Introduce el texto que quieres buscar.

Imitemos la conducta que observó Jesús, -el Cordero de dios que quita el pecado del mundo-, cuando vivió en Palestina. (Ejercicio de lectio divina del Evangelio del Domingo II del Tiempo Ordinario del Ciclo A).

   Imitemos la conducta que observó Jesús, -el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo-, cuando vivió en Palestina.

   Ejercicio de lectio divina de JN. 1, 29-34.

   Lecturas introductorias: IS. 53, 7; 1 COR. 5, 7.

   1. Oración inicial.

   Iniciemos este tiempo de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.

   R. Amén.

   ¿Qué es orar?

   ¿Se reduce la oración a la recitación de fórmulas aprendidas hace bastantes años cuyo amplio significado teológico es desconocido por muchos de entre nosotros?

   ¿Se reduce la oración al hecho de hacerles peticiones a Dios y a sus Santos, en ciertas ocasiones, cayendo en el error de creer que tales creyentes en Nuestro Padre común, tienen el poder de hacer milagros?

   Orar es algo más que pedirles a Dios y a sus Santos lo que necesitamos.

   Orar es actuar como si Dios nos hubiera concedido todo lo que le pedimos, en cuanto ello nos sea posible.

   ¿Cómo les demostramos a nuestros familiares y amigos que los amamos? Los conocemos, sabemos en qué situaciones se entristecen y cuándo se sienten felices, y, en cuanto nos es posible, los complacemos. Ello puede servirnos de ejemplo, para comprender que orar es conocer a Dios por medio del riguroso estudio de su Palabra, la imitación de la conducta que Jesús observó cuando vivió en Palestina instituyendo en la tierra un Reino divino y humano partiendo de las necesidades de los más desvalidos, y hablar con nuestro Padre común, mientras nuestros hermanos los hombres descansan.

   Orar es ir más allá de las normas establecidas por las instituciones religiosas, cuando tenemos la oportunidad de beneficiar a nuestros prójimos los hombres. A modo de ejemplo, recordemos cómo Jesús, en medio de una celebración religiosa, sanó a un hombre que tenía una mano atrofiada, sin esperar que concluyera el acto religioso, ni que se pusiera el sol, para que concluyera el día festivo para poder sanar al enfermo, tal como lo disponía la Ley (MC. 3, 1-6).

   Oremos:

   Espíritu Santo, amor que vinculas al Padre y al Hijo desde la eternidad:

   Porque queremos llegar a ser perfectos miembros del Cuerpo místico de Cristo (1 COR. 12, 12), inspíranos el deseo de imitar la conducta que observó Jesús, -el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo-, cuando vivió en Israel.

   Porque tenemos la experiencia personal del dolor, queremos hacer cuanto nos sea posible, para aliviar, a quienes estén viviendo las experiencias, por cuya contemplación nos afligimos, cuando las vivimos.

   Ayúdanos a comprender que servir a nuestros prójimos no es un sacrificio según se nos ha enseñado dando por supuesto que somos malos y no estamos interesados en ayudarles, porque ello es una gran satisfacción.

   Ayúdanos a comprender que el mal se vence a fuerza de hacer el bien, pero que ello no significa que debemos dejarnos aplastar por nadie, porque tenemos el mismo derecho a ser amados y respetados, que quienes no observan esta enseñanza, y aplastan a quienes son inferiores a ellos, con tal de sentirse poderosos.

   Jesús es superior a nosotros, y utiliza su posición para servirnos, porque es el Camino que nos lleva a la presencia de Nuestro Padre celestial, la Verdad que nos hace libres del dolor, el error y la mentira, y la Vida plena abundante de felicidad que añoramos (JN. 14, 6; 8, 32).

   Así como San Juan Bautista utilizó la predicación del anuncio de la venida del Mesías al mundo y el bautismo en agua para anunciar la presencia de Jesús entre sus hermanos de raza, nosotros haremos el bien y oraremos, para que el mundo crea que, la fe que profesamos, es más que una utopía.

   Seamos testigos de Jesús Resucitado, con nuestros gestos, palabras, y obras. El Espíritu Santo nos ayudará a llevar a cabo este propósito, sin el que no sería posible, la existencia del Cristianismo.

   2. Leemos atentamente JN. 1, 29-34, intentando abarcar el mensaje que San Juan nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.

   2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.

   2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.

   3. Meditación de JN. 1, 29-34.

   3-1. Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (JN. 1, 29).

   3-1-1. El Cordero de Dios.

   ¿Cómo podemos explicarles a los lectores de la biblia de nuestro tiempo lo que implicaba para Jesús el hecho de ser el Cordero de Dios? En ÉX. 12, 3-11, leemos las instrucciones que Moisés recibió de parte de Dios, para que sus hermanos de raza sacrificaran el cordero pascual, que era símbolo del fin de la esclavitud de Egipto, y se alimentaran con él. Igualmente, en ÉX. 29, 38-42, se indica cómo habían de sacrificarse todos los días dos corderos en el Templo, uno al amanecer, y otro al atardecer, por los pecados del pueblo. En ambos casos, vemos cómo la liberación de la esclavitud, y la petición de perdón de pecados, exigían sacrificios. Al interpretar IS. 53, 7, como profecía de la Pasión y muerte de Jesús, nos percatamos de que Dios no redimió a su pueblo por medio de los sacrificios de corderos llevados a cabo por los judíos, sino mediante la Pasión, la muerte y la Resurrección de su Unigénito, el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

   3-1-2. El pecado del mundo.

   ¿Libró Jesús a sus creyentes por medio de su Pasión, muerte y Resurrección del castigo merecido por sus pecados personales, o cargó sobre Sí mismo el castigo que merece la humanidad, por causa de los pecados estructurados por las sociedades? En IS. 53, 6, se da a entender que el Siervo de Yahveh murió por los pecados personales de su pueblo, tal como también se expresa en 1 COR. 15, 3, pero, a pesar de estas y otras evidencias bíblicas, existe otra interpretación en la actualidad, de cómo libró Jesús a las sociedades del castigo merecido, por quienes tienen el poder necesario, para estructurar ciertas prácticas, que se han convertido en pecados.

   ¿Por qué se insiste desde la perspectiva del Judaísmo y el Cristianismo en hablar de los pecados? En la biblia se narra cómo Dios creó un mundo paradisíaco, y cómo los hombres lo rechazaron, al intentar divinizarse, para no depender del Todopoderoso (GN. 3). Así es como se explica en la Biblia, cómo entró el mal en el mundo.

   ¿Qué diferencia hay, entre pensar que Jesús murió para librarnos del castigo que merecemos por causa de nuestros pecados personales, y pensar que murió y resucitó, para librar al mundo del castigo que merece, por la estructuración de los pecados, que se han convertido en normas vitales? En la actualidad existen interpretaciones extra bíblicas, las cuales son más antiguas que muchos libros de la biblia, que explican por qué existe lo que llamamos mal, y desde el punto de vista judeocristiano se conoce como pecado, las cuales no fueron aceptadas por los judíos cuando se escribió la biblia, y aún no son aceptadas por todos los cristianos. Creer que Jesús murió por nuestros pecados personales, equivale a afirmar que todos somos malos, y que, si imitamos la conducta que Jesús observó cuando vivió en Palestina, es posible que alcancemos la salvación, si a Dios le place tener misericordia de nosotros, cuando juzgue a la humanidad, al final de los tiempos. Creer que Jesús murió por causa de los pecados sociales estructurales, significa que, efectuando cambios sociales, puede construirse un mundo más justo que el actual, lo cual puede contribuir positivamente, a la plena instauración del Reino divino, entre nosotros.

   Independientemente de que creamos que Jesús murió por nuestros pecados personales, o por los pecados estructurados por las sociedades, sería interesante que, en vez de consumir nuestra energía sufriendo pensando que somos malos, y temiendo que a Dios no le plazca salvarnos, dediquemos, tiempo, esfuerzo, energía y medios, a hacer el bien que podamos. Si Jesús murió por amor a quienes lo tenían todo perdido, trabajemos para que, en nuestro medio social, no haya nadie carente de voz, ni de voto.

   3-2. La humildad ejemplar de San Juan Bautista (JN. 1, 30).

   San Juan Bautista nació e inició su predicación del anuncio de la venida del Mesías al mundo, antes de que Jesús naciera, y de que el Señor iniciara su Ministerio público. A pesar de ello, Juan nunca olvidó que Jesús es superior a Él, así pues, el Bautista sabía que era un Profeta, y que Jesús es el Enviado de Dios, cuya venida no cesaba de anunciar.

   Si Jesús  vino al mundo como Cordero de Dios que cumplió el designio de Nuestro Padre común de salvarnos por medio de su obediencia a Nuestro Padre celestial (FLP. 2, 8), y Juan Bautista fue un ejemplo de humildad a seguir para nosotros, ¿viviremos nuestra religiosidad ansiando el poder, las riquezas y el prestigio, o aumentaremos el número de hijos de Dios, trabajando para que sean miembros del Reino divino, quienes acepten a Nuestro Padre común, siendo humildes?

   3-3. ¿Cómo supo San Juan Bautista que Jesús es el Mesías? (JN. 1, 31).

   Cuando San Juan dijo que no conocía a Jesús, debió decir que no sabía que el Hijo de María era el Mesías. El hecho de que Juan y Jesús eran parientes lejanos, hace improbable el hecho de que no se conocieran personalmente. El hecho de que Juan no sabía que Jesús era el Mesías hasta que se lo reveló el Espíritu Santo (JN. 1, 32-33), me hace pensar en una pregunta que podemos hacernos: ¿Conocemos a Jesús? Si se nos pregunta quién es Jesús, podemos aplicarle títulos muy conocidos al Señor, tales como "Hijo de Dios", "Hijo del hombre", "Redentor del mundo", etcétera, pero, ¿qué significan esos títulos para nosotros?

   3-4. ¿Por qué sabemos que Jesús es el Mesías? (JN. 1, 32-34).

   San Juan Bautista tuvo una revelación divina, mediante la que supo que conocería al Mesías, porque el Espíritu Santo descendería sobre Él, en forma corporal de paloma (MT. 3, 13-17). Sabemos que Jesús es Nuestro Salvador, porque eso es lo que se nos ha dicho siempre, y porque muchos lo hemos leído en la biblia, pero, ¿qué evidencias hay en nuestra vida, de que tal expresión, es cierta?

   San Juan Bautista dio testimonio de lo que oyó y vio respecto de Jesús. ¿Cómo damos testimonio de la fe que profesamos?

   3-5. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.

   3-6. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.

   4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en JN. 1, 29-34 a nuestra vida.

   Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.

   3-1.

   3-1-1.

   1. ¿Cómo podemos explicarles a los lectores de la biblia de nuestro tiempo lo que implicaba para Jesús el hecho de ser el Cordero de Dios?
   2. ¿Qué información encontramos en ÉX. 12, 3-11?
   3. ¿Qué significado tenía el cordero pascual para los hebreos?
   4. ¿Qué significado tiene el Cordero de Dios cuyo sacrificio recordamos los cristianos que celebramos el Viernes Santo?
   5. ¿Por qué se sacrificaban todos los días dos corderos en el Templo jerosolimitano según leemos en ÉX. 29, 38-42?
   6. ¿Cuál es el mensaje que deducimos al interpretar IS. 53, 7, como profecía de la Pasión y muerte de Jesús?
   7. ¿Sabes qué pueblo o profeta era el Siervo de Yahveh citado en los cuatro poemas del Siervo de Yahveh del Deutero-Isaías?

   3-1-2.

   8. ¿Qué entendemos por pecado?
   9. ¿Libró Jesús a sus creyentes por medio de su Pasión, muerte y Resurrección del castigo merecido por sus pecados personales, o cargó sobre sí mismo el castigo que merece la humanidad, por causa de los pecados estructurados por las sociedades?
   10. Cita ejemplos de pecados personales y de pecados estructurales.
   11. Si en la Biblia se nos informa de que Jesús murió para pagar el castigo que merecemos por nuestros pecados personales, ¿por qué se interpreta JN. 1, 29B en la actualidad, pensando en los pecados sociales estructurales?
   12. ¿Por qué se insiste desde la perspectiva del Judaísmo y el Cristianismo en hablar de los pecados?
   13. ¿Por qué quisieron Adán y Eva independizarse de Dios y ser igual a Elohim, según el texto de GN. 3?
   14. ¿Existe en la actualidad el deseo de alcanzar la divinidad por parte de los hombres? ¿Qué tiene ello de positivo y negativo?
   15. ¿Qué diferencia hay, entre pensar que Jesús murió para librarnos del castigo que merecemos por causa de nuestros pecados personales, y pensar que murió y resucitó, para librar al mundo del castigo que merece, por la estructuración de los pecados, que se han convertido en normas vitales?
   16. ¿Hacemos el bien por amor a Dios, a nuestros prójimos los hombres y a nosotros, o porque queremos asegurarnos un buen lugar en el cielo?
   17. ¿Nos conviene temer por la salvación que añoramos? ¿Por qué?
   18. ¿Qué ventaja tiene el hecho de emplearnos en hacer el bien en vez de sufrir pensando que Dios no nos salvará posiblemente?
   19. Si creemos que Dios nos ama, ¿por qué tememos por nuestra salvación?

   3-2.

   20. ¿En qué sentido no conoció San Juan Bautista a Jesús hasta que el Espíritu Santo se posó sobre el Mesías adoptando la forma corporal de una paloma?
   21. ¿Por qué se consideró San Juan Bautista inferior a Jesús?
   22. ¿Dio muestras el Profeta del Jordán de sentirse humillado al pensar que Jesús es superior a él? ¿Por qué?
   23. ¿Nos sentimos humillados al considerar que Jesús es superior a nosotros, si tenemos en cuenta que vivimos en un mundo en que nos gustaría que se exterminen los prejuicios sociales? ¿Por qué?
   24. Si Jesús  vino al mundo como Cordero de Dios que cumplió el designio de Nuestro Padre común de salvarnos por medio de su obediencia a Nuestro Padre Santo (FLP. 2, 8), y Juan Bautista fue un ejemplo de humildad a seguir para nosotros, ¿viviremos nuestra religiosidad ansiando el poder, las riquezas y el prestigio, o aumentaremos el número de hijos de Dios, trabajando para que sean miembros del Reino divino, quienes acepten a Nuestro Padre común, siendo humildes?

   3-3.

   25. ¿Qué afirmó San Juan Bautista cuando dijo que no conocía a Jesús?
   26. ¿Por qué es probable que San Juan Bautista y Jesús se conocieran personalmente?
   27. ¿Conocemos a Jesús?
   28. ¿Qué significan los títulos que se le aplican a Jesús para nosotros?

   3-4.

   29. ¿Por qué supo San Juan Bautista que Jesús es el Mesías esperado por el resto de Israel?
   30. ¿Qué evidencia hay en nuestra vida, de que Jesús es el Salvador que necesitamos?
   31. ¿Cómo damos testimonio de la fe que profesamos?

   5. Lectura relacionada.

   Leamos y meditemos IS. 52, 13-53, 12, un texto que ha servido de profecía de la Pasión, muerte y Resurrección de Jesús, que leemos todos los años como primera lectura de la celebración de la Pasión del Señor, el Viernes Santo.

   6. Contemplación.

   Contemplemos a San Juan Bautista diciéndoles a sus seguidores que tenían ante ellos al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Juan vio con gran satisfacción cómo se cumplió el mensaje que les anunció a sus oyentes, y pronto pensó en hacer que sus seguidores caminaran tras el Mesías, aunque ello le supusiera, que le restaran importancia.

   ¿Cuáles son los propósitos que nos ayudan a vivir?

   ¿Cómo reaccionaríamos si tales propósitos se cumplieran, después de haber tenido que sobrevivir a los intentos de frustrarnos de nuestros enemigos?

   Contemplemos a San Juan Bautista, reconociéndose inferior al Hijo de María, ante sus seguidores.

   ¿Somos humildes?

   ¿Necesitamos aparentar que nuestro status social es superior al que tenemos en realidad para aumentar los contactos que tenemos?

   ¿Por qué decía San Juan Bautista que Jesús es más grande que él?

   ¿Por qué decía San Juan que vino a bautizar en agua a sus oyentes?

   Contemplemos a San Juan viendo al Espíritu Santo posado sobre Jesús, adoptando la forma corporal de una paloma. El cielo se abrió, y el Paráclito se posó sobre el Mesías, quien fue enlace entre el cielo y la tierra, acabando con la distancia que separaba el Reino de Dios, de nuestra tierra.

   ¿Qué hacemos para que nuestra tierra sea el cielo de Dios, y el cielo de Nuestro Padre común sea nuestra tierra?

  7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en JN. 1, 29-34.

   Llevemos a cabo una obra durante la próxima semana que nos identifique con el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

   Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.

   8. Oración personal.

   Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.

   Ejemplo de oración personal:

   Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo:

   Aunque es probable que muchos solo nos identifiquemos con tu Pasión y muerte, motívanos para que vivifiquemos a los niños que nacen día a día y están destinados a sentirse solos y despreciados.

   Motívanos a amar, aceptar y comprender a quienes sufren por cualquier causa.

   Ya que se difunden más rápidamente las tragedias que las buenas noticias, motívanos a esperar el Domingo de Pascua sin ocaso, en que la humanidad te acepte como Redentor, y extermines las causas por las que sufre, por mediación de tus fieles creyentes.

   9. Oración final.

   Leamos y meditemos el Salmo 40, identificándonos con el Cordero de Dios, muerto por defender a quienes pocos son capaces de amar, y resucitado, para abrirnos la puerta del cielo, el Reino de Dios y nuestro.

   José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en

joseportilloperez@gmail.com