Meditación.
Mi crisis actual.
Antonio fue invitado por su hermano a la celebración de la primera Comunión de su hija Ana. Durante la celebración Antonio ingirió una gran cantidad de alcohol y, sin hacer caso de los consejos que le dieron sus familiares y amigos, después de la celebración del banquete, cogió prestada la moto de su hermano para ir a casa de su madre. Cuando conducía a gran velocidad, vio que se le acercaba un coche, y, cuando reaccionó para girar a su derecha, fue demasiado tarde para salvar su vida. La moto colisionó contra la parte delantera del coche que se le aproximaba a gran velocidad, y Antonio saltó despedido de la moto, cayó a varios metros de distancia, sin vida, y dejó a una mujer con tan sólo veinte años de edad, y a un hijo con seis años.
Cuando recordamos hechos como la muerte de Antonio, nos acordamos de que Dios existe, y le preguntamos a Nuestro Padre: ¿Por qué permites esas situaciones tan inútiles?
Uno de mis antiguos compañeros de trabajo ciego fue robado por uno de sus familiares antes de que ingresara en el banco el dinero que obtuvo por haber vendido lotería de la empresa en que ambos trabajábamos. Como mi amigo no quiso denunciar a su familiar, la empresa consideró que él mismo se quedó con dicho dinero, por lo cuál se vio sin trabajo, sin dinero, con deudas, y sin ningún familiar que se hiciera cargo de él.
Probablemente todos hemos pasado por situaciones difíciles o conocemos a una o a varias personas que están viviendo periodos de crisis. Cuando vivimos periodos difíciles, nos replanteamos las creencias que tenemos porque, cuando somos atribulados, puede sucedernos que la vida nos cambie por completo.
Cuando reinicié mi actividad en la red durante el mes de noviembre, y escribí varias meditaciones intentando animar a los hermanos lectores de mis meditaciones que están viviendo periodos difíciles, Verónica de Argentina me escribió:
"Cuando me quedé sin trabajo y sin dinero, perdí a la gran mayoría de mis amigos".
¿Por qué sufrimos? Se han derramado ríos de tinta intentando responder esta pregunta desde diversas perspectivas (1 COR. 10, 13). No nos ha sobrevenido ninguna prueba que supere nuestras fuerzas, por consiguiente, Dios nunca permitirá que seamos probados más allá de nuestras fuerzas, aunque las circunstancias consideradas adversas probarán el aguante que nos caracteriza para sobrevivir a las situaciones que no son de nuestro agrado.
Aunque es muy difícil buscar una respuesta que justifique satisfactoriamente la razón por la que somos puestos a prueba, podemos encontrar la manera de hacerles frente a los periodos de crisis que vivimos. Si se nos muere un familiar al que amamos mucho, perdemos el trabajo, nos traiciona nuestro mejor amigo, o lo perdemos todo de la noche a la mañana, hay algo que podemos hacer para que esas situaciones no nos desanimen al contemplarlas y por ello acabemos abandonando nuestras luchas y derrochando la oportunidad que tenemos de alcanzar la felicidad (GN. 1, 31).
Dios no dijo que su creación era buena, sino que era buena en gran manera, así pues, aunque seamos los causantes de las situaciones que pueden hacernos sufrir, no hemos de rechazarnos por ello, ni considerarnos inútiles por creer que no podemos soportar el dolor que nos agobia. Si hemos sido creados por Dios, y Nuestro Padre ha considerado que todo lo que ha hecho es bueno, ¿cómo vamos a considerar que somos estúpidos, demostrándonos así que no creemos en nosotros ni en Nuestro Padre celestial?
La madre de Ana murió cuando ella tenía siete años. El padre de Ana se casó con una mujer que no tardó en empezar a maltratar a la hija de su marido. Ana abandonó su casa apenas alcanzó la mayoría de edad porque se resistía a seguir sufriendo las palizas que le daba su madrastra. La joven que era reservada, poco comunicativa y retraída por causa del aislamiento al que fue sometida, apenas empezó a trabajar, dado que tenía dificultades para relacionarse con sus compañeros, empezó a recordar todo lo que le decía la mujer de su padre con respecto a su inutilidad. Después de chatear conmigo durante varios meses y leer varios libros, empezó a comprender que tenía que concentrarse en realizar sus sueños en vez de perder el tiempo aumentando su malestar irreal. Me costó un gran esfuerzo conseguir que Ana invitara a una de sus compañeras de trabajo a almorzar, y, cuando lo hizo, su compañera no aceptó la invitación, pero, Ana, en vez de rendirse y pensar que era incapaz de tener amigas, invitó a otra compañera a comer con ella, la cuál aceptó la invitación, y acabaron haciéndose amigas inseparables. Ana me escribió para felicitarme la Navidad, y me dijo:
"He aprendido que si creo que soy hija de Dios y me amo a mí misma y me acepto como soy, y gasto mi tiempo pensando en que puedo superarme en vez de considerarme estúpida, no importará nunca lo grandes que puedan ser mis problemas, pues mi forma de verlos será lo que los hará grandes o pequeños, porque las dificultades son más grandes cuanto es más cerrada la mente de quienes las soportamos".
¿Has perdido a un familiar o un amigo querido? Sigue viviendo y amándote como eres, pues aún hay más gente que merece tu amor y estaría dispuesta a amarte si le abrieras tu corazón. Piensa si realmente no puedes vivir sin la persona que en este momento echas de menos como dices, porque viviste muchos años sin conocer a esa persona, o quizá sin amarla como la amas ahora que no puedes demostrarle el amor que sientes por ella.
¿Estás arruinado? ¿Se te ha ocurrido pensar que tienes la mejor familia del mundo y una vivienda ideal? Sé que no tienes la vivienda de tus sueños y que quizás no trabajas haciendo lo que te gustaría hacer, pero, si no valoras lo que tienes ni a las personas que te aman, te crearás falsas razones por las que sufrir sin sentido, dado que aún puedes tener oportunidades para superar las circunstancias actuales que te afligen.
¿Por qué se lamenta mucha gente sin parar por causa de lo que sufre debido a acontecimientos desagradables que vivió en el pasado? ¿Por qué no mira esa gente al futuro e intenta buscar la forma de alcanzar metas que le den sentido a su vida, ya sea ayudada por otras personas, o recurriendo a los medios de que dispone para volver a sentirse útil para sí misma y la sociedad?
¿Cómo vamos a solucionar nuestros problemas si creemos que no somos capaces de hacerlo? Es verdad que necesitamos, a parte de confiar en nosotros, saber lo que tenemos que hacer para vencer las dificultades que atañen a nuestras vidas, pero la estima personal bien alta, y la fe en Dios, nos ayudarán a buscar la forma de alcanzar la felicidad.
¿Sabemos lo que vamos a hacer para alcanzar la felicidad? No sabemos cómo vamos a solucionar muchos de nuestros problemas, pero sí sabemos que vamos a conseguir nuestro objetivo, a corto, medio o largo plazo, porque Dios está con nosotros.
Recordemos que Dios no suspendió los dolores que Nuestro Señor sufrió hasta que no concluyó el tiempo de su Pasión, así pues, no perdamos la esperanza de creer que el día de mañana será mejor que el tiempo actual, porque, a su debido tiempo, Dios exterminará nuestra miseria, quizá de la forma que menos creemos que lo hará si no nos estimamos, -es decir, por nuestro medio-.
Mientras llega el tiempo de nuestra superación y encontramos la forma de afrontar el sufrimiento que nos atañe, ¿qué hacemos? (IS. 52, 9). Si le habéis pedido a Dios en oración que os ayude a resolver vuestros problemas porque ello no os es posible a vosotros solos e incluso os sentís incapaces de afrontar las dificultades que vivís sin su ayuda, ¡actuad como si Nuestro Padre celestial hubiera cumplido vuestro deseo de ser confortados! Id a la iglesia más cercana a vuestra vivienda, salid a la calle o recurrid a Internet o a cualquier otro medio de comunicación que esté a vuestro alcance, y contactad con la gente que sufre, así pues, a través de la predicación de la Palabra de Dios, muchos de nuestros hermanos han resuelto sus problemas, y han llegado a pensar:
"¿Cómo hemos sido capaces de afligirnos por nuestros problemas, con lo que mucha gente está sufriendo por causas superiores a las circunstancias por las que nosotros sufrimos, y por ello no ha dejado de amarse ni ha perdido la fe en Dios?" (1 COR. 9, 16).
Aprovechemos el tiempo de Cuaresma para superar las situaciones difíciles que vivimos. Cuando Ana dividió un folio en varias columnas, en una de las cuales escribió sus defectos, en otra sus escasas virtudes, en otra sus sueños, y en la más larga lo que pensaba de sí misma, se preguntó: “¿Cómo es posible que nadie me mire con asco?”. Aprendiendo a valorarse y utilizando ciertas gratificaciones para celebrar cada ocasión en la que lograba vencer una dificultad, dicha joven se dio cuenta de que se menospreciaba, y de que valía más de lo que creía cuando hizo aquel ejercicio. La Cuaresma es un tiempo ideal para intentar vencer alguna de nuestras dificultades, aunque sea la más insignificante de las mismas, mientras acompañamos a Jesús en su viaje a Jerusalén, cuando Nuestro Señor se preparó a afrontar su Pasión y muerte. Jesús pudo tener miedo al dolor que lo aguardaba, y, si Nuestro Señor en algún momento llegó a pensar que era incapaz de soportar su Pasión, ello no sucedió por su inclinación a despreciarse, pues Él hizo lo posible para pensar que, si tenía que sufrir hasta morir, encontraría la fuerza que necesitaba en su amor a Dios y a los hombres, con el fin de poder redimir a la humanidad.
Si nos comparamos con Jesús en su Pasión, nos encontramos con la ventaja de que Dios no nos abandona cuando sufrimos, pues podemos pensar que Él está con nosotros, mientras que dejó a Jesús desamparado, para que creyéramos que Él nos ama. Jesús sabía que Dios no lo iba a socorrer en las difíciles horas de su Pasión, pero, cuando pensaba que Nuestro Padre común lo observaba, encontró la fuerza que necesitaba para abrirnos la puerta del cielo.
joseportilloperez@gmail.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja aquí tus peticiones, sugerencias y críticas constructivas