Introduce el texto que quieres buscar.

Estudio bíblico sobre la oración. (Domingo XVII del Tiempo Ordinario del Ciclo C).

   Estudio bíblico sobre la oración.

   ¿Qué es la oración?

   Llamamos oración a la conversación que podemos mantener tanto con Dios como con aquellos de nuestros hermanos en la fe que consideramos Santos, porque han sabido armonizar el cumplimiento de sus deberes cotidianos con el cumplimiento de la voluntad de Dios.

   Aunque sabemos que somos incapaces de abarcar la grandeza de Nuestro Padre común, no olvidaremos que Él desea que le oremos, por consiguiente, no olvidemos que las oraciones de petición hechas sinceramente, son demostraciones de fe dignas de tener en cuenta por Nuestro Padre común.

   Si tardamos tiempo en constatar que Nuestro Padre celestial nos concede lo que le pedimos y aunque no nos otorgue lo que le pidamos, tengamos en cuenta que Nuestro Creador no actúa sin pensar, pues lo hace de forma adecuada al cumplimiento de su voluntad, la cual consiste en que alcancemos la plenitud de la felicidad. Tengamos presente que, aunque Dios nos concede muchas dádivas para que podamos realizarnos en este mundo, dichas concesiones están orientadas a prepararnos a ser miembros del Reino de Dios, cuya instauración entre nosotros finalizará al final de los tiempos, no cuando el mundo sea destruido como creen muchos de nuestros hermanos cristianos de diferentes denominaciones, sino cuando el mismo acepte libremente a Nuestro Padre común.

   Los dones que Nuestro Padre celestial nos concede cuando oramos, están orientados a modificar nuestra voluntad cuando la misma es tendente al pecado, a sustituir nuestros sentimientos cuando los mismos tienden a impulsarnos actuar inadecuadamente, y a potenciar nuestra inteligencia, con el fin de que nos desarrollemos como hijos de este mundo, y estemos dispuestos a habitar en el Reino de amor, paz y justicia de Nuestro Padre común.

   De la misma manera que un niño pequeño deja que sus padres moldeen su personalidad porque sabe que los mismos lo aman y quieren que sea feliz, cuando hablamos con Nuestro Padre común, y meditamos su Palabra contenida tanto en la Biblia como en los escritos eclesiásticos, también le permitimos a Nuestro Padre común que nos adapte al cumplimiento de su voluntad, porque sabemos que el propósito que encierra el nombre de Nuestro Creador (YHWH es la tercera persona del singular del verbo ser o estar (hawah)), el cual consiste en santificarnos después de purificarnos, con el fin de que vivamos la plenitud característica de Nuestro Creador.

   Aunque Dios tarde en responder nuestras oraciones con tal de probar la fe que tenemos en Él, no olvidemos que tiene previstas, desde antes de crear el Universo, tanto las oraciones que le vamos a dirigir, como las respuestas a las mismas. Somos humanos y, al vivir una cantidad de años limitada, somos impacientes, pero Dios lo tiene todo previsto para santificarnos, así pues, aunque vivamos circunstancias difíciles, no nos desesperemos ni perdamos la fe, porque Nuestro Padre común no nos va a abandonar, porque nos ha predestinado para que seamos sus hijos, sin perjuicio de que tomemos la decisión de separarnos de Él.

   Aunque a Nuestro Padre común le gusta que todos los creyentes oremos, no escucha las peticiones que no le son dirigidas con la integridad moral que debe caracterizarnos, así pues, en la Profecía del primero de los Profetas Mayores, leemos el siguiente texto: (IS. 1, 15-18).

   El Profeta comparó la actitud de los hebreos de su tiempo con el comportamiento de los habitantes de Sodoma. Como Nuestro Padre común equipara su amor y justicia, antes de salvarnos, nos exige que le dejemos purificarnos del efecto de los pecados que hayamos podido cometer.

   En el libro de los Proverbios, leemos: (PR. 15, 28-29. 28, 9. JN. 9, 31. 1 TIM. 2, 8. 1 PE. 3, 7).

   Aunque no comprendamos la forma de proceder de Nuestro Padre común, tengamos en cuenta que por nuestra imperfección no siempre podemos abarcar su propósito, así pues, no le seamos rebeldes, y aceptemos su autoridad, para que nos halle dispuestos para ser salvos, y, cuando oremos, al ver que nuestra intención es sana y que nuestras ambiciones no son desmedidas, nos conceda todo lo que le pidamos.

   Aunque por la fe que nos caracteriza sabemos que Nuestro Padre común nos ha perdonado los pecados y errores que hemos cometido, si aún no estamos muy seguros de ello, no dejemos de pedirle a Nuestro Creador que nos otorgue su perdón, hasta que estemos plenamente convencidos de que, por ser sus hijos, y consecuentemente por no dejar de cumplir su voluntad, seremos salvos.

   No cumplamos la voluntad de Dios para ser salvos, sino por amor, pues Él valora más la intención con la que obramos que nuestras obras, porque no nos necesita, y le gusta que nuestro amor no sea egoísta, como puede llegar a serlo en determinadas ocasiones.

   Oremos para agradecerle a Dios el bien que nos ha hecho, para pedirle lo que necesitamos tanto nuestros prójimos como nosotros, y para confesarle nuestros pecados.

   Veamos algunos ejemplos bíblicos de oración: (NEH. 1, 4-11. DN. 9, 1-19. FLP. 4, 6-7. 1 RE. 8, 22-53).

   Ya que la oración es la demostración de la fe que tenemos, Nuestro Padre común bendice abundantemente a quienes le demuestran su confianza por este medio. Veamos algunos ejemplos bíblicos de ello: (1 RE. 9, 3. MT. 7, 7-8. SAL. 65, 2-4).

   ¿Es poderosa la oración por sí misma? En la Biblia, leemos, las siguientes palabras: (ST. 5, 16). A pesar de las palabras del citado Hagiógrafo bíblico, no pensemos que la oración es un poderoso talismán, sino que la misma es eficaz en la medida que Dios escucha a aquellos de sus fieles hijos que tienen fe en Él, y se esfuerzan en evitar las ocasiones de pecar.

   Por su parte, Jesús alienta nuestra fe, cuando nos dice, las palabras contenidas en JN. 14, 13-14. El texto que acabamos de recordar, no sólo nos sirve para acrecentar nuestra fe, sino para recordar que, ya que Jesús es Dios al igual que también lo son el Padre y el Espíritu Santo, podemos dirigirle nuestras oraciones al Mesías, porque cristianos de diferentes denominaciones, al afirmar que Jesús es un ángel común, y no Dios, andan confundiendo sutilmente a aquellos de nuestros hermanos que carecen de un sólido conocimiento de la Palabra de Dios.

   San Juan nos dice, con respecto al hecho de que Dios escucha nuestras oraciones, las palabras que encontramos en 1 JN. 5, 14-15.

   Ya que las concesiones que Dios nos hace, -como se ha indicado anteriormente-, están más orientadas a prepararnos a vivir en el Reino de Dios, que a complacer nuestros deseos actuales, es de comprender el hecho de que, en ciertas ocasiones, es más provechoso el hecho de que Dios no nos conceda lo que le pedimos, que el hecho de que nos conceda lo que deseamos.

   No olvidemos hacerle nuestras peticiones a Dios en el nombre de Cristo, pues el Señor Jesús es Nuestro Redentor.

   No le pidamos a Dios que premie nuestros méritos, pues todo lo que somos se lo debemos a Cristo, quien ha logrado que tengamos valor ante Nuestro Padre celestial. Hagámosle a Dios nuestras peticiones en nombre de Cristo.

   La siguiente bendición apostólica de San Pablo, nos demuestra que nos es lícito dirigirles nuestras oraciones a las tres Personas que conforman la Trinidad Beatísima: (2 COR. 13, 13).

   Los primeros cristianos le dirigían sus oraciones a Jesús Resucitado. Veamos unos ejemplos de ello: (1 COR. 1, 1-3. HCH. 7, 59-60. 2 COR. 12, 9).

   Veamos otros ejemplos de cómo San Pablo oraba en la presencia espiritual de Jesús: (1 TES. 3, 10-13. 1 TIM. 1, 12. AP. 1, 4-6).

   Nuestras oraciones le son ofrecidas a Dios Padre por medio del Espíritu Santo (EF. 6, 13-20).

   ¿Cuál es la postura idónea para orar? Los cristianos no nos ponemos de acuerdo con respecto a este tema, ya que unos oran arrodillados, otros de pie o sentados levantando las manos, otros de pie, otros sentados o tumbados...

   ¿Qué dice la Biblia con respecto a este tema tan controversial? Originalmente, los israelitas oraban de pie. Este hecho se constata, -a modo de ejemplos-, en 1 SAM. 1, 25 y en la oración de DN. 9, 1-20, que recordamos anteriormente.

   Ya que me he excedido demasiado en este estudio, trataremos este tema con más detenimiento en otra ocasión. A la hora de orar, lo importante, más que la postura que adoptemos, es la fe que le manifestemos a Nuestro Padre común.

joseportilloperez@gmail.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja aquí tus peticiones, sugerencias y críticas constructivas