Meditación.
Vivamos un intenso retiro pascual.
Introducción.
Estimados hermanos y amigos:
Durante todo el tiempo de Cuaresma que hemos dado por finalizado al rezar el Gloria en esta celebración vespertina del Jueves Santo, hemos preparado la celebración que hemos comenzado a partir del momento en que sonaron las campanas de este templo cuando recitamos la mencionada oración, es decir, el Misterio Pascual.
San Pablo nos explica con gran sencillez las consecuencias que esta celebración que estamos viviendo intensamente han de tener con respecto a nuestro crecimiento espiritual (1 COR. 5, 7-8).
A lo largo del tiempo de Cuaresma hemos recordado la necesidad que tenemos de buscar a Dios a partir de nuestro desierto, así pues, el Domingo anterior, os dije:
"Cuidémonos de convertirnos a Dios y de no seguir siendo el "hombre viejo" que no se deja moldear por la voluntad de Dios."
Es necesario que busquemos a Dios desde nuestro desierto, para que se cumplan en nosotros estas otras palabras del Apóstol: (COL. 3, 1-3).
Cuando San Pablo nos insta a que pongamos nuestro corazón en las realidades celestiales, no pretende conseguir que nos olvidemos de los problemas, obligaciones y alegrías que caracterizan nuestras vidas, sino que le demos a nuestra existencia un nuevo sentido, y que vivamos orando, ora con el pensamiento, ora con las palabras que pronunciamos, y con las obras que llevamos a cabo.
¿Cómo podemos conseguir que nuestras vidas marcadas por la carencia de fe, una esperanza muy débil y el tedio que nos invade constantemente por causa de nuestro estrés y cansancio, se convierta en oración de fe confiada?
Muchos creyentes y no creyentes hacen todo lo que está a su alcance con tal de no pensar en el sufrimiento ni en la muerte. Sabemos que mucha gente se encierra en el ruido del mundo para no pensar, ni en sus dificultades, ni en los problemas de quienes aman, con tal de no agobiarse reflexionando sobre los problemas que no pueden solucionar, sobre las enfermedades que no pueden curar, ni sobre las vidas que se pierden bajo el efecto del alcohol y las drogas.
Jesús nos dice que el hecho de no pensar en esos problemas no los soluciona ni nos evita ningún sufrimiento a largo plazo. Nuestro Señor quiere que, a través de las prácticas cuaresmales, encontremos la felicidad de que carecemos en el medio en que nos desenvolvemos.
(MT. 6, 6). Reconozco que la distracción es un excelente medio para aliviarnos de la tensión que pueden causarnos la acumulación de trabajo y la gran cantidad de problemas que podemos tener en un determinado periodo de nuestras vidas, pero, a pesar de ello, cuando nos decidimos a solventar nuestras carencias en la medida que nos es posible, nos es necesario apagar la TV., y encerrarnos en nuestra habitación con el fin de poder concentrarnos sin que nadie ni nada interrumpa nuestra meditación, con el fin de que podamos sentir que Nuestro Padre común nos habla.
Cuando nos encerremos en nuestra habitación, antes de empezar a orar, es necesario que nos relajemos disfrutando del silencio de la misma. Si al intentar relajarnos nos vienen los problemas que marcan nuestras vidas a la mente, podemos ayudarnos de música relajante para evitar la acumulación de pensamientos negativos, de la misma manera que también podemos leer la Biblia, con la esperanza de encontrar algún texto que nos ayude en nuestra oración, pues, si oramos para hablar con Dios, dejemos que el Espíritu Santo nos abra la Biblia por el lugar exacto en que Dios quiere que encontremos las palabras que nos desea decir.
En nuestros ratos de oración, no tengamos reparo a la hora de pedirle a Nuestro Padre común, ni por nuestros prójimos, ni por nosotros, pues, si Él no quisiera que le pidiéramos nada, no hubiera permitido que seamos tan frágiles (IS. 62, 6-7).
1. Mantengámonos firmes en la profesión de nuestra fe.
Aunque por causa de la celebración que nos ocupa en los medios de comunicación en estos días se destacan las celebraciones características de esta Semana de Pasión, no nos extrañamos durante la mayor parte del año, cuando, al leer la prensa, ver la TV. o escuchar la radio, apenas encontramos noticias relacionadas con nuestra fe, a no ser que se dé el caso de que se conozca algún hecho que de alguna manera les dé pie a los desconocedores de nuestras creencias y a los enemigos de la Iglesia para desconfiar de nosotros, tal como lo son los abusos sexuales perpetrados por sacerdotes a menores de edad. Esto sucede porque nuestras creencias no están de moda en el entorno en que vivimos. Este hecho, en lugar de alarmarnos porque desaparece la fe que nos caracteriza, ni de lograr que los predicadores nos rindamos a la hora de realizar nuestra labor, nos da la oportunidad de plantearnos cómo estamos predicando el Evangelio, con el fin de que podamos acercar a Dios al mayor número de hombres y mujeres posible.
A todos los religiosos y catequistas que se desaniman porque creen que su trabajo en la viña del Señor es inútil, les recuerdo las siguientes palabras de Nuestro Señor, que encontramos enJN. 16, 33.
A la hora de promover el aborto, mucha gente, en lugar de pensar en el bien de los no nacidos y de sus madres, sólo piensa en evitarles problemas a las mujeres. Los tales se manifiestan en contra de las posibilidades existentes de que tanto las madres como sus hijos puedan salir adelante, simplemente, porque ven más cómodo el hecho de eliminar a los niños no nacidos. Teniendo en cuenta este hecho, es normal que los cristianos seamos mal vistos por quienes no quieren entender que se puede -y se debe- ser defensor de la vida a ultranza sin perjuicio de nadie.
Nuestras creencias basadas en la construcción de una sociedad en la que no se margine a ninguna persona por causa de su estado social ni de las enfermedades que pueda padecer, chocan frontalmente con las creencias de un mundo que busca la realización de sus miembros al margen de sus prójimos, lo cual, en muchos casos, sólo puede acarrear problemas y sufrimientos.
A continuación, os copio un fragmento de la edición de Padre nuestro del Domingo III Ordinario del presente año, en el que analizo en pocas palabras el comportamiento actual de los cristianos, lo cual puede servirnos de base para considerar en qué aspectos podemos -y debemos- mejorar.
"-"Los cristianos por tradición" son aquellos a quienes se les ha transmitido nuestra fe mediante la influencia que sus antepasados han ejercido sobre ellos. En este grupo de creyentes hay grandes conocedores de los dogmas de la Iglesia y de las tradiciones cristianas y grandes desconocedores de la Palabra de Dios -a los que llamamos cristianos por costumbre o por rutina-, que, aunque celebran puntualmente todos los días de precepto eclesiásticos, no saben el porqué de la existencia de nuestras tradiciones, pues viven nuestra fe automáticamente, porque la gente que les rodea actúa de la misma forma que ellos lo hacen.
-"Los cristianos por cumplimiento" cumplen todos los detalles incluidos tanto en la Ley de Moisés que están relacionados con nuestra fe como en los documentos de la Iglesia, pero no lo hacen por fe, sino por miedo a que se les condene a ser quemados en el infierno.
-"Los cristianos por superstición" son aquellos que siempre les hacen promesas a los Santos y a Dios (no a Dios y a los Santos, fijaos qué curioso es este hecho), intentando sobornar a los tales para que, a cambio de ofrecerles sacrificios que muchas veces son insignificantes, les hagan grandes milagros.
-"Los cristianos por obligación" son aquellos que son obligados a fingir que aceptan nuestra fe (válganos el ejemplo de los adolescentes que son presionados por sus padres para que estudien Religión Católica), y aquellos que se sacrifican hasta el punto de poner su vida en peligro con tal de salvar su alma de las llamas del infierno, o con tal de conseguir de los Santos o de Dios favores que desean en algunos casos más que el hecho de seguir vivos.
-"Los cristianos por conveniencia" son aquellos que fingen ser creyentes con tal de que el ejercicio de la fe que profesamos les aporte algún tipo de ganancia.
-"Los cristianos auténticos" son aquellos que se amoldan al cumplimiento de la voluntad de Dios en su vida".
San Pablo le escribió unas palabras al Obispo Timoteo, las cuales nos son muy útiles a todos los cristianos interesados en cumplir la voluntad de Nuestro Padre común (2 TIM. 3, 14-17). Repasemos el contenido de los versículos bíblicos que estamos considerando, con el fin de que podamos memorizar el mismo.
1. (2 TIM. 3, 14). Aunque debemos dar por supuesto que los conceptos religiosos que se nos inculcaron en los años de la infancia para que pudiéramos recibir a Nuestro Señor por primera vez no nos son suficientemente útiles en la actualidad para resolver todas las dudas de fe que podemos tener, tengamos presente que tenemos la opción de seguir fortaleciendo nuestra fe, ora a través del sacerdote que trabaja en la Iglesia más cercana a nuestro hogar, ora a través del presidente de nuestro grupo de Liturgia o catequesis, el moderador de nuestro sitio de Internet preferido, libros de lectura... Seámosle fieles a Dios manteniendo la fe que se nos inculcó en los años de la infancia, y cultivemos la misma, con el fin de que podamos seguir creciendo espiritualmente, así pues, a tal efecto, recordemos las palabras del Apóstol a Timoteo (2 TIM. 1, 4-5).
2. (2 TIM. 3, 15). Este versículo bíblico nos recuerda la importancia que la Biblia -la Palabra inspirada de Dios- tiene para nosotros, pues, en sus páginas, cuando estamos tristes, cuando nos embarga la alegría, cuando nos emocionamos, y, en fin, en cualquier momento de nuestras vidas, se nos dan consejos dignos de tener en cuenta, con el fin de que nos mantengamos firmes en la vivencia de la fe que profesamos, para que, cuando Jesús concluya la plena instauración de su Reino entre nosotros, podamos vivir en la presencia de Nuestro Padre común plenamente purificados (SAL. 119, 73-77).
3. En el v. 16, se nos dice que el Antiguo Testamento (ya que en aquel tiempo no se habían escrito todos los libros de la segunda parte de la Biblia, aunque aplicamos esta verdad a los 73 libros de la misma por ser inspirados por Dios), fue inspirado por Nuestro Padre común (SAL. 119, 35-41).
4. En el mismo versículo, San Pablo nos dice que la Palabra de Dios contenida en las Escrituras es provechosa para "enseñar la verdad" (JN. 8, 31-32; 1, 17; 3, 20-21; 14, 6.
5. San Pablo afirmó que las Sagradas Escrituras son válidas para "rebatir el error", así pues, -a modo de ejemplo-, en el pasaje de la Visitación, encontramos dos argumentos en contra del aborto, así pues, Santa Isabel llama a María "Madre de mi Señor" (LC. 1, 43) estando nuestra Señora en estado de gestación, y el Bautista "saltó en el seno de su madre" (LC. 1, 41), lo cual nos hace entender que, aunque el citado Profeta aún no había nacido, estaba vivo.
6. El Apóstol también nos dice que la Biblia es válida "para reformar las costumbres" consideradas incorrectas por Nuestro Padre común. A modo de ejemplo, podemos recordar las ocasiones en las que en el Antiguo Testamento se vuelve a instar a los hebreos a recuperar la tradición de celebrar la Pascua, la cual había sido olvidada en medio de penalidades que los mismos hubieron de vivir con tal de ser purificados de sus errores.
7. San Pablo también nos dice que la Biblia es útil para "educar en la rectitud" (SAL. 7, 9).
8. (2 TIM. 3, 17). De la misma manera que los padres que se esmeran al educar a sus hijos en conformidad con sus creencias obtienen resultados excelentes, quienes estudian la Biblia todos los días, logran inspirar su comportamiento en la Palabra de Nuestro Creador.
2. Vivamos en conformidad con el nuevo y eterno mandamiento del amor fraterno.
(JN. 13, 34-35). ¿Podemos amarnos incondicionalmente a nosotros mismos, sin vivir reprochándonos siempre los errores que cometemos?
¿Podemos amar a nuestros prójimos incondicionalmente, a pesar de que las relaciones que podemos mantener con algunos de ellos pueden llegar a tensarse mucho?
Jesús mismo, en el Evangelio de hoy, al lavarles los pies a sus Apóstoles, imitando a los esclavos que en su tiempo servían a sus amos, nos demuestra que nos es posible amarnos unos a otros, más allá de la discordia que en un momento dado puede afectar las relaciones que mantenemos con nuestros familiares, amigos y compañeros de trabajo. Tal como recordaremos en la Liturgia del Viernes Santo, Nuestro Señor, además de lavarles los pies a sus seguidores, se dejó asesinar, no sólo por sus familiares, amigos y conocidos, sino que también redimió en su cruz a todas las personas que, aunque no comprenden la forma de proceder de Nuestro Padre común, optan por confiar en Él.
Imitemos a Jesús, a San Pablo y a sus colaboradores, pues el citado Apóstol les escribió a los cristianos de Tesalónica: (1 TES. 2, 8; CF. EF. 2, 10).
3. El sacerdocio.
En este día en que comenzamos a celebrar el Triduo pascual, no nos olvidaremos de los sacerdotes que el Señor se ha consagrado para que sirvan a su Iglesia. Oremos por los ministros que Nuestro Señor se ha consagrado, a fin de que los mismos vivan bajo la inspiración del Espíritu Santo, sin dejar de cumplir ni un sólo momento la voluntad de Nuestro Padre común.
Oremos por los religiosos y religiosas que el Señor se ha consagrado. No olvidemos nunca manifestarles nuestro aprecio a quienes han renunciado a la posibilidad de constituir familias cristianas con el objetivo de servirnos a quienes, sumidos en nuestros problemas ordinarios, quizás no somos conscientes de la soledad que viven.
Apoyemos a los ministros que el Señor se ha consagrado en la realización de su trabajo pastoral, y que Jesucristo Resucitado, por medio de su Espíritu Santo, les enseñe a aquellos de sus siervos que no desean rodearse de laicos que los apoyen, la necesidad existente en el mundo de seglares capacitados para predicar el Evangelio, en ambientes que no son accesibles para los sacerdotes.
Aunque en el ambiente en que vivimos la inmensa mayoría de los cristianos parece ser que nuestros prójimos no quieren saber nada de Dios porque no creen en Nuestro Padre celestial, los mismos no dudan en acudir a quienes predicamos cuando sufren en busca de respuestas que no podemos darles por causa de la angustia que los embarga y de su desconocimiento de nuestra fe. Tanto los religiosos como los laicos necesitamos que Nuestro Padre común siga manifestándosenos, con el fin de que sigamos siendo fuertes para mantener viva la fe de los hombres cuando los tales llegan a carecer, no sólo de fe en Nuestro Creador, sino de esperanza para mantenerse vivos.
Oremos con las palabras de los Apóstoles (HCH. 4, 30).
4. La Eucaristía.
En el día en que también recordamos la institución del Sacramento de la Eucaristía, os envío sendos extractos de dos textos unidos que le envié a un predicador evangélico que me escribió desprestigiando el citado Sacramento, con el fin de que, cuando los predicadores católicos que desconocen la doctrina de nuestros hermanos separados, tengan una pequeña referencia sobre cómo defenderse de los ataques que muchos de los mismos nos lanzan gratuitamente.
"Usted me ha dicho: "En el grupo donde usted se reúne, probablemente desde hace siglos a través de su estirpe genealógica...". Toda mi familia es católica nominal. Soy el único católico practicante de mi familia. Empecé a leer la Biblia a los doce años y a interpretarla bajo lo poco que de la misma podía comprender, y pocos años después me integré en la Iglesia Católica. A los 19 años empecé a ejercer como catequista de niños y a los 25 empecé a predicar el Evangelio a través de Internet. Dado que no es mi pretensión contarle mi vida porque ello no es edificante para nadie, me veo en la obligación de decirle que la Iglesia me ha explicado sus creencias, y he aceptado aquellas que comprendo que están registradas en la Biblia.
Comprendo que no esté de acuerdo con algunos puntos doctrinales de mi Iglesia, sobre los cuales le voy a hacer una breve exposición, a medida que los vayamos meditando, si tanto usted como los demás hermanos desean hacerlo.
La Eucaristía.
Ya que usted me ha expresado su opinión con respecto a doctrinas católicas y no católicas, a modo ilustrativo para quienes desconozcan este hecho, permítame decirle que los católicos, cuando decimos que Jesús está presente en la Eucaristía, nos basamos en el siguiente texto bíblico: JN. 6, 48-51.
Aunque muchos cristianos interpretan el citado texto afirmando que Jesús se expresó de forma simbólica, los católicos interpretamos las palabras del Mesías textualmente.
¿Cómo reaccionaron los judíos ante las palabras de Jesús? Leamos JN. 6, 52-57.
Los judíos, al entender que Jesús les dijo varias veces que a sus seguidores les era necesario ser alimentados con su Cuerpo y Sangre, reaccionaron con gran incredulidad. Sin duda alguna, los oyentes del Mesías entendieron que el Hijo de María no se expresaba simbólicamente, y reaccionaron bruscamente, porque entendieron que el Señor quería ser devorado vivo.
La incredulidad de los judíos era normal, sobre todo si consideramos citas bíblicas como LV. 17, 13-14.
El siguiente texto, puede hacernos pensar que Jesús hablaba simbólicamente. JN. 6, 60-66.
Jesús dejó que se separaran de Él aquellos de sus discípulos que no aceptaron su doctrina, pues nunca coaccionó a ninguno de sus seguidores para que fuera su discípulo, lo cual no significa que dejara de avisar a sus oyentes de lo que Dios quería que hicieran para concederles el privilegio de la salvación.
Quienes celebramos la Eucaristía, lo hacemos porque entendemos que así cumplimos la orden de Nuestro Señor, expuesta en LC. 22, 19.
¿Es verdad que los católicos pretendemos asesinar a Jesús cada vez que celebramos la Eucaristía? Si esto fuera cierto, actuaríamos contradiciendo el texto de HEB. 9, 24-28.
Quienes celebramos la Eucaristía, no repetimos el sacrificio de Jesús, sino que lo actualizamos o lo hacemos presente, según 1 COR. 11, 26.
Jesús, -bajo el punto de vista de la doctrina católica-, se nos da como pan celestial, según JN. 6, 35.
Comprendo que mantenga la creencia de que Jesús en el capítulo 6 de JN. diga de Sí mismo simbólicamente que es el pan bajado del cielo, dado que el Mesías se nos manifiesta como la Palabra que nos es necesario creer, de la cual se nos informa en HB. 4, 12.
Según vemos en JN. 6, 51-58, Jesús no sólo nos da el pan de su Palabra, sino que, por su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, nos da la vida eterna.
Cuando los traductores de la Biblia han traducido "esto" o "este" es mi cuerpo" en LC. 22, 19, han utilizado la palabra griega "estin" que se traduce al castellano como "es". Independientemente de que la versión de la Biblia que utilicemos utilice "este" o "esto", entendemos que se refiere a lo mismo. Además, JN. 6, 51, teniendo en cuenta que un día antes Jesús llevó a cabo la multiplicación de los panes narrada por JN. En los primeros versículos del capítulo 6 de su Evangelio, no deja lugar a dudas con respecto a que Jesús distinguía el pan de su Palabra del pan de la Eucaristía.
Tal como dije en mi mensaje anterior, Jesús dejó que se separaran de Él aquellos de sus discípulos que aceptaron como intolerable el hecho de que el Mesías permitiera que sus fieles fueran alimentados con su Cuerpo y Sangre. Leamos JN. 6, 59-66.
Jesús dejó que muchos de sus discípulos se separaran de Él argumentando que no tenemos fe porque lo consideramos oportuno, sino porque Dios es el único que nos puede hacer entender su Palabra.
Veamos de dónde viene la palabra "Eucaristía", leyendo nuevamente, en la Biblia evangélica (Reina Valera del año 1960 la cual utilicé, para debatir con un evangélico), anteriormente citada, LC. 22, 19: "Y tomó el pan y dio gracias (eucharistein en griego), y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí."
Los católicos llamamos Eucaristía a la Cena del Señor porque la misma es una gran acción de gracias. Los celebrantes de este Sacramento recordamos al celebrar la Eucaristía las bendiciones que proclaman las obras divinas: La creación, la redención, y la santificación de las almas.
Muchos cristianos de denominaciones diferentes nos acusan de pretender asesinar a Jesús en cada ocasión que celebramos la Eucaristía. Nosotros creemos que ese pan que usted hermano N. (nombre) tanto desprecia es figura y realidad del Cuerpo Místico de Cristo Resucitado, del que creemos formar parte como miembros activos, siguiendo las palabras de Pablo: 1 COR. 10, 17.
Jesús se hace presente en la Eucaristía de una manera especial. El cuerpo humano de Jesús no se materializa en la Eucaristía, pues la presencia que vivimos en nuestros templos los católicos es espiritual y real, pues Cristo Resucitado es el que actualiza sus sacrificios y preside nuestras celebraciones.
Llamamos a la Eucaristía "Cena" o "Banquete del Señor", porque es la actualización de la última Cena de Jesús con sus Apóstoles, tal como se ve mencionado este nombre en 1 COR. 11, 20.
La Eucaristía también se llama "fracción del pan", porque Jesús bendijo, partió y distribuyó el pan en la última Cena (MT. 26, 26).
La Eucaristía también se llama "Comunión" (común unión), porque por la celebración de la misma nos unimos al Cuerpo Místico de Cristo, según 1 COR. 10, 16-17.
La Eucaristía también es llamada "Santo Sacrificio", porque en la misma se actualiza el sacrificio de Jesús, y la Iglesia también se ofrece a Dios en sacrificio en unión con su Salvador, siendo los creyentes miembros del Cuerpo Místico de su Redentor, para pedir la conclusión de la plena instauración del Reino mesiánico entre nosotros. Este sacrificio es de alabanza (HEB. 10, 13), y espiritual (1 PE. 2, 5).
La Eucaristía también es llamada "Santa Misa", porque la misma concluye con el envío (misio) de los fieles a cumplir la voluntad de Nuestro Padre común en el mundo.
Usted cita JN. 8, 12, donde Jesús dice que es la luz del mundo (no copio los versículos por usted mencionados para no eternizar mi respuesta), sobre el que usted da a entender que es simbólico. En este caso, Jesús nos dice que, si le seguimos, nos dará la luz de la vida de la fe. En este y en otros casos por usted mencionados entendemos que Jesús habla alegóricamente, aunque la excepción de la Eucaristía creo haberla explicado claramente.
Invito a los lectores a leer el siguiente texto bíblico, ya que usted ha manipulado el sentido del mismo, para hacernos creer que la gente andaba detrás de Jesús para recibirlo eucaristizado, cuando lo que querían claramente era que Jesús siguiera alimentándolos para que así ellos no tuvieran que esforzarse para buscarse el alimento. JN. 6, 25-26.
Con respecto a JN. 6, 27, permítame interpretarlo inversamente a como usted lo ha hecho, pues sólo me ciño a la literalidad de ese texto y de los versículos anteriores que dieron lugar a esa situación tan difícil para Jesús.
¿Está usted seguro de que al final de JN. 4, 10, habla Jesús del agua física?
Cuando usted dice: "El clero católico señala que el que no asista y participe de la "misa" se pierde", no está teniendo en cuenta la siguiente cita del Catecismo de la Iglesia Católica publicado el pasado año 1992: N. 847: "... Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna."
Por cierto, no es el clero católico el que hace la distinción mencionada por usted, sino JN. 6, 51-58.
joseportilloperez@gmail.com
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