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Recuperemos nuestros valores cristianos. (Meditación para la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo. Domingo XXXIV del Tiempo Ordinario del Ciclo B).

   Meditación.

   Recuperemos nuestros valores cristianos.

   Estimados hermanos y amigos:

   -Son muchos los que se preguntan cuál es la razón por la que cada día muchos niños y jóvenes respetan menos a los adultos, y cuál es el motivo por el que los ancianos viven más aislados en conformidad con el paso del tiempo.

   -Algunos creyentes que creen que por decir de sí mismos que creen en Dios, sin instruir a sus hijos en el conocimiento de nuestra fe universal, que piensan que sus descendientes han de actuar como si aceptaran nuestras creencias, comprueban, marcados por el asombro, cómo los tales actúan como si no conocieran a Nuestro Padre común.

   -Los medios de comunicación, a pesar de que se nos insiste a los españoles con respecto a que cada año se reduce el número de mujeres que mueren a manos de sus maridos, difícilmente dejan de informarnos de agresiones mortales llevadas a cabo por personajes ansiosos de demostrarles su poder a sus cónyuges.

   -A pesar de que muchos jóvenes no tienen la más remota idea de lo que significa tener privaciones, no podemos negar que el consumo de drogas aumenta considerablemente en una sociedad que, a pesar de que dispone de muchos medios de comunicación, está integrada por personas que se ven obligadas a permanecer totalmente aisladas.

   -Aunque los recursos de nuestro planeta podrían bastarnos sobradamente para extinguir la pobreza que azota a la mayor parte de los habitantes de nuestro mundo, el injusto reparto de los mismos, hace imposible el hecho de que se cumpla el sueño que albergamos en nuestros corazones de vivir en un mundo en que no existan las injustas distinciones sociales, así pues, sólo Dios, cuando lo considere oportuno, hará posible la citada realidad.

   -El afán de enriquecerse de muchas personas carentes de escrúpulos, logra que muchas mujeres desconocedoras de la Palabra de Dios y por tanto del significado del don de la vida, acaben asesinando a sus hijos no nacidos.

   -El orgullo ciego de los padres que sólo se preocupan por lo que se diga de ellos en su medio social, obliga a abortar a las adolescentes y jóvenes que no tienen fuerza ni medios para dar a luz y criar a sus hijos.

   -La carencia de amor, respeto y responsabilidad de muchos jóvenes -y no tan jóvenes- influenciados por el cine pornográfico, convierte a las mujeres en objetos aptos para producirles placer, e induce a las mismas, cuando se ven desamparadas, a deshacerse de sus hijos no nacidos.

   -La ambición de poder incontrolada, ha llevado a muchos miles de hombres a cometer asesinatos y a atropellar a los débiles a lo largo de la Historia.

   ¿Cuál es la causa por la que el mundo está sumido en el dolor?

   ¿Hasta qué punto es Dios responsable de todos los hechos desagradables que acontecen en nuestro medio social?

   Tanto si eliminara los acontecimientos desagradables que acontecen en nuestra tierra, como si diera la impresión de permanecer impasible ante los mismos, según piensan muchos creyentes desconocedores de su Palabra, Dios se vería comprometido en ambos casos, así pues, si eliminara el mal de la tierra, le acusaríamos de privarnos de hacer uso de la libertad con que nos creó, y, si permaneciera impasible ante la visión del mismo, le acusaríamos de que no está interesado en sus hijos los hombres.

   Existen problemas que sólo pueden ser solventados por Dios, así pues, un ejemplo de ello, son las enfermedades cuya curación no ha sido descubierta por los científicos, pero, otras dificultades, no se pueden resolver, porque el mundo es víctima de la carencia de nuestros valores cristianos. Tales valores existen, pero son desconocidos por unos, y rechazados por otros.

   En el Evangelio de hoy, se nos muestra la diferencia existente entre el hecho de creer en Dios, y el hecho de no tener fe en Nuestro Padre común. El diálogo entre Pilato y Jesús fue tan incomprensible para el Gobernador romano, como lo sería la comunicación entre un sordomudo y un ciego, de los cuales, el primero se expresaría a través de gestos, y , el segundo, ni siquiera sabría que su interlocutor intentaría hablarle, así pues, mientras que para el yerno del César la verdad era que tenía que hacer lo posible para hacerse más rico, prestigioso y poderoso, para Jesús la Verdad era concluir el cumplimiento del designio salvífico de Nuestro Padre común.

   Los cristianos distinguimos la verdad del mundo de la Verdad de Dios, a pesar de que mucha gente rechaza esta última, dado que la misma nos insta a cambiar nuestra forma de vivir. Yo recuerdo cómo mi abuela materna me contaba cómo en el tiempo de su juventud, cuando los jóvenes del pueblo querían divertirse, hacían fiestas, en las cuales cantaban, bailaban y lo pasaban muy bien juntos, dado que no tenían dinero para contratar a ningún músico ni cantante.

   -En nuestro tiempo, cuando los jóvenes quieren divertirse, a muchos les sobra la comida, la bebida y el tabaco, e incluso pueden darse el lujo de asistir a conciertos, pero, como tienen la diversión hecha, y no tienen que procurársela, pierden la oportunidad de conocer a otros jóvenes con sus mismas inquietudes.

   -Cuando queremos ver una película, recurrimos a la TV., al DVD o al PC, de manera que nos perdemos la oportunidad de comunicarnos con nuestros familiares y amigos.

   -Pasamos muchas horas conectados a Internet, de manera que, sin darnos cuenta del peligro que corremos, nos aislamos más, tanto de nuestros familiares que viven bajo nuestro techo, como de los amigos que tenemos.

   -Vivimos en una sociedad basada en la necesidad que tenemos de realzar el "yo" si queremos tener alguna importancia, olvidando que, si queremos ser seguidores de Jesucristo, yo no existo como realidad única, pues debo pensar muchas veces en "nosotros".

   -Cuando estamos viendo un programa de TV. que no nos gusta, nos basta el hecho de coger el mando a distancia y cambiar de cadena, hasta que encontremos otro programa que nos guste. Hace años, el hecho de no tener el citado mando, nos obligaba a levantarnos para cambiar de cadena, pero, ahora, hasta ese sencillo trabajo nos lo ahorramos.

   -Cuando en Internet estamos chateando con una persona que nos cae bien, y un tercer individuo interrumpe nuestra conversación con sus formas incorrectas, simplemente por fastidiar, lo bloqueamos, y nos olvidamos de él. Comprendo que no debemos dejar que se nos moleste, pero también comprendo que, si el citado hecho acontece en un grupo de amigos, el personaje molesto tendrá más posibilidades, tanto de disculparse, como de ser integrado en el grupo.

   Las nuevas tecnologías son muy beneficiosas para nosotros, pero, el uso indebido de las mismas, nos hace olvidarnos de la Verdad de Dios, así pues,

   -si sabemos de un niño que necesita dinero para que se le salve la vida al ser intervenido por un cirujano, ¿le auxiliaremos en conformidad con nuestras posibilidades para socorrerle, o le daremos de lado, como quien cambia de cadena de TV?.

   -Si Cáritas hace una campaña el Jueves Santo para brindarnos la oportunidad de agradecerle a Dios el sacrificio de Jesús por nosotros, permitiéndonos que socorramos a nuestros hermanos necesitados de los bienes esenciales para vivir, ¿permaneceremos impasibles?

   -Si al entrar en la página web de Amnistía Internacional, nos encontramos que, con un sólo clic de ratón, al firmar un documento dirigido a un rey o presidente africano, vamos a contribuir a salvar una vida, ¿dejaremos escapar la oportunidad de vivificar a un desconocido que algún día nos llamará hermanos en el Reino de Dios, con tal de no incluir nuestro DNI. en el formulario de envío del citado documento?

   Hermanos: Antes de terminar esta meditación, quisiera compartir con vosotros el último pensamiento de este año litúrgico. Si nos dejamos inspirar por la necesidad de destacar en su medio que tienen quienes únicamente piensan en el dinero, el poder y el prestigio, la Verdad de Dios nos resultará incómoda, dado que será contraria a nuestras creencias, pero, sin dejar de cumplir con nuestras obligaciones, nos abrazaremos a la misma, como si de ello dependiera la completa instauración del Reino mesiánico entre nosotros.

José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com

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