría de las verdades son relativas en el sentido de que dependen fundamentalmente del punto de vista con que las observamos, nos persuadimos de que existen cuestiones tales como la pobreza y la marginación de ciertos colectivos, que ni se han resuelto satisfactoriamente, ni lo harán nunca, si tenemos en cuenta que, con tal de poder tener una vida digna, en muchas ocasiones nos vemos obligados a pensar exclusivamente en nosotros mismos.

   ¿Hemos pensado en alguna ocasión cuál es la razón por la que en la sociedad en que vivimos no todos los miembros de la misma tienen una dignidad semejante?

   ¿Hemos observado que no todos los colectivos sociales cifran la valía personal de los hombres basándose en criterios universales que deberían haberse adoptado con el fin de que todos tengamos cubiertas nuestras necesidades fundamentales?

   Vivimos en un mundo en que los ricos se esfuerzan por enriquecerse mientras que los pobres mueren siendo víctimas de su impotencia, y en que los sanos viven más o menos felices mientras que los enfermos se resignan a la hora de no poder realizarse plenamente e incluso pierden la vida. La cuestión de la pobreza sólo podría resolverse si los bienes del mundo no hubieran sido repartidos injustamente, pero la cuestión del dolor, si bien puede ser resuelta como si se le aplicara un sedante a un enfermo que sufre un gran dolor por medio de nuestros conocimientos científicos, sólo puede resolverse adecuadamente por medio de la religión, ya que, a pesar de que la ciencia avanza rápidamente y les promete un futuro con muchas garantías a quienes se lo puedan costear, sólo Dios puede prometerles el consuelo definitivo a quienes por circunstancias desconocidas por nosotros no puedan ser curados en esta vida, de la misma manera que sólo Nuestro Padre común puede prometerles a los tales que vivirán en un mundo caracterizado por la perfección divina, más allá de las miserias que actualmente caracterizan -a veces dramáticamente- su existencia.

   2. Dios tiene un propósito para nosotros.

   Los cristianos creemos que la Biblia, -la más importante de las publicaciones que estudiamos, independientemente de la Iglesia -o Congregación- a que pertenezcamos-, contiene la Palabra de Dios. Es en la Biblia donde adquirimos el conocimiento de que, desde que Nuestro Padre común creó el mundo, llevó a cabo dicha obra con el propósito de hacernos felices, desde el momento en que aceptáramos el hecho de vivir en su presencia adorándolo, ora orando, ora sirviéndolo en nuestros prójimos los hombres. El hecho de que sólo podemos alcanzar la plenitud de la felicidad viviendo en la presencia de Nuestro Padre celestial, radica fundamentalmente en que Él es el sumo bien al que podemos aspirar, así pues, lejos de Nuestro Creador, no podremos conocer la plenitud del amor, pues, aunque podemos amar ciegamente, no tenemos la capacidad de elevar al mismo nivel el amor y la justicia, pues sólo Nuestro Santo Creador es capaz de amarnos y purificarnos, no para hacernos sufrir, sino para hacernos semejantes a Él.

   Quizá nos preguntamos: Si Dios tiene un buen propósito para nosotros, ¿por qué no concluye la realización de su plan salvífico, cuya conclusión ha sido esperada por sus creyentes durante miles de años? Aunque en la Biblia no se nos indica claramente cuándo será instaurado plenamente el Reino de Dios entre nosotros y serán exterminadas nuestras miserias actuales, sí se nos informa de que nuestra conducta, al oponerse al cumplimiento de los preceptos de Nuestro Creador, nos impide gozar de la felicidad que quiere que gocemos el Dios Todopoderoso.

   No podemos caer en el error característico de quienes paralizan su actividad diaria y se sumen en el estudio bíblico con la esperanza de que el mundo sea extinguido de un momento a otro, pues no queremos dejar de llevar a cabo nuestras actividades ordinarias por esa causa, dado que no conocemos la fecha exacta en que nuestro mundo será transformado en el Reino de Dios, pero, a pesar de que la fe nos mantiene activos en la realización de nuestras actividades vitales, no olvidaremos los versículos bíblicos siguientes: (JN. 6, 39; HEB. 3, 13-14).

   3. ¿Qué haremos para acoger el propósito de Dios en nuestra vida?

   En algunas ocasiones, muchos de mis lectores me preguntan: ¿Te imaginas lo que sucedería si creyéramos en Dios y Él no cumpliera la promesa de salvarnos de nuestros sufrimientos actuales y de la muerte eterna?

   Yo les respondo a tales hermanos de fe y amigos que, como al morir lo tenemos todo perdido, si nos encontramos con el hecho de que Dios viene en nuestro auxilio, ello es algo bueno que no despreciaremos, porque la vida, incluso aunque sea dolorosa, no por ello es superflua.

   Para acoger el propósito de Dios en nuestros corazones, podemos:

   1. Amar a Dios más que a nadie y que a nada (MC. 12, 30).

   2. Amar y servir a nuestros prójimos los hombres como si se tratara de nosotros mismos, lo cual no significa que no nos protejamos de quienes quieran aprovecharse de nuestra fe para herirnos injustamente (MC. 12, 31).

   3. Estudiar la Biblia y los documentos de la Iglesia, con el fin de conocer el propósito de Dios y de adaptarnos al cumplimiento de la voluntad de Nuestro Padre común, ya que Él quiere beneficiarnos desinteresadamente.

   Concluyamos esta meditación pidiéndole a Nuestro Padre común que nos ayude a desear y alcanzar la santidad a que hemos sido llamados.

joseportilloperez@gmail.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja aquí tus peticiones, sugerencias y críticas constructivas