Domingo XXII del Tiempo Ordinario del Ciclo B.
Meditación.
¿En qué sentido debemos cumplir los preceptos religiosos?
Estudio de MC. 7, 1-23.
Nota: El Evangelio de hoy es MC. 7, 1-8. 14-15. 21-23, pero lo amplío para poder ofrecer una información más completa, que responda al propósito de este trabajo.
1. Jesús fue espiado por los fariseos.
Estimados hermanos y amigos:
Los fariseos fueron una de las facciones en que se dividió el Judaísmo, de la que muchos de sus adeptos persiguieron con gran ahínco a Jesús. Tal escuela de pensamiento mantenía la creencia de que la Ley de Moisés debía ser interpretada de la misma forma que los seguidores de diversas denominaciones cristianas interpretan la Biblia, sin adaptarla a la comprensión actual que se pueda tener de la misma, sino tal cual fue escrita por sus autores. Esto es lo que conocemos como fundamentalismo religioso.
Los fariseos despreciaban a quienes no seguían literalmente su doctrina. Esta es la razón por la que Jesús fue objeto del odio con que fue perseguido por los fariseos con saña, pues Nuestro Señor, a pesar de que probablemente carecía de estudios, tenía el don de hacerse escuchar por las multitudes, y fundó su propia religión, la cual, si bien procede del Judaísmo, difiere de la citada religión, porque la salvación de los creyentes no es dependiente del hecho de que los tales acaten el cumplimiento de la Ley mosaica, sino de que se adhieran a Nuestro Salvador, tal como recordamos durante los Domingos XVII-XXI del Tiempo Ordinario del Ciclo B, en nuestras meditaciones del sexto capítulo del cuarto Evangelio.
Recordemos cómo Jesús fue presionado por los fariseos desde que inició su Ministerio, meditando brevemente citas del Evangelio de San Marcos, que hemos considerado en Domingos anteriores en diferentes ediciones de Padre nuestro, las cuales pueden ser leídas en los websytes, blogs y listas de correo en que han sido publicadas.
(MC. 1, 21-22). Las sinagogas eran los lugares de culto en que los judíos se reunían para considerar las Sagradas Escrituras los días festivos.
Los escribas se jactaban de conocer de memoria las enseñanzas de sus maestros, los cuales se enorgullecían de haber hecho lo propio con sus instructores legales. Los oyentes de Jesús se admiraron porque, a pesar de que el Hijo de María probablemente carecía de estudios, enseñaba con autoridad, sin hacer referencia a las enseñanzas de los maestros más célebres imitando la forma de proceder de los escribas o intérpretes de la Ley de Moisés y de Israel. Los fariseos debieron ver como un atrevimiento imperdonable el hecho de que Jesús indicara mediante su discurso que las enseñanzas que les transmitía a sus oyentes eran propias.
Para comprender cómo debieron sentirse los fariseos ante la novedosa forma de predicar de Jesús, debemos pensar cómo procederían los líderes religiosos de las denominaciones cristianas que rechazan el aborto, si se encontraran con que, en sus lugares de culto, se predicara a favor de la interrupción de la vida de los niños no nacidos.
Jesús, además de sorprender a sus oyentes con su innovadora forma de predicarles la Palabra de Dios, se atrevió a incumplir la Ley de Israel que impedía realizar curaciones los días festivos, librando a un poseso, del espíritu impuro que lo manipulaba a placer (MC. 1, 23-28).
Jesús curó a un paralítico al que, al perdonarle sus pecados, les dijo abiertamente a sus oyentes que es Dios, lo cual irritó a los fariseos, pues los tales pensaban que, al ser Dios un ser espiritual, no puede tener descendientes, y, ya que consideraban que el nuevo Mesías era pecador, pensaban que merecía la muerte por haber blasfemado, ya que Dios y el pecado no pueden estar vinculados (MC. 2, 1-12).
Jesús quiso que Mateo el publicano (cobrador de impuestos imperial) fuera su seguidor, a pesar de que los fariseos rechazaban a quienes realizaban ese trabajo (MC. 2, 14).
Mateo celebró un banquete al que invitó a sus conocidos, para decirles que dejaba su trabajo, y se disponía a seguir a Jesús. Por causa de la visión del oficio que había desempeñado el futuro Apóstol de Jesús que tenían sus hermanos de raza, Mateo estaba relacionado con mucha gente que los fariseos consideraba reprobable, por causa de la conducta que observaba.
A los ojos de los fariseos, Jesús no solo permitió que Mateo fuera uno de sus seguidores, pues el Señor también se relacionó con los conocidos del antiguo recaudador de impuestos, lo cual les hizo tener un mayor deseo de hacer que Jesús dejara de aumentar el número de sus seguidores, y de que el nuevo predicador fuera abandonado por quienes le seguían en aquel tiempo, para lo cual idearon la forma de ridiculizar al Hijo de María (MC. 2, 15-17).
Probablemente, al estar acostumbrados a mantener las creencias que los fariseos les impusieron a sus hermanos de raza, los seguidores de Jesús no estaban de acuerdo con el hecho de que el Mesías se relacionara con gente considerada de ínfima reputación. Esta es la causa por la que los discípulos de Jesús, al ser interrogados por los fariseos, quizás debieron haberse sentido avergonzados, y, por consiguiente, tendrían que haber seguido llevando a cabo sus quehaceres ordinarios, desamparando a su Maestro.
Jesús respondió la pregunta que les fue hecha a sus amigos malintencionadamente para dispersarlos, alegando que no son dignos de Dios los que creen que se merecen ser salvos por el cumplimiento de ninguna prescripción religiosa, pues la salvación de sus seguidores es dependiente del amor con que Nuestro Santo Padre los acoge en su presencia.
Jesús les ganó una batalla a los fariseos, pero tales enemigos del Señor no pensaban dar por terminada su guerra contra el nuevo Mesías.
Merece la pena hacer una pausa antes de seguir meditando los textos del Evangelio de San Marcos que nos ayudan a comprender por qué persiguieron los fariseos a Jesús, pues debemos pensar cuales son las razones por las que seguimos a Nuestro Señor, e intentamos amoldarnos al cumplimiento de la voluntad de Nuestro Santo Padre.
¿Celebramos la Eucaristía porque amamos a Dios y a nuestros hermanos los hombres, o porque queremos ganar el cielo cumpliendo el precepto de asistir a Misa todos los Domingos y días de guardar?
¿Creemos que podremos comprar la salvación cumpliendo los Mandamientos de la Ley de Dios tal cual les sucedía a los fariseos con la Ley de Moisés y sus tradiciones, o cumplimos los Mandamientos divinos porque queremos crecer espiritualmente para ser dignos de vivir en la presencia del Señor, no por causa de nuestros méritos que son muy inferiores a los suyos, sino porque Dios nos ama infinitamente?
¿Nos merecerá la pena cumplir los Mandamientos de la Ley de Dios si sabemos que nuestra salvación depende del amor de Nuestro Santo Padre, y no del bien que les hacemos a los hombres?
¿Podremos convivir sin problemas los cristianos que creemos que nuestra salvación depende de la fe que le profesamos a Dios, y los cristianos que creen que su salvación depende del hecho de cumplir los Mandamientos divinos, y de acatar las normas morales de las denominaciones religiosas a las que pertenecen?
Aunque los fariseos no aceptaban la predicación de San Juan el Bautista, se unieron a los seguidores del predicador del Jordán, para recriminarle a Jesús el hecho de que sus discípulos no ayunaban, mientras que los seguidores del Bautista y los fariseos, no dejaban de observar ese rito penitencial, que era muy importante para ellos.
Aunque Jesús ayunó en el desierto durante los cuarenta días que se prolongaron sus tentaciones, Nuestro Señor no nos dejó ninguna disposición sobre el ayuno para que la sigamos. Dado que en los dos Testamentos en que se divide la Biblia se recomienda y observa la práctica del ayuno, debemos juzgar en qué ocasiones debemos observarla, ora como práctica penitencial, ora como oración de súplica, cuando queramos que Dios nos conceda algo que deseemos ardientemente.
No está de más recordar que la Iglesia nos manda ayunar el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, para que la privación de carne y lácteos nos conciencie de la necesidad que tienen los pobres de nuestra ayuda económica, y para que, quienes no tienen posibilidades de ayudar a los carentes de dádivas espirituales y materiales, compartan su tiempo y lo poco que tienen con quienes les necesitan. La privación de alimentos tiene otra misión muy importante, consistente en que no nos alimentemos de las ideologías que nos alejan de Dios, y nos concienciemos de la necesidad que tenemos de alimentar nuestro espíritu con la Palabra de Nuestro Santo padre, que se contiene en la Biblia.
Jesús les respondió a quienes lo interrogaron que no quería someter a sus seguidores a la práctica del ayuno, porque tendrían que afrontar muchos padecimientos a medida que los saduceos y los fariseos lo acosaran, cuando lo crucificaran, y cuando, después de resucitar de entre los muertos, aconteciera su Ascensión al cielo, e iniciaran su obra evangelizadora, después de ser fortalecidos por el Espíritu santo, para cumplir la voluntad de Nuestro Santo Padre.
Jesús vino al mundo a constituir una nueva religión, que debía diferenciarse de las prácticas judaicas, sin las cuales la religiosidad carecía de sentido para los fariseos. Los seguidores de Jesús no pueden tener parte de las creencias de los fariseos y parte de las creencias predicadas por Nuestro Salvador, pues deben amoldarse plenamente al cumplimiento de la voluntad del Redentor del mundo (MC. 2, 18-22).
Dado que los fariseos no encontraban la forma de hacer que Jesús fuera abandonado por sus seguidores, porque la sabiduría del Mesías era superior a la suya, -lo cual se demostraba porque no encontraban contrarréplicas para silenciar al Señor cuando respondía las preguntas que le hacían-, tomaron la decisión de espiar todos los movimientos y palabras del Mesías, con el fin de sorprenderlo incumpliendo algún precepto legal, que justificara su asesinato.
Los fariseos no estaban por la labor de espiar a todos sus hermanos de raza para sorprenderlos en el más insignificante incumplimiento de sus normas, pero Jesús era una excepción para ellos, como veremos en el siguiente pasaje del Evangelio de San Marcos, en que Nuestro Salvador dijo que, nuestra adhesión a Él, es más importante que el cumplimiento de los preceptos religiosos (MC. 2, 23-28).
La curación de un enfermo, fue la causa por la que los fariseos y los herodianos, a pesar de estar enemistados, porque los primeros eran nacionalistas, y los segundos partidarios del Rey Herodes, decidieron vincularse, con un objetivo común: la eliminación de Jesús de Nazaret (MC. 3, 1-6).
Dado que los fariseos tomaron la resolución de asesinar a Jesús, estos vieron cómo sus maestros se esforzaban en hacer que Nuestro Salvador fuera desprestigiado por sus seguidores y los oyentes de sus predicaciones (MC. 3, 20-22).
No sabemos si los mencionados parientes de Jesús decían que el Señor había perdido el juicio porque no buscó seguidores en su propio clan porque ello significaba que tenía que someterse al cumplimiento de la voluntad de quienes eran mayores que Él, y el Mesías no quería dejarse arrastrar por imposiciones meramente humanas, o si lo hicieron para intentar salvarle la vida, porque sabían cómo lo vigilaban los fariseos estrechamente, y que, si no cambiaba su manera de proceder y su discurso, concluiría sus días lapidado o crucificado.
Dado que los escribas vieron cómo tales familiares de Jesús acusaban al Señor de haber perdido el juicio, aprovecharon la ocasión para difundir la idea de que el Mesías estaba poseído por el príncipe de los demonios, pues ello lo hacía merecedor de la muerte.
(MC. 7, 1). Ya que los fariseos se vincularon a los herodianos para buscar la forma de condenar a Jesús a muerte, no solo eran ellos quienes vigilaban a Jesús, pues los escribas también hacían ese trabajo, para asegurarse personalmente de que iban a eliminar a Jesús lo más rápidamente posible.
2. La Ley de Dios y las tradiciones de los hombres.
(MC. 7, 2-4). Los fariseos no deben ser considerados como malas personas por cumplir la Ley de Moisés y de Israel. Las prácticas legales ayudaban a los fariseos a conservar su identidad, con tal de no sucumbir bajo las ideologías paganas no aceptas por Yahveh. Con el paso del tiempo, los fariseos equipararon sus tradiciones con la Palabra de Dios, y dado que su identidad de judíos dependía del acatamiento de dichas tradiciones y de la Ley, llegaron a cometer el pecado de marginar a quienes no seguían tales prácticas.
¿Discriminamos en las reuniones de culto a las que asistimos a quienes no se adhieren plenamente a nuestras prácticas religiosas?
A pesar de despreciar a quienes no observaban cabalmente sus prácticas, los fariseos eran conocidos por su religiosidad, pues pretendían agradar a Dios. Evitemos utilizar el hecho de creer que la denominación cristiana a la que pertenecemos es la religión verdadera, para despreciar a quienes no comparten plenamente la ideología que seguimos.
Nosotros no nos caracterizamos por nuestro comportamiento de cristianos perfectos. Somos humanos, y por ello sucumbimos bajo los efectos de la debilidad y el pecado. Evitemos el deseo de ser como aquellos legalistas que cumplían la Ley para obtener la aceptación divina a cambio de ello, sin tener en cuenta que Dios no nos acoge en su presencia por causa de la perfección con que cumplimos sus Mandamientos, pues lo hace porque nos ama. No cumplamos las prescripciones religiosas de la denominación cristiana a la que pertenecemos intentando ser salvos, pues ello anularía el valor redentor del sacrificio con que Jesús nos ganó la vida eterna. Cumplamos las prescripciones religiosas con tal de agradecerle a dios el bien que nos ha hecho, con la intención de aprender a ser cristianos practicantes, mientras hacemos el bien en favor de quienes podamos ayudar.
En los capítulos 11-15 del Levítico vemos las leyes rituales de la pureza que debían observar los judíos escrupulosamente. Podéis leer LV. 11, 1-23 y DT. 14, 3-21 para conocer la pureza de los alimentos, LV. 11, 32-36 para conocer la pureza de los hornos y vasijas en que cocinaban y comían, LV. 11, 24-47 para conocer la pureza de los animales, LV. 12 para conocer la purificación de las mujeres después del parto, y LV 13-14, para conocer la purificación de los leprosos que sanaban de su enfermedad, y la purificación de quienes emitían flujos corporales.
Dado que los fariseos igualaron la importancia de sus tradiciones al nivel que debía observarse la Ley de Moisés, sintieron que tenían la autoridad necesaria para criticar a los discípulos de Jesús, porque comían sin lavarse las manos, a pesar de que la Ley de Moisés solo obligaba a lavarse las manos a los sacerdotes durante sus actos de culto. Los fariseos adoptaron la práctica de comer con las manos lavadas con tal de tener un instintivo que los diferenciara de los no judíos, por quienes sentían desprecio, por causa de las conquistas que Israel sufrió en el pasado.
Veamos, con la Biblia en la mano, cómo eran los sacerdotes los únicos que estaban obligados a lavarse las manos, durante los actos de culto (ÉX. 30, 18-21).
Los judíos, -independientemente de que fueran religiosos-, no se lavaban las manos para tenerlas limpias, sino para simbolizar la limpieza del pecado a que aspiraban. Ellos se lavaban las manos en cada ocasión que tocaban a una persona que consideraban inacepta por Dios, o un animal u objeto que consideraban impuro.
(MC. 7, 5). Los fariseos querían saber por qué Jesús no obligaba a sus discípulos a acatar las tradiciones que ellos observaban desde hacía siglos, pues, según hemos visto en este estudio bíblico, el Señor hizo su seguidor a Mateo el publicano, -quien era considerado impuro por la visión negativa que tenían sus hermanos de raza de su oficio de recaudador de impuestos-, y no reprendió a sus seguidores, por arrancar espigas un día festivo, por considerar que, la adhesión a su Persona, es superior al cumplimiento de las prescripciones religiosas, a pesar de que, el objeto de las mismas, es disponer a los creyentes, a vivir en la presencia de Dios. Veamos, -pues-, lo que San Pablo nos dice de la Ley de Moisés, en el siguiente fragmento, de su Carta a los Romanos: (ROM. 10, 4).
Si pensamos pasar muchas horas orando y dedicar mucho tiempo a hacer el bien, y no actuamos con la intención de completar nuestra disposición a vivir en la presencia de Nuestro Santo Padre, pues lo hacemos para que la gente piense que somos santos, nada de lo que hagamos nos servirá para agradar a Dios, pues para Él, la intención con que actuamos, es más importante, que las obras que efectuamos.
(MC. 7, 6-8). ¿Anteponemos la vivencia de alguna ideología a la profesión de la fe cristiana que debe caracterizar nuestra vida de seguidores de Jesús?
¿Estamos plenamente seguros de que no anulamos la Palabra de Dios para inspirar nuestra vida en el cumplimiento de palabras de hombres?
(MC. 7, 9-13). Mientras que Dios quiso que sus seguidores cuidaran a sus antecesores cuando los tales fueran ancianos, el pago de la cuota con que debieran haberlos cuidado a las autoridades religiosas, dispensaba a muchos de ayudar a sus padres incapacitados para ganarse el sustento.
Tengamos cuidado de no caer en el error de beneficiarnos de la religión sabiendo que la consecución de nuestros intereses contradice el cumplimiento de la voluntad de Dios. Hace pocos días conocí la historia de un líder religioso que aprovechó las técnicas que aprendió para ganar la confianza de la gente para mantener relaciones íntimas con muchas mujeres. Por algo escribió San Juan en su primera Carta: (1 JN. 4, 1). Aunque San Juan escribió el versículo de su primera Carta que estamos considerando para rebatir a los docetas, podemos aplicarlo de la siguiente manera: Los cristianos que no cumplen la voluntad de Dios y pecan deliberadamente, -pues son conscientes de que incumplen la voluntad divina-, pero insisten en que lo hagamos nosotros, no son buenos ejemplos a imitar.
3. ¿Qué hace impuros a los hombres?
(MC. 7, 14-23). Al leer LV. 11, vemos los animales que los judíos podían comer, y aquellos de los que debían evitar alimentarse, con tal de no ser considerados impuros. Jesús contrarrestó tal creencia ancestral de sus hermanos de raza, afirmando que nada de lo que comemos puede hacernos pecadores, pero en cambio, el mal que hagamos, puede hacernos indignos, de vivir en la presencia de Nuestro Santo Creador, si no nos arrepentimos de ello, y no adoptamos el compromiso de actuar como fieles hijos de Nuestro Padre celestial.
Recordemos los siguientes textos de San Pablo: (ROM. 14, 1-6. 1 COR. 8, 1-13).
Hermanos: Esforcémonos haciendo lo posible para vivir como auténticos seguidores de Cristo. Que las cuestiones opinables no dificulten nuestra convivencia, para que así podamos aplicarnos el siguiente texto de San Pablo: (1 TES. 5, 14).
Concluyamos esta meditación, pidiéndole al Señor Jesús que nos alimente con su Palabra divina, y que nos llene de su sabiduría, que tan necesaria nos es, para no sucumbir bajo el pecado, para que nunca dejemos de ser dignos de vivir en la presencia de Nuestro Santo Padre celestial.
Que Jesucristo, -el pan de la vida-, el alimento que necesitamos, siempre esté con nosotros, para que vivamos bajo los impulsos del Espíritu Santo en este mundo, y seamos dignos de ser santificados, para que no dejemos de ser miembros del Reino de Dios. Amén.
José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja aquí tus peticiones, sugerencias y críticas constructivas